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Examen Teoría

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Para los teóricos estructuralistas que presidían la crítica, la literatura era el

hogar de lo íntimo e irreductible, del gesto errante y de lo particular


sensual, de todo lo que resistía a un mundo de estados burocráticos y
corporaciones transnacionales. La frase “teoría literaria”parecía una
contradicción en sus términos: ¿cómo se podía tratar de manera abstracta
el tono, el estado de ánimo o la textura de un poema? La literatura era el
último refugio de la experiencia personal y del espíritu individual, así como
una forma de trascendencia creativa que hacía mucho tiempo había
sustituido a una religión fallida. Todo lo literario se desenmascara como un
significado o una retórica del deseo del escritor de alertar sobre la realidad.
Los teóricos habían puesto sus sucias garras no sólo en el cine y la ficción,
sino en el santuario interior de la subjetividad misma que interpretaban a
su antojo. Si la teoría era difícil de rebatir, era en parte porque reproducía
con palabras complicadas un contenido que el poeta expresaba de modo
explícito. Como dijo Lacan en una parodia de Descartes:”Pienso donde no
estoy, y no estoy donde pienso”;. Si se profundizaba más allá del
pensamiento, lo que se descubría serán fuerzas psíquicas, intereses
materiales, redes de poder.

Este fragmento plantea una fuerte crítica hacia los teóricos estructuralistas que,
según el autor, han profanado lo que alguna vez fue el espacio sagrado de la
literatura. Al calificar a la teoría literaria como una contradicción en sí misma,
el texto sugiere que la literatura, con su complejidad sensorial y subjetiva, no
puede ser reducida a esquemas abstractos ni explicaciones rígidas. Así se
defiende la idea de que la literatura es el último bastión de la experiencia
humana más pura y subjetiva, en un mundo que está siendo dominado por la
lógica impersonal de los estados burocráticos y las corporaciones. Esta visión
nos invita a pensar en la literatura como un espacio de resistencia, donde lo
íntimo y lo particular no pueden ser domesticados ni racionalizados por las
estructuras de poder. Aquí se puede trazar un paralelo con el simbolismo de la
literatura como fuego: un elemento primario que ilumina lo humano, lo creativo
y lo trascendente, pero que también puede ser olvidado o distorsionado por el
culto a la técnica y la deshumanización, como señala el análisis de la pérdida de
la palabra en la sociedad tecnológica.

Otro aspecto interesante a tratar tiene que ver con la postura del autor, quien
parece resentir la intervención de los teóricos en el "santuario interior de la
subjetividad", sugiriendo que la teoría traiciona la autenticidad de la experiencia
literaria. Este conflicto refleja la preocupación de que el análisis teórico, al
desmenuzar las obras en términos de fuerzas psíquicas, redes de poder o
intereses materiales, puede perder de vista la esencia estética y emocional de la
literatura. Sin embargo autores como Ricardo Piglia, ven la literatura como un
síntoma de las patologías sociales, un reflejo necesario de las tensiones de la
modernidad que requiere de un enfoque teórico para ser comprendido en toda su
complejidad. En una época como la nuestra, marcada por la sobreabundancia de
información, la proliferación de autores y publicaciones, resulta fundamental
discernir y seleccionar aquellos textos que no se limiten a reproducir el sistema,
sino que lo cuestionen profundamente, ofreciendo una resistencia crítica a las
dinámicas dominantes a través del ejercicio del pensamiento crítico y no un
mero consumo superficial.

Esta reflexión se conecta con el pensamiento de Walter Benjamin, quien por su


parte, se distancia de la crítica al estructuralismo al proponer que la crítica
literaria no debe ser vista como una imposición externa. Su concepto de
"criticabilidad" subraya que las obras de arte ya contienen en sí mismas los
elementos para su propia crítica, lo cual establece un puente entre la
subjetividad del artista y la dimensión más amplia del contexto social. Benjamin
no percibe la teoría como una "garra sucia" que invade el santuario de la
subjetividad, sino como una herramienta redentora que intensifica y universaliza
la reflexión interna de la obra de arte. Es así que expande el alcance de la crítica
literaria más allá de lo meramente estético o personal, dotándola de una función
social y cultural crucial.

El fragmento también critica la teoría literaria por reproducir con palabras


complejas lo que el poeta ya expresa de manera explícita. Aquí, la referencia a
Lacan y su célebre frase "Pienso donde no estoy, y no estoy donde pienso"
sugiere que hay un desfase entre el pensamiento consciente y las fuerzas
subyacentes que lo moldean. Esta cita es clave, ya que refleja cómo los teóricos
profundizan más allá de lo evidente para descubrir lo que subyace a la
subjetividad y la obra artística. Para Benjamin, estas "fuerzas psíquicas,
intereses materiales, redes de poder" a las que se refiere el fragmento también
son objeto de la crítica, que no se detiene en la superficie del texto, sino que
penetra en las estructuras sociales e históricas que determinan su creación y
recepción.

En el contexto del cambio cultural contemporáneo, con la revolución digital y la


democratización de la producción literaria, esta tensión entre teoría y
experiencia personal toma nuevos matices. La crítica literaria, como señala
Benjamin, debe adaptarse a los tiempos sin perder de vista su objetivo de
revelar las dinámicas sociales y culturales que subyacen a las obras de arte. Así,
frente a la expansión de la literatura electrónica y la multiplicación de formatos
y voces, es crucial mantener una crítica que sea más que una evaluación
superficial o subjetiva, sino que profundice en la relación entre la obra y las
fuerzas que la moldean.

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