DIMENSION ANTROPOLOGICA DE LOS SACRAMENTOS
La antropología es el estudio de la humanidad en todos los lugares y en
todas las épocas. Otras disciplinas como la filosofía, la historia, la sociología y
la psicología, han pretendido también estudiar la humanidad en su mas amplio
aspecto. Sin embargo, la antropología es el campo que ofrece una perspectiva
humanística, científica, biológica, psicológica y sociológica del tema.
La antropología despierta una imagen diferente en la mente de cada
persona que la contempla. Lo mas normal es identificar al antropologo con
alguien que trabaja con huesos y piedras. La excavasion de los restos
arquitectónicos y esqueléticos que representa antiguas culturas es realizada
habitualmente por personas llamadas arqueólogos. Por eso es muy frecuente
confundir al arqueólogo con el antropologo.
La antropología es, pues, un tipo de turismo intelectual por cuento
permite al hombre observar las costumbres de otros y encontrarlas algunas
veces parecidas a las propias y otras veces muy distintas. Ofrece una huida
ante lo ordinario, lo familiar y lo común.
Algún pueblo va desnudo todo el tiempo, el sexo esta permitido antes del
matrimonio en algunos lugares, comen saltamontes y serpientes algunos
pueblos, son capaces otros pueblos de ejecutar actos físicos o mentales que
nosotros no podemos realizar, permiten o fomentar algunas sociedades el
poseer muchas esposas. Las respuestas a estar preguntas son a veces el
producto secundario de las investigaciones de campo de los antropólogos.
Las dimensiones humanas son co-constitutivas del sacramento, ya que
se trata de una acción humana a la que, según la fe cristiana, se une la acción
divina, aunque el vínculo entre la gracia y la iniciativa humana es tan estrecho
que podemos definirlo también como una acción divina que, suscitándola y
sosteniéndola, se une a una acción humana. Dios y el hombre no están en el
mismo nivel. Si esto es así, las dimensiones antropológicas de los sacramentos
tienen su autonomía y deben ser consideradas en sí mismas. Tanto el
pensamiento cristiano, como la catequesis y la práctica sacramental han
atendido más a la validez de los sacramentos que a la puesta en obra
adecuada de los factores humanos. Esto formaba parte de una tendencia
bastante general en teología, empezando por la cristología, preocupada de tal
manera por poner de relieve la divinidad de Cristo que se aproximaba
peligrosamente a un docetismo condenado en teoría.
Por su parte, antropólogos y psicólogos han reconocido en los
sacramentos prácticas simbólicas con equivalentes en otras religiones. Y así
los han interpretado y explicado, reduciendo a menudo su sentido religioso a su
dimensión antropológica. Frente a ello, la reacción cristiana, que ha tendido a
sospechar y desconocer las dimensiones humanas de los sacramentos, a
menudo ha disfrazado su sentido teológico y falseado su práctica.
Fuente: R.F. Benedic El crisantemo y la espada (1946).
Los sacramentos son, mientras peregrinamos sobre la tierra, nuestro
contacto con el cielo. Son espacio de encuentro con Cristo, en el Espíritu. Son
umbrales donde celebramos nuestra pertenencia al cielo. Son acciones
epicléticas y doxológicas de la Iglesia en virtud del sacerdocio común de sus
miembros. Nos introducen en el misterio de la Trinidad y nos orientan hacia el
Padre y hacia su Reino. Desvinculados de las otras dimensiones de la Iglesia,
que son el anuncio o testimonio (martyria), el servicio (diakonia) y la comunión
(koinonia), pierden su sentido y se atrofian. En el organismo sacramental que
es la Iglesia, la Eucaristía late como su corazón.
Uno de los avances más significativos en la comprensión y explicación
actual de los sacramentos, es el que obedece a la llamada “antropología
sacramental”, cuyo objetivo es explicar los signos y símbolos sacramentales
desde su correspondencia con el mismo ser, vivir, evolucionar y expresarse del
hombre. Se trata de discernir la misma realidad humana en su entraña
sacramental, tal como puede percibirse desde sus múltiples perspectivas o
dimensiones existenciales: la fisiológica, la experiencial, la vital, la cultural, la
familiar, la social..., que conllevan experiencias diversas: de alegría y gozo, de
decepción o fracaso, de tristeza o de dolor, de temor o de esperanza, de amor
o de entrega, de relación o de división...Es en el interior de esa trama vital,
donde el hombre siente la necesidad o urgencia de sobrepasar los límites, de
trascenderse hacia lo otro o lo sagrado, y dónde busca con imperiosa
necesidad una expresión de su profundidad y de sus sentimientos.
Esta consideración antropológica no fue extraña ni a la explicación
patrística de los sacramentos, ni a la sistematización escolástica, ni mucho
menos a los planteamientos de una teología tomista renovada a impulsos del
humanismo y de la introspección en la interioridad del hombre. Por eso, es
bueno recordar cuál era la explicación que nuestros grandes teólogos hispanos
de la Escuela de Salamanca (Vitoria, Cano, Soto), y en especial Domingo de
Soto,1 dieron a las diversas cuestiones que más afectan a la perspectiva
antropológica: número, necesidad, jerarquía de los sacramentos,
correspondencia de los mismos con las diversas situaciones o fases de la vida,
así como con los distintos aspectos de la vida cristiana y eclesial: virtudes,
vicios, dones, función, efectos...No pretendemos exponer o analizar todos
estos aspectos de modo pleno y rigurosamente comparativo con otros autores
de la época, conscientes de que D. de Soto trata de hacer un comentario
enriquecido a Santo Tomás. Pero, creemos que su desarrollo del tema, situado
en el contexto de su comprensión de los sacramentos, puede ayudar a
enriquecer la dimensión antropológica de los mismos.
1. Sobre el número y la necesidad de los sacramentos
Se aborda ahora una cuestión muy importante, tanto desde la
perspectiva dogmática, como desde la perspectiva antropológica.3 Soto
comienza preguntándose con Santo Tomás “si deben ser siete sacramentos”,
aunque nuestro autor añade “ecclesiae”.4 No se trata de poner en duda el
número de los sacramentos, lo que ya es un dogma sancionado por la Iglesia,
sino de estudiar la conveniencia de que sean siete.
a) Correspondencia con la vida del hombre como individuo Y la
respuesta es, evidentemente, que sí es necesario que sean siete. Y
las razones que da Santo Tomás, y que nuestro autor comenta, son
importantes:
– Porque son actos o ritos de culto a Dios, fin principal del
sacramento
– Porque son medicinas para nuestra salud espiritual
. – Porque miran a la vez a la vida corporal y a la espiritual.
– Porque responden al hombre como persona individual y como
miembro de la sociedad.
– En cuanto persona individual, porque le dan lo que necesita, y
porque le ayudan a superar las enfermedades que le sobrevienen.
– Porque responden a las diversas situaciones de la vida del
hombre como individuo:
• A la generación, que nos da la vida corporal, responde con la
nueva vida espiritual por el bautismo.
• Al crecimiento, que implica la fuerza para actuar en la vida,
responde con el aumento de gracia por la confirmación.
• A la necesidad de alimento cotidiano para sobrevivir, responde con
el alimento espiritual de la eucaristía.
• A la situación de pecado, que afecta al cuerpo y al alma, responde
con el remedio espiritual para sanar su enfermedad por la penitencia.
• Y como a veces va unida a la enfermedad del cuerpo, y necesita
convalecencia y ejercicio, responde con la unción de enfermos.
B) Correspondencia con la vida del hombre como miembro de la sociedad Y
porque también están en correspondencia con la vida del hombre como
miembro de la sociedad:
– Los hombres necesitamos potestad para gobernar la sociedad. Y
la imagen de ésta potestad espiritual está en el sacramento del
orden.
– Y también responde al bien común y la propagación natural el
matrimonio, pues siendo una función de la naturaleza, es también un
sacramento de la gracia.
C) Correspondencia con la situación pecadora del hombre A la misma
conclusión se llega, si consideramos los sacramentos como medicinas o
remedios contra el pecado:
– Pues el bautismo ha sido instituido contra la carencia de vida, que
supone el pecado original.
– La confirmación contra la debilidad e imbecilidad que se da en los
recién nacidos que comienzan a vivir conscientemente la vida cristiana.
– La eucaristía contra la labilidad contraída por el pecado original, que
nos lleva a reincidir en el pecado. Sucede como cuando se coloca un
paño húmedo en algo que da calor: que se va secando; así la recepción
permanente de la eucaristía, permite que la inclinación al pecado se
vaya superando.
– La penitencia contra los pecados actuales cometidos después del
bautismo.
– Y, finalmente, la extremaunción contra las reliquias del pecado y las
malas inclinaciones y hábitos, que permanecen por la incidencia en el
pecado.
d) Correspondencia con las virtudes que sanan la debilidad humana Los
sacramentos se explican también por su correspondencia con las virtudes: las
tres teológicas y las cuatro cardinales, que se nos dan contra los tres pecados
capitales y los cuatro géneros de penas, pues Cristo nos libera de toda culpa y
pena por la gracia de los sacramentos, sanando nuestra inclinación al pecado
mortal o venial, y las potencias que por ellos quedan lesionadas con alguna
pena, como sucede en el entendimiento por la ignorancia, en la voluntad por la
malicia, y en la libertad por la irascibilidad que nos conduce a la
concupiscencia. En concreto:
• La fe responde al bautismo, contra la culpa original.
• La esperanza a la extremaunción, contra el pecado venial.
• La caridad a la eucaristía, contra la malicia que es contraria a la
caridad.
• La prudencia al orden, contra la pena de la ignorancia.
e) Los sacramentos como gracia para el perfeccionamiento de la vida cristiana
Por otro lado, los sacramentos hay que entenderlos no sólo como remedios
contra el pecado, sino también como disposiciones y gracia para el
perfeccionamiento de la vida cristiana (Immo sacramenta omnia formaliter
distinguntur ex suis propriis peculiaribusque effectibus). De ahí los diversos
efectos que se atribuyen a cada uno, y por los que se distinguen,
relacionándolos con los cambios o etapas de la vida:
• Así a la generación se le atribuye el ser, que se realiza en el bautismo.
• Al crecimiento se le atribuye la cantidad, lo que se expresa en la confirmación.
• Al alimento se le atribuye la conservación del ser, lo que se da en la
eucaristía.
• A la enfermedad responde la curación, que se da por la penitencia.
• A la debilidad responde el fortalecimiento, que se da por la unción
En conclusión, de estos planteamientos puede deducirse que la
antropología sacramental de Soto abarca estos aspectos: el fisiológico-
evolutivo; el actitudinal-moral; el espiritual-medicinal; el perfectivo-vital en la
vida cristiana; el personal-social…Lo que nosotros queremos decir con
“situaciones fundamentales de la vida” en las que también se enraízan los
sacramentos, Soto lo explicita en una riqueza pluridimensional integral. Su
antropología presenta como dos movimientos: de las raíces del hombre hacia
el encuentro con Dios (movimiento “anabásico”); y desde el encuentro con el
Dios viviente hacia la santificación y perfeccionamiento de lo humano
(movimiento “katabásico”.
2. Sacramentos y sacramentales Otra cosa son los sacramentales, como
la consagración del altar, de los vasos sagrados, del agua bendita. Estos son
disposiciones a los sacramentos (Sunt disposiciones ad sacramenta
perficienda, ut ad eucharistiam et reliqua). En concreto, por ejemplo, el altar es
para la eucaristía, el agua lo es para el bautismo, el exorcismo para la
penitencia. No se niega que estos sacramentales tengan cierta eficacia, si van
unidos a una virtud o mérito. Pero no santificando ex opere operato (adeo non
perfectam sanctitatem, sed dispositione operatur).
Es consciente de que hay algunos sacramentos que parece podrían
desdoblarse, como por ejemplo: el orden en el diaconado y subdiaconado; la
eucaristía en el pan y el vino y la permanencia en las especies; el matrimonio
en el consentimiento y en la permanencia del vínculo…Luego habría más de
siete sacramentos. Incluso se dirá que el martirio es un sacramento. Pero esto
lo considera Soto minutiora argumenta, ya que una cosa son los elementos que
integran las diversas partes del sacramento, y otra el sacramento como
realidad unitaria y total, al que la Iglesia reconoce su plena eficacia. El que
haya otros signos por los que Dios también puede darnos la gracia, como el
martirio, la caridad…, es evidente, porque Dios no ata su gracia a los
sacramentos. Pero los sacramentos son signos de institución divina, para que
por ellos tengamos certeza de que se nos confiere la gracia.
En toda la argumentación de Soto, siguiendo el pensamiento de Santo
Tomás, puede apreciarse: una visión antropológica y existencial de los
sacramentos, a los que relaciona de modo excelente, tanto con las etapas y la
evolución de la vida, como con el desarrollo de la vida espiritual. Por otro lado,
muestra también un concepto abierto de sacramento, no sólo en relación con
otros momentos de preparación o expansión de la verdad sacramental, sino
también en relación con los sacramentales