La resistencia a los antimicrobianos es un fenómeno ancestral y es de talla mundial.
Los pacientes
con infecciones causadas por bacterias farmacorresistentes tienen resultados clínicos mucho más
desfavorables y alto riesgo de morir. Además, consumen más recursos sanitarios que los infectados
por cepas no resistentes de las mismas bacterias.
Cada vez es más frecuente la asociación de diferentes mecanismos de resistencia para la misma
familia de antibióticos en una misma cepa. Esto hace que el perfil fenotípico sea difícil de interpretar
y el tratamiento muy difícil de abordar (Alós,2015).
La resistencia de Klebsiella pneumoniae (bacteria intestinal que puede causar infecciones
potencialmente mortales, como las infecciones asociadas a la atención en salud, como la neumonía
asociada a ventilación mecánica, la sepsis o las infecciones de los recién nacidos y los pacientes
ingresados en unidades de cuidados intensivos) al tratamiento utilizado como último recurso (los
antibióticos carbapenémicos) se ha propagado a nivel mundial. Debido a la resistencia, los
antibióticos carbapenémicos ya no son eficaces en más de la mitad de los pacientes con infecciones
por K. pneumoniae.
La resistencia de Escherichia coli a una de las clases de medicamentos más utilizadas en el
tratamiento de las infecciones urinarias (las fluoroquinolonas) es altamente generalizada. En muchas
partes del mundo hay países en los que este tratamiento es ineficaz en más de la mitad de los
pacientes.
Al menos 10 países (Australia, Austria, Canadá, Eslovenia, Francia, Japón, Noruega, Sudáfrica,
Suecia y Reino Unido) han confirmado casos en los que ha fracasado el tratamiento de la gonorrea
con el último recurso frente a esta enfermedad: las cefalosporinas de tercera generación. (OMS)
Para hacer frente a la aparición de resistencia, la OMS ha actualizado recientemente las directrices
sobre el tratamiento de la gonorrea.
Las nuevas directrices ya no recomiendan las quinolonas (una clase de antibióticos) debido a la
generalización de una gran resistencia a ellas. La resistencia a los fármacos de primera línea para el
tratamiento de las infecciones por Staphlylococcus aureus (causa frecuente de infecciones graves
en las instituciones de salud y en la comunidad) es generalizada. Se calcula que los pacientes con
infecciones por S. aureus resistente a la meticilina tienen una probabilidad de morir un 64% mayor
que los pacientes con infecciones no resistentes.
La colistina es el último recurso para el tratamiento de infecciones potencialmente mortales por
enterobacteriáceas resistentes a los antibióticos carbapenémicos. Recientemente se ha detectado resistencia
a la colistina en varios países y regiones, y ello hace que las infecciones por estas bacterias dejen de ser
tratables. Recientemente se han descrito las 2 primeras cepas de Streptococcus agalactiae
resistentes a la vancomicina.
La Organización Mundial de la Salud ha informado un aumento del 650% de los casos de
tuberculosis multirresistente en África entre 2005 y 2012. El surgimiento y extensión de cepas de
Mycobacterium tuberculosis multirresistentes a antibióticos (MDR en sus siglas en inglés) y
ultrarresistentes a antibióticos (XDR en sus siglas en inglés) amenaza actualmente los progresos
conseguidos en el control de la tuberculosis.
La prevalencia de la resistencia no solo ha aumentado en bacterias causantes de infecciones; la
colonización intestinal de personas sanas por enterobacterias productoras de BLEE, principalmente
del tipo CTX-M, ha alcanzado niveles de pandemia a nivel mundial en pocos años, y se calcula que
hay en el mundo 1.753 millones de personas colonizadas. (Alós,2015).
La presión selectiva de los antibióticos por uso masivo en los últimos 70 anos˜ ha contribuido a la
diversificación genética de los genes de resistencia, como puede verse en el número actual de beta-
lactamasas TEM, al menos 187 descritas35, cuando en 1982, antes de introducirse en la clínica las
cefalosporinas de tercera generación, solo se conocían TEM-1 y TEM-2.
Los antibióticos no solo matan a las bacterias sensibles y seleccionan a las resistentes, también
influencian directamente los mecanismos de variación genética (mutación, recombinación,
transposición, intercambio de genes). Promueven intercambios de genes entre bacterias
incrementando e induciendo la transferencia de genes de resistencia o desreprimiendo la expresión
de genes necesarios para la transferencia45
Las bacterias no respetan fronteras y actualmente el mundo está hiperconectado (comercio de
alimentos y animales, viajes de turismo, salud y negocios, emigración, refugiados, misioneros,
militares en misiones en el exterior, cooperantes). Las cepas resistentes alcanzan cualquier lugar, por
lo que el problema es global53
de una alta adquisición de enterobacterias portadoras de BLEE en viajeros a zonas con una elevada
incidencia de estas bacterias, como es Asia55. La carbapenemasa NDM-1 es un paradigma de
transmisión por viajes56. También tienen importancia en la diseminación los alimentos57,58. La
prevalencia de E. coli productor de BLEE, principalmente de CTX-M, en muestras de carne de pollo
pasó del 62 al 93% entre 2007 y 2010 en Sevilla59
La presencia de bacterias resistentes a los antibióticos en aves migratorias podría favorecer la
diseminación de la resistencia a larga distancia65.
Las cepas portadoras de BLEE colonizan a personas sanas de todo el mundo pero no en la misma
proporción; más en India que en Europa, [Link],juntoaotrosdatos,quefactores
como la falta de agua potable, la pobreza y una densidad alta de población favorecen la extensión,
como ocurre en las bacterias que causan enfermedades transmitidas por la vía fecal-oral.
El intestino humano y de los animales, donde hay una alta densidad bacteriana, es otro lugar
especialmente adecuado para el intercambio de genes inter e intraespecies y de selección de
bacterias resistentes por tratamientos antibióticos77.
Las acciones principales para contribuir a la contención de la resistencia a los antimicrobianos son la
prescripción adecuada (cultura de la prescripción), la educación comunitaria, la vigilancia de la
resistencia y de las infecciones asociadas a la atención en salud, y el cumplimiento de la legislación
sobre uso y dispensación de antimicrobianos. (PAHO 1).
La resistencia a los antimicrobianos es un problema de talla mundial y una constante amenaza
dentro de la practica sanitaria por la limitación en el manejo de enfermedades infecciosas que
conlleva a enfermedades complicadas por la prolongación de la estancia con requerimiento de
unidades de cuidado intensivo, generando discapacidad y mortalidad. Se constituye en una amenaza
no solo para la efectiva prevención y tratamiento de infecciones, sino para la seguridad del paciente
por el difícil control de enfermedades como la diabetes mellitus, la quimioterapia en oncología,
autoinmunes y el alto riesgo durante la realización de procedimientos médicos, como el trasplante de
órganos y las cirugías mayores (por ejemplo, cesáreas o reemplazos de cadera). Cada año, 480 000
personas presentan TB multirresistente, y la farmacorresistencia empieza a complicar también la
lucha contra el VIH y la malaria. (PAHO 1). Se está poniendo en riesgo los logros de los Objetivos de
Desarrollo del Milenio y pone en peligro el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. (PAHO 1).
En 2023 durante la Semana Mundial de Concientización sobre el uso de los Antimicrobianos con el
lema "Antimicrobianos: Manéjalos con cuidado. La resistencia a los antimicrobianos (RAM)
constituye una amenaza global, por lo cual la lucha es a nivel mundial y bajo el enfoque de "Una
Salud”, involucra los seres humanos, los animales, las plantas y el medio ambiente, el carácter
holístico que reconoce todos los ecosistemas y su carácter interdependiente. (PAHO 2). La lucha
contra la RAM debe ser de manera intersectorial y preventiva, con el control de las infecciones
intrahospitalarias, fomentar las buenas prácticas agrícolas y de la industria alimentaria, garantizar el
saneamiento básico con la disposición final de residuos, acceso al agua potable, gestión de las
aguas residuales; son actividades para priorizar y así reducir la necesidad de antimicrobianos,
minimizar la aparición y la resistencia a los mismos. (PAHO 2).