LAS JUSTAS Y TORNEOS MEDIEVALES
Visualiza el siguiente vídeo sobre las justas y torneos medievales y, posteriormente, lee
detenidamente el texto y contesta a las preguntas que se formulan.
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Si hablamos de torneos y justas medievales, no nos es difícil recordar las numerosas películas
que han recreado esta famosa práctica medieval. De hecho, es muy probable que los torneos y
las justas sean lo primero que nos venga a la mente cuando pensemos en la Edad Media.
Pero ¿qué sabemos de ellos? ¿Qué hay de verdad y de leyenda?
Es necesario aclarar en primer lugar las diferencias entre torneo y justa medieval ya que aunque
en la actualidad se usan indistintamente ambos términos, no era así en la Edad Media.
Los torneos o simulacros de batalla
Los torneos aparecen documentados a partir del siglo XI, pero existen claros indicios de que en
el siglo X ya se celebraban actividades parecidas en la Europa medieval.
La palabra torneo tiene un origen francés, tournoi, derivado del verbo tourner (voltear, girar).
Esta etimología nos puede dar una pista sobre en qué consistía esta actividad medieval, el giro
de los caballeros cuando se veían obligados a dar la vuelta a su caballo para volver a enfrentarse
al enemigo.
Otros, sin embargo, exponen que se vincula con el nombre de la ciudad de Tours en la que se
encontraría su origen.
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Sin duda alguna, la existencia de los torneos se vincula al hecho de que cuando cesaban las
guerras y se firmaba una tregua, la nobleza se ejercitaba con estos juegos militares con el fin de
no perder la forma y desarrollar reflejos y fuerza muscular. Por tanto, esta actividad nació en
reuniones y fiestas de caballeros que buscaban mantener activas sus destrezas guerreras
o como una forma de resolver sus disputas o restituir su honor.
Los torneos eran recreaciones de batallas en las que se enfrentaban dos “ejércitos” de caballeros
y se celebraban de forma periódica o con ocasión de acontecimientos especiales (coronaciones,
matrimonios, firma de tratados o treguas).
El organizador de estos establecía las normas que debían regir estas recreaciones militares y
enviaba heraldos a los caballeros invitados que quisieran participar y que, en ocasiones,
llegaban de tierras lejanas.
Los torneos comenzaron celebrándose junto a los castillos en el llamado champ clos o campo
cerrado, de planta cuadrada, que se cubría con arena y paja. Alrededor de este se disponían las
gradas para el público asistente y junto a estas se levantaban las tiendas destinadas a los
caballeros, sus escuderos y criados, así como a los oficiales y jueces que se ocupaban del
correcto desarrollo del evento.
En un primer momento los torneos desarrollaron lo que se denominó la Meleé, consistente en la
lucha entre numerosos caballeros cuyo objetivo era luchar entre todos para desmontar del
caballo al oponente más cercano. El último caballero que quedaba montado sobre su caballo era
el vencedor.
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Las justas, combates singulares, y torneos, combates grupales
Generalmente, la justa era uno de los espectáculos que se ofrecían dentro del torneo. La
principal diferencia entre torneo y justa radicaba en que esta última era un combate singular y
no un combate grupal; es decir, una lucha exclusivamente entre dos caballeros. Se creía que en
este combate Dios ayudaría al inocente o al que fuera justo y, por lo tanto, el ganador de un
duelo era el que tenía la razón pues Dios había actuado de su parte.
Otra diferencia es que, mientras que en los torneos el arma principal era la espada, en las justas
solo estaba permitida el uso de la lanza.
También estas, al igual que los torneos, tuvieron en ocasiones consecuencias trágicas, ya que en
muchas ocasiones la fuerza del impacto provocaba la muerte o por lo menos heridas graves
entre los contendientes. La muerte del rey francés Enrique II, esposo de Catalina de Médicis, en
una justa demuestra lo peligrosas que podían llegar a ser estas competiciones.
Para evitar esto, se buscó convertir un duelo en un juego de competición deportiva, surgiendo
lo que se denominó "Romper lanzas". En esta nueva modalidad en lugar de desmontar al
contrincante con la lanza de combate, se buscará romper la lanza de madera del contrincante.
Hasta tres lanzas en cada actuación de una misma pareja podían romperse.
De la misma forma, para que la competición fuera más limpia, se llegó a separar los terrenos de
uno y otro contendiente con una valla de por medio.
Con todo ello las justas se convirtieron en juego de competición con cierto riesgo, pero sin el
peligro de las pruebas anteriores.
De la misma forma y con el mismo propósito, evitar muertes y accidentes graves, los torneos
transmutaron hacia lo deportivo con el denominado “Juego de las cañas” de origen español.
Para practicar el juego era preciso disponer de caballos muy bien domados y jinetes sumamente
hábiles y capaces de actuar sobre el corcel con gracia y soltura de movimientos. Este juego
consistía en lanzarse las cañas unos a otros en mutua acción de ataque, cañas que se debían
desviar con la adarga sujeta en el brazo izquierdo y en la que se lucía la divisa o colores
distintivos de cada caballero.
Otra variante integrada en los torneos era probar habilidad con el estafermo o muñeco montado
sobre un mástil giratorio con un escudo y una maza. Al golpear el escudo, giraba
inmediatamente golpeando con su maza al contrincante.
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También se popularizará el juego ecuestre de la sortija en el que el caballero corría con la lanza
en ristre para que, demostrando una gran habilidad, su punta atravesara una anilla colgada.
La admiración de las damas
Tanto justas como torneos gozaron de gran popularidad durante el periodo medieval
congregando un numeroso y enfervorecido público. Entre este destacaban las damas en cuanto
no debemos olvidar que este tipo de prácticas servían para que un caballero demostrase su
destreza e impresionar a su dama.
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Los combatientes siempre llevaban al salir a la liza una prenda (pañuelo), regalo de la dama.
Este, además de darles suerte, era una prueba de amor y devoción que la interesada recibía con
mucho agrado.
En el marco del denominado “Amor cortés” el caballero realizaba proezas para ganar el respeto
y admiración de una dama de la corte, fuera casada o no, que lo recompensaba con la concesión
de un cargo honorífico, dinero o joyas al conseguir la victoria.
En ocasiones, era el propio monarca quien podía elegir un caballero que pasaba a representar al
reino.
El importante papel de los sirvientes o escuderos
El equipamiento militar que portaba el caballero a la hora de entrar en liza era increíblemente
pesado, por lo que podemos imaginar que, si por desgracia era derribado del caballo, no podía
erguirse ni ponerse de pie.
Es por esto que los sirvientes o escuderos desempeñaban un crucial papel para el buen
desarrollo de la justa. Permanecían muy cerca de sus señores, en el hueco que dejaban las dos
empalizadas de protección y cuando su señor caía al suelo, lo arrastraban fuera para evitarle una
posible muerte en cuanto el caballo del opositor, o el suyo propio, podían aplastarlo. También
debían ayudarle en caso de que perdiera el equilibro y se balanceara peligrosamente sobre su
silla.
Los torneos y las justas estaban de moda, pero no eran del gusto de todos
A pesar de ser uno de los entretenimientos más comunes en la Edad Media, no todos los grupos
sociales estaban a favor de la práctica de estas actividades. La Iglesia, por ejemplo, siempre fue
muy crítica con ellas.
A pesar de que los torneos y justas tenían un carácter lúdico y no militar, no era inusual que
acabasen en derramamiento de sangre y es por esto que muchos sacerdotes se negaban a dar
cristiana sepultura a los caballeros que fallecían ejerciéndolas e incluso los amenazaban con la
excomunión.
En 1228, el Papa Gregorio IX promulgó una bula en la que se manifestaba en contra de los
torneos y justas, si bien no tuvo mucho éxito ya que los caballeros continuaron con esta
práctica.
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Esta también fue una de las principales causas por las que el Papa Urbano II predicó la Primera
Cruzada en 1096. Con ello pretendía que el auxilio al Imperio bizantino en su lucha contra el
Islam para recuperar los Lugares sagrados o Tierra Santa, serviría para que los caballeros
dejasen de luchar entre sí en justas y torneos y lo hiciesen por un ideal común.
La Iglesia, además, rechazaba las justas y torneos en cuanto finalizaban con festejos y banquetes
en los que corría el vino o la cerveza, los bailes y la lujuria, eclipsando toda señal de orden y
disciplina.
Tampoco los reyes eran muy partidarios de estos. El rey Enrique II de Inglaterra, por ejemplo,
firmó edictos en contra de estas actividades, por lo que muchos caballeros se vieron con la
obligación de trasladarse a Francia para seguir participando en ellas.
Ricardo Corazón de León, por el contrario, viendo un rentable negocio en ellos, tras su regreso
de Tierra Santa y una vez recuperada la corona, empezó a otorgar licencias permitiendo la
participación en torneos y justas. Según el monje benedictino y cronista inglés, Jocelin de
Brakelond, los torneos y las justas se recuperaron en Inglaterra cuando para practicar estas
actividades tenías que comprar una licencia cuyo importe revertía directamente a las arcas del
reino.
Roger de Hoveden, otro cronista inglés del siglo XII, nos concreta el precio de estas licencias:
un duque pagaba 20 piezas de plata; un barón, 10 piezas; un caballero con tierras, 4; y,
finalmente, los que no eran poseedores de ningún feudo, solamente pagaban 2.
El armamento de todo buen caballero
En los torneos y justas solo podían participar los caballeros. Existían, no obstante, algunas
excepciones y, en el caso de Inglaterra con Ricardo Corazón de León, se aceptaban hombres que
no pertenecían al estamento nobiliar.
No obstante, siempre al entrar en combate el caballero debía estar debidamente equipado en
cuanto no solo su honor sino también su vida estaban en juego. Es por todo ello que los
participantes casi siempre eran caballeros o miembros de la realeza al tener que contar con una
buena cantidad de dinero para costear las armaduras, armas, un buen caballo de guerra (destrier)
así como todo lo referente a su mantenimiento.
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La indumentaria caballeresca
Pese a que las modas fueron cambiando durante el periodo medieval, ciertos elementos siempre
permanecieron vigentes en lo referente a la indumentaria del caballero.
Así, será importante proteger la cabeza de los roces de la cota de malla mediante un bonete de
tela acolchada, así como la barbilla (con la barbera), el cuello (con la gola) y la nuca (con el
cubrenuca).
En la cabeza se colocaba, cuidadosamente atado con cintas, el yelmo de torneo. Este era más
ligero que el de guerra y tenía una forma cónica en su parte superior para evitar los golpes. Solo
tenía una pequeñísima abertura a la altura de los ojos, por lo que el calor era insoportable y la
respiración complicada.
También era habitual que el caballero portara un gambesón debajo de la coraza, una especie de
jubón acolchado que ayudaba a parar los golpes. Para proteger las piernas existían dos piezas de
hierro, una que cubría la parte inferior y otra destinada a la parte superior (grebas o grebones).
Pero quizá uno de los elementos más importantes fue la cota de malla, una especie de túnica
realizada con aros de acero entrelazados, ligera y relativamente fácil de llevar y que protegía el
cuerpo del caballero. Por supuesto, todo caballero salía a la liza protegido con un escudo.
Por su parte a los caballos se les protegía el pecho con protectores acolchados o de metal
llamados pechera o petral que se colgaban del cuello del animal. También podían llevar una
placa de metal para proteger la cabeza (testera) y, en ocasiones, se les cubrían los ojos.
Las armas
Las principales armas en estas celebraciones eran la espada y la lanza aunque también se
luchaba con mazas y dagas. Tal y como hemos explicado con anterioridad la primera era el
arma estrella de los torneos, mientras que la segunda lo era de las justas.
No debemos imaginarnos las espadas medievales como las que aparecen con frecuencia en las
películas de espadachines. La espada medieval era larga, gruesa y pesada por lo que tanto la
destreza como la fuerza de un caballero debían ser singulares al tener que sujetar con una mano
las riendas y, con la otra, blandir la espada.
En cuanto a la lanza, esta era de fresno o ciprés y medía entre 2,4 y 3 metros. Debía ser hueca
para ser lo más ligera posible, facilitar el trote del caballo y la movilidad del jinete y no causar
graves heridas al contrincante.
Era un arma muy difícil de usar, ya que no solo era fácil perder el equilibrio, sino que las reglas
de la justa prohibían dar el golpe en otro lugar que no fuera el cuerpo del oponente.
Para evitar fatalidades se les ponía una corona de tres o cuatro puntas llamada “coronel” que
reducía el impacto. Por su parte, a las espadas se les quitaba el filo (espadas romas).
Estas armas modificadas se denominaban “armas de cortesía”, pero pese a todas las
precauciones no eran raros los accidentes con heridos graves y muertos.
En el siglo XIV se añadió una guarda (vamplate) en torno a la empuñadura de la lanza, primero
ovalada y luego cónica, para proteger la mano en la que se llevaba esta y se hizo más estrecha
en la zona en la que la mano la empuñaba.
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Podía también ajustarse un cinturón de cuero alrededor del antebrazo para prevenir que la lanza
se deslizase hacia atrás al recibir el ataque del adversario.
Las reglas del juego
Durante sus primeros siglos de existencia, los torneos y las justas no contaban con un
reglamento sólido, por lo que, tal y como venimos apuntando, las muertes y las heridas graves
eran habituales en el campo de batalla. Los torneos, además, diferían mucho de un lugar a otro.
Más tarde, se crearon "códices" para el desarrollo de estas competiciones y se produjo la
unificación de criterios en su práctica. En 1066, el francés Godofredo de Preuilly, escribió un
tratado de normas que fue ampliamente utilizado en Alemania, Inglaterra, Italia y los reinos
peninsulares.
No será, sin embargo, hasta bien entrado el siglo XIII cuando se empezaron a establecer reglas
más concretas y rígidas con el fin de evitar que una actividad lúdica se convirtiera en una
verdadera carnicería.
Las reglas de juego debían ser estrictamente observadas por los responsables del torneo o justa,
y las penas impuestas a los caballeros que las incumpliesen podían ser muy severas: desde la
pérdida del caballo y la armadura (un auténtico deshonor) a la pena de cárcel.
Algunas de las leyes que regían torneos y justas eran las siguientes:
Primera. No herir de punta al contrario.
Segunda. No pelear fuera de filas.
Tercera. No pelear varios caballeros contra uno solo.
Cuarta. No herir al caballo del rival.
Quinta. Descargar sólo los golpes al pecho del rival.
Sexta. No herir al caballero que se alzara la visera de su casco.
Una de las más importantes era que la lanza debía golpear solo en el cuerpo del oponente. Darle
al caballo estaba fuera de las normas y era penalizado. Por otro lado, el público no podía llevar
ni armadura ni armas y, si un caballero caía del caballo, nadie podía acudir para ayudarle, solo
los sirvientes asignados para la ocasión.
La competición se celebraba con el siguiente orden. Dos grupos o equipos de caballeros
acudían, a la hora prevista y luciendo sus mejores equipamientos, ante las tribunas repletas de
damas y caballeros.
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Los dos equipos iban precedidos de trompeteros, maceros con el capitán árbitro, pendones,
escudos, criados, y palafreneros, ataviados con sus mejores trajes y portadores del escudo de
armas.
Terminado el desfile, ambos equipos se colocaban enfrentados en la arena, y a la señal del
árbitro, armas en ristre se lanzaban unos contra otros, empeñados en desmontarse mutuamente.
Los que quedaban en pie seguían luchando con toda clase de armas. A medida que la pelea se
prolongaba, los ánimos se encrespaban y la "fiesta" terminaba a la hora de la puesta del sol si
con anterioridad no había quedado uno de los dos bandos como claro vencedor.
El vencedor podía quedarse con las armas y el caballo del derrotado, al que incluso podía exigir
el pago de un rescate. Aparte del botín recibía un obsequio de la dama por quien competía.
Los torneos acostumbraban a concluir con un banquete al que asistían todos los participantes y
en el que las damas homenajeaban a los vencedores.
Hasta principios del siglo XIV no hubo fiesta importante donde no se celebrará un torneo y por
tal causa la disciplina fue degenerando. Hubo caballeros que formaron grupos profesionales con
el fin de conseguir los botines y rescates asociados a los torneos, movidos por el afán de lucro.
Los torneos fueron desapareciendo poco a poco a finales de la Edad Media para extinguirse
durante el siglo XVI, aunque todavía siguieron celebrándose excepcionalmente en épocas más
recientes. Los últimos de los que se tiene noticia se celebraron a finales del siglo XIX, en
Barcelona y Eglington (Inglaterra).
En el caso de los reinos peninsulares sus peculiares circunstancias históricas hicieron que los
torneos no llegaran hasta la Baja Edad Media (desde finales del siglo XIII al XV).
Actualmente se celebran numerosas representaciones de torneos con carácter turístico en
castillos y centros históricos medievales de toda Europa.
¡Ahora te toca a ti!
Responde a las siguientes preguntas:
1) ¿Cuándo justas y torneos medievales se extinguieron?
2) ¿Cuál es la diferencia principal entre una justa y un torneo?
3) ¿Qué tipo de arma se utiliza en una y otra?
4) ¿A qué llamamos “coronel” y con qué fin se utilizaba?
5) ¿Por qué la Iglesia rechazaba la celebración de justas y torneos?
6) Imagina que participas en una justa ¿Podías atacar con tu lanza al caballo del
contrincante?
7) ¿Cuál era la señal que realizaba un caballero para indicar que debía cesar el ataque por
parte de su contrincante?
8) ¿Por qué en Inglaterra la monarquía apoyó la celebración de justas y torneos?
9) ¿Qué penas se imponían al caballero que no respetase el estricto cumplimiento de las
normas en justas y torneos?
10) ¿Cuál era el premio que el caballero vencedor recibía?
11) ¿Por qué los participantes en justas y torneos eran mayoritariamente caballeros y
miembros de la realeza?
12) ¿A qué se denominaban “armas de cortesía” y con qué función se adoptaron en justas y
torneos?
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13) ¿Por qué las lanzas utilizadas por los participantes debían ser huecas?
14) ¿A qué se denominaba cota de malla?
15) Los muertos y heridos de gravedad eran frecuentes en estas competiciones ¿Qué famoso
monarca inglés recibió una herida en la pierna participando en una justa que con los
años se ulceraría y precipitaría su muerte?
16) Una variedad competitiva que se practicaba en los torneos era el estafermo ¿En qué
consistía?
17) ¿Con qué hecho se vincula la celebración de torneos y justas en el Medievo?
18) ¿Cuándo se ha documentado la celebración de los primeros torneos?
19) ¿Con qué modalidad las justas dejaron de ser un sangriento duelo y se convirtieron en
un juego de competición más deportiva?
20) ¿Y los torneos?
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