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Unidad 3 - Poder, dominación e ideología.

Contenido
- Weber EL paradigma de la acción social. Tipos ideales. Las sociedades modernas, racionalidad instrumental y
burocracia.
- El concepto de poder. Dominación, poder y coerción. Legalidad y Legitimidad.
Objetivo
- Diferenciar las categorías de poder, dominación, legalidad, legitimidad
- Poner en discusión entre sí las posturas de los autores clásicos.
- Conocer los principales temas y preguntas de la Sociología y su abordaje desde distintas teorías sociológicas
Bibliografía
- Max Weber, Economía y Sociedad
- Weber, Max, La ética protestante y el espíritu del capitalismo
- Walsh, Rodolfo Carta abierta a la Junta Militar
INICIO
En este trabajo reflexionemos sobre el poder, las normas y la dominación. De lo que trataremos en esta Unidad es de las
distintas aproximaciones teóricas al concepto de poder, o de los alcances, efectos y consecuencias de las relaciones
jerárquicas que se establecen en una sociedad. Comenzaremos por abordar los principales ejes de la teoría de la acción social
de Max Weber para comprender su punto de partida. Luego retomaremos nuevamente a los autores clásicos (Durkheim, Marx y
Weber) para identificar semejanzas y diferencias sobre las ideas de poder, normas y la dominación.
La teoría de la acción social de Max Weber
Max Weber (1864-1920) nació en Alemania y allí desarrollo gran parte de su carrera. Su trabajo se centró en el análisis de la
consolidación del capitalismo, el desarrollo de los Estados modernos y el crecimiento de la racionalización del mundo, tal como él
lo denomino.
Desde el punto de vista de Weber hay que estudiar cómo los significados y la acción humana dan forma a la sociedad.
Weber entendió el poder de la tecnología, y compartió muchas de las ideas de Marx acerca del conflicto social. Pero se alejó del
análisis materialista de este último, argumentando que las sociedades difieren principalmente en términos de las diversas
maneras en que sus miembros piensan acerca del mundo. Para Weber, las ideas (en especial las creencias y los valores) poseen
poder de transformación. De modo que veía la sociedad moderna como el producto, no solo de las nuevas tecnologías y del
capitalismo, sino de una nueva forma de pensar. Este énfasis en las ideas contrasta con el enfoque de Marx sobre la producción
material, lo que ha hecho decir a algunos sociólogos que la sociología de Weber se puede entender como «un debate con el
fantasma de Karl Marx» (Cuff y Payne, 1979: 73-74). En todo su trabajo, Weber comparó pautas sociales en diferentes épocas y
lugares. Para definir las comparaciones, se apoyó en el tipo ideal, una definición abstracta de las características esenciales
de cualquier fenómeno social. Investigó la religión comparando el «protestante» ideal con el «judío» ideal, el «hindú» y el
«budista», sabiendo que estos modelos no describían con precisión a ningún individuo real. Estos «tipos ideales» se pueden
comparar entonces con las formas reales o empíricas, que se pueden encontrar en la vida cotidiana

La sociología comprensiva y la racionalización creciente del mundo moderno


Weber sostuvo la importancia de factores como la religión, la filosofía y la ética en los cambios sociales. A su vez, planteó que en
los asuntos sociales intervienen individuos con conciencia, voluntad e intenciones que son precisas comprender. Weber
centro su mirada más en el comportamiento de los individuos que en la estructura social. Así, introdujo el análisis sobre la
dimensión subjetiva de los actores sociales y, al centrarse en los factores subjetivos, buscó explicar qué le otorga
sentido a las acciones humanas. De allí que una de las claves del pensamiento de Weber haya sido el concepto de acción
social.
De esta forma, el interés de Weber por la dimensión subjetiva del comportamiento de los actores, lo llevo a preguntarse por las
acciones de los individuos y sus motivaciones en una sociedad. Si bien Weber considera que hay acciones con carácter social y
otras que no lo poseen, él se interesa por las primeras. Este autor define a la acción social como aquellas conductas a las que el
individuo concede un significado subjetivo e intencional, es decir que están orientadas hacia otras personas. Por lo tanto, la
acción social es una acción intencionada y reciproca pues implica una relación significativa con un otro. Weber entiende a la
sociedad como el resultado de acciones sociales realizadas por los individuos de manera intencionada y recíproca. La búsqueda
de este autor por las motivaciones humanas que explican la acción lo llevo a proponer distintos tipos ideales. Pero ¿qué son los
tipos ideales?, son conceptos teóricos que le permiten analizar los diferentes tipos de acción social. Es decir, los tipos
ideales son herramientas teóricas que no necesariamente se encuentran en estado puro en la realidad. ¿Entonces, como
comprender el sentido de las acciones sociales? Según la relación entre medios y fines, Weber distingue cuatro tipos ideales de
acción social:

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Según Weber, en las sociedades modernas, en donde el capitalismo se había consolidado como sistema, predominan la acción
con arreglo a fines o instrumental, como consecuencia del proceso de racionalización que el mismo sistema producía. Así, en las
sociedades capitalistas la acción está regida por el cálculo y la búsqueda de eficacia. En las sociedades modernas la tradición y
los vínculos afectivos de pertenencia comunitaria desaparecen como guía de las conductas. El cálculo y la previsión pasan a ser
prioritarios por sobre los principios de valor. La competencia, la capacitación y el afán de lucro se convierten en pilares en este
tipo de sociedades.

Dominación, poder y coerción


Las referencias al poder son muy habituales; se lo denuncia, se asigna a diferentes grupos. Pero, ¿a qué nos referimos cuando
hablamos de poder? En principio, a la posibilidad que tiene una persona o grupo de personas de imponer su voluntad sobre
otras. Así decimos que “tal país es poderoso” (por cuanto impone ciertas reglas a otros), o que una persona o un grupo de
personas son poderosas por las posibilidades de acción que tienen en comparación a otras. Sin embargo….
La sociología intenta no solo detectar quién o qué detenta el poder, sino fundamentalmente comprender qué mecanismos
permiten esto y qué consecuencias acarrea.

Ya Durkheim planteaba que los hechos sociales tenían un poder coercitivo que los hacía imponerse a los individuos.
Retomemos lo visto en la Unidad 2 respecto de la coerción. Allí decíamos que esta coerción implicaba la posibilidad del castigo
en caso de “faltar” a esta consciencia colectiva y que el castigo podía variar en su escala: podía ser el “castigo social” por parte
de otros miembros del grupo, tanto como la sanción legal con un castigo judicial.
Pero a la vez, analizábamos que gran parte de la eficacia de esta consciencia radicaba en que pese a ser exterior al individuo,
éste la viviera de un modo natural, como si fuese producto de su propia elección. Por lo tanto, más que padecer o temer la
posibilidad del castigo, el individuo actuaría acorde a esta consciencia colectiva de manera “voluntaria”.

Como ya venimos estudiando, en toda la teoría durkheimiana hay una preponderancia de la sociedad por sobre el individuo
(recordemos que para Durkheim incluso la sociedad es anterior al individuo). Esta preponderancia dada a lo social por parte de
Durkheim hará que su teoría no indague sobre las relaciones de poder entre los miembros de la sociedad, sino que parecería (si
bien hay muchas lecturas posibles acerca de este autor, y esta es solo una de ellas) que todos los miembros de una sociedad,
por el mero hecho de serlo, sufrirían de la misma manera las imposiciones sociales. Cabe entonces preguntarse si Durkheim
coincidiría con la idea de que la sociedad se organiza jerárquicamente, o en todo caso, si es una preocupación dentro de su
teoría.
Finalmente, este poder coercitivo, esta imposición de lo social sobre el individuo, lejos de resultar un obstáculo constituye la
misma posibilidad de la existencia de la sociedad. Resumiendo, diríamos que:

Para Durkheim, si existe un poder, una coerción es la de la sociedad sobre el individuo (y no de un grupo sobre otros) y que ese
poder es inevitable y necesario para que la sociedad exista.

Esquemáticamente, podríamos ubicar a Marx en la “vereda opuesta”, ya que como hemos visto, su lectura de la sociedad parte
de la escisión de la misma en (al menos) dos clases antagónicas.
Decíamos también que la relación entre estas dos clases era a la vez horizontal y desigual, esto es: horizontal en cuanto a su
enfrentamiento, pero desigual respecto de la dominación de una sobre otra.
Esta dominación, que encuentra su origen y fundamento en el sistema productivo y en las relaciones sociales de producción,
tiene a la vez su correlato en la superestructura jurídico-política. ¿Qué significa esto? Que el marco jurídico y político de una
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sociedad refleja, o reproduce, las relaciones de clase del sistema productivo; la defensa por parte del Estado de la propiedad
privada, es un ejemplo paradigmático.
Esto implica que, como vimos en la unidad 2, para Marx la dominación no es solo económica, sino que esa relación se
multiplica en una dominación que es también política y hasta podríamos decir ideológica.
Lo que significa que la clase dominante impone también sus ideas dominantes. La idea de que, por ejemplo, existirían en el
capitalismo “hombres iguales” que intercambian libremente en el mercado es (desde la perspectiva de Marx) una ficción que la
clase dominante vive como realidad, pero que también es compartida por la clase dominada hasta tanto no tome conciencia de
su propia conciencia de clase, o que se convierta en lo que en la Unidad 2 denominábamos “clase para sí”.
Si imagináramos entonces un diálogo entre Durkheim y Marx a este respecto, podríamos pensar que la crítica de Marx a
Durkheim sería la siguiente: “Lo que usted llama `conciencia colectiva´ no es más que la conciencia de la clase dominante. Y es
precisamente el hecho de presentarla como colectiva lo que la hace efectiva”. Concluyendo, podríamos decir que:

La teoría marxista, al menos en su formulación más “clásica”, piensa el conflicto social y las relaciones de poder bajo una misma
fórmula, es decir: en términos de dos clases antagónicas. Así, la dominación de una clase sobre otra se “manifestaría” en los
distintos órdenes de la vida social: en el económico, el político, etcétera. El poder, entonces, emanaría de una fuente (la clase
capitalista) para imponerse coercitivamente sobre el resto de la sociedad. El Estado y sus instituciones son las que permitirían
mantener este poder de una clase sobre la otra; de allí que la toma del poder estatal sea, para el marxismo clásico, uno de los
objetivos primordiales.

Hasta ahora hemos utilizado las nociones de dominación, coerción y poder de manera indistinta. Es el tercero de los autores
clásicos, Max Weber, quien ahondará en las diferencias entre unos y otros, marcando una distinción fundamental para la
sociología (y podríamos decir también para la ciencia política y las ciencias sociales en general).

La teoría de la acción, desarrollada por Weber, toma como punto de partida a las personas en concreto, cómo se orientan y
actúan en sus relaciones con otras personas, y cómo lo hacen sobre la base de significados. Esto da lugar a una orientación
nivel micro, que implica estudiar la sociedad desde la interacción social en situaciones específicas. En esto Weber se
diferencia del paradigma funcionalista (Durkheim) como el del conflicto (Marx) que comparten una orientación de nivel-macro,
que implica entender la sociedad a partir de unas estructuras sociales amplias que caracterizan la sociedad como un
todo. La sociología de nivel-macro abarca una visión general, algo así como observar la ciudad sobrevolándola en un helicóptero,
tomando nota de cómo las autopistas organizan el tráfico de un lugar a otro y los llamativos contrastes entre los barrios ricos y los
pobres

Weber desarrollo el concepto de Estado. Según su visión, el Estado es una comunidad humana que, dentro de un determinado
territorio, reclama para sí el monopolio efectivo de la violencia física legítima. Por ello, el Estado constituye la única fuente de
derecho a la violencia y la ejerce a partir de las instituciones que especialmente diseño para garantizar el orden, como la policía o
el ejército. De este modo, uno de los elementos centrales para comprender la noción de Estado en Weber es la violencia legítima.

Max Weber define al poder como “la probabilidad de imponer la propia voluntad, dentro de una relación social, aún contra toda
resistencia y cualquiera que sea el fundamento de esa probabilidad.”
Max Weber, Economía y Sociedad, FCE, México D.F., 1998. (Pág. 43)

El poder implica el ejercicio de coerción, es decir la imposición o la presión sobre las conductas o voluntades de otros. Sin
embargo, considera a este concepto como “sociológicamente amorfo”, o dicho en nuestros términos, difícil de ser comprendido:
¿Cómo comprender por qué o para qué alguien ejerce el poder? ¿Qué significaría aquello de “cualquiera sea el fundamento de
esa probabilidad”?
Entonces Weber hace intervenir el concepto de dominación, en el cual el foco está puesto en aquel que detenta o ejerce el
poder y no en el dominado:

Por dominación debe entenderse la probabilidad de encontrar obediencia a un mandato de determinado contenido entre
personas dadas.
Max Weber, Economía y Sociedad, FCE, México D.F., 1998. (Pg. 43)

La dominación implica el ejercicio efectivo del poder donde un sujeto obedece un mandato específico que proviene de otra
persona. Por lo tanto, la dominación implica consenso, es decir, acuerdo o conformidad. Ahora bien, la aceptación de esa
dominación puede tener orígenes muy diversos ya que ningún sistema de dominación se basa en la obediencia automática, pues
el principal fundamento se encuentra en la creencia que tienen los subordinados sobre la legitimidad de su subordinación.
¿Qué quiere decir esto, y por qué afirmamos que ahora el foco está puesto en el dominado? La clave está en la palabra
obediencia: “El que obedece lo hace creyendo en ese mandato, incorporándolo como si fuera propio.”
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Cuando hablamos de dominación, entonces, queda excluida la coerción, la imposición de la violencia física que sí aparecía
como posibilidad en el caso del poder. Lo que entra en juego, en cambio, es la legitimidad, la creencia en ese mandato.

Cuando obedecemos se pone en juego nuestra creencia: creemos en nuestros padres cuando somos pequeños (y entonces
obedecemos a sus mandatos), creemos en el contenido del mandato cuando de algún modo estamos de acuerdo con él (por
ejemplo, “estoy de acuerdo con la ley, por lo tanto, la obedezco”).
Lo importante aquí, entonces, es aquella cierta voluntad de obediencia, y es por ello que decimos que:

El foco de atención está en el dominado, pues son sus motivos los que se analizarán y ya no los de quien ejerce el poder.

¿Y en qué creen los que obedecen? Weber nos presenta tipos ideales de creencia-dominación:
● la creencia fundada en las características personales de quien manda (podemos pensar que este tipo de obediencia es la
que encontramos cuando dentro de un grupo de amigos uno de ellos es “líder” y logra que los demás hagan siempre el
programa que éste propone o incluso travesuras arriesgadas, de las cuales el líder se “salva” de realizar)
● la creencia fundada en la tradición: se trata de la creencia basada en costumbres muy arraigadas. Así, por ejemplo,
dentro de la estructura familiar, perduró la obediencia (basada muchas veces exclusivamente en la tradición) a quien
ocupara la figura masculina, lo que se decía “el hombre de la casa”.
● la creencia de carácter racional que se basa en la creencia en la legalidad del orden estatuido. Es de este tipo el
acatamiento de ciertas conductas “porque así lo dice la ley”. Actuamos de este modo cuando obedecemos una autoridad
que es tal de acuerdo a las leyes o una normativa: porque es nuestro jefe (y así lo ordena el reglamento de nuestro lugar
de trabajo) o cuando un funcionario nos solicita llenar extensísimos formularios para acceder a determinado trámite (así
lo establece la ley).
ACTIVIDAD I
1. El 4 de junio de 1987, durante el gobierno de Raúl Alfonsín, fue promulgada la Ley de Obediencia Debida. Durante el juicio a
los comandantes en jefe de las tres Juntas militares se conoció parte del horror cometido por los genocidas durante la
dictadura cívico-militar; a ellos solo se los juzgaron por 280 casos de los casi 9.000 denunciados ante la Conadep. El 5 de
diciembre de 1986, Alfonsín, para cerrar el proceso judicial contra los genocidas, anunció que enviaría al Congreso un
proyecto de ley para establecer un plazo de treinta días, tras el cual caducaba el derecho a reclamar justicia sobre lo
sucedido desde el 24 de marzo de 1976 al 10 de diciembre de 1983. La Ley de Punto Final fue sancionada por el Congreso
nacional y promulgada el 24 de diciembre de 1986 por el presidente Raúl Alfonsín.
La ley de Obediencia Debida surgió porque antes de terminar el plazo fijado por la Ley de Punto Final, la Justicia federal
dictó el procesamiento de unos 500 militares y se presentaron más de miles de nuevas denuncias ante la Justicia. Esto
desencadenó los levantamientos carapintada en Semana Santa del año 1987, el primero dentro de una serie de asonadas
militares que reclamaban una lista de reivindicaciones para las Fuerzas Armadas, entre ellas la amnistía. Lee los artículos
de la Ley de Obediencia Debida y responde:

a. ¿En cuál de los “tipos ideales de creencia” descriptos anteriormente por Weber se basan los argumentos para
que los oficiales y suboficiales militares que cometieron delitos de lesa humanidad durante la última dictadura
no fueran juzgados?
b. De acuerdo a tu opinión, ¿fue correcto sancionar la Ley de Obediencia Debida? ¿Por qué?

Contenido de la Ley
Artículo 1- Se presume que quienes a la fecha de comisión del hecho revistaban como oficiales jefes, oficiales subalternos,
suboficiales y personal de tropa de las fuerzas armadas, de seguridad, policiales y penitenciarias, no merecen castigo por haber
obrado en virtud de obediencia debida.
La misma presunción será aplicada a los oficiales superiores que no hubieran revistado como comandante en jefe, jefe de zona,
jefe de subzona o jefe de fuerza de seguridad, policial o penitenciaria si no se resuelve judicialmente, antes de los treinta días de
promulgación de esta ley, que tuvieron capacidad decisoria o participaron en la elaboración de las órdenes.
En tales casos se considerará de pleno derecho que las personas mencionadas obraron bajo subordinación a la autoridad
superior y en cumplimiento de órdenes, sin facultad o posibilidad de inspección, oposición o resistencia a ellas en cuanto a su
oportunidad y legitimidad.
Artículo 2- La presunción establecida en el artículo anterior no será aplicable respecto de los delitos de violación, sustracción y
ocultación de menores o sustitución de su estado civil y apropiación extorsiva de inmuebles.
Artículo 3- - La presente ley se aplicará de oficio. Dentro de los cinco (5) días de su entrada en vigencia, en todas las causas
pendientes.

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Legalidad y legitimidad
¿Cómo se entrecruzan legalidad y legitimidad?, ¿son sinónimos? Habitualmente se los considera como tales, pero
conceptualmente y analizando la realidad vemos que no es así.
Por ejemplo, cuando algunos analistas o movimientos hablan de la “deuda (externa) ilegítima” se refieren precisamente a esta
distinción. Legalmente esa deuda fue contraída por nuestro país con bancos y entidades financieras del exterior; y a la vez se la
considera ilegítima porque el gobierno que la contrajo era una dictadura (el llamado “Proceso de Reorganización Nacional”
nombre que se dio la última dictadura militar que efectúo un golpe de estado destituyendo al gobierno democrático en 1976 y
suspendió los derechos y garantías de la población) impuesta por la fuerza en nuestro país.
“Si ese gobierno era ilegítimo –dice el argumento- sus acciones también lo serán aunque fuesen consideradas legales”.

En el año 2000 el juez federal Jorge Ballesteros firmó un histórico fallo de más de cien páginas. El caso se trataba de la
denuncia iniciada 18 años antes, durante la dictadura cívico-militar, por el periodista Alejandro Olmos en que ponía de manifiesto
la ilegalidad del endeudamiento externo de nuestro país. La sentencia comprobó 477 delitos cometidos en la toma de la deuda
externa en la cual estaban implicados grupos económicos y funcionarios de alto rango de la dictadura, entre ellos, el ministro
Martínez de Hoz pero por el transcurso del tiempo los ilícitos estaban prescriptos. En función de ello, el magistrado giró la
sentencia al Congreso, quién según la Constitución es el encargado de “arreglar el pago de la deuda interior y exterior de la
Nación”. El 40 % de la deuda que se contrajo durante ese período financió la fuga de capitales, el 30 % se destinó a la compra
de armamentos e importaciones no declaradas y el restante 30 % fue a pagar intereses de la deuda previa, según analizó el
Banco Mundial.
A pesar de ello, la deuda contraída durante la dictadura militar no fue desconocida.

Del mismo modo, hay acciones que pueden considerarse legítimas, aunque no sean legales.
Algo de ese orden sucedía en nuestro país hasta la sanción de la Ley de Divorcio: en la práctica, el divorcio contaba con un alto
grado de aceptación, pero la legalidad no acompañaba esta legitimación social.

Entonces, cuando hablamos de:


legalidad nos referimos al conjunto de normas emanadas por los ordenamientos instituidos, mientras
la legitimidad se vincula con la creencia en el mandato.

Si bien hay un sinfín de normas sociales que rigen sobre un grupo o un conjunto social, no todas ellas están codificadas bajo
normas jurídicas dictadas por los órganos competentes. Y del mismo modo, hay conductas legales que pueden no ser
consideradas legítimas.

ACTIVIDAD II
1. Piensa y escribe un ejemplo de conducta que sea legal sin ser legítima (o que no sean legítimas para un sector de la
sociedad, y en ese caso, aclare)
2. Piensa un ejemplo en el caso inverso, es decir, una conducta que sea legítima sin ser legales.
3. Luego, trata de pensar algún caso que conozcas de adecuación de la norma legal a una conducta socialmente
aceptada y escríbela a continuación.
4. Desde hace muchos años los gobiernos destinan miles de millones de dólares al pago de la deuda pública argentina.
Incluso durante la última dictadura se pagaron u$s 30mil millones, desde entonces y hasta el gobierno de Macri los
gobiernos pagaron un total de u$s 546mil millones de dólares. ¿Pero qué ocurrió con la deuda? Te propongo analizar la
siguiente infografía sobre la deuda externa argentina
a. ¿Qué información te permite conocer sobre la evolución de la deuda pública hasta la actualidad?
b. ¿Cuál fue el gobierno que más hizo crecer la deuda pública argentina? Justifica.

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5. Te propongo leer la definición del Derecho internacional sobre deuda odiosa, luego responde:
a. ¿Siempre que un gobierno adquiera una deuda hay que pagar?
b. ¿Cómo podríamos identificar que una deuda es odiosa?
En Derecho Internacional deuda odiosa, deuda execrable, deuda ilegítima o deuda injusta es la teoría jurídica,
puesta en práctica numerosas veces a lo largo de la historia, que sostiene que la deuda externa de un gobierno
contraída, creada y utilizada contra los intereses de los ciudadanos del país, no tiene por qué ser pagada y por tanto no
es exigible su devolución ya que los prestatarios habrían actuado de mala fe, a sabiendas, y por tanto dichos contratos
—bonos o contratos comerciales— son nulos legalmente. En todo caso, tales deudas podrían considerarse personales
debiendo responder quienes las hayan contraído a título personal —sea el monarca, el presidente, el director del banco
central nacional o los ministros correspondientes— y no el Estado en su conjunto y por tanto los ciudadanos. En
algunos aspectos, el concepto es análogo a la nulidad de los contratos firmados bajo coacción.

Ahora bien… ¿quiénes o cuáles son los “órganos competentes para dictar normas jurídicas”? O dicho de otro modo, ¿quién
establece las leyes?
Es momento de comenzar a pensar (diría Weber) en el Estado. Dentro de un marco territorial, o en términos más cotidianos,
dentro de un país, el órgano superior que puede estipular sanciones a partir de normas jurídicas es lo que reconocemos
como el Estado.
¿Y… qué es el Estado?
Recordemos que para Weber el Estado es una comunidad humana que, dentro de un determinado territorio, reclama para sí el
monopolio efectivo de la violencia física legítima. Por ello, el Estado constituye la única fuente de derecho a la violencia y la ejerce
a partir de las instituciones que especialmente diseño para garantizar el orden, como la policía o el ejército. De este modo, uno de
los elementos centrales para comprender la noción de Estado en Weber es la violencia legítima.
Entonces, si el Estado es, por una parte, el que sanciona las normas legales, y a la vez quien pretende con éxito esta
legitimidad, vemos que estos dos conceptos comienzan a “mezclarse” un poco, en tanto lo que muchas veces sucede es la
aceptación de una norma en base a la legitimidad de quien la sanciona.

ACTIVIDAD III
Para reflexionar en voz alta: ¿Toda violencia que ejerce el Estado es legítima?
Lee el poema de Eduardo Galeano “Los nadies” sobre que violencias institucionales – estatales nos habla Galeano.

LOS NADIES, de Eduardo Galeano


Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los na-
dies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto
la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la
buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en
lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los na-
dies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se le-
vanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de
escoba.
Los nadies : los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies : los ningunos, los ninguneados, corriendo la
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Liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica
Roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

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