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Santificación: Posicional y Progresiva

Por qué debemos ser santificados como cristianos en nuestro caminar diario.

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Jaime Mella
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“Santificaos, pues, y sed santos, porque yo Jehová soy vuestro Dios.

” Levítico 20:7

Para muchos “cristianos” modernos hablar de santidad hoy en día es sinónimo de hablar de
“legalismo” y “fariseísmo”. Inmediatamente se excusan bajo frases como “ya no estamos bajo la
ley, sino bajo la gracia”, “la salvación no es por obras sino por gracia”. No quieren que nadie les
haga ver su pecado, no quieren ser exhortados a una vida de santidad, para ellos todo es amor,
para ellos Dios solo quiere el corazón y las consideraciones de “forma” son intrascendentes.

Existen dos tipos de “santificación”:

1.La santificación posicional: Esto significa que todo creyente es santificado (apartado) para Dios
mediante la justificación y, por lo tanto, declarado santo y, por ende, identificado como un santo.
Este tipo de santificación es instantánea y no tiene que ser confundida con la santificación
progresiva. Esta santificación tiene que ver con la posición del creyente, no con su vida práctica
actual o condición: “Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados,
ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.” 1Co
6:11. (véase también: Hechos 20:32; 1 Corintios 1:2, 30; 2 Tesalonicenses 2:13; Hebreos 2:11; 3:1;
10:10, 14; 13:12; 1 Pedro 1:2).

2.La santificación progresiva: Significa que el estado del creyente es traído a un punto más
cercano a la posición que disfruta por medio de la justificación. A través de la obediencia a la
palabra de Dios y la capacidad dada por el Espíritu Santo, el creyente es capaz de vivir una vida de
mayor santidad en conformidad a la voluntad de Dios, volviéndose más y más como nuestro Señor
Jesucristo: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y
cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.” 1 Tesalonicenses
5:23. (véase también: Juan 17:17, 19; Romanos 6:1-22; 2 Corintios 3:18; 1 Tesalonicenses 4:3-4).

La santificación posicional dado que procede de la justificación es una obra íntegra y única de Dios,
mientras que la santificación progresiva es una obra conjunta de Dios y el hombre regenerado. Es
esta última la que muchos “cristianos” parecen olvidar, obviando su responsabilidad de purificarse
cada día en la voluntad de Dios. Hagamos un poco de exégesis semántica:

La palabra hebrea que el antiguo testamento usa para “santificar” es qadash, término que se
relaciona con chadash que significa “brillar”. Esto armoniza con el aspecto cualitativo de la idea
bíblica de santidad, es decir, el de pureza. La palabra qadash también podría derivarse de la raíz
qad que significa “cortar”, lo que implica la idea de separación, lejanía o majestad. Santificarse
implica por tanto brillar, ser distinto al resto, pero no solo ser distinto, sino brillar como un sol
resplandeciente, marcar una diferencia notable con respecto al mundo que nos rodea a tal
extremo de ser notoria esa diferencia: “Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino
sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa.” Mateo 5:15. ¿Eres luz en medio de
los que te rodean? ¿Estás marcando una distinción en todo aspecto de tu vida al nivel de
resplandecer?
¿Qué están viendo tus ojos? ¿están cargados de lascivia, pasas tardes enteras frente a un televisor
viendo toda clase de inmoralidad?

¿Qué escuchan tus oídos? ¿amas a los ídolos del mundo, escuchando toda clase de música
satánica, cargada de violencia, cargada de sexo?

¿Qué ropa usas? ¿vistes igual al mundo, eres arrastrado por las modas paganas, tu ropa honra a
Dios o es el “marco” que usas para llamar la atención sobre tu cuerpo e incentivar la lujuria?

Hermano Dios quiere que Brilles!!

Santificarse implica “separarse” ¿de quién? De los enemigos de Dios: la carne, el mundo y Satanás.
Santificarse es apartarse de todo lo que empaña la gloria de Dios en nuestras vidas. Esto no
significa que te encierres en un monasterio aislado de la sociedad, pues de lo contrario no
“brillarías”, es medio de la oscuridad que resplandece la luz. El hecho de separarnos del mundo no
nos exime de nuestra responsabilidad de anunciar el evangelio a quienes nos rodean, pero nunca
debes olvidar que la buena salud no es contagiosa, pero sí lo es la enfermedad.

¿Con quien es tu comunión diaria? ¿amas más a tus amistades inconversas que a Dios?

¿Frecuentas lugares que para el mundo pagano son templos de este siglo?

Hermano, apártate para Dios!!

Finalmente quiero que medites en Levítico 20:7: “Santificaos, pues, y sed santos, porque yo Jehová
soy vuestro Dios.”. Si el Dios santísimo, sublime y excelso, que habita en luz inaccesible es
realmente tu Dios, es realmente a quien amas, a quien más quieres honrar en esta vida, entonces
oyes su mandato “Santificaos!” y das la batalla contra las tinieblas, de lo contrario examínate a ti
mismo si estás o no realmente en la fe (2Corintios 13:5).

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