Anatomia Digestivo
Anatomia Digestivo
Las paredes abdominales musculoaponeuróticas (dinámicas y de varias capas) no sólo se contraen, para aumentar la presión
intraabdominal, sino que también se distienden considerablemente para dar cabida a las expansiones provocadas por la
ingestión, el embarazo, la acumulación de grasa o las enfermedades.
La pared anterolateral del abdomen y varios órganos situados en la pared posterior están recubiertos en sus caras internas
por una membrana serosa o peritoneo (serosa) que se refleja (gira abruptamente y continúa) sobre las vísceras abdominales
(del latín, partes blandas, órganos internos), como el estómago, el intestino, el hígado y el bazo. De este modo, se forma un
saco o espacio virtual revestido (cavidad peritoneal) entre las paredes y las vísceras, que normalmente sólo contiene líquido
extracelular (parietal) en cantidad suficiente para lubricar la membrana que cubre las superficies de las estructuras que forman
u ocupan la cavidad abdominal. Las vísceras pueden moverse libremente durante la digestión, y las reflexiones bilaminares
del peritoneo que pasan entre las paredes y las vísceras permiten el paso de los vasos sanguíneos, los linfáticos y los nervios.
También pueden encontrarse cantidades variables de grasa entre las paredes y las vísceras y el peritoneo que las recubre.
La cavidad abdominal:
• Forma la parte superior y de mayor tamaño de la cavidad abdominopélvica (fig. 2-2), una cavidad continua que se extiende
entre el diafragma torácico y el diafragma pélvico.
• Carece de suelo propio, ya que se continúa con la cavidad pélvica. El plano de la abertura superior de la pelvis (estrecho
superior de la pelvis) separa arbitrariamente, aunque no físicamente, las cavidades abdominal y pélvica.
• Se extiende superiormente por la caja torácica osteocartilaginosa hasta el 4.o espacio intercostal (v. fig. 2-1). De este modo,
los órganos abdominales de localización superior (bazo, hígado, parte de los riñones y estómago) están protegidos por la
caja torácica. La pelvis mayor (porción ensanchada de la pelvis por encima del estrecho superior de la pelvis) sostiene y
protege parcialmente las vísceras abdominales más bajas (parte del íleon, ciego y colon sigmoideo).
• Es el lugar donde se encuentran la mayoría de los órganos digestivos, partes del sistema urogenital (los riñones y la mayor
porción de los uréteres) y el bazo.
Para describir la localización de los órganos, zonas dolorosas o patologías abdominales, se divide la cavidad abdominal en
nueve zonas (tabla 2-1 A y B). Estas regiones están delimitadas por cuatro planos: dos planos sagitales (verticales) y dos
transversales (horizontales). Los dos planos sagitales habituales son los planos medioclaviculares, que pasan desde el punto
medio de las clavículas (aproximadamente a 9 cm de la línea media) hasta los puntos medioinguinales, los puntos medios de
las líneas que unen la espina ilíaca anterior superior (EIAS) y el borde superior de los tubérculos del pubis a ambos lados.
FIGURA 2-2. Cavidad abdominopélvica. Se ha seccionado el cuerpo por el plano medio, mostrando que las cavidades abdominal y pélvica son subdivisiones de la
cavidad abdominopélvica continua.
Los planos transversales suelen ser el plano subcostal, que pasa a través del borde inferior del 10.o cartílago costal en cada
lado, y el plano intertubercular, que pasa a través de los tubérculos ilíacos (aproximadamente a 5 cm por detrás de la EIAS
de cada lado) y el cuerpo de la vértebra L5. Estos dos planos tienen la ventaja de cruzar estructuras palpables.
Algunos facultativos utilizan los planos transpilórico e interespinoso para definir nueve regiones. El plano transpilórico,
extrapolado a medio camino entre los bordes superiores del manubrio esternal y la sínfisis púbica (típicamente, a nivel de
L1), normalmente cruza el píloro (la porción distal, más tubular, del estómago) cuando el paciente está en decúbito (supino o
prono) (v. fig. 2-1). Como las vísceras se abomban debido al efecto de la gravedad, el píloro suele encontrarse a un nivel más
bajo cuando el sujeto está de pie en posición erecta. El plano transpilórico es un punto de referencia útil debido a que también
cruza muchas otras estructuras importantes: el fondo de la vesícula biliar, el cuello del páncreas, los orígenes de la arteria
mesentérica superior (AMS) y la vena porta hepática, la raíz del mesocolon transverso, la flexura (unión) duodenoyeyunal y
los hilios renales. El plano interespinoso pasa a través de las EIAS, fácilmente palpables, de ambos lados (tabla 2-1 B).
Para una descripción clínica más general, la cavidad abdominal se divide en cuatro cuadrantes (superior derecho, inferior
derecho, superior izquierdo e inferior izquierdo), definidos por dos planos fácilmente localizables: 1) el plano
transumbilical, transversal, que pasa a través del ombligo (y el disco intervertebral entre las vértebras L3 y L4), y 2) el plano
medio, que pasa longitudinalmente a través del cuerpo y lo divide en dos mitades, derecha e izquierda (tabla 2-1 C).
Es importante conocer qué órganos se encuentran en cada región o cuadrante abdominal, para saber dónde auscultarlos,
percutirlos y palparlos (tabla 2-1), y para registrar la localización de los hallazgos durante la exploración física.
La pared anterolateral del abdomen está formada por la piel, el tejido subcutáneo (fascia superficial) compuesto
principalmente por grasa, los músculos y sus aponeurosis, la fascia profunda, la grasa extraperitoneal y el peritoneo parietal
(fig. 2-4 B). La piel se une laxamente al tejido subcutáneo, excepto en el ombligo, donde se adhiere con firmeza. La mayor
parte de la pared anterolateral del abdomen incluye tres capas musculotendinosas; los haces de fibras de cada capa tienen
direcciones distintas. Esta estructura trilaminar es parecida a la de los espacios intercostales del tórax.
Las capas superficial, intermedia y profunda de la fascia de revestimiento recubren las caras externas de las tres capas
musculares de la pared anterolateral del abdomen y sus aponeurosis (tendones planos extendidos), de los que no puede
despegarse fácilmente. Estas fascias de revestimiento son extremadamente delgadas y están constituidas en gran parte por el
epimisio (capa externa de tejido conectivo fibroso que envuelve a todos los músculos, v. Introducción), situado en la
superficie de los músculos o entre ellos. La cara interna de la pared abdominal está revestida por láminas membranosas y
areolares de grosor variable: la fascia endoabdominal. Aunque es continua, las diferentes partes de esta fascia se denominan
en función del músculo o de la aponeurosis que recubren. La porción que recubre la superficie profunda del músculo
transverso del abdomen y su aponeurosis es la fascia transversal (transversalis). El revestimiento brillante de la cavidad
abdominal, el peritoneo parietal, está formado por una sola capa de células epiteliales y tejido conectivo de sostén. El
peritoneo parietal se localiza interno a la fascia transversal y está separado de ella por una cantidad variable de grasa
extraperitoneal.
Los dos músculos verticales de la pared anterolateral del abdomen, envueltos por la vaina de los músculos rectos, son el
recto del abdomen, grande, y el piramidal, pequeño.
MÚSCULO OBLICUO EXTERNO DEL ABDOMEN
E l músculo oblicuo externo del abdomen es el mayor y más superficial de los tres músculos planos abdominales
anterolaterales (fig. 2-7). En la figura 2-5 A se ilustran las inserciones del oblicuo externo, y en la tabla 2-2 se incluye junto a
su inervación y sus acciones principales. A diferencia de las dos capas más profundas, el músculo oblicuo externo no se
origina posteriormente desde la fascia toracolumbar; sus fibras más posteriores (la parte más gruesa del músculo) tienen un
borde libre, donde se despliegan en abanico entre su origen costal y la cresta ilíaca (fig. 2-5 D y E). La parte carnosa del
músculo contribuye mayoritariamente a la parte lateral de la pared abdominal. Su aponeurosis contribuye a formar la parte
anterior de la pared.
Aunque las fibras más posteriores que parten de la 12.a costilla discurren casi verticales hasta la cresta ilíaca, las fibras
más anteriores se abren en abanico, tomando una dirección cada vez más medial, de forma que la mayoría de las fibras
musculares se orienta inferomedialmente—en la misma dirección que señalan los dedos cuando se meten las manos en los
bolsillos laterales—y las fibras más anteriores y superiores tienen un curso casi horizontal. Las fibras musculares se vuelven
aponeuróticas aproximadamente en la LMC medialmente y en la línea espinoumbilical (línea que va desde el ombligo hasta la
EIAS) inferiormente, formando una lámina de fibras tendinosas que se decusan en la línea alba y que en su mayoría se
continúan con las fibras tendinosas del oblicuo interno contralateral (fig. 2-6 A). De este modo, los músculos oblicuo externo
e interno contralaterales forman en conjunto un «músculo digástrico», un músculo con dos vientres que comparten un tendón
central común y trabajan como una sola unidad (v. Introducción). Por ejemplo, el oblicuo externo derecho y el oblicuo interno
izquierdo actúan juntos para flexionar y rotar el tronco de forma que el hombro derecho se orienta hacia la cadera izquierda
(movimiento de torsión del tronco).
Inferiormente, la aponeurosis del oblicuo externo se inserta en la cresta del pubis, medialmente al tubérculo del pubis. El
borde inferior de la aponeurosis del oblicuo externo está engrosado y forma una banda fibrosa que se curva inferiormente,
cuyo borde libre posterior se extiende entre la EIAS y el tubérculo del pubis, el ligamento inguinal (ligamento de Poupart)
(figs. 2-7 B y 2-8).
Podemos palparnos el ligamento inguinal presionando profundamente en el centro del pliegue situado entre el muslo y el
tronco, y moviendo las yemas de los dedos arriba y abajo. Inferiormente, el ligamento inguinal se continúa con la fascia
profunda del muslo. Por lo tanto, el ligamento inguinal no es una estructura independiente, aunque—por su utilidad como punto
de referencia—a menudo se representa de ese modo. Actúa como retináculo (banda de sostén) para las estructuras musculares
y vasculonerviosas que discurren profundos a éste y entran en el muslo. Las partes inferiores de los dos músculos abdominales
anterolaterales profundos se relacionan en su origen con la porción lateral del ligamento inguinal. Las complejas
modificaciones e inserciones del ligamento inguinal y de las porciones inferomediales de las aponeurosis de los músculos de
la pared anterolateral del abdomen se tratarán detalladamente junto a la región inguinal (más adelante en este capítulo).
FIGURA 2-6. Estructura de la pared anterolateral del abdomen. A) Se muestran los intercambios de fibras intramusculares e intermusculares en el seno de las
aponeurosis bilaminares de los músculos oblicuos externo e interno del abdomen. B) Cortes transversales de la pared por encima y por debajo del ombligo, que muestran la
composición de la vaina del músculo recto del abdomen.
FIGURA 2-8. Pared inferior del abdomen y región inguinal de un varón. La aponeurosis del músculo oblicuo externo se ha seccionado parcialmente, y el cordón
espermático se ha seccionado y extirpado del conducto inguinal.
FIGURA 2-9. Formación de la vaina del recto y estructuras vasculonerviosas de la pared anterolateral del abdomen. A) En esta disección profunda se ha
extirpado la porción carnosa del músculo oblicuo externo en el lado derecho, pero se han dejado intactas su aponeurosis y la pared anterior de la vaina del músculo recto
del abdomen. En el lado izquierdo se han extraído la pared anterior de la vaina y el músculo recto del abdomen para que pueda apreciarse la pared posterior de la vaina. La
porción carnosa del músculo oblicuo interno se ha seccionado longitudinalmente, lateral a la vaina del músculo recto izquierdo; los bordes del corte se han retraído con el fin
de mostrar los nervios toracoabdominales que discurren por el plano vasculonervioso entre los músculos oblicuo interno y transverso del abdomen. B) Corte sagital a través
de la vaina del músculo recto de la pared anterior del abdomen.
PIRAMIDAL
El piramidal es un músculo triangular pequeño e inconstante que está ausente en un 20 % de las personas. Se sitúa anterior a la
porción inferior del recto del abdomen y se inserta en la cara anterior del pubis y en el ligamento anterior del pubis. Termina
en la línea alba, especialmente engrosada en una distancia variable por encima de la sínfisis del pubis. El piramidal tensa la
línea alba. Cuando el músculo está presente, los cirujanos utilizan la inserción del piramidal en la línea alba como punto de
referencia para la incisión abdominal mediana (Skandalakis et al., 2009).
VAINA DEL RECTO, LÍNEA ALBA Y ANILLO UMBILICAL
La vaina del recto (figs. 2-7 a 2-9) es el compartimento fibroso, fuerte e incompleto, de los músculos recto del abdomen y
piramidal. En la vaina del recto también se encuentran las arterias y venas epigástricas superior e inferior, vasos linfáticos y
las porciones distales de los nervios toracoabdominales (porciones abdominales de los ramos anteriores de los nervios
espinales T7-T12).
La vaina del músculo recto del abdomen está formada por las aponeurosis entrelazadas y decusadas de los anterolaterales
del abdomen (v. fig. 2-6 B). La aponeurosis del oblicuo externo contribuye a la pared anterior de la vaina en toda su longitud.
Los dos tercios superiores de la aponeurosis del oblicuo interno se dividen en dos hojas (láminas) en el borde lateral del recto
del abdomen; una lámina pasa por delante del músculo y la otra por detrás. La hoja anterior se une a la aponeurosis del
oblicuo externo, formando la lámina anterior de la vaina del recto. La hoja posterior se une a la aponeurosis del transverso
abdominal, formando la lámina posterior de la vaina del recto.
Desde aproximadamente un tercio de la distancia entre el ombligo y la cresta del pubis, las aponeurosis de los tres
músculos planos pasan anteriores al recto del abdomen para formar la lámina anterior de la vaina del músculo recto del
abdomen, y sólo la fascia transversal, relativamente delgada, cubre posteriormente el recto del abdomen. Una línea arqueada
(fig. 2-9) marca la transición entre la pared aponeurótica posterior de la vaina, que cubre los tres cuartos superiores del recto
del abdomen, y la fascia transversal que cubre el cuarto inferior. En toda la longitud de la vaina, las fibras de sus hojas
anterior y posterior se entrelazan en la línea media anterior para formar la compleja línea alba.
La hoja posterior de la vaina del músculo recto también está ausente por encima del arco costal debido a que el transverso
del abdomen se continúa superiormente como músculo transverso del tórax, que se sitúa internamente respecto a los cartílagos
costales (v. fig. 1-14, p. 89), y a que el recto del abdomen se fija al arco costal. Por tanto, superior al arco costal el recto del
abdomen descansa directamente sobre la pared torácica (fig. 2-9 B).
La línea alba, que recorre verticalmente toda la longitud de la pared anterior del abdomen y separa las vainas bilaterales de
los rectos (v. fig. 2-7 A), se estrecha inferiormente al ombligo, adoptando la anchura de la sínfisis púbica, y se ensancha
superiormente, con la anchura del proceso xifoides del esternón. A través de la línea alba pasan pequeños vasos y nervios
para la piel. En las personas delgadas y musculosas puede observarse un surco en la piel que recubre la línea alba. En su
centro, subyacente al ombligo, esta línea contiene el anillo umbilical, un defecto en la línea a través del cual pasan los vasos
umbilicales fetales entre el cordón umbilical y la placenta. Todas las capas de la pared anterolateral del abdomen se fusionan
en el ombligo. Después del nacimiento se acumula grasa en el tejido subcutáneo, la piel que rodea al anillo umbilical va
levantándose y el ombligo se deprime. Esto tiene lugar entre 7 y 14 días después del nacimiento, cuando «se cae» el cordón
umbilical atrófico.
FUNCIONES Y ACCIONES DE LOS MÚSCULOS ANTEROLATERALES DEL ABDOMEN
Los músculos de la pared anterolateral del abdomen:
• Forman un soporte firme y dilatable para la pared anterolateral del abdomen.
• Sostienen las vísceras abdominales y las protegen contra la mayoría de las lesiones.
• Comprimen el contenido abdominal para mantener o aumentar la presión intraabdominal, oponiéndose al diafragma (el
aumento de la presión intraabdominal facilita la expulsión).
• Mueven el tronco y ayudan a mantener la postura.
La acción conjunta de los músculos oblicuos y transversos de ambos lados forma una faja muscular que ejerce una presión
firme sobre las vísceras abdominales. La participación del recto del abdomen en esta acción es escasa o nula. Al comprimir
las vísceras abdominales y aumentar la presión intraabdominal, elevan el diafragma relajado para expulsar el aire durante la
respiración, y de forma más forzada para la tos, el estornudo, sonarse la nariz, el eructo voluntario, el grito, etc. Cuando el
diafragma se contrae durante la inspiración, la pared anterolateral del abdomen se expande a medida que se relajan sus
músculos, a fin de dejar espacio a las vísceras, como el hígado, que se ven empujadas inferiormente. La acción combinada de
los músculos anterolaterales también produce la fuerza necesaria para la defecación, la micción, el vómito y el parto. Al
levantar objetos pesados se produce asimismo un aumento de la presión intraabdominal (y de la intratorácica), y en ocasiones
la fuerza resultante provoca una hernia.
Los músculos anterolaterales del abdomen también intervienen en los movimientos del tronco a nivel de las vértebras
lumbares y controlan la inclinación de la pelvis para mantener la postura en bipedestación (lordosis lumbar de reposo). Por
ello, el fortalecimiento de la musculatura de la pared anterolateral del abdomen mejora la postura erecta y en sedestación. El
músculo recto del abdomen es un potente flexor de las regiones torácica y, sobre todo, lumbar de la columna vertebral,
acercando el arco costal anterior y la cresta del pubis. Los músculos abdominales oblicuos también colaboran a los
movimientos del tronco, especialmente la flexión lateral y la rotación de la columna vertebral lumbar y torácica baja. Es
probable que el transverso del abdomen no ejerza efectos apreciables sobre la columna vertebral (Standring, 2008).
Los principales vasos sanguíneos (arterias y venas) de la pared anterolateral del abdomen son:
• Los epigástricos superiores y las ramas de los vasos musculofrénicos, de los vasos torácicos internos.
• Los epigástricos inferiores y los vasos circunflejos ilíacos profundos, de los vasos ilíacos externos.
• Los circunflejos ilíacos superficiales y los epigástricos superficiales, de la arteria femoral y la vena safena magna,
respectivamente.
• Los vasos intercostales posteriores, del 11.o espacio intercostal y las ramas anteriores de los vasos subcostales.
La irrigación arterial de la pared anterolateral del abdomen se ilustra en la figura 2-12 y se resume en la tabla 2-4. La
distribución de los vasos sanguíneos abdominales profundos refleja la disposición de los músculos: los vasos de la pared
anterolateral del abdomen siguen un patrón oblicuo circunferencial (similar al de los vasos intercostales; fig. 2-11), mientras
que los vasos de la pared abdominal anterior central presentan una orientación más vertical.
La arteria epigástrica superior, continuación directa de la arteria torácica interna, entra en la vaina del músculo recto del
abdomen superiormente, a través de su lámina posterior; irriga la parte superior del recto del abdomen y se anastomosa con la
arteria epigástrica inferior, aproximadamente en la región umbilical (v. fig. 2-9; tabla 2-4).
L a arteria epigástrica inferior se origina en la arteria ilíaca externa justo superior al ligamento inguinal. Discurre
superiormente por la fascia transversal para entrar en la vaina del músculo recto del abdomen inferior a la línea arqueada.
Entra en la porción inferior del recto del abdomen y se anastomosa con la arteria epigástrica superior (v. fig. 2-9).
El drenaje linfático de la pared anterolateral del abdomen sigue los patrones siguientes (fig. 2-11):
• Los vasos linfáticos superficiales acompañan a las venas subcutáneas; los que se encuentran por encima del plano
transumbilical drenan principalmente en los nódulos linfáticos axilares, aunque unos pocos drenan en los nódulos linfáticos
paraesternales. Los vasos linfáticos superficiales situados por debajo del plano transumbilical drenan en los nódulos
linfáticos inguinales superficiales.
• Los vasos linfáticos profundos acompañan a las venas profundas de la pared abdominal y drenan en los nódulos linfáticos
ilíacos externos, ilíacos comunes y lumbares derechos e izquierdos (de la cava y aórticos).
En el capítulo Introducción puede encontrarse una visión general del drenaje linfático superficial y profundo.
Puntos fundamentales
VÍSCERAS ABDOMINALES
FIGURA 2-31. Contenido abdominal in situ y en relación con el sistema digestivo. A) Contenido del abdomen sin manipular. Se han extirpado las paredes
anteriores del tórax y el abdomen. El ligamento falciforme se ha seccionado por su inserción en la pared anterior del abdomen. B) Vista general del sistema digestivo,
formado por el tubo digestivo desde la boca hasta el ano y por todas sus glándulas y órganos accesorios.
Los alimentos pasan desde la boca y la faringe a través del esófago hacia el estómago, donde se mezclan con las
secreciones gástricas (fig. 2-31 B). La digestión tiene lugar principalmente en el estómago y el duodeno. La peristalsis, una
serie de ondas de contracción anulares, se inicia alrededor de la porción media del estómago y avanza lentamente hacia el
píloro. Se encarga de mezclar los alimentos masticados con los jugos gástricos y de vaciar el contenido del estómago en el
duodeno.
La absorción de compuestos químicos se produce sobre todo en el intestino delgado, un tubo plegado de 5 m a 6 m de
longitud (más corto en vida, cuando existe tono muscular, que en el cadáver), formado por el duodeno, el yeyuno y el íleon. La
peristalsis también tiene lugar en el yeyuno y el íleon, aunque no es fuerte a no ser que haya una obstrucción. El estómago se
continúa con el duodeno, que acoge las desembocaduras de los conductos del páncreas y el hígado, principales glándulas del
sistema digestivo.
El intestino grueso está formado por el ciego, que recibe la porción terminal del íleon, el apéndice vermiforme, el colon
(ascendente, transverso, descendente y sigmoide), el recto y el conducto anal. La reabsorción de agua tiene lugar, en su mayor
parte, en el colon ascendente. Las heces se forman en el colon descendente y sigmoide, y se acumulan en el recto antes de la
defecación. El esófago, el estómago y el intestino forman el tubo digestivo, y derivan del intestino anterior, el intestino
medio y el intestino posterior primitivos.
La irrigación arterial de la parte abdominal del sistema digestivo procede de la aorta abdominal. Las tres ramas
principales de la aorta abdominal para el tubo digestivo son el tronco celíaco y las arterias mesentéricas superior e inferior
(fig. 2-32 A).
La vena porta hepática, formada por la unión de las venas mesentérica superior y esplénica (fig. 2-32 B), es el vaso
principal del sistema de la vena porta, que recoge la sangre de la parte abdominal del tubo digestivo, el páncreas, el bazo y la
mayor parte de la vesícula biliar, y la transporta hacia el hígado.
FIGURA 2-32. Irrigación arterial y drenaje venoso de las partes abdominales del sistema digestivo. A) Vascularización arterial. Las tres ramas impares de la
aorta abdominal irrigan, sucesivamente, los derivados del intestino anterior, medio y posterior. B) Drenaje venoso. La sangre rica en nutrientes procedente del tubo
digestivo y la sangre del bazo, el páncreas y la vesícula biliar drenan en el hígado a través de la vena porta hepática. La flecha señala la comunicación entre la vena
esofágica y el sistema venoso ácigos (sistémico).
Esófago
El esófago es un tubo muscular, de unos 25 cm de largo y 2 cm de diámetro por término medio, que transporta el alimento
desde la faringe hasta el estómago (fig. 2-33 A). Mediante fluoroscopia o radioscopia (rayos X con un fluoroscopio), tras la
ingestión de una papilla de bario (fig. 2-34) puede verse que el esófago presenta normalmente tres estrechamientos,
provocados por la presión ejercida por estructuras adyacentes:
• El estrechamiento cervical (esfínter esofágico superior) en su inicio en la unión faringoesofágica, aproximadamente a 15
cm de los incisivos; provocada por el músculo cricofaríngeo (v. cap. 8).
• El estrechamiento torácico (broncoaórtico), que es un estrechamiento compuesto, provocado en primer lugar por el cru ce
del arco de la aorta, a 22,5 cm de los incisivos, y a continuación por el cruce del bronquio principal izquierdo, a 27,5 cm de
los incisivos. El primero se aprecia en proyecciones anteroposteriores y el segundo en las laterales.
• El estrechamiento frénico (diafragmático), donde pasa a través del hiato esofágico del diafragma, aproximadamente a 40
cm de los incisivos (fig. 2-33 A).
Es importante tener presentes estos estrechamientos cuando se hacen pasar instrumentos por el esófago hacia el estómago, y
al valorar radiografías de pacientes que sufren disfagia (dificultad para tragar).
El esófago:
• Sigue la curvatura de la columna vertebral a medida que desciende a través del cuello y el mediastino—la porción media de
la cavidad torácica (fig. 2-33 A).
• Posee una capa muscular circular interna y otra longitudinal externa (fig. 2-33 B). En su tercio superior, la capa externa está
formada por músculo estriado voluntario; el tercio inferior está compuesto por músculo liso y el tercio medio por ambos
tipos de músculo.
FIGURA 2-33. El esófago y sus relaciones. A) Vista que muestra el esófago en toda su longitud y las estructuras relacionadas con él. El esófago empieza a nivel del
cartílago cricoides y desciende por detrás de la tráquea. Abandona el tórax a través del hiato esofágico del diafragma. B) Corte transversal del esófago que muestra su
pared con la doble capa muscular y la capa mucosa acanalada. C) Corte coronal del esófago inferior, el diafragma y el estómago superior. El ligamento frenoesofágico
conecta de forma flexible el esófago al diafragma; limita el movimiento hacia arriba del esófago, aunque le permite una cierta movilidad durante la deglución y la
respiración.
FIGURA 2-34. Radiografía del esófago tras la ingestión de una papilla baritada. Esta proyección oblicua posterior izquierda muestra dos de los tres
«estrechamientos» normales (impresiones), producidos por el arco de la aorta y el bronquio principal izquierdo. La ampolla frénica, que únicamente se aprecia en las
radiografías, es la parte distensible del esófago por encima del diafragma. (Cortesía del Dr. E.L. Lansdown, Professor of Medical Imaging, University of Toronto, Toronto,
ON, Canada.)
• Pasa a través del hiato esofágico, elíptico, en el pilar derecho del diafragma, justo a la izquierda del plano medio, a la
altura de la vértebra T10.
• Termina entrando en el estómago por el orificio del cardias gástrico (fig. 2-33 C), localizado a la izquierda de la línea
media, a nivel del 7.o cartílago costal izquierdo y de la vértebra T11.
• Está rodeado distalmente por el plexo (nervioso) esofágico (fig. 2-35).
El alimento pasa rápidamente a través del esófago debido a la acción peristáltica de su musculatura, con la ayuda de la
gravedad, pero sin depender de ella (es posible tragar cabeza abajo). El esófago está fijado a los bordes del hiato esofágico
del diafragma por el ligamento frenoesofágico (fig. 2-33 C), una prolongación de la fascia diafragmática inferior. Este
ligamento permite el movimiento independiente del diafragma y del esófago durante la respiración y la deglución.
La porción abdominal del esófago, con forma de trompeta y sólo 1,25 cm de longitud, pasa desde el hiato esofágico del
diafragma en el pilar derecho del diafragma al orificio del cardias del estómago, ensanchándose a medida que avanza, y
pasando anteriormente y hacia la izquierda a medida que desciende inferiormente. Su cara anterior está cubierta por peritoneo
del saco mayor, continuo con el que recubre la cara anterior del estómago. Encaja en un surco de la cara posterior (visceral)
del hígado.
La cara posterior de la porción abdominal del esófago está cubierta por peritoneo de la bolsa omental, continuo con el que
recubre la cara posterior del estómago. El borde derecho del esófago abdominal se continúa con la curvatura menor del
estómago; sin embargo, su borde izquierdo está separado del fundus del estómago por la incisura del cardias entre el esófago
y el fundus (v. fig. 2-37 A).
La unión esofagogástrica se encuentra a la izquierda de la vértebra T11, en el plano horizontal que pasa a través del
extremo del proceso xifoides. Los cirujanos y endoscopistas denominan línea Z (fig. 2-33 C) a esta unión: una línea dentada
donde se produce la transición abrupta de la mucosa esofágica a la gástrica. Justo superior a esta unión, la musculatura
diafragmática que forma el hiato esofágico funciona como un esfínter esofágico inferior fisiológico, que se contrae y relaja.
Los estudios radiológicos muestran que los alimentos se detienen aquí de manera momentánea y que el mecanismo de esfínter
suele impedir eficazmente el reflujo de contenido gástrico hacia el esófago. Cuando no estamos comiendo, la luz del esófago
suele estar colapsada por encima de este nivel, para impedir que el alimento o los jugos gástricos se regurgiten hacia el
esófago.
En los capítulos 1 y 8 pueden encontrarse detalles sobre la inervación y la vascularización de las porciones cervical y
torácica del esófago. La irrigación arterial de la porción abdominal del esófago procede de la arteria gástrica izquierda, una
rama del tronco celíaco, y de la a rteria frénica inferior izquierda (v. fig. 2-32 A). El drenaje venoso de las venas
submucosas de esta porción del esófago se dirige al sistema de la vena porta a través de la vena gástrica izquierda (v. fig.
2-32 B), y al sistema venoso sistémico a través de las venas esofágicas que desembocan en la vena ácigos.
El drenaje linfático de la porción abdominal del esófago es hacia los nódulos linfáticos gástricos izquierdos (fig. 2-35);
los vasos linfáticos aferentes de dichos nódulos drenan principalmente en los nódulos linfáticos celíacos.
El esófago está inervado por el plexo esofágico, formado por los troncos vagales (que se convierten en los ramos gástricos
anteriores y posteriores) y los troncos simpáticos torácicos, a través de los nervios esplácnicos mayores
(abdominopélvicos) y los plexos periarteriales que rodean la arteria gástrica izquierda y la arteria frénica inferior izquierda.
(V. también «Resumen de la inervación de las vísceras abdominales», p. 301.)
Estómago
El estómago es la porción expandida del tubo digestivo que se encuentra entre el esófago y el intestino delgado (v. fig. 2-31
B). Está especializado en la acumulación de los alimentos ingeridos, a los que prepara química y mecánicamente para su
digestión y posterior paso al duodeno. El estómago mezcla los alimentos y sirve de depósito; su función principal es la
digestión enzimática. El jugo gástrico convierte gradualmente los alimentos en una mezcla semilíquida, el quimo (del griego,
jugo), que pasa con notable rapidez hacia el duodeno. El diámetro del estómago vacío es sólo algo mayor que el del intestino
grueso, pero es capaz de una expansión considerable, pudiendo alojar entre 2 l y 3 l de comida.
FIGURA 2-35. Nervios y linfáticos del esófago abdominal y el estómago. El nervio vago (NC X) se divide en dos ramos que forman el plexo (nervioso) esofágico
alrededor del esófago inferior. Los ramos gástricos anteriores y posteriores del plexo acompañan al esófago a través del hiato esofágico y se distribuyen por las caras
anterior y posterior del estómago. Los ramos anteriores también se extienden hasta el píloro y el hígado. Las fibras nerviosas simpáticas postsinápticas del plexo celíaco
alcanzan estos órganos a través de plexos periarteriales. Los vasos linfáticos del estómago siguen un patrón parecido al de las arterias, aunque el flujo va en sentido
contrario. De este modo, la linfa del estómago y de la porción abdominal del esófago drena primero en los nódulos linfáticos gástricos y a continuación en los nódulos
linfáticos celíacos.
FIGURA 2-36. Anatomía de superficie y efecto del biotipo (hábito) sobre la forma y la posición del estómago. A) Posición más habitual del estómago en una
persona de complexión media en decúbito supino o prono. B) Los individuos hiperasténicos de complexión fuerte y con un tórax corto probablemente tengan el estómago
en una posición alta y más transversal. En las personas con un físico asténico, estilizado, el estómago suele ser bajo y vertical.
En posición supina, la porción pilórica del estómago se encuentra a nivel del plano transpilórico, a medio camino entre la
incisura yugular superiormente y la cresta del pubis inferiormente (fig. 2-36 A). El plano cruza los 8.os cartílagos costales y la
vértebra L1. En posición erecta, su situación oscila entre las vértebras L2 y L4. El orificio pilórico se encuentra
aproximadamente 1,25 cm a la derecha de la línea media.
El estómago también presenta dos curvaturas (fig. 2-37 A a C):
• La curvatura menor forma el borde cóncavo, más corto, del estómago; la incisura angular es la parte más inferior de la
curvatura y señala la unión del cuerpo y la porción pilórica del estómago (fig. 2-37 A y B). La incisura angular se encuentra
justo a la izquierda de la línea media.
• La curvatura mayor forma el borde convexo, más largo, del estómago. Pasa inferiormente hacia la izquierda desde la unión
del 5.o espacio intercostal y la LMC, y luego se curva hacia la derecha, pasando profunda al cartílago izquierdo 9.o o 10.o
mientras prosigue medialmente hasta alcanzar el antro pilórico.
Debido a la desigual longitud de la curvatura menor a la derecha y la curvatura mayor a la izquierda, en la mayoría de la
gente la forma del estómago recuerda a la letra J.
INTERIOR DEL ESTÓMAGO
La lisa superficie de la mucosa gástrica tiene un color marrón rojizo en vida, excepto en la región pilórica, que es rosa. En el
individuo vivo está cubierta por una película mucosa continua que protege su superficie del ácido gástrico que secretan las
glándulas del estómago. Cuando la mucosa gástrica se contrae, es lanzada al interior de los llamados pliegues gástricos
longitudinales (fig. 2-38 A y B). Estos pliegues son más marcados hacia la porción pilórica y a lo largo de la curvatura mayor.
Durante la deglución se forma transitoriamente un canal gástrico entre los pliegues gástricos longitudinales a lo largo de la
curvatura menor. Esto puede observarse tanto radiográfica como endoscópicamente. El canal gástrico se forma debido a la
firme fijación de la mucosa gástrica a la capa mucosa, que en esta zona carece de la capa oblicua. Cuando la mayor parte del
estómago está vacía, la saliva y pequeñas cantidades de alimentos masticados y otros líquidos pasan a través del canal
gástrico hacia el canal pilórico. Los pliegues gástricos se reducen y desaparecen a medida que el estómago se distiende (se
llena).
FIGURA 2-37. Estómago y porción abdominal del esófago. A) Se ha insuflado aire en el estómago. La parte izquierda del hígado se ha extirpado para poder apreciar
el omento menor y el foramen omental. El área ocupada por el hígado intacto se indica con una línea discontinua. B) Partes del estómago. C) Radiografía del estómago
tras la ingestión de una papilla baritada. Las ondas peristálticas circulares se inician en el cuerpo del estómago y progresan hacia el canal pilórico, como se observa en E
(puntas de flecha), donde terminan. En este paciente en decúbito supino puede verse gas en el cardias y el fundus. D) El pronunciado estrechamiento de la parte final del
estómago es el píloro. El orificio pilórico es la abertura del canal pilórico en el duodeno. E) Radiografía que muestra la región pilórica del estómago y la parte superior del
duodeno. (C y E por cortesía del Dr. E.L. Lansdown, Professor of Medical Imaging, University of Toronto, Toronto, ON, Canada.)
FIGURA 2-38. Superficie interna del estómago. A) Se ha eliminado la pared anterior del estómago para mostrar su interior. Al distenderse el estómago desaparecen
los pliegues gástricos longitudinales. A lo largo de la curvatura menor, desde el esófago hasta el píloro, se extienden varios pliegues mucosos longitudinales que forman el
canal gástrico por donde circulan los líquidos ingeridos. B) Radiografía del estómago tras la ingestión de una papilla baritada. Obsérvense la onda peristáltica en el
estómago y los pliegues gástricos longitudinales de la mucosa. (A por cortesía del Dr. J. Helsin, Toronto, ON, Canada.)
FIGURA 2-39. Bolsa omental y lecho del estómago. A) La bolsa omental, el omento mayor y el ligamento gastroesplénico se han seccionado a lo largo de la
curvatura mayor del estómago, y éste se ha reflejado hacia arriba para abrir la bolsa por delante. En el extremo derecho de la bolsa pueden verse dos de los límites del
foramen omental: la raíz inferior del ligamento hepatoduodenal (que contiene la tríada portal) y el lóbulo caudado del hígado. B) Se ha extirpado el estómago y la mayor
parte del omento menor, y se ha eliminado gran parte del peritoneo de la pared posterior de la bolsa omental que recubre el lecho del estómago con el objetivo de mostrar
los órganos situados en el lecho. Aunque las adherencias, como las que unen el bazo con el diafragma en la ilustración, son hallazgos necrópsicos habituales, no
corresponden a la anatomía normal.
FIGURA 2-40. Arterias del estómago, el duodeno y el bazo. La irrigación arterial de la porción abdominal del esófago, el estómago, el duodeno superior (porciones
superior y descendente alta) y el bazo proviene de la arteria celíaca. Las ramas directas del tronco celíaco están en negrita.
FIGURA 2-41. Venas del estómago, el duodeno y el bazo. El drenaje venoso de la porción abdominal del esófago, el estómago, el duodeno superior (porciones
superior y descendente alta) y el bazo se produce a través de la vena porta hepática, ya sea directamente o de forma indirecta a través de la vena esplénica o de la vena
mesentérica superior. Las venas gástricas duplican la posición y recorrido de las arterias.
FIGURA 2-42. Drenaje linfático e inervación del estómago y el intestino delgado. A) Las flechas indican la dirección del flujo de linfa hacia los nódulos linfáticos.
B) La inervación del estómago es tanto parasimpática, por los nervios vagos (NC X) a través del plexo esofágico, como simpática, a través del esplácnico mayor
(abdominopélvico), el plexo celíaco y los plexos periarteriales.
Intestino delgado
El intestino delgado, constituido por el duodeno, el yeyuno y el íleon (fig. 2-43), es el lugar principal donde se absorben los
nutrientes obtenidos de los materiales ingeridos. Se extiende desde el píloro hasta la unión ileocecal, donde el íleon se une al
ciego, la primera porción del intestino grueso. La región pilórica del estómago se vacía en el duodeno, de forma que la
admisión duodenal está regulada por el píloro.
DUODENO
El duodeno (del latín, anchura de doce dedos), la porción inicial y más corta (25 cm) del intestino delgado, es también la más
ancha y fija. Sigue un curso en forma de C alrededor de la cabeza del páncreas (figs. 2-43 C y 2-44 A y C). El duodeno se
inicia en el píloro, en el lado derecho, y termina en la flexura (unión) duodenoyeyunal, en el lado izquierdo (fig. 2-44 B y C).
Esta unión tiene lugar aproximadamente a nivel de la vértebra L2, 2-3 cm a la izquierda de la línea media, y adopta la forma
de un ángulo agudo, la flexura duodenoyeyunal. La mayoría del duodeno está fijado por peritoneo a estructuras de la pared
posterior del abdomen y se considera parcialmente retroperitoneal. El duodeno puede dividirse en cuatro porciones (figuras 2-
44 C y 2-45; tabla 2-8):
• Porción superior (1.a porción): corta (unos 5 cm), situada anterolateral al cuerpo de la vértebra L1.
FIGURA 2-43. Intestinos delgado y grueso. A) Se observan los pliegues del intestino delgado in situ, rodeado por tres lados por el intestino grueso y expuesto
doblando hacia arriba el omento mayor. B) Los pliegues del intestino delgado se han replegado hacia arriba para mostrar el mesenterio. C) Ilustración orientativa del
aparato digestivo que muestra la posición general y las relaciones de los intestinos. D) Vascularización de la región ileocecal.
FIGURA 2-44. Duodeno, páncreas y bazo. A) La eliminación del estómago, el colon transverso y el peritoneo permite ver el duodeno, el páncreas y el bazo, con su
vascularización. B) Cara anterior del duodeno, el páncreas y la vascularización asociada. El duodeno se amolda alrededor de la cabeza del páncreas. C) Cara posterior del
duodeno y el páncreas. La aorta abdominal y la vena cava inferior ocupan la concavidad vertical posterior a la cabeza del páncreas y al tercio del duodeno. El proceso
unciforme es la extensión de la cabeza del páncreas que pasa posterior a los vasos mesentéricos superiores. El conducto colédoco desciende en una fisura (abierta) en la
parte posterior de la cabeza del páncreas. VMS, vena mesentérica superior.
• Porción descendente (2.a porción): más larga (7-10 cm), desciende junto al lado derecho de las vértebras L1-L3.
• Porción horizontal o inferior (3.a porción): de 6-8 cm de longitud, cruza la vértebra L3.
• Porción ascendente (4.a porción): corta (unos 5 cm), empieza a la izquierda de la vértebra L3 y asciende hasta el borde
superior de la vértebra L2.
Los 2 cm iniciales de la porción superior del duodeno, inmediatamente distales al píloro, tienen un mesenterio y son
móviles. Esta porción libre, denominada la ampolla o bulbo duodenal, tiene un aspecto distinto al del resto del duodeno
cuando se observa radiográficamente utilizando un medio de contraste (v. fig. 2-37 C y E). Los 3 cm distales de la porción
superior y las otras tres porciones del duodeno carecen de mesenterio y no son móviles, puesto que son retroperitoneales. Las
relaciones principales del duodeno se ilustran en las figuras 2-44 y 2-45, y se resumen en la tabla 2-8.
La porción superior del duodeno asciende desde el píloro y tiene sobre ella el hígado y la vesícula biliar. Su cara anterior
está cubierta por peritoneo, pero está desnuda en su cara posterior, excepto en la ampolla. La porción proximal presenta
superiormente la inserción del ligamento hepatoduodenal (parte del omento menor) e inferiormente la del omento mayor (v.
fig. 2-26).
La porción descendente del duodeno discurre hacia abajo y se curva alrededor de la cabeza del páncreas (figs. 2-44 y 2-
45; tabla 2-8). Inicialmente, se sitúa a la derecha y paralela a la VCI. El conducto colédoco y el conducto pancreático
principal entran por su pared posteromedial. Normalmente, estos conductos se unen para formar la ampolla
hepatopancreática, que se abre en una eminencia llamada papila duodenal mayor, localizada posteromedialmente en el
duodeno descendente. La porción descendente del duodeno es totalmente retroperitoneal. La cara anterior de sus tercios
proximal y distal está cubierta de peritoneo; sin embargo, el peritoneo se refleja a partir de su tercio medio para formar el
mesenterio bilaminar del colon transverso: el mesocolon transverso.
La porción horizontal del duodeno discurre transversalmente hacia la izquierda, pasando por encima de la VCI, la aorta y
la vértebra L3. Sobre ella pasan la arteria y la vena mesentéricas superiores, y la raíz del mesenterio del yeyuno y el íleon.
Superiormente se encuentra la cabeza del páncreas y su proceso unciforme. La cara anterior de su parte inferior está cubierta
por peritoneo, excepto donde se cruza con los vasos mesentéricos superiores y la raíz del mesenterio. Posteriormente está
separada de la columna vertebral por el músculo psoas mayor derecho, la VCI, la aorta y los vasos testiculares u ováricos
derechos.
La porción ascendente del duodeno discurre superiormente y a lo largo del lado izquierdo de la aorta, hasta alcanzar el
borde inferior del cuerpo del páncreas. Aquí se curva anteriormente para unirse al yeyuno en la flexura duodenoyeyunal,
sostenida por la inserción del músculo suspensorio del duodeno (ligamento de Treitz). Este músculo está constituido por un
fascículo de músculo esquelético del diafragma y una banda fibromuscular de músculo liso de la 3.a y 4.a porciones del
duodeno. La contracción de este músculo suspensorio amplía el ángulo de la flexura duodenoyeyunal, facilitando el
movimiento del contenido intestinal. El músculo suspensorio pasa posterior al páncreas y la vena esplénica, y anterior a la
vena renal izquierda.
Las arterias del duodeno se originan en el tronco celíaco y en la AMS (v. fig. 2-44). Del tronco celíaco se origina la arteria
hepática común, la arteria gastroduodenal, rama terminal de la hepática común, da origen a la arteria pancreaticoduodenal
superior, la que irriga el duodeno proximal a la entrada del conducto colédoco en la porción descendente del duodeno. La
AMS, a través de su rama, la arteria pancreatoduodenal inferior, irriga el duodeno distal a la entrada del conducto
colédoco. Las arterias pancreatoduodenales se encuentran en la curva formada entre el duodeno y la cabeza del páncreas, e
irrigan ambas estructuras. La anastomosis entre las arterias pancreatoduodenales superior e inferior (es decir, entre las
arterias celíaca y mesentérica superior) se produce entre la entrada del conducto colédoco y la unión de las porciones
descendente y horizontal del duodeno. En este punto tiene lugar una importante transición en el aporte de sangre del tubo
digestivo: proximalmente, extendiéndose oralmente hasta la porción abdominal del esófago (inclusive), la sangre llega al tubo
digestivo por el tronco celíaco; distalmente, extendiéndose caudalmente hasta la flexura cólica derecha, la sangre procede de
la AMS. Esta transición del flujo sanguíneo tiene una base embriológica, ya que es la zona de unión del intestino anterior y el
intestino medio.
Las venas duodenales acompañan a las arterias y drenan en la vena porta hepática; algunas drenan directamente y otras
indirectamente, a través de las venas mesentérica superior y esplénica (v. fig. 2-41).
Lo s vasos linfáticos del duodeno acompañan a las arterias. Los vasos linfáticos anteriores drenan en los nódulos
linfáticos pancreatoduodenales situados a lo largo de las arterias pancreatoduodenales superior e inferior, y en los nódulos
linfáticos pilóricos, que se sitúan a lo largo de la arteria gastroduodenal (fig. 2-46). Los vasos linfáticos posteriores pasan
posteriores a la cabeza del páncreas y drenan en los nódulos linfáticos mesentéricos superiores. Los vasos linfáticos
eferentes de los nódulos linfáticos duodenales drenan en los nódulos linfáticos celíacos.
Los nervios del duodeno proceden del nervio vago y de los nervios esplácnicos (abdominopélvicos) mayor y menor a
través de los plexos celíaco y mesentérico superior. Posteriormente, llegan hasta el duodeno a través de plexos periarteriales
que se extienden hacia las arterias pancreatoduodenales (v. también «Resumen de la inervación de las vísceras abdominales»,
p. 301).
YEYUNO E ÍLEON
La segunda porción del intestino, el yeyuno, empieza en la flexura duodenoyeyunal, donde el tubo digestivo recupera un curso
intraperitoneal. La tercera porción del intestino, el íleon, termina en la unión ileocecal, la unión de la porción terminal del
íleon y el ciego (figs. 2-43 C y 2-47). En conjunto, el yeyuno y el íleon miden 6-7 m de largo. El yeyuno constituye,
aproximadamente, dos quintas partes de la longitud de la porción intraperitoneal del intestino delgado, y el íleon forma el
resto.
FIGURA 2-45. Relaciones del duodeno. El duodeno sigue un recorrido en forma de C alrededor de la cabeza del páncreas.
FIGURA 2-46. Drenaje linfático e inervación del duodeno, el páncreas y el bazo. La estrecha relación posicional de estos órganos hace que compartan vasos
sanguíneos, vasos linfáticos y vías nerviosas, total o parcialmente.
FIGURA 2-47. Yeyuno e íleon. El yeyuno empieza en la flexura duodenoyeyunal y el íleon termina en el ciego. En ocasiones se utiliza el término conjunto yeyunoíleon,
como expresión del hecho de que no existe una línea de demarcación externa clara entre el yeyuno y el íleon. CID, cuadrante inferior derecho; CSI, cuadrante superior
izquierdo.
La mayor parte del yeyuno se encuentra en el cuadrante superior izquierdo (CSI) del compartimento infracólico, mientras
que la mayoría del íleon se encuentra en el cuadrante inferior derecho (CID). La porción terminal del íleon suele situarse en la
pelvis, desde donde asciende para terminar en la cara medial del ciego. Aunque no existe una línea de demarcación clara entre
el yeyuno y el íleon, tienen características diferentes que son quirúrgicamente relevantes (fig. 2-48 B a E; tabla 2-9).
El mesenterio, un pliegue peritoneal en forma de abanico, une el yeyuno y el íleon a la pared posterior del abdomen (figs.
2-43 B y 2-48 A). El origen o raíz del mesenterio (de unos 15 cm de longitud) se dirige oblicuamente, hacia abajo y a la
derecha (fig. 2-49 A). Se extiende desde la flexura duodenoyeyunal, en el lado izquierdo de la vértebra L2, hasta la unión
ileocólica y la articulación sacroilíaca derecha. La longitud aproximada del mesenterio, desde su raíz hasta el borde intestinal,
es de 20 cm. La raíz del mesenterio cruza (sucesivamente) las porciones ascendente y horizontal del duodeno, la aorta
abdominal, la VCI, el uréter derecho, el músculo psoas mayor derecho y los vasos testiculares u ováricos derechos. Entre las
dos hojas del mesenterio se encuentran los vasos mesentéricos superiores, nódulos linfáticos, una cantidad variable de grasa y
los nervios autónomos.
La arteria mesentérica superior (AMS) irriga el yeyuno y el íleon a través de arterias yeyunales e ileales (fig. 2-49 B).
Normalmente la AMS nace de la aorta abdominal a nivel de la vértebra L1, aproximadamente 1 cm inferior al tronco
celíaco, y discurre entre las hojas del mesenterio, enviando 15 a 18 ramas al yeyuno y al íleon (v. también figs. 2-54 y 2-55).
Las arterias se unen para formar asas o arcos, las arcadas arteriales, que dan origen a unas arterias rectas, los vasos rectos
(v. figs. 2-48 B y 2-49 B).
FIGURA 2-48. Estructura del mesenterio y el intestino delgado: características distintivas del yeyuno y el íleon. A) El mesenterio es un pliegue de peritoneo
visceral con dos capas del cual está suspendido el intestino y que conduce los vasos y nervios desde la pared posterior del cuerpo. B a E) Ilustración de las características
distintivas del yeyuno y el íleon resumidas en la tabla 2-9.
FIGURA 2-49. Vascularización arterial y mesenterios de los intestinos. A) Vascularización arterial del intestino grueso. Los mesocolon transverso y sigmoide, y el
mesenterio del yeyuno y del íleon, se han seccionado a nivel de sus raíces. Las arterias ileocólica y cólica derecha en el lado derecho y las arterias cólica izquierda y
sigmoide en el lado izquierdo discurrían originalmente por dentro de los mesenterios (mesocolon ascendente y descendente), que posteriormente se fusionaron con la pared
posterior; pueden restablecerse quirúrgicamente. B) Vascularización arterial y drenaje venoso del intestino delgado. Excepto el duodeno proximal, todo el intestino que se
muestra en B es irrigado por la arteria mesentérica superior (al igual que la mayor parte del colon transverso, que no se ve en la figura). La vena mesentérica superior
drena sangre de esas mismas partes del intestino hacia la vena porta hepática.
La vena mesentérica superior drena el yeyuno y el íleon (fig. 2-49 B). La VMS se sitúa anterior y a la derecha de la AMS
en la raíz del mesenterio (fig. 2-49 A). La VMS termina posterior al cuello del páncreas, donde se une a la vena esplénica
para formar la vena porta hepática (v. fig. 2-44 C).
En las vellosidades intestinales (minúsculas proyecciones de la mucosa) existen unos vasos linfáticos especializados,
denominados vasos quilíferos, que absorben la grasa. Drenan el líquido lechoso que transportan en los plexos linfáticos de las
paredes del yeyuno y el íleon. Estos plexos linfáticos drenan a su vez en vasos linfáticos situados entre las hojas del
mesenterio, y luego, secuencialmente, a través de tres grupos de nódulos linfáticos (fig. 2-50):
• Los nódulos linfáticos yuxtaintestinales, situados junto a la pared intestinal.
• Los nódulos linfáticos mesentéricos, distribuidos entre las arcadas arteriales.
• Los nódulos superiores centrales, a lo largo de la porción proximal de la AMS.
Los vasos linfáticos eferentes de los nódulos linfáticos mesentéricos drenan en los nódulos linfáticos mesentéricos
superiores. Los vasos linfáticos procedentes de la porción terminal del íleon acompañan a la rama ileal de la arteria
ileocólica hacia los nódulos linfáticos ileocólicos.
FIGURA 2-50. Nódulos linfáticos mesentéricos. Los nódulos superiores forman un sistema en el cual los nódulos centrales, en la raíz de la arteria mesentérica
superior, reciben linfa de los nódulos mesentéricos, ileocólicos, cólicos derechos y cólicos medios, que a su vez reciben linfa de los nódulos linfáticos yuxtaintestinales. Los
nódulos yuxtaintestinales adyacentes a los intestinos son los más abundantes, y su número se reduce a lo largo de las arterias.
La AMS y sus ramas están rodeadas por un plexo nervioso periarterial, a través del cual las fibras nerviosas se dirigen a
las porciones del intestino irrigadas por la AMS (fig. 2-51). Las fibras simpáticas de los nervios para el yeyuno y el íleon se
originan en los segmentos medulares T8-T10 y alcanzan el plexo nervioso mesentérico superior a través de los troncos
simpáticos y los nervios esplácnicos torácicos abdominopélvicos (mayor, menor e imo). Las fibras simpáticas presinápticas
hacen sinapsis en los cuerpos celulares de las neuronas simpáticas postsinápticas en los ganglios celíacos y mesentérico
superior (prevertebrales). Las fibras parasimpáticas de los nervios para el yeyuno y el íleon derivan de los troncos vagales
posteriores. Las fibras parasimpáticas presinápticas hacen sinapsis con neuronas parasimpáticas postsinápticas en los plexos
mientérico y submucoso de la pared intestinal (v. también «Resumen de la inervación de las vísceras abdominales», p. 301).
La estimulación simpática reduce la actividad peristáltica y secretora del intestino, y tiene un efecto vasoconstrictor, de
manera que reduce o interrumpe la digestión haciendo que haya sangre (y energía) disponible para «la huida o la lucha». La
estimulación parasimpática aumenta la motilidad del intestino y la secreción, restaurando la actividad digestiva tras una
reacción simpática. El intestino delgado también tiene fibras sensitivas (aferentes viscerales). El intestino es insensible a la
mayoría de los estímulos dolorosos, incluidas las incisiones y las quemaduras; sin embargo, es sensible a la distensión, que se
percibe como cólicos (dolor abdominal espasmódico o «calambres abdominales»).
Intestino grueso
El intestino grueso es donde se absorbe el agua de los residuos no digeribles del quimo líquido, convirtiéndolo en heces
semisólidas que se almacenan y se van acumulando hasta el momento de la defecación. El intestino grueso está formado por el
ciego, el apéndice vermiforme, el colon (ascendente, transverso, descendente y sigmoide), el recto y el conducto anal (fig.
2-52). El intestino grueso puede diferenciarse del intestino delgado por:
• Los apéndices omentales: pequeños apéndices (proyecciones) grasos, similares al omento.
• Las tenias del colon: tres gruesas bandas longitudinales, denominadas 1) tenia mesocólica, donde se fijan los mesocolon
transverso y sigmoide; 2) tenia omental, donde se insertan los apéndices omentales, y 3) tenia libre, en la cual no se
insertan mesocolon ni apéndices omentales.
• Las haustras: formaciones saculares del colon situadas entre las tenias.
• Su calibre, o diámetro interno, que es mucho mayor.
Las tenias del colon (bandas engrosadas de músculo liso que constituyen la mayor parte del músculo longitudinal del
intestino grueso) empiezan en la base del apéndice vermiforme, cuando la gruesa capa longitudinal del apéndice se separa en
tres bandas. Las tenias discurren a lo largo del intestino grueso, se ensanchan bruscamente y se fusionan de nuevo en la unión
rectosigmoidea, en una capa longitudinal continua alrededor del recto. Debido a su contracción tónica, acortan la porción de la
pared con que están asociadas, por lo cual el colon adopta la típica forma saculada entre tenias, formando las haustras.