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Estrategias en Juicios Orales Penales

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Litigación penal, Juicio oral y prueba

i. El juicio: una cuestión estratégica


Litigar juicios orales es un ejercicio profundamente estratégico, esta idea incomoda a la cultura
jurídica tradicional. Cuando decimos que la litigación de juicios es un ejercicio estratégico no
queremos implicar ninguna versión de “diez recetas para engañar al tribunal”.
Los hechos que componen el delito y sus circunstancias suelen ser de enorme complejidad y,
para un gran numero de causas lo más probable es que nunca sepamos realmente que fue
exactamente lo que ocurrió. Hay zonas de “verdad” que nunca llegaremos a conocer: qué estaba
exactamente en la mente de las personas cuando realizaron esas conductas, cuáles fueron sus
motivaciones, qué factores ocultos a la prueba determinaron los hechos tal y como ocurrieron.
Cuando se trata de averiguar que fue lo que ocurrió, lo máximo que tenemos es un conjunto de
versiones en competencia, heterogénea, fragmentada, parciales y disimiles. Siendo así, resulta
completamente determinante que podamos mostrar al tribunal con toda claridad nuestra versión
de los hechos, y eso es una cuestión estratégica en termino de como obtener de la prueba la
información – real – que la prueba contiene y como estructurar esa información de modo que los
jueces obtengan lo que necesitan de ella para fallar correctamente. Nadie puede pretender que
cuando el juez dicta una sentencia ella ha descubierto necesariamente la verdad.
El litigante deberá transmitir al tribunal que se trata de la versión más fidedigna de los hechos y
la interpretación legal más adecuada y justa. El litigante en el juicio oral debe narra y persuadir.
Esa será su principal tarea y su primordial objetivo. El juicio oral es vertiginoso y no reserva
ninguna piedad para los abogados que no sepan exactamente qué deben hacer en el momento
oportuno. Confiar y abandonarse a la intuición y al talento es un error.
ii. La narración de historias en juicio: proposiciones fácticas vs. teorías jurídicas
Los litigantes, además de hechos, trabajan con teorías jurídicas. Saber distinguir que encaja en
cuál parte del juicio oral – hechos o derecho – no es inocuo, y hará la diferencia entre un buen y
un mal litigante. En una inmensa proporción de los casos el derecho aplicable no es realmente
una cuestión compleja, nueva o discutible.
La ley nos ofrece teorías jurídicas de las más disimiles cosas: cuando se perfecciona un contrato,
cuando se forma la voluntad, voluntad viciada, responsabilidad por un delito y su atenuante,
homicidio exento de responsabilidad penal, etc. Estas teorías jurídicas suelen ser complejas,
generales y abstractas.
Las teorías jurídicas están compuestas por grupos de elementos. Por ejemplo, la “tipicidad del
robo” consiste en: a) apoderarse de una cosa; b) mueble; c) ajena; d) mediante fuerza o
intimidación; e) con ánimo de lucro, etc. Todos estos elementos deben darse por satisfechos
cuando queremos pedirle al tribunal que considere nuestra teoría especifica.
Los elementos – en tanto abstractos y generales – constituyen proposiciones que no pueden ser
probadas como tal. Son conclusiones que el juzgador debe extraer de los hechos que presenta la
prueba.
iii. Proposiciones fácticas
Una proposición fáctica es una afirmación de hecho, respecto de mi caso concreto, que, si el juez
la cree, tiende a satisfacer un elemento de la teoría jurídica. Los relatos de nuestros testigos
determinan finalmente el contenido de las proposiciones fácticas, a la vez que las proposiciones
fácticas deben estar contenidas en el relato de los testigos.
Uno puede contar con múltiples proposiciones fácticas para cada uno de los elementos legales, o
solo con una.
Las proposiciones fácticas pueden ser fuerte o débiles. Son más fuertes en la medida en que
satisfacen el elemento legal para el que fueron ofrecidas. Nótese que la fortaleza o debilidad de
una proposición fáctica no tiene que ver con que tengamos prueba para acreditarla. La prueba es
crucial, pero es otro problema. Cuando analizamos la fortaleza o debilidad de una proposición
fáctica lo hacemos quitando de en medio el problema de la prueba. La debilidad de una
proposición fáctica, entonces, tiene que ver con su ineptitud para satisfacer el elemento legal para
el que fue ofrecida.
Proposiciones fácticas que pueden parecer en principio muy fuertes, pueden tornarse muy débiles
bajo el test de la superposición cuando aparecen en el relato otras proposiciones fácticas que
ofrecen versiones igualmente razonables.
iv. Prueba
La prueba recaer sobre las preposiciones fácticas. En consecuencia, la construcción precisa y
clara de la proposición fáctica determina completamente la prueba que vamos a necesitar.
Al igual que las proposiciones fácticas, la prueba puede ser fuerte o débil, en el caso de la prueba
el test es el de la credibilidad. Es posible que tengamos proposiciones fácticas muy fuertes, pero
respecto de las cuales contamos con prueba muy débil. En otras ocasiones la situación será
inversa, dispondremos de una prueba muy poderosa, que acreditará sin embargo proposiciones
fácticas muy débiles.
La pregunta del millón es: ¿qué pruebas necesito, para acreditar cuáles proposiciones fácticas,
que satisfagan qué elementos, de cuáles teorías jurídicas? La respuesta a esta crucial pregunta es
lo que se conoce como “teoría de caso”.
v. La teoría del caso
La teoría del caso es, por sobre todas las cosas, un punto de vista. La teoría del caso es un ángulo
desde el cual es posible ver toda la prueba; un sillón cómodo y mullido desde el cual apreciar la
información que el juicio arroja, en términos tales que, si el tribunal contempla el juicio desde
ese sillón, llegará a las conclusiones que le estamos ofreciendo. O nosotros proveemos al tribunal
de un punto de vista convincente, o nuestra contraparte lo va a hacer, o, en fin, los jueces lo van a
adquirir por su propia cuenta de un modo y con resultados imprevisibles para nosotros.
Nuestra teoría del caso depende fuertemente de las proposiciones fácticas que podremos probar
en el juicio. Mi teoría del caso domina todo lo que hago dentro del proceso – particularmente
dentro del juicio – y nunca, hago nada inconsistente con mi teoría del caso. Todas las
proposiciones fácticas que intentaré acreditar en juicio, toda la prueba que presentaré para
acreditar dichas proposiciones fácticas, todo examen, contraexamen y alegato que realizo dentro
del juicio, están al servicio de y son funcionales a mi teoría del caso.
La teoría del caso es un producto del trabajo del abogado. Es el concepto básico alrededor del
cual gira todo lo demás. Una buena teoría del caso es el verdadero corazón de la actividad del
litigante. Pues esta destinada a proveer de vista cómodo y confortable desde el cual el tribunal
pueda leer toda la actividad probatoria.
Una de las dificultades que presenta la teoría del caso en las causas penales es que, por lo
general, solo podremos defender una y nada más que una, lo que nos obligará a tomar opciones
estratégicas y ‘jugarnos’ por ella. En el caso de los juicios orales, manejar más de una teoría del
caso suele ser desastroso, especialmente si son incompatibles. La cuestión al diseñar una teoría
del caso, entonces, es proveerse de una canasta lo suficientemente grande y fuerte para poner en
ella tantos huevos como sea necesario. Los argumentos del litigante solo serán efectivos si
convencen al tribunal. Y es difícil convencer a los jueces de que crean razones en las que ni
siquiera cree el abogado que las representa.
Lo único que importará es si el tribunal nos cree o no.
La “teoría del caso”, es nuestra simple, lógica y persuasiva historia acerca de “lo que realmente
ocurrió”. Como tal, debe ser capaz de combinar coherentemente nuestra evidencia indiscutida
con nuestra versión acerca de la evidencia controvertida que se presentará en el juicio.

¿Cómo construir una teoría del caso? – VIDEO


Teoría del caso - Elementos
i. Teoría jurídica (Normas, premisas normativas).
ii. Proposiciones fácticas (Hechos, premisas fácticas).
Normas de textura abierta y textura cerrada:
Textura cerada: Supuesto de hecho fácilmente identificable, fácil aplicación (aplicación binaria).
Textura abierta: Supuesto de hecho no es fácilmente identificable, no es fácil determinar cuándo
aplica o no aplica la norma.
En caso de textura abierta, metodología de la regla o norma de concreción:
- Cuestión jurídica.
- Valores subyacentes a la norma (cuál es el sentido que tiene la norma con la que estoy
trabajando, cuál es su espíritu/valor).
- Interpreto (asignar significado a la norma con la que estoy trabajando, pero aplicada a mi
caso concreto).
- Propongo norma de concreción (redacto una norma concreta – valga la redundancia – que
pueda ser aplicable directamente al caso con el que estoy trabajando).

iii. Prueba.

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