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Traición y Profecía Cumplida

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Jesús fue traicionado y herido a causa

de su mensaje y de su ministerio. Pero


esto ya había sido profetizado, pues era
el camino para llegar a la cruz, cumplir
su propósito y ser exaltado hasta lo
sumo.
• Conocer los motivos por los cuales fue
traicionado y menospreciado el Mesías.
• Valorar el resultado del cumplimiento
de esta profecía en la iglesia de Cristo.
• Seguir el ejemplo de perdón y
restauración que el Maestro nos dejó.
Zacarías era profeta, pero también era
miembro de una familia sacerdotal. Su
abuelo Iddo es nombrado en Nehemías
12:4 como parte de los sacerdotes
líderes que regresaron del exilio a
Jerusalén.
El nombre de Zacarías, aunque común
en su época, tiene un significado
relevante para el ministerio del profeta:
"Jehová recuerda" o "uno a quien Jehová
recuerda".
La profecía de Zacarías expresa el
rechazo que el pueblo hace al pastor
establecido por Dios.
Su figura y su obra fueron poco
valoradas por las personas.
Lo escrito anunciaba lo que pasaría con
el Mesías, quien también sufriría el
rechazo, traición y maltrato de los suyos.
Pero aun en medio de esas acciones
viles, Dios obra un acto perfecto en el
sacrificio de Cristo para bendición de la
humanidad, brindando un mensaje
contundente de reconciliación, amor y
cuidado para su rebaño.
El pastoreo era un oficio común entre los
pueblos semitas, y quienes lo
practicaban en Israel lo hacían no
solamente para proveerse de alimento,
sino también para disponer de animales
para las ofrendas y los ritos instituidos en
la Ley.
Los escritores atribuyen a los reyes y
gobernantes las funciones de un pastor,
ya que su deber era dirigir y cuidar del
pueblo.
El profeta dice claramente que Jehová le
da la orden de pastorear a ovejas
destinadas al matadero. Así ha dicho
Jehová mi Dios: Apacienta las ovejas
de la matanza (Zacarías 11:4).
La figura de "ovejas de la matanza" es
común, y denota dispersión, exilio y
opresión por pueblos enemigos.
Nos entregas como ovejas al
matadero, y nos has esparcido entre
las naciones... por causa de ti nos
matan cada día; somos contados
como ovejas para el matadero
(Salmos 44:11, 22).
Los gobernantes del pueblo no habían
hecho su labor de cuidado y protección.
Algunos de ellos habían entregado al
pueblo en manos de sus opresores y
habían fomentado prácticas que eran
condenadas por Dios. Pero el Señor
prometió levantar un pastor para esas
ovejas vulnerables.
Yo salvaré a mis ovejas, y nunca más
serán para rapiña; y juzgaré entre oveja
y oveja. Y levantaré sobre ellas a un
pastor, y él las apacentará; a mi siervo
David, él las apacentará, y él les será
por pastor (Ezequiel 34:22,23). Jesús se
presenta como el Buen Pastor, aquel que
da su vida por las ovejas (Juan 10:11).
Lluvia de ideas. Haga a los alumnos las
siguientes preguntas: ¿Ha habido alguna
ocasión en que realizaron algún trabajo y
no recibieron la retribución que
esperaban? ¿Cómo se sintieron al
respecto? ¿Saben ustedes el valorar sus
trabajo o labor en la que se desempeñan?
El pago que Zacarías recibe por la labor
pastoral es la compensación que se
daba por un esclavo herido.
Treinta piezas de plata no eran un pago
digno para ningún oficio; más bien eran
una burla que demostraba el
menosprecio a la persona y su labor.
En tono irónico el profeta exclama:
¡Hermoso precio con que me han
apreciado! (Zacarías 11:13).
Más adelante, Zacarías vuelve a
mencionar la figura del pastor, pero esta
vez nos muestra la imagen de un mártir:
Hiere al pastor, y serán dispersadas
las ovejas (13:7).
El término "herir" en hebreo también
significa "matar".
Fue el mismo Jesús quien enseñó que lo
que estaba a punto de padecer era el
cumplimiento de la profecía de Zacarías.
Al ser arrestado el Señor, los discípulos
se dispersaron.
La siguiente frase y haré volver mi
mano contra los pequeñitos ha sido
interpretada de dos maneras:
Para algunos se refiere al hecho de que
Dios permitiría la persecución de los
creyentes, quienes de esta manera se
identificarían con la muerte de Jesús.
Otra interpretación traduce la preposición
contra como sobre (la palabra hebrea
puede significar ambas), lo que le da un
sentido positivo; Dios no abandonaría a
sus pequeñitos.
Las ovejas dispersas volverían a ser
reunidas por su mano; esto sucedió
luego de la resurrección de Cristo.
Judas traicionó al Maestro por una
cantidad ofensiva de dinero.
Esto es una prueba más de que nuestro
Salvador había tomado forma de siervo
(Filipenses 2:7).
Luego los líderes religiosos lo entregaron
para que fuera ejecutado.
Nunca se había visto tanta maldad
contra un inocente como en esa ocasión.
Pero la profecía tenía que cumplirse.
El Buen Pastor, la puerta de las ovejas,
el verdadero dueño del rebaño, fue
traicionado y herido por realizar su labor.
¿Qué tanto valora el trabajo pastoral de
los líderes de su congregación?
Zacarías describe dos cayados que se
usaron en la labor pastoral.
El cayado es una vara que usan los
pastores para apacentar a sus ovejas y
tiene varias finalidades (Salmos 23:4;
Miqueas 7:14).
Los cayados que Zacarías nombra son
representativos de su mensaje al pueblo
que regresó del exilio y también del
mensaje del Mesías: Gracia y Ataduras
(Unión) (Zacarías 11:7). A pesar de su
conducta rebelde las ovejas de Israel son
pastoreadas.
El primer cayado que el profeta
rompe se llama Gracia. La palabra
en hebreo es nóhem y significa
deleitoso, amable, agradable.
El profeta indica que cuando quebró
ese cayado se quebró el pacto con
los pueblos.
Al quedar deshecho el pacto los pobres
le miraron y reconocieron que el mensaje
era palabra de Jehová.
El mensaje de arrepentimiento fue
recibido cuando no hubo lugares
deleitosos para apacentar el rebaño.
Judas tenía otras expectativas al seguir a
Jesús; cuando éstas no fueron cumplidas
su lealtad se desvaneció y no hubo nada
agradable para él junto al Maestro.
El mensaje de amor y salvación que
Cristo predicaba a las personas no era lo
que él esperaba.
Posiblemente Judas seguía al Nazareno
por la misma creencia que muchos
tenían de que vendría a hacer una
revolución social y política para liberar al
pueblo y tomar el gobierno de la nación;
entonces sus seguidores veían en ello
una oportunidad para formar parte del
poder estatal y salir de su ordinaria vida.
Al darse cuenta de que no era ese el
objetivo del Señor, Judas decidió
entregarlo por unas míseras monedas de
plata.
Después de traicionar al Señor, Judas
vino buscando respuestas y no encontró
el camino correcto del arrepentimiento ni
de la gracia de Dios.
El remordimiento por lo que había hecho,
por el error cometido, lo invadió y lo llevo
a tomar una decisión fatal.
Hay quienes al igual que Judas rechazan
y menosprecian el mensaje de Jesús. No
reparan en que se trata de un anuncio
que brinda lugar al arrepentimiento.
Quienes lo reciben es porque oyen la voz
del Buen Pastor y aceptan su palabra.
Quienes han fallado al Señor deben
saber que él les da oportunidad para que
se arrepientan y les ofrece el perdón de
sus pecados.
El segundo cayado se llama
Ataduras.
El vocablo hebreo jébel significa
"soga" o "cuerda", pero también
puede significar destrucción o dolor
intenso como el de parto.
El profeta afirma que el acto de romper
este cayado implica la ruptura entre Judá
e Israel de manera permanente.
La historia testifica que ambos reinos se
pervirtieron; Israel primero y Judá seguía
su ejemplo, pero las consecuencias
fueron las mismas, sufrieron exilio,
guerra, dolor y vergüenza.
Separar a estas naciones hermanas,
más que un castigo, era parte del plan de
redención, pues de Judá vendría el
Mesías y por medio de él vendría la
salvación a todas las naciones y la
restauración de Israel.
La corrección es menospreciada, pero el
plan de restauración estaba en marcha.
Jesús fue traicionado por predicar
salvación a todas las naciones, por amar
a los gentiles y bendecir aun a los
romanos. Judas, como otros seguidores,
en su egoísmo y mal entendido
nacionalismo, no vio con buenos ojos
esta parte del mensaje del Maestro.
Sin embargo, hasta el último momento el
Señor le amó y le dio la oportunidad de
integrarse a su propósito (Juan 13:21-
30).
También para este tiempo Cristo tiene
nuevas oportunidades.
Él quiere restaurar nuestra vida y nuestra
relación con Dios.
El motivo de su sacrificio en la cruz
fuimos nosotros. Él murió para salvarnos
y para volvernos al camino de santidad,
al que nos acerca a Dios y nos ofrece
múltiples bendiciones.
No ignoremos las señales y las
oportunidades que ahora se nos ofrecen
en Jesucristo.
¿Ha conocido gente que desprecia el
mensaje del evangelio con sus actos y
que sólo expresa una fe por
conveniencia?
Zacarías 11:13 dice: Y tomé las treinta
piezas de plata, y las eché en la casa
de Jehová al tesoro. La palabra que la
Reina-Valera traduce como tesoro es
"yatsar", que en hebreo es "formar", y
que puede traducirse al sustantivo
"alfarero".
Mateo narra que, con el dinero que
Judas trajo de vuelta a los principales
sacerdotes se compró el campo del
alfarero con la finalidad de sepultar allí a
los extranjeros.
Zacarías afirma que adquirir el destino
de las monedas fue una orden de Jehová
(Zacarías 11:13).
En el cumplimiento de la profecía, aun
después de su martirio, Jesús dejó un
legado para los extranjeros que eran
menospreciados por su condición de
gentiles (Mateo 27:7).
El precio que se pagó por el campo del
alfarero fue el precio de una traición.
No sólo había dinero implícito, también la
vida misma del Mesías fue sembrada
para que ese campo fuera adquirido y los
extranjeros tuvieran un lugar para ser
sepultados.
El sacrificio de Cristo trajo salvación a los
gentiles.
El mandato a los suyos es predicar su
mensaje a todas las naciones (Mateo
28:19).
Cristo vino a redimir al mundo, y sus
hijos deben cumplir su misión hasta lo
último de la tierra.
Juan narra cómo Jesús, en la última cena,
habla abiertamente a sus discípulos sobre
la traición de la que sería objeto, la cual
estaba profetizada. No hablo de todos
vosotros; yo sé a quienes he elegido; mas
para que se cumpla la Escritura: El que
come pan conmigo, levantó contra mí su
calcañar (Salmos 41:9; Juan 13:18).
Esta traición era la antesala de la muerte
de cruz.
Aunque Judas entregó al Maestro, los
discípulos también tuvieron dificultades
para permanecer fieles durante el juicio
de Jesús.
Pedro, por ejemplo, le negó (Juan 13:36-38;
18:15-18, 25-27), y todos los discípulos,
como ya se mencionó, lo abandonaron y se
escondieron atemorizados antes de la
resurrección (Juan 20:19).
Pero a pesar de lo anterior, el Señor nunca
los rechazó. Su mensaje para ellos siempre
fue de renovación, restauración y nuevas
oportunidades.
Reparta una hoja y un lápiz a cada
alumno, y pídales que escriban las
situaciones incómodas, de traición o
menosprecio, que pudieran padecer por
ser seguidores de Cristo. Al final
comenten qué sienten o cómo logran
sobrellevarlo.
Los siervos de Cristo también están
expuestos a la traición y a ser heridos por
alguien cercano y amado. No obstante, el
ejemplo del Maestro es de amor y perdón, y
esos son los pasos que debemos seguir. El
llamado siempre será a la restauración,
pues los propósitos de Dios también se
cumplen en medio de la prueba y el dolor.
¿Qué está haciendo usted para honrar el
legado que Cristo le dejó?
Jesús fue traicionado y herido para que
se cumpliera la profecía, pero también
para que se cumpliera el propósito de su
venida a la tierra. Nuestro Señor estuvo
dispuesto a humillarse y a tomar forma
de siervo por amor a la humanidad.
Se dispuso a sufrir y a dar vida en la
cruz. Pero el Padre lo levantó de la
tumba y lo confirmó como Señor y
Salvador. Al seguir el ejemplo de Jesús,
los hijos de Dios estamos expuestos a
sufrir por causa de su nombre.
Gocémonos por ello; sigamos trabajando
en la obra divina y perseveremos hasta
cumplir sus propósitos.
1. ¿Qué representan las treinta piezas de
plata?
2. ¿A qué se refiere la profecía de la
dispersión de las ovejas?
3. ¿Qué actitud debe tener el cristiano
ante el sufrimiento por causa de
Jesús?

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