Las amenazas a la ciberseguridad son actos realizados por individuos con
intenciones dañinas, cuyo objetivo es robar datos e interrumpir los sistemas
informáticos. Entre las categorías más comunes de ciberamenazas se
incluyen el malware, la ingeniería social, los ataques Man-in-the-middle
(MitM), la denegación de servicio (DoS) y los ataques de inyección. Y ahora,
con la llegada de más herramientas que usan Inteligencia Artificial, es
preocupante ver cómo atacantes disponen de más recursos que nunca -
muchos de ellos automatizados- y los utilizan para llevar a cabo ataques
cada vez más complejos y costosos.
Las ciberamenazas pueden proceder de diversas fuentes, maneras, etc. y
evolucionan rápidamente. En este contexto, en Imperva creemos que es
importante que las empresas conozcan las tendencias en ciberseguridad
para poder prepararse, ir un paso por delante para garantizar la integridad
de su infraestructura y salvaguardar sus aplicaciones y datos.
Estados-nación-países hostiles pueden lanzar ciberataques contra empresas
e instituciones locales, con el objetivo de interferir en las comunicaciones,
causar desórdenes e infligir daños.
Organizaciones terroristas: los terroristas llevan a cabo
ciberataques con el objetivo de destruir o abusar de infraestructuras
críticas, amenazar la seguridad nacional, perturbar la economía y
causar daños físicos a los ciudadanos.
Grupos delictivos: grupos organizados de hackers informáticos cuyo
objetivo es penetrar en los sistemas informáticos para obtener
beneficios económicos. Estos grupos utilizan métodos como el
phishing, spam, spyware y malware para extorsionar, robar
información privada y realizar estafas en línea.
Hackers: los hackers individuales atacan a las organizaciones
utilizando diversas técnicas. Suelen estar motivados por el lucro
personal, la venganza, el beneficio económico o la actividad política.
Suelen desarrollar nuevas amenazas para mejorar su capacidad
delictiva y su posición en la comunidad de cibercriminales.
Insiders maliciosos: un empleado que tiene acceso legítimo a los
activos de la empresa y abusa de sus privilegios para robar
información o dañar los sistemas informáticos en beneficio económico
o personal. Pueden ser colaboradores, contratistas, proveedores o
socios de la organización objetivo. También pueden ser intrusos que
han comprometido una cuenta privilegiada y se hacen pasar por su
propietario.
ATAQUES DE MALWARE
Uno de los ataques con mayor crecimiento es el malware, que es la
abreviatura de “software malicioso” y se infiltra en un sistema,
normalmente a través de un enlace en un sitio web o correo electrónico no
fiable, o una descarga de software no deseada. Se despliega en el sistema
objetivo, recopila datos confidenciales, manipula y bloquea el acceso a los
componentes de la red, y puede destruir datos o apagar el sistema por
completo.
Estos son algunos de los principales tipos de ataques de malware:
Virus: un fragmento de código se inyecta en una aplicación. Cuando
la aplicación se ejecuta, lo hace el código malicioso.
Gusanos: malware que aprovecha las vulnerabilidades y puertas
traseras del software para acceder a un sistema [Link] vez
instalado en la red, el gusano puede llevar a cabo ataques como la
denegación de servicio distribuida (DDoS).
Troyanos: código o software malicioso que se hace pasar por un
programa inocente, oculto en aplicaciones, juegos o archivos adjuntos
de correo electrónico. Un usuario desprevenido descarga el troyano,
lo que le permite hacerse con el control de su dispositivo.
Ransomware: se deniega a un usuario u organización el acceso a
sus propios sistemas o datos mediante cifrado. El atacante suele
exigir el pago de un rescate a cambio de una clave de descifrado para
restaurar el acceso, pero no hay garantía de que el pago del rescate
restaure realmente el acceso completo o la funcionalidad.
Cryptojacking: los atacantes despliegan un software en el
dispositivo de la víctima y comienzan a utilizar sus recursos
informáticos para generar criptomonedas sin su conocimiento. Los
sistemas afectados pueden volverse lentos y los kits de cryptojacking
pueden afectar a la estabilidad del sistema.
Spyware: un actor malicioso obtiene acceso a los datos de un
usuario, incluida información confidencial como contraseñas y datos
de pago. El spyware puede afectar a navegadores de escritorio,
teléfonos móviles y aplicaciones de escritorio.
Adware: se rastrea la actividad de navegación del usuario para
determinar patrones de comportamiento e intereses, lo que permite a
los anunciantes enviarle publicidad dirigida. El adware está
relacionado con el spyware, pero no implica la instalación de software
en el dispositivo del usuario y no se utiliza necesariamente con fines
maliciosos, pero puede utilizarse sin el consentimiento del usuario y
comprometer su privacidad.
Malware sin archivos: no se instala software en el sistema
operativo. Se editan archivos nativos como WMI y PowerShell para
habilitar funciones maliciosas. Esta forma sigilosa de ataque es difícil
de detectar (los antivirus no pueden identificarla), porque los archivos
comprometidos se reconocen como legítimos.
Rootkits: se inyecta software en aplicaciones, firmware, kernels de
sistemas operativos o hipervisores, proporcionando acceso
administrativo remoto a un ordenador. El atacante puede iniciar el
sistema operativo dentro de un entorno comprometido, obtener el
control total del ordenador y distribuir malware adicional.
Incremento de tipos de ciberataques con la Inteligencia Artificial.
Aparte de los tipos de ataques más comunes mencionados, ahora no hay
que subestimar el impacto de la IA generativa en la ciberseguridad. Las
organizaciones deben permanecer proactivas en sus defensas y protección.
Esto incluye invertir en herramientas innovadoras de ciberseguridad,
fomentar una cultura de concienciación sobre la protección, colaborar con
expertos del sector y comprometerse con los organismos reguladores para
garantizar un panorama digital más sólido y seguro.