Trump, el “sheriff” más forajido
Jorge Arreaza
Los Estados Unidos tienen una confución histórica de la idea de justicia que confunden con tropelía -en
su sentido más exacto: tropelía: acción ilegal cometida por alguien que abusa de su poder o de su
autoridad-. Para ellos justicia y tropelía van de la mano, siempre y cuanto satisfaga su vorágine de
poder y dominación económica y política. Es por ello que, una vez consolidadas las 13 colonias en el
estrecho margen de la costa atlántica, voltearon la mirada y se desbocaron hacia el Océano Pacífico
desconociendo cualquier barrera, física o humana, a su afán de lucro y tierras. Esa es la base que
fundamentó la celebérrima “Ley del Oeste”, fundamentalismo sobre el cual se basa Donald Trump para
cualquier acción desesperada en estos tiempos en que no puede hacer frente de forma acertiva a los
problemas internos que atraviesa su pueblo.
En el Viejo Oeste los sheriff y los bandidos estaban cosidos por el mismo traje. Era el afán de la riqueza
y conquista lo que los movía; y la destreza para liquidar al adversario lo que les confería su prestigio y
poder. Holliwood procuró, a través del “western”, tratar de categorizar a “los buenos y los malos”,
como suele hacerlo también en el mundo el gobierno de los Estados Unidos. Pero lo cierto es que todos
eran pistoleros, asesinos a sueldo, traidores y cobardes que disparaban a sangre fría a cualquier persona
que se interpusiera en su propósito conquistador. A partir de allí la justicia no era un deber, ni una
expectativa ontológica, era una transacción comercial. Por eso aparecen las “recompensas” para buscar
a los “foragidos”, los fuera de la ley -out of law-. Se coloca el precio la cabeza de los adversarios. En el
“Viejo Oeste” no existe el Estado de Derecho, sólo hay un juez y verdugo, sin derecho a la defensa. Se
basa en sentencias previas que pesan sobre los demás y carteles que rezan: “se busca vivo o muerto”.
Esa tradición sangrienta y ambiciosa es el espíritu autocrático de quien se dije “líder del mundo libre”;
seguimos en el teatro del absurdo y todo parece una pieza Ionesco.
Trump, en su discurso del Estado de la Unión, entre tantas barbaridades que dijo sobre la supremasía
estadounidense en un afán dantesco por reavivar la Doctrina del Destino Manifiesto que los establece
como Pueblo Elegido, rememora la grandeza de los Estados Unidos a ese período específico de la
Conquista del Oeste como el espíritu aventurero constitutivo de Estados Unidos; dejando de lado el
afán de codicia y la moral relajada de los “aventureros” que desataron una tormenta de plomo y sangre
sobre los pueblos originarios de ese territorio y sobre cualquier otra persona que pretendiera poner
algún coto sobre su vocación mercantil y expansionista. Este señor, en medio de una catástrofe que ha
gestionado de la peor forma: con soberbia, desoyendo a las instituciones multilaterales de salud, las
recomendaciones de los expertos, dejando a la gente a su buena suerte, sólo pocurando salvar al dinero
-su verdadera religión-; pretende desviar la atención de la crisis a través de una treta inescrupulsa y
maniquea: colocar dinero -y un cartel de “se busca” a la usanza del viejo oeste- contra Nicolás Maduro,
quien ha sido, precisamente, el mandatario de todo el continente con el temple, la presteza y la
disposición para tomar las decisiones de estado correctas de contención de la pandemia y salvaguardar
a su pueblo.
Esta nueva treta, destemplada e incoherente con la verdad, es una reacción ante los múltiples fracasos
que su estrategia de intervención sobre el pueblo venezolano y la figura de Nicolás Maduro de este
imperio impertinente encabezado por el más conspicuo representante de la plutocracia egoísta y
mercenaria. Fracasó en su intento de aislar políticamente al país del concierto internacional; hoy
Venezuela tiene voz en cada uno de los foros internacionales que gana en eminencia ante la dignidad
con la que ha soportado la embestida inmisericorde de Trump. Fracasó en doblegar por la vía del asedio
y el bloqueo a nuestro pueblo; a pesar del saqueo, de la limitación de los recursos, de la asfixia asesina
que hacen en tiempos de calamidades, nuestro pueblo se mantiene firme en el ideal soberano de la
independencia y el ejercicio soberano. Fracasó en el intento de desestabilización militar; nuestra Fuerza
Armada Nacional Bolivariana sigue cada día más digna, más erguida sobre el espíritu nacional, leal a
su pueblo, además, presta a desactivar las escaramuzas que urden en el territorio colombiano bajo la
complacencia y coordinación de Uribe y Duque. Y sobre todo fracasó en intimidar y doblegar al
gobierno bolivariano y a la voluntad del Presidente Nicolás Maduro, que cada día se presenta ante su
pueblo como hombre de una sola pieza, incapaz de claudicar ni capitular el compromiso con el pueblo
y el legado del Comandante Chávez. En tiempos de agresión la República Bolivariana de Venezuela
responde con lealtad y unión absoluta bajo el liderazgo cierto de Nicolás Maduro.
Trump se ve agobiado por el reclamo justo que hace el Gobierno Bolivariano por la salud y la
seguridad de su pueblo. Responde así al pedido de justicia que se ha introducido ante la Corte Penal
Internacional por las acciones desproporcionadas que ha hecho, por medio de la tropelía de las
sanciones unilaterales cohercitivas, contra nuestro pueblo, cercenando la capacidad del Estado de
acceder al sistema financiero internacional para hacer las compras de los insumos e implementos que
necesitamos para hacer frente a este complicado momento que es un realidad en todo el planeta. Se ve
cercado porque poco a poco se van sumando voces a este reclamo justo de nuestro país, como el que
hiciera la Alta Comisionada para los Derecho Humanos, Michelle Bachelet, que pidió el cese de estas
medidas criminales contra nuestro pueblo. Ante la realidad y las evidencias innegables de que las
acciones unilterales impuestas por los Estados Unidos a través de su supremasía sobre el sistema
financiero mundial están vulnerando la capacidad de respuesta y subsistencia del pueblo venezolano,
Trump arremete como un pistolero del Viejo Oeste, tumba de una patada la mesa internacional y
dispara mentiras y nuevas amenazas contra la Revolución y el Presidente Maduro.
Nuevamente se equivoca en su lógica egoísta, autocrática y supremasista. Se equivoca porque el mundo
se ha dado cuenta que la única forma de combatir esta amenaza que se esta azotando a la humanidad es
precisamente recurriendo a nuestro humanismo y nuestra solidaridad. Los pueblos y el liderazgo
mundial ha venido reflexionando sobre la necesidad de recobrar los valores solidarios y empáticos, que
cuando más duras están las cosas se puede ver la luz al final del túnel por el espíritu desprendido de
aquellos que comprenden la necesidad de dar hasta lo que no se tiene. Como lo ha hecho el pueblo y el
gobierno revolucionario de Cuba. La Cuba de Fidel y el Che, que lleva sesenta años de bloqueo y
asedio por parte de los Estados Unidos, que ha resistido por la convicción irreductible de su certeza
histórica. Cuba demuestra con su ejército de humanidad, con sus doctores y doctoras que se lanzan al
mundo a rescatar a la humanidad, que su cualidad irreductiblemente solidaria y desprendida son el
único camino para superar este momento de calamidades en el mundo. Nosotros como pueblo hermano
del cubano reconocemos, reivindicamos y aplaudimos su vocación de ejército de la paz, humanista y
solidario.
En estos momentos el gobierno bolivariano el pueblo de Venezuela vuelve a llamar a la sindéresis y a
la comprensión de la situación. Es criminal el bloqueo y el asedio económico, político y militar que
sostiene la adminsitración de Donald Trump contra nuestro país. Esperamos que en una epifanía de
sensatez entren en razón y comprendan que es necesario deponer los odios, la soberbia y la sórdida
avidez que tienen por los recursos naturales de nuestro país. Pero también estamos seguros que
seguiremos en pie de lucha. Ante cada arremetida, en la dimensión que sea, nuestro pueblo y el
gobierno de Nicolás Maduro sabrá conseguir victoria tras victoria y saldremos adelante cada vez más
juntos, más humanos, más seguros de los principios y valores bolivarianos que nos legó el Comandante
Chávez. ¡Viviremos y venceremos!