“Año del Bicentenario, de la consolidación de nuestra Independencia, y
de la conmemoración de las heroicas batallas de Junín y Ayacucho”
“LABOR POLICIAL Y DEMOCRACIA , LOS DERECHOS FUNDAMENTALES Y LA
LABOR POLICIAL”
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CICLO :
UNIDAD :
“Año del Bicentenario, de la consolidación de nuestra Independencia, y
de la conmemoración de las heroicas batallas de Junín y Ayacucho”
PRESENTACIÓN
Todos nos preguntamos qué es bueno y que es malo, qué es justo hacer, que debe
considerarse virtud y que vicio, cuál es nuestra meta. Y quisiéramos encontrar un
anclaje seguro, un razonamiento riguroso, una guía. Sin embargo, en el mundo
moderno no parece haber nada semejante. La gente ya no cree que las leyes morales
estén escritas de un modo indeleble en la mente y en el corazón del hombre, por lo
cual bastaría con interrogarse sinceramente para encontrar el camino.
Las normas morales cambian de una sociedad a otra y se modifican en el curso de la
historia. El guerrero antiguo consideraba altamente moral hacer una incursión en
territorio enemigo y traerse la cabeza de los adversarios muertos. Los inquisidores
torturaban a las brujas y luego las quemaban en la hoguera, convencidos de que
obraban en nombre de Dios. Nosotros nos horrorizamos.
La variedad de las costumbres y sus transformaciones en el tiempo nos han
demostrado que existe un derecho natural. La naturaleza no prescribe nada. La
naturaleza sólo conoce la ley de la supervivencia del más apto.
Todas las historias, no solo de las filosofías morales sino también de los conceptos
morales y de las conductas morales que dan cuerpo a estos conceptos y se definen a
través de ellos resultaría ocioso describirlos, pero en el presente trabajo esbozaremos
en forma un poco amplia la importancia filosófica de la historia de la ética, aunque la
coincidencia de varios autores admiten –como es lógico- que las costumbres morales
y el contenido de los juicios morales pueden variar de sociedad a sociedad y de
persona a persona.
Es responsabilidad de todos y de cada uno de los integrantes de la institución policial,
comprometerse con el respeto y la promoción de los derechos humanos, con la
finalidad de mantener un elevado grado de profesionalismo y eficacia en la labor
policial, el que debe reflejarse en el respeto a la dignidad de las personas, sin
distinción alguna, buscando consolidar la convivencia pacífica y la armonía social.
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DEDICATORIA
Dedico y Agradezco a Dios por haberme guiado en
cada paso en este trabajo, a mis padres, mis
compañeros y a nuestra Docente por darnos las
pautas necesarias y por sus sabias cátedras que
nos brindan día a día para poder ser mejores
profesionales y poder dar un mejor servicio en
nuestra sociedad.
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INTRODUCCIÓN
En América Latina referirse a la policía se asocia, muchas veces, a corrupción,
clientelismo, «gatillo fácil», impunidad, malos tratos, ejecuciones extrajudiciales y
terror. En casi todos los países de la región la labor policial está desacreditada hasta
por los propios gobiernos nacionales. Escasez y deficiente manejo de recursos,
estructuras jerárquicas –innecesariamente burocráticas y obsoletas–, formación
precaria de agentes policiales e innumerables denuncias de violaciones de los
derechos humanos en el cumplimiento de su función configuran la realidad del sistema
policial en varios países de la región.
No obstante, y a pesar de esta realidad, los agentes policiales cumplen un rol esencial
en la protección de los derechos humanos de todas las personas.
En los últimos tiempos, las organizaciones de derechos humanos han reconocido la
importancia de ese rol y han pasado de un enfoque basado en motivos de
preocupación sobre casos de violaciones de derechos humanos relacionados con
funcionarios del Estado a una colaboración con ellos cada vez mayor.
Es más eficaz que las organizaciones de derechos humanos trabajen a partir de una
perspectiva que reconozca los motivos de preocupación y la realidad de la policía que
desde un planteamiento aislado que ejerce una crítica desde fuera. Tal enfoque
requiere, necesariamente, de la participación activa de los cuerpos policiales, que
deben ser receptivos a los motivos de preocupación relacionados con los derechos
humanos y a las reformas en materia de esos derechos allí donde se necesiten.
Los derechos humanos no dificultan la labor policial ni la hacen menos efectiva; muy
por el contrario, permiten a la policía operar y ejercer sus competencias dentro del
marco de la ley y en un ámbito en el que agentes policiales y defensores y defensoras
de derechos humanos se unen para conquistar objetivos comunes.
Ahora bien, no debemos perder de vista que la defensa de los derechos humanos
forma parte del núcleo central del trabajo de las fuerzas de seguridad y que éstas
desempeñan un papel fundamental para garantizar su respeto.
“Año del Bicentenario, de la consolidación de nuestra Independencia, y
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INDICE
Contenido
MARCO TEÓRICO..........................................................................................................................6
1. LABOR POLICIAL Y DEMOCRACIA:.....................................................................................6
1.1 LAS FUNCIONES DE LA POLICÍA:..............................................................................11
1.2 GARANTÍAS CONSTITUCIONALES Y LABOR POLICIAL..............................................12
1.3 LABOR POLICIAL EN LOS REGÍMENES DE EXCEPCIÓN:............................................12
2. DEMOCRACIA.................................................................................................................14
3. LOS DERECHOS FUNDAMENTALES:.................................................................................16
3.1 FASES HISTÓRICAS DE LOS DERECHOS FUNDAMENTALES:......................................17
3.2 DIFERENCIA ENTRE LOS DERECHOS FUNDAMENTALES Y LOS DERECHOS HUMANOS
21
3.3 LOS DERECHOS FUNDAMENTALES EN EL ORDEN CONSTITUCIONAL (Perú)............21
3.4 EL PRINCIPIO DE PREFERENCIA DE LOS DERECHOS FUNDAMENTALES:..................22
3.5 LISTADO DE LOS DERECHOS FUNDAMENTALES...................................................23
3.6 DERECHOS RECONOCIDOS EN EL ESTATUTO DE LOS TRABAJADORES.....................23
4. EL DESEMPEÑO POLICIAL:..............................................................................................24
5. FUNCIONES POLICIALES:.................................................................................................26
6. LOS PODERES DE LA POLICÍA..........................................................................................27
6.1 PERCEPCIÓN Y AUTO PERCEPCIÓN POLICIAL:.........................................................28
7. LA POLICÍA Y LOS DERECHOS FUNDAMENTALES:............................................................29
8. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS.......................................................................................31
9. ANEXOS..........................................................................................................................33
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MARCO TEÓRICO
1. LABOR POLICIAL Y DEMOCRACIA:
Para hablar acerca de la labor policial debemos conocer el concepto de labor, pues
bien; se entiende como labor al conjunto de trabajos o acciones organizadas con un fin
determinado por una persona, profesión o institución.
En base a la Constitución política del Perú del art. 166 dice que la finalidad
fundamental de la policía nacional es mantener y restablecer el orden interno, presta
protección y ayuda a las personas y a la comunidad. Garantiza el cumplimiento de las
leyes y la seguridad del patrimonio público y privado. Previene, investiga y combate la
delincuencia. vigila y controla las fronteras.
De ahí podemos deducir el compromiso que tiene la policía con la sociedad en
consecuencia su labor es muy importante mediante estrictos regímenes.
Por otro lado, según la ley orgánica de La Policía Nacional del Perú; es una institución
del Estado creada para garantizar el orden interno, el libre ejercicio de los derechos
fundamentales de las personas y el normal desarrollo de las actividades ciudadanas.
Es profesional y jerarquizada. Sus integrantes representan la ley, el orden y la
seguridad en toda la República y tienen competencia para intervenir en todos los
asuntos que se relacionan con el cumplimiento de su finalidad fundamental.
A partir de estas afirmaciones es posible desprender que la policía cumple un rol
coercitivo y un rol de servicio público.
La conjugación y equilibrio de ambos roles determina su relación con el Estado y la
sociedad. En consecuencia, sus tareas y actividades deben entenderse como medios
instrumentales para cumplir con sus propósitos centrales. Por lo tanto, luego de ver la
labor policial que función cumple en el ámbito de la democracia.
La labor policial, propiamente dicha, es cumplida por la Policía Nacional. En ese
sentido la actividad que realizan sus miembros se denomina servicio policial, el que
comprende la labor policial de servir a los ciudadanos y proteger a la sociedad.
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La labor de los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley constituye un servicio
social de gran importancia. En consecuencia, es preciso mantener y, siempre que sea
necesario, mejorar las condiciones de trabajo y la situación de estos funcionarios.
La amenaza a la vida y la seguridad de los funcionarios encargados de hacer cumplir
la ley debe considerarse como una amenaza a la estabilidad de toda la sociedad
(Asamblea General de la ONU, 7 de septiembre de 1990).
Los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley desempeñan un papel
fundamental en la protección del derecho a la vida, la libertad y la seguridad de las
personas.
Para que las personas puedan disfrutar de sus derechos establecidos
constitucionalmente, la Policía debe mantener el orden social, además de garantizar el
libre ejercicio de éstos.
La democracia se vincula al Estado de Derecho y a la promoción y protección de los
derechos humanos, ya que ellos garantizan su pleno desarrollo, cumpliendo la Policía
un papel fundamental en esta labor. Por ello su preparación, competencia y actuación
deberán reflejarse en una actitud de respeto a las personas y a sus derechos
fundamentales.
Se entiende por democracia a la forma de organización social y política que atribuye la
titularidad del poder al conjunto de la ciudadanía.
En resumen, La policía juega un papel importante en la democracia ya que tiene como
función garantizar la prestación de un servicio integral que satisfaga las demandas
ciudadanas y gubernamentales en materia de delincuencia, criminalidad y desorden
público, mediante la implementación de un enfoque de trabajo preventivo y
comunitario.
Cumpliendo el rol de cuidar y mantener el control en todo tipo de eventos electorales
públicos.
La relación de la policía con el Estado y la sociedad se inscribe en un determinado
contexto sociopolítico, que en la mayoría de los sistemas políticos de las sociedades
contemporáneas occidentales se corresponde con la democracia representativa. En
esta perspectiva, adquiere gran relevancia que la actuación policial se realice en el
marco de los principios y valores propios del sistema democrático, conjugando
legitimidad jurídica con legitimidad social.
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Así, la policía debe desempeñar un rol central en el control del delito y la violencia,
basando sus acciones en principios de servicio público orientado a la comunidad y
pleno respeto de los derechos humanos.
Por lo tanto, es posible apreciar que la contribución de la policía a la convivencia cívica
en democracia resulta decisiva, pues supone, además de la protección a la vida y los
bienes de las personas, el resguardo y la promoción de las libertades y derechos de
los que gozan todos los ciudadanos en condición de igualdad ante la Ley. Asimismo,
en su condición de órgano público, la policía constituye un organismo que presta
servicios a la población y participa en la implementación de las políticas públicas
desplegadas desde el Estado en lo que respecta a la seguridad pública y ciudadana,
particularmente en las dimensiones relativas a la prevención y el control de la
delincuencia.
El contexto democrático implica entonces que la organización policial, en cuanto
cuerpo especializado y profesional, pasa de ser una fuerza acostumbrada a realizar
procedimientos preestablecidos y rutinarios a convertirse en un organismo flexible que
se moviliza en función de metas combinando tareas tradicionales destinadas a hacer
efectivo el derecho con la prestación de servicios sociales.
Aunque en los últimos años la academia ha revertido esta tendencia, prestando mayor
atención a la relación de la institución policial con la democracia en América Latina,
este no es un análisis que aparezca con frecuencia como fundamento del diseño de
políticas públicas. Dicho de otro modo, las políticas públicas orientadas a reformar los
cuerpos policiales de la región no suelen considerar entre sus objetivos el contar con
una policía democrática, o con una policía que contribuya al fortalecimiento de la
democracia.
En contraste, términos como “modernización” de los cuerpos policiales, o la “eficiencia”
como un objetivo de la labor policial, pueblan los discursos de reforma. A modo de
ejemplo, en el extenso y completo documento que el Consejo de Reforma Policial
entregó al presidente de la República en enero de 2020, el objetivo de contar con una
“policía moderna” ocupa un acápite completo, mientras que los imperativos que exige
la democracia a la labor policial solo aparecen nombrados ocasionalmente en el texto
y haciendo referencia a aspectos muy limitados de la labor policial, como la necesaria
rendición de cuentas que la policía debe proveer.
En ningún caso pretendemos afirmar que la “eficiencia” de la labor policial, o la
necesidad de que ésta se “modernice” no sean objetivos relevantes. Por el contrario,
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en un país como Chile, en que la actividad policial ha evidenciado severos déficits de
gestión, ambos objetivos parecen prioritarios y deben ocupar un lugar central en todo
proyecto reformista. Sin embargo, preocupa que no exista un análisis más profundo
acerca del modo en que la policía puede fortalecer la calidad de la democracia, o,
dicho a la inversa, acerca de cuáles son las exigencias que una democracia robusta
impone a la institución policial. Para esclarecer las múltiples implicancias de esta
pregunta, no obstante, es necesario analizar con mayor profundidad la relación que
existe entre la policía y la democracia.
La PNP está encaminada fundamentalmente a garantizar y restablecer el orden
interno del País. Para entender la labor policial en el ejercicio de la convivencia social
caracterizado por la primacía de justicia orden y libertad, enmarcado dentro de los
Derechos Humanos hablemos de “Orden” que encierra la idea de una sociedad
organizada la cual se expresa formalmente a través de Normas e Instituciones
Públicas que se encargan de laborarlas, aplicarlas y hacerlas respetar tanto a
gobernantes como a gobernados, es decir la vigencia de ese orden depende de la
totalidad de los miembros del Estado.
Ahora Orden Interno puede ser definido como aquella situación interna de paz y
posibilidad de progreso para el conjunto de los individuos en la cual se cumple el
Orden Jurídico y la Organización Democrática con espíritu de Justicia y Equidad: pero
debe entenderse de manera general que el orden interno se estructura como un
sistema de reglas destinadas a mantener el buen funcionamiento de los servicios
públicos, la seguridad y la normatividad ético – jurídico de las relaciones entre
particulares y entre éstos y el Estado. El orden interno tiene que aplicar el buen
funcionamiento de la legalidad actual porque esto interesa a todos para llegar a la paz
social, su inaplicabilidad pueda afectar la estructura del Estado y por consiguiente a
toda la Nación.
La Policía Nacional del Perú es una institución del Estado peruano creada para
garantizar el orden interno, el libre ejercicio de los derechos fundamentales de las
personas y el normal desarrollo de las actividades ciudadanas, adscrito al Ministerio
del Interior. Tiene organización castrense, heredada de sus predecesoras la Guardia
Republicana del Perú y la Guardia Civil del Perú, cuya disciplina está regida por sus
propios reglamentos y por el Código Penal Militar Policial.
La PNP está facultada de acuerdo con la Constitución Política de 1993 a la posesión y
al uso de armas de guerra. Así mismo, en conjunto con las Fuerzas Armadas, ha
combatido con éxito el terrorismo durante las décadas de los años 1980 y 1990.
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No obstante, al haber evolucionado a la par con el desarrollo de la nación sin dejar de
lado su naturaleza y disciplina militar, actualmente es una institución de carácter civil,
al servicio de la comunidad, con más de cien mil hombres y mujeres repartidos en todo
el país.
La Policía Nacional del Perú es una institución del Estado con calidad de órgano
ejecutor, que depende del Ministerio del Interior; con competencia administrativa y
autonomía operativa para el ejercicio de la función policial en todo el territorio nacional,
en el marco de lo previsto en el artículo 166 de la Constitución Política del Perú.
Es profesional, técnica, jerarquizada, no deliberante, disciplinada y subordinada al
poder constitucional; sus integrantes se deben al cumplimiento de la Ley, el orden y la
seguridad en toda la República. Participa en el sistema de defensa nacional, defensa
civil, desarrollo económico y social del país.
LA EDUCACIÓN, CAPACITACIÓN Y EQUIPO POLICIAL
Los policías encuestados manifiestan una alta valoración sobre la educación recibida y
sobre su conocimiento en materia de leyes en general y de la Ley Orgánica de la
Policía y reglamentos disciplinarios. Sin embargo, vale la pena mencionar que se
produce una disminución del entusiasmo cuando se pasa de la pregunta sobre leyes
en general a la pregunta sobre la Ley Orgánica en particular, lo que puede estar
evidenciando fallas en el proceso de educación o capacitación, o cierta ligereza de los
encuestados al contestar. De todas maneras, una revisión de este punto es muy
importante para la Policía, sobre todo porque incluye también el reglamento
disciplinario que debe ser del conocimiento de todos los que integran la fuerza policial.
REFORZAR LA PROFESIONALIDAD DE LA POLICÍA
La conducta indebida de la policía, desde los delitos menores hasta las violaciones
graves de los derechos humanos, nunca debe quedar impune, y deben adoptarse
medidas para impedir que vuelva a producirse. La policía debe rendir cuentas de sus
acciones, pero debe recibir igualmente una «preparación» adecuada (incluidas
directrices, capacitación y medios) que le permita llevar a cabo sus acciones con
profesionalidad y de conformidad con las normas de derechos humanos. En ausencia
de esa «preparación», las personas responsables de no preparar adecuadamente a la
policía (como los formadores policiales, los mandos y los responsables de la toma de
decisiones) también podrían verse obligadas a rendir cuentas. Es fundamental
establecer mecanismos de rendición de cuentas eficaces, tanto para los agentes de
policía a título individual como para la institución policial. La rendición de cuentas, un
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concepto al que hacen referencia habitualmente los defensores de los derechos
humanos, es una cuestión compleja en la que intervienen muchos actores.
El hecho de que este concepto no tenga un nombre preciso en muchos idiomas
significa que hay que poner cuidado al ocuparse de él. Pedir la aplicación de sistemas
de rendición de cuentas que se observan en otras jurisdicciones no siempre resultará
útil, y puede incluso ser contraproducente en un país determinado. Para promover
mejoras importantes en la rendición de cuentas, los defensores de los derechos
humanos deben conocer la estructura y el funcionamiento del sistema de supervisión y
rendición de cuentas en un país determinado. Toda evaluación de las estructuras de
rendición de cuentas en el país objeto de estudio requiere una evaluación inicial de
qué mecanismos se utilizan, y en segundo lugar de cuál es su eficacia antes de que se
puedan hacer recomendaciones pertinentes para resolver los problemas e impedir que
vuelvan a producirse.
Una rendición de cuentas eficaz debe constituir siempre un equilibrio del poder y la
influencia entre los diversos actores que intervienen. Del mismo modo que es
inaceptable conferir todos los poderes y la discrecionalidad totalmente a la policía,
dependiendo por completo de su juicio profesional, es igualmente inaceptable conferir
todos los poderes para controlar a la policía a otra institución u organismo únicos, al
margen de que sea la élite política, el ejecutivo, la comunidad o cualquier otro actor.
De ese modo se sustituiría sin más el destinatario de la confianza: ¿cómo podemos
estar seguros de que los órganos ejecutivos, o las instituciones políticas, el
Parlamento, los foros comunitarios, etc., son más fiables (es decir, actúan en interés
público y no por intereses partidistas, particulares o de su propia comunidad) que la
policía? Precisamente por este motivo es necesario un sistema en el que la
supervisión y el control estén repartidos entre las comunidades y sus representantes,
las autoridades ejecutivas y las instituciones legales (incluida la ley) además de la
propia policía.
1.1 LAS FUNCIONES DE LA POLICÍA:
Los tratados internacionales de derechos humanos no mencionan de forma
explícita a la policía, ni sus principales objetivos. Se suele hacer referencia
a los policías como agentes de imposición de la ley, que tienen el deber de
mantener la ley y están obligados por la ley. La policía suele desconocer el
derecho internacional y se rige por lo dispuesto en la legislación nacional.
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En la mayoría de las jurisdicciones, las funciones policiales se recogen en
una Ley de Policía que expone los objetivos fundamentales que la policía
debe alcanzar y los recursos de que dispone para ello. Estas leyes de
policía suelen definir asimismo las responsabilidades de la policía y sus
autoridades, ya que definen qué grado de libertad posee la policía para
establecer prioridades acerca de cómo utilizar sus recursos. Una
evaluación de la acción policial desde el ángulo de los derechos humanos
debe incluir un estudio de esta clase de leyes de policía.
LAS TRES FUNCIONES POLICIALES BÁSICAS
PREVENIR Y DETECTAR EL DELITO
MANTENER EL ORDEN PUBLICO
PRESTAR ASISTENCIA A LAS PERSONAS QUE NECESITAN.
1.2 GARANTÍAS CONSTITUCIONALES Y LABOR
POLICIAL.
La Constitución establece las reglas para que los derechos fundamentales
se respeten. Esta tutela se ejercita a través de los procesos
constitucionales, las cuales determinan e imponen las consecuencias
jurídicas derivadas de las acciones u omisiones que atenten contra los
derechos constitucionales.
La actuación de la policía garantiza el respeto de las personas. Las
intervenciones policiales deben ser legales y en defensa de la sociedad.
La extralimitación en las acciones realizadas por los miembros de la Policía
Nacional durante el servicio policial o su omisión, además de cuestionar la
labor policial puede traer como consecuencia la vulneración de algún
derecho fundamental de la persona y, por lo tanto, la posibilidad de iniciar
un proceso constitucional (hábeas corpus y ley de amparo)
1.3 LABOR POLICIAL EN LOS REGÍMENES DE
EXCEPCIÓN:
La Constitución Política del Perú contempla dos situaciones de excepción.
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El presidente de la República, con acuerdo del Consejo de ministros, puede
decretar por plazo determinado, en todo el territorio nacional o en parte de
él, y dando cuenta al Congreso o a la Comisión Permanente, los estados de
excepción los siguientes:
ESTADO DE EMERGENCIA:
En caso de perturbación de la paz o del orden interno, de catástrofe
o de graves circunstancias que afecten la vida de la Nación.
Puede restringirse o suspenderse el ejercicio de los derechos
constitucionales relativos a la libertad y a la seguridad personales, la
inviolabilidad del domicilio y la libertad de reunión y de tránsito en el
territorio.
En ninguna circunstancia se puede desterrar a nadie. El plazo del
estado de emergencia no excede de sesenta (60) días. Su prórroga
requiere un nuevo decreto. En estado de emergencia las Fuerzas
Armadas asumen el control del orden interno si así lo dispone el
presidente de la República.
ESTADO DE SITIO:
En caso de invasión, guerra exterior, guerra civil o peligro inminente
de que se produzcan, con mención de los derechos fundamentales
cuyo ejercicio no se restringe o suspende. El plazo correspondiente
no excede de cuarenta y cinco (45) días. Al decretarse el estado de
sitio, el Congreso se reúne de pleno derecho. La prórroga requiere
aprobación del Congreso.
Asimismo, es necesario indicar que, a pesar que la Constitución
Política del Perú establece que el estado de emergencia restringe o
suspende el ejercicio del derecho fundamental relativo a la libertad y
a la seguridad personales entre otros, se tiene que tener en cuenta
que la Cuarta Disposición Final y Transitoria del mismo texto
constitucional establece que las normas relativas a los derechos y
libertades que la Constitución reconoce se interpretan de
conformidad con la Declaración Universal de Derechos Humanos y
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con los tratados y acuerdos internacionales sobre las mismas
materias ratificados por el Perú.
2. DEMOCRACIA
El contexto democrático implica entonces que la organización policial, en cuanto
cuerpo especializado y profesional, pasa de ser una fuerza acostumbrada a realizar
procedimientos preestablecidos y rutinarios a convertirse en un organismo flexible que
se moviliza en función de metas combinando tareas tradicionales destinadas a hacer
efectivo el derecho con la prestación de servicios sociales. Esto requiere un esfuerzo
de anticipación de problemas, planificación de estrategias para resolverlos, evaluación
de los resultados y la adopción de las modificaciones organizativas que resulten
necesaria.
La relación de la policía con el Estado y la sociedad se inscribe en un determinado
contexto sociopolítico, que en la mayoría de los sistemas políticos de las sociedades
contemporáneas occidentales se corresponde con la democracia representativa. En
esta perspectiva, adquiere gran relevancia que la actuación policial se realice en el
marco de los principios y valores propios del sistema democrático, conjugando
legitimidad jurídica con legitimidad social. Así, la policía debe desempeñar un rol
central en el control del delito y la violencia, basando sus acciones en principios de
servicio público orientado a la comunidad y pleno respeto de los derechos humanos.
Para Bayley, las actuaciones de la policía pueden determinar en gran medida el
carácter del Gobierno: Por una parte, porque sus intervenciones tienen la capacidad
de afectar profundamente las vidas de los ciudadanos, al contar con la autorización
para suspender temporalmente sus libertades y emplear la fuerza física. En
consecuencia, un gobierno que se dice democrático no podría permitir prácticas
policiales abusivas. Por otra parte, porque la actividad policial puede tener una
influencia profunda no solo en la opinión y los juicios que las personas se forman
sobre el gobierno, sino también en la vitalidad de procesos tan esenciales para la vida
política en democracia como la posibilidad de votar, expresar, publicar y reunirse.
En este sentido, sostiene que “las acciones de la policía dan forma a la democracia
política en la medida que mantiene las condiciones en que esta se desenvuelve”.
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Por lo tanto, es posible apreciar que la contribución de la policía a la convivencia cívica
en democracia resulta decisiva, pues supone, además de la protección a la vida y los
bienes de las personas, el resguardo y la promoción de las libertades y derechos de
los que gozan todos los ciudadanos en condición de igualdad ante la Ley. Asimismo,
en su condición de órgano público, la policía constituye un organismo que presta
servicios a la población y participa en la implementación de las políticas públicas
desplegadas desde el Estado en lo que respecta a la seguridad pública y ciudadana,
particularmente en las dimensiones relativas a la prevención y el control de la
delincuencia.
En un sistema democrático, la policía se concibe como un órgano público que ejecuta
un mandato emanado de las autoridades que representan la voluntad ciudadana. Por
cierto, este mandato implica una concesión de poderes de parte de quien lo otorga y la
toma de responsabilidades por parte de quien lo recibe, lo que implica ser responsable
por la obligación de cumplir con las exigencias intrínsecas de todo mandato. Por tanto,
no es una simple concesión a las demandas externas que se originan en la
ciudadanía, sino que implica ser responsable por la obligación de cumplir con las
exigencias intrínsecas de todo mandato, independientemente de la existencia de
contextos y mecanismos que promuevan el control y la supervisión.
Como advierten Stone y Ward, la responsabilidad de la policía va mucho más allá del
cumplimiento de sus obligaciones legales y requiere del funcionamiento de múltiples
mecanismos de fiscalización y control que superan a los meramente judiciales. De lo
anterior se deriva que tanto la organización en su conjunto como también cada uno de
sus miembros son responsables de sus actos frente al Estado y la sociedad.
Además, en esta concepción se ejerce control no solo en lo que respecta a sus
actuaciones ilegales, sino también a la eficiencia y oportunidad de su trabajo
En el Perú una de las Instituciones que ejerce funciones al servicio de la colectividad
es la PNP quien en los últimos años ha experimentado un cambio radical es como si
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en el país hubiera que cargar con una cruz pesada en violaciones a Derechos
Humanos por parte de aquello que velan por la seguridad ciudadana.
La función utópica del policía consiste en aquella actividad constante del Estado de
supervigilar el buen orden para garantizarlo donde sea necesario, para ello existen
organismos especializados que juntos deberían trabajar, ya que su rol es importante
dentro de la vida cotidiana de la sociedad.
3. LOS DERECHOS FUNDAMENTALES:
Para que la Policía Nacional del Perú cumpla sus funciones, se le ha conferido a los
policías determinadas facultades, siendo las más importantes, entre otras, el arresto,
la detención y el uso de la fuerza.
Las acciones que ejecuten los policías en el desarrollo de su función deberán
subordinarse y adecuarse al respeto de los derechos humanos, para así garantizar la
legalidad y legitimidad de sus actuaciones, alcanzando la finalidad del servicio policial.
Es de vital importancia delimitar el concepto de derechos fundamentales en relación
con otras categorías como los derechos humanos, por lo que los derechos
fundamentales son aquellos derechos humanos positivizados a nivel interno, en tanto
que la fórmula de derechos humanos es la más usual en el plano de las declaraciones
y convenciones internacionales. Una vez delimitado el concepto de derechos
fundamentales, se puede decir que la existencia de los derechos de las personas,
surgen a través de la evolución histórica, pues existen muchos vestigios de los
derechos del hombre en la historia de la humanidad, un claro ejemplo de ello es El
Código de Manú (cultura Hindú), donde se aprecia el respeto por el herido del guerra
como una forma reconocimientos de los derechos humanos, por consiguiente: “Han
pasado muchos siglos hasta que el hombre político ha aprendido que la sociedad
justa, que le otorga y garantiza sus derechos individuales, depende de la existencia de
límites impuestos a los detentadores del poder en el ejercicio de su poder, con el
tiempo se ha ido reconociendo que la mejor manera de alcanzar este objetivo será
haciendo constar los frenos que la sociedad desea imponer a los detentadores del
poder en forma de un sistema de reglas fijas- la constitución destinadas a limitar el
ejercicio del poder político se convirtió en el dispositivo fundamental para el control del
proceso del poder” , siendo una de las expresiones de dicho control “el reconocimiento
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de los derechos fundamentales de las personas”, esfera al cual los detentadores de
poder (Estado) no pueden vulnerar, lo que se ha dado de forma evolutiva
3.1 FASES HISTÓRICAS DE LOS DERECHOS
FUNDAMENTALES:
PRIMERA FASE:
Un primer gran ciclo histórico de los derechos fundamentales se dio
con las revoluciones burguesas del ciclo XVIII, la revolución
francesa y la americana, hasta la segunda guerra mundial. La
Revolución Francesa, para los constituyentes franceses en aquellos
momentos históricos, confiar las libertades y los derechos a la
historia habría significado consentir que las prácticas sociales e
institucionales del antiguo régimen continuasen ejerciendo su
influencia tras la revolución, y por ello, todo el proyecto
revolucionario se construye a través de la contraposición radical al
pasado del antiguo régimen, en la lucha contra la doble dimensión
del privilegio y particularismo y, por lo tanto, a favor de los nuevos
valores constitucionales: fundamentalmente, los derechos naturales
e individuales y la soberanía de la nación”. De ello podemos señalar
que la Revolución Francesa, se encuentra bajo una fuerte influencia
de la combinación de la doctrina individualista, caracterizada por
que el individuo se centra en el ordenamiento jurídico como sujeto
único de derechos, y el estatalismo, donde el estado es la condición
para la creación y tutela de los derechos y libertades de los
individuos, y anterior al estado no puede existir derechos,
eliminando de sus horizontes todo elemento historicista, hubiera
significado, confiar los derechos y libertades del antiguo régimen, es
decir aceptar aquellas prácticas sociales y constitucionales de la
tradición monárquica, por ello la revolución se dirige a destruir el
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pasado, siendo el enemigo para la revolución “los estamentos de los
privilegiados”, lucha que tiene una doble dimensión: “la eliminación
de privilegios y el particularismo”, pues tales privilegios impedían al
pueblo la afirmación de sus derechos individuales, por lo que la
lucha daría paso a favor de los derechos naturales individuales y la
soberanía de la nación. Pues la novedad de la revolución es
aparecer de manera improvisa una sociedad civil unificada en la
perspectiva de la voluntad política constituyente como pueblo o
nación, es decir la nación ejercita el poder constituyente sobre todo
cuando decide un nuevo orden social- político que sustituye al viejo
y el legislador elegido democráticamente representa la voluntad
general del pueblo (interprete legitimo del pueblo) como una
garantía de que nadie ejerza coacción a otros sino en nombre de la
ley general abstracta. Y, contra los privilegios se afirma la autoridad
del legislador soberano, que con el instrumento de la ley hace
posible los derechos en sentido individual, y el legislador no puede
lesionar los derechos y libertades porque es necesariamente justo, y
al mismo tiempo hace posible la representación de la unidad del
pueblo, lo que fue concretado tal como aparece en “La Declaración
de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789”. La ley
general y abstracta es la primera condición para la existencia de los
derechos y libertades en sentido individualista y en ausencia del
legislador firme y autorizado se caería en el detestable pasado de la
sociedad de privilegios, pues cuanto más fuerte es el legislador
refleja la voluntad general y en consecuencia se encuentra más
seguras las libertades, por lo que en materia de derechos y
libertades no vale la 3 voluntad de unos contra otros, pues son
abolidas las dominaciones de carácter personal porque solo la ley
puede disponer de los individuos. Por tanto, la revolución significo
derrocar el régimen antiguo y dar paso a la soberanía del pueblo,
entendida como poder del pueblo de decidir sobre la constitución y
sobre las reglas del juego, está desconfía de los poderes
constituidos y prohíbe cualquier control de constitucionalidad.
SEGUNDA FASE:
“Año del Bicentenario, de la consolidación de nuestra Independencia, y
de la conmemoración de las heroicas batallas de Junín y Ayacucho”
A partir de la renovación democrática de los estados
constitucionales durante la postguerra se inició una segunda fase en
la historia de los derechos fundamentales, caracterizada por la
cultura de la supremacía constitucional, es decir se dio como un
avance del Estado de derecho, que no solo recoge los avances
normativos del Estado social de derecho sino que se complementa
con la jurisdicción constitucional, que se caracteriza por el “principio
de constitucionalidad”, a esto se denomina el Estado Constitucional
de derecho, donde existe el sometimiento de la leyes, normas
jurídicas, actos de gobierno y aún de particulares a las normas
constitucionales en un marco de respeto a los derechos y libertades
ciudadanas. Por ende la segunda fase histórica de los derechos
fundamentales, se da en un contexto de tránsito a la modernidad, y
para ello recurrimos a la teoría de los derechos fundamentales,
concepción que tiene por finalidad superar aquellas concepciones
unilaterales como el iusnaturalismo y positivismo voluntarista, que
trataban de explicarla, las cuales se caracterizan por ser extremistas
y para superar tales perspectivas surge la Teoría de los derechos
fundamentales, quien es una “Concepción dualista que sostiene la
autonomía de la realidad de los valores de los derechos
fundamentales deben por consiguiente ser estudiados en el primer
nivel como filosofía de los derechos fundamentales. Interesa sobre
todo aquí el análisis de los factores sociales que han influido en su
génesis y las corrientes de pensamiento que han contribuido a
articular su actual sentido. Eso lleva a un análisis histórico, a 5 mi
juicio a este primer nivel desde dos perspectivas desde la
perspectiva de la situación económica, social, cultural y política de
cada momento y desde la perspectiva del pensamiento político y
filosófico, que influido por ese marco socio económico, cultural y
político, crea la filosofía de los derechos fundamentales El segundo
nivel de estudio el paso de la filosofía de los derechos
fundamentales al Derecho de los derechos fundamentales, es decir
la inserción de esos valores en normas jurídicas, en el derecho
positivo y la configuración de los derechos fundamentales como
derechos públicos subjetivos”. La Teoría de los derechos
fundamentales, se ha desarrollado en el tránsito a la modernidad (la
“Año del Bicentenario, de la consolidación de nuestra Independencia, y
de la conmemoración de las heroicas batallas de Junín y Ayacucho”
que se da mediante tres etapas: La primera por los cambios
económicos, sociales donde apareció el capitalismo sustituyendo las
estructuras políticas medievales por el estado, la segunda aparece
la ideología liberal democrática, doctrina de los derechos humanos
como limitación al poder político y garantizador del ámbito de
autonomía para el desarrollo de la persona humana, y tercera la
filosofía de los derechos del hombre, pues este se socializa e
intenta superar el individualismo que es egoísta, aislado y se vuelve
más comunitario), pero ello se da solo a partir del tránsito a la
modernidad donde se piensa en servir a la dignidad y desarrollo de
la persona humana, y la manera de hacerlo es a través de la teoría
de los derechos fundamentales, la que se desarrolla en dos niveles:
El primer nivel: compuesto por la “filosofía de los derechos
fundamentales”, en ese contexto se concibe los valores de los
derechos fundamentales, como estructuras extraídas de la realidad
histórica, pues están ordenadas-sistematizadas ya que tienen un
fundamento propio, y se encuentra dentro de la filosofía democrática
que tiene dos raíces: “el liberalismo” (comprende derechos de
inspiración liberal como los civiles y políticos, siendo sus base la
“libertad”) y “el socialismo” son fundamentalmente los derechos
económicos, sociales y culturales, siendo su base la “igualdad”; y El
segundo nivel: corresponde la inserción de esos valores en el
derecho positivo, y con ello se configura como derechos subjetivos
de las personas, aunado a ello en este nivel se regula su ejercicio,
fuentes y garantías. Por lo que los valores superiores de la libertad e
igualdad son por su origen-histórico distintos, mientras la “libertad”
explica el ámbito de autonomía del hombre en sociedad y limita los
poderes del estado, pues esta no cumple la función de
generalización de dar a todos de manera efectiva y real, y será
necesario para el progreso de los derechos fundamentales el
componente “igualitario”, que completa y profundiza los derechos de
libertad, que se expresa mediante la igualdad ante la ley y la no
discriminación por motivos de origen, raza, sexo, color, idioma, etc.
Correspondiendo a los poderes políticos promover las condiciones
para que la libertad y la igualdad sean reales y para todos los
individuos. Por tanto, los valores superiores como libertad y la
“Año del Bicentenario, de la consolidación de nuestra Independencia, y
de la conmemoración de las heroicas batallas de Junín y Ayacucho”
igualdad, cuando se incorporan en el ordenamiento jurídico es una
concepción dualista, y la forma que esos valores se incorporen en el
ordenamiento jurídico son a través de los derechos y libertades
fundamentales.
3.2 DIFERENCIA ENTRE LOS DERECHOS
FUNDAMENTALES Y LOS DERECHOS HUMANOS
Los derechos fundamentales y los derechos humanos se diferencian,
principalmente, en una cosa: el territorio de aplicación. Los derechos
fundamentales están incluidos en la Constitución o carta de derechos de
cada país; por su parte, los derechos humanos no tienen limitación
territorial.
Los derechos humanos son atributos que tienen todas las personas del
mundo, independientemente de su territorio, condición económica, social o
personal, y son:
UNIVERSALES
INVIOLABLES
INTRANSFERIBLES
IRRENUNCIABLES
INTERDEPENDIENTES
3.3 LOS DERECHOS FUNDAMENTALES EN EL ORDEN
CONSTITUCIONAL (Perú)
Existe un vínculo indisoluble entre “dignidad de la persona humana”
y los derechos fundamentales, pues estos derechos en calidad de
esenciales son inherentes a la dignidad, es decir cada uno de los
derechos fundamentales manifiesta un núcleo de existencia humana
que se deriva de la dignidad que tiene ínsita la persona, por ello la
“Año del Bicentenario, de la consolidación de nuestra Independencia, y
de la conmemoración de las heroicas batallas de Junín y Ayacucho”
dignidad se convierte en una fuente de todos los derechos de la cual
dimanan todos y cada uno de los derechos de la persona. Por ende,
los derechos fundamentales operan como el fundamento último de
toda comunidad humana, pues sin el reconocimiento de tales
derechos quedaría conculcado el valor supremo de la dignidad
humana de la persona
3.4 EL PRINCIPIO DE PREFERENCIA DE LOS
DERECHOS FUNDAMENTALES:
El principio de primacía o preferencia por los derechos fundamentales, que
a la vez configura uno de los pilares del denominado Estado de Derecho,
establece que los derechos fundamentales dado que configuran límites
efectivos a la actuación del Estado e incluso mandatos específicos de dar o
de hacer son preferidos sobre toda otra consideración que no sea tal, aun
cuando esta se encuentre constitucionalmente consagrada.
Ello ese encuentra consagrado en el artículo 1 de la Constitución.
Lo antes señalado implica que los derechos fundamentales deben ser
preferidos incluso sobre metas colectivas o sobre intereses públicos o
meramente estatales. En consecuencia, no es posible, desde un punto de
vista jurídico, que dichos conceptos puedan desplazar a derechos
constitucionalmente consagrados o que poseen la categoría de derechos
humanos. Ello se encuentra sustentado no solo por la doctrina, sino
también por la jurisprudencia nacional, comparada y supranacional.
La necesidad pública, el orden público, la seguridad nacional, entre otros no
puede desplazar derechos fundamentales, sino solo limitarlos, como lo
hemos señalado anteriormente en este blog. La moral y las buenas
costumbres, por otro lado, no deberían ser siquiera sustento de la limitación
de derechos fundamentales, puesto que la moral es autónoma, mientras
“Año del Bicentenario, de la consolidación de nuestra Independencia, y
de la conmemoración de las heroicas batallas de Junín y Ayacucho”
que las buenas costumbres es un concepto tan indeterminado que no
puede emplearse para ello.
El principio funciona además como un estándar interpretativo de la
Constitución Política, en el sentido de que cuando se interpreta la norma
jurídica antes indicada, y ante la posibilidad de variados resultados, se debe
estar a la interpretación más favorable para el particular. En caso de duda
en la interpretación de toda norma, debe admitirse la que resulta más
protectora de los derechos de las personas individualmente consideradas y
no aquella que pueda resultar más favorable al Estado. Demás está señalar
que este principio nos va a servir de criterio para el análisis que estamos
efectuando en gran parte del presente trabajo.
3.5 LISTADO DE LOS DERECHOS FUNDAMENTALES
Igualdad de trato y no discriminación
Derecho a la vida, integridad física y moral
Derecho a la libertad ideológica y religiosa
Derecho a la libertad y a la seguridad
Derecho a la intimidad personal y familiar, honor e inviolabilidad del
domicilio. Así como secreto de las comunicaciones y protección de
datos
Derecho a la libertad de residencia y circulación
Derecho a la libertad de expresión
Derecho de reunión
Derecho de asociación
Derecho a la tutela judicial efectiva
Derecho a la educación
Derecho a sindicarse libremente y a huelga
3.6 DERECHOS RECONOCIDOS EN EL ESTATUTO DE
LOS TRABAJADORES
“Año del Bicentenario, de la consolidación de nuestra Independencia, y
de la conmemoración de las heroicas batallas de Junín y Ayacucho”
Más allá de los Derechos Fundamentales, los trabajadores disponen de un
listado más extensivo de derechos ubicado en el artículo 4 del Estatuto de
Trabajadores. Además de constar los derechos fundamentales
anteriormente citados, constan de otros más específicos de la relación
laboral:
Negociación colectiva: poder negociar instrumentos como convenios
colectivos o acuerdos colectivos
Información, consulta y participación en la empresa.
A la ocupación efectiva: a presentarse al trabajo que se le dé, sin
mantenerlo desocupado
A la promoción y formación profesional en el trabajo, incluida la
dirigida a su adaptación, a las modificaciones operadas en el puesto
de trabajo, así como al desarrollo de planes y acciones formativas
tendentes a favorecer su mayor empleabilidad
A la prevención de riesgos laborales: ello se halla estrictamente
relacionado con el derecho fundamental a la integridad física.
A la percepción puntual de la remuneración pactada o legalmente
establecida
A cuantos otros se deriven específicamente del contrato de trabajo.
4. EL DESEMPEÑO POLICIAL:
La imagen de la Policía está relacionada directamente con el tema del desempeño, lo
cual se asocia con la brecha que se produce entre el aumento de la delincuencia y la
capacidad policial para enfrentarla. Entre más grande es esta brecha, en términos de
resultados (lo cual se resume en el número de detenidos), mayor es la aprehensión y
reserva ciudadana hacia la Policía y su capacidad institucional.
Es importante hacer alguna referencia a este último término, capacidad institucional,
para destacar que la percepción va más allá de las personas (policías, Directores,
Secretarios y Subsecretarios de Seguridad), e incluye a la institucionalidad en la que
se insertan y, si se quiere ir al extremo, a la función de seguridad que el Estado está
obligado a desempeñar en beneficio de la ciudadanía. Al ciudadano común le
interesan los resultados concretos para definir su percepción del desempeño policial.
“Año del Bicentenario, de la consolidación de nuestra Independencia, y
de la conmemoración de las heroicas batallas de Junín y Ayacucho”
No le interesa saber si el incremento delincuencial está asociado al ritmo de
urbanización, a la pérdida de valores, al cierre de oportunidades o al crecimiento
acelerado del desempleo. Al ciudadano le interesa saber que puede estar en su casa o
caminar tranquilamente por las calles de la colonia, de la ciudad o de la aldea, y que
no corre el riesgo de ser robado, asaltado, violado, herido o muerto; en última
instancia, si esto ocurre, lo menos que espera es que la Policía capture a los
delincuentes y que se le aplique todo el peso de la Ley.
Tampoco le interesa al ciudadano común saber si su seguridad depende del policía de
prevención o del policía de investigación y tampoco se preocupa por averiguar los
lazos que unen al policía con el fiscal o el juez para garantizar su seguridad. Lo que le
interesa es saber que el policía lo va a cuidar y que con su trabajo le va a garantizar su
seguridad. Todavía podemos ser más radicales y plantear que poco o nada le interesa
al ciudadano si el policía está bien pagado o bien comido o si su vida y su integridad
están garantizadas por un seguro adecuado, quizás porque asume que ése es un
problema del Estado y que no es su problema. 8 Lo anterior nos remite a dos
problemas muy concretos; uno de ellos es que, al margen de lo que piense la
ciudadanía, los conductores del Estado (Presidentes de los poderes del Estado,
Diputados, Secretario de Seguridad y Fiscal General de la República) son los
responsables de adoptar las medidas racionales que garanticen la seguridad de las
personas, sin inclinarse hacia la demanda de acciones radicales que enfatizarían la
represión, despreciarían la prevención y amenazarían peligrosamente las garantías
individuales y los convenios internacionales. Lo anterior se expresa muy bien en la
demanda de instituir la pena de muerte, ejercer violencia en la captura, realizar
allanamientos ilegales, encarcelar a menores infractores con adultos delincuentes, etc.
Las víctimas y sus familiares quisieran aplicar el mayor grado de violencia en contra de
los victimarios, pero el Estado de Derecho establece procedimientos para procesar e,
inclusive, sancionar a un sospechoso de haber delinquido.
Una autoridad no puede permitirse el lujo de ser irresponsable y no pensar en las
consecuencias sociales y jurídicas que pueden desencadenarse de la adopción de
medidas fuertemente represivas. Su papel es el de adoptar medidas que medien entre
la prevención y la represión, entre la víctima y el victimario, y entre el interés particular
y el interés general, lo cual conduce a superar la inseguridad jurídica y asegurar la
vigencia del Estado de Derecho.
“Año del Bicentenario, de la consolidación de nuestra Independencia, y
de la conmemoración de las heroicas batallas de Junín y Ayacucho”
El tema puntual de los aspectos que debe mejorar la Policía en cuanto a su
desempeño, es un importante indicador de la imagen que la ciudadanía tiene de la
Policía en general y de los policías en particular. En este tema, una gran parte de la
población comparte el criterio de que el nivel académico es el principal elemento a ser
mejorado y que ello traería como consecuencia la mejoría de otros niveles elementales
intrínsecos al policía, que lo harían más aceptable ante la ciudadanía. En los oficiales
de la Policía son más relevantes la eficiencia, el conocimiento y el nivel académico y
en los policías de calle o en los mismos detectives, son fundamentales la honestidad y
el trato con el público, por su contacto directo con el mismo. Asimismo, ellos piensan
que antes de incrementar los policías en cantidad, debe aumentarse el recurso
presupuestario y que, al mismo tiempo, se mejoren en calidad, para dar una mayor
satisfacción a las demandas de la ciudadanía en general. Este fuerte grupo
poblacional piensa que la honestidad, como un aspecto preponderante del policía en
su condición de servidor público, debe ser fortalecida e incentivada fuertemente por
parte del ente policial.
5. FUNCIONES POLICIALES:
Mantener la seguridad, tranquilidad pública y garantizar el libre ejercicio
de los derechos consagrados en la Constitución Política del Perú.
Prevenir, combatir, investigar y denunciar los delitos y faltas previstos
en el Código Penal y leyes especiales, perseguibles de oficio.
Garantizar la seguridad ciudadana.
Brindar protección al niño, al adolescente, al anciano y a la mujer que
se encuentran en situación de riesgo de su libertad.
Investigar la desaparición de personas naturales.
Garantizar y controlar la libre circulación ferroviaria, vehicular y peatonal
en la vía pública y en las carreteras.
Intervenir en el transporte aéreo, marítimo, fluvial y lacustre en acciones
de su competencia.
Vigilar y controlar las fronteras, velar por el cumplimiento de las
disposiciones legales sobre control migratorio de nacionales y
extranjeros.
Brindar seguridad al Presidente de la República en ejercicio o electo, a
los Jefes de Estado en visita oficial y Presidentes de los Poderes
Públicos.
“Año del Bicentenario, de la consolidación de nuestra Independencia, y
de la conmemoración de las heroicas batallas de Junín y Ayacucho”
Cumplir con los mandatos escritos del Poder Judicial, Tribunal
Constitucional, Jurado Nacional de Elecciones, Ministerio Público y de
la ONPE.
Participar en la seguridad de los establecimientos penitenciarios, así
como en el traslado de los procesados y sentenciados de conformidad
con la ley.
Participar en el cumplimiento de las disposiciones relativas a la
protección y conservación de los recursos naturales y del medio
ambiente.
Velar por la seguridad de los bienes y servicios públicos, en
coordinación con las entidades estatales correspondientes.
Participar en la Defensa Nacional, Defensa Civil y en el desarrollo
económico y social del país.
Ejercer la identificación de las personas con fines policiales.
Ejercer las demás funciones que se señalen la Constitución y las leyes.
6. LOS PODERES DE LA POLICÍA
La policía tiene encomendados amplios poderes que pueden tener efectos
trascendentales sobre las vidas de las personas y que, en caso de utilizarse de forma
indebida, pueden conducir a graves violaciones de los derechos humanos. Por este
motivo las normas internacionales han establecido límites a estos poderes. Una acción
policial orientada a los derechos humanos significa acción policial conforme a estas
normas internacionales. Significa tratar de evitar el uso de la fuerza, pero poder y estar
dispuesta a usar la fuerza de manera lícita y proporcionada cuando sea estrictamente
necesario y rendir cuentas de su uso después. La policía tiene a su disposición
muchos medios distintos de usar la fuerza, que varían de unas jurisdicciones a otras.
La mayoría de los policías portan algunos instrumentos de coerción como esposas,
una porra o un arma de fuego. Las situaciones que hacen necesario el uso intencional
de medios letales se presentan con escasa frecuencia en la acción policial cotidiana;
de hecho, la mayor parte del trabajo policial no requiere ninguna clase de uso de la
fuerza. Cuando es necesario recurrir a la fuerza, la policía debe comenzar empleando
el método menos violento, y sólo de forma gradual aumentar la fuerza cuando sea
estrictamente necesario para lograr un objetivo policial legítimo. El uso de armas de
“Año del Bicentenario, de la consolidación de nuestra Independencia, y
de la conmemoración de las heroicas batallas de Junín y Ayacucho”
fuego debe ser notificado en todo caso. Todo uso de la fuerza debe ser siempre
legítimo. Dentro del marco legal, las consideraciones tácticas orientan qué tipo de
fuerza se utiliza y cómo se utiliza en una situación concreta. La policía debe recibir
periódicamente formación en el uso de la fuerza y en técnicas de desescalada
(incluidos conocimientos especializados sobre comunicaciones) a fin de reducir al
mínimo el riesgo de usar la fuerza. Esto es especialmente importante en situaciones
que implican un gran número de personas. El control policial de las reuniones públicas,
como manifestaciones, marchas y concentraciones –también llamado gestión del
orden público– es una situación especial de la acción policial. El derecho de reunión y
asociación pacífica es un derecho básico que la policía está obligada a facilitar. El
factor decisivo en el control policial de las manifestaciones y de otros actos públicos
radica en la preparación. La policía debe reunir información de antemano sobre las
personas participantes y sus objetivos y, siempre que se sea posible, debe entablar
contacto con quienes organizan el acto para identificar riesgos y causas de tensiones
antes de que se intensifiquen. La preparación debe incluir también cuestiones tácticas
como la indumentaria que se vestirá, el equipo de comunicación que se portará y la
idoneidad del despliegue de organismos policiales adicionales (por ejemplo, unidades
especializadas como agentes con perros y policía a caballo). El uso de la fuerza suele
dejarse a la discreción de la policía. No es fácil decidir cuánta fuerza es proporcionada,
y de hecho esta decisión puede requerir una evaluación independiente. Las
situaciones en que se causen lesiones graves o muertes deben notificarse siempre a
autoridades independientes y ser revisadas por ellas (por ejemplo, las autoridades
judiciales o un organismo independiente para la presentación de denuncias contra la
policía). Para que los supervisores garanticen la detección y el control de toda
tendencia al uso de fuerza excesiva o innecesaria por parte de los llamados «agentes
en riesgo», los registros detallados sobre el uso de la fuerza por agentes individuales
deben incluir incidentes como la resistencia violenta al arresto, las lesiones en los
contactos entre la policía y la población y el uso de armas de fuego
6.1 PERCEPCIÓN Y AUTO PERCEPCIÓN POLICIAL:
Para tener una visión más objetiva y más cercana a la realidad, se
consideró importante incluir la percepción de los policías que están en
contacto directo con la ciudadanía y con las víctimas, como son los policías
de postas, patrullas y de centros de recepción de denuncias. Un trabajo
posterior debiera incluir la percepción de los oficiales intermedios y de las
“Año del Bicentenario, de la consolidación de nuestra Independencia, y
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máximas autoridades de la Policía y de la Secretaría de Seguridad, basada
en los resultados de este estudio. En este momento se tomó la decisión de
dejarlos por fuera para evitar respuestas defensivas que deformaran el
mensaje que se envía desde la percepción de la ciudadanía, de las
víctimas y de su contraparte policial, al momento de producirse un hecho
delictivo.
Es oportuno señalar lo difícil que resultó encuestar a los policías en
mención. En su mayoría evidenció desconfianza y temor de responder
preguntas, proporcionar opiniones y brindar información sobre su trabajo
con las víctimas; inclusive, en varias ocasiones solicitaron un ejemplar del
cuestionario para estudiarlo y ver si podían responderlo posteriormente, lo
que suponía solicitar autorización a los superiores. Lo interesante del caso
es que la misma reserva se observó en las cuatro ciudades, a pesar de
utilizar encuestadores amigos o que por lo menos fueran conocidos. Pese a
lo anterior es importante destacar la colaboración de un oficial de Policía
que sin ninguna reserva propició las condiciones para que se encuestaran a
diversos policías en Tegucigalpa.
Lo anterior nos remite a la vieja deformación militarizada de la Policía que
los segregaba de la sociedad y que hacía de su desempeño una cuestión
tan confidencial y oscura que era fuente permanente de desconfianza
ciudadana y de sospecha cotidiana.
7. LA POLICÍA Y LOS DERECHOS FUNDAMENTALES:
Las normas de derechos humanos se desarrollaron en un principio con el fin de
imponer controles al Estado poderoso y su aparato de poder y de proteger a las
personas contra los abusos de poder del Estado. El Pacto Internacional de Derechos
Civiles y Políticos y otros tratados dentro del marco de los derechos humanos reflejan
este principio, y por ese motivo las normas internacionales de derechos humanos
relacionadas con la policía se centran en las facultades policiales: el derecho
internacional establece normas acerca de cómo han de utilizarse de forma legítima los
poderes policiales. Los agentes de policía suelen percibir que estas normas
internacionales de derechos humanos limitan su margen de actuación. Esto no es
totalmente casual, y de hecho es exactamente lo que los defensores de los derechos
humanos suelen subrayar. La labor policial suele asociarse con las funciones
“Año del Bicentenario, de la consolidación de nuestra Independencia, y
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negativas del Estado: la policía puede hacer uso de sus facultades para restringir de
forma legítima los derechos y libertades de las personas. En gran medida, la
legitimidad del uso que hace la policía de sus facultades sólo puede evaluarse a
posteriori, ya que la policía tiene (y requiere) cierto grado de discrecionalidad en lo
relativo a cuándo y cómo actuar o no actuar. Es evidente que esto exige un sistema de
rendición de cuentas que funcione. De hecho, las cuestiones relativas a la rendición de
cuentas constituyen uno de los principales motivos de preocupación para los
defensores de los derechos humanos, y a menudo se dice que aumentar la rendición
de cuentas es una solución importante para los problemas de derechos humanos. Una
vez dicho esto, es preciso observar que la atención de la comunidad de derechos
humanos ha cambiado gradualmente para abarcar las obligaciones positivas del
Estado, y por consiguiente a la policía, en los otros papeles que desempeña: como
protectora de los derechos humanos y como uno de los actores principales en el
mantenimiento general de la estabilidad (lo que la policía llama orden), apoyando la
creación de una situación en la que las personas puedan disfrutar de todos los
derechos (incluidos los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales).
Lo cierto es que, durante mucho tiempo, la policía ha sido objeto de la atención del
campo de los derechos humanos de forma unidimensional pero negativa, mientras que
en tiempos más recientes se han agregado otras dimensiones, incluidas las que
reconocen un papel más positivo para la policía, lo que abre la posibilidad de
reflexionar sobre áreas de intereses comunes para los defensores de los derechos
humanos y para los funcionarios de policía.
LOS AGENTES DE POLICÍA TAMBIÉN TIENEN DERECHOS
Derechos cuando están de servicio
Derecho a la vida
Derechos en el lugar de trabajo
Derecho a la intimidad
Derecho a la libertad de expresión y asociación
Derecho a no sufrir discriminación
Derechos a condiciones de trabajo adecuadas
Derechos en procedimientos disciplinarios o penales
“Año del Bicentenario, de la consolidación de nuestra Independencia, y
de la conmemoración de las heroicas batallas de Junín y Ayacucho”
8. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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“Año del Bicentenario, de la consolidación de nuestra Independencia, y
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Delhonte Tijero
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adoptada por la Asamblea Nacional Constituyente de Francia el 26 de agosto
de 1789, y en su preámbulo reconoce que “la ignorancia, el olvido o el
desprecio de los derechos de los hombres son las únicas causas de los males
públicos y de la corrupción de los gobiernos” y agrega que tales derechos son
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concepción iusnaturalista de sus autores. FIORAVANTI, Mauricio, Ob., cit., p.
78.
VILCAPOMA IGNACIO, Miguel Pedro, “El neoconstitucionalismo:
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son/#comments.
9. ANEXOS
“Año del Bicentenario, de la consolidación de nuestra Independencia, y
de la conmemoración de las heroicas batallas de Junín y Ayacucho”