El Enfoque Médico en la Comprensión de la Sordedad
La comprensión del fenómeno de la sordera ha estado marcada por una división
entre el paradigma médico y el socio-antropológico. Mientras que el enfoque
socio-antropológico busca comprender a las personas sordas como parte de una
minoría cultural con su propia identidad y lengua, el enfoque médico considera la
sordera como una condición que requiere intervención y tratamiento para mejorar
la calidad de vida de las personas afectadas. La posición que se adoptó es desde
el enfoque médico, pues es considerada como una herramienta esencial para
garantizar el desarrollo integral de los niños sordos, apoyándose en los avances
tecnológicos y terapéuticos que permiten la rehabilitación auditiva y lingüística.
Desde la perspectiva médica, la sordera se entiende como una discapacidad
auditiva que afecta la capacidad de una persona para percibir sonidos, lo que
limita su acceso al lenguaje hablado y puede comprometer su desarrollo cognitivo
y social. En este sentido, el objetivo principal del paradigma médico es restaurar la
audición y minimizar los efectos negativos asociados a la pérdida auditiva. La
sordedad es vista como una anomalía del sistema auditivo, que, aunque no afecta
directamente otras áreas del cuerpo, requiere tratamiento y rehabilitación para
permitir una vida plena.
El enfoque médico se centra en la detección temprana de la pérdida auditiva, la
intervención mediante el uso de audífonos, implantes cocleares, y el desarrollo de
habilidades auditivas y verbales a través de la terapia auditivo-verbal. Este tipo de
intervención temprana es clave para prevenir retrasos en el desarrollo del
lenguaje, que pueden tener repercusiones a largo plazo en la educación y el
desarrollo social del niño sordo.
Una de las mayores contribuciones del enfoque médico a la comunidad sorda es
el implante coclear, un dispositivo que permite a las personas con pérdida auditiva
profunda recibir estímulos sonoros y desarrollar el lenguaje oral. Este dispositivo
ha demostrado ser una solución eficaz para mejorar la calidad de vida de los niños
sordos, ya que les permite acceder a la comunicación verbal, integrarse en
entornos educativos y participar de manera activa en la sociedad, que opera
principalmente a través de la lengua oral.
Uno de los debates más importantes en torno al tratamiento de la sordera es la
tensión entre la educación auditivo-verbal y el uso de la lengua de señas. Desde la
perspectiva médica, se ha sostenido que la lengua de señas debe considerarse
como una segunda opción, para aquellos casos en los que la rehabilitación
auditiva no ha sido efectiva.
Un enfoque basado principalmente en el lenguaje oral favorece la inclusión social
y el acceso a mejores oportunidades educativas y laborales. Aunque la lengua de
señas puede ser un recurso útil, la capacidad de comunicarse de manera fluida en
la lengua oral es esencial para que los niños sordos puedan interactuar en un
mundo predominantemente oyente.
El diagnóstico temprano es fundamental ya que esto permite iniciar el proceso de
intervención y rehabilitación lo antes posible, para asegurar que el niño sordo
pueda desarrollar sus capacidades lingüísticas de manera adecuada, Este aspecto
es tan importante que, así como el enfoque médico el socio-antropológico
coinciden en que los primeros años son críticos para el desarrollo del lenguaje.
Desde el modelo médico, se insiste en la importancia de que los niños sordos
desarrollen habilidades en el lenguaje oral lo antes posible, ya que el retraso en el
desarrollo del habla puede tener efectos negativos en su desempeño académico y
en su capacidad para resolver problemas y desarrollar el pensamiento crítico. La
terapia auditivo verbal, en combinación con el uso de dispositivos como los
implantes cocleares, ha demostrado ser altamente eficaz para mejorar estas
capacidades, además las evidencias históricamente, por si solas argumentan que
es el método indicado para abordar la sordedad.
A pesar de las críticas hacia el enfoque médico, este no debe verse como una
perspectiva que niega la cultura o identidad sorda, sino como una forma de
mejorar la calidad de vida de las personas sordas a través de la tecnología y la
rehabilitación. Aunque es importante respetar las particularidades de la comunidad
sorda, no se puede subestimar el valor de la intervención médica en la creación de
oportunidades de integración social y profesional para los individuos sordos.
La ciencia médica ha logrado avances significativos en la atención a personas con
sordedad, y estos avances pueden convivir con un enfoque cultural y
antropológico que respete los derechos y las identidades de las personas sordas.
En lugar de generar una división, el objetivo debe ser ofrecer elecciones
informadas a las familias y garantizar que los sordos tengan acceso a todas las
opciones, ya sea en la rehabilitación auditiva o en el desarrollo de una identidad
cultural sorda.
En conclusión, modelo médico ofrece soluciones concretas para tratar la
sordedad, centrándose en la rehabilitación y el desarrollo del lenguaje oral para
garantizar la inclusión social de los sordos. Aunque existe un debate sobre las
ventajas del enfoque socio-antropológico y la lengua de señas, el enfoque médico
ha demostrado que, con la intervención temprana, los avances tecnológicos y el
apoyo terapéutico adecuado, las personas sordas pueden superar las barreras
impuestas por la pérdida auditiva y disfrutar de una vida plena, integrada y con
acceso a las mismas oportunidades que sus pares oyentes.