1. DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA, 1923 – 1930.
El 13 de septiembre de 1923 el golpe de estado de Primo de Rivera, Capitán General de
Cataluña, daba comienzo a una dictadura que duraría hasta 1930.
El golpe de 1923 tiene lugar en plena crisis del sistema de la Restauración, caracterizada por el
fortalecimiento de la oposición republicana, nacionalista y obrerista, las divisiones internas de
los partidos del turno, el debilitamiento del caciquismo, la conflictividad social creciente
(provocada por la crisis de 1917, los efectos de la I Guerra Mundial, La Canadiense, el
pistolerismo agravado por Ley de Fugas). Como causas coyunturales o inmediatas debemos
subrayar el problema de Marruecos, sobre todo el desastre de Annual y el expediente Picasso.
Hubo varias intentonas fracasadas que precedieron al golpe de Estado de septiembre que
finalmente sería encabezado por Primo de Rivera, admirador del Duce que gozaba de gran
popularidad por su dureza frente al anarquismo y participación en las guerras de Cuba,
Filipinas y Marruecos. El golpe contó con la complicidad del propio monarca (Alfonso XIII) y
gran parte de la opinión pública, y destacó la escasa o nula oposición al mismo, protagonizada
únicamente por los anarquistas y algunos intelectuales.
El nuevo régimen se presentó al país en un manifiesto regeneracionista. Tras el golpe se
declaraba el estado de guerra, el poder se transfería a los militares, y comenzaba el Directorio
Militar (1923-35).
En esta primera fase destacan las siguientes medidas: censura de prensa, la suspensión
constitucional, imposición de autoridades militares y de Juntas municipales, la aprobación del
Estatuto Municipal y Provincial (1924), la liquidación de organizaciones políticas y sindicales y
la disolución de las cámaras legislativas.
La dictadura creó la Unión Patriótica, partido único y gubernamental sin ideología precisa,
cuyos afiliados eran principalmente católicos, funcionarios y caciques rurales.
Sin duda, de esta dictadura destacó el uso utilitario que se hizo de ella. Durante esta primera
fase centró sus esfuerzos en el orden público y Marruecos.
Para lograr el orden público se usó la represión, sobre todo hacia el movimiento libertario,
puesto que en estos años destacó la colaboración de la dictadura con la UGT y el PSOE.
Además, se retomó el Somatén y lo extendió a todo el país. (cuerpo armado de voluntarios).
En relación con la cuestión marroquí, la posición de Primo evolucionó del abandono al
intervencionismo. La situación alarmante en Marruecos desembocó en una acción militar
coordinada con Francia, el desembarco de Alhucemas (septiembre, 1925), que sería el gran
triunfo de la dictadura y pondría fin al problema marroquí.
En diciembre de 1925 comenzaba el Directorio Civil (1925-30), en el que se buscó la
institucionalización de la dictadura. En 1927 se reúne una Asamblea Consultiva formada por
400 miembros. Era un órgano corporativo y autoritario que fracasó en su intento de establecer
una nueva constitución.
En materia económica la dictadura se enmarca en los felices años 20, la autarquía impulsada
por el nacionalismo e intervencionismo fue la tendencia dominante. Es decir, se favorecía el
proteccionismo.
Destacó la construcción de obras públicas, la creación de Confederaciones Hidráulicas, la
creación del Consejo de Economía Nacional y del monopolio en sectores estratégicos
(Telefónica, CAMPSA) y la reforma impositiva de Calvo Sotelo, que fue paralizada por los
conservadores. A corto plazo los efectos fueron positivos, pero terminaría primando el déficit y
desequilibrio, pues la deuda sería el motor de la expansión económica. En 1929 la crisis
económica se hacía presente.
En materia social se impulsó una política paternalista e intervencionista. El sistema corporativo
daba lugar a la formación de comités paritarios (misma representación patronos y obreros)
para regular las condiciones de trabajo y reducir la conflictividad social.
Se crearía también el Consejo Nacional del Trabajo, Comercio e Industria y el Instituto de
Reformas Sociales, que promovía una legislación social para crear escuelas sociales, viviendas
populares, protección del emigrante... Se creó también el Tesoro del Emigrante y la Dirección
General de Emigración, además de aprobar subsidios para familias numerosas y seguros de
maternidad y el nacimiento del Código del Trabajo.
El inmovilismo y el fracaso de la política regeneracionista ampliaron la oposición durante los
últimos años. Esta se manifestó en: los partidos del turno; las Fuerzas Armadas, a causa de los
ascensos y la Sanjuanada; las fuerzas republicanas; la intelectualidad, entre los que destacó
Unamuno y las revueltas de la FUE (Federación Universitaria Española); nacionalistas
catalanes, que evolucionaron de una buena acogida a la oposición; el movimiento obrero: por
una parte el socialismo, que rompía su colaboración, y el anarquismo, mostrando su clara
oposición desde el inicio, que dio lugar al nacimiento de la FAI.
El final de la dictadura tuvo lugar en plena crisis económica tras el crac del 29. Finalmente,
Primo dimitió el 28 de enero de 1930 y se instauraba la dictablanda de Berenguer que buscó
sin éxito el retorno a la etapa anterior. La oposición fortaleció sus alianzas lo que llevó a la
firma del Pacto de San Sebastián, en el que se comprometían a declarar la República y en el
que se constituyó un Comité Revolucionario Nacional (futuro gobierno provisional). En
diciembre tenía lugar una insurrección militar fracasada en Jaca. En febrero Berenguer dimitió
y le sucedió el Almirante Aznar que convocó las elecciones municipales para el 12 de abril,
dando la victoria a las candidaturas republicanas. “El país se había acostado monárquico y se
había levantado republicano”. El 14 de abril 1931 se proclamaba la II República y Alfonso XIII
partía al exilio.
2. LA SEGUNDA REPÚBLICA ESPAÑOLA 1931 – 1936.
La Segunda República (abril, 1931 - julio, 1936) supuso un intento por democratizar el país;
potenció la intervención de las masas y puso en marcha reformas para dar respuesta a
problemas heredados. Además, se enmarcaba en un contexto internacional poco favorable,
caracterizado por la depresión económica causada por el crac del 29, el auge de los
totalitarismos...
Tras la victoria de las candidaturas republicano-socialistas en las elecciones municipales del 12
de abril 1931 se proclamaba la II República Española (14 abril) y Alfonso XIII partía al exilio.
Entre abril y junio de 1931 el poder recayó en un gobierno provisional, nacido del Comité
Revolucionario Nacional del Pacto de San Sebastián, presidido por Niceto Alcalá Zamora y
formado por políticos e intelectuales de variada procedencia política: antiguos monárquicos
como Maura, republicanos como Lerroux y Azaña, socialistas como Indalecio Prieto o Largo
Caballero.... En su primera reunión se aprobó una amnistía general y el estatuto jurídico por el
que se iban a regir.
Tuvo que hacer frente a una intensa conflictividad social y a la problemática religiosa
(oposición jerarquía eclesiástica, anticlericalismo, quema de conventos).
Proclamó diversos decretos en materia de trabajo de campo, educativa (no obligatoriedad de
la religión, el enfrentamiento al problema del analfabetismo), militar (cierre Academia Militar
Zaragoza) y territorial (futura autonomía Cataluña).
En junio unas elecciones generales a Cortes Constituyentes daban la victoria a la coalición
republicano-socialista.
En diciembre de 1931 se aprobaba una nueva Constitución, que definía España como una
República de trabajadores de todas las clases. Establecía la soberanía popular; amplios
derechos y libertades (expresión, asociación, reunión, voto femenino; dando lugar al sufragio
universal); un Estado integral, no federal, compatible con la autonomía de regiones; una
República laica (la separación Iglesia-Estado materializada en el divorcio, y la prohibición de
enseñanza religiosa supuso la oposición de la derecha y de la jerarquía de la Iglesia.
Durante el Bienio Reformista (1931-33), en el que se declaraba presidente de la República a
Alcalá Zamora, y se sucedieron dos gobiernos de Azaña, se impulsaron medidas, algunas ya
avanzadas por el gobierno provisional, en materia educativa (nuevas escuelas, incremento
número maestros), laboral (seguros sociales, rebaja de la jornada), militar (retiro voluntario,
supresión de las capitanías y de Academia General Militar), y religiosa (divorcio, matrimonio
civil).
No obstante, destacaron el Estatuto de Autonomía de Cataluña y la Ley de Bases de la Reforma
Agraria (pero el presupuesto fue insuficiente y su ejecución lenta, la cual provocó una
decepción generalizada entre el campesinado en un contexto de paro creciente), aprobadas el
mismo día tras el fracasado levantamiento de Sanjurjo (agosto 1932).
En un contexto de gran conflictividad política y social, Azaña se vio obligado a dimitir y se
convocaron elecciones para el 19 de noviembre 1933 que daban la victoria a la CEDA. Sin
embargo, el presidente de la República, Alcalá Zamora, mandó formar gobierno al partido
radical de Lerroux al considerar la CEDA un riesgo.
Comenzaba así el Bienio Conservador (1933-36) que se centraba en la revisión constitucional,
la paralización de las reformas del bienio anterior y la amnistía para los sublevados de 1932.
La incorporación de varios ministros de la CEDA al gobierno (que daban lugar al periodo
radical-cedista) desembocó en la revolución de octubre de 1934, con los sucesos más graves
en Cataluña y Asturias.
En Cataluña el presidente Lluís Companys proclamó el Estat Catalá. La intervención del ejército
disolvía rápidamente la República catalana. Companys y los miembros de la Generalitat eran
detenidos.
En Asturias el conflicto fue más social y revolucionario. Los obreros trataron de hacerse con el
poder (Unión de Hermanos Proletarios) y crearon los Comités Revolucionarios, haciéndose con
el poder de las cuencas mineras durante dos semanas. La legión, al mando de Franco, fue la
encargada de sofocar la rebelión, y la represión fue atroz. Con varios muertos y heridos y miles
de detenidos.
En un clima de extrema tensión, la corrupción, el escándalo conocido como straperlo,
precipitaría el final del bienio con la dimisión de Lerroux. Las elecciones de febrero de 1936
daban la mayoría a la coalición de izquierdas del Frente Popular.
El gobierno del Frente Popular se vio asfixiado por el movimiento obrero, la extrema derecha
y la degradación del orden público, en un clima de violencia y continuos rumores de golpes de
estado.
El gobierno tomaría medidas como: la amnistía de los presos de 1934, el restablecimiento de la
Generalitat y del estatuto de autonomía de Cataluña, el alejamiento de la Península de los
militares considerados peligrosos para la república, la destitución de Alcalá Zamora (sustituido
por Azaña, Casares Quiroga como nuevo presidente del gobierno), y restableció medidas del
primer bienio.
Por último, haría frente a la intensa problemática social con las huelgas de CNT y UGT y el
fortalecimiento de la Falange. José Calvo Sotelo se convertiría en el líder de la derecha en el
Parlamento, con discursos llamando a la fuerza y al orden. A esto se le suma, el deterioro de la
convivencia social y el aumento de los enfrentamientos callejeros. El 12 de julio fue asesinado
por extremistas de derecha un oficial de la guardia de Asalto, el teniente Castillo. Como
respuesta, fue asesinado José Calvo Sotelo por parte de un grupo de miembros de las fuerzas
de seguridad.
Finalmente, el 17 de julio una guarnición en Melilla se sublevó. Ante el desconcierto general
del gobierno, el día 18 el golpe se extendía a la Península. El 19 Casares Quiroga presentaba su
dimisión. La guerra civil había comenzado.
3. LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA.
La Guerra Civil es uno de los episodios más relevantes de la historia reciente de España. Fue
consecuencia directa del fracaso del golpe militar de julio de 1936. Durante la contienda
España se convirtió en centro de interés mundial, y debemos entenderla como un antecedente
de la II Guerra Mundial.
Entre las causas que originaron la guerra encontramos: el permanente enfrentamiento e
intervencionismo militar, la gran conflictividad social, la escasa modernización, las dificultades
de la República, la crisis económica y social internacional de los años 30 y la oposición de las
ideologías del momento (comunismo y fascismo).
Desde la victoria del Frente Popular se estaba preparando un alzamiento militar. Aunque el
gobierno, consciente de la amenaza, trasladó a algunos mandos militares (Mola a Pamplona,
Franco a Canarias…) los preparativos se mantuvieron. Serían los asesinatos del 12 de julio del
teniente José Castillo y del líder de la extrema derecha Calvo Sotelo quienes precipitasen el
golpe.
La sublevación militar se inició el 17 de julio en Melilla, Ceuta y el protectorado marroquí, y en
los días 18 y 19 la sublevación se extendía a la península. El golpe fue novedoso por la violencia
ejercida, la movilización de la derecha, la resistencia de la izquierda, y por su objetivo final:
aniquilar el sistema.
Resultó determinante la posición tomada por las fuerzas de orden público, que hizo que el
golpe triunfara en algunas zonas o fracasara en otras.
A finales de julio, los rebeldes habían tomado el control de Galicia, gran parte de Aragón,
Castilla y León, Baleares (menos Menorca), Canarias, el Protectorado marroquí, Navarra,
Oviedo, Sevilla, Granada y Córdoba, quedando aislada la franja cantábrica del resto de la
España republicana.
Hubo tres factores que condicionaron el conflicto: las divisiones internas del bando
republicano, la organización y disciplina del bando nacional y la internacionalización de la
guerra. La intervención extranjera, debido a la política de no intervención adoptada por
Francia y UK, causó un desequilibrio en la ayuda recibida de cada bando, inclinando la balanza
hacia el bando sublevado. La España Nacional recibió ayuda de la Alemania nazi, Italia fascista,
Marruecos y Portugal. La República recibió ayuda de Méjico, de la URSS y de las Brigadas
Internacionales.
La guerra se desarrolló en 4 fases:
1) Julio-noviembre,1936: Paso del Estrecho y batalla de Madrid.
Gracias a la ayuda Nazi (puente aéreo) las tropas rebeldes cruzaron el estrecho y se unieron a
las de Andalucía. Se hicieron con el control de Extremadura, Talavera y Toledo, y en octubre
estaban a las puertas de Madrid. La República decretaba la movilización general para defender
la capital, que, bajo el control de la Junta de Defensa al mando del general Miaja, resistía la
ofensiva rebelde (“no pasarán”). Llegaron las primeras Brigadas Internacionales y el gobierno
de Largo Caballero se traslada a Valencia. Mientras, los sublevados se hacían con el control de
Irún y San Sebastián en el norte.
2) Noviembre 1936- Octubre 1937: Dominio nacional del norte.
La capital resistía en las batallas del Jarama y de Guadalajara. Tras la batalla de Brunete la
guerra se trasladó al norte: primero bombardeaban Guernica y después caían Vizcaya,
Santander y Asturias, de forma simultánea a la batalla de Belchite.
3) Diciembre 1937 - Diciembre 1938: La guerra en el Este.
El Ejército Popular (republicano) tomaba Teruel, que poco después sería recuperado por los
rebeldes. El avance del ejército hacia el Mediterráneo, dividía en dos la República, problema
que intentaría ser resuelto por la Batalla del Ebro sin éxito. A la vez, empezaban a retirarse las
Brigadas Internacionales como se había acordado en la Conferencia de Múnich.
4) Diciembre 1938 - Marzo 1939: Final de la guerra.
Tras la caída de Cataluña el gobierno republicano partía al exilio, mientras miles de españoles
huían por los Pirineos. Los nacionales entraban en Madrid. El 1 de abril Franco firmaba el
último parte de guerra “En día de hoy, cautivo y desarmado el ejército rojo, han alcanzado las
tropas nacionales su último objetivo. La guerra ha terminado”
A lo largo del conflicto se dibujaron dos retaguardias con principios y evolución antagónica.
En la España Republicana en los primeros meses se sucedieron varios gobiernos, aunque el
poder recayó en comités y milicias obreras, que impulsaron la revolución social
(colectivizaciones). El caos inicial sería reconducido por el gobierno de Largo Caballero, que
caía tras los sucesos de mayo de 1937 (disyuntiva guerra o revolución). El final de la guerra se
desarrolló bajo el gobierno de Negrín, partidario de la “resistencia a ultranza”, que acabaría
publicando los “Trece puntos”, y finalmente caería tras el golpe del coronel Casado, partidario
de la negociación del final de la guerra.
En la España Nacional en los primeros meses el poder recayó en la Junta de Defensa Nacional,
presidida por Cabanellas, hasta que Franco era nombrado Generalísimo y Jefe de un nuevo
Estado, definido como “Movimiento Nacional”, y se creaba la Junta Técnica de Estado.
Comenzaba la concentración del poder político y militar con el decreto de Unificación de la
Falange Española Tradicionalista y de las JONS, creando un único partido. El primer gobierno
franquista promulgaba las primeras leyes de la dictadura: Fuero del trabajo, pena de muerte,
Ley de responsabilidades políticas, mediante la cual se declaró rebeldes a aquellos opuestos al
Movimiento Nacional. Esta ley supone la base jurídica y legal para uno de los aspectos más
execrables del fascismo, la represión sistemática.
Para concluir, debemos señalar las consecuencias de la guerra: medio millón de muertos
(además de encarcelados y refugiados); la feroz represión, al principio por ambos bandos, pero
más tarde solo por parte del bando nacional; el éxodo masivo; el retorno a una economía
agraria (país quedó arruinado); los daños morales y el establecimiento de una dictadura militar
que duraría 40 años.
Tras la guerra, España quedaba condenada a la represión. El final no traía la paz, sino la victoria
de los sublevados.
4. LA DICTADURA FRANQUISTA (1939 – 1975)
La victoria sobre la II República tras la Guerra Civil dio paso a la implantación de una dictadura
militar bajo la figura del general Francisco Franco y su liderazgo absoluto. Esta dictadura
franquista fue evolucionando social y económicamente. La total subordinación se garantizó
con una coalición de fuerzas reaccionarias y derechistas y la eliminación de toda oposición,
solo en posguerra 50 000 ejecutados.
Los pilares de la dictadura fueron:
- El partido único o FET JONS (burocracia estatal). Nacía a partir del Decreto de Unificación de
abril de 1937. Denominada Movimiento Nacional, posibilitó la movilización y encuadramiento
de la sociedad (Sección femenina, Frente de Juventudes, Sindicato Vertical…)
- La iglesia católica (legitimación). La jerarquía eclesiástica prestó sus servicios ideológicos y
propagandísticos al bando nacional, a cambio obtuvo financiación estatal, control del sistema
educativo y materialización de sus valores morales. La unión Iglesia - Estado desembocó en el
Nacionalcatolicismo.
- El ejército (represión). Franco creó un ejército domesticado y leal cuya actividad incluía
jurisdicción sobre delitos políticos ejercida mediante Consejos de guerra.
- Las élites económicas (terratenientes, oligarcas, burguesía industrial y financiera,
meritocracia administrativa) encontrarían en el mercado negro el lugar ideal para incrementar
sus beneficios.
Políticamente la dictadura se caracterizó por el poder absoluto de Franco (Caudillo,
Generalísimo), la falta de libertades y derechos, un Estado unitario y centralizado, la censura,
el control de los medios de comunicación y las relaciones laborales, y la represión contra toda
oposición (exilio, clandestinidad, etc.).
Sus fundamentos ideológicos fueron la adhesión inquebrantable a Franco, el tradicionalismo y
conservadurismo, el nacional-patriotismo, el nacional-sindicalismo, el nacionalcatolicismo, el
antiparlamentarismo y antiliberalismo y el anticomunismo (conspiración judeo-masónica-
comunista).
El régimen se definió como una democracia orgánica, representación de la sociedad a partir de
las unidades orgánicas: familia, municipio y sindicato. A pesar de su ideología monolítica, la
dictadura se apoyó en diferentes sectores sociales (familias del régimen): monárquicos,
tecnócratas y puros o ultras.
A lo largo de la dictadura podemos señalar las siguientes etapas:
1. Los años 40. La autarquía (1939-50).
Durante la etapa azul (1939-45) la dictadura mostró su inclinación hacia las potencias del Eje y
los falangistas ocuparon los principales cargos(nacionalsindicalismo). Se aprobó el Fuero del
Trabajo (1938) y la Ley Constitutiva de las Cortes (1942).
Tras la derrota de los fascismos, España quedó aislada internacionalmente. Se impulsó una
“operación maquillaje” (ministro Martín Artajo) para dar apariencia de legalidad a la dictadura
a través del Fuero de los Españoles (1945), la Ley de Referéndum Nacional (1945) o la Ley de
Sucesión a la Jefatura del Estado (1947). Los falangistas cedían ante los sectores católicos
(nacionalcatolicismo), pero el régimen mantuvo su incapacidad de democratización.
Esta etapa estuvo presidida por la autarquía y el estancamiento económico. El hambre y la
escasez dieron lugar a las cartillas de racionamiento y el mercado negro (estraperlo). No
obstante, el intervencionismo fracasó.
2. Los años 50. El final del aislamiento (1951-1959).
En esta etapa finalizaba el aislamiento: la ONU levantaba su condena (1950), ingreso en la FAO
y la OMS (1951), y en la UNESCO (1952), firma del Concordato con la Santa Sede y los Pactos
de Madrid con EEUU (1953), ingreso en la ONU (1955).
España quedó integrada en el bloque occidental de la guerra fría (al margen de la OTAN,
cesiones de territorio bases militares…) y a partir de 1956 comenzaba la descolonización de
Marruecos.
El peso de los sectores falangistas continuó disminuyendo en beneficio de los católicos. En
1957 se formaba un gobierno de tecnócratas y en 1958 se aprueba la Ley de Principios
Fundamentales del Movimiento. Los años 50 iniciaban la liberalización económica. Se superan
el racionamiento y el mercado negro. La apertura capitalista reducía la intervención estatal y el
proteccionismo. El gobierno impulsaba el Plan de Estabilización Económica (1959), punto de
partida para la transformación económica de la década siguiente.
3. Los años 60. Tecnocracia y desarrollismo (1959-1969).
Los gobiernos formados por tecnócratas y personas cercanas al Opus Dei impulsan profundas
transformaciones económicas y sociales. Se aprobó la Ley Orgánica del Estado (1967), pero
políticamente nada cambió (inmovilismo).
En 1969 Franco designa a Don Juan Carlos su sucesor. Guinea e Ifni se independizaban de
forma paralela al fortalecimiento de Carrero Blanco (presidente hasta 1973). El crecimiento
económico fue favorecido por Planes de Desarrollo, y fueron fundamentales la emigración y el
turismo. El desarrollismo se interrumpió con la crisis del petróleo en 1973.
A pesar de la represión y el terror impuesto tras la guerra civil (campos de concentración,
ejecuciones…), siempre existió oposición a la dictadura.
En los años 40 además del gobierno republicano en el exilio destacaron tres frentes en la lucha
antifranquista: movimiento obrero, monárquicos y el maquis.
En los años 50 la oposición experimentó tres cambios: la renuncia a la violencia, la
transformación social y generacional y su impulso en universidades y sindicatos franquistas.
Las acciones más frecuentes fueron las huelgas. La respuesta del régimen fue mayor represión
(Ley contra el Bandidaje y el Terrorismo, Ley de Orden público) y aceptó alguna demanda
salarial (Ley de Convenios Colectivos).
En los años 60 y 70 destacó la gran conflictividad protagonizada por la protesta obrera,
estudiantil y vecinal, el alejamiento de la Iglesia y la oposición de algunos sectores católicos, la
oposición militar y política, y el surgimiento de grupos armados como el FRAP y ETA.
Por su parte la dictadura recurría con frecuencia a los estados de excepción e incrementó la
represión hacia la oposición.
En un clima de crisis general (divisiones internas entre aperturistas e inmovilistas, incremento
y fortalecimiento de la oposición, tensiones nacionalistas, distanciamiento de la Iglesia,
escalada terrorista, impacto de la Revolución de los Claveles, crisis económica, Marcha Verde y
rechazo internacional ante los últimos fusilamientos) Franco moría el 20 de noviembre de
1975.
5. LA TRANSICIÓN A LA DEMOCRACIA Y LA CONSOLIDACIÓN DEMOCRÁTICA (1975 – 1996).
La Transición a la democracia supone el retorno del sistema democrático interrumpido tras la
guerra civil. Ante la muerte de Franco (20-11-75), y una vez que las Cortes franquistas
proclamaban rey a Juan Carlos I (22-11-75), tres eran las posibles salidas políticas: continuista
o “Monarquía del 18 de julio” (búnker); ruptura democrática (Junta Democrática) o ruptura
pactada o reforma (Plataforma de Convergencia Democrática y sectores aperturistas). Esta
última sería la que se impusiese: desde dentro, partiendo de la legalidad franquista se acabaría
desmantelando la dictadura.
El primer gobierno de la monarquía mantuvo en la presidencia a Arias Navarro, que tuvo que
hacer frente a grandes movilizaciones que reclamaban reformas democráticas. Finalmente, el
distanciamiento con la Corona lo empujó a la dimisión.
En ese momento se forma el primer gobierno de Suárez (julio 76- junio 77), iniciado en un
contexto de gran conflictividad y en plena escalada terrorista (ETA, GRAPO, Triple A…).
Emprendió el desmantelamiento de la dictadura: amnistía parcial, contactos secretos con la
oposición, y aprobación por las Cortes franquistas de la Ley para la Reforma Política. Una serie
de decretos-ley agilizaban la reforma: legalización de los partidos políticos y sindicatos,
reconocimiento del derecho de huelga, regulación de las normas electorales, libertad de
expresión, ampliación de la ley de amnistía, y legalización de símbolos nacionalistas… En mayo
Don Juan cedía a su hijo los derechos sobre el trono español.
No obstante, las resistencias al cambio fueron dramáticas por la radicalización de la extrema
derecha (Matanza de Atocha, enero 1977).
Tras cuarenta años de dictadura, el 15 de junio de 1977 se celebraban las primeras elecciones
democráticas. Estas dieron comienzo al segundo gobierno de Suárez (junio 77-marzo 79),
primer gobierno democrático, que tuvo que recurrir a una política de pactos al no contar con
mayoría absoluta.
Ante el amplio reclamo se inició un proceso de descentralización: se restableció con carácter
provisional la Generalitat de Cataluña y se creó el Consejo General Vasco. Previamente, se
había aprobado una nueva ley de amnistía.
La legislatura se desarrolló en un contexto de crisis económica y de escalada terrorista (ETA,
GRAPO, extrema derecha...) que amenazó con la involución militar.
Los efectos de la crisis del petróleo de 1973 y la conflictividad derivada de aquella, llevarían a
las principales formaciones políticas, sindicales y a la Patronal a la firma de los Pactos de la
Moncloa.
Una Comisión Constitucional elaboraba el proyecto constitucional que finalmente sería
aprobado en Cortes y posteriormente en referéndum (6-12-78).
Fue un texto de consenso, extenso (amplia declaración de derechos y libertades), rígido ante
una posible reforma y ambiguo en cuestiones como la territorial. Definió a España como un
“Estado social y democrático de derecho” basado en el pluralismo político, organizado como
una monarquía constitucional y con una estructura territorial de carácter autonómico.
El 1 de marzo de 1979 unas nuevas elecciones generales daban mayoría simple a UCD, y se
iniciaba el último gobierno de Suárez (1979-81), segundo gobierno democrático, caracterizado
por la confrontación política, la crisis económica y la escalada terrorista. Durante este se
aprobaron el Estatuto de los Trabajadores, la Ley de Incompatibilidades o el Acuerdo Nacional
de Empleo.
A pesar de las presiones de la extrema derecha se impulsaba el proceso autonómico (estatutos
de autonomía y elecciones autonómicas en 1980 en Cataluña y País Vasco).
En abril de 1979 los primeros comicios municipales posibilitaron a la coalición PSOE - PCE
hacerse con el control de los principales ayuntamientos del país.
La paralización gubernamental, la división interna de UCD y la moción de censura liderada por
el PSOE llevaban a la dimisión de Suárez (enero, 1981).
En la sesión de investidura de Calvo Sotelo tenía lugar el golpe fallido del 23-F, encabezado por
el Teniente Coronel Antonio Tejero que buscó acabar con el ordenamiento constitucional tras
irrumpir en el Congreso. Contó con la colaboración del general Alfonso Armada y del Capitán
General de Valencia Jaime Milans del Bosch. La negativa del rey Juan Carlos I a secundar a los
golpistas llevaba al fracaso definitivo del golpe.
Dos días después era investido presidente Calvo Sotelo (1981-82). Su breve mandato se
caracterizó por la aprobación de un gran número de estatutos de autonomía, la LOAPA y la ley
de divorcio, el envenenamiento por aceite de colza, el terrorismo de ETA o la entrada de
España en la OTAN. Sin embargo, este gobierno fue una antesala a la victoria del PSOE. La
Transición había finalizado.
Las elecciones de octubre de 1982 daban la mayoría absoluta al PSOE. La etapa socialista bajo
los gobiernos de Felipe González (1982-96) emprendía una importante modernización social y
económica. En los primeros años se tomaron medidas para hacer frente a la crisis y a los
problemas estructurales de la economía, lo que en ocasiones provocó una fuerte conflictividad
social.
Entre 1985-92 España registraba un crecimiento económico sostenible. La transformación y
modernización de España se materializaba en la Ley de Enjuiciamiento Criminal y las reformas
del ejército, administración, Código Civil, sistema educativo, sistema fiscal y nuevos impuestos.
Destacó además el desarrollo autonómico y de infraestructuras, así como las políticas sociales:
asistencia sanitaria, universalización de la educación, pensiones no contributivas, desempleo…
También fueron trascendentales la adhesión a la CEE, el referéndum sobre la permanencia en
la OTAN o la participación en el Tratado de Maastricht.
En 1992 el país se convertía en sede de los JJ. OO (Barcelona) y de la Exposición Universal
(Sevilla).
El desgaste de los últimos años venía unido a los numerosos casos de corrupción y a la guerra
sucia de los GAL. El terrorismo siguió presente durante la legislatura socialista siendo uno de
los principales problemas del país. En marzo de 1996 unas elecciones generales daban la
victoria al Partido Popular de José María Aznar quien se mantuvo en el Ejecutivo hasta 2004.