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Poema 3 Mar Juan Ramón

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Poema 3 Mar Juan Ramón

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POEMA 3: “MAR” DE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

NOTA IMPORTANTE: Recuerda que no se te ofrece la respuesta a la pregunta tipo EVAU, sino un
comentario libre del que puedes obtener la información necesaria para interpretar el poema y, a
partir de ahí, resolver ese ejercicio.

MAR

Parece, mar, que luchas


–¡oh desorden sin fin, hierro incesante!–
por encontrarte o porque yo te encuentre.
¡Qué inmenso demostrarte,
en tu desnudez sola 5
–sin compañera... o sin compañero
según te diga el mar o la mar–, creando
el espectáculo completo
de nuestro mundo de hoy!
Estás, como en un parto, 10
dándote a luz –¡con qué fatiga!–
a ti mismo, ¡mar único!, a ti mismo,
a ti sólo y en tu misma
y sola plenitud de plenitudes,
…¡por encontrarte o porque yo te encuentre! 15

Juan Ramón Jiménez, Antología poética, ed. Javier Blasco, Madrid, Cátedra, 1988, p. 258.

1- Identificación del texto, del autor y contextualización.

CONTEXTO CULTURAL

Juan Ramón Jiménez pertenece a un grupo de autores jóvenes que se incorporan al panorama
cultural español de principios de siglo, pero que pertenecen por edad a otra generación: la
Generación del 14 o Novecentista. Las preocupaciones anteriores del Regeneracionismo y de la
Generación del 98 se transforman en la aparición de esa nueva intelectualidad, propiciada en
Europa por el comienzo de la I Guerra Mundial, en la que España se mantuvo neutral. En
España, destacan los siguientes hechos para marcar el inicio de esta época: Vieja y nueva
política (1914), conferencia de Ortega y Gasset; la fundación de la tertulia del café Pombo, por
Ramón Gómez de la Serna; la fundación de la revista España; o la inauguración de la
Residencia de Estudiantes (1911).

Con respecto al 98, significa un cambio de mentalidad: mentalidad liberal, defensores de los
ideales republicanos, apoyan la europeización, el cosmopolitismo y la formación intelectual
para la transformación de España. Rechazan el subjetivismo anterior (del 98 y del
Modernismo). El intelectualismo domina las creaciones novecentistas, que apoyan la
deshumanización, definida por Ortega, como signo de nuevos tiempos artísticos, y
caracterizada por la ausencia de pasión y sentimentalismo en el arte.
La realidad artística se transforma en un fin en sí misma. La metáfora se convierte de nuevo en
elemento esencial de la literatura, pero esta vez sometida a un proceso de depuración formal.

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

Vida. Nació en Moguer (Huelva) en 1881. Estudió en los jesuitas en Puerto de Santa María. Su
entrega a la poesía es temprana y total. Renuncia a seguir sus estudios universitarios (había
empezado Derecho) y, en 1900, marcha a Madrid, adonde lo llaman Villaespesa y Rubén Darío
para luchar «por el Modernismo». La muerte de su padre le produjo una intensa crisis y hubo
de ser internado en un sanatorio mental en Francia (1901) y después convaleció en otro de
Madrid, donde frecuentó luego la Institución Libre de Enseñanza. Su depresión no cesa y en
1905 se traslada a Moguer. Allí permanece retirado durante seis años y escribe Platero y yo.
Instado por numerosos amigos, vuelve a Madrid en 1911 y se hospeda en la Residencia de
Estudiantes.

En 1916 se casa en Nueva York con Zenobia Camprubí Aymar, a quien había conocido cuatro
años antes en Madrid. Viven en Madrid hasta que, al comenzar la guerra, se marchan de
España y residen en varios países americanos. En 1951 se instalan definitivamente en Puerto
Rico. El 25 de octubre de 1956 se le concede el Premio Nobel, pero tres días después muere su
esposa. Desolado y abatido, sufre nuevas crisis hasta que muere en 1958.

Poética. Juan Ramón Jiménez reflexionó y escribió mucho acerca de la poesía: «mi vida es todo
poesía» nos dejó dicho. En la Poética que redactó para la Antología de Poesía española
contemporánea de Gerardo Diego, manifestó su deseo de buscar en su obra la síntesis ideal de
lo mejor de diferentes tipos de poesía (la mejor poesía eterna española del Romancero, de
Góngora y Bécquer; la poesía modernista, en especial la de Rubén Darío; la poesía moderna),
sin olvidar «la personalidad íntima fuera de escuelas y tendencias».

Para Juan Ramón la poesía debe expresar lo inefable, lo desconocido. La poesía le viene como
«ritmo interior» antes que como idea conceptual, es necesariamente intuitiva y elemental, se
produce en un estado de clarividencia. Estas reflexiones le acercan al irracionalismo que hará
que su poesía acoja varios recursos de tipo visionario (imágenes, sinestesias,…).

Su concepción de la poesía está presidida por una triple sed: sed de belleza, sed de
conocimiento y sed de eternidad. Ante todo para Juan Ramón la poesía es expresión de
belleza, donde quiera que se encuentre esta. Pero la poesía es también un modo de
conocimiento, de penetración en la esencia de las cosas. Para él la poesía es siempre instinto
interpretado por la inteligencia. El instinto no llegará por sí solo a plasmarse en poesía. La
inteligencia (parte de la conciencia), que debe comprender al instinto (que tiene base en la
inconsciencia), es imprescindible para que la poesía llegue a serlo.

Trayectoria poética. Juan Ramón fue un autor entregado a su Obra (la llamaba así, con
mayúscula), un trabajador incansable de su obra. Concibió toda su creación poética como
parte de un único libro. Vio su obra como una «obra en marcha» por lo que sus poesías fueron
revisadas y corregidas continuamente, pues perseguía la perfección absoluta.
Esta concepción de la obra poética de Juan Ramón hace que toda su producción sea entendida
como unitaria, pues está presidida por ese sentido de búsqueda de la «obra bien hecha», de la
perfección estética. Si bien él mismo (en muchas ocasiones) y la crítica literaria suelen dividir
su amplia obra en tres etapas:

- Primera época o sensitiva: hasta 1915.


- Segunda época o intelectual: desde 1916 hasta 1936.
- Tercera época o suficiente o verdadera: desde 1937 a 1958.

En toda su obra se aprecia una evolución estética que se define por la tendencia a la
interiorización y por la búsqueda de una expresión cada vez más desnuda, una poesía pura que
dé forma a sus inquietudes y experiencias íntimas. Sus primeras obras pertenecen al impulso
modernista, pero en su madurez literaria representan un nuevo talante ante la literatura, el
arte y la realidad española. Son intelectuales con gran formación académica y universitaria.
Tienen una actitud europeísta en conexión con las corrientes más importantes del
pensamiento europeo. Surge con ellos un tipo de literatura en la que lo intelectual y lo
conceptual prevalece sobre lo emotivo o sentimental. Se defiende el Arte puro y cuidado por
los aspectos formales al considerar que el objetivo es producir placer estético.

--La primera etapa o época sensitiva llega hasta 1915. Rimas (1902), además de la huella
becqueriana presente ya en el título, deja traslucir la influencia de los simbolistas franceses.
Arias tristes (1903) y Jardines lejanos (1904) sitúan la poesía del autor en la órbita del
Modernismo intimista y simbolista: atmósfera quejumbrosa y doliente, sentimientos de
soledad y melancolía, inevitabilidad del paso del tiempo, presencia de la muerte, recuerdos,
jardines y flores, paisajes otoñales, léxico decadente, adjetivación matizada, abundancia de
sinestesias, etc.

Durante su estancia en Moguer (Huelva), entre 1905 y 1911, compone numerosos libros:
Elejías, Pastorales, La soledad sonora, Poemas májicos y dolientes…En ellos reitera los motivos
y al ornamentación modernista. Pero otros elementos preludian una poesía más personal:
búsqueda de lo cotidiano y de la vida sencilla, descubrimiento del paisaje e identificación con
la Naturaleza, delicada ironía. Hay en buena parte de ellos, un intento de superación del
Modernismo. Melancolía (1912), Laberinto (1913) y Estío (1915) son sus siguientes obras y
anuncian ya un tipo de poesía distinta, con temática metafísica y expresión más sencilla
(poemas breves, desnudez estilística que busca la palabra precisa, vuelta al octosílabo, a la
asonancia, supresión de lo ornamental). Estío es ya claro exponente del cambio: estamos ante
una poesía a la vez conceptual y formalmente sencilla, rasgos básicos de la segunda etapa.

En su prosa lírica: Platero y yo (1914), escrito durante su estancia en Moguer (1905-11),


muestra su anhelo de gozosa armonía con la Naturaleza. Hay delicada ironía, sentimiento
cordial, ansia de belleza, presencia del medio rural. A veces, la armonía y el orden cósmico se
ven amenazados por la violencia, el odio, la injusticia, el dolor y la muerte.

--Segunda época o intelectual. Comienza a partir de Diario de un poeta recién casado (1917):
«mi libro mejor» según el propio autor y obra fundamental, puesto que abre el camino a una
nueva forma de hacer poesía. El libro rompe radicalmente con el Modernismo y abre la poesía
a las innovaciones vanguardistas:
- Empleo del verso libre y del poema en prosa.
- Uso de un lenguaje casi irracional, con enumeraciones caóticas que resultan un
alucinante torbellino de palabras y con rupturas inesperadas de las frases («las seis del
agua»).
- Empleo de palabras en inglés, pues conoce las cosas al nombrarlas.
- Empleo de préstamos literarios de otros autores que sienten lo mismo que él.
- Uso del collage al reproducir en el poema un letrero, una noticia o un anuncio.

Además de estas innovaciones estilísticas, Diario… representa una nueva forma de entender la
poesía: la paulatina desaparición de la anécdota conduce a una poesía esencial, poesía pura o
desnuda, sin adornos innecesarios, que busca la expresión de lo inefable como los antiguos
místicos. El cielo y el mar representan la Naturaleza concebida en forma panteísta.

En sus siguientes libros (Eternidades, 1918; Piedra y cielo, 1919; Poesía, 1923; Belleza, 1923)
continúa el proceso de intelectualización y abstracción. No se detiene ya en la apariencia de las
cosas (colores, olores, sonidos,…) sino que busca la esencia de las cosas, la «cosa misma» y no
su reflejo. La poesía se convierte en un medio para acceder al conocimiento de las cosas y de
su propio mundo interior y para lograr la eternidad. Los poemas se hacen más breves y de
mayor densidad conceptual lo que hace que su poesía se haga más hermética y por tanto
dirigida solo «a la minoría siempre».

En La estación total recoge los poemas compuestos entre 1923 y 1936. Profundiza en lo
metafísico y en la expresión desnuda. Es muy patente su deseo obsesivo de «totalidad», de
crear una «poesía total», síntesis de lo irracional y lo racional, de la inconsciencia y la
conciencia. Para Juan Ramón «poeta total es aquel que logra la comunión con el universo,
conservando su voz personal».

--La última etapa de Juan Ramón –época suficiente o verdadera- comprende toda su
producción de los años del exilio. En el otro costado (1936-42) contiene el poema “Espacio”, su
obra cumbre, «uno de los monumentos de la conciencia poética moderna», en palabras de
Octavio Paz. Es un extenso poema en prosa en el que el autor sintetiza todos sus temas
obsesivos: el poeta como dios que da sentido al mundo, la aspiración de totalidad, el llegar a la
esencia de las cosas,…. Todo el poema se presenta como una acumulación caótica de
recuerdos y evocaciones de su vida y de su obra. Así lo había buscado el autor: «Toda mi vida
he acariciado la idea de un poema seguido sin asunto concreto, sostenido solo por la sorpresa,
el ritmo, el hallazgo, la luz, la ilusión sucesivas, es decir, por sus elementos intrínsecos, por su
esencia.»

En Dios deseado y deseante (1948-49) se llega a la posesión de esa conciencia que se identifica
con Dios, un dios que nada tiene que ver con el cristiano. Es un dios creado por el poeta, fruto
de su esfuerzo casi místico de depuración y perfección.

DIARIO DE UN POETA RECIÉN CASADO (1917)


En 1916, Juan Ramón Jiménez viaja a Estados Unidos para casarse con Zenobia Camprubí. La
doble experiencia de cruzar el Atlántico y la boda serán fundamentales en su vida y obra. Fruto
de ellas es este libro, que Juan Ramón llegó a titular Diario de un poeta y mar, para resaltar las
extrañas impresiones que le produjo la travesía. El autor afirma sobre esta obra:

El libro está suscitado por el mar y nació con el movimiento del barco que me
traía a América. En él usé por vez primera el verso libre; éste vino con el oleaje,
con el no sentirme firme, bien asentado.

El Diario de Juan Ramón Jiménez da entrada a toda una nueva época de su poesía y de la
poesía española del siglo XX. Según el propio autor afirmaba (en 1943), su “verso desnudo”
tuvo “una influencia inmediata en la joven poesía española (Salinas) e hispanoamericana
(Neruda) de entonces”. Al aludir al Diario, se suele hablar de la poesía “desnuda”, un
calificativo procedente del propio Juan Ramón, que resulta bastante adecuado. Pero, ¿qué es
esa desnudez?

En primer lugar, es una desnudez muy relativa. Incluso cuando más se acerca Juan Ramón a su
ideal de nombrar sencillamente lo esencial, la cuestión no es tan sencilla como parece. La
palabra ordinaria, por sí misma, no puede tocar esencia poética alguna: es indispensable una
previa transformación de la palabra ordinaria en palabra poética. Y esta transformación se da
también en la poesía desnuda, aunque se trate de un cambio sutil, casi invisible. Para hacer
dúctil el verso y poder expresar lo que quiere, usa otros medios que no quitan al poema su
carácter opaco, su apariencia simple, su tono natural como si fuera hablado, pero que sirven
igualmente para transformar la palabra común en palabra expresiva, rica de contenido,
poética.

Basta a veces juntar a una palabra común otra común también pero ahí imprevista, levemente
chocante; o dar a la vez la descripción de la cosa y la impresión que esta produce; introducir
una contradicción que corresponde a la verdad: o presentar como naturales y evidentes
afirmaciones que no lo son.

Por otra parte, al hablar de desnudez, se piensa en la falta de rima y medida fija en los versos
(por fuera) pero se olvida el dentro, el carácter mismo de lo que el poema expresa: el carácter
de la experiencia que con el poema se quiso reproducir. Esa experiencia o impresión es la que
el poeta quiere reproducir, recrear fielmente en el papel, sin agregar casi nada ni construir
sobre la base de ella. El poeta transcribe; de ahí, el intento de nitidez, de claridad en la forma.
El Diario se convierte así en un verdadero diario, un apuntar lo visto y lo vivido sin quedarse en
la mera superficie. Es un ejercicio de sinceridad, de autenticidad. Este ejercicio se sustentaba
en la idea de que todo lo que él sentía merecía la pena de ser contado. Dado el carácter del
libro, no le faltaron nunca los temas: Ya no necesitaba temas ni inspiración; le bastaba mirar en
torno y mirar luego hacia adentro.

Fijándonos en la estructura de la obra, el Diario contiene seis secciones, todas ellas con prosa y
con verso. Estas partes corresponden a las diversas etapas del viaje de ida y vuelta a Estados
Unidos: Madrid y Andalucía hasta embarcar; el viaje por mar, a la ida; la estancia en Estados
Unidos; el mar de nuevo; el reencuentro con Andalucía, al regreso; y los recuerdos de América
(ya de vuelta en Madrid).
EL POEMA

El poema de verso libre titulado “Mar” fue escrito por el poeta Juan Ramón Jiménez y
pertenece a la segunda parte (“En el mar”) de su poemario Diario de un poeta recién casado,
publicado en 1917 y correspondiente, según la división de su obra realizada por la crítica, a su
segunda etapa (intelectual).

Como ya hemos recogido antes, Juan Ramón tenía el afán de revisar constantemente su obra.
Respecto al actual poema, existe una versión prosificada con el título “Con tu elemento
natural”. Está recogida en los llamados Papeles de Puerto Rico, pasados a máquina por el autor
en torno a 1954.

2. Aspectos temáticos: argumento, temas y estructura.

El mar es uno de los ejes temáticos de la obra y aparece en buena parte de los poemas. De
hecho, los títulos de dos de las seis secciones en los que se divide la obra hacen referencia a
dicha palabra (II, En el mar; y IV, Mar de vuelta). Estos son algunos de los calificativos que usa
para referirse al mar en esta obra: un mar de estrellas, un mar nocturno, anubarrado, un mar
blanco de tiza, un mar que niega con sus olas, un mar llano, un mar rugiente, un mar caído del
cielo, un mar amarilloso, un mar de pintor, un mar que se dilata, un mar pleno, total,
autoinventado, grande, gigante, negro, pensado, digerido, monótono, inadvertido, lejano,
despierto, sólido, concentrado, palpitante…

De entre los símbolos utilizados por Juan Ramón Jiménez, el mar ocupa un lugar especial, pues
este símbolo, lleno de significado metafísico, llevará su poesía a su máxima expresión. La
desazón ante el mar abierto producirá un estado angustioso en la primera parte del Diario,
originado por un sentimiento de insignificancia del hablante ante el cosmos. Buena prueba de
ello es el presente poema: La contemplación del mar se interioriza y despierta analogías y
correspondencias con el estado de ánimo del yo poético. En estos versos el mar se asocia a
tres conceptos diferentes: la lucha, la soledad y el cosmos.

El yo lírico habla con ese mar al que en su trayecto, que presenta en forma de diario, observa
con admiración. Le sorprende su plenitud, su capacidad creadora (vv. 4, 7-8, 14). El mar,
omnipresente en el libro, simboliza la vida, la soledad como forma de conocimiento, el gozo
del poeta, el eterno tiempo presente, un universo que se modifica y permanece a la vez. Nos
habla también de sí mismo, de su obsesión por encontrar el mundo, por recrearlo con el
lenguaje (vv. 3 y 15, con un significativo cambio de entonación en ese último verso que
manifiesta la vitalidad con que abordará su objetivo intelectual y literario).

La poesía se convierte en forma de conocimiento y se identifica con la belleza, con la eternidad


y la idea de absoluto. El mar se observa de forma exaltada (véanse las exclamaciones
retóricas), como forma cambiante que recoge en sí el mundo en toda su amplitud. Como lo
pone en contacto con la belleza y el universo, busca su identificación con él (es la idea repetida
en los versos 3 y 15).

Si en la poesía anterior de Juan Ramón todo lo que cambia suponía para el poeta melancolía,
conciencia dolida de temporalidad, de acabamiento, ahora la mirada es diferente, está llena de
entusiasmo. Se ofrece una visión cósmica (v.8) del hombre y su mundo. La identificación
poeta-paisaje ya no es resultado de la nostalgia o la tristeza modernistas, sino de un proceso
intelectual, de observación y reflexión, que la alejan de representaciones sensoriales y
cromáticas de la naturaleza. Poemas como éste suponen el inicio de la época Intelectual, el
camino hacia la poesía pura, despojada de lo anecdótico y sentimental. El horizonte del poeta
se dilata: hay un descubrimiento de los objetos y los seres que se presentan a sus ojos como si
fuesen nuevos.

Juan Ramón se preguntará en esta etapa por la realidad profunda que hay tras las cosas y, a
través de su “Obra”, como él la llamaba, irá descubriendo la eternidad en todo lo que muda,
con lo que presenta su obra elementos propios del vanguardismo novecentista con el que se le
ha relacionado. Es la palabra la que crea el mundo, de ahí las referencias a la forma de
mencionar el mar (en masculino o en femenino): ...sin compañera o sin compañero / según te
diga el mar o la mar, creando / el espectáculo completo / de nuestro mundo de hoy.

3. Aspectos estilísticos (estilo del autor o época, figuras literarias, métrica, rasgos genéricos)

En cuanto a su estructura externa el poema consta de 15 versos, está escrito en verso libre y
combina versos de entre 7 y 12 sílabas. No hay un esquema de rima definido, sino que solo
algunos versos sueltos riman en asonante entre sí. El esquema métrico quedaría de la
siguiente forma:

Parece, mar, que luchas 7-


–¡oh desorden sin fin, hierro incesante!– 11A
por encontrarte o porque yo te encuentre. 11B
¡Qué inmenso demostrarte, 7a
en tu desnudez sola 7-
–sin compañera... o sin compañero 10C
según te diga el mar o la mar–, creando 12D
el espectáculo completo 9C
de nuestro mundo de hoy! 8-
Estás, como en un parto, 7d
dándote a luz –¡con qué fatiga!– 9E
a ti mismo, ¡mar único!, a ti mismo, 11-
a ti sólo y en tu misma 8e
y sola plenitud de plenitudes, 11-
…¡por encontrarte o porque yo te encuentre! 11B

En cuanto al estilo, Juan Ramón Jiménez abandona las características del Modernismo: ya no
encontramos el léxico brillante, la adjetivación sensorial y los ritmos marcados, que ahora
dejan paso a una expresión más escueta, con mayor concentración conceptual y emotiva.
Conceptos como desnudez, soledad, plenitud, inmensidad y creación son fundamentales en el
texto, y encontramos sustantivos, verbos y algunos adjetivos que a ellos nos remiten.

El epíteto ha dejado de ser un recurso que propicia matices sentimentales y coloristas; ahora
rebasa lo anecdótico y muestra cómo se ha superado la angustia por el paso del tiempo, el
miedo a la muerte y a la desposesión que observábamos en libros anteriores (incesante,
inmenso, completo, único, sola).

Comprobamos que no se trata de un texto retórico, si bien la sencillez formal esconde una
complejidad creciente del contenido. Además de los recursos citados (exclamaciones,
adjetivación conceptual), a Juan Ramón le bastan el símil (v. 10: como un parto), la anáfora (a
ti mismo), la correlación (compañera o compañero / el mar o la mar), el uso de polípote
(plenitud de plenitudes) o la modificación de una locución verbal (dándote a luz) para mostrar
la identificación del mar con su propia naturaleza infinita y cambiante al mismo tiempo, así
como el ansia del poeta de participar en la creación, de ser, como el mar, creador de sí mismo.

Los verbos están en presente, con lo que se trasciende lo anecdótico y se hace universal. O en
gerundio, para señalar lo que es constante y repetido. En algún caso se emplea el subjuntivo
(diga, encuentre), porque el anhelo de identificación y perpetuación no se ha cumplido del
todo (debemos esperar a su poesía “suficiente” o “verdadera” para hallarlo cumplido).

En conclusión, Juan Ramón se va aproximando, a través de una especie de neoplatonismo muy


personal, a la llamada poesía pura, “desnuda”, que superará del todo las limitaciones de los
sentidos de sus comienzos neobecquerianos y modernistas.

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