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Tema Arte Románico

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TEMA ARTE ROMÁNICO

El término "Románico" fue creado en el siglo XIX para describir un estilo arquitectónico que
surgió en Europa entre los siglos XI y XIII, imitando elementos de la arquitectura romana, como
el uso del arco de medio punto y la bóveda de cañón. Este estilo es considerado el primer gran
arte europeo, ya que se extendió por todo el continente, con una marcada influencia religiosa
y ligada a la expansión del cristianismo. La Orden monástica de Cluny, en Francia, fue un motor
clave en la propagación del estilo románico, promoviendo una arquitectura monumental que
reflejaba la grandeza y estabilidad de la Iglesia.

ARQUITECTURA ROMÁNICA

Dentro de la arquitectura románica, los monasterios desempeñaron un papel fundamental.


Siguiendo la Regla de San Benito de Nursia, centrada en "Ora et labora", estos monasterios
recibían generosas donaciones de nobles que buscaban la redención de sus almas. Estas
donaciones permitieron la construcción de complejos religiosos ricos y monumentales, como
la Abadía de Cluny, fundada en el siglo X y reconstruida en el XI con un nuevo estilo inspirado
en la monumentalidad romana. Los monasterios románicos se ubicaban generalmente en
zonas rurales, aislados y autosuficientes. Su estructura estaba organizada en torno al claustro,
un patio central que daba acceso a las principales dependencias del monasterio, como el
refectorio, el scriptorium, la sala capitular, las celdas y la iglesia. A partir de Cluny, se crearon
monasterios filiales a lo largo del Camino de Santiago, lo que contribuyó a la expansión del arte
románico en Europa.

Las iglesias románicas son la manifestación más representativa de este estilo, caracterizadas
por el uso del arco de medio punto y una planta en forma de cruz latina. La estructura típica de
estas iglesias se divide en diferentes secciones. En la entrada se encuentra la torre campanario.
En el cuerpo central se disponen la nave central, las naves laterales, el triforio, el transepto, el
crucero y el cimborrio. La cabecera de la iglesia incluye el ábside semicircular, la girola o
deambulatorio y las capillas radiales. Los materiales utilizados eran principalmente la
mampostería, con piedras irregulares, y la sillería, con bloques de piedra labrada. Las iglesias
románicas se distinguen por sus muros gruesos y contrafuertes, que daban estabilidad a
construcciones de poca altura, así como por la escasa iluminación interior, debido al reducido
tamaño de sus ventanas. Para soportar las cúpulas sobre el crucero, se empleaban elementos
arquitectónicos como las trompas o pechinas. Las iglesias románicas destacan también por sus
elementos decorativos, especialmente en las portadas, capiteles y canecillos. La portada es un
componente característico, con detalles como el parteluz, el tímpano, las jambas y las
arquivoltas. Ejemplos notables de este tipo de iglesias incluyen Santa Fe de Conques, la Abadía
de Moissac y la Basílica de Vézelay en Francia. Además, las iglesias de peregrinación, como la
de San Saturnino de Toulouse y la Catedral de Santiago de Compostela, incluían girolas que
facilitaban la circulación de los peregrinos hacia la cripta sin interrumpir el culto.

En la Península Ibérica, la arquitectura románica tuvo una notable presencia debido a la


influencia de los monasterios cluniacenses y la necesidad de atender a los peregrinos del
Camino de Santiago. La Reconquista también impulsó la expansión del estilo, ya que las nuevas
tierras repobladas requerían la construcción de iglesias. En la primera mitad del siglo XI, el
Primer Románico se desarrolló principalmente en el Pirineo catalán y aragonés, destacando
por detalles como las bandas lombardas y el ajedrezado jaqués. Ejemplos de este periodo son
San Pedro de Roda en Gerona y San Juan de la Peña en Huesca. A partir de la segunda mitad
del siglo XI y durante el XII, se consolidó el Románico Pleno, que se expandió a lo largo del
Camino de Santiago y en las nuevas zonas repobladas. Ejemplos importantes de esta fase son
Santo Domingo de Silos en Burgos, San Clemente de Tahull en Lérida y la Catedral de Zamora.

Un caso destacado en la Península Ibérica es la Catedral de Santiago de Compostela. En el año


814, Alfonso II el Casto, rey de Asturias, mandó construir una iglesia prerrománica para
albergar el sepulcro del apóstol Santiago. En 1075, durante el reinado de Alfonso VI de León y
Castilla, se inició la construcción de la iglesia románica, bajo la dirección de arquitectos
franceses como Bernardo y Roberto. La Catedral de Santiago reúne todas las características
típicas del románico de peregrinación y se completó en 1168 con el Pórtico de la Gloria, una
obra maestra realizada por el Maestro Mateo.

ESCULTURA ROMÁNICA

La escultura románica se caracteriza principalmente por el relieve, donde las figuras se


integran directamente en la arquitectura, ubicándose en lugares como el tímpano, las
arquivoltas, las jambas y los capiteles. Debido a la falta de pericia técnica, estas figuras a
menudo aparecen deformadas, rígidas e inexpresivas, priorizando la representación de temas
claramente reconocibles sobre la belleza estética. La escultura en este periodo tiene un
carácter pedagógico y catequético, permitiendo a la población analfabeta aprender a través de
la imagen, funcionando como una plasmación de la Biblia en piedra. Generalmente, los
relieves eran policromados y presentaban una temática eminentemente religiosa cargada de
simbolismo, como se puede observar en la representación de la "Duda de Santo Tomás" en el
claustro de Santo Domingo de Silos en Burgos.

Uno de los aspectos distintivos de la escultura románica es la "Ley de majestad", donde las
figuras se representan en tamaños desiguales para enfatizar la importancia de los personajes,
como ocurre con la figura de Cristo. También se empleaba la isocefalia, que consiste en
mantener las cabezas de todos los personajes a la misma altura, independientemente de sus
posiciones en el espacio. En la portada de Santa María de Ripoll, en Gerona, se puede apreciar
una complejidad en el conjunto y una variedad de escenas que, a pesar de ser sencillas en su
representación, se vuelven muy expresivas. El tímpano, que es el lugar más visible, a menudo
incluye escenas del Juicio Final, como en el caso del Apocalipsis basado en la visión de San
Juan, donde Cristo aparece como pantocrátor dentro de una mandorla mística, simbolizando
su poder en el momento del juicio.

Otro ejemplo notable es el Pórtico de la Gloria en la Catedral de Santiago de Compostela,


realizado por el Maestro Mateo en el siglo XII. Aquí, las figuras se muestran más expresivas, lo
que puede ser considerado un primer indicio del arte protogótico. Este pórtico refleja el Reino
de Cristo, donde se representa la gloria y el cielo tras el Juicio Final. En el tímpano se encuentra
una representación del Pantocrátor y los tetramorfos, junto a ángeles turiferarios y otros
elementos simbólicos. Las jambas exhiben imágenes de apóstoles y profetas, mientras que el
parteluz representa el árbol de Jesé, que muestra la genealogía de Jesús y la advocación de
Santiago.

Por otro lado, la escultura exenta o de bulto redondo en este periodo es escasa y se caracteriza
por figuras rígidas e inexpresivas. Los materiales utilizados incluyen madera policromada,
marfil o hueso. En el caso del Crucificado, se observa una anatomía simétrica y esquemática,
representando a Cristo vivo y sin dolor, con un paño de pureza que simboliza su triunfo sobre
la muerte. La Virgen con el Niño se muestra a menudo sin contacto físico entre madre e hijo,
reflejando una falta de sentimientos, mientras que los calvarios, que incluyen a otros
personajes como la Virgen y San Juan Evangelista, presentan una mayor complejidad
compositiva, como se ve en "El Descendimiento" de San Juan de las Abadesas, en Gerona.

La pintura románica comparte muchas características con la escultura, destacando el


predominio de la línea sobre el color. Las pinturas suelen ser dibujos que se rellenan con
colores planos, careciendo de efectos de volumen y profundidad espacial. Se dividen en dos
tipologías: la pintura mural, que era la más común y se utilizaba para decorar los muros
interiores de las iglesias, y la pintura sobre tabla, que es menos frecuente. La técnica del fresco
se utilizaba para las pinturas murales, aplicando pigmentos disueltos en agua sobre una pared
preparada con yeso fresco. Ejemplos notables de pintura mural incluyen las de San Clemente
de Tahull en Lérida, las de San Isidoro de León y las de la Ermita de la Vera Cruz en Maderuelo,
Segovia. En cuanto a la pintura sobre tabla, se utilizaba la técnica del temple, donde los
pigmentos se disuelven en huevo y se aplican sobre una tabla de madera, que luego se coloca
delante de la mesa del altar como parte de los frontales.

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