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Alimentos Transgénicos: Historia y Avances

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¿Qué son los alimentos transgénicos?

Se considera a los alimentos como transgénicos cuando son:


● Organismos sometidos a ingeniería genética que se pueden utilizar como alimento.
● Alimentos que contienen un ingrediente o aditivo derivado de un organismo sometido
a ingeniería genética.
● Alimentos que se han elaborado utilizando un producto auxiliar para el
procesamiento (por ejemplo, enzimas) creado por medio de la ingeniería genética.
Los productos transgénicos deben cumplir los criterios de una Directiva Europea de 1997:
que sea necesario y útil, seguro para la salud humana y el medio ambiente, y que sus
características sean las declaradas y que, además, se mantengan en el tiempo. (Chamas,
A., 2000)

Historia de los alimentos transgénicos

El origen geográfico de la agricultura

La historia de las sociedades humanas está profundamente vinculada al desarrollo agrícola,


pues las primeras civilizaciones crecieron cerca de grandes cuerpos de agua, como ríos y
lagos. Estos entornos facilitaron la transición de la recolección de frutos y semillas a
prácticas agrícolas. Egipto, Mesopotamia, China y México ilustran cómo su auge cultural,
social y económico fue impulsado por su éxito en la domesticación, producción y
comercialización de alimentos.

Evidencias recientes sugieren que hace entre 11,000 y 11,500 años, el suroeste de Asia fue
la primera región donde se cultivaron cereales silvestres. Esta práctica comenzó en cinco
áreas clave: Irán, Irak, Turquía, Siria, Líbano y Chipre, desarrollándose de manera
independiente y casi simultánea. Esta región, delimitada por las montañas Zagros en Irán,
fue el punto de origen y dispersión de cultivos modernos como la cebada, el trigo, las
lentejas y los chícharos.

El trigo es un ejemplo notable del éxito de la selección artificial. Hace 10,000 años, su
cultivo marcó el inicio de las civilizaciones humanas, y cuando surgió la variedad de trigo de
pan, este grano se volvió fundamental en términos de nutrición y economía. Actualmente,
representa el 20% de las calorías consumidas a nivel mundial.

Hace unos 9,800 años, las semillas de estos cereales silvestres comenzaron a adaptarse,
perdiendo la capacidad de dispersarse de forma natural en un proceso denominado
"domesticación morfológica". Esto ocurrió debido a que los agricultores seleccionaban y
cruzaban plantas con características deseadas, como el tamaño y la forma del grano, lo
cual sentó las bases para la agricultura extensiva y la biotecnología vegetal.

Hace 8,000 años

● Surgimiento del trigo moderno:


○ El trigo moderno es el resultado de la hibridación entre un tipo de trigo
antiguo y una especie de pasto silvestre.
○ Durante milenios, el trigo experimentó numerosos cambios, como el aumento
en el tamaño de los granos y la adaptación a las necesidades humanas y
ambientales de cada época.

El tamaño, la forma de la espiga y la disposición de los granos también cambiaron: las


primeras variedades domesticadas tenían espigas cubiertas por una cáscara protectora,
mientras que, con el tiempo, surgieron variedades de trigo "desnudo", más fáciles de trillar y
procesar. Este cambio ocurrió de manera gradual y variada según la región. En Turquía, por
ejemplo, la transición al trigo desnudo comenzó hace 5,000 años, y en Europa el cambio se
completó apenas en el siglo XX, motivado por factores económicos, dietéticos y la
expansión de imperios que influenciaron las prácticas agrícolas y alimentarias en sus
territorios. (Robledo-Arratia, L., 2014)

La diversidad genética y el inicio de los cultivos transgénicos

Los alimentos genéticamente modificados tienen sus orígenes en los descubrimientos de


Gregor Mendel, el monje y botánico que en el siglo XIX experimentó con el cruzamiento de
guisantes (1856-1863), demostrando cómo ciertos rasgos de las plantas se heredan.
Aunque sus hallazgos no recibieron reconocimiento en su época, sentaron las bases para la
genética moderna cuando sus teorías fueron redescubiertas en el siglo XX. Este
conocimiento sobre la herencia de rasgos fue esencial para los desarrollos posteriores en
genética aplicada a la agricultura. (Baltà Arandes,2013)

El avance y comercialización de los transgénicos

1950 (Revolución Verde)

● Innovaciones agrícolas masivas:


○ Este periodo marcó un cambio fundamental en la producción de alimentos a
gran escala.
○ Las innovaciones como las semillas híbridas y los fertilizantes incrementaron
significativamente la producción agrícola y ayudaron a combatir el hambre en
todo el mundo.

Posteriormente, las observaciones de Mendel fueron esenciales para que, en 1983, los
científicos lograran desarrollar la primera planta genéticamente modificada: un tabaco
resistente a los antibióticos. Este avance representó un hito en la biotecnología, abriendo el
camino hacia la creación de alimentos con características específicas, como mayor
resistencia y durabilidad, con el potencial de transformar la agricultura moderna. (Baltà
Arandes,2013)

En 1994, tras años de investigación, se lanzó el primer alimento genéticamente modificado


para el mercado: el tomate FlavrSavr. Creado por Calgene en California, este tomate ofrecía
una mayor vida útil comparado con los tomates convencionales. Sin embargo, problemas de
rentabilidad llevaron a su retirada en 1997, pero su desarrollo abrió nuevas posibilidades
para obtener cultivos con mejoras específicas como resistencia a plagas y durabilidad.
(Baltà Arandes,2013)
La comercialización masiva de cultivos transgénicos inició en 1996, y para 2012, alrededor
del 10% de las tierras agrícolas globales, equivalentes a 170.3 millones de hectáreas en 29
países, estaban dedicadas a cultivos transgénicos como el maíz, la soya, el algodón y la
canola. Estados Unidos, Brasil, Argentina, Canadá e India se encuentran entre los
principales productores. En Europa, aunque existen restricciones, países como España y
Portugal permiten estos cultivos, mientras que centros de investigación como Agroscope en
Suiza impulsan estudios en este ámbito. (Robledo-Arratia, L., 2014)

En México, las pruebas de campo abarcan más de 20 especies transgénicas, y desde 1998
se comercializan el algodón y la soya transgénicos en 200 mil hectáreas dedicadas a estos
cultivos. Estudios realizados por la UNAM muestran que todas las muestras de soya
analizadas en la Ciudad de México contienen genes transgénicos, evidenciando su
presencia en la dieta mexicana. Hoy, una gran parte de los alimentos procesados contiene
derivados de cultivos transgénicos como el maíz y la canola, mientras que el algodón
transgénico también es común en productos como ropa y billetes. (Robledo-Arratia, L.,
2014)

En la actualidad, cultivos como el maíz, la soya y el trigo se benefician de parientes


silvestres adaptados a condiciones extremas, que representan una reserva genética
fundamental para aumentar la resistencia de estos cultivos frente a enfermedades y
condiciones ambientales adversas. Sin embargo, la conservación de estos ancestros
silvestres está en riesgo. Por ejemplo, el ancestro de la berenjena en Tanzania se extinguió
en el año 2000 debido a la pérdida de su hábitat. Ante estos desafíos, los científicos
comenzaron a explorar nuevas técnicas, como la transgénesis, que permite la inclusión de
genes no solo de parientes silvestres, sino también de otras plantas y organismos no
vegetales. Esta técnica abrió el camino para desarrollar plantas más resistentes y
productivas, disminuyendo la dependencia de productos químicos y aumentando el
potencial de adaptación de los cultivos frente a un entorno cambiante. (Robledo-Arratia, L.,
2014)

En diciembre de 2019, la Comisión Europea presentó el Pacto Verde Europeo, con el


objetivo de hacer de Europa el primer continente climáticamente neutro para 2050. Dentro
de este marco, la Estrategia «De la Granja a la Mesa» impulsa un sistema alimentario justo
y sostenible, desde la producción hasta el consumo. Los objetivos clave incluyen la
producción y distribución sostenible de alimentos, la promoción de dietas saludables y la
reducción del desperdicio alimentario. Recientes consultas y evaluaciones en 2021 y 2022
han avanzado en normativas para apoyar el bienestar animal, la seguridad alimentaria y la
sostenibilidad en toda la cadena agroalimentaria. (Parlamento Europeo, 2023)
Métodos de transformación genética de plantas
La ingeniería genética de plantas permite introducir genes de cualquier origen en especies
vegetales, lo que facilita la creación de cultivos con características específicas, como
resistencia a plagas o mejoras en calidad y rendimiento. Este proceso incluye varias etapas:
identificación del gen de interés, construcción de un casete de expresión, uso de vectores y
regeneración de plantas completas.

Desde su desarrollo en los 80, esta tecnología ha transformado la agricultura, y en 2010 se


cultivaron 148 millones de hectáreas de plantas transgénicas en 29 países. Su aplicación es
especialmente importante en países megadiversos, como Colombia, para el mejoramiento
agrícola.

Métodos indirectos

Los métodos indirectos de transformación genética en plantas se centran en el uso de


vectores biológicos que aprovechan procesos naturales para introducir genes de interés en
el genoma de la planta. A diferencia de los métodos directos, que requieren de técnicas
mecánicas o químicas para lograr la inserción de ADN en las células, los métodos indirectos
emplean microorganismos como bacterias y virus que, al interactuar con las células
vegetales, facilitan la transferencia de material genético de manera eficaz y con alta
precisión. Los dos vectores biológicos más comunes en estos métodos son Agrobacterium
tumefaciens, una bacteria natural del suelo, y ciertos virus que infectan plantas, cada uno
con mecanismos de transferencia genética específicos y aplicaciones particulares.

Agrobacterium tumefaciens
Uno de los sistemas más utilizados es Agrobacterium tumefaciens, una bacteria
gramnegativa que infecta tejidos vegetales transfiriendo parte de su ADN, llamado T-DNA, a
las células de la planta, lo cual ha convertido a Agrobacterium en un vector fundamental en
ingeniería genética vegetal.
El proceso de infección de Agrobacterium inicia cuando una planta herida libera compuestos
fenólicos y monosacáridos, que activan en la bacteria el sistema de virulencia VirA/VirB,
desencadenando la transcripción del regulón Vir, un conjunto de genes necesarios para la
transferencia de T-DNA. Este T-DNA es cortado y transportado por proteínas bacterianas
específicas hacia la célula vegetal. Las proteínas VirD1 y VirD2 son responsables de cortar
el T-DNA, mientras que VirE2 lo protege y guía hacia el núcleo de la célula vegetal. Una vez
dentro del núcleo, el T-DNA se integra en el genoma de la planta, permitiendo que el
material genético transferido se exprese en el tejido vegetal.

Para utilizar Agrobacterium como vector en biotecnología, se emplean cepas "desarmadas",


en las que se ha eliminado la capacidad de inducir tumores, pero que conservan los genes
necesarios para la transferencia de T-DNA. En este contexto, existen dos tipos de vectores:
los de co-integración y los binarios. En los vectores de co-integración, el gen de interés se
inserta en el plásmido Ti de Agrobacterium, generando un solo plásmido modificado. En
cambio, en los vectores binarios, el T-DNA con el gen de interés y los genes de virulencia se
mantienen en plásmidos separados, lo que simplifica la manipulación genética y ha
convertido a este sistema en el más utilizado.
Durante la transformación, el tejido vegetal se co-cultiva con la bacteria para que algunas
células reciban el T-DNA. Posteriormente, el tejido se coloca en un medio de cultivo
adecuado que permite la regeneración de plantas completas a partir de células
transformadas. Este proceso utiliza hormonas vegetales que promueven la división y
diferenciación celular y, al mismo tiempo, emplea antibióticos para eliminar bacterias
remanentes y seleccionar las células que han recibido el T-DNA.

El sistema de Agrobacterium ofrece varias ventajas: su técnica es sencilla, asegura una


integración precisa del T-DNA en el genoma vegetal, permite transferir segmentos de ADN
largos y reduce el riesgo de rearreglos genéticos. Sin embargo, existen limitaciones, como
la necesidad de herir el tejido vegetal para facilitar la infección y el rango restringido de
hospederos, ya que no todas las especies de plantas son susceptibles a la infección por
Agrobacterium.

Métodos directos

Debido a la dificultades que se presentan con Agrobacterium, se desarrollan sistemas de


transferencia de genes, en los que se emplean procedimientos de naturaleza química,
fisicoquímica y mecánica. El desarrollo de estos métodos se basó en las técnicas físicas
usadas en la transformación de células animales en cultivos.

Microinyección
La microinyección es una de las técnicas más precisas para la introducción de DNA foráneo
o de macromoléculas dentro de los compartimentos intracelulares específicos de las
células. La microinyección utiliza microcapilares o microagujas de vidrio y sistemas de
microscopía para depositar el DNA foráneo, en el interior de células vegetales. Además, el
hecho que junto al DNA desnudo se puedan inyectar otros elementos genéticos, como
plastidios, mitocondrias y cromosomas, hace de la microinyección una técnica interesante y
muy útil para la transformación de plantas. El equipo que se requiere para realizar el
proceso de microinyección es llamado micro manipulador, compuesto por un microscopio y
por los accesorios de guía, para realizar desplazamientos. Entre las ventajas que presenta
esta técnica, se han reportado: se puede optimizar la cantidad de DNA descargado; se
puede escoger la célula a transformar; la descarga del DNA foráneo es precisa y predecible;
el proceso se realiza bajo control visual; se emplean cantidades micro. Pero también
presenta algunas desventajas, tales como: solamente una célula recibe el DNA por cada
inyección; el manejo de la técnica requiere personal entrenado y mayor instrumentación.
Uno de los grandes avances que se han logrado con este método ha sido la implementación
de microinyección de liposomas, en los que se ha depositado el DNA de interés, facilitando
así la descarga o introducción del DNA foráneo en la célula. (Díaz Granados &
Chaparro-Giraldo, 2012)

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