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Memoria de Esclavitud en Tacuarembó

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82 | Los Artículos

La memoria de la esclavitud
en relatos orales y
relatos biográficos de Tacuarembó

Lic. Ana Cecilia Rodríguez1

rAunque la esclavitud se abolió en Uruguay en 1846, la situación de muchos trabaja-


dores esclavizados varió muy lentamente en el norte del país, donde la mayoría de
los grandes hacendados eran brasileños y se ampararon en sus propias leyes y cos-
tumbres hasta cuando les fue posible (1888). Luego, la relación amo – esclavo ha
cambiado de nombres, asociándose el fenómeno a las distintas formas de servidum-
bre, pero sus huellas permanecen vivas en la memoria de los grupos involucrados.
En este artículo se explora esa memoria, contenida en relatos biográficos, relatos
orales y música, recogidos en zonas rurales y urbanas de Tacuarembó.

Palabras clave: memoria, esclavitud, narraciones

Introducción En esta investigación se realizaron


dos tipos de abordajes: uno de estilo
El presente artículo refiere a una in- periodístico, en el que se grabaron
vestigación realizada en 2004 y 2005 las entrevistas realizadas en el pri-
financiada por el Obispado de mer encuentro, y otro de tipo
Tacuarembó. En ese período estuve etnográfico. Realicé trabajo de cam-
recorriendo algunos pueblos del nor- po y residí en Villa Ansina un mes (fe-
te uruguayo, sobre todo en la exten- brero de 2005) y en Las Toscas de
sa zona rural de Caraguatá, en las Caraguatá siete meses (de marzo a
comunidades parroquiales donde tra- setiembre de 2005), regresando y
bajaba el Cura Párroco Miguel Berriel. recogiendo nuevos testimonios en
Fue él quien me presentó a las fami- varias ocasiones posteriores.
lias de los afrodescendientes que Tomando Villa Ansina como punto de
entrevisté en la campaña y Villa referencia, pude desplazarme con
Ansina, una villa de 3000 habitantes. cierta regularidad hacia Minas de
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Corrales (Rivera) y Tacuarembó; des- información sobre la esclavitud, alu-


de Las Toscas de Caraguatá recorrí diendo a su escasa formación esco-
algunos lugares con diversa frecuen- lar, es decir, la historia de la que ha-
cia, realizando entrevistas en locali- bían tenido conocimiento había sido
dades relativamente cercanas como transmitida por la generación de los
Las Arenas, Costas de Caraguatá, padres y los abuelos. Se hablaba de
Rincón de Pereyra, Los Feos y Paso «negros viejos», que no eran parte
Mariano. de la familia, y de otros muy «ne-
En Villa Ansina y en Las Toscas los gros»: éstos cuanto más oscuros,
enfoques se realizaron con mayor más esclavos: «esclavos puros».
profundidad porque al residir un tiem- Además de los testimonios, recurrí a
po allí, pude establecer vínculos más narraciones de transmisión oral (dé-
estrechos con varias personas (algu- cimas, otros versos octosílabos, can-
nos eran acompañados por familia y ciones), de las cuales transcribo al
amigos) a las que visité con regulari- final dos recitadas de memoria, de
dad. Esto me dio la oportunidad de entre las varias que fuimos graban-
un mayor conocimiento. do en los años 2005 y 2007. Aníbal
Mujeres y hombres mayores de trein- Márquez recitó «El Moreno», una
ta años, descendientes de «negros», décima espinela de autor desconoci-
«indios» y «blancos», han narrado do. Citaré la primera estrofa, ella nos
recuerdos de la esclavitud conserva- introduce en el tema del maltrato físi-
dos en su memoria. A veces citando co y psicológico al que son someti-
versos de «La yerra humana»2, otras dos algunos trabajadores:
mencionando la leyenda del Negrito ...............................................
Si había una vez un moreno
del Pastoreo, que comentaremos en una estancia criado
posteriormente, otras describiendo que el patrón lo había tratado
negros ancianos que conocieron. igual que a caballo ajeno
él aguantaba sereno
A lo largo de varios encuentros algu- los gritos y los lazazos
nas personas narraron su vida, dan- cuando erraba un tiro e´lazo
o algún potro lo volteaba
do testimonio sobre todo de distintos
a veces hasta le daba
momentos de su infancia. Ésta se el patrón algún mangazo.
tornó en una imprevista fuente de ...............................................
memoria de la esclavitud. Aníbal Márquez es afrodescendiente,
La mayoría de los entrevistados ya tiene casi ochenta años y comien-
afrodescendientes decían tener poca za a representarlos. Hace apenas
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unos años recitaba una gran canti- dentro de un marco definido jurídica-
dad de décimas creadas por otros mente o como condición de una es-
autores, aunque tiene algunas de su trategia económica, el hombre some-
autoría. te a los de su propio género, es decir
Albérico Da Cunha es descendiente al ser humano, a partir de la elabora-
de charrúas, tiene sesenta y siete ción e imposición de una diferencia
años. Es un gran conocedor de la diversamente legitimada.
historia nacional, por haber leído y por Esta esclavitud existía en África y
haber recibido informaciones e his- América antes de la llegada del hom-
torias de sus ancestros. Generalmen- bre europeo, en la Europa de la Anti-
te recita versos de su autoría, pero güedad4 y aún existe, legalizada o no.
en esta ocasión nos recitó «La yerra Persiste como tráfico y confinamien-
humana», cito aquí versos de la cuar- to de personas para trabajos agríco-
ta y quinceava estrofa: las, fabriles, sexuales. Existen varios
................................................. tratados internacionales que preten-
/ /siendo su madre la peona
también fue peona a la juerza3 den controlar o desmantelar estas
/.../ redes internacionales de explotación.
¡Ay! que nueve hombres fornidos Para la interpretación y análisis de la
tu pequeño cuerpo aprietan
y que una marca candente esclavitud desde la antropología,
se hunde en tu espalda morena Claude Meillassoux, recurre a las teo-
..................................................
rías que la definen más desde las
Son versos que denuncian no sólo la
condiciones económicas de su fun-
injusta «herencia» familiar del some-
cionamiento, que desde el derecho.
timiento al patrón, sino también la
Define el esclavismo como:
aceptación social de la opresión de
un grupo (blanco) sobre algunos in- “Un sistema social basado en la explota-
ción de una clase sometida cuya repro-
dividuos (negros). ducción se realiza mediante la adquisi-
ción (captura, compra) de seres huma-
La situación de esclavitud nos. Se distingue de la servidumbre, que
se reproduce por crecimiento de la clase
«Los galos blancos, sometida, y de las formas ocasionales de
de ojos azules y cabellos de oro, sumisión (rehenes de guerra, personas
se vendieron como siervos, vendidas, obligación, clientelismo, etc.)”
con la argolla al cuello, (Diccionario Akal de Etnología y Antro-
en los mercados de Roma.» pología, 1996: 239- 240).
José Martí en «Mi raza»

Existen multiplicidad de formas de


En la situación de esclavitud, ya sea
explotación del trabajo servil; una de
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las características más importantes Erico Berrutti tenía ciento dos años
que señala este autor para recono- cuando fue entrevistado y si bien él
cer la esclavitud es la forma en que nació con posterioridad a 1888 (fe-
se reproduce, es decir, cómo aumen- cha de la abolición de la esclavitud
ta el número de individuos de la cla- en Brasil), esas personas que traba-
se o grupo esclavizado: mediante la jaban en la estancia de una tía ha-
adquisición de personas que vienen bían sido esclavas. Según Berrutti
de otro lugar, «de otro país», no me- luego de la Ley Áurea habían queri-
diante la reproducción sexual. El do seguir viviendo ahí, «no se fue-
mercado y la guerra entonces, están ron», «porque eran muy bien trata-
asociados al aprovisionamiento y dos»:
venta de personas esclavizadas, que
Yo conocí una esclava en la casa de una
traídas desde otro lugar, rompiendo parienta, y los otros esclavos que yo co-
todos los lazos de unión a sus cultu- nocí ya estaban libertados por la Ley
Áurea de la Princesa Isabel. Eran escla-
ras, viven una fuerte desestructura- vos de una tía mía. Esos esclavos no se
ción familiar. sirvieron de la ley, no quisieron irse, qui-
Desde el derecho, específicamente sieron quedarse en la casa. Porque cuan-
do vino la ley se iban, porque general-
en el derecho romano primitivo, se mente eran maltratados. Pero en la casa
describe al esclavo como «un objeto de esa tía mía ellos permanecieron, no
se fueron.
de propiedad, por lo tanto enajena-
Y tengo idea todavía, porque yo era muy
ble y sometido a su propietario» niño en aquel tiempo, los esclavos, en las
(Monier en Meillassoux et al, 1990: estancias vivían de esta forma: por ejem-
plo —no sé si había casamiento entre
11). ellos— si se unían un negro con otra en-
La persona en esta situación de es- tonces le hacían un rancho para esa fa-
clavitud, ha sido cosificada, ani- milia. Así que la estancia ´taba rodeada
de ranchos. Porque cada uno que se ca-
malizada, vendida o regalada. En al- saba le hacían.
gunos relatos se compara el trato a Bueno esa gente permaneció, no quiso
hacer uso de la libertad porque eran muy
la persona esclavizada con el que se
bien tratados. Tanto es que cuando esa
daba a los perros (comer las sobras, tía mía se murió, dejó una parte de su
dormir apartado, en el suelo). campo para ellos, para los negros./.../
Apellidos no tenían, tenían nombre: Seu
Francisco Gamio (1909-2005) y Erico Chico, Seu Francisco, Seu esto, seu
Berrutti (1903) describen a «negros aquello, eran los negros viejos. Y a los
viejos» a quienes conocieron en su negros nuevos los llamaban por el nom-
bre.
infancia, que habían sido esclavos o
hijos de esclavos de la familia. Francisco Gamio vivió la mayor par-
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te de su vida en el lugar donde esta- grandes distancias.


ba instalado el antiguo comercio de Virgilio Benítez (1924) fue un reco-
ramos generales de su familia, por la nocido domador y jinete que partici-
ruta 26, hacia Las Toscas de pó en ruedos internacionales, logran-
Caraguatá. Ahí acudían muchos de do premios durante dieciséis años.
los vecinos a abastecerse de artícu- En una entrevista que le realizara
los o alimentos; algunos clientes re- Robert Da Silva5 cuenta el origen de
corrían grandes distancias a caballo, su estirpe, ligada a las hazañas en el
en sulki, incluso en carretas. El pa- manejo y dominio de los caballos,
dre de Gamio también hacía repar- tanto realizadas por sus ancestros
tos a domicilio y cuenta lo siguiente como por sus descendientes, ya que
sobre mujeres negras que conoció: sus hijos y nietos también se dedi-
...El viejo era cliente de él, se llevaban can a la doma y a las jineteadas, y
bien. Papá iba con el carro a llevarle ga- nos relata:
lleta, fideo, yerba, todo eso llevaba en un
carro. Entonces contaba papá que el vie- El padre de mi madre, de la procedencia
jo mientras tomaba el mate, la negra dor- nuestra, el fina´o Cambota que venía por
mía parada. Dice que esclava pura. /.../ el origen, ése lo trajo los Machado. Él era
Traída de Brasil. En aquel tiempo la gen- esclavo del Brasil. Ése hacía cualquier
te que tenía familia en el Brasil, traía. Lo cosa con el caballo. El finado Cambota
de, un tío mío que era Leites, más abajo, Amaral. Famoso Cambota Amaral. Inclu-
que era la hermana mayor de papá tenía so, él agarraba un potro ahí, crudo, solo,
también una negra vieja traída por el sue- lo montaba solito. A él no le ganaban una
gro. Hija de esclava. Nacida y criada en penca de potros, porque él tenía las co-
Bagé entre la familia, la llevaron /.../ La sas de él con el caballo que naides más
vieja Laura. Todos eran así. las conocía. Donde le ponía la mano, el
contrario venía hasta allí. No le pasaba el
Los vínculos entre ex-esclavos y ex- caballo de él. Por el origen que él dice
que le enseñaban en el Brasil. /.../ Le
amos muchas veces se mantuvieron hacía una bencedura. Y dominaba el ca-
en lo laboral (Frega et al, 2005; ballo y cualquier.../.../
Borucki et al, 2004), como explican El origen mío es Charrúa. Porque el vie-
jo, mi bisabuelo —el viejo de mi abuelo—
Francisco Gamio y Erico Berrutti. era el famoso Regino Benítez. El padre
Los hijos de los ex-esclavos nacían de los Benítez. Bueno, esos todos eran
origen Charrúa como el origen de la vieja
y se criaban en torno a estancias
Nicolasa. /.../ ...tenemos el origen por la
dedicadas a la ganadería extensiva, Santa vieja, la madre de mi padre. Ahí
con cientos de cabezas de ganado entonces traen todos los origen de los
Charrúa, mismo. /.../ Incluso mi bisabue-
bovino y ovino, donde era necesario lo no tenía ni barba, él tenía sólo cinco
el adiestramiento constante de caba- penachitos, no más, el charrúa no tiene
llos para trabajar y para recorrer las barba. /.../ Un hombre —todo el origen
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nuestro—, pa´l caballo. Hasta ahora, esos ra, todavía existan personas que co-
gurí tienen una facilidad pa´ lidiar y domi-
nar el caballo. /.../ Ya nacemos pa´eso. nocieron esclavos?
Gurises de diez años, yo de once años Tacuarembó y Rivera están en situa-
paraba en el caballo que me trajeran. /.../ ción de frontera al norte del Uruguay.
Si bien la abolición en el Estado uru-
La memoria necesita testigos
guayo se realizó en 1846, en Brasil
(Halbwachs, 2004) y también se pue-
fue en 1888, y la mayoría de los gran-
de afirmar que surge o se hace sur-
des hacendados que se establecie-
gir en un contexto —como la situa-
ron en el norte de nuestro país eran
ción de entrevista— y que cuando se
brasileños. En esta situación de fron-
contesta lo que se interpela, las
tera se desarrollaban ciertas irregu-
autoadscripciones en un grupo o cla-
laridades, movimientos de capital, de
se también están en juego. Mi rostro
ganado y personas, esclavos o tra-
«blanco», mi montevideaneidad, mi
bajadores libres (Palermo, 2001:1-2).
urbanidad, difícilmente habrían ayu-
Actualmente en poblados rurales de
dado a Virgilio a elaborar la reflexión
Tacuarembó y Rivera, en ambientes
que se transcribe a continuación, si
familiares y festivos se recurre a dia-
hubiera sido yo quien preguntara.
lectos del portugués en Uruguay
Robert Da Silva, negro y descendien-
(DPU), aunque hablar en «brasilero»
te de indígenas, se comunica con su
siempre fue duramente reprimido en
entrevistado utilizando las mismas
las escuelas.
categorías, su mismo vocabulario:
No obstante la abolición brasileña, la
/.../ R– Aparte del indio tiene una mezcla
condición esclava se perpetuó y aun-
con la raza negra, como yo. ¿Por dónde
se cruzó esa parte? ¿Por el indio con el que jurídicamente dejó de ser legal,
negro o era al revés? adoptó formas que sí lo eran, como
V– Ah, por el origen nuestro, el origen de
esta tierra. Este origen que ya salen blan- los contratos de colonato.
cos no, porque los nuestros de aquí eran Los vínculos entre ex-esclavos y ex-
los pardos, eso era el origen uruguayo.
amos muchas veces se mantuvieron
Ese es el origen uruguayo. Porque tie-
nen una descendencia de los Charrúas. en lo laboral, como expresamos an-
Por eso tenemos ese róstico.6 /.../ teriormente.
En tierra de los estancieros solían
Padres - patrones: ¿Una
construirse varios ranchos, allí vivían
pervivencia de la esclavitud?
el personal estable y los agregados7.
¿Cómo es posible que en los inicios Entre ellos se encontraban domado-
del siglo XXI, en Tacuarembó y Rive- res y peones afrodescendientes,
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mientras que las mujeres trabajaban ron reconociendo que hacían las ta-
para la casa como cocineras y lavan- reas más duras y no se les pagaba,
deras. Así lo describió anteriormente ni se les enviaba a la escuela. «Me
Erico Berrutti; Francisco Gamio tam- tenían como esclavo», reflexionó en
bién nos aporta su visión: la última entrevista Plinio Suárez.
Ah, cualquier cantidad, esa gente, unos Según su esposa Blanca Ferreira
salían a un lado, porque como los due- «era la época en que los ricos aga-
ños eran todos hermanos, estaban unos
rraban pa´esclavos a los hijos de los
días en una casa, otros días en otra casa,
vagabunda completamente./.../ Y porque pobres.» A Blanca la prestaron, pero
eran así. Si tenían que comer y dormir / sólo fue un tiempo, ya que al ente-
.../ ...el trabajo de ellos era arrear gana-
rarse su familia que no la estaban tra-
do, curar bichos, lazar y carnear, y todo
eso, en lugar de ir el patrón los manda- tando bien la fueron a buscar y re-
ban a ellos, el patrón iba y le indicaba gresó a su casa.
”matame a esa vaca.” /.../ Ellos se encar-
gaban todos de eso, y las negras viejas, Su familia trabajaba en una estancia
eran todas las mujeres, las sirvientas de en la que el patrón obligaba a los
la casa, ellas tampoco ganaban nada, 3$,
peones a embarrar las paredes de los
4$, 2$, 1$ un real o nada, comida y ves-
tido, ellos precisaban vestido y el patrón ranchos con fariña, para asegurarse
le compraba el vestido. que éstos no se quedaran con el ex-
cedente de la comida. Para dar de
Hay relaciones de trabajo que, encu-
comer pan a sus hijos la madre tenía
biertas en relaciones familiares, co-
que esconderlo:
locan a las personas en situación de
esclavitud. Mi madre escondía un pedacito de la ros-
En varios testimonios los entrevista- ca que hacía para los patrones y para
nosotros probar. No le daban, de lo que
dos asocian «la esclavitud» a su pro-
ella hacía no nos daban nada. Estába-
pia trayectoria de vida. Se trata de mos en la estancia. ... No nos daban nada.
personas que no fueron «criadas» Nos criamos rolando. Para no dejarnos
morir de hambre nos repartían. Me estás
por sus padres biológicos sino en grabando, pero te voy a decir. Nuestra
otras familias a las que fueron entre- madre para nosotros comer, en este tiem-
gadas con unos pocos años de edad. po (enero), así que no daba la flor la
puntita aquella del zapallo, la guía del
Según los relatos y la sensibilidad del zapallo, ella iba y traía la fuente bien
narrador, cuando eran niños fueron llenita, de la chacra. Y hervía y escurría
el agua, ponía sal y grasa y harina y nos
«dados», «prestados», o «puestos»
daba pa´nosotro´comer de almuerzo y
y hasta quitados o «robados». cena. /.../
«Me tenían como hijo», afirmaban al Éramos ocho hermanos pero fuimos cria-
dos muy desparramaos.
principio algunos, aunque luego fue-
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A los nueve años mi madre me emprestó cieron a sus hermanos cuando ya
pa´una mujer cebar mate. Pero me ha-
cía llevar los gansos, que eran como se- eran adultos; otros más desafortuna-
senta, setenta, como a cuatro leguas y dos no llegaron a conocer a sus pa-
tenía que venir corriendo. Siempre co- dres o hermanos biológicos.
rriendo. Tenía que barrer un patio enor-
me, que era como dos de estos, el gal- Las vidas de estas personas, al na-
pón era enorme, y yo tenía nueve años. rrarlas, se transformaron en relatos
Por una tacita de leche y un pancito. Y un
editados, con una composición varia-
platito de comida. Me tenía con un vesti-
dito y descalcita. ble de personajes. Y donde las situa-
ciones cambiaban según el día. La
Hoy tiene cincuenta y ocho años, vive misma historia podía contarse varias
en su casa, rodeada de flores, plan- veces de distinta forma. Algunos de
tas y árboles; después de haber cui- estos narradores (afrodescendientes
dado a su madre durante treinta años. o no) asumen la esclavitud como una
parte de su vida, de su infancia.
Este tipo de testimonios pertenece a
Hay quienes se han basado en su
personas que tienen en común las
propia vida, para dar tintes trágicos
circunstancias de ser separadas de
reales al contar una narración ya le-
su familia biológica y dadas en
yenda, como la del Negrito del Pas-
toreo.
Una de las circunstancias que men-
cionaron constantemente todos los
entrevistados, tanto en zonas rurales
como urbanas, fue la «diferiencia»
que se hacía en los bailes. Se reco-
noce que antes había más
«diferiencia» o discriminación que en
la actualidad. Hasta hace pocos años,
Blanca Ferreira, «Ramona» tanto en el campo como en la ciudad
criación a otras familias más pudien- del norte uruguayo, los bailes «de
tes. Estos niños no tuvieron escuela, negros» y «de blancos» se hacían
hacían tareas que los otros niños de separados.
la casa no hacían, y algunos de ellos Evenida Duarte tiene actualmente
eran cruelmente castigados física o sesenta y ocho años de edad, es
psicológicamente. Generalmente no nativa de Los Malvares y vive en Las
heredaban. En algunos casos cono- Toscas de Caraguatá. Realizó todas
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las actividades rurales que podía ha- para alimentar, vestir y calzar a sus
cer una mujer en las estancias y al- hijos, los prestaban a otras familias.
gunas propias de los hombres. Fue Los padres del niño podían recibir o
partera de campaña y hasta ahora no algún beneficio, en comestibles,
alivia ciertas dolencias con por ejemplo. Evenida no rompió los
benceduras8 u oraciones. En su rela- vínculos con sus padres, ya que cada
to, ella (al igual que Blanca Ferreira), cierto tiempo sus nuevos padres la
no fue «dada» para otra familia, sino llevaban a verlos. «Yo no soy tu pa-
«prestada» : trón, soy tu padre de criación» le de-
cía el señor Echeverría a Evenida
Yo tuve una madre de criación también.
Julia Santa Esteban Echevarría. Porque Duarte.
éramos tantos en la casa, y a veces no... Una vez en la nueva familia, los ni-
lo dificultoso para mantener a todos, ¿no?
Porque papá... éramos diez, nosotros y ños adquirían diversas responsabili-
todos estábamos en casa, chiquitaje9. dades, tareas o trabajos, pero esto
Entonces había familias que tenían po- se disimulaba. No se estaba traba-
cas criaturas y querían compañero, otros
querían para ayudar... Entonces ahí fue jando, sino que se era parte de la fa-
que pidieron para papá, que a ver si no milia. Si la persona creía que se en-
le daban para el viejo Juan Echeverría
contraba en un entorno familiar don-
quería una pa´ andar con él, pa´alcanzarle
las cosas y ayudar a la esposa a repartir de se la cuidaba y protegía, era muy
las costuras y eso porque ella era costu- difícil exigir derechos, como el pago
rera. Bueno. Y me fui para... Papá me
prestó, si yo anduviera... Y allí tuve des- por las labores realizadas y jornadas
de cuatro o cinco años, y allá viví hasta de descanso. Este trato disfrazado se
los diecisiete años. Antes de eso yo ha- continúa en la actualidad, asegura la
bía estado con doña Catalina, me olvidé
el apellido, de los Malvares, del pueblo Edila Benítez en un reportaje radial,
los Malvares. Tenían un almacén gran- hablando de la situación de las em-
de. Allí yo estuve, con doña Catalina, era
pleadas domésticas que no reciben
viuda ella. /.../ Pedían, porque cuando
eran de buena familia, no tenían malas aportes sociales10.
costumbres entonces... La persona que Una de las entrevistadas fue «pues-
no tenía malas costumbres ya sabían
cómo era el criado, que era de buena ta» por su padre a los seis años, en
criación, de buena generación. Entonces la casa de una familia a la que sirve
iban, pedían para compañero, para com- hasta el día de hoy. Hace algunas lim-
pañero de los hijos, a veces, que tenían
unas gurisas, u otro. piezas en otras casas, con lo que
gana algún dinero. Pero como nun-
Según cuenta Evenida, las familias ca ha hecho aportes no cobrará jubi-
que no tenían recursos económicos lación.
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La memoria de la esclavitud en relatos orales y relatos biográficos de Tacuarembó | 91

Zulema Pereira y Hugo Pereira, fotografiados por Miguel Berriel

Mientras algunas niñas y niños fue- allá. / /


El contó que lo hacían trabajar, que lo
ron dados, otros fueron quitados o judiaban, los brasileros y ¿cómo el iba a
«robados»: esto le sucedió a Santos venir que él nunca sabía nada? Ya des-
pués que él se puso grande sí, él trabaja-
Madruga, hijo de Francisca Madruga.
ba sí en las arroceras, como reyuno11,
Santos no fue entregado por su ma- pero después que él se hizo hombre, ahí
dre a otra familia, sino que otra fami- sí. Ahí ya le pagaban pero unas chirolas.
Como dice él ¿no? unos riales. / / Era
lia se lo quitó. Se lo llevaron a otro de arrocera, hacer taipas y plantar arroz
lugar, probablemente a Brasil, y el y cuidar las bombas, todo eso, él hacía.
niño, sin referencias para volver a su /.../
Bueno, le vinieron a pagar ya de hombre,
casa en Villa Ansina —en aquel en- pero mientras que él era gurisote, él ´taba
tonces Paso del Borracho—, pasó trabajando por la comida, comía sólo po-
roto negro con arroz. Se lo robaron, sí.
treinta años fuera de la misma.
Se lo robaron a mamita, sí, al finado San-
Nos lo narra su hermana Miriam, que tos cuando él apareció ya era un hom-
tenía tan guardado ese recuerdo, que bre, treinta y pico de años.
Sí, treinta y pico de años, y después nun-
su hija menor no lo conoció hasta el ca más quiso ir pa´ allá, pidió pa´ venir
día que lo compartió con nosotras: acá el quería conocer a la madre de él, él
sabía bien que la madre de él (eso él te-
Allí en lo de la maestra Ivonia, allí para nía diez años más o menos), él sabía bien
arriba de las viviendas había unos que la madre de él vivía acá en Paso del
brasileros que ordeñaban y el finado San- Borracho, que él quería venir a conocer,
tos —mi hermano— iba a buscar leche. que ellos le dieran plata pa´ él venir a ver
Y as veces, él iba a hacer mandados para la madre, después él se iba otra vez
esos brasilereos, ¿no?, para esos Nunca más fue. Nunca más fue. (Mi ma-
brasileros. Bueno tá. En pleno día, los dre) lloraba cuando vio, porque él desde
brasileros levantaron vuelo y lo llevaron. diez años, tenía treinta y pico, ella pen-
Pa´l Brasil a mi hermano. Y mi madre no saba que nunca más lo iba a ver. Esos
sabía de él ni nada. Cuando nosotros tu- brasileros llevaron y ya no podían recla-
vimos diez años él apareció un hombre, mar porque ¿quién iba a reclamar? Dio
ya. Apareció acá en Ansina. Pero lo lle- cuenta en la comisaría pero ¿adónde iban
varon de negrito chico. Esos brasileros, a buscarlo, en Brasil? Se lo robaron al
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finado Santos, se lo robaron unos daba el nombre de ella, de la vieja; esa
brasileros. El era mayor que yo. Si fuera vieja era terrible conmigo. Me daba palo
vivo él tenía sesenta y ocho años. pero bonito Cuando ella se cansaba,
¿sabe lo que hacía conmigo? Me ataba
«Ese tiempo era de la esclavitud por- en la pata de la mesa. Eso era como en
el tiempo de la esclavitud, ¿vio? Como el
que nos daban como gato chico», tiempo de antes. El tiempo de la esclavi-
cuenta Hugo Pereira. Su hermana tud, te estoy contando de eso. El tiempo
de la esclavitud. Que yo me acuerdo, ¿no
Margarita, recuerda que si los patro-
es? Bueh. Me ataba en la pata de la mesa.
nes pedían a los niños para criarlos, Cuando se cansaba de darme palo lla-
había que dárselos. maba a la empleada, que era otra gata
igual a ella. Me curtía a garrote. Bueh.
«Siempre nos criamos todos despa-
rramados como la perdiz», dice Vic-
Las distintas tradiciones cultura-
toria Silva, en el barrio Centenario de les: orales y escritas
Tacuarembó:
Dieciséis era mis hermanos, pero ahora Narraciones sobre el «Negrito del
ya vamos quedando poquitos. El día 2 pastoreo»
(de noviembre) de vez en cuando me En el sur de Brasil se han publicado
acuerdo. Entonces...bueno. Y nosotros
versiones de la leyenda del negrito o
vamos quedando hermanas mismo, por
parte de madre somos todas, ¿no? Pero crioulo del pastoreo por lo menos
por parte de padre no. ¿Vio? desde fines del siglo XIX.
Pero, usté sabe que, que todos los dos
padres que tuve, tuve distintos, pero fue- Es «uma das lendas mais conhecidas
ron buenos conmigo los padres, ¿usté e usadas em sala de aula no Rio
sabe? Mi último padre falleció... y mi Grande do Sul» según analiza
madre falleció acá también. Allí era la
casa de ella. Bueno, y eran buenísimos Eleomar Tambara (s/f: 83), quien es-
todos conmigo. Y por ahí, donde anduve tudió la transformación o manipula-
recorriendo, también, la gente... tuve sí
ción de la leyenda, hasta el momen-
en una casa que tenía un mundo de gurí.
Yo era la niñera. Era una gurisa, ¿no? to que se tornó un «saber escolar»,
Era una niñera. Pero la vieja... era terri- basándose en la versión de Simoes
ble esa vieja. No había con qué darle. Yo
ahora que soy vieja me acuerdo y digo, si Lopes Neto, de 1909. Según este
fuera viva yo ya la había matado. Pa´ autor la leyenda fue cristianizada con
pagar todas las que ella hacía, ¿no? Ella la intención de servirse de tal mani-
tenía un almacén grandote. Y, y el patio
era todos esos patios cerrados, todo ce- pulación para reconquistar el poder
rrado de muro alto, y había un portón que del catolicismo y particularmente del
se salía para afuera. Bueno y mi madre
ultramontanismo en Rio Grande do
me puso ahí en esa casa, ¿no? Que yo
mientras trabajaba, bueno, yo era una Sul (Ibid).
gurisa yo era niñera ahí en esa casa, que Hubo versiones anteriores a la publi-
yo estuve hasta poco tiempo yo me acor-
cación de Simoes Lopes Neto. Se-
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gún Agemir Bavaresco (s/f: 4), en Teresa Suárez

1875, Apolinario Porto Alegre escri- Era un puña-


dito de lásti-
bió «O Crioulo do Pastoreio», quizás
ma. Era bien
recogiéndola de relatos orales. En viejito cuando
1890 aparece una versión de Javier mi padre lo
conoció.
Freyre y siete años después Alfredo Daba lástima
Varela escribiría otra versión. de chiquito
que era, arri-
Se transcriben aquí dos versiones
ba del caba-
transmitidas oralmente por Teresa
llo. El era tropero; pero era de los que
Suárez (Villa Ansina), quien a su vez iban adelante, buscaba el lugar donde los
afirma haberla escuchado a su pa- otros iban a acampar. En el camino iba
dre, y por Evenida Duarte, quien se juntando algún palo, agarrando alguna
bolsita, y también bosta seca. Él era el
la escuchó a su abuela. Estas ver- que hacía el fuego y cocinaba, pero co-
siones no parecen derivar directa- mía a lo último, si sobraba. También iba
a buscar agua, que en esos lugares el
mente de las que han sido publica-
agua a veces es lejos... Comía después,
das, ni de la canción de Numa lo que sobraba, después que comía todo
Moraes, aunque obviamente están el mundo. Rondador, le decían. De no-
che acampaban unos aquí, otros
vinculadas, reapropiadas y resigni- allí...separados para que no se fueran los
ficadas con elementos propios del animales. No se podía escapar ningún
narrador, incluso referentes a episo- animal de la tropa y él tenía que estar
despierto, vigilando. Iban lejos, por la ca-
dios que ellos mismos pueden haber lle, con todos los animales. Cuando sa-
vivido o conocido de primera mano. lían como ser ahí en la salida de «Los
Vásquez», ¿viste? Él tenía que atajar.
Como se afirmó anteriormente, la
Pero eso lo hacía caminando... Y ¡ay! que
memoria de esta leyenda ha sido se le fuera a escapar alguno porque lo
transmitida, además del grupo fami- curtían a palo. ¡Pero lo curtían a palo! Los
troperos tenían esa persona, que les co-
liar, en grupos de trabajadores rura- cinara, que los esperara con el fuego he-
les, incorporando posiblemente ele- cho. Desensillaba cuando le ordenaban,
mentos de la cultura y formas de vida hubiera barro o lluvia, él, a pie entraba.
Era el perrito de la defensa. /.../ Cuando
locales. había alguna tropa decían (con tono de
lástima) «vamos a buscar o negrinho»
Teresa Suárez habla de un «Negrito Después cuando murió lo enterraron en
del Pastoreo» que su padre conoció. un hormiguero.
El pastoreo al que se refiere ella es
Este «negrinho» es un hombre que
el que se da a los troperos cuando
ha llegado a la vejez y aún debe rea-
transportan el ganado, para que pa-
lizar duras tareas para asegurarse el
sen la noche:
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sustento; aún así a veces no lo lo-


gra: «comía a lo último, si sobraba». En una versión del Negrito del pasto-
No obstante, su trabajo es un rol im- reo de Evenida Duarte, la que aquí
portante en el oficio de los troperos. se transcribe, se trata de un niño que
Este tropero «de los que iban ade- está a cargo de un rebaño demasia-
lante», como el puntero, tiene que ir do grande de ovejas. El niño las pas-
él primero, abriendo el camino, con- toreaba, es decir las acompañaba y
trolando que no haya lugares por cuidaba de ellas durante todo el día
donde el ganado se pueda escapar, mientras pastaban.
viendo cómo están los pasos, y a la «Pobre nego», dice Evenida Duarte:
vez juntando todo lo que le sirva para Había un estanciero y una hija de él tuvo
un hijo negro. El padre quedó furioso, la
hacer el fuego diario, o nocturno.
echó de la casa pero se quedó con el
Esta narración está asociada a la negrito para cuidar como esclavo. Él pas-
ganadería, el sistema tradicional de toreaba como ¡500 ovejas! Y estaba en
eso, día y noche, día y noche, día y no-
producción de la zona donde es na-
che. Un día, cansado estaría, se ve que
rrada la historia: Tacuarembó12. Las quedó dormido. Cuando llegó la hora no
tropas también están vinculadas a la apareció para tomar la leche y lo fueron a
buscar, y estaba muerto en un hormigue-
ganadería, consisten en el transpor- ro.
te de ganado (vacuno, ovino, caba-
llar u otro) por tierra. La abuela de Evenida, quien se dice
Actualmente se calcula un peón por que falleció a los ciento catorce años,
cada mil reses, y cada peón y el ca- decía que «el negrito era de un lugar
pataz deben viajar con varios caba- por allá, por Treinta y Tres».
llos para ir cambiándolos. El ronda- Las versiones se van reelaborando,
dor era indispensable en aquellas tro- característica de las narraciones
pas con muchas cabezas de gana- transmitidas oralmente; una sola per-
do, sobre todo las noches en que no sona puede ir agregando, transfor-
se conseguía pastoreo y había que mando elementos en un período bre-
dormir en los caminos o al costado ve de tiempo. Por ejemplo, el día que
de las carreteras. El rondador debía conseguí grabar a Evenida, su ver-
permanecer despierto toda la noche, sión del «Negrinho do Pastoreo» pa-
o lo que le correspondiera de su tur- recía otra:
no, vigilando, rondando el ganado El vivía en una estancia. Era lo que me
para que no se escapara (Da Silva et contaba mi abuela. El vivía en una estan-
cia, entonces todos los días lo manda-
al, 2009).
ban al negrito del pastoreo a juntar ove-
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La memoria de la esclavitud en relatos orales y relatos biográficos de Tacuarembó | 95
jas, y todo. Y había unos cerros. En esos de donde la imagen de antaño ha salido
cerros, el negrito había días que se es- ya muy alterada.»
condía. De cansado, ¿no? porque pasa-
ba todito el día cuidando ovejas al rayo Tan importante como el estudio de la/
del sol, y a veces con una seca brutal,
pensaba más en el sol que otra cosa. las memorias colectivas, es analizar
Cuando llegaba la tarde para poder ir a los olvidos; éstos están vinculados al
dormir, a esconderse para poder ir a dor-
desinterés de los grupos y algunos
mir, porque lo tenían tan acosado de tan-
to sol y de tanta sed y de tanta hambre individuos no desean olvidar (Namer
que pasaba... Pasaba un hambre tremen- en Halbwachs, 2004).
da, el pobre nego no le daban nada
pa´llevar, tras que pasaba todo el día Para ejemplificar, recurro a un regis-
correteando ovejas, y cuidando rodeo y tro que realizamos con Miguel
no comía, qué iba a comer, pobre nego y Berriel13, de Yola Da Costa y Nery Da
sin tomar agua, tomaría agua, un agua
sucia donde encontrara. Y... entonces un Costa en las Costas de Caraguatá.
día, tanto...un día salió, salieron Miguel Berriel, con la finalidad de
empercanta del negro que pasó la noche,
«despertar al que está dormido14»,
no aparecía pasó esa noche, no apare-
cía. Hallaron que estaba escondido por propuso ir al lugar donde sucedió un
algún lado, no dieron importancia. Que hecho trágico, cuando Yola era una
quedaron, ahí no más, bien tranquilos. El
patrón dice que debe estar rondando por niña. Acompañada por su esposo
ahí. Tanto, pasó ese día, pasó otro día, Nery, visitamos las ruinas de la casa
salieron a empercar; cuando lo encontra- donde Yola pasó su infancia y donde
ron dice que estaba todo comido por las
hormigas. Sentado arriba de un hormigue- vivieron cuando se casaron. Hoy que-
ro y comido por todas las hormigas. Pero dan pocos restos de las construccio-
dice que lo, que lo acribaron de hormi-
nes, tan sólo algunos cimientos. En
gas, diz que estaba el pobre nego.
un lugar cercano, utilizando como
Evenida y Teresa narran versiones de referencia un alambrado, Yola locali-
esta leyenda; en ocasiones la inten- zó «la tumba de los negritos», una
ción de recordar nace dentro de un tumba que nunca tuvo lápida, ni iden-
contexto, de un presente; la acción tificación de sus restos. En esa tum-
de recordar es un proceso sensible y ba fueron enterrados dos niños
movilizador, que a la vez transforma afrodescendientes —«los negri-
el propio recuerdo. Según Halbwachs tos»—, por una vecina con quien la
(en Lasén Díaz, 1995): familia de Yola se relacionaba. Esa
«...el recuerdo es en gran medida una mujer estaba a cargo de los niños,
reconstrucción del pasado con la ayuda «los tenía», pero «no los tenía ano-
de datos tomados prestados al presente
y preparada, además, por otras recons-
tados», es decir que no figuraban en
trucciones hechas en épocas anteriores el Registro Civil. Un día murió uno de
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96 | Ana Cecilia Rodríguez

los niños, tal vez a consecuencia de


alguna enfermedad, razona Yola,
pocos días después falleció el otro
niño, seguramente «de tristeza», por
la ausencia de su hermanito. Estas
muertes tampoco constan en los re-
gistros, la madrastra «no dio cuenta
a la policía». De alguna manera, Yola
supo que los enterramientos se hicie- Aníbal Márquez y Antonio Márquez
ron de noche. No había más indica- reflejar las difíciles relaciones huma-
ción en el lugar que unas piedras. nas construidas en un entorno de
Hoy ese lugar es tierra arada, no hay explotación encubierta.
piedras, no hay nombres. Uno de los El hecho al que alude «La yerra hu-
varios hermanos de Yola, quien tam- mana» es verídico, sucedió en una
bién vive en esa zona, ya no recuer- estancia en Cerro Largo. Víctor
da a «los negritos». Sin embargo, Cristino Larrosa ha podido dar él mis-
cuando eran niños, al menos Yola mo su testimonio, que recogió y trans-
recuerda haber visitado con sus pa- mitió Carlos Molina, a quien a su vez,
dres «la tumba de los negritos» y cita Albérico Da Cunha.
haber compartido alimentos allí. El A pesar de la abolición de la esclavi-
testimonio de Yola, compartido en un tud a finales del siglo XIX, esta forma
video, hace emerger de las fauces del de relación entre amo y esclavo no
olvido una injusticia que su propia finalizó, sino que perduró en el tiem-
familia le enseñó a no olvidar. po, tal como queda reflejado en los
testimonios recogidos, sólo que con
En los versos de «El Moreno» que
otras denominaciones: peón/peona y
recita Aníbal Márquez, cuyo autor
patrón, desde nuestra perspectiva
desconozco, y en «La yerra huma-
actual, que oculta una relación labo-
na», de Carlos Molina y recitados por
ral injusta; o la denominación más
Albérico Da Cunha, también se hace
dolorosa, padres de criación y niños
referencia a la estancia y a los traba-
criados. Estas personas mantuvieron
jos de la misma, entre los que se de-
un tipo de relación largamente here-
sarrollan los dramas. Una es una
dado. «Mi familia se casó con la fa-
narración de ficción que posee tal
milia Farías», reflexiona Margarita
carga de veracidad, que bien puede
Pereira.
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Demasiados condicionantes, de muy que la memoria de unos prevalece


diversa índole, permitieron que ese sobre la de otros. Así lo describe
desigual vínculo se perpetuara en el Maurice Halbwachs cuando explica
tiempo. Son éstas las relaciones hu- cómo los niños dejan de ser influidos
manas a las que aluden los testimo- por los viejos, para ser captados por
nios orales aquí presentados. lo que llama «intereses nacionales»:
«el mundo de los ancianos se borró
A medida que los seres humanos lentamente, mientras el cuadro se
vamos creciendo, somos influidos e cubría de caracteres nuevos.»
interaccionamos con la memoria de (Halbwachs en Lasén Díaz, 1995:
distintos grupos. En esas interac- 209).
ciones de memorias se producen Y mientras un individuo no olvide, la
desigualdades y, a veces sucede, memoria del grupo se conservará.

«El Moreno»
(Recitada por Aníbal Márquez en 2005)
Si había una vez un moreno porque usté me lo ordenó
en una estancia criado no porque no fuese bueno.
que el patrón lo había tratado Y el patrón como un veneno
igual que a caballo ajeno. le dijo yo te vi´ a dar
El aguantaba sereno y lo quiso castigar
los gritos y los lazazos dando vuelta su talero.
cuando erraba un tiro ´e lazo
o algún potro lo volteaba Pero el negro muy ligero
a veces hasta le daba saltó pa´l lao de enlazar
el patrón algún mangazo. y en una forma tenaz
desenvainando el facón
Los años iban pasando dijo párese patrón
y ya el negro era un mocetón porque lo mato no más
pero siempre aquel patrón ya no me castiga más
lo seguía maltratando. no porque usté tenga dinero
un día estaban trabajando porque sea un estanciero
en marcación de ganado y yo un moreno orejano
cuando el patrón enojado le dijo con mi facón y mi mano
negro trompeta sabré defender mi cuero.
el caballo más maceta
es el que me has ensillado. Y el patrón enfurecido
no comprendía la razón
Y dijo el negro sereno y aunque había mucha reunión
es cierto lo ensillé yo atajarlo no han querido
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le dijo negro atrevido que la pobre ya murió
y fue al darle un lazazo y ella fue quien lo crió
pero el negro de un planchazo con gran cariño y bondad.
lo hizo trastablillar
diciendo lo he de matar El moreno que sintió
sólo en el último caso. que nombra esa señora
se vio en sus ojos que llora
La hija del estanciero y el sombrero se quitó
que tambén allí se hallaba sereno el facón guardó
cuando vio lo que pasaba y cruzándose de brazos
se vino más que ligero dijo no aguanto más lazo
espueleó su parejero pero si quiere patrón
que allí con brillo montaba en medio de esta reunión
y su padre que sacaba puede matarme a balazos.
un revólver homicida
vio que era su hija querida El patrón enmudeció
la que el paso le cerraba. frente a aquel gesto grandioso
y también fue generoso
Papá por qué sos así y su revólver guardó
con ese pobre moreno dispués la mano le dio
que es tan honrado y tan bueno en medio de la reunión
dicen todos los de aquí y se sintió la ovación
si tú te portás así de un fuerte aplaudir de manos
ya más nadie te querrá y se vio más de un paisano
te lo pido por mamá en su rostro un lagrimón.

«La yerra humana»


De Carlos Molina, recitada por Albérico Da Cunha:

Víctor Cristino Larrosa en su blanquísima testa.


de esta vida es lo que queda
el nombre que es como un símbolo Víctor Cristino Larrosa
una roja herida abierta es hijo de mujer negra
Víctor Cristino Larrosa y su piel es de color
es un mártir de esta tierra oscuro como la tierra
más mártir que el Nazareno siendo su madre la piona
de la lejana leyenda. anduvo como una jerga
aplastó entre los galpones
A Jesús le ungió los pies el fondo de su cansera
el llanto de Madalena tiritó en sus noches largas
una mano de mujer, con la perrada pulguienta.
una mano blanca y tersa
como un leve roce de alas Que lamían fraternales
como se goza (de leja) las interminables grietas
puso un halo de ternura de sus pies acribillados
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por escarcha cuchillera ¡Ay! el peoncito de Leoncio
siendo su madre la peona Negros peligros lo acechan
también fue peona a la juerza el patrón se le ha ocurrido
su sueldo se lo pagaba hacer distinta la fiesta
la lonja de una zotera. que siendo el clima templado
se evita la gusanera.
Él era útil pa´ todo,
nunca le hizo cara fea Que casi siempre el patrón
ni a los trabajos más fieros es celoso con su hacienda
ni a las más sucias tareas hoy despertó la mañana
era pa´arrear a los terneros en la fronda barullenta
para arrimar y acarrear leña y una larga sala de pájaros
pa´ los mandados del boliche estalló desde la selva
pa´ pastorear las ovejas. y era la vida urgente
sobre la natura inmensa.
Pa´ aprontar el mate amargo
con suma delicadeza La que incesante transforma
y el dulce de la señora destruye y construye y crea
habiendo gente afuera ya empezó la fiesta bárbara
que en las familia pudientes del músculo y la destreza
en elegancia una muestra
tomar a un negrito chico Y en la fragua del instinto
pa´ hacer estas menudencias. fuertes pasiones enervan
como serpientes con alas
Te lo dice la patrona los lazos que zigzaguean
tiene también sus problemas van describiendo en su círculo
por que es de gente muy mala un presagio de tragedia
muy ingrata muy perversa lejos allá en el rodeo
después que los hace gente muge doliente la hacienda.
los enduca, los enseñan
¡cochinos! Dan con la pata ¡Ay el peoncito de Leoncio!
por única recompensa. negros peligros lo acechan
el halcón enrosca víboras
Víctor Cristino Larrosa en las oscuras molleras
tan sólo once años cuenta y al patrón se le ha ocurrido
y llena sus grandes ojos hacer distinta la fiesta
el agua de la tristeza marcando una res humana
suele sentirse feliz que eso sí sería una yerra.

Cuando en su varonil panzón ¡Ay! Cristino niño negro


en el agua limpia y fresca implume pichón que tiemblas
le redondea su carita y en tus pobres once
carita color de tierra añitos rebuja tu inocencia
y juega que le sonríe ay que nueve hombres fornidos
a la imagen que allí contempla tu pequeño cuerpo aprietan
y en sus blanquísimos dientes y que una marca candente
la ternura centellea. se hunde en tu espalda morena.

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100 | Ana Cecilia Rodríguez
¡Ay! tu carnecita niña como de fosas abiertas
qué hierro brutal la tuesta la fosa en que enterrarían
pero aún sigue tu martirio al mártir flor de inocencia
porque en la vieja manguera dolor flotando en la noche
te van a atar sobre un potro de la (norma) tragedia.
de una salvaje imponencia
y le atarán su pequeño sexo Pero antes Pancho Cardozo
que está en florescencia. que no es de arriar con las riendas
huyen las nueve alimañas
¡Ay! Ya castraron tu vida por las escarpadas sierras
¡ay! ya segaron tu estrella con la cobardía en el traste
galopa el contrabandista donde tendrían la consciencia
redoblando entre las sierras y sólo el indio Cardozo
cuentan que Pancho Cardozo junto a Cristino contempla
llega a la estancia siniestra el cielo que sigue mudo
cuando están por culminar con profunda indiferencia
en la fatídica yerra. y la frialdad estúpida
de las lejanas estrellas.
Y hay una voracidad

Notas

1 Con los aportes de: Jacqueline Cunha, Anabel Losa, Francisco Losa, Hilda Francia, José
María Bueno, Celia Semper, Blanca Ferreira, Plinio Suárez, Miriam Madruga, Teresa Suá-
rez, Valentín González, Nery Da Costa, Yola Da Costa, Elmira Coitiño, David Rodríguez,
Miranda, Antonia Silvera, Erasmo Pereyra, Felicia Silva, Lucio Lacerda, Cila Rodríguez,
Juana Píriz, Noe De Souza Leal, Isabel Rodríguez, Hitler Sosa, Alcibíades Fernández, Adela
Pereyra de Texeira, Nelita Formoso, Nestor Formoso, Zulema Pereira, Hugo Pereira, Irma
Rocha (Villa Ansina); Aníbal Márquez, Antonio Márquez, Evenida Duarte, «Gringo», Pabla
Techera, Walter Píriz, Santo de los Santos, Jorgelina, Jovita Pereira, Leonel Verdún, Juan
González, Francisco Gamio, Alcides (Las Toscas de Caraguatá); Maximiliana Coto (Paso
Mariano), Nery Nilo García (Las Arenas), Juana Cabrera, Máxima Ferreira (Los Feos), «Quita»
y «Tana» Castro (8va. Sección de Caraguatá); Elidio Losa (Minas de Corrales); Eda de
Paula, Erico Berrutti (Rivera); Robert Da Silva, Omar Gómez, Victoria Silva, Margarita Pe-
reira, «Yiyo», María Luz Vidal, María Estela Olivera-Prietto (Tacuarembó); Albérico Da Cun-
ha (Rincón de La Aldea); Graciela Colman (Curtina); Virgilio Benítez (Bonilla); Norma Netto,
Nery Fernández, Zair Pereyra, Wilman Machado, Pedro Silva, Estela Bentancur (Piedra
Sola), María Méndez, Santiago Machado, Amaranto López (Tambores).
2 “La yerra humana”, versos en octavilla compuestos por Carlos Molina, incluidos en su
disco “El Canto del Payador”.
3 En la letra original de Carlos Molina: «siendo el gurí de la peona/ también fue peón a la
fuerza».
4 En Isola: 1975, se brinda una visión panorámica de la esclavitud en la historia universal.
5 Entrevista realizada en el marco del Proyecto «La figura del negro y el indio en los
versos criollos y algunas canciones de Tacuarembó» (Ana Rodríguez y Robert Da Silva,
2006). Parte de la misma se reproduce en: Da Silva et al: 2009
6 Se refiere a su rostro y al del entrevistador. Ibid. nota 5.
7 Agregado: Antiguamente los agregados eran personas que tenían permiso para vivir en
tierras que no eran de su propiedad, en su rancho. No pagaban alquiler, pero representaban
mano de obra siempre disponible para el estanciero. En algunos casos, el propietario donó
las tierras a los agregados.
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8 Una bencedura es similar al ensalmo. Es un procedimiento curativo que implica un recita-
do secreto, algún elemento vegetal, el toque de la persona afectada y la pronunciación de
su nombre personal. Puede utilizarse también brasas o carbones que se van depositando y
observando en un vaso con agua.
9 Chiquitaje: se denomina así a las plantas más chicas que se han cosechado en las
chacras, que suelen utilizarse como semilla o para el consumo.
10 Nota periodística en Radio Zorrilla de San Martín, Tacuarembó, 2006.
11 Reyuno: un animal viejo, cansado de tanto trabajar en toda su vida productiva, ya sea
una vaca, un buey, un caballo o una yegua.
12 Antes de la forestación actual y coexistiendo con la producción agrícola de algunas
zonas.
13 Durante el año 2006, el Cura Miguel Berriel realizó un reportaje fotográfico de las perso-
nas entrevistadas en el Proyecto. La filmación que se menciona aquí se puede consultar en
el Archivo Audiovisual del Centro de la Memoria, en el Obispado de Tacuarembó.
14 Según el Diccionario de la Real Academia Española, recordar es «despertar al que
está dormido». Vigésima Edición, Madrid.

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Trama Revista de Cultura y Patrimonio | Año I Nº 1 | setiembre 2009

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