Tema 5: La crisis del Antiguo Régimen.
Durante el reinado de Carlos IV, España vivió una etapa de gran inestabilidad
debido a su débil liderazgo y a la influencia de Manuel Godoy, su valido, quien
desde 1792 gobernó prácticamente solo. Promovió una política de acercamiento a
Francia que deterioró las relaciones con Inglaterra, culminando en la derrota naval
en Trafalgar en 1805.
En octubre de 1807, Napoleón firmó el tratado de Fontainebleau con España,
autorizando el paso de tropas francesas a través del territorio español para invadir
Portugal y establecer una partición secreta del país entre Francia, España y un
principado personal para Godoy. Con este tratado se permitía a las tropas francesas
atravesar España. En realidad, esas tropas tenían como misión apoderarse de
España.
En febrero de 1808, los franceses cruzaron los Pirineos y, aunque las autoridades
borbónicas aceptaron su presencia, esto irritó a la población. Las tropas francesas
se ubicaron en lugares estratégicos como Barcelona, Vitoria y Madrid, desde donde
se expandirían por el resto del país. Esta situación generó descontento entre los
opositores a Godoy, conocidos como el "partido antigodoyista", formado por nobles y
clérigos que apoyaban al príncipe Fernando.
En marzo de 1808, el príncipe Fernando encabezó un levantamiento conocido como
el motín de Aranjuez, precipitando la caída de Godoy y la abdicación de Carlos IV
en favor de su hijo Fernando.
Carlos IV escribió a Napoleón pidiendo su ayuda para recuperar el trono que su hijo
Fernando le había quitado. Napoleón, viendo la debilidad del gobierno español,
decidió invadir España y poner a su hermano José como rey. Carlos IV y Fernando
VII fueron convocados a Bayona en abril de 1808, y allí, Fernando devolvió la
corona a su padre, quien la entregó a Napoleón. Con esto , Napoleón nombró a su
hermano José rey de España, convocó Cortes y propuso una Constitución para
eliminar el Antiguo Régimen.
Los franceses intentaron imponer en España un sistema político basado en el
liberalismo, pero con un fuerte control del rey y respetando algunas tradiciones
españolas. Esto quedó reflejado en el Estatuto de Bayona, que fue una ley
impuesta, no elegida por el pueblo.
El documento comenzaba mencionando a Dios y declaraba a España como un país
católico. Aunque el poder seguía en manos del rey, había tres consejos: el Senado,
el Consejo de Estado y las Cortes. La principal novedad fue que incluía algunos
derechos y reformas liberales, como la libertad de prensa, de comercio, el habeas
corpus (protección contra detenciones injustas), la abolición de los privilegios de la
nobleza y la Iglesia, y la igualdad de todos los españoles ante los impuestos. José I
juró este Estatuto el 7 de julio de 1808, aunque la mayoría de la administración
aceptó sin mucho entusiasmo.
Sin embargo, estas reformas no tuvieron mucho apoyo. Para muchos españoles, el
nuevo gobierno era ilegítimo y extranjero .Además, las acciones violentas del
ejército francés (como saqueos, arrestos y fusilamientos) provocaron el rechazo de
la población.
El 2 de mayo de 1808, en Madrid, la familia real española se preparaba para irse a
Bayona, ya que había rumores de que Napoleón tenía a Fernando VII secuestrado.
La gente, que no sabía bien lo que estaba pasando, se reunió frente al palacio para
impedir su partida y se rebelaron contra los franceses. La revuelta fue aplastada por
las tropas del general Murat, pero ese levantamiento inspiró a muchas otras
regiones de España a luchar contra la ocupación francesa.
De esta manera estalla la Guerra de sucesión , donde encontramos dos bandos :
Los afrancesados: Estos eran españoles que apoyaban al nuevo rey impuesto por
Napoleón, José I Bonaparte. Muchos de ellos veían en el nuevo régimen una
oportunidad para modernizar España
Los patriotas: Por otro lado, estaban los patriotas que rechazaban la ocupación
francesa. Estos patriotas podían ser tanto absolutistas, que querían restaurar el
Antiguo Régimen y devolver el trono a Fernando VII, como liberales, que buscaban
un cambio político pero no aceptaban a un monarca extranjero.
Ante esta situación, la gente de España empezó a organizarse en juntas locales y
provinciales, formadas por militares, clérigos y personas del pueblo, que asumieron
el gobierno en nombre del rey Fernando VII.
Tras el dicho levantamiento de Madrid, se produjeron una serie de alzamientos
populares en las principales ciudades españolas. El evento más destacado fue la
Batalla de Bailén en julio de 1808, donde las tropas españolas, dirigidas por el
general Castaños, derrotaron al ejército francés del general Dupont. Esta victoria
obligó a José I Bonaparte a huir de Madrid, y las tropas francesas se retiraron al
norte del río Ebro. La derrota fue significativa, ya que fue la primera vez que un
ejército napoleónico fue vencido en campo abierto.
En septiembre de 1808, los representantes de las Juntas locales se reunieron en
Aranjuez, aprovechando la retirada temporal de los franceses tras su derrota en la
Batalla de Bailén. Formaron la Junta Suprema Central, que coordinaba la lucha
contra los franceses y gobernaba en nombre de Fernando VII hasta su regreso.
Sin embargo, con el avance de las tropas francesas, la Junta tuvo que huir primero
a Sevilla y luego a Cádiz, una ciudad que resistía con ayuda de los británicos.
Aunque Napoleón intentaba controlar todo el país, la resistencia en ciudades como
Girona, Zaragoza y Tarragona, ralentizó el avance de los franceses.
Napoleón respondió enviando un gran ejército, la Grande Armée, para retomar el
control. En noviembre de 1808, Napoleón entró en España y en diciembre recuperó
Madrid. A pesar de las importantes victorias francesas, como la toma de Zaragoza y
Gerona, la guerra se prolongó debido a la resistencia guerrillera. Grupos de
guerrilleros,usaban tácticas de desgaste, hostigando a las tropas francesas en todo
el país. A pesar de controlar las principales ciudades, los franceses no lograban
dominar el territorio rural.
La tercera y última fase de la guerra llegó cuando Napoleón se vio obligado a retirar
parte de sus tropas de España para enviarlas a luchar en Rusia. Esto debilitó a las
fuerzas francesas en la península, y los ejércitos de España, Portugal e Inglaterra,
bajo el mando de Wellington, aprovecharon la oportunidad para lanzar una ofensiva.
En 1812, las tropas hispano-británicas lograron liberar Andalucía, y en julio de ese
mismo año derrotaron a los franceses en la Batalla de Arapiles. Esto permitió a
Wellington entrar en Madrid y expulsar a José I. Poco después, en 1813, los
franceses fueron nuevamente derrotados en la Batalla de Vitoria y en la Batalla de
San Marcial, lo que marcó el fin para los ejércitos napoleónicos en España.
Finalmente, con Napoleón sufriendo derrotas también en otros frentes de Europa,
decidió llegar a un acuerdo con Fernando VII, al que devolvió el trono de España
mediante el Tratado de Valençay en diciembre de 1813.
Aunque la guerra terminó, España quedó devastada, con ciudades arruinadas, la
economía colapsada y una sociedad dividida entre aquellos que apoyaron a los
franceses (afrancesados) y los que lucharon por la independencia.
En cuanto a las Cortes de Cádiz , estas fueron muy importantes en la historia de
España, ya que trajeron cambios importantes en medio de la ocupación francesa.
Como el ejército francés avanzaba, la Junta Suprema Central tuvo que trasladarse a
Cádiz, una ciudad segura donde podían reunirse para debatir cómo mejorar el
gobierno y la sociedad. Muchos pensaban que, después del mal gobierno de Carlos
IV y su ministro Godoy, era necesario cambiar las cosas. Algunos querían hacer
reformas manteniendo al rey con mucho poder, mientras que otros querían cambios
más profundos.
En 1810, un Consejo de Regencia organizó elecciones para formar las Cortes, un
grupo de personas elegidas para representar al pueblo y hacer leyes. Aunque al
principio se pensaba seguir el sistema antiguo, con representantes de la nobleza, el
clero y la gente común, al final se decidió que todos los diputados se eligieran de
manera igual, sin distinción de clases.
Las elecciones se hicieron en condiciones difíciles debido a la guerra. Los diputados
se eligieron por sufragio universal masculino, lo que significa que los hombres
podían votar, pero no las mujeres. Las Cortes se reunieron en Cádiz en septiembre
de 1810 y se declararon como los representantes del pueblo. Su objetivo principal
era hacer una nueva Constitución que cambiaría el país.
En estas Cortes había alrededor de 300 diputados, aunque no todos estaban
presentes al mismo tiempo. La mayoría de ellos eran clérigos, abogados,
funcionarios, militares y profesores. Había pocos nobles o altos miembros de la
Iglesia. Los diputados pronto se dividieron en dos grupos: los liberales, que querían
más libertades e igualdad ante la ley, y los absolutistas, que querían mantener el
poder del rey
El 19 de marzo de 1812, las Cortes aprobaron la primera Constitución de España,
conocida como “La Pepa”. Esta Constitución estableció varios principios
importantes. Primero, decía que el poder pertenecía al pueblo, no al rey. También se
dividieron los poderes: el rey tenía el poder ejecutivo (gobierno), las Cortes el
legislativo (hacían las leyes), y los tribunales el judicial (justicia). El rey seguía
teniendo poder, pero con muchas limitaciones y ya no podía gobernar solo.
Las Cortes eran elegidas por los ciudadanos varones mayores de 25 años, y todos
los ciudadanos eran iguales ante la ley, lo que eliminaba los privilegios de la nobleza
y el clero. Además, se reconocieron derechos como la libertad de prensa y el
derecho a la propiedad, aunque la libertad religiosa no fue incluida, ya que el
catolicismo seguía siendo la única religión permitida.
Además de hacer la Constitución, las Cortes de Cádiz aprobaron varias leyes
importantes entre 1810 y 1813. Abolieron los señoríos (donde los nobles
controlaban grandes tierras), suprimieron la Inquisición (que controlaba las ideas
religiosas) y eliminaron los gremios, lo que permitió una economía más libre y
moderna.
EL REINADO DE FERNANDO VII Y SUS ETAPAS.
Después de la Guerra de Independencia, Fernando VII volvió a ser rey de España
en 1814. Aunque debía aceptar la Constitución de 1812, con el apoyo de militares y
políticos absolutistas, decidió rechazarla y restauró el poder absoluto del rey. Con
esto, eliminó todas las reformas que se habían hecho durante la guerra. En Europa,
este regreso a las monarquías absolutas también estaba en marcha tras la caída de
Napoleón. A pesar de que hubo represión contra los liberales, estos siguieron
luchando a través de conspiraciones y levantamientos militares. Uno de ellos,
liderado por el coronel Riego en 1820, obligó al rey a aceptar de nuevo la
Constitución.
El Trienio Liberal (1820-1823): Durante estos tres años, los liberales aprobaron
varias reformas para cambiar el sistema tradicional. Abolieron algunos privilegios de
la nobleza, suprimieron la Inquisición y apoyaron la creación de la Milicia Nacional
para defender la Constitución. Sin embargo, los liberales se dividieron entre los más
moderados, que querían cambios con cuidado, y los más radicales, que querían
reducir el poder del rey. Además, enfrentaron la oposición de campesinos y
monarquías europeas que apoyaban el absolutismo. En 1823, Francia intervino y
envió un ejército para devolverle todo el poder a Fernando VII, poniendo fin al
gobierno liberal.
En octubre de 1823,en la llamada década ominosa, el rey Fernando VII anuló todas
las decisiones tomadas durante los tres años de gobierno constitucional y desató
una fuerte represión contra los liberales, conocida como “terror blanco”. Muchos
liberales, como Rafael del Riego, fueron ejecutados. Se formaron Comisiones
Militares para juzgar a quienes habían ocupado cargos en ese tiempo, con más de
cien ejecuciones, y se crearon Juntas de Purificación para eliminar a los liberales de
la Administración.
Aunque los absolutistas querían restaurar completamente el régimen de 1814, esto
no era posible. Algunos reformistas buscaron un camino intermedio dentro del
absolutismo. Luis López Ballesteros, el ministro de Hacienda, hizo reformas fiscales
bajo la vigilancia del rey. Sin embargo, esta opción estaba amenazada por los
liberales, que querían devolver la Constitución, y por los ultrarrealistas, que se
oponían a cualquier cambio.
Uno de los últimos levantamientos liberales, liderado por José María Torrijos,
terminó con su fusilamiento y el de sus 49 compañeros en 1831.
La cuestión de quién debía heredar el trono se volvió muy importante en los últimos
años de Fernando VII. En 1830, tras casarse con María Cristina de Borbón y tener
una hija, el rey promulgó la Pragmática Sanción, que permitía a su hija, Isabel II,
heredar el trono y dejaba fuera a su hermano Carlos María Isidro. Los seguidores de
Carlos, llamados carlistas, se rebelaron. En 1832, durante los sucesos de La Granja,
un Fernando VII enfermo fue obligado a restaurar la Ley Sálica. Sin embargo, al
recuperarse, volvió a derogarla.
Fernando VII murió en 1833, y comenzó la regencia de María Cristina. Poco
después, estalló una guerra civil entre los carlistas, que apoyaban a Carlos María
Isidro, y los isabelinos, que apoyaban a Isabel II.
LA EMANCIPACIÓN DE LA AMÉRICA ESPAÑOLA.
La independencia de las colonias españolas en América se debió a varios factores.
En el siglo XVIII, nuevas ideas sobre la libertad comenzaron a surgir. La burguesía
criolla, que eran hijos de españoles nacidos en América, aprovecharon el vacío de
poder tras la invasión napoleónica en 1808 para tomar el control. Además, la
debilidad de la monarquía de Fernando VII y la influencia de la independencia de
Estados Unidos motivaron aún más este deseo de emancipación.
Este proceso se divide en dos fases:
1. Primer periodo (hasta 1816): Los criollos iniciaron varios movimientos,
como los liderados por Miguel Hidalgo y José María Morelos en México, que fueron
reprimidos por las autoridades españolas. También hubo intentos en Argentina y
Venezuela, donde Simón Bolívar luchó por la independencia.
2. Segundo periodo (hasta 1824): A partir de 1816, los independentistas
comenzaron a ganar fuerza. José de San Martín logró la independencia de
Argentina y Chile, mientras que Simón Bolívar lo hizo en Colombia, Ecuador y
Venezuela. En México, Agustín de Itúrbide logró la independencia en 1822, y en
1824, Perú también se liberó tras la victoria de Antonio José de Sucre en Ayacucho.
Para 1824, la mayoría de las colonias se habían independizado, dejando a España
con control solo sobre Cuba y Puerto Rico. Esta independencia marcó el final de
tres siglos de unión con España y trajo importantes cambios en ambos continentes.