Raul Gabas
Raul Gabas
EN LA OPINIÓN PÚBLICA
1. LOS AFECTOS
Recibir y difundir noticias es atractivo. Hay quien se vuelve loco por saber y
difundir. Está extendida la figura del «corre ve y dile»1. La tendencia a enterarse está
relacionada con el hombre abierto al saber en general y con el hombre viajero. Esto
genera tanto la seriedad científica como la práctica del cotilleo y del repaso en sociedad.
Si aquello de lo que se cotillea es el sexo del vecino, el erotismo es doble. En nuestra
época el afán de saber y difundir con rapidez ha engendrado el amplio espectro del
periodismo. Schelling decía que todo poeta tiene que hacerse su propia mitología. El
periodismo moderno lo ha entendido perfectamente. Tiene un gran elenco de dioses,
que incluye a los ricos, a las estrellas del cine y a los deportistas. Todos ellos se van
combinando en diversos tipos de amoríos que mantienen despierta la llama de las
revistas del corazón. El acto de opinar en sí mismo no es meramente intelectual, sino
que en muy alta medida es el desarrollo de una dinámica afectiva.
Nuestros estados básicos son la satisfacción y la insatisfacción. El niño llora
porque tiene hambre, o siente malestar, o quiere llamar la atención de su madre. Más
tarde pone cara de agrado o desagrado porque el colegio le gusta o no le gusta, porque
ha conseguido o no el juguete, porque tiene o no tiene amigos, porque está bien en el
grupo o lo humillan en él.
El niño crece en la familia, y la familia es el primer Estado y el primer lugar de
la opinión pública. En ella hay libertad y control de lo que se dice, diálogo y silencio,
1
W. BAUER, en La opinión pública y sus bases históricas, Ediciones de la Universidad de Cantabria,
Santander 2009, p. 31, resalta ya en la Ilíada la figura de Iris, que se precipita a través de la ciudad para
anunciar el final funesto de los arrogantes.
discusión y palabra autoritaria, rigidez en las propias posiciones y capacidad de
comprender al otro. Fundamentalmente la familia es un reino de desarrollo y
estabilización de los afectos. Y de cara al exterior delimita una frontera de otras familias
amigas o enemigas.
En la sociedad adulta los estados de ánimo oscilan entre la depresión y la
euforia. Deseamos la euforia y la añoramos cuando no la tenemos. Esta se centra: en la
riqueza, en el amor, en la amistad, en la afición al esquí y a otros deportes, en la
religión, en el partido. En la mayoría de los casos está de por medio la identificación
simbólica. Despierta el entusiasmo aquel club en el que me siento identificado. El
catalanista tiende al Barça y el españolista al Real Madrid.
A nivel colectivo un factor general de euforia colectiva o generalizada es la
economía. La abundancia económica induce a la acción, y la acción produce bienestar.
Otros motivos de entusiasmo colectivo son las victorias deportivas, por ejemplo, el
campeonato mundial de fútbol. Las fiestas por su propia naturaleza tienden a promover
el clima exultante. En nuestra sociedad son claves navidad, pascua, puentes (por
ejemplo, el de la Constitución) y las vacaciones de verano. Se añaden a lo dicho las
celebraciones de los grupos e instituciones con relieve colectivo.
Mientras duran los estados de ánimo pletóricos el político queda exonerado de la
necesidad de tomar iniciativas para atraer la atención del público. Gobernar es el arte de
templar el estado de ánimo de una comunidad. En conjunto la esfera pública está ahora
sobrecargada, particularmente en los gobiernos de izquierdas, que usan como motor las
promesas de cambio.
Una sociedad está equilibrada cuando tiene una economía sólida, goza de una
conciencia clara de identidad, y en principio ha resuelto satisfactoriamente el problema
de la relación entre lo que tiene vigencia pública y las opiniones particulares.
Desde este punto de vista el equilibrio de España en este momento es muy frágil, pues
fallan los tres pilares: la economía, la identidad nacional, y las razones que han de tener
peso público.
Una forma de crisis social es la desafección hacia las instituciones: institución
política y clase política; ejército y policía; docencia; prensa; tráfico; Iglesia. La vida es
marcadamente tradicional cuando los ciudadanos están muy adheridos a sus
instituciones. La distancia frente a ellas libera individuos para propuestas innovadoras.
La sociedad se mueve entre la atonía, el entusiasmo y la explosión social. El
gobernante procura evitar la atonía y la explosión, manteniendo un buen nivel de estado
emocional, al que se procura dar una culminación en el entusiasmo. En este momento
la democracia está pasando por un momento de cierta atonía, hasta tal punto que nos
admiramos en Europa de la explosión norteafricana en aras de la libertad. Los gobiernos
intentan introducir programas que llenen este vacío, por ejemplo, esfuerzos en torno a la
igualdad.
La opinión pública en definitiva es un ramo de la antropología, pero hemos de
tener en cuenta que la antropología es histórica. Siempre ha habido conciencia de la
pluralidad de fuerzas. Sin embargo, en ciertas épocas los contenidos de la razón han
tenido mayor fuerza que en otras, concretamente en Grecia y en los siglos de la
ilustración europea.
2
Op. cit., p. 32.
3
Ibíd., p. 34.
también un alma social cuyo núcleo celular entiendo yo como “comprensión” que se
activa en el uso y se conserva y continúa en la fe común.» 4,
A pesar de estos testimonios de autores clásicos, los estudios de la opinión
pública tienden a centrarse más en el estrato racionalizado, por lo menos en el sentido
de que la conducta del ciudadano ha de averiguarse a través de preguntas
comprensibles. Y esto no ha de admirarnos, pues el concepto de opinión pública se ha
forjado en torno a la ilustración, que es eminentemente racional y racionalista. Pero
ahora el modelo de la racionalidad pura ha sido sometido muchas reservas, por lo
menos en la filosofía.
Si atendemos a la forma en que históricamente se ha manifestado la opinión, se
advierten cambios tan importantes, que podría dudarse de si se trata de un mismo
fenómeno. Uno de los cambios más radicales es el que se ha producido entre los siglos
en que se forjó el concepto de opinión pública (XVII-XVIII) y el momento actual. El
concepto se acuñó en un entorno racionalista, en el entorno de la ilustración, que
intentaba dirigir la realidad humana desde la cima de la razón. La ilustración, contraria
a la tradición, da por supuesto que la razón es capaz de establecer bases firmes para la
vida humana. Kant, por ejemplo, analiza sutilmente los diversos estratos del hombre,
pero no cabe la menor duda de que en él ejerce una función normativa la antropología
racional. Escribe, por ejemplo: «La libertad del arbitrio es la independencia de su
determinación por impulsos sensibles; éste es el concepto negativo de la misma. El
positivo es: la facultad de la razón pura de ser por sí misma práctica. Ahora bien, esto
no es posible más que sometiendo la máxima de cada acción a las condiciones de
aptitud para convertirse en ley universal»5. La filosofía de Kant, en conjunto, contempla
la posibilidad de que la razón emita en todos una misma voz, y así dicte una norma de
acción que todos puedan aceptar en base a su propia luz interior.
La idea de una razón independiente de impulsos sensibles ha ejercido un influjo
persistente en la filosofía y, a través de ella, en todas las ciencias humanas (sociología,
política, ética) que han querido abordar el tema de la acción y, junto con él, el del futuro
de la historia. Ha llegado hasta nuestros días el siguiente esquema de pensamiento: el
hombre es libre y sabe lo que quiere; cada uno se relaciona con los demás como una
voluntad racional, capaz en cuanto tal de encontrar en el diálogo los principios de
configuración de la vida pública; el horizonte de acción entre los pueblos y el futuro de
4
VDM Verlag Dr.Müller, 2006, p. 53 s.
5
KANT, Metafísica de las costumbres, Madrid, Tecnos 1989, p.17.
la historia no es otro que el del libre desarrollo de la razón. La obra de Jürgen Habermas
es un testimonio clarísimo de que ese esquema de pensamiento ha sido plenamente
vigente en la segunda mitad del siglo XX. 6Y en este momento los sucesos que están
aconteciendo en el África mediterránea podrían interpretarse como un acercamiento a la
racionalidad democrática de Europa. ¿Puede decirse que lo acontecido en Túnez, en
Egipto y en Libia es fruto de ciudadanos que se han unido a través de un diálogo
racional sobre la esfera pública? ¿Quién es capaza de deslindar los factores emotivos y
los racionales de las masas allí congregadas? Un joven que se quema ¿ejerce mayor
fuerza persuasiva que el razonamiento democrático, o bien el razonamiento ya formado
como rechazo del autoritarismo recibe fuerza de autorrealización por la inmolación de
un ciudadano? Por otra parte, mientras sucede eso en el área mediterránea, en Europa
misma el mencionado esquema de pensamiento goza ciertamente de un reconocimiento
institucional en las constituciones, pero se halla en contradicción con otro filón de
fenómenos que está en primer plano de la sociedad actual.
La opinión pública en los siglos XVIII y XIX versa en buena medida sobre algo
que afecta interiormente a cada uno: el contenido de los derechos del hombre, la
conquista de la igualdad política. La definición de la naturaleza humana forma parte del
acontecer político y, por tanto, el ciudadano que participa tiene el sentimiento de que
allí está en juego su propia naturaleza, puede razonar sobre lo que él mismo
experimenta. 7 Sin duda hay temas de la legislación que lo desbordan, pero, en general,
un ciudadano formado e interesado por la política puede seguir con facilidad el
acontecer nacional. 8
Hoy día, en cambio, por más que quede un resto de legislación moral donde los
ciudadanos pueden acompañar con su argumentación (aborto, matrimonio homosexual,
lucha contra la violencia de género, reivindicación de la igualdad), en la mayoría de las
leyes el ciudadano normal ni siquiera se entera de que se ha dictado tal o cual ley. Si
quieren hagan ustedes la siguiente prueba: pregunten a una muestra representativa de
ciudadanos normales la víspera de las elecciones qué leyes ha dictado el partido
6
Especialmente en la obra Historia y crítica de la opinión pública, Gustavo Gili, Barcelona 1982.; Cf,
Raúl GABÁS, J. Habermas: Dominio técnico y comunidad lingüística, Barcelona, Ariel 1980, p. 43 ss.
7
Véase el § de J. HABERMAS, Cambio de estructura de la opinión pública.
8
Tomemos, por ejemplo, el Diario de Madrid, de 2 y 3 de diciembre de 1805. Consta ante todo de
máximas y reflexiones morales, con títulos como: del ignorante, del hombre de mundo, del egoísmo, del
amor propio, de la felicidad e infelicidad. Las noticias sueltas y las ventas ocupan un lugar secundario.
Esos temas forman parte de la naturaleza de cada uno.
gobernante. Estoy convencido de que la gran mayoría ni siquiera sabría mencionar el 10
por cien de las leyes aprobadas durante la legislatura.
Recordaría en todo caso las que hayan afectado a sus persuasiones morales. Pero
la mayoría nada sabemos sobre la legislación relativa a la energía nuclear, a la energía
eléctrica, a los contratos por teléfono, al terrorismo, a la responsabilidad civil en los
diversos ámbitos de nuestra vida, a la relación del ciudadano con la administración del
Estado, a la legislación vigente en la propiedad horizontal, a las leyes europeas que
limitan la competencia nacional.
¿No es una burla decir que nos autolegislamos, si desconocemos la existencia y
el contenido de la mayoría de las leyes? ¿En qué leyes nos hemos formado opinión?
Añádase a esto la existencia de muchas instancias legislativas: ayuntamientos,
autonomías, parlamento nacional, parlamento europeo. ¿En qué nivel ejerzo yo la
ciudadanía? ¿En todos ellos? Y, aunque llegue a formarme opinión sobre alguna de las
leyes, ¿por qué medio puedo expresarla? En la situación actual la afirmación de que el
ciudadano se autolegisla empieza a resultar cómica. Y, por tanto, o bien se hace cómico
también el concepto de democracia, o bien reconducimos el concepto al ámbito de lo
posible. ¿Qué ámbito sería éste? ¿No cabría deslindar un núcleo donde el pueblo puede
estar enterado y ha de ser competente? El crecimiento de la complejidad del mundo y de
los campos a los que se extiende la legislación ha condenado al absurdo la idea del
ciudadano que se legisla a sí mismo. 9
La realidad o apariencia de un público discursivo se salvaba mucho mejor en los
siglos XVIII y XIX, que en nuestra época. Podría decirse que la figura de la opinión
pública discursiva ha saltado por los aires. Sin embargo, el fenómeno de lo que
llamamos opinión sigue existiendo. ¿En qué manera existe y cuál es su función?
9
En La Razón del jueves 14 de abril de 2011, p. 13, Luis ALEJANDRE, refiriéndose al recurso constante
a las encuestas ante cualquier tema, resaltaba que ese método acarrea altos riesgos de manipulación o
contaminación, pues implica un estado de opinión más que un estado de derecho. Es decir, en el complejo
acontecer de nuestra sociedad no llegan a compactarse los temas sobre los que podamos forjarnos una
opinión firme.
mundo sin apenas conexión con el día anterior. Por más que algunos temas tengan cierta
continuidad, la mayoría carecen de ella. ¿Qué se pone cada día en la primera página del
periódico? Hay algunos que se imponen por los acontecimientos del día. Pero el editor
tiene que buscar ante todo lo que excita, lo que atrae, lo que indigna, en general, lo que
interesa. Las primeras páginas de los periódicos muestran la vinculación de la opinión
pública con lo escandaloso, emotivo y excitante.
He tomado al azar dos portadas: una de El País y otra de El Mundo.
El País 10 contiene en la portada ocho títulos en total:
1. Russeff (presidenta de Brasil) anuncia mejoras sociales, pero no tolerará la
violencia.
2. La ninfa del verano: la modelo Heather Marks presenta los colores que se
imponen para el estío.
3. La crisis griega vuelve a desatar el miedo en Europa.
4. Bernard Tapie, azote de la V república (el ex empresario y ex ministro pone en
jaque a Sarkozy y Lagarde).
5. Londres espía millones de llamadas (escándalo).
6. Investigación judicial de la sanidad madrileña, acusación por cohecho,
prevaricación y malversación.
7. Hacienda excluye a la infanta de la trama fiscal (escándalo).
8. El escritor Joël Diker triunfa con su novela «La verdad sobre el caso Harry
Quebert.»
En la portada citada aparece un predominio claro de lo emocional.
10
El País del 22. 06. 2013.
11
El Mundo del 18. 06. 2013.
De nuevo asoman los afectos por todas partes. En el caso de la infanta, ¿por qué
tanta tinta sobre este asunto? Sin duda afecta a una estructura simbólica importante.
Hoy, decir «yo opino» podría traducirse por «yo estoy excitado». Aparecen
frecuentemente en la prensa los personajes que excitan a los lectores de diversos
campos. Los abusos sexuales con los menores de edad, la violencia y el terrorismo
poseen un valor de prensa por lo que tienen de excitantes. De vez en cuando la sociedad
se acuerda del derecho a la intimidad y del decoro. Pero en lugar de callar para que el
mundo no se entere, la prensa sigue escribiendo con el propósito de vender ejemplares.
Ser noticia significa muchas veces: produce escándalo. Escándalo y morbo son
poderosos, el primero porque produce una admiración, y el segundo porque difunde un
cosquilleo interior en nuestro organismo.
Hubo tiempos en los que la retórica parlamentaria se dejaba guiar por la belleza
interna del discurso. Pero en el Parlamento actual la agresión recíproca entre los
contrincantes está a la orden del día. Pensar es demonizar, herir y recabar el aplauso
mientras la imagen se transmite al público por televisión. En la vida parlamentaria se
resuelven muchos problemas que el acontecer social plantea, pero esa misma solución
de problemas está envuelta en el juego de desgaste del adversario y promoción de sí
mismo. Si es sucio revolver el fondo pasional del corazón humano, donde están al
acecho la envidia, los celos, el odio, la ira, el egoísmo y el amor propio, la política,
especialmente la moderna, que se mueve en ese elemento, será necesariamente sucia.
Pero los ciudadanos tampoco son inocentes, pues están hechos de esos lodos y apetecen
el espectáculo de los dioses en lucha. Para los dioses griegos es un placer contemplar la
guerra de Troya. De vez en cuando incluso descienden al campo de batalla para ayudar
a los protegidos. Lo mismo que los dioses están mirando la escena, también nosotros,
los ciudadanos de hoy, tenemos una imagen de la lucha estructurada con un tejido
simbólico. De ahí emanan leyes apenas perceptibles de juego. Por ejemplo, en el
parlamento se puede herir, pero no sacar un cuchillo. Y desde luego es de mal gusto que
Tejero entre en la Cámara pistola en mano.
12
ROUSSEAU en el Contrato social o principio del derecho político presenta la figura del “contrato”,
por el que los miembros de una sociedad se unen en una voluntad general.
Muchos sistemas creen que la naturaleza explosiva del hombre es mala y debe
transformarse. En realidad es un fondo desde el que se desarrolla toda actividad
creadora. La libertad es una broma mojigata si no implica el carácter absoluto de cada
uno. Y donde hay absoluto el problema es el límite. ¿Cómo puedo expandirme sin
invadir el territorio ajeno? Hay maneras negativas y positivas de hacerse con el otro, de
apropiárselo. Son negativas: la esclavitud, la explotación, la astucia. Son maneras
positivas, en cambio: el lenguaje, el arte, la comprensión, el nexo histórico, los
símbolos.
En la sociedad se da una reivindicación constante del derecho de explosión.
Conocemos las palabras por las que se caracteriza la relación negativa con el Estado y
con el otro hombre: opresión, represión, explotación, dominación. Todas ellas indican
claramente que el individuo queda comprimido y no tiene posibilidad de expandirse. La
represión más sutil es la que mina la posibilidad de explosión social. Los sindicatos son
agentes propicios tanto para preparar la explosión social como para impedirla. La
huelga general puede entenderse como una articulación del malestar.
La reflexión individual y la suma de las reflexiones individuales es insuficiente
para provocar una explosión de la opinión. Para ello se requiere además una
provocación retórica e insistente que soliviante los ánimos y los haga entrar en el horno
del calentamiento común. Se pone en juego entonces el sentimiento de masas, que
obedece a un principio parecido al de los vasos comunicantes: cuando la temperatura
crece en uno de ellos, tiende a crecer en los demás. Algunos son capaces de electrizar,
son los electricistas de la opinión. 13
Los líderes en los procesos electorales tienden a electrizar, a crear una situación
explosiva. Es más, estas situaciones se requieren para mantener la cohesión y el vigor de
las masas. Irak y el atentado en los trenes de Madrid fueron para la masa socialista la
misma pólvora que los escándalos del gobierno de Felipe González y la mala gestión de
la crisis de Zapatero para la masa del PP. Normalmente, el odio que antes se canalizaba
contra otro país, ahora se dirige contra otro partido, de acuerdo con lo dicho sobre la
naturaleza de la revolución francesa y la comunista.
En España la explosión de la Opinión Pública fue utilizada abundantemente por
el franquismo, que se centraba en el sentimiento de unidad nacional (de comunidad).
Cada problema gordo, por ejemplo, la retirada de embajadores extranjeros, acarreaba
13
FEUD, por ejemplo, resalta la función de la libido, del amor, y del jefe en la unión de las masas
Psicología de las masas, 1921, edición castellana en Madrid, Alianza 2010.
una manifestación callejera, en la que se esgrimían los tópicos básicos. Una parte
importante del pueblo se inflamaba, y esto era suficiente para crear una base de
adhesión que permitiera gobernar.
En Cataluña hubo una explosión cuando Tarradellas pronunció el famoso «ya
soc aquí». La primera victoria electoral de Felipe González tuvo una gran dosis de
explosión futurista, bajo los rasgos de juventud, cambio, futuro. Y de nuevo la llegada
de Zapatero al poder estuvo acompañada de una explosión contra la guerra.
La explosión ejerce ante todo un efecto psicológico en los que han participado
en el fenómeno. Este efecto gratificante tiende a fortalecer la decisión tomada, y en
principio dura un cierto tiempo. Por otra parte, hay una tendencia inconsciente a ser
conducido a estados de efervescencia de la opinión.
Se relaciona con lo explosivo lo que podríamos llamar el querer fuerte, como
algo que nos proyecta a un fin estable de nuestra vida. Habrían de incluirse aquí las
creencias arraigadas bien en la religión, bien en la naturaleza: matrimonio,
descendencia, propiedad…Las opiniones basadas en este ámbito tienden a ser muy
estables, y son rápidas en reaccionar contra quien las ponga en peligro.
Actualmente en los países del capitalismo avanzado la opinión está bastante
estabilizada. Los radicales apenas tienen posibilidades fuertes. Podría decirse que en
occidente el que tiene «chicha» y chica ya no se rebela. La opinión, en efecto, va muy
ligada al deseo, de modo que se divide en base al «deseo» de conservar (conservadores),
y al «deseo» de obtener (progresistas). Bien y mal, aceptable y rechazable, obedecen a
esa doble modalidad del deseo.
14
PLATÓN en el Banquete nos cuenta que el amor es hijo de Poro (el recurso, la abundancia) y penía (la
pobreza). Platón, Obras Completas, Madrid, Aguilar 1977, p. 584 (201 e/202 e).
importante que la sobriedad del cálculo. El pueblo ama la explosión, hasta el punto de
aplaudir la guerra. Y ahora, en la época de los sentimientos débiles, la voluntad de poder
juega a la celebración de la victoria electoral. Pero los derrotados no van a las cárceles
mamertinas, sino que perciben interesantes nóminas el día 30 de cada mes.
Los símbolos son la forma más eficaz que la sociedad tiene de canalizar la vida
pública. Se entiende por símbolo la manifestación de lo universal a través de una
concreta realidad sensible, o sea, la fusión de lo universal y lo particular; 15 por ejemplo,
en un desfile militar el soldado que marcha delante con la bandera: nos ponemos de pie
ante el militar que muestra la bandera (patria) común a la que él sirve; y, en general, la
presencia de un militar o policía nos disuade de toda acción violenta. En la convivencia
humana los afectos generarían un caos si no estuvieran canalizados a través de los
símbolos, que responden a las escalas de intensidad antes mencionadas. Así hay bandera
de paz y bandera de guerra, y entre uno y otro extremo encontramos la siguiente
gradación: aplauso, adicto, descontento, crítico, reclamación, protesta, manifestación
pública, huelga, revolución, guerra civil. Apenas hay ningún ámbito de la vida
intersubjetiva que no esté sometido a la gradación de los afectos y no se exprese
mediante algún símbolo (por ejemplo, libros y rosas en Cataluña el día de Sant Jordi;
dar la mano, un beso o un abrazo). Son símbolos o fuentes de símbolos: Toros, guerra,
patria, gran padre o madre, seno, familia, igualdad, progreso, hoz y martillo, éxito,
justicia, venganza, deporte, llevar El País o el ABC en la mano; en la actualidad:
políticos, cantantes, modelos, presentadores. Son fuentes generadoras de mitos la
agresión, el amor y el poder, lo cual aparece ampliamente en la mitología griega. Los
ídolos son una modalidad de símbolo. Ejercen un efecto protector. Cuando nuestro
15
Así lo entiende, por ejemplo, Schelling. Véase SCHELLING, La filosofía del arte, Madrid , Tecnos
1999, introducción de Virginia López Domínguez, p. XXXI; Schelling, Biblioteca de Grandes
Pensadores, Madrid, Gredos 2012, Estudio introductorio de Raúl Gabás, p. LXVI.
equipo cae derrotado nos sentimos desamparados por algunos días. Nos falta el
paraguas protector, capaz de levantarnos.
La energía erectora, lo que nos conduce a la acción, es de tipo simbólico: ser
buen funcionario, amar la propia profesión, afán de enriquecerse por ocupar una
posición social. La apatía y la decadencia tienen que ver con la pérdida de símbolos o
valores.
El hombre es simbólico porque es estático: en lo político estamos referidos a un
centro o capital, que se expresa en la bandera, en la constitución, etc. La vida del
hombre está estabilizada en buena medida, y los que estabilizan son los símbolos. Están
regulados: el lenguaje, la manera de andar, el gesto de status, la dinámica de ostentación
y reconocimiento. Desde la temprana infancia el niño es sometido a la forma de vida
doméstica, donde ciertas cosas son aprobadas y otras no. El mero hecho de ir vestido
implica una distinción entre lo corporal y la forma de aparecer: estás guapo, ¡qué bien te
sienta! Empieza así el dominio de la imagen, que continúa en la escuela, en las
relaciones sociales y en la calle.
La socialización o introducción en el ambiente dominante se produce por lo
general en forma agradable a través elementos simbólicos (los relatos religiosos van
acompañados de fiestas: navidad, reyes, pascua, puente de la Inmaculada). El primer
fondo común en la manera de pensar de los seres humanos procede de la relación con la
naturaleza, que implica la procreación y las normas protectoras de la misma.
Inmediatamente surgen temas como el de la medicina, que protege la vida, y la
selección de la raza (Esparta). Las normas básicas apuntan a la sobre vivencia del grupo
familiar o de la especie. Surgen divinidades centradas en la fecundidad, en los bienes
necesarios para la vida (sol, luna, tierra, animales sagrados) y en la satisfacción de los
deseos.
La tradición de los pueblos se forma normalmente en torno al ciclo de la
reproducción de la vida. Este es el estrato básico desde las religiones naturales hasta la
economía moderna. El culto ofrece una exaltación de este ciclo natural: fiestas de
primavera y de la vendimia. La defensa de la tierra engendra comunidades y luchas
contra otras comunidades. Así surgen los héroes y el culto a ellos (Ilíada, Odisea). El
judaísmo y el cristianismo abren una brecha en esta sociedad o religión natural,
introducen lo distinto de la naturaleza y así abren el cauce de la historia. Comienza con
ello la pugna entre arqueología y escatología. La duplicidad de naturaleza e historia
recorre los momentos fundamentales de la vida europea. Uno de los más importantes es
el de la ilustración europea. Los ilustrados rechazan lo recibido por tradición, y así están
libres para aspirar a una sociedad mejor en el futuro. La Iglesia, en cambio, defiende la
validez de lo transmitido. Ésta, de suyo, debería defender la novedad histórica, pues la
revelación abre el horizonte de la historia. Y los ilustrados, en cuanto adversos al
cristianismo, habrían de propugnar la naturaleza y no precisamente la historia. Pero en
el fragor de la batalla se produce una fusión y confusión de banderas, de manera que el
cristianismo asume la tradición y los ilustrados, sobre todo bajo la modalidad del
socialismo, defienden la novedad histórica. Esto se hizo posible por la atribución de
fuerzas creadoras al hombre, a una dinámica naturaleza humana que dormita todavía
bajo el peso de la historia. De esa manera lo cristiano es rechazado como pasado y se
exalta lo pagano como principio de lo nuevo.
16
El 25 de junio de 2011, a corta distancia de las elecciones municipales y autonómicas en España,
Fernando ÓNEGA escribía en La Vanguardia (p. 15) el artículo titulado: “La España de la mantilla”. El
autor muestra el retorno de los símbolos que parecían relegados al olvido. Escribe, por ejemplo: «Y
Cospedal salió a la calle el día del Corpus, y ahí comenzó el cambio: la Academia de Infantería volvió a
tocar el himno nacional, y la presidenta se puso la mantilla. La española.».
Las estructuras metafísico-simbólicas no desaparecen súbitamente, sino que
tienden a sobrevivir cuando son rechazadas. Por ejemplo, la imagen de Dios que hace
salir el sol sobre buenos y malos, y que rige la historia, se transforma en el Estado
benefactor, que nos asiste en los problemas de nuestra vida, y que conduce al
«progreso» en la historia. ¿Hay tanta diferencia entre providencia y progreso? La ciudad
de Dios, la relación entre Caín y Abel, entre bien y mal, se convierten en una pugna
entre sistema y antisistema, entra altruistas y egoístas. Cuanto más retrocede la Iglesia,
tanto más fuerza coge el partido; desaparece la mirada divina, pero es sustituida por la
mirada de la televisión y de cámaras ocultas, por teléfonos pinchados; la oración es
sustituida por el móvil, que nos ayuda a superar la soledad y nos ofrece la constante
posibilidad de contacto; hasta el juicio universal se convierte en genoma universal. La
igualdad es proclamada con el mismo fervor que la antigua hermandad cristiana y se
convierte en principio de Estado. Newton decía: todos los cuerpos en el vacío caen con
la misma velocidad; yo digo: todos los cuerpos caen el vacío con el mismo horror. El
símbolo es un paracaídas que suaviza el desmoronamiento.
Desde la ilustración hasta el siglo XX el ideario religioso es suplantado por el de
la libertad y la independencia. E incluso puede decirse que la libertad es entendida como
independencia. Se hace problemática la relación con el otro. Pero, de momento, se
produce una congregación del pueblo en la lucha contra la tiranía. Todos están unidos
en un «quiero ser libre». Se generan dos tipos de comunidad: la antigua, con base en la
religión, y la revolucionaria (comités, asambleas, huelgas, con ideas como solidaridad y
camaradería). El siglo XIX es el escenario de las revoluciones y las guerras de
independencia. Están guiadas por el ideal democrático, que inicialmente es una fe en el
pueblo como una unidad o sustancia metafísica. Luego, cuando lo común ha de emanar
del consenso, pierde interés, se desacraliza y conduce al desencanto. Actualmente está
al rojo vivo la discusión sobre los contenidos de la moral pública. El problema no es ni
más ni menos que la cuestión: ¿es capaz el Estado laico de llenar por sí mismo el
espacio público con el indispensable contenido moral, con un mínimo de cohesión entre
los ciudadanos que no tenga como base única la coacción de la ley penal y de la fuerza
pública? ¿Qué político sería capaz de confeccionar un programa electoral renunciando a
todos los presupuestos simbólicos?
Hoy vivimos en medio de un sincretismo simbólico. Restos de la tradición, de
derechas (fiestas religiosas) e izquierdas (fiesta del trabajo, etc.), se combinan con el
culto a los poderes de la época: ciencia, igualdad, progreso, sanidad, estética,
modernidad, juventud, deportistas, cineastas, velocidad, cantantes, famosos en general.
Estos elementos de la nueva mitología son proclamados a diario en la prensa y trazan el
tejido común de nuestras mentes. Políticos y periodistas está versados en los símbolos
vigentes, tal como se pone de manifiesto en la difusión de la expresión «imagen» o
«tener imagen». En nuestro Olimpo conviven símbolos de todas las épocas. Pero está
desaparecida la figura de Júpiter, el padre de los dioses, el vínculo de sangre de lo
divino, el himno patrio que percute en todos los corazones con sus acordes musicales.
La «tierra», figura primigenia de la mitología antigua, comienza a resurgir como una
fuerza que podría convertirse en símbolo para toda la humanidad.
17
Byung-Chu HAN habla de un «colapso del yo que se funde por un sobrecalentamiento que tiene su
origen en la sobreabundancia de lo idéntico.» La sociedad del cansancio, Herder, Barcelona 2012, p. 23.
Y en Transparenzgesellschaft, Matthes&Seitz Berlín, p. 5, escribe: «Las cosas se hacen
transparenmtes…cuando son alisadas, allanadas, cuando se insertan sin resistencia al torrente liso del
capital, de la comunicación e información».
afectos? Quizá podrían enumerarse algunos temas que han de mantenerse inmunes
frente a los afectos, por ejemplo, la economía. El avión, el tren de alta velocidad, la
velocidad de la luz, la renta per cápita, etc., obedecen, me diréis, a un sistema racional,
y nada tienen que ver con afectos o símbolos. Cumplen su función y nada más.
Sin duda hay muchos temas sociales que pueden analizarse y discutirse con rigor
técnico. Pero incluso lo más racional está expuesto a las emociones: me entusiasma el
proyecto, seremos la avanzadilla de la técnica…No obstante, hay una serie de funciones
sociales que se cumplen o no se cumplen. Y en el éxito o el fracaso está presente o
ausente un componente racional. Por otra parte, sigue siendo una tarea fundamental de
la opinión pública desenmascarar la política en su exceso emocional y en su déficit
racional. No obstante, lo racional encoge el ánimo y produce placer en pocos; en
cambio, lo emocional se expande y produce intensa satisfacción. 18
El reino de la opinión fluctúa entre lo corporal (animal) y lo intelectual. ¿Por qué
el ser humano ha desarrollado la racionalidad? El hombre es precisamente ese
movimiento de ascensión de lo somático a lo racional y de reabsorción de la razón en el
reino de lo irracional. 19Esclarecer esa lucha es una tarea decisiva de la investigación de
la opinión pública.
OBRAS CITADAS
18
Franz von HOLZENDORF escribe: «Todas aquellas cuestiones que exigen para su solución una
habilidad técnica, una medida especial de conocimiento y la ejercitación de los expertos, no pueden ser
juzgadas por la opinión del pueblo», en Esencia y valor de la opinión pública, acOPos, Santander 2012,
pp. 92-93.
19
LE BONN resalta cómo los individuos racionales se despojan de la racionalidad cuando se sumergen
en el fenómeno de la masa. Véase Psicología de las masas, Madrid, Morata 1995;
http/[Link]
GABÁS, R., en Schelling, “Estudio introductorio”, Madrid, Gredos, 2012.
HAN, B. Ch., La sociedad del cansancio, Barcelona 2012, ((trad. cast. de Aratzazu,
Sartxaga).
KANT, I., Metafísica de las costumbres, Madrid, Tecnos 1989, (trad. de A. Cortina y J.
Conill).
PLATON, «El Banquete», en Obras completas, Madrid, Aguilar, 1977, (trad. cast.
María Araujo y otros).
ROUSSEAU, J. J., Contrato Social o principio del derecho político, Madrid, Tecnos
1995, (trad. de J. M. Villaverde).
TÖNNIES, F., Kritik der Öffentlichen Meinung, VDM Verlag Dr. Müller, 2006.