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Narcisismo de Vida Narcisismo de Muerte - Green

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NARCISISMO DE VIDA, NARCISISMO DE MUERTE – ANDRÉ GREEN

LA MADRE MUERTA

La diferencia entre los análisis contemporáneos y los del pasado, son los problemas del duelo: la madre muerta. No se trata de
la muerte real de la madre sino de una imago constituida en la psique del hijo a consecuencia de una depresión materna. La
madre muerte es una madre que sigue vida pero está psíquicamente muerta a los ojos del pequeño a quien ella cuida.

Los analizantes no dejan ver en su demanda de análisis los rasgos caracteristicos de la depresión. El analista percibe desde el
primer momento la índole narcisista de los conflictos invocados, que dice relacion con la neurosis de carácter y sus
consecuencias sobre la vida amorosa y la actividad profesional.

La teoría psicoanalítica admide dos ideas: la primera es la perdida del objeto como momento fundamental de la estructuración
del psiquismo humano, en cuyo transcurso se instaura una relacion nueva con la realidad. En lo sucesivo el psiquismo será
gobernado por el principio de realidad que prevalece sobre el principio de placer, al mismo tiempo que lo preserva.

La segunda idea compartida es la existencia de una posición depresiva.

OM
Ambas ideas denotan una situación general que atañe a un suceso ineluctable del desarrollo. La ausencia de esas
perturbaciones y la buena calidad de los cuidados maternales no pueden evitar al hijo este periodo que desempeña un papel
estructurante para su organización psíquica. Un sujeto que ignora la depresión probablemente está mas perturbado que el
deprimido en ocasiones.

EL PADRE MUERTO Y LA MADRE MUERTA

.C
La referencia a la castración ha obligado a autores a castratizar todas las formas de angustia.

Es posible dar legitimo fundamente a la angustia de castración entendiendo que en ella se subsume el conjunto de las
angustias ligadas a la pequeña cosa desprendida del cuerpo, se trate del pene, de las heces, del hijo. Lo que imparte unidad a
DD
esta clase es que en todos los casos la castración es evocada en el contexto de una herida corporal asociada a un acto
sangrante. Atribuyo mas importancia a esta idea de angustia roja que a su relacion con un objeto parcial.

Es cierto que todas las formas de angustia se acompañan de destructividad, puesto que la herida es el producto de una
destrucción. Pero esta destructividad no guarda relacion alguna con una mutilación sangrienta. Tiene los colores del duelo:
negro o blanco. Negro como en la depresión grave, blanco como en los estados de vacio. El odio es producto secuandario y no
LA

causa de una angustia blanca que traduce la perdida experimentada en el nivel del narcisismo.

La serie blanca, alucinación negativa, psicosis blanca y duelo blanco, son el resultado de una de las componentes de la
represión primaria: una desinvestidura masiva, radical y temporaria, que deja huellas en lo inconsciente en la forma de
agujeros psíquicos que serán colmados por reinvestiduras, expresiones de la destructividad liberada así, por ese
debilitamiento de la investidura libidinal erotica. Las manifestaciones del odio y los procesos de reparación a ellas
FI

consiguientes, son manifestaciones secundarias respecto de esa desinvestidura central del objeto primario materno.

El destino de la psique humana es siempre tener dos objetos.

El padre está ahí, a la vez en la madre y en el hijo, desde el origen. Mas exactamente, entre la madre y el hijo.


Existe dos versiones freudianas de la perdida de pecho. Esta perdida es un proceso de evolución progresiva que se cumple
paso a paso. La interpretación mutativa es siempre retrospectiva. Solo con posterioridad se forma esta teoría del objeto
perdido, que así cobra su carácter fundador, único instantáneo.

El recurso de la metáfora no está justificado solo de un punto de vista diacrónico sino también del punto de vista sincronico.
Es preciso conservar la metáfora del pecho porque el pecho, como el pene, solo puede ser simbolico. Por intenso que sea el
placer de succion ligado al pezón o la tetina, el placer erógeno tiene el poder de retraer a el todo cuando de la madre no es el
pecho: su olor, su piel, su mirada. El objeto metonímico se ha convertido en metáfora de objeto.

Con respecto a madre muerta, refiere como una metáfora, independiente del duelo de un objeto real.

EL COMPLEJO DE LA MADRE MUERTA

El complejo de la madre muerta es una revelación de la transferencia. Cuando el sujeto se presenta por primera vez ante al
analista, los síntomas de que se queja no son en esencial de tipo depresivo. Casi siempre estos síntomas reflejan el fracaso de
una vida afectiva, amorosa o profesional que es la base de los conflictos mas o menos agudos con los objetos próximos.

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En cuanto a los síntomas neuróticos clásicos, están presentes pero son de valor secundario o aun si son importantes, el
analista tiene el sentimiento de que el análisis de su genes no aportará la clave del conflicto.

Cuando el análisis se empeña, la transferencia revela a veces una depresión singular. El analista tiene el sentimiento de una
discordancia entre la depresión de transferencia y un comportamiento exterior en que la depresión no se vuelca.

Lo que está depresión de transferencia indica es la repetición de una depresión infantil, cuyos rasgos me parece inútil definir.
No se trata de una depresión por perdida real de un objeto; quiero decir que no está en juego aquí e problema de una
separación real de objeto que habría abandonado al sujeto. Este hecho puede haberse producido, pero no constituye el
complejo de la madre muerta.

El rasgo esencial de esta depresión se produce en presencia del objeto, el mismo absorbido por un duelo. La madre, por alguna
razón, se ha deprimido. Entre las causas principales de esa depresión materna encontramos la perdida de un ser querido. Pero
también se puede tratar de una depresión desencadenada por una decepcion que inflige una herida narcisista. En todos los
casos la tristeza de la madre y la disminución de su interés por el hijo se situan en el primer plano.

Lo que entonces se produce es un cambio brutal, verdaderamente mutativo de la imago materna. Una detención brusca. El hijo

OM
se sintió amado. Todo se habría terminado.

Aquí el desastre se limita a un nucleo frio, que ulteriormente será rebasado pero que deja una marca indeleble sobre las
investiduras eróticas de los sujetos en cuestión.

La transformación en la vida psíquica en el momento del duelo repentino de la madre que desinviste brutalmente a su hijo, es
vivida por este como una catástrofe. Por una parte porque sin signo alguno precio el amor se ha perdido de golpe. El trauma
narcisista que este cambio representa. Constituye una desilusion anticipada y que lleva consigo además de la perdida de amor,

pulsiones hacia el objeto.

.C
una perdida de sentido, pues el bebe no dispone de explicación alguna. Interpreta esta decepcion como la consecuencia de sus

En efecto, se atribuye a la investidura del padre por la madre el retiro del amor materno. En la mayoría de los casos el padre
DD
no responde a la aflicción del hijo. He ahí al sujeto tomado entre una madre muerta y un padre inaccesible, porque este se
preocupa sobre todo por el estado de la madre sin acudir al auxilio del hijo o porque deja a la pareja madre-hijo librarse sola
de esta situación.

Despues que ha vivenciado la perdida del amor de la madre y la amenaza de la perdida de la madre misma y ha luchado con la
angustia por diversos medios activos cuyos signos son la agitación, el insomnio. El yo pondrá en practica una serie de
defensas:
LA

1-la primera y mas importante será un movimiento único con dos vertientes: la desinvestidura del objeto materno y la
identificación inconsciente con la madre muerta. La desinvestidura afectiva pero también representativa, constituye un
asesinato psíquico del objeto perpetrado sin odio. De esto, su resultado es la constitución de un agujero en la trama de las
relaciones de objeto con la madre.
FI

El otro aspecto de la desinvestidura es la identificación con el objeto en una modalidad primaria. Esta identificación especular
es casi obligatoria. Esta simetría reaccional es el único medio que permite restablecer una reunión con la madre, quizás en la
modalidad de la simpatía. No hay reparación verdadera sino mimetismo, como ya no se puede tener al objeto, el objetivo es
seguir poseyéndolo deviniendo él mismo, no como él. Esta identificación es inconsciente desde el comienzo. Se produce a
espaldas del yo del sujeto y contra su voluntad, de ahí su carácter alienante. En las ulteriores relaciones de objeto, el sujeto


habrá de poner activamente en practica la desinvestidura de un objeto en vías de decepcionar: así se repetirá la defensa
antigua pero siendo por entero inconsciente de su identificación con la madre muerta.

2-el segundo hecho es la perdida del sentido. La construcción del pecho, de que el placer es causa, meta y garante, se ha
derrumbado de repente sin razón.

Existe una desproporcion insalvable entre la falta que el sujeto se reprocha haber cometido y la intensidad de la reacción
materna. A lo sumo podría llegar a pensar que esa falta se liga a su manera de ser.

Esta posición lo obliga a encontrar un responsable del humor negro de la madre. Es el padre el destinado a esto. El objeto
desconocido del duelo y el padre se condensan entonces para el hijo, lo que crea el Edipo precoz. Toda esta situación creada
por la perdida de sentido determina un segundo frente de defensa:

3-el desencadenamiento de un odio secundario que moviliza deseos de incorporación represiva pero también posiciones
anales teñidas de un sadismo maniaco en que se trata de dominar al objeto, mancillarlo vengarse de el, etc.

4-la excitación autoerotica se instala por la búsqueda de un placer sensual puro, placer de órgano pero se caracteriza por una
reticencia en amar al objeto.

5-la procura de un sentido perdido estructura el desarrollo precoz de las capacidades fantasmaticas e intelectuales del yo. El
desarrollo intelectual se inscribe en el constreñimiento de pensar. Ejecución y autorreparacion se dan la mano para concurrir

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al mismo objetivo: la preservación de una capacidad para superar el desconcierto de la perdida del pecho por la creación de
un pecho aplicado, a modo de una tela cognitiva destinada a enmascarar el agujero de la desinvestidura.

Esta actividad intelectual lleva una cuota considerable de proyección. La operación consiste en llevar a la escena de afuera, es
decir la del objeto, la investigación y aun la adivinación; llevar a la escena de afuera lo que debe ser rechazado y abolido
adentro.

La unidad comprometida del yo, que ha quedado agujereado se realiza en el plano del fantasma y entonces da origen
abiertamente a la creación artística, o en el plano del conocimiento y genera una intelectualización muy rica.

Las sublimaciones resultarán ser incapaces de desempeñar un papel equilibrado en la economía psíquica porque el sujeto
permanece vulnerable en un punto particular, a saber, su vida amorosa.

Por fuerza sobreviene la decepcion del objeto, o la del yo; estas decepciones ponen fin a la experiencia y resurge el
sentimiento de fracaso, de incapacidad. El paciente tiene el sentimiento de una maldición que pesara sobre el, la de la madre
muerta que no termina de morir y que lo mantiene prisionero.

OM
Los objetos del sujeto permanecen siempre en el limite del yo, ni completamente adentro ni enteramente afuera. Y con razón
puesto que el lugar está ocupado en el centro por la madre muerta.

Ej: tras las quejas acerca de las actuaciones de la madre de sus acciones, se bosquejaba la sombra de su ausencia. Cuando
estaba presente se mantenía indiferente aun cuando abrumaba al hijo con sus reproches. La madre muerta había arrastrado lo
esencial del amor de que había estado investida antes de su duelo: su mirada, su tono de voz, su olor. La perdida de contacto

.C
físico había producido la represión de la huella mnémica de su tacto. Había sido enterrada vida, pero aun su tumba había
desaparecido. El agujero que estaba en su lugar hacía temer la soledad como si el sujeto corriera el riesgo de perder ahí su
cuerpo y sus bienes.
DD
El holding de Winnicott, se relaciona mas con una experiencia de desfallecimiento psíquico, que sería a la psique lo que el
desmayo es al cuerpo físico.

Hubo identificación primaria con la madre muerta y transformación de la identificación positiva en identificación negativa, es
decir, identificacion con el agujero dejado por la desinvestidura, y no con el objeto. E identificación con ese vacío que
periódicamente cada vez que un objeto nuevo es elegido para ocuparlo, se llena y de repente se manifiesta por la alucinación
LA

afectiva de la madre muerta. Todo se organiza en torno a ese nucleo con un triple objetivo:

-mantener al yo con vida

-reanimar a la madre muerta


FI

-rivalizar con el objeto del duelo en la triangulación precoz.

EL AMOR HELADO Y SUS DESTINOS: EL PECHO, EL EDIPO, LA ESCENA PRIMITIVA

La ambivalencia es un rasgo fundamental de las investiduras de los depresivos. En esta estructura la incapacidad para amar no


obedece a la ambivalencia, es decir, a la sobrecarga de odio, sino en la medida en que lo primero es el amor helado por la
desinvestidura. El objeto está en una suerte de hibernación, conservado en frío. Esta operación se ha producido sin que el
sujeto lo supiera. La desinvestidura es un retiro de investidura que se cumple preconscientemente. El odio reprimido es el
resultado de una desintrincacion pulsional.

En el acto de retirar sus investiduras, el sujeto que cree haberlas retraido sobre su yo, porque no podía desplazarlas sobre otro
objeto sustitutivo, no sabe que ahí ha abandonado, ha alienado su amor por el objeto caído en los fosos de la represión
primitiva. Cree que su reserva de amor está intacta, disponible para otro amor cuando se presente la ocasión.

Se encontrará con su incapacidad para amar, no solo a causa de la ambivalencia sino porque su amor sigue hipotecado por la
madre muerta. El sujeto es rico pero no puede dar nada porque no dispone de su riqueza.

En el curso de la transferencia, la sexualizacion defensiva regía hasta entonces. Se detiene, su vida sexual aminora o se
desvanece hasta volverse casi nula. Según el, no se trata de una inhibición ni perdida de apetito sexual, simplemente, qué
hacer, ninguna persona es deseable.

Frenados en su capacidad para amar, los sujetos ya no pueden aspirar a otra cosa que a la autonomía. Les está prohibido
compartir. La soledad que era una situación angustiante que se debía evitar. De negativa, se vuelve positiva. Antes se huia de
ella, ahora se la busca.

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Este nucleo frio se quema como el hielo y anestesia pero el amor permanecec indisponible. Estos analizandos se quejan de
tener frio en pleno calor. El amor es siempre incompatiblemente satisfecho.

Sin embargo, esta función casi siempre está infiltrada por el narcisismo. Los hijos son amados a condición de que satisfagan
los objetivos narcisistas que los padres no lograron cumplir.

Si el Edipo es abordado, el complejo de la madre muerta ha de volverlo particularmente dramático. La fijación materna ha de
impedir a la hija investir alguna vez la imago del padre sin temer la perdida del amor materno, o si el amor por el padre
profundamente reprimido, sin poder evitar la transferencia sobre la imago del padre de una parte importante de las
características proyectadas sobre la madre. No la madre muerta, sino su contrario, la madre fálica. Es una imago semejrante la
que el varon proyecta sobre su madre, mientras que el padre es objeto de una homosexualidad poco estructurante que lo
convierte en un personaje inaccesible, vencido por esa madre fálica. Hay regresión a la analidad.

Hallamos siempre una defensa por la realidad porque en manera alguna está seguro de la distinción entre fanstasma y
realidad que se empeña en mantener escindidos. Cuando fantasma y realidad se superponen aparece una angustia enorme.

La madre muerta se rehusa a morir su muerte segunda. Hete aquí que devuelve a la imago materna una vitalidad nueva.

OM
El complejo de la madre muerta libra entonces su secreto: el fantasma de la escena primitiva (fantasma isomorfo del Edipo)

Es con ocasión del encuentro de una coyuntura y de una estructura que pone en juego ad os objetos; con ocasión de ese
encuentro, es como el sujeto será confrontado con las huellas mnémicas que se relacionan con el complejo de madre muerta.
Esas huellas mnémicas han sido fuertemente reprimidas por la desinvestidura. Permanencen por así decir, en suspensión en
el sujeto, que del periodo corresponeidnte al complejo solo ha conservado un recuero muy parcial.

.C
El fantasma de la escena primitiva no solo ha de reinvestir esos vestigios, sino que ha de conferirles por una investidura nueva
efectos nuevos, que constituyen un verdadero abrasamiento, un incendio de la estructura que con posterioridad imparte
significación al complejo de la madre muerta.

Todo resurgimiento de ese fantasma constituye una actualización proyectiva, en que la proyección tiene por objeto mitigar la
DD
herida narcisista. La proyección no sólo desembaraza al sujeto de sus tensiones internas proyectándolas sobre el objeto, sino
que constituye una revivencia y no una reminiscencia, una repetición traumatica y dramática actuales.

El rival no es el objeto que acaparaba a la madre muerte en el duelo que ella misma vivía, el mismo se convierte en el objeto
tercero. Es ahí donde se aloja la situación que reactiva la perdida de la omnipotencia narcisista y despierta el sentimiento de
una invalidez libidinal inconmensurable. Consecuencias de esto:
LA

1-la persecución por ese fantasma, y el odio a los dos objetos que se forman en detrimetro del sujeto

2-la interpretación clásica de la escena primitiva como escena sadica pero en que el hecho escencial es que la madre no goza
sino que sufre.

3-la madre gozante se vuelve por ello cruel, hipócrita


FI

4-la identificación alternante con las dos imagos: con la madre muerta, ya permaneza en su posición inalterable o se entregue
a una excitación erotica de tipo sadomasoquista y con el padre agresor de la madre muerta o reparador por la relacion sexual

5-la deslibidinizacion erotica y agresiva de la escena en favor de una actividad intelectual intensa, narcisisticamente
restauradora ante esa situación confusionante. Otra solución: la creación artística, vehiculo de un fantasma de autosuficiencia.


6-la negación en bloque de todo el fantasma.

Hacia adelante es la anticipación del Edipo que entonces se vivirá según el esquema de las defensas frente a la angustia del
fantasma de la escena primitiva. Los tres factores antieroticos, el odio la homosexualidad y el narcisimo conjugarán sus efectos
para que el Edipo se estructure mal.

Hacia atrás la relacion con el pecho es objeto de una reinterpretación radical. El duelo blanco de la madre muerta remite al
pecho que está cargado de proyecciones destructivas. No se trata tanto de un pecho malo que no se da, sino de aun cuando se
da, es un pecho ausente (y no perdido) absorbido por la nostalgia de una relacion que se echa de menos. Un pecho que no
puede ser ni colmado ni colmante.

“nunca he sido amado” se convierte en una nueva divisa a que el sujeto se aferrará y que se esforzará en verificar en su vida
amorosa ulterior. Estamos frente a un duelo imposible, y que la perdida metaforica del pecho se vuelve inelaborable por ese
hecho.

Se asiste sobre todo a una identificación con la madre muerta en el nivel de la relacion oral y con las defensas que ella ha
suscitado.

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El análisis de la transferencia a través de esas tres posiciones hará que se recupere la dicha primitiva anterior a la aparición
del complejo de la madre muerta.

PARTICULARIDADES DE LA TRANSFERENCIA

La investidura del objeto transferencial se enraiza profundamente en una tonalidad de índole narcisista. Se traduce en una
desafección secreta justificada por una racionalización del tipo “sé que la transferencia es un espejismo, y que de hecho todo
es imposible con usted en nombre de la realidad: entonces para que?”. Esta posición se acompaña de una idealización de la
imagen del analista a quien es preciso mantener tal cual y a la vez seducir a fin de provocar su interés y su admiración.

La seducción se produce por la procura intelectual.

El lenguaje del analizando adopta a menudo una retorica a raiz del narcisismo: el estilo narrativo. Su papel es conmover al
analista, hacerlo participe, tomarlo como testigo en el relato de los conflictos. El estilo narrativo es poco asociativo.

El sujeto se distancia, se desprende para no ser invadido por el afecto de la revivencia ni por la reminiscencia. Cuando cede a

OM
estas surge la deseperacion que se muestra al desnudo.

Se observan en la transferencia dos rasgos notables: el primero es la no domesticación de las pulsiones, el sujeto no puede
renunciar al incesto ni consentir el duelo materno.

El segundo rasgo es que el análisis induce el vacio. Tan pronto como el analista consigue alcanzar un elemento importante del
complejo nuclear de la madre muerte, el sujeto se siente vaciado, en blanco, como si lo despojaran de un objeto tapa-agujero.

.C
Toda la estructura del sujero se orienta a un fantasma fundamental: nutrir a la madre muerta para mantenerla en un
embalsamiento perpetuo. Es lo que el analizando hace con el analista: lo nutre con el análisis, no para ayudarse a vivir fuera
del análisis, sino para prolongarlo en un proceso interminable.

La transferencia es el lugar geométrico de las condensaciones y de los desplazamientos reverberantes entre fantasma de
DD
escena primitiva, complejo de Edipo y relacion oral que se constituyen con una doble inscripción: periférica, de espejismo, y
central verídica en torno del duelo blanco de la madre muerta. Lo que se ha perdido es el contacto con la madre.

El complejo de la madre muerta proporciona al analista la opción entre dos actitudes técnicas. La primera es la solución
clásica. Lleva consigo el peligro de repetir la relacion con la madre muerta por el silencio.
LA

La segunda es que utiliza el cuadro como espacio transicional y hace del analista un objeto siempre vivo interesado, alertado
por su analizando. La capacidad de soportar la desilusion dependerá de la manera en que el analizando se sienta
narcisistamente investido por el analista.

En el momento en que el análisis devuelva la vida al menos parcilamente a esa parte del hijo que se identifca con la madre
muerta, se produce un extraño trastorno. La vitalidad reaparecida permanece presa de una identificación cautiva. La
FI

dependencia antigua del hijo respecto de la madre, en que el pequeño todavía necesita del adulto, se ha invertido. El vinculo
entre el hijo y la amdre muerta se ha trastornado. El hijo curado debe su salid a la reparación incompleta de la madre siempre
enferma. Es la madre la que depende del hijo.

Tras la situación manifiesta hay un fantasma vampirico invertido. El paciente pasa su vida nutriendo a su muerta, como si la
tuviera a su exclusivo cargo. La madre se ha convertido en hijo del hijo. Presente muerta pero presente de todas maneras. El


sujeto puede cuidarla, tratar de curarla. Pero si, ella se despierta, se anima y vive y el sujeto la pierde una vez mas pues ella lo
abandona para dedicarse a sus ocupaciones e investir otros objetos. Así estamos frente a un sujeto tomado entre dos perdidas:
la muerte en la presencia o la ausencia en la vida.

HIPOTESIS METAPSICOLOGICAS: LA BORRADURA DEL OBJETO PRIMARIO Y LA ESTRUCTURA ENCUADRADORA

Los rasgos de hostilidad son secundarios a una imago primaria de la madre, en que esta quedó desvitalizada por una reacción
en espejo del hijo, afectado por el duelo del objeto materno.

Cuando las condiciones favorecen la inevitable separación entre la madre y el hijo se produce en el seno del yo una mutacion
decisiva. El objeto materno se borra como objeto primario de la fusión , para dejar el lugar a las investiduras propias del yo
fundadoras de su narcisismo personal, del yo que en lo sucesivo es capaz de investir sus propios objetos distintos del objeto
primitivo. Pero esta borradura de la madre no la hace desaparecer verdaderamente.

Este ultimo ya no corre riesgo de quebrarse puede hacer frente a la espera y aun a la depresión temporaria puesto que el hijo
se siente mantenido por el objeto materno aun cuando no está más ahí.

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Sin embargo si un trauma como el duelo blanco sobreviene antes que el hijo haya podido constituir ese cuadro de manera
suficientemente solida, no se constituye en el yo un lugar psíquico disponible. El yo está limitado por la estructura
encuadradora pero esta bosqueja entonces un espacio conflictivo, empeñado en mantener cautiva la imagen de la madre, en
lucha contra su desaparición que asiste al reavivamiento alternante de las huellas mnémicas del amor perdido con nostalgia y
las de la experiencia de la perdida que se traduce en la impresión de una vacuidad dolorosa.

Me inclino a pensar que el narcisismo primario mas antiguo engloba de manera confusa todas las investiduras incluido el
amor primario de objeto y aunn lo que podriamos llamar el odio primario de objeto; es la indistinción primitiva sujeto-objeto
la que caracteriza el tipo y la cualidad de las investiduras.

Distinguir un narcisismo primario positivo que tiende a la unidad y la identidad de un narcisismo primario negativo que no se
manifiesta en el odio hacia el objeto sino en la tendencia del yo a deshacer su unidad para tener a Cero. Esto se manifiesta
clínicamente en el sentimiento de vacío.

Asistimos al fracaso de la experiencia de separación individuante en el que el yo joven, en lugar de constituir el receptacuolo
de las investiduras posteriores a la separación se encarniza en retener el objeto primario y revive repetitivamente su perdida,
lo que trae consigo el sentimiento de vaciamiento narcisista tan característico de la depresión que es siempre el resultado de

OM
una herida narcisista con disminución libidinal. El duelo blanco de la madre induce el duelo blanco del hijo y entierra una
parte de su yo en la necrópolis materna.

Nutrir a la madre muerta equivale entonces a mantener bajo los sellos del secreto el amor mas antiguo hacia el objeto
primordial, sepulatado por la represión primaria de la separación mal consumada entre los dos compañeros de la fusión
primitiva.

Efectos deprimentes de las separaciones precoces entre la madre y el hijo.

.C
En los casos que describo no existió ruptura efectiva de la continuidad de las relaciones madre-hijo. En cambio,
independientemente de la evolución espontanea hacia la posición depresiva, hubo una contribución materna importante que
perturbo la liquidación de la fase depresiva complicando el conflicto con la realidad de una desinvestidura materna
DD
suficientemente perceptible por parte del hijo, para herir su narcisismo.

FREUD Y LA MADRE MUERTA

Henos aquí remitidos a la perdida metaforica del pecho, puesta en relacion con el Edipo, o al fantasma de la madre muerta,
LA

relcaionado con el de la escena primitiva. La lección de la madre muerta es que también debe morir un día para que otra sea
amada. Pero esta muerte debe ser lenta y dulce para que el recuerdo de su amor no perezca y nutra el amor que
generosamente ofrecerá a la que le ocupa el lugar.
FI


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