Presocráticos
Presocráticos
1. INTRODUCCIÓN
1. INTRODUCCIÓN.
Estos filósofos, denominados “ presocráticos ” más por los temas tratados que
por el hecho de ser, cronológicamente hablando, anteriores a Sócrates, hubieron de
enfrentarse al reto de buscar las primeras explicaciones sobre el origen del universo
(cosmogonía), su actual estructura y funcionamiento (cosmología) con la sola arma
de la razón y la observación de los hechos que sucedían a su alrededor. Así pues, como
un mismo saber indistinto, surgieron en nuestra cultura la filosofía y la ciencia. Esta
nueva mirada sobre la naturaleza propició una verdadera revolución intelectual. Desde
entonces, la cultura occidental cambiaría espectacularmente de rumbo, haciéndose para
siempre deudora de esta época de la civilización griega.
por tanto, indiscutibles. Ésta es la cara negativa del mito: en este aspecto se convierte en un
lastre para el progreso del conocimiento.
Por eso, el paso siguiente en el progreso cognoscitivo humano será la aparición del
llamado pensamiento racional, un paso adelante en relación con el mítico, no tanto por sus
productos, las teorías científicas y filosóficas, como porque se trata de una nueva forma de
explicar la realidad. Lo cierto es que las explicaciones que ofrece el pensamiento racional,
sobre todo al principio, no difieren demasiado de las míticas, pero se presentan de una
forma radicalmente diferente: como hipótesis que pueden ser sometidas a la crítica, ya que
se trata de un producto humano donde no intervienen seres sobrenaturales. En muchas
historias de la filosofía, se fija el inicio del pensamiento racional en un momento
determinado (siglo VI a. de C.), en un lugar determinado (Mileto) y por obra de un
personaje determinado (Tales de Mileto).
Pero esto sólo es verdad en parte. Es cierto que con Tales de Mileto se inicia en
Occidente un tipo de pensamiento que contrasta con el mítico. Sin embargo, si al llamarlo
“racional” se quiere indicar que el otro era irracional, ya hemos visto que esta calificación
no resulta del todo adecuada. Cabe decir que este tipo de pensamiento no surge de golpe,
como resultado de una ruptura total con el anterior –aunque ciertos estudiosos lo hayan
creído así y algunos, incluso, hayan calificado su aparición de «milagrosa»-, y derivado de
un supuesto «genio griego». El que esta forma de pensamiento se iniciara en aquella
ciudad y en aquel momento se debió a que existían unas condiciones determinadas que lo
hicieron posible. Tampoco es cierto que la aparición del pensamiento racional sea un
fenómeno exclusivamente occidental; en la India y en China también surgen, más o menos
en la misma época, formas de pensamiento que se pueden calificar igualmente de
racionales, aunque sean muy diferentes. Las circunstancias que prepararon e hicieron
posible que, dentro del mundo griego y en una época determinada, se diera el paso del mito
a una nueva forma de pensar son, pues, muy diversas.
3. DEL MITO AL LOGOS.
3.1. Condiciones sociopolíticas.
Desde el punto de vista sociohistórico, la fragmentación de la sociedad griega en
póleis favoreció muchísimo el debilitamiento del dogmatismo del mito y un refuerzo de
la discusión y la crítica, es decir, del razonamiento. En contraste con las civilizaciones
vecinas -la persa, la egipcia, etc.-, que tenían una organización política fuertemente
centralizada en forma de grandes imperios, el mundo griego estaba formado por un
conjunto de pequeñas comarcas autónomas, llamadas “póleis”, que tenían diferentes
organizaciones políticas y sociales, diferentes leyes y diferentes sistemas económicos.
Podríamos decir que sólo tenían en común el hecho de que hablaban una misma lengua
y la conciencia de pertenecer a una misma cultura (creencias, religión, expresiones
artísticas, etc.). Los juegos olímpicos, que cada cuatro años reunían durante unos
cuantos días a representantes de todas las póleis, son una buena muestra de esta
conciencia.
Siglos antes de la aparición de estas póleis eran las ciudades micénicas las que
ocupaban esos espacios, aunque organizadas
según una estructura radicalmente diferente, muy
similar a las estructuras políticas de los grandes
imperios como Babilonia y Egipto: en medio se
encontraba el palacio central, grande y sólido,
donde vivían el soberano y los otros gobernantes;
CONOCIMIENTO REALIDAD
de su dinamismo. Actúa como puente entre las dualidades, explicando cómo, a partir
de la unidad, surge la pluralidad, cómo de lo permanente surge lo aparente: preguntar,
pues, por la naturaleza es preguntar por lo que las cosas son para, a partir de ello,
explicar sus movimientos y procesos.
2.- Si, en último extremo, la filosofía pretendía encontrar un principio último que
diera una explicación satisfactoria de cómo y por qué es así la realidad, resulta que el
principio (“arjé”) o principios últimos son la naturaleza de las cosas. Y esto es así
pues:
a) Es aquello a partir de lo que se generan los seres del universo. El principio así
concebido es el origen.
b) Es aquello en que consisten los seres del universo (aquello de lo que están
formados). El principio así concebido es lo permanente, el substrato último.
c) Es aquello que es capaz de explicar las distintas transformaciones del universo. El
principio así concebido es causa.
6.2.1. Introducción.
La práctica del comercio marítimo y la fundación de colonias en lugares tan
alejados como Sicilia o España permiten a las ciudades griegas de Asia Menor, como
Mileto o Éfeso, convertirse en verdaderos emporios de riqueza y prosperidad. La clase
de los mercaderes, dominante en estas ciudades, impone un carácter práctico y
"racional" a las decisiones políticas, aspecto que se traduce en la primacía de un
pensamiento más libre y flexible, con intereses muy diferentes del pensamiento
religioso rígidamente codificado en los mitos.
En el siglo VI a. de C,, en las póleis
mas pujantes, situadas en las costas de Jonia,
surgieron, en un intervalo de tiempo
relativamente corto, las dos primeras formas
del pensamiento racional: la filosofía y la
ciencia. En el siglo VI, Mileto era una de las
ciudades más ricas y activas del mundo
mediterráneo. Estaba en contacto con las
grandes civilizaciones del Próximo Oriente,
como la persa y la egipcia. Al contrario que
las sociedades rurales, conservadoras de las
tradiciones y tendentes al dogmatismo, las
artesanales y comerciales, como Mileto son
más bien flexibles, expansivas, abiertas a las
innovaciones. La necesidad de aumentar la
producción y de abrir nuevas rutas
comerciales genera una serie de problemas técnicos que requieren nuevas soluciones y,
por tanto, estudios más minuciosos de los elementos y fenómenos naturales para poder
aprovechar las posibilidades que ofrecen y vencer las dificultades que plantean.
La otra línea de pensamiento filosófico se inició unos cuantos años más tarde
(hacia el último tercio del siglo VI a. De C., en tiempos de Anaxímenes) en la Magna
Grecia, conjunto de ciudades griegas del sur de Italia, y por eso se la denomina filosofía
itálica. Se trata de un conjunto de doctrinas conocidas bajo la denominación general de
pitagorismo porque no se puede saber quién fue el autor de cada una de ellas, pero sí que
eran doctrinas compartidas por miembros de diversas comunidades fundadas por Pitágoras,
que las mantenían en secreto.
En el pitagorismo encontramos, junto con el
componente racional, un componente místico y
religioso, si bien diferente de la religión oficial de los
griegos basada en el culto a los famosos dioses olímpicos
(Zeus, Hera, Hefesto, etc.). Ésta era una religiosidad muy
externa, superficial, que se limitaba a «cumplir con los
dioses» siguiendo los ritos que prescribía el culto de cada
uno de ellos. Frente a esta forma de religión, se habían
introducido en el mundo griego, procedentes de Oriente,
otros movimientos religiosos más intimistas y mucho más
comprometidos con la vida de las personas: las religiones
mistéricas. Una de las más importantes fue el orfísmo.
Estas doctrinas introdujeron en Grecia un nuevo esquema
mítico para explicar la realidad, un esquema que va a ser decisivo para el desarrollo de la
filosofía (en particular va a ejercer mucha influencia en la filosofía de Platón y de los
pitagóricos).
Tanto los pitagóricos como los órficos creían que los hombres estaban
constituidos por dos componentes de naturaleza diferente: el cuerpo y el alma. Y no
sólo los humanos, sino todos los seres vivos y, en definitiva, toda realidad, ya que el
universo entero está vivo y tiene un alma, que es divina y de la cual las almas individuales
son sólo fragmentos; por eso, todas quieren volver a su origen y liberarse del cuerpo, que
no es sino una prisión. El cuerpo sólo puede ser abandonado por medio de la muerte, si
bien ésta normalmente no implica la liberación definitiva, ya que las almas se ven
sometidas a un ciclo de transmigraciones, es decir, pasan de un cuerpo a otro, que puede
ser de un hombre, de un animal o, incluso, de una planta. Para que el alma pueda acercarse
cada vez más a la divinidad y rompa así el ciclo de reencarnaciones, es necesario que,
mientras permanezca ligada al cuerpo, se vaya purificando, es decir, que se vaya liberando
de sus ataduras materiales. La finalidad de las comunidades pitagóricas era, pues,
básicamente la purificación del alma. El camino que proponen los pitagóricos para
purificarse y dejar que el alma salga del ciclo de las reencarnaciones es el del estudio, la
dedicación a una vida intelectual.
Y si el estudio era la vía para adquirir la perfección, no podía tratarse de un estudio
cualquiera, sino el de las actividades más elevadas a que se puede dedicar la naturaleza
humana: la ciencia más perfecta, Y los pitagóricos consideraban que la ciencia más
perfecta era la de los números y figuras geométricas y la música, que estimula el
sentimiento de lo que es armonioso. A diferencia de los que habían estudiado geometría
hasta entonces -sobre todo babilonios y egipcios-, que lo habían hecho con finalidades
prácticas: cálculos de transacciones económicas, distribución de víveres, medición de
campos, etc.-, los pitagóricos estudiaron las matemáticas por razones religiosas y las
entendieron de una manera puramente especulativa. Así, descubrieron una gran cantidad
de propiedades de los números y figuras, relaciones entre ellos, proporciones, etc.
Así pues, fueron sobre todo matemáticos, y recurrieron a sus conocimientos
matemáticos para elaborar sus teorías sobre la naturaleza (origen, sustrato, causa) de lo
real. Observaron que muchas propiedades y comportamientos de los objetos pueden
ser formulados matemáticamente, y supusieron que todos los seres del universo son
formulables matemáticamente [De esta intuición se nutre la ciencia actual]. Diversas
experiencias les convencieron de que los números son los principios de todas las
cosas ([Link].: los intervalos entre las notas musicales de la lira pueden expresarse
numéricamente). Y entendieron los números espacialmente, confundiendo el punto
geométrico con la unidad aritmética. Las cosas se componen de números porque son
agregaciones de unidades-puntos.
Su cosmología intenta ser una explicación global del cosmos, aunque oscura y
enigmática. Creían que primero existió la Unidad (= lo limitado), rodeada por lo
ilimitado. Después, la unidad se escindió en dos: en medio se introduce el vacío de lo
ilimitado y surgen así el número 2 y la línea. Después se generan el 3 y el triángulo (la
figura plana más simple) y el 4 y el tetraedro (el sólido más simple). Describen el
mundo como un cosmos en armonía, anticipando en algunos aspectos las doctrinas de
Copérnico: el cosmos es una esfera en cuyo centro hay un fuego originario. Después
están los cuerpos celestes (Tierra, Luna, Sol, los cinco planetas y el cielo de las estrellas
fijas, más la Anti-tierra, para completar el número 10 de los planetas). Todo este
conjunto está envuelto por una esfera de fuego. El movimiento de los astros y estrellas
produce una música maravillosa que no oímos por estar acostumbrados a ella desde el
nacimiento. Música y armonía, traducibles en números, son los principios del universo
pitagórico.
Fueron precisamente los
descubrimientos que hicieron en el campo
de las matemáticas los que acabaron por
determinar la postura de los pitagóricos
respecto al problema del arjé. Pero lo
específicamente pitagórico no se reduce al
cultivo de las matemáticas, sino que radica,
más bien, en la audaz extrapolación que
hacen de la matemática a todo el campo de
lo real. Al afirmar que “todas las cosas son
números”, los pitagóricos vienen a decirnos
que el número, la cantidad, es la base de
todo.
La trascendencia histórica de esta afirmación desborda los límites de la cultura
griega y pasa a ser un ingrediente básico de la ciencia moderna. Así, cuando Galileo, en el
siglo XVI, afirma que “el libro de la naturaleza está escrito en lenguaje matemático”, está
estableciendo un principio de notable influencia en toda la ciencia moderna.
6.4. HERÁCLITO DE ÉFESO (544-484 a.C., aprox.).
Nació hacia la segunda mitad del siglo VI a de C, Se sitúa en el tiempo entre
Pitágoras, a quien Heráclito criticó, y Parménides, que parece que le criticó a él. Era
hijo de la familia aristocrática más distinguida de la ciudad de Éfeso, una familia que
había heredado la dignidad real (basileus). Sin embargo, Heráclito, pese a estar
Pero esto no significa que Heráclito considerase que no se podía conocer nada.
Encontró la solución mediante la introducción de un nuevo concepto: el logos. Se trata
de una palabra que puede traducirse por 'razón', 'palabra', ‘plan’ ‘discurso’
'razonamiento', 'ley'. Podríamos decir que, según Heráclito, el logos es lo que hace que
las cosas, aunque cambian y son múltiples, tengan unidad y, al mismo tiempo y por
eso mismo, permite que podamos conocerlas.
Es cierto que todas las cosas cambian; pero,
justamente, si no lo hicieran, no podrían "ser" lo que son. El
auténtico discóbolo no es la célebre estatua de Mirón, que
está siempre igual (en la misma posición), sino el atleta que
ahora tiene el disco en la mano y, al cabo de un momento, ya
no lo tiene. Para ser discóbolo hay que llevar a cabo unos
cambios, pero no unos cambios cualesquiera, sino unos
cambios determinados siguiendo un orden. Del mismo modo,
en la naturaleza todo cambia, pero no al azar, sino siguiendo
un orden. No se trata, sin embargo, de un orden cualquiera,
sino de lo que podríamos llamar “el Orden”. El único
conocimiento verdadero y firme es el conocimiento de ese
orden, de ese logos, del plan de la naturaleza en el que
todas las cosas tienen su lugar.
¿Y en qué consiste este orden? Pues precisamente en que las cosas cambien y se
conviertan precisamente en su contrario. El logos, el plan que la naturaleza dispone para
todas las cosas Heráclito también lo llama “Pólemos” que en griego significa “guerra”;
podríamos decir que la guerra es la ley de la naturaleza, una guerra entre enemigos
contrarios, un “fuego” constante, lucha de contrarios. De esta forma sabemos que lo
que está vivo, morirá, que el día se volverá noche, el frío calor, la paz guerra, la verdad
mentira..., etc.
El conocimiento consiste precisamente en esto, en conocer la ley interna de
la naturaleza y no en lo que las cosas son, puesto que, dejarán de ser
inmediatamente. Cuando uno comprende esta ley entiende que las cosas no son un
puro caos sino que reina en el mundo una maravillosa armonía.
Con esta concepción del logos, el pensamiento de Heráclito alcanza una
dimensión antropológica y ética: los humanos participamos del logos y tenemos
nuestro logos particular, pero éste sólo será auténtico, el mejor, si se adecua al único
logos, el común, que Heráclito conoce y nos revela en sus aforismos. Heráclito utiliza
una metáfora que posteriormente utilizará Platón: distingue entre “los dormidos”,
aquellos que actúan y piensan conforme a un logos privado, como si sólo ellos tuvieran
razón, y “los despiertos”, los que conocen en logos común y saben que las cosas son lo
que son y no pueden ser de otra forma. Este logos común nos dice que la realidad es
contradictoria y armónica al mismo tiempo, una y múltiple, estable en el cambio;
los contrarios y opuestos se exigen unos a otros, no hay vida sin muerte, ni belleza
sin fealdad, ni bondad sin maldad; no hay luz sin sombra ni orden sin caos.
El pensamiento de Heráclito ha ejercido una notable influencia en la filosofía
posterior. Tal vez sea el autor presocrático que, junto con Parménides, tuvieron más en
cuenta filósofos posteriores como Platón y Aristóteles. Pero también es un autor cuyo
pensamiento ha sido excesivamente simplificado, ya que sólo se le reconoció como “el
filósofo del cambio o devenir”, sin llegar a tener en cuenta que su concepción del
devenir está íntimamente ligada a su concepción del logos o razón universal, lo cual
hace que su pensamiento sea mucho más profundo y sugerente.
Su insistencia en comprender la naturaleza desde la óptica de la tensión entre
elementos contrarios, es decir, desde la diferencia y no desde la pura identidad, le
convierte en el precursor de la dialéctica, es decir, de la concepción de la realidad en la
que ésta se explica a través del dinamismo, del conflicto no exento de orden y
proporción. Así se lo reconocieron filósofos posteriores como Hegel y Nietzsche,
aunque en el marco de la filosofía griega su pensamiento fuera desvirtuado o
simplificado, al oponerlo, de manera superficial, al planteamiento de Parménides.
6.5. PARMÉNIDES DE ELEA (540-470 a.C.).
En la costa occidental de la actual Italia (la Magna Grecia para el pueblo griego)
y, centrados en la ciudad de Elea, surgió una escuela de filósofos en la que la reflexión
sobre la naturaleza va tomando un nuevo rumbo menos cosmológico y más abstracto.
Tradicionalmente se ha atribuido a Jenófanes, natural de Colofón (Asia Menor), la
fundación de esta escuela.
Parménides es el pensador más importante de esta
escuela. Nació en la ciudad de Elea hacia el 515 a. C.,
aproximadamente, en el seno de una familia aristocrática.
Es legislador de su ciudad, en donde no hay todavía un
sistema democrático. Fue discípulo de Jenófanes y de
Anaxímenes y estuvo bastante influido por el pitagorismo
a través de Aminias. Precisamente, la escuela eleática, en
general, y, Parménides, en particular, van a profundizar la
herencia filosófica del pitagorismo en la línea de una
mayor racionalización de la propia filosofía. Todavía los
pitagóricos habían distinguido y aun opuesto el testimonio
cambiante de los sentidos a la realidad inmaterial que
descubre la razón, aunque dando un mayor valor a esto
último frente a los sentidos; sin embargo, los eleáticos van a descalificar completamente
este testimonio sensorial a favor de los datos puramente abstractos o racionales.
La influencia de Parménides no fue sólo importante en los autores
inmediatamente posteriores (pluralistas), sino también en el pensamiento de la gran
tradición griega de Sócrates, Platón y Aristóteles. En la búsqueda de los valores morales
de Sócrates, en la teoría de las ideas de Platón y en la explicación aristotélica de la
naturaleza y del movimiento encontramos la huella de la concepción del ser que
Parménides nos presenta. En este contexto, Parménides se erige en el defensor de la
forma de racionalismo más extremo. Con él, la reflexión sobre la Physis experimenta un
decisivo giro: el pensamiento de Parménides convierte la cosmología en el estudio
del ser y de sus propiedades, en una ontología, y desarrolla, a la vez, un estudio sobre
el conocimiento, una gnoseología, que distingue entre el conocimiento sensible y el
conocimiento racional, entre la verdad y la mera apariencia. Así, partiendo del uso
exclusivo de la razón, deduce todas las características de la realidad, todo lo que se
puede saber y todo lo que se puede decir o pensar. El resultado es el mayor ataque que
contra el sentido común jamás se haya hecho pues niega las características del mundo
tal y como nos lo muestran los sentidos.
Parménides escribió un poema filosófico del cual nos han llegado unos ciento
cincuenta versos que se agrupan en un proemio o introducción y dos partes: la Vía de
la verdad y la Vía de la opinión. El proemio y la primera parte se conservan casi
enteros, pero de la segunda parte sólo nos han quedado algunos fragmentos. Está escrita
como si fuera la revelación de una diosa, como si se tratara de un mito.
En la Vía de la verdad, la diosa plantea a Parménides una dualidad: existen dos
vías, dos caminos, a través de los cuales se puede intentar buscar la verdad y obtener el
conocimiento. De estas dos vías, una es practicable y nos lleva a buen puerto; la otra, en
cambio, no lleva a ninguna parte: nos conduce a un callejón sin salida. La vía de la
verdad es la que afirma que el ser es y que el no-ser no es, y niega que el no-ser sea
y que el ser no sea. El no-ser, la nada, nos dice Parménides, es impensable porque todo
pensamiento lo es de alguna cosa y se piensa el ser.
En este sentido Parménides afirma la identidad del ser y el pensar, porque
hay lo mismo en pensar y en ser. El no ser no se puede pensar y sólo lo que es puede ser
pesado; luego ser y pensamiento vienen a ser lo mismo.
La reflexión de Parménides parece conducirnos a un pensamiento trivial y
tautológico, la afirmación del principio de identidad: lo que es, es; y lo que no es, no
es.
En el fondo de la propuesta de Parménides existe una problemática lingüística:
ser es un verbo que tiene un valor predicativo (“ser”) y existencial (“existir”). Por
ejemplo, podemos afirmar que “el unicornio es blanco” sin comprometernos con la
existencia o no de los unicornios. En este ejemplo el verbo “ser” tiene un valor
predicativo y solo sirve para conectar un sujeto con un predicado. Parménides niega la
posibilidad de una predicación negativa como procedimiento lógico -que el ser no sea o
que el no-ser sea- porque ésta supone la afirmación de la no-existencia.
Afirmaba también Parménides que el Ser
puede ser pensado, contrariamente al no Ser, que
no puede serlo. ¿Por qué? Pues porque pensar en
el no Ser es como pensar en nada; y pensar en
nada es lo mismo que no pensar, ya que pensar es,
por fuerza, pensar en algo. Por ello, cuando
pensamos, lo hacemos necesariamente en el Ser,
lo único que puede ser pensado. Ello viene a
significar que las condiciones del Ser y del pensar
coinciden, son como las dos caras de una misma
moneda.
Parménides hace derivar de la afirmación del ser y la negación del no-ser unas
consecuencias que resultan sorprendentes.
• En primer lugar, el ser ha de ser único porque, si hubiera más de uno, ¿qué
los distinguiría o separaría? ¿El no-ser? Éste no es y, por tanto, tampoco puede
distinguir ni separar, No los podría separar o distinguir el ser, porque éste sería lo
mismo que aquello que –supuestamente- separaría. Por la misma razón, el ser tampoco
tiene partes -¿qué separaría una parte de la otra?- es, pues, indivisible y continuo; es
homogéneo, no es más en un lugar que en otro, no tiene gradación; ha de ser compacto,
pleno y macizo (similar a una esfera), sin ningún vacío en ninguna parte. La negación
del vacío es la respuesta de Parménides a la suposición de los pitagóricos según la
cual la realidad está constituida por unidades, lo que exige la existencia del vacío
entre unas unidades y otras.
• El ser es inengendrado o ingénito e imperecedero; no era, ni será, ni llegará
a ser, entendiendo el pasado como ser lo que ahora no es y el futuro como no ser ahora
lo que después será. Porque si se admitía cualquiera de estas dos posibilidades, ¿de
dónde procedería el ser? O, ¿que devendría el ser? No puede proceder del no-ser ni
convertirse en no-ser porque éste ni es pensable que sea; no puede proceder tampoco del
ser ni convertirse en ser porque ya es.
• Por tanto, el ser es eterno, con lo que queda excluida toda creación entendida
como producción a partir de la nada, como devenir lo que no es previamente. Los
conceptos de nacimiento y de destrucción, de cambio y de movimiento, quedan
totalmente excluidos: el ser no puede cambiar ni moverse o dejar de ser en algún
momento, porque toda modificación o devenir de cualquier tipo implica, o bien no ser, o
bien dejar de ser, y ambas posibilidades deben ser rechazadas porque son irracionales.
El ser es, pues, inmutable e inmóvil.
• Finalmente, el ser de Parménides es limitado, porque si fuera ilimitado
carecería de algo, de límites o de forma, y el ser no puede carecer de nada. En todo caso
otros eléatas, como Meliso de Samos, argumentarían en sentido inverso: el ser es
ilimitado porque si fuera limitado ¿Con qué limitaría? Por las mismas razones de
siempre no puede ser ni el ser ni el no ser.
Así pues, en nombre de la lógica y atendiendo sólo a la razón, Parménides llegó
a una conclusión extraña: no existe pluralidad, no hay movimiento ni cambio, no hay
nacimiento ni destrucción. Si de la unidad no puede surgir la pluralidad y estamos
obligados a aceptar la existencia de una única realidad, el movimiento y la pluralidad
son algo incomprensible e inaceptable para la razón humana. Su insistencia en lo
permanente le lleva a eliminar o rechazar el movimiento o cambio de apariencia en las
cosas. Pero esto significa eliminar el conocimiento sensible, sobrevalorando la razón
abstracta. Semejante visión monista de la realidad es una exigencia necesaria de la
razón, del lógos. Pero Parménides tiene una noción abstracta, formal, del ente o de la
realidad: prescinde de todas las características que diferencian a los seres/entes reales.
6.6. LOS FILÓSOFOS PLURALISTAS.
6.6.1. Introducción.
Los filósofos pluralistas del siglo V a. C. rescatan el mundo de las apariencias para
hacer una ciencia de la Naturaleza sin violar las leyes de la racionalidad. Política y
filosóficamente se hallan conectados con el pensamiento jonio. Han de explicar, para
superar los problemas planteados por Parménides (Lo que "es" no puede proceder de lo
que "no es", de una única realidad no puede derivarse la pluralidad), cómo son posibles,
racional y físicamente hablando, el movimiento, el cambio y la pluralidad. Y lo hacen
afirmando que:
1. No hay un único principio, sino que los principios son varios o infinitos en número.
2. No hay generación ni corrupción sino composición y descomposición de esos
principios originarios.
3. Afirman que las cosas cambian, o bien a raíz de la acción de unas fuerzas motrices, que
son capaces de poner en movimiento a los primeros principios; o bien porque esos
mismos principios tienen la capacidad del movimiento.
En resumen, los filósofos pluralistas trataron de reconciliar, filosóficamente
hablando, las tesis de Heráclito y Parménides. Todos ellos coinciden con Heráclito en la
afirmación de la realidad del movimiento que captamos por los sentidos, y trataron de
comprenderlo y explicarlo racionalmente mediante la unión y separación de partículas de
diferentes tipos que poseían las cualidades que Parménides predicaba del Ser:
incorruptibilidad, eternidad, plenitud, etc.
6.6.2. Empédocles de Agrigento (495-435 a.C. aprox.).
Nació en Agrigento (Sicilia) y abordó los problemas
fundamentales de la filosofía anterior, realizando una amplia
labor de síntesis, lo cual dota a su pensamiento de un carácter
ecléctico. Tuvo múltiples inquietudes investigadoras pues la
tradición nos lo presenta como una mezcla de médico, mago,
filósofo y científico, entre otras cosas. Su figura está rodeada
de un halo de leyenda pues, por ejemplo, se afirma que murió
arrojándose al volcán Etna para purificarse y penetrar en el
seno de la Tierra. Escribió dos poemas de los que se conservan
bastantes fragmentos: Acerca de la Naturaleza y
Purificaciones. El primero aborda temas de carácter
cosmológico, y, el segundo, de carácter teológico o místico.
Aceptó como evidente el razonamiento de Parménides según el cual ninguna
realidad nueva puede originarse. Por consiguiente, y puesto que de hecho existen
muchas cosas, para no negar la evidencia de los hechos que nos muestran los sentidos,
hubo de admitir también que todo existe desde siempre. Para Empédocles, la realidad es
esférica y en su interior encontramos cuatro elementos o raíces de todas las cosas:
fuego, aire, agua y tierra, a partir de los cuales, y tras su mezcla, se van a generar
todos los seres. La mezcla o combinación de estos elementos se produce por dos
fuerzas cósmicas, el Amor y el Odio, que actúan como fuerzas de atracción y
repulsión, respectivamente.
Para Empédocles, gracias a la acción conjunta de estas fuerzas, en el cosmos se
repite eternamente el mismo ciclo. Al principio hay una esfera presidida por el Amor y
los cuatro elementos se encuentras mezclados formando una masa o materia
homogénea. A continuación, al intervenir el Odio, se van separando unos elementos de
otros, formando la pluralidad de seres que conocemos. En una tercera fase, el Odio
triunfa por completo y los elementos se separan totalmente, distribuyéndose en cuatro
esferas concéntricas que, del centro a la periferia, se atienen a este orden: tierra, aire,
agua y fuego. Finalmente, el ciclo comienza de nuevo, al volver a intervenir el Amor y
reiniciar la mezcla de esos cuatros elementos.
Aunque Empédocles exprese su pensamiento en unos términos ciertamente
poéticos o metafóricos, no nos debemos dejar engañar por tal modo de expresión. El
Amor y el Odio no son en este contexto sentimientos propios de la conducta humana,
sino fuerzas que dirigen el proceso de combinación o separación de los elementos
(fuerzas que la física posterior denominará “fuerza centrípeta” y “fuerza centrífuga”,
respectivamente). Tal vez Empédocles se encontró con la dificultad de no tener a mano
los términos apropiados o exactos para referirse a la acción de tales fuerzas y de ahí que
tuviera que recurrir a expresiones del ámbito de la vida humana, pues de sobra es sabido
por todos que el amor une o vincula a las personas mientras que el odio tiene justamente
las características opuestas.
Además, Empédocles incluye, en su explicación de la Physis, elementos ya
señalados por filósofos anteriores como Tales ( agua ), Anaxímenes ( aire ) y Heráclito
(fuego ), codificando así los cuatro elementos fundamentales de la física griega, los
cuales permanecerán como propiedades básicas de la materia hasta la revolución
científica de los siglos XVI y XVII.
plan alguno trazado por una inteligencia trascendente, ni existe tampoco una finalidad
inmanente que preste inteligibilidad a los procesos naturales. De esta manera "el
universo es el resultado de una necesidad ciega y opaca que, para el ser humano, viene a
confundirse con el azar".
Como recordarás, la pregunta fundamental de la filosofía griega es por qué
hay orden y no caos. Lo cierto es que, hasta Anaxágoras y Demócrito, los filósofos se
preocuparon, sobre todo, por la descripción del orden que observaban en el universo,
pero no por su fundamento o razón. Anaxágoras y Demócrito fueron los primeros en
ofrecer una respuesta al porqué de ese orden. Si Anaxágoras afirmaba que la materia
está ordenada gracias a una inteligencia (nous); Demócrito, al contrario, opina que el
orden de la materia es fruto del movimiento azaroso de los átomos en el vacío, es decir,
el orden surge del azar y no de inteligencia alguna.
Así pues, esta primera y apasionante etapa de la filosofía griega culmina con un
planteamiento en el que el universo es el resultado de una materia que se mueve y se
ordena a sí misma en el vacío que la contiene, y donde el orden es fruto del azar. Esta
visión, denominada materialismo, será decisiva en la configuración de la ciencia
moderna y, en general, es la base del materialismo contemporáneo. A tal efecto, baste
recordar que la ciencia contemporánea también explica la constitución de los distintos
seres del universo mediante la agregación de átomos.
6. CAOS: tanto para el pensamiento mítico como para el filosófico, este término
designa la falta de orden o estructura en el universo así como el momento inicial en
el que la materia está desorganizada por completo.
7. COSMOGONÍA: reflexión filosófica sobre el origen del Universo y el conjunto de
procesos que han dado lugar a su orden y estructura actuales. Con este tipo de
explicación surge, propiamente hablando, la filosofía como una alternativa racional
al mito, ya que también éste abordaba este problema, aunque lo hacía desde una
perspectiva imaginativa y fantástica.
8. COSMOLOGÍA: reflexión filosófica sobre el orden y la estructura del Universo.
Constituyó, además, una especialidad o rama dentro del campo de la Filosofía
9. COSMOS: término contrario al anterior y que designa al mundo, al universo, en
tanto que éste presenta un orden y una estructura definidas. Este orden se expresa
en las leyes naturales que el logos, la razón, puede captar y conocer.
10. DEVENIR: término equivalente a cambio o dinamismo propio de cada ser físico y
a la naturaleza en su conjunto. En la filosofía de Heráclito juega un papel
fundamental por ser el rasgo más importante de la realidad y estar constituido por
la oposición de elementos contrarios.
11. DIALÉCTICA: en el pensamiento de Heráclito constituye la estructura
contradictoria de la realidad, que explica el dinamismo cósmico como el fruto
armónico de la lucha y oposición entre los diversos componentes de la realidad (los
elementos contrarios). Posteriormente este término pasará a ser redefinido y
utilizado con otro sentido en Platón y Hegel.
12. DÓXA (u opinión): forma de conocimiento de las realidades particulares y
cambiantes que se realiza a través de los sentidos y que, como tal, no constituye un
conocimiento seguro y auténtico de la realidad, sino una forma de saber basada en
lo aparente. En Parménides es identificada con el error, con el camino o la vía que
siguen la mayoría de los seres humanos. Tal valoración será también asumida por
Platón.
13. DUALISMO: doctrina que explica el origen de la naturaleza o la estructura del ser
humano como el resultado de una dualidad de elementos o principios. Entre los
presocráticos, tal doctrina se desarrolla, fundamentalmente, en los pitagóricos y, a
través de ellos, será retomada por Platón.
14. EPISTEME ( o ciencia ): forma de conocimiento basada exclusivamente en el uso
del logos o razón y, como tal, más fiable y segura que la basada en el testimonio de
los sentidos ( dóxa ). Aparece por primera vez en el planteamiento filosófico de
Parménides identificada con el camino o la vía de la verdad. Posteriormente, Platón
también asumirá esta manera de concebir el conocimiento.
15. ESENCIA: para todo el pensamiento griego, la esencia viene a coincidir con la
auténtica naturaleza de las cosas, aquello que hace precisamente que las cosas sean
lo que son, más allá de sus cambios o transformaciones aparentes.
16. GNOSEOLOGÍA (o epistemología, teoría del conocimiento): reflexión filosófica
que se interroga por el objeto, los modos del conocimiento, así como por las
posibilidades y limitaciones del ser humano para alcanzar la verdad. Entre los
presocráticos tal problema ya se presenta, fundamentalmente, en Heráclito,
Parménides y los atomistas. En general, el problema se planteará al hilo de la
oposición entre los sentidos y la razón como medios diferentes para descubrir la
verdad. Y este problema será uno de los más importantes en toda la historia de la
filosofía posterior.
17. HILOZOISMO: teoría cosmológica que se atribuye a Tales según la cual todo está
animado, hasta los seres aparentemente inertes.
18. HOMEOMERÍAS: en el planteamiento de Anaxágoras, y aunque tal término se
deba a Aristóteles, designa a las diversas partículas materiales, cualitativamente
distintas, que están en el origen de la naturaleza. Todas ellas están presentes, en
mayor o menor grado, en todos los seres físicos.
19. INMANENTE ( de inmanencia ): término que se refiere a lo que está presente en
el cosmos, es decir, a todo lo que tiene existencia físico-material y que está sujeto a
las coordenadas espacio-temporales en que todos los seres físicos nos
desenvolvemos. Se suele oponer a su término contrario: lo trascendente.
20. LÓGOS: término polisémico que se puede traducir por “razón”, “palabra”, “ley” o
“discurso”. Como concepto opuesto al de “mito”, significa aquélla interrogación y
explicación de los problemas cosmológicos y humanos, relacionados con el origen,
que se hace con la razón y la lógica, identificándose por tanto con la filosofía.
Como término aplicado al universo, el Logos, por ejemplo en Heráclito, es la
Razón Universal que justifica el orden, la regularidad y la armonía que apreciamos
en todas las cosas, incluyendo al ser humano.
21. MATERIALISMO: explicación de la realidad en la que sólo se recurre a principios
o elementos de tipo material, incluyendo también en esa explicación a la naturaleza
del ser humano. Está presente de modo latente en toda la filosofía presocrática,
pero son los atomistas los primeros que la desarrollaron de modo explícito.
Posteriormente, será una explicación que se repita en varios autores de la historia
de la filosofía ( por ejemplo, en Karl Marx ) y se opondrá a las explicaciones de
tipo idealista, es decir, a las que incluyan también principios o elementos de tipo
no material o espiritual.
22. MECANICISMO: doctrina cosmológica que explica los cambios en la naturaleza
y, por tanto, el orden cosmológico como el resultado azaroso del movimiento y
choque de partículas materiales. Fue defendida por los atomistas.
23. METAFÍSICA: término acuñado por Aristóteles que hace alusión a la reflexión
filosófica sobre los principios últimos de la realidad y a su fundamento racional. En
general, todo el pensamiento presocrático se desarrolla con tales objetivos.
24. MITO: narración fantástica de las gestas que, en un pasado atemporal, llevaron a
cabo dioses y héroes. Con ella se pretende explicar un interrogante cosmológico o
humano, a menudo relacionado con el origen del cosmos y de sus características.
En la cultura griega alcanzó su máximo esplendor y complejidad con las
aportaciones hechas por Homero y Hesíodo al conjunto de relatos tradicionales que
se transmitían de forma oral. A su modo, también supone una respuesta a la
pregunta por el fundamento del orden presente en el cosmos.
25. MONISMO: doctrina presocrática que explica el origen de todos los seres físicos a
partir de un solo principio o elemento, el cual es material y eterno.
26. NOUS: Para Anaxágoras, es la “inteligencia”, mecánica y material, que actúa
como motor impulsor de las homeomerías y causante, por tanto, de sus
combinaciones y mezclas, que han dado, a su vez, origen a todos los seres físicos.