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GRIN - La Barraca - Vicente Blasco


Ibañez
S P Susana Catalina Prat (Autor)
25–32 minutos

1. Introducción
El libro se terminó de escribir en 1898, época de la Restauración española, cuya forma
de gobierno se caracterizó por el turno dinástico de los partidos liberal (Sagasta) y
conservador (Cánovas) que confluían en la defensa de la propiedad privada y la
consolidación del Estado liberal, unitario y centralista, con un funcionamiento
escasamente democrático (manipulación electoral y caciquismo). La burguesía, la clase
dirigente, después de hacer varias desamortizaciones que transformaron la tierra en un
bien que podía ser vendido y comprado libremente (pero que de hecho, sólo sería
adquirido por quienes tenían dinero), acabó de consolidar su modelo de sociedad
capitalista, dentro de la cual, los propietarios (de la tierra o de las empresas) y los
trabajadores, establecían una relación de tipo clientelar en la que la renta de la tierra
(como pago por la utilización de una propiedad ajena), el beneficio (como rendimiento
de la inversión) y el salario (como contrapartida del trabajo realizado), se convirtieron
en los elementos fundamentales de retribución. Análogamente, con la aparición del
proletariado, el patrón, propietario de un establecimiento industrial, compraba la fuerza
de trabajo de un obrero – hombre, mujer o niño- durante muchas horas al día a cambio
de un pago. El campesinado sin tierras (que las perdió con la desamortización,
permaneciendo en el campo como jornaleros, en condiciones de vida muy duras y con
unos salarios muy bajos), negándose a pagar rentas por tierras que venía cultivando
desde antiguo, inició revueltas que, unidas a las manifestaciones de protesta obrera que
denunciaban el reparto desigual de beneficios y salarios, así como la reducción de la
jornada laboral, contribuyeron a agravar la crisis social. Será la ideología republicana
federal, con su programa de reformismo social, quien primero se una a las protestas.
Pero la falta de un verdadero respaldo político y la insatisfacción de una buena parte de
sus reivindicaciones, condujeron a importantes rectores del obrerismo hacia ideologías
internacionalistas (anarquismo y socialismo).

Por otro lado, es en 1898 cuando se produce la pérdida de las últimas colonias de
España en ultramar (Puerto Rico, Cuba y Filipinas), favoreciendo la aparición de
movimientos políticos y culturales que critican el atraso del Gobierno y propugnan la
necesidad de una modernización del país, desde una perspectiva “regeneracionista”.

Este “regeneracionismo” fue defendido, en el ámbito político, por el republicanismo,


principal fuerza de la oposición, el cual, ofrecía una profunda renovación basada en la
democratización de la vida política, manteniendo sus ideas “regionalistas”, partidarias
de la descentralización del estado (ahora más que nunca intensificadas por la
incompetencia que había demostrado el Gobierno peninsular en la guerra de
emancipación de las colonias). Sin embargo, dentro del propio republicanismo, había
varias tendencias, lo que explica que en algunos casos, se diera la radicalización del
concepto, como ocurrió con el “blasquismo”, movimiento impulsado por Vicente
Blasco Ibáñez (Valencia: 1867; Menton (Francia): 1928) con un discurso populista,
demagógico y anticlerical, muy similar al “Partido Radical” de Alejandro Lerroux.

Se dice que desde una óptica cultural, el “desastre” dio cohesión a un grupo de
intelectuales conocido como la “Generación del 98”, que se supone que está
caracterizada por un profundo pesimismo y por una crítica mordaz al atraso peninsular,
que quiso plantearse una profunda reflexión sobre el sentido de España y su papel en la
Historia. Dejando aparte el termino de “la generación del 98”, creado por Azorín, está
claro que el pensamiento crítico ya empezó mucho antes con el “krausismo”. Inspirados
en ese “krausismo”, que defendía una moral basada en la idea de humanidad y
tolerancia, aplicaron sus ideas a la pedagogía y crearon la Institución Libre de
Enseñanza, que practicaba una educación laica y moderna. El intento por reflejar esta
realidad social con exactitud y objetividad, imitando el método científico, también es
una característica propia del “Realismo” (“Naturalismo” en su explotación de los
ambientes más sórdidos y miserables, en los que abundan personajes asociales y
desarraigados, cuyo comportamiento está marcado por la herencia biológica o las
circunstancias sociales), del cual se dice que uno de sus representantes principales en
España fue Blasco Ibáñez.

Vicente Blasco Ibáñez, autor de La Barraca, fue además de un consagrado novelista, un


activista político que sabía manejar a las masas con su oratoria fácil y su probado brío, a
favor del republicanismo federal.

El 12 de noviembre de 1984 aparece el primer número del periódico republicano El


Pueblo, fundado, dirigido y redactado casi en su integridad y en años sucesivos, por él
mismo. Desde su periódico lanzó continuos y virulentos ataques demagógicos contra la
política española. Tanto sus apariciones públicas como la difusión de su diario, eran con
frecuencia censuradas por las autoridades gubernativas y en numerosas ocasiones fue
encarcelado y también exiliado. En 1896, fue arrastrado por sus actividades políticas y
condenado a dos años de trabajos forzados, pero salió de la cárcel convertido en héroe.
Una brillante campaña política le hizo diputado por Valencia. Mantuvo su mandato
durante seis legislaturas seguidas. En esta etapa se dio a conocer las novelas levantinas.

Vicente Blasco Ibáñez, que había recibido una educación absolutamente tradicional
católica estaba convencido de que la educación libre, es decir también laica y moderna
como la pretendía la Institución Libre de Enseñanza no solo mejoraría las condiciones
sociales de las clases humildes, sino que, como consecuencia contribuiría a la salud de
España en su conjunto.

En marzo de 1896, huyendo de una persecución policial en Valencia, a raíz de un


enfrentamiento entre la masa y las fuerzas del orden, Blasco Ibáñez se refugió en una
taberna del Cabanyal. Para combatir sus horas de encierro escribió un cuento titulado
“Venganza moruna” que, dos años más tarde, convenientemente corregido y ampliado,
daría lugar a la novela La Barraca.

El tema de La Barraca es la injusticia de las personas ignorantes y pobres, cuyo sentido


de la existencia se basa en la supervivencia. En esta novela critica a la vez que describe
la sociedad de la época. Dicha novela cuenta la desgraciada historia de una familia
pobre en la huerta valenciana.

2. Resumen de la obra
En la huerta valenciana de aquella época resultaba la vida muy dura. Todos los
huertanos tenían que trabajar la tierra para poder comer. La mayor parte de ellos tenían
que pagar un arrendamiento por trabajar las huertas, ya que no eran de su propiedad.

Blasco Ibáñez relata en La Barraca la situación de la huerta valenciana en su época.

La Barraca es una novela que cuenta los sucesos ocurridos durante aproximadamente
un año en la huerta valenciana, desde la siembra hasta la recogida del fruto del trabajo.
La historia comienza con la llegada de la familia Borrull a los abandonados campos del
tío Barret, que no pueden ser cultivados a causa de un conflicto anterior. Por unas
circunstancias, el tío Barret no podía pagarle al propietario don Salvador los arriendos
acordados. Esto, al producirse reiteradamente provoca que el propietario le impida
trabajar sus tierras, y también le cierra la barraca donde vivía con su familia. Este hecho
hierve el orgullo de Barret y ciego por la ira mata al propietario. El resultado es que va
a la cárcel, separándose de su familia, obligando a ésta a desplazarse a Valencia en
busca de trabajo.

Este suceso hace que muchos huertanos se conjuren para que ninguna persona pueda
nunca trabajar esas tierras. Hasta que llega Batiste, que atraído por el bajo arriendo de
las tierras decide trabajarlas. La necesidad de su familia para poder comer hace que
ignoren las constantes amenazas y acosos que sufren por parte de sus vecinos, y
especialmente por Pimentó.

Batiste comienza a cultivar las tierras prohibidas y a la vez surgen envidias entre los
hortelanos vecinos. El odio se extiende por toda la huerta, y sus habitantes, seguidos por
Pimentó, hacen la vida imposible a Batiste y a su familia, los cuales acaban por huir de
las tierras del tío Barret.

Tras varias amenazas, el acoso injusto ante el tribunal de las aguas y varios
enfrentamientos entre los hijos de Batiste con los huertanos la situación culmina en la
muerte de Pascualet, el hijo menor, provocada por los hijos vecinos.

Tras la muerte de Pascualet los huertanos se sienten culpables de la muerte del inocente
y parece que los problemas de la familia Borrull con respecto a sus vecinos se han
solucionado. Pero el odio vuelve tras un enfrentamiento entre el borracho Pimentó, que
culpa a Batiste de que los amos de sus tierras ya no le tienen miedo y le obligan a pagar
su correspondiente renta. En defensa propia, Batiste le pega con un taburete en la cabeza
y huye de la taberna.

El odio ha vuelto, y no pasará mucho tiempo hasta que, en el ultimo capítulo, Pimentó
se intente vengar disparando a Batiste, el cual defendiéndose le devuelve la bala que
hará que muera. Tras su muerte toda la huerta se venga de Batiste quemándole su
barraca y Batiste vuelve a verse obligado a viajar y continuar su búsqueda.
3. Análisis
El tema principal de la obra es la vida en la huerta valenciana de la época. Dentro de
éste lo más importante son las relaciones laborales y sociales entre el propietario o
arrendador de las tierras y el trabajador, que es propietario de los medios de producción,
y es el encargado de trabajar las tierras a cambio de un precio o especias. Dentro de este
tema se acentúa la constante lucha entre el trabajador con el propietario para poder
sobrevivir, que es el miedo de la huerta en general.

Otro tema importante es el rencor que se crea hacia la familia de Batiste, por el cambio
que se produce en las relaciones de producción cuando llegan a la huerta. Pero este
rencor surge de dicha lucha con los propietarios. Mientras las tierras del tío Barret
quedaron abandonadas, los huertanos se sentían capaces de hacerle frente. En cuanto
llega el forastero esta imagen se destruye. Los propietarios han perdido el miedo a los
huertanos y las exigencias son mayores y continuadas. Las tierras abandonadas eran
para los huertanos el símbolo de su poder.

Los personajes

Batiste Borrull: es una persona corpulenta y trabajadora habituada a sufrir para obtener
el fruto de su esfuerzo. Forastero en la huerta valenciana, intenta integrarse sin resultado
entre sus vecinos, los cuales no hacen más que perseguirle y convertir la vida de él y los
suyos en un calvario. En un principio es un hombre pacífico que acaba convirtiéndose
en la cólera personificada. Honrado, y obsesionado con sacar adelante las tierras del tío
Barret y con ellas a su familia. El defecto que tiene este hombre es el autoritarismo de
un padre de la época. Cuando Roseta se enamora del nieto del tío Tomba, esta dispuesto
a darle una paliza a la chica, pero no lleva a cabo su amenaza porque otra obsesión más
fuerte lo domina entonces. El valor y la constancia hacen de él un hombre modelo y
ejemplar.

En cierto modo parece una geminación del tío Barret, con el que comparte su sino y su
temperamento que, de pacífico y sufrido pasa a la violencia del crimen, impulsado por
las circunstancias. Pero difiere esencialmente de él por su condición de forastero que
viene a romper con su sola presencia el pacto de solidaridad huertana. Batiste es, pues,
un héroe contradictorio ya que pertenece a los de abajo y, sin embargo, traiciona a su
clase, por el simple motivo de querer defender su derecho a la subsistencia. Sabiéndose
rechazado hubiera podido huir como antes hicieron otros; pero no lo hace por su
tenacidad de valiente que le lleva a luchar contra la adversidad al límite de sus fuerzas.
Esta fuerza tenaz y desafiante la poseía también el propio Blasco Ibáñez.

Pimentó: el antagonista, el que tiene atemorizada a la huerta entera, el cabecilla de los


que le hacen la vida imposible a Batiste. Es un hombre que defiende la justicia de los
pobres, y por el contrario, es un borracho y fanfarrón que no trabaja y vive a expensas
de su mujer Pepeta.

Los otros personajes se pueden dividir en dos colectivos: el que apoya y ayuda a Batiste,
y el que, por el contrario lo ataca y perjudica apoyando a Pimentó. El primero está
formado básicamente por la familia de Batiste y del segundo forma parte la huerta
entera. El tío Tomba y el profesor don Joaquín son los dos personajes que se mantienen
imparciales aunque el tío Tomba aconseja en varias ocasiones al desdichado campesino.
Estos dos personajes también son los únicos en la huerta “que han visto mucho del
mundo” y que hablan en castellano en vez de en valenciano.

Los personajes secundarios más importantes del colectivo son los siguientes:

Pepeta: Aunque es un personaje secundario lleva las riendas de la novela en el primer


capítulo y en el octavo al participar y organizar todos los detalles del funeral. Se trata de
un ser paradigmático de tantas mujeres pobres que extraen del sufrimiento y de su
debilidad energías sobrehumanas para sobrevivir y mantener el marido guapo y egoísta.

Roseta: La hija de Batiste, una muchacha tímida y noble, enamorada de Tonet, pasa de
ser una niña a una mujer, aguantando todos los maltratos de los huertanos.

Don Joaquín: Es un personaje grotesco que se las da de fino y en otro tiempo ocupó
una buena posición. Su pasado desconocido y el hablar en castellano acentúan su
distancia de los labradores, quienes sienten por él un vago respeto, aunque se olvidan
frecuentemente de pagar las lecciones que les da a sus hijos. La distancia con los niños
es doble: los reprime duramente con la caña y les habla en un idioma que ellos no
comprenden. Igual que el autor cree en el saber como método de cambiar la sociedad,
aunque su forma de educación no es la misma que la de Blasco Ibáñez.

Tío Tomba: Un ciego adivino que sorprende por su neutralidad, tal vez sea éste un
privilegio de su edad y de su ceguera. Tan solo una vez ejerce su autoridad sobre el
nieto para cortar su amor con Roseta, pero entonces actúa motivado por la necesidad, ya
que su nieto ha sido despedido por el carnicero de Alboraya.

Tío Barret: Igual que Batiste es un hombre más bien pacífico que solo quiere mantener
su familia, pero que por las circunstancias se convierte en asesino.

Análisis estructural de un fragmento: Descripción inicial de La Barraca

En el comienzo de La Barraca Blasco Ibáñez describe un amanecer en la huerta


valenciana. Empieza con una visión general de la vega y seguidamente pasa a enumerar
los diferentes sonidos de la noche que se van apagando. Los ruiseñores, el borboteo de
las acequias, el murmullo de los cañaverales y los ladridos de los perros.

Una vez terminada la noche llega y de camino a la mañana transcurre el amanecer, el


despertar de la huerta. Amanece en todos los lugares a la vez pero el orden que sigue el
autor es el siguiente: primero en los pueblecitos cercanos, después en la metrópoli
(Valencia), en tercer lugar en los corrales, donde se contrasta la libertad de los
ruiseñores del principio con los animales domésticos enjaulados (personalización
asociada a la jerarquía social propia), y por último en la vegetación del lugar, las
moreras, los frutales,...

Del aspecto más natural y ecológico de la huerta se pasa a la vida de las personas en
ella. Los caminos hacia la ciudad y la gente que transita por ellos, etc.

La descripción avanza según los rayos del Sol van bañando las distintas zonas de la
huerta.
La descripción está redactada de forma impersonal para reflejar la realidad con
exactitud y objetividad (característica propia del Naturalismo), como se puede ver en los
siguientes ejemplos: ”Despertaba la huerta”, ”el espacio se empapaba de luz”,
“chirriaban las puertas”,...

Abundan los verbos en pasado con valor impersonal: “Desperezábase la inmensa


vega...”, “Apagábanse lentamente los rumores...”, “Despertaba la huerta,...”,
“marcábanse filas de puntos negros”, “conmovíase la tersa lámina de cristal rojizo...”,
etc.

Oraciones enunciativas y la utilización del modo indicativo hacen de la descripción un


texto más objetivo: “se desperezaban con las manos tras el cogote mirando el iluminado
horizonte; quedaban de par en par los establos, vomitando hacia la ciudad las vacas de
leche...”

La descripción contrasta el armonioso amanecer lleno de vida, luz y color con la dura
vida de los trabajadores. Abundan adjetivos valorativos como por ejemplo; “inmensa
vega”, “ancha faja”, “ruidoso badajeo”, “indecisa neblina”,...

Las figuras retóricas que podemos encontrar en este fragmento son, las siguientes:

- Metáforas, por ejemplo; “las copas de los árboles empezaban a estremecerse bajo los
primeros jugueteos de estos granujas del espacio (refiriéndose a los gorriones), que todo
lo alborotan con el roce de sus plumas”.
- Comparaciones, por ejemplo: “En los caminos marcábanse filas de puntos negros y
movibles como rosarios de hormigas (refiriéndose a los trabajadores que se dirigen a la
ciudad)”, “Los últimos ruiseñores, cansados de animar con sus trinos aquella noche de
otoño, que por lo tibio de su ambiente parecía de primavera, lanzaban el gorjeo final
como si les hiriese la luz del alba con sus reflejos de acero”, “salían las bandas de
gorriones como tropel de pilluelos perseguidos”
- Personificaciones: “en los rojizos surcos saltaban las alondras con la alegría de vivir
un día más, y los traviesos gorriones, posándose en las ventanas todavía cerradas,
picoteaban las maderas diciendo a los de adentro con su chillido de vagabundos
acostumbrados a vivir de gorra: ¡Arriba, perezosos!¡A trabajar la tierra para que
comamos nosotros!”.
- Sinestesia: “De los corrales salía un discordante concierto animal: relinchos de
caballos, mugidos de vacas, cloquear de gallinas, balidos de corderos, ronquidos de
cerdos; un despertar ruidoso...”

La importancia de la educación en La Barraca

Entre estos temas obvios también destaca el de la educación, que para Blasco siempre
era importante, pero que en La Barraca está marcada por violencia y el método
recitativo. Aquí no se trata de la educación como la quería Blasco Ibáñez, sino como era
en aquella época.

De los diez capítulos en que se divide el texto novelístico, solo uno (VI) se desarrolla en
la escuela y hace de ella, del maestro y de sus discípulos los sujetos principales de la
acción. Al margen de dicho capítulo, la novela solo presenta al maestro don Joaquín en
otras dos ocasiones: acudiendo a la barraca de la familia Borrull con motivo del entierro
de Pascualet y rememorado por Batiste un día después del incidente en el que éste ha
herido de muerte a Pimentó.

Otro de los motivos ajenos que reitera la escuela es el de la autoridad-violencia paterna


característica entre las familias de la época y que el narrador describe como “la terrible
majestad del padre latino, señor absoluto de sus hijos, más propenso a infundir miedo
que a inspirar afecto...” (128). Paralela a dicha autoridad basada en el temor al más
fuerte, se manifiesta la cólera traducida en violencia de don Joaquín, el maestro que
castiga de forma física el fallo académico: “Y enarbolando la caña empezó a repartir
sonoros golpes...”(148). El inicio de la “caña” es, por parte, uno de los motivos de la
escuela que encuentra un paralelo exacto en la barraca de Batiste y en la taberna de
Copa. La escopeta del primero y la porra del segundo son objetos tan preciados para sus
propietarios como la caña lo es para don Joaquín. Si Batiste hacia el final de la novela
“vivía en continuo contacto con su arma, la pieza más moderna de su casa, siempre
limpia brillante y acariciada con ese cariño de moro que el labrador valenciano siente
por su escopeta” (210); y Copa cifraba su autoridad en la “porra que tenía bajo el
mostrador, especie de as de bastos, al que le temblaban Pimentó y todos los valentones
del contorno...” (198); el maestro, por su parte, basaba la suya en el único objeto
“nuevo” de su decrépita escuela: “la luenga caña que... tenía detrás de la puerta, y que
renovaba cada dos días en el cañaveral vecino”(143).

Volviendo al tema de la autoridad paterna basada en el temor, que se reitera en el


establecimiento de la autoridad de don Joaquín bajo la amenaza de su caña y la
violencia física que impone a través de ella, resulta muy significativo establecer una
relación de los dos primeros ataques físicos directos que se narran en el texto contra
miembros de la familia Borrull con 1) la educación basada en la imposición autoritaria,
2) los educados como establecedores de vínculos entre los distintos escenarios a través
de la reiteración. En el capítulo V, Roseta es víctima de la violencia de las huertanas.
Por lo que al primer aspecto se refiere, el narrador presenta los resultados de una crianza
basada en la agresividad como una mera reproducción de dicha agresividad: "La
juventud, libre de la severidad paternal, se desprendía del gesto hipócrita fabricado para
la casa, y se mostraba con toda la acometividad de una rudeza falta de expansión" (139).
De la misma manera, un capítulo más adelante, los niños de la escuela, una vez fuera
del control de la caña del maestro, hostigan a los hijos de Batiste y Teresa y, tras varios
ataques, son finalmente responsables del que conducirá a la muerte del más pequeño de
los hermanos. Aún más importante es el hecho de que estos ataques deriven de la
reproducción de los odios que anidan en los huertanos y en el escenario que los acoge,
la taberna. El desencadenante de la paliza recibida por Roseta son los insultos y
calumnias proferidos por la sobrina de Pimentó, que los autoriza diciendo que "en casa
de Copa no se hablaba de otra cosa" (140). Por otra parte, en el caso del ataque que
provocará la muerte de Pascualet, el narrador, significativamente, sitúa el origen de la
disputa en la reiteración, por parte de los niños de las barracas vecinas a las de Batiste,
de sus ejemplos familiares en la casa de Copa: "Los enemigos, hijos o sobrinos de los
que en la taberna juraban acabar con Batiste, iban acortando el paso, para hacer menor
la distancia entre ellos y los tres hermanos" (153).

La muerte del niño es el elemento más significativo en la caracterización negativa de la


educación en La barraca. Esta muerte es el producto de la imitación de los motivos más
negativos del ámbito de la taberna en el de la escuela. En este sentido, es pertinente
referirse a un motivo, el de la repetición recitativa como único método de aprendizaje en
la escuela de don Joaquín: "Allí imperaba el método moruno: canto y repetición, hasta
meter las cosas con un continuo martilleo en las duras cabezas" (144). En un proceso
colectivo cuyos resultados contribuyen a aumentar aquello que de negativo hay en la
condición humana, la escuela, fiel a su método repetitivo, recoge una serie de motivos
—la violencia, sus iconos, la autoridad basada en la amenaza— que hacen imposible la
regeneración de las nuevas generaciones. No deja de ser irónico que el narrador
presente, a través de un uso metafórico del lenguaje, a la sociedad de las barracas y de la
taberna reiterando el motivo recitativo del escenario de la escuela para los fines
negativos del engaño y del disimulo. La coartada preparada por los habitantes de la
huerta para proteger a Pimentó es repetida por éstos como lo son las "enseñanzas" de
don Joaquín en su escuela: "Todos recitaban la misma lección. Hasta viejas achacosas
que jamás salían de sus barracas declararon que aquel día, a la misma hora que sonaron
los dos tiros, Pimentó estaba en una taberna . . ." (94).

La recitación memorística aparece presentada metafóricamente en la imagen del "rumor


de avispero" con que el narrador abre el capítulo VI. El paralelo entre el escenario de la
escuela y el de la taberna aparece signado con la reiteración de este motivo metafórico
cuando, con motivo de la apuesta entre Pimentó y los hermanos Terrerola sobre quién
será capaz de beber más aguardiente sin dejarse vencer por sus efectos, se describe el
ruido de la gente, que acude a la plaza donde se encuentra la taberna para observar la
hazaña, en los siguientes términos: "Toda esta gente, comiendo, bebiendo y
gesticulando, levantaba el mismo rumor que si la plazoleta estuviese ocupada por un
avispero enorme" (199).

Por otra parte, la "contaminación" de la escuela por la reiteración de motivos del de la


taberna aparece explícitamente expresada por don Joaquín cuando, ante el empleo de
motes por parte de sus alumnos para referirse a sus compañeros, exclama: "¡Qué modo
de hablar, Dios mío! Parece que esto sea una taberna..." (147). Por añadidura, el
narrador se ocupa de ironizar la figura del maestro y de su lugar al establecer un
paralelo paradigmático en el que al "sacerdote de la instrucción" (145) y al "templo de
la buena crianza" (152), tal y como don Joaquín se refiere a sí mismo y a su escuela,
enfrenta el "sumo sacerdote" del "templo del alcohol" (197), en la caracterización de
Copa y su taberna.

Aunque en la novela solo se dedica un capítulo al modo de la enseñanza en la huerta,


éste tiene su importancia. Apunta a la educación como medio de progreso social y moral
y para ello se sirve de don Joaquín como su portavoz. Éste postula la necesidad de una
regeneración del hombre a través de la educación cuando afirma “Aquí lo que se
necesita es instrucción, mucha instrucción. Templos de saber que difundan la luz de la
ciencia por esta vega...” (184), con la que parece ser el eco de las palabras de Blasco.
Sin embargo, don Joaquín y Blasco no se están refiriendo a la misma educación. El
primero es un “seudo maestro” que basándose en repetición y aprender de memoria
intenta “educar a bestias”. Es decir reproduce los motivos de la sociedad huertana. Si la
arrogancia de don Joaquín le lleva a creer que de bestias ha hecho personas – “Sin mí
¿qué serían ustedes? Unas bestias, y perdonan la palabra: lo mismo que sus señores
padres...” (146-7) - , el texto demuestra lo contrario: Son precisamente sus “discípulos”,
los que, acostumbrados al imperio de la imitación en sus enseñanzas y rodeados por la
agresividad de una sociedad que también repite la escuela, ejercen más impunemente la
violencia contra seres inocentes. La Barraca, a diferencia de los artículos y los
discursos de Blasco, no postula que la educación pueda mejorar la condición del
hombre, al menos no el tipo de instrucción recitativa, acientífica y carente de medios
presentada en el texto. En la novela, la educación no sirve ningún propósito
regenerativo; todo lo contrario, en unos casos reitera y en otros origina los esquemas de
violencia denunciados por el texto novelístico.

4. Conclusión
Sin duda se puede considerar La Barraca como una novela naturalista. El Naturalismo
como tal es un movimiento derivado del Realismo, el cual intentaba reflejar la realidad
social con exactitud y objetividad utilizando descripciones abundantes, un narrador
omnisciente, y en el cual se emplea un estilo natural y se incorpora el lenguaje coloquial
(palabras en valenciano vulgar dichas por los personajes), tal y como hace Blasco
Ibáñez en su novela.

Lo que caracteriza al Naturalismo es que se reproduce en los ambientes más sórdidos y


desagradables de la sociedad, en este caso la miseria de la huerta valenciana. En las
novelas naturalistas también abundan los personajes locos, alcohólicos (Pimentó),...

Bibliografía

- Blasco Ibáñez, Vicente, La Barraca, Madrid, Cátedra, 2001.


- Cardwell, Richard A., La Barraca, London, The Compton Press Ltd., 1973.
- Cucó, Alfons, Sobre la ideologia blasquista, Valencia, Imprés a Imprenta Nàcher,
1979.
- Di Salvo, Thomas, El arte cuentistico de Vicente Blasco Ibáñez, Madrid, Editorial
Pliegos, 1988.
- Forgues, Roland, Vicente Blasco Ibáñez. Mito y realidad, Barcelona, Puvill-Editor,
1987
- Loubès, J.N./ León Roca, J.L., Blasco Ibáñez. Diputado y novelista, Toulouse, France-
Ibérie, 1972.
- Neuschäfer, Hans-Jörg, Spanische Literaturgeschichte, Stuttgart, Metzler, 1997.
- Sebastià, Enric, València en les [Link] de Blasco Ibáñez. Proletariat i burgesia,
Valencia, L’Estel, 1966
- Tomás, Facundo, Las culturas periféricas y el síndrome del 98, Valencia, Universitat
Politècnica de València Anthropos Editorial, 2000.

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