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El soy y la nada.

Cuento.

Por: Jose Ivan Onofre.

Érase una vez un lunes por la tarde. Un lunes caluroso. Aburrido. Principio de
semana. Un lunes cualquiera. Aturdido, cansado, fatigado. ¿De qué? no
pregunten, pero así fue. Agobiado, escuche a la profesora solicitar un cuento, un
cuento escrito. ¡¿con que razón?, ¿porque motivo?!, no lo sé, no pregunten, pero
así fue. Total, termina la sesión, se cierra la video llamada y yo, aburrido. ¿y ahora
que hacer? Tomo mi libreta, garabateo un momento, perdiendo el tiempo sin
motivo, voy de aquí para allá; vuelta y vuelta diría mi mamá. Reviso un par de
libros, los hojeo sin entusiasmo; hojas aquí, hojas allá. ¡Aaaaaah, el teléfono!
Reviso “face” y nada, “insta”, nada, whats, nada. Solo solin solito.
Vuelvo al escritorio, prendo la computadora. Algo de música y listo, a escribir.
¿pero qué, pero cómo? Segundos mirando el monitor. Minutos mirando el monitor.
Horas mirando el monitor, y nada. Lenovo. Intel. Nada. Mis manos sudorosas no
se atreven a escribir. No reaccionan y tiemblan. Titubean, pero nada. Es uno de
esos momentos en los que piensas no tener ninguna habilidad, ningún talento. Mi
gato se acerca, insistente, restriega su cuerpo contra mi pierna. Me mira y maúlla.
Maúlla más alto y ronronea. Molesto, me levanto y sirvo sobre su plato el alimento.
Un seco material de mal olor y color café con forma de pececitos. ¿Qué tal sabrá?,
divago. ¿cómo se puede comer esa mierda?, me pregunto.
Estoy perdido.
Ni una letra, ni una palabra. otra vez nada. ¿Qué hay que hacer para poder
escribir un cuento? Es solo un cuento. Los cuentos son para niños. Una
distracción. Un pasatiempo. Empecé a recordar entonces momentos de mi
adolescencia. Los cuentos que conocí. Borges, Fuentes, Paz. ¡Esos weyes eran
una ostia¡, no como yo. Y ahí voy otra vez. Enciendo la máquina, me sirvo un café
y escribo. 8:00 de la noche. Las palabras fluyen. Sin sentido, corre entre mis
manos un viento que no imagine sentir. Por fin escribo. No se si es un cuento.
Escribo y me concentro. Un sorbo de café tras otro. Siento el golpeteo de mis
dedos contra las teclas del computador y me emociono. Estoy escribiendo.
Euforia. Miro el monitor; letras y letras, palabras y nada.
Creo que no se escribir.

Fin.

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