Normas sobre la elección del Papa
Normas sobre la elección del Papa
CAPÍTULO II
LAS CONGREGACIONES DE LOS CARDENALES
PARA PREPARAR LA ELECCIÓN
DEL SUMO PONTÍFICE
7. Durante la Sede vacante tendrán lugar dos clases de Congregaciones de los
Cardenales: una general, es decir, de todo el Colegio hasta el comienzo de la
elección, y otra particular. En las Congregaciones generales deben participar
todos los Cardenales no impedidos legítimamente, apenas son informados de
la vacante de la Sede Apostólica. Sin embargo, a los Cardenales que, según la
norma del n. 33 de esta Constitución, no tienen el derecho de elegir al
Pontífice, se les concede la facultad de abstenerse, si lo prefieren, de participar
en estas Congregaciones generales.
La Congregación particular está constituida por el Cardenal Camarlengo de la
Santa Iglesia Romana y por tres Cardenales, uno por cada Orden, extraídos por
sorteo entre los Cardenales electores llegados a Roma. La función de estos
tres Cardenales, llamados Asistentes, cesa al cumplirse el tercer día, y en su
lugar, siempre mediante sorteo, les suceden otros con el mismo plazo de
tiempo incluso después de iniciada la elección.
Durante el período de la elección las cuestiones de mayor importancia, si es
necesario, serán tratadas por la asamblea de los Cardenales electores,
mientras que los asuntos ordinarios seguirán siendo tratados por la
Congregación particular de los Cardenales. En las Congregaciones generales y
particulares, durante la Sede vacante, los Cardenales vestirán el traje talar
ordinario negro con cordón rojo y la faja roja, con solideo, cruz pectoral y
anillo.
8. En las Congregaciones particulares deben tratarse solamente las cuestiones
de menor importancia que se vayan presentando diariamente o en cada
momento. Si surgieran cuestiones más importantes y que merecieran un
examen más profundo, deben ser sometidas a la Congregación general.
Además, todo lo que ha sido decidido, resuelto o denegado en una
Congregación particular no puede ser revocado, cambiado o concedido en
otra; el derecho de hacer esto corresponde únicamente a la Congregación
general y por mayoría de votos.
9. Las Congregaciones generales de los Cardenales tendrán lugar en el Palacio
Apostólico Vaticano o, si las circunstancias lo exigen, en otro lugar más
oportuno a juicio de los mismos Cardenales. Preside estas Congregaciones el
Decano del Colegio o, en el caso de que esté ausente o legítimamente
impedido, el Vicedecano. En el caso de que uno de ellos o los dos no gocen,
según la norma del n. 33 de esta Constitución, del derecho de elegir al
Pontífice, presidirá las asambleas de los Cardenales electores el Cardenal
elector más antiguo, según el orden habitual de precedencia.
10. El voto en las Congregaciones de los Cardenales, cuando se trate de
asuntos de mayor importancia, no debe ser dado de palabra, sino de forma
secreta.
11. Las Congregaciones generales que preceden el comienzo de la elección,
llamadas por eso «preparatorias», deben celebrarse a diario, a partir del día
establecido por el Camarlengo de la Santa Iglesia Romana y por el primer
Cardenal de cada orden entre los electores, incluso en los días en que se
celebran las exequias del Pontífice difunto. Esto debe hacerse para que el
Cardenal Camarlengo pueda oír el parecer del Colegio y darle las
comunicaciones que crea necesarias u oportunas; y también para permitir a
cada Cardenal que exprese su opinión sobre los problemas que se presenten,
pedir explicaciones en caso de duda y hacer propuestas.
12. En las primeras Congregaciones generales se proveerá a que cada
Cardenal tenga a disposición un ejemplar de esta Constitución y, al mismo
tiempo, se le dé la posibilidad de proponer eventualmente cuestiones sobre el
significado y el cumplimiento de las normas establecidas en la misma.
Conviene, además, que sea leída la parte de esta Constitución que hace
referencia a la vacante de la Sede Apostólica. Al mismo tiempo, todos los
Cardenales presentes deben prestar juramento de observar las disposiciones
contenidas en ella y de guardar el secreto. Este juramento, que debe ser hecho
también por los Cardenales que habiendo llegado con retraso participen más
tarde en estas Congregaciones, será leído por el Cardenal Decano o,
eventualmente por otro presidente del Colegio (conforme a la norma
establecida en el n. 9 de esta Constitución) en presencia de los otros
Cardenales según la siguiente fórmula:
Nosotros, Cardenales de la Santa Iglesia Romana, del Orden de los Obispos, del
de los Presbíteros y del de los Diáconos, prometemos, nos obligamos y juramos,
todos y cada uno, observar exacta y fielmente todas las normas contenidas en
la Constitución apostólicaUniversi Dominici Gregis del Sumo Pontífice Juan
Pablo II, y mantener escrupulosamente el secreto sobre cualquier cosa quede
algún modo tenga que ver con la elección del Romano Pontífice, o que por su
naturaleza, durante la vacante de la Sede Apostólica, requiera el mismo secreto.
CAPÍTULO III
ALGUNOS CARGOS DURANTE LA SEDE APOSTÓLICA VACANTE
14. Según el art. 6 de la Constitución apostólica Pastor Bonus[13], a la muerte
del Pontífice todos los Jefes de los Dicasterios de la Curia Romana, tanto el
Cardenal Secretario de Estado como los Cardenales Prefectos y los Presidentes
Arzobispos, así como también los Miembros de los mismos Dicasterios, cesan
en el ejercicio de sus cargos. Se exceptúan el Camarlengo de la Santa Iglesia
Romana y el Penitenciario Mayor, que siguen ocupándose de los asuntos
ordinarios, sometiendo al Colegio de los Cardenales todo lo que debiera ser
referido al Sumo Pontífice.
Igualmente, de acuerdo con la Constitución Apostólica Vicariae Potestatis (n. 2
§ 1)[14], el Cardenal Vicario General de la diócesis de Roma no cesa en su
cargo durante la vacante de la Sede Apostólica y tampoco cesa en su
jurisdicción el Cardenal Arcipreste de la Basílica Vaticana y Vicario General para
la Ciudad del Vaticano.
15. En el caso de que a la muerte del Pontífice o antes de la elección del
Sucesor estén vacantes los cargos de Camarlengo de la Santa Iglesia Romana
o de Penitenciario Mayor, el Colegio de los Cardenales debe elegir cuanto
antes al Cardenal o, si es el caso, los Cardenales que ocuparán su cargo hasta
la elección del nuevo Pontífice. En cada uno de los casos citados la elección se
realiza por medio de votación secreta de todos los Cardenales electores
presentes, por medio de papeletas, que serán distribuidas y recogidas por los
Ceremonieros y abiertas después en presencia del Camarlengo y de los tres
Cardenales Asistentes, si se trata de elegir al Penitenciario Mayor; o de los
citados tres Cardenales y del Secretario del Colegio de los Cardenales si se
debe elegir al Camarlengo. Resultará elegido y tendrá ipso facto todas las
facultades correspondientes al cargo aquél que haya obtenido la mayoría de
los votos. En el caso de empate, será designado quien pertenezca al orden más
elevado y, dentro del mismo orden, quien haya sido creado primero Cardenal.
Hasta que no haya sido elegido el Camarlengo, ejerce sus funciones el Decano
del Colegio o, en su ausencia o si está legítimamente impedido, el Vicedecano
o el Cardenal más antiguo según el orden de precedencia conforme al n. 9 de
esta Constitución, el cual puede tomar sin ninguna dilación las decisiones que
las circunstancias aconsejen.
16. En cambio, si durante la Sede vacante falleciese el Vicario General de la
Diócesis de Roma, el Vicegerente en funciones ejercerá también la función
propia del Cardenal Vicario además de su jurisdicción ordinaria vicaria[15]. Si
también faltase el Vicegerente, el Obispo Auxiliar más antiguo en el
nombramiento desempeñará las funciones.
17. Apenas recibida la noticia de la muerte del Sumo Pontífice, el Camarlengo
de la Santa Iglesia Romana debe comprobar oficialmente la muerte del
Pontífice en presencia del Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias,
de los Prelados Clérigos y del Secretario y Canciller de la Cámara Apostólica, el
cual deberá extender el documento o acta auténtica de muerte. El Camarlengo
debe además sellar el estudio y la habitación del mismo Pontífice, disponiendo
que el personal que vive habitualmente en el apartamento privado pueda
seguir en él hasta después de la sepultura del Papa, momento en que todo el
apartamento pontificio será sellado; comunicar la muerte al Cardenal Vicario
para la Urbe, el cual dará noticia al pueblo romano con una notificación
especial; igualmente al Cardenal Arcipreste de la Basílica Vaticana; tomar
posesión del Palacio Apostólico Vaticano y, personalmente o por medio de un
delegado suyo, de los Palacios de Letrán y de Castel Gandolfo, ejerciendo su
custodia y gobierno; establecer, oídos los Cardenales primeros de los tres
órdenes, todo lo que concierne a la sepultura del Pontífice, a menos que éste,
cuando vivía, no hubiera manifestado su voluntad al respecto; cuidar, en
nombre y con el consentimiento del Colegio de los Cardenales, todo lo que las
circunstancias aconsejen para la defensa de los derechos de la Sede Apostólica
y para una recta administración de la misma. De hecho, es competencia del
Camarlengo de la Santa Iglesia Romana, durante la Sede vacante, cuidar y
administrar los bienes y los derechos temporales de la Santa Sede, con la
ayuda de los tres Cardenales Asistentes, previo el voto del Colegio de los
Cardenales, una vez para las cuestiones menos importantes, y cada vez para
aquéllas más graves.
18. El Cardenal Penitenciario Mayor y sus Oficiales, durante la Sede vacante,
podrán llevar a cabo todo lo que ha sido establecido por mi Predecesor Pío XI
en la Constitución apostólica Quae divinitus, del 25 de marzo de 1935[16], y
por mí mismo en la Constitución apostólica Pastor Bonus[17].
19. El Decano del Colegio de los Cardenales, sin embargo, apenas haya sido
informado por el Cardenal Camarlengo o por el Prefecto de la Casa Pontificia
de la muerte del Pontífice, tiene la obligación de dar la noticia a todos los
Cardenales, convocándolos para las Congregaciones del Colegio. Igualmente
comunicará la muerte del Pontífice al Cuerpo Diplomático acreditado ante la
Santa Sede y a los Jefes de Estado de las respectivas Naciones.
20. Durante la vacante de la Sede Apostólica, el Sustituto de la Secretaría de
Estado así como el Secretario para las Relaciones con los Estados y los
Secretarios de los Dicasterios de la Curia Romana conservan la dirección de la
respectiva oficina y responden de ello ante el Colegio de los Cardenales.
21. De la misma manera, no cesan en el cargo y en las propias facultades los
Representantes Pontificios.
22. También el Limosnero de Su Santidad continuará en el ejercicio de las
obras de caridad, con los mismos criterios usados cuando vivía el Pontífice; y
dependerá del Colegio de los Cardenales hasta la elección del nuevo Pontífice.
23. Durante la Sede vacante, todo el poder civil del Sumo Pontífice,
concerniente al gobierno de la Ciudad del Vaticano, corresponde al Colegio de
los Cardenales, el cual sin embargo no podrá emanar decretos sino en el caso
de urgente necesidad y sólo durante la vacante de la Santa Sede. Dichos
decretos serán válidos en el futuro solamente si los confirma el nuevo Pontífice.
CAPÍTULO IV
FACULTADES DE LOS DICASTERIOS
DE LA CURIA ROMANA DURANTE LA VACANTE
DE LA SEDE APOSTÓLICA
24. Durante la Sede vacante, los Dicasterios de la Curia Romana, excepto
aquéllos a los que se refiere el n. 26 de esta Constitución, no tienen ninguna
facultad en aquellas materias que, Sede plena, no pueden tratar o realizar si no
facto verbo cum [Link], o ex Audientia [Link] o vigore specialium et
extraordinarium facultatum, que el Romano Pontífice suele conceder a los
Prefectos, a los Presidentes o a los Secretarios de los mismos Dicasterios.
25. En cambio, no cesan con la muerte del Pontífice las facultades ordinarias
propias de cada Dicasterio; establezco, no obstante, que los Dicasterios hagan
uso de ellas sólo para conceder gracias de menor importancia, mientras las
cuestiones más graves o discutidas, si pueden diferirse, deben ser reservadas
exclusivamente al futuro Pontífice; si no admitiesen dilación (como, entre otras,
los casos in articulo mortis de dispensas que el Sumo Pontífice suele conceder),
podrán ser confiadas por el Colegio de los Cardenales al Cardenal que era
Prefecto hasta la muerte del Pontífice, o al Arzobispo hasta entonces
Presidente, y a los otros Cardenales del mismo Dicasterio, a cuyo examen el
Sumo Pontífice difunto las hubiera confiado probablemente. En dichas
circunstancias, éstos podrán decidir per modum provisionis, hasta que sea
elegido el Pontífice, todo lo que crean más oportuno y conveniente para la
custodia y la defensa de los derechos y tradiciones eclesiásticas.
26. El Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica y el Tribunal de la Rota
Romana, durante la vacante de la Santa Sede, siguen tratando las causas
según sus propias leyes, permaneciendo en pie lo establecido en el art. 18,
puntos 1 y 3 de la Constitución apostólica Pastor Bonus[18].
CAPÍTULO V
LAS EXEQUIAS DEL ROMANO PONTÍFICE
27. Después de la muerte del Romano Pontífice, los Cardenales celebrarán las
exequias en sufragio de su alma durante nueve días consecutivos, según el
Ordo exsequiarum Romani Pontificis, cuyas normas, así como las del Ordo
rituum Conclavis ellos cumplirán fielmente.
CAPÍTULO II
EL LUGAR DE LA ELECCIÓN
Y LAS PERSONAS ADMITIDAS EN RAZÓN DE SU CARGO
41. El Cónclave para la elección del Sumo Pontífice se desarrollará dentro del
territorio de la Ciudad del Vaticano, en lugares y edificios determinados,
cerrados a los extraños, de modo que se garantice una conveniente
acomodación y permanencia de los Cardenales electores y de quienes, por
título legítimo, están llamados a colaborar al normal desarrollo de la elección
misma.
42. En el momento establecido para el comienzo del proceso de la elección del
Sumo Pontífice, todos los Cardenales electores deberán haber recibido y
tomado una conveniente acomodación en la llamada Domus Sanctae Marthae,
construida recientemente en la Ciudad del Vaticano.
Si razones de salud, previamente comprobadas por la competente
Congregación Cardenalicia, exigen que algún Cardenal elector tenga consigo,
incluso en el período de la elección, un enfermero, se debe proveer que a éste
le sea asignada una adecuada habitación.
43. Desde el momento en que se ha dispuesto el comienzo del proceso de la
elección hasta el anuncio público de que se ha realizado la elección del Sumo
Pontífice o, de todos modos, hasta cuando así lo ordene el nuevo Pontífice, los
locales de la Domus Sanctae Marthae, como también y de modo especial la
Capilla Sixtina y las zonas destinadas a las celebraciones litúrgicas, deben estar
cerrados a las personas no autorizadas, bajo la autoridad del Cardenal
Camarlengo y con la colaboración externa del Sustituto de la Secretaría de
Estado, según lo establecido en los números siguientes.
Todo el territorio de la Ciudad del Vaticano y también la actividad ordinaria de
las Oficinas que tienen su sede dentro de su ámbito deben regularse, en dicho
período, de modo que se asegure la reserva y el libre desarrollo de todas las
actividades en relación con la elección del Sumo Pontífice. De modo particular
se deberá cuidar que nadie se acerque a los Cardenales electores durante el
traslado desde la Domus Sanctae Marthae al Palacio Apostólico Vaticano.
44. Los Cardenales electores, desde el comienzo del proceso de la elección
hasta que ésta tenga lugar y sea anunciada públicamente, deben abstenerse
de mantener correspondencia epistolar, telefónica o por otros medios de
comunicación con personas ajenas al ámbito del desarrollo de la misma
elección, si no es por comprobada y urgente necesidad, debidamente
reconocida por la Congregación particular a la que se refiere el n. 7. A la misma
corresponde reconocer la necesidad y la urgencia de comunicar con los
respectivos dicasterios por parte de los Cardenales Penitenciario Mayor,
Vicario General para la diócesis de Roma y Arcipreste de la Basílica Vaticana.
45. A todos aquellos que, no estando indicados en el número siguiente, y que
casualmente, aunque presentes en la Ciudad del Vaticano por justo título,
como se prevé en el n. 43 de esta Constitución, encontraran a algunos de los
Cardenales electores en tiempo de la elección, está absolutamente prohibido
mantener coloquio, de cualquier forma, por cualquier medio o por cualquier
motivo, con los mismos Padres Cardenales.
46. Para satisfacer las necesidades personales y de la oficina relacionadas con
el desarrollo de la elección, deberán estar disponibles y, por tanto, alojados
convenientemente dentro de los límites a los que se refiere el n. 43 de la
presente Constitución, el Secretario del Colegio Cardenalicio, que actúa de
Secretario de la asamblea electiva; el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas
Pontificias con dos Ceremonieros y dos religiosos adscritos a la Sacristía
Pontificia; un eclesiástico elegido por el Cardenal Decano, o por el Cardenal
que haga sus veces, para que lo asista en su cargo.
Además, deberán estar disponibles algunos religiosos de varias lenguas para
las confesiones, y también dos médicos para eventuales emergencias.
Se deberá también proveer oportunamente para que un número suficiente de
personas, adscritas a los servicios de comedor y de limpieza, estén disponibles
para ello.
Todas las personas aquí mencionadas deberán recibir la aprobación previa del
Cardenal Camarlengo y de los tres Asistentes.
47. Todas las personas señaladas en el n. 46 de la presente Constitución que
por cualquier motivo o en cualquier momento fueran informadas por quien sea
sobre algo directa o indirectamente relativo a los actos propios de la elección
y, de modo particular, de lo referente a los escrutinios realizados en la elección
misma, están obligadas a estricto secreto con cualquier persona ajena al
Colegio de los Cardenales electores; por ello, antes del comienzo del proceso
de la elección, deberán prestar juramento según las modalidades y la fórmula
indicada en el número siguiente.
48. Las personas señaladas en el n. 46 de la presente Constitución,
debidamente advertidas sobre el significado y sobre el alcance del juramento
que han de prestar antes del comienzo del proceso de la elección, deberán
pronunciar y subscribir a su debido tiempo, ante el Cardenal Camarlengo u
otro Cardenal delegado por éste, en presencia de dos Ceremonieros, el
juramento según la fórmula siguiente:
Yo N. N. prometo y juro observar el secreto absoluto con quien no forme parte
del Colegio de los Cardenales electores, y esto perpetuamente, a menos que no
reciba especiales facultades dadas expresamente por el nuevo Pontífice elegido
o por sus Sucesores, acerca de todo lo que atañe directa o indirectamente a las
votaciones y a los escrutinios para la elección del Sumo Pontífice.
Así Dios me ayude y estos Santos Evangelios que toco con mi mano.
CAPÍTULO III
COMIENZO DE LOS ACTOS DE LA ELECCIÓN
49. Celebradas las exequias del difunto Pontífice, según los ritos prescritos, y
preparado lo necesario para el desarrollo regular de la elección, el día
establecido ―es decir, el decimoquinto desde la muerte del Pontífice, o según
lo previsto en el n. 37 de la presente Constitución, no más allá del vigésimo―
los Cardenales electores se reunirán en la Basílica de San Pedro en el Vaticano,
o donde la oportunidad y las necesidades de tiempo y de lugar aconsejen,
para participar en una solemne celebración eucarística con la Misa votiva «Pro
eligendo Papa»[19]. Esto deberá realizarse a ser posible en una hora adecuada
de la mañana, de modo que en la tarde pueda tener lugar lo prescrito en los
números siguientes de la presente Constitución.
50. Desde la Capilla Paulina del Palacio Apostólico, donde se habrán reunido
en una hora conveniente de la tarde, los Cardenales electores en hábito coral
irán en solemne procesión, invocando con el canto del Veni Creator la
asistencia del Espíritu Santo, a la Capilla Sixtina del Palacio Apostólico, lugar y
sede del desarrollo de la elección.
51. Conservando los elementos esenciales del Cónclave, pero modificando
algunas modalidades secundarias, que el cambio de las circunstancias ha
hecho irrelevantes para el objeto que servían anteriormente, con la presente
Constitución establezco y dispongo que todo el proceso de la elección del
Sumo Pontífice, según lo prescrito en los números siguientes, se desarrolle
exclusivamente en la Capilla Sixtina del Palacio Apostólico Vaticano, que sigue
siendo lugar absolutamente reservado hasta el final de la elección, de tal modo
que se asegure el total secreto de lo que allí se haga o diga de cualquier modo
relativo, directa o indirectamente, a la elección del Sumo Pontífice.
Por tanto, el Colegio Cardenalicio, que actúa bajo la autoridad y la
responsabilidad del Camarlengo, ayudado por la Congregación particular de la
que se habla en el n. 7 de la presente Constitución cuidará de que, dentro de
dicha Capilla y de los locales adyacentes, todo esté previamente dispuesto,
incluso con la ayuda desde el exterior del Sustituto de la Secretaría de Estado,
de modo que se preserve la normal elección y el carácter reservado de la
misma.
De modo especial se deben hacer precisos y severos controles, incluso con la
ayuda de personas de plena confianza y probada capacidad técnica, para que
en dichos locales no sean instalados dolosamente medios audiovisuales de
grabación y transmisión al exterior.
52. Llegados los Cardenales electores a la Capilla Sixtina, según lo dispuesto
en el n. 50, en presencia aún de quienes han participado en la solemne
procesión, emitirán el juramento, pronunciando la fórmula indicada en el
número siguiente.
El Cardenal Decano o el primer Cardenal por orden y antigüedad, según lo
dispuesto en el n. 9 de la presente Constitución, leerá la fórmula en voz alta; al
final cada uno de los Cardenales electores, tocando los Santos Evangelios leerá
y pronunciará la fórmula en el modo indicado en el número siguiente.
Después que haya prestado juramento el último de los Cardenales electores, el
Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias pronunciará el extra omnes
y todos los ajenos al Cónclave deberán salir de la Capilla Sixtina.
En ella quedarán únicamente el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas
Pontificias y el eclesiástico, ya designado para tener la segunda de las
meditaciones a los Cardenales electores, a la que se refiere el n. 13/d, sobre el
gravísimo deber que les incumbe y, por tanto, sobre la necesidad de proceder
con recta intención por el bien de la Iglesia universal solum Deum prae oculis
habentes.
CAPÍTULO IV
OBSERVANCIA DEL SECRETO
SOBRE TODO LO RELATIVO A LA ELECCIÓN
55. El Cardenal Camarlengo y los tres Cardenales Asistentes pro tempore están
obligados a vigilar atentamente para que no se viole en modo alguno el
carácter reservado de lo que sucede en la Capilla Sixtina, donde se desarrollan
las operaciones de votación, y de los locales contiguos, tanto antes como
durante y después de tales operaciones.
De modo particular, incluso recurriendo a la pericia de dos técnicos de
confianza, procurarán tutelar este carácter reservado, asegurándose de que
ningún medio de grabación o de transmisión audiovisual sea introducido por
alguien en los locales indicados, especialmente en la citada Capilla donde se
desarrollan los actos de la elección.
Si se cometiese y descubriese una infracción a esta norma, sepan los autores
que estarán sujetos a graves penas según juzgue el futuro Pontífice.
56. En todo el tiempo que dure el proceso de la elección, los Cardenales
electores están obligados a abstenerse de correspondencia epistolar y de
conversaciones incluso telefónicas o por radio con personas no debidamente
admitidas en los edificios reservados a ellos.
Únicamente razones gravísimas y urgentes, comprobadas por la Congregación
particular de los Cardenales, de la que habla el n. 7, podrán consentir
semejantes conversaciones.
Los Cardenales electores, antes de iniciar los actos de la elección, proveerán
pues a que se disponga todo lo referente a las exigencias de su cargo o
personales y no aplazables, de modo que no sea necesario recurrir a tales
coloquios.
57. Los Cardenales electores deberán abstenerse igualmente de recibir o
enviar cualquier tipo de mensajes fuera de la Ciudad del Vaticano, existiendo
naturalmente la prohibición de que éstos se hagan por medio de alguna
persona legítimamente admitida allí. De forma específica se prohíbe a los
Cardenales electores, mientras dure el proceso de la elección, recibir prensa
diaria y periódica de cualquier tipo, así como escuchar programas radiofónicos
o ver transmisiones televisivas.
58. Quienes, de algún modo, según lo previsto en el n. 46 de la presente
Constitución, prestan su servicio en lo referente a la elección, y que directa o
indirectamente pudieran violar el secreto ―ya se trate de palabras, escritos,
señales, o cualquier otro medio― deben evitarlo absolutamente, porque de
otro modo incurrirían en la pena de excomunión latae sententiae reservada a la
Sede Apostólica.
59. En particular, está prohibido a los Cardenales electores revelar a cualquier
otra persona noticias que, directa o indirectamente se refieran a las
votaciones, como también lo que se ha tratado o decidido sobre la elección del
Pontífice en las reuniones de los Cardenales, tanto antes como durante el
tiempo de la elección. Tal obligación del secreto concierne también a los
Cardenales no electores participantes en las Congregaciones generales según
la norma del n. 7 de la presente Constitución.
60. Ordeno además a los Cardenales electores, graviter onerata ipsorum
conscientia, que conserven el secreto sobre estas cosas incluso después de la
elección del nuevo Pontífice, recordando que no es lícito violarlo de ningún
modo, a no ser que el mismo Pontífice haya dado una especial y explícita
facultad al respecto.
61. Finalmente, para que los Cardenales electores puedan salvaguardarse de la
indiscreción ajena y de eventuales asechanzas que pudieran afectar a su
independencia de juicio y a su libertad de decisión, prohíbo absolutamente
que, bajo ningún pretexto, se introduzcan en los lugares donde se desarrollan
las operaciones de la elección o, si ya los hubiera, que sean usados
instrumentos técnicos de cualquier tipo que sirvan para grabar, reproducir o
transmitir voces, imágenes o escritos.
CAPÍTULO V
DESARROLLO DE LA ELECCIÓN
62. Abolidos los modos de elección llamados per acclamationem seu
inspirationem y per compromissum, la forma de elección del Romano Pontífice
será de ahora en adelante únicamente per scrutinium.
Establezco, por lo tanto, que para la elección válida del Romano Pontífice se
requieren los dos tercios de los votos, calculados sobre la totalidad de los
electores presentes.
En el caso en que el número de Cardenales presentes no pueda dividirse en
tres partes iguales, para la validez de la elección del Sumo Pontífice se requiere
un voto más.
63. Se procederá a la elección inmediatamente después de que se hayan
cumplido las formalidades contenidas en el n. 54 de la presente Constitución.
Si eso sucede ya en la tarde del primer día, se tendrá un solo escrutinio; en los
días sucesivos si la elección no ha tenido lugar en el primer escrutinio, se
deben realizar dos votaciones tanto en la mañana como en la tarde,
comenzando siempre las operaciones de voto a la hora ya previamente
establecida bien en las Congregaciones preparatorias, bien durante el periodo
de la elección, según las modalidades establecidas en los números 64 y
siguientes de la presente Constitución.
64. El procedimiento del escrutinio se desarrolla en tres fases, la primera de las
cuales, que se puede llamar pre-escrutinio, comprende: 1) la preparación y
distribución de las papeletas por parte de los Ceremonieros, quienes entregan
por lo menos dos o tres a cada Cardenal elector; 2) la extracción por sorteo,
entre todos los Cardenales electores, de tres Escrutadores, de tres encargados
de recoger los votos de los enfermos, llamados Infirmarii, y de tres Revisores;
este sorteo es realizado públicamente por el último Cardenal Diácono, el cual
extrae seguidamente los nueve nombres de quienes deberán desarrollar tales
funciones; 3) si en la extracción de los Escrutadores, de los Infirmarii y de los
Revisores, salieran los nombres de Cardenales electores que, por enfermedad
u otro motivo, están impedidos de llevar a cabo estas funciones, en su lugar se
extraerán los nombres de otros no impedidos. Los tres primeros extraídos
actuarán de Escrutadores, los tres segundos de Infirmarii y los otros tres de
Revisores.
65. En esta fase de escrutinio hay que tener en cuenta las siguientes
disposiciones: 1) la papeleta ha de tener forma rectangular y llevar escritas en
la mitad superior, a ser posible impresas, las palabras: Eligo in Summum
Pontificem, mientras que en la mitad inferior debe dejarse espacio para escribir
el nombre del elegido; por tanto, la papeleta está hecha de modo que pueda
ser doblada por la mitad; 2) la compilación de las papeletas debe hacerse de
modo secreto por cada Cardenal elector, el cual escribirá claramente, con
caligrafía lo más irreconocible posible, el nombre del que elige, evitando
escribir más nombres, ya que en ese caso el voto sería nulo, doblando dos
veces la papeleta; 3) durante las votaciones, los Cardenales electores deben
permanecer en la Capilla Sixtina solos y por eso, inmediatamente después de
la distribución de las papeletas y antes de que los electores empiecen a
escribir, el Secretario del Colegio de los Cardenales, el Maestro de las
Celebraciones Litúrgicas Pontificias y los Ceremonieros deben salir de allí;
después de su salida, el último Cardenal Diácono cerrará la puerta, abriéndola
y cerrándola todas las veces que sea necesario, como por ejemplo cuando los
Infirmarii salgan para recoger los votos de los enfermos y vuelven a la Capilla.
CAPÍTULO VI
LO QUE SE DEBE OBSERVAR O EVITAR
EN LA ELECCIÓN DEL SUMO PONTÍFICE
78. Si en la elección del Romano Pontífice se perpetrase ―Dios nos libre― el
crimen de la simonía, determino y declaro que todos aquellos que fueran
culpables incurrirán en la excomunión latae sententiae, y que, sin embargo, sea
quitada la nulidad o no validez de la provisión simoníaca, para que ―como ya
establecieron mis predecesores― no sea impugnada por este motivo la validez
de la elección del Romano Pontífice[23].
79. Confirmando también las prescripciones de mis Predecesores, prohíbo a
quien sea, aunque tenga la dignidad de Cardenal, mientras viva el Pontífice, y
sin haberlo consultado, hacer pactos sobre la elección de su Sucesor, prometer
votos o tomar decisiones a este respecto en reuniones privadas.
80. De la misma manera, quiero ratificar cuanto sancionaron mis Predecesores
a fin de excluir toda intervención externa en la elección del Sumo Pontífice. Por
eso nuevamente, en virtud de santa obediencia y bajo pena de excomunión
latae sententiae, prohíbo a todos y cada uno de los Cardenales electores,
presentes y futuros, así como también al Secretario del Colegio de los
Cardenales y a todos los que toman parte en la preparación y realización de lo
necesario para la elección, recibir, bajo ningún pretexto, de parte de cualquier
autoridad civil, el encargo de proponer el veto o la llamada exclusiva, incluso
bajo la forma de simple deseo, o bien de manifestarlo tanto a todo el Colegio
de los electores reunido, como a cada uno de ellos, por escrito o de palabra,
directa e inmediatamente o indirectamente o por medio de otros, tanto antes
del comienzo de la elección como durante su desarrollo. Quiero que dicha
prohibición se extienda a todas las posibles interferencias, oposiciones y
deseos, con que autoridades seculares de cualquier nivel o grado, o cualquier
grupo o personas aisladas, quisieran inmiscuirse en la elección del Pontífice.
81. Los Cardenales electores se abstendrán, además, de toda forma de pactos,
acuerdos, promesas u otros compromisos de cualquier género, que los puedan
obligar a dar o negar el voto a uno o a algunos. Si esto sucediera en realidad,
incluso bajo juramento, decreto que tal compromiso sea nulo e inválido y que
nadie esté obligado a observarlo; y desde ahora impongo la excomunión latae
sententiae a los transgresores de esta prohibición. Sin embargo, no pretendo
prohibir que durante la Sede vacante pueda haber intercambios de ideas sobre
la elección.
82. Igualmente, prohíbo a los Cardenales hacer capitulaciones antes de la
elección, o sea, tomar compromisos de común acuerdo, obligándose a llevarlos
a cabo en el caso de que uno de ellos sea elevado al Pontificado. Estas
promesas, aun cuando fueran hechas bajo juramento, las declaro también
nulas e inválidas.
83. Con la misma insistencia de mis Predecesores, exhorto vivamente a los
Cardenales electores, en la elección del Pontífice, a no dejarse llevar por
simpatías o aversiones, ni influenciar por el favor o relaciones personales con
alguien, ni moverse por la intervención de personas importantes o grupos de
presión o por la instigación de los medios de comunicación social, la violencia,
el temor o la búsqueda de popularidad. Antes bien, teniendo presente
únicamente la gloria de Dios y el bien de la Iglesia, después de haber
implorado el auxilio divino, den su voto a quien, incluso fuera del Colegio
Cardenalicio, juzguen más idóneo para regir con fruto y beneficio a la Iglesia
universal.
84. Durante la Sede vacante, y sobre todo mientras se desarrolla la elección del
Sucesor de Pedro, la Iglesia está unida de modo particular con los Pastores y
especialmente con los Cardenales electores del Sumo Pontífice y pide a Dios
un nuevo Papa como don de su bondad y providencia. En efecto, a ejemplo de
la primera comunidad cristiana, de la que se habla en los Hechos de los
Apóstoles (cf. 1, 14), la Iglesia universal, unida espiritualmente a María, la
Madre de Jesús, debe perseverar unánimemente en la oración; de esta manera,
la elección del nuevo Pontífice no será un hecho aislado del Pueblo de Dios
que atañe sólo al Colegio de los electores, sino que en cierto sentido, será una
acción de toda la Iglesia. Por tanto, establezco que en todas las ciudades y en
otras poblaciones, al menos las más importantes, conocida la noticia de la
vacante de la Sede Apostólica, y de modo particular de la muerte del Pontífice,
después de la celebración de solemnes exequias por él, se eleven humildes e
insistentes oraciones al Señor (cf. Mt 21, 22; Mc 11, 24), para que ilumine a los
electores y los haga tan concordes en su cometido que se alcance una pronta,
unánime y fructuosa elección, como requiere la salvación de las almas y el bien
de todo el Pueblo de Dios.
85. Recomiendo esto del modo más vivo y cordial a los venerables Padres
Cardenales que, por su edad, no gozan ya del derecho de participar en la
elección del Sumo Pontífice. En virtud del especialísimo vínculo que los
cardenales tienen con la Sede Apostólica, pónganse al frente del Pueblo de
Dios, congregado particularmente en las Basílicas Patriarcales de la ciudad de
Roma y también en los lugares de culto de las otras Iglesias particulares, para
que con la oración asidua e intensa, sobre todo mientras se desarrolla la
elección, se alcance del Dios Omnipotente la asistencia y la luz del Espíritu
Santo necesarias para los Hermanos electores, participando así eficaz y
realmente en la ardua misión de proveer a la Iglesia universal de su Pastor.
86. Ruego, también, al que sea elegido que no renuncie al ministerio al que es
llamado por temor a su carga, sino que se someta humildemente al designio
de la voluntad divina. En efecto, Dios, al imponerle esta carga, lo sostendrá con
su mano para que pueda llevarla; al conferirle un encargo tan gravoso, le dará
también la ayuda para desempeñarlo y, al darle la dignidad, le concederá la
fuerza para que no desfallezca bajo el peso del ministerio.
CAPÍTULO VII
ACEPTACIÓN, PROCLAMACIÓN E INICIO
DEL MINISTERIO DEL NUEVO PONTÍFICE
87. Realizada la elección canónicamente, el último de los Cardenales Diáconos
llama al aula de la elección al Secretario del Colegio de los Cardenales y al
Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias; después, el Cardenal
Decano, o el primero de los Cardenales por orden y antigüedad, en nombre de
todo el Colegio de los electores, pide el consentimiento del elegido con las
siguientes palabras: ¿Aceptas tu elección canónica para Sumo Pontífice? Y, una
vez recibido el consentimiento, le pregunta: ¿Cómo quieres ser llamado?
Entonces el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias, actuando
como notario y teniendo como testigos a dos Ceremonieros que serán
llamados en aquel momento, levanta acta de la aceptación del nuevo Pontífice
y del nombre que ha tomado.
88. Después de la aceptación, el elegido que ya haya recibido la ordenación
episcopal, es inmediatamente Obispo de la Iglesia romana, verdadero Papa y
Cabeza del Colegio Episcopal; el mismo adquiere de hecho la plena y suprema
potestad sobre la Iglesia universal y puede ejercerla.
En cambio, si el elegido no tiene el carácter episcopal, será ordenado Obispo
inmediatamente.
89. Entre tanto, cumplidas las otras formalidades previstas en el Ordo rituum
Conclavis, los Cardenales electores, según las formas establecidas, se acercan
para expresar un gesto de respeto y obediencia al neoelegido Sumo Pontífice.
A continuación se dan gracias a Dios, y el primero de los Cardenales Diáconos
anuncia al pueblo, que está esperando, la elección y el nombre del nuevo
Pontífice, el cual inmediatamente después imparte la Bendición Apostólica
Urbi et Orbi desde el balcón de la Basílica Vaticana.
[3] Cf. Motu proprio Cum Proxime (1 marzo 1922): AAS 14 (1922), 145-146;
Const. ap. Quae divinitus (25 marzo 1935): AAS 27 (1935), 97-113.
[4] Cf. Const. ap. Vacantis Apostolicae Sedis (8 diciembre 1945): AAS 38 (1946),
65-99.
[5] Cf. Motu proprio Summi Pontificis electio (5 septiembre 1962): AAS 54
(1962), 632-640.
[6] Cf. Const. ap. Regimini Ecclesiae universae (15 agosto 1967): AAS 59
(1967), 885-928; Motu proprio Ingravescentem aetatem (21 noviembre 1970):
AAS 62 (1970), 810-813; Const. ap. Romano Pontifici eligendo (1 octubre
1975): AAS 67 (1975), 609-645.
[7] Cf. AAS 80 (1988), 841-912.
[8] Cf. Conc. Ecum. Vat. I, Const. dogm. Pastor aeternus, sobre la Iglesia de
Cristo, III; Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia,
18.
[9] Código de Derecho Canónico, can. 332 §1; cf. Código de los Cánones de las
Iglesias Orientales, can. 44 § 1.
[10] Cf. Motu proprio Ingravescentem aetatem (21 noviembre 1970), II, 2: AAS
62 (1970), 811; Const. ap. Romano Pontifici eligendo (1 octubre 1975), 33: AAS
67 (1975), 622.
[11] Código de Derecho Canónico, can. 1752.
[12] Cf. Código de Derecho Canónico, can. 332 § 2; Código de los Cánones de
las Iglesias Orientales, can. 44 § 2.
[21] Cf. Const. ap. Vacantis Apostolicae Sedis (8 diciembre 1945), 88: AAS 38
(1946), 93.
[22] Cf. Const. ap. Romano Pontifici eligendo (1 octubre 1975), 74: AAS 67
(1975), 639.
[23] Cf. S. Pío X, Const. ap. Vacante Sede Apostolica (25 diciembre 1904), 79:
Pii X Pontificis Maximi Acta, III, 1908, 282; Pío XII, Const. ap. Vacantis
Apostolicae Sedis (8 diciembre 1945), 92: AAS 38 (1946), 94; Pablo VI, Const.
ap. Romano Pontifici eligendo (1 octubre 1975), 79: AAS 67 (1975), 641.