Carmelo Rod. Torres 2 1
Carmelo Rod. Torres 2 1
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• ' •i ' \
"Et porque la cosa prieta non es
tan apuesta como la de otro color".
EL SAPO DE ORO
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"Muchos blancos pudieran ser esclavos"
despues me recojo en la casita del patio a recitar de San Tomas. Trajo una escopeta, [Link] cajas de
Whisky, un cofre, tres tazas de cerámica y una
mis oraciones, fundido sobre ellas como en una
pieza de marfil. negra de veinte años. ¡A;y; Dios, tan negra como
yo"! Tenía dos capullitos sobre el pecho, una
Una noche sentí cuando don Pepe le dijo a la
azucena en los labios · y una rosa en todo el
señora·· "Manana
- me voy a San Tomas con unos
cuerpo.
amigos". Pero la sorpresa del sueño fue más
A los dos días hicimos amistad, a la semana
grata que la realidad. Por eso hay cosas que no
me lavó los pantalones de líneas y limpió mi
podría contarle. Me quedé dormido.
cuarto; luego me miraba tiernamente: el quince
La casa es toda blanca, con una ermita en el
patio Y quince habitaciones. En el techo tiene un de octubre -si preciso bien la fecha- avanzados
gallito de metal que busca el viento. A ese no lo los trece meses, tenía un niño entre los brazos.
alimento yo. Lo miro desde aquí Y me parece un Los . señores no volvieron a tomar Whisky a la
potro en celo. casa; ella regresó a San Tomas; y yo continué
Mi padre me dijo un día: "La soledad es cuidando el pastor alemán, las palomas y el sapo
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de oro, p ensando s· los alreded ores. " Nu n c a
te , iempre Por , uila!Xlente p or
m a los ojos azul es. que aquel negn traOq eranza, hijo, p iensa en la
ees la esp ,
A esta casa la ll l o estroP ·ensa en un sueñ o ", me b abia
aman La Q . . ·dad como se pi
su s h a b.1taciones t· umtª· En febcl . dre una mañana de p rimavera .
. lene un es . una de
tiem po camin peJo, seis rel . diebo , rn1
Ali'pa taba el sapo de oro en la alfom bra
a como los salt OJes (el
uno lo m ira · con cuidado) amonte s cuando 1,1egue. 1 es , . .
dame venía <letras de mis pisadas.
Al fond d y una caja de , persa. Ma -ano misteriosamente por los hilos .
o, os cupidos de pl t musica.
C a a y un c d Paso 1a ...
uando llegaba d" . an elabro oJ·os cerrados se abren (no se abr en,
, 1c1embre a M ·
crec1an unas v adame 1 de oro. Sus
enas azules en su . e me rniran) Madame está junto a mí. El se estira
que la dejaban tend"d pierna derecha (no se estira, se encoge). Paseo la vista alrededor
I a en cama por .
Entonces yo oí .1 vanos días. mío- Entonces descubro mi cuerpo como un
. a as voces desde . .
patio. Ella lo 11 b m1 casita del cacto africano. "Siéntate, es inofensivo" escucho
ama a, pero él
la semana se no se acercaba. A
preparaba para un .. en la armonía del silencio. Es una voz distinta,
quedaba sola. VIaJe. Ella se nacida de un alma cansada y un corazón
La habitación , entregado al sufrimiento. Me miro frente al
do ·t . numero doce es cuarto de
rmi ono. Tiene una espejo y la veo junto a mí, desencajada de su
alfombra cama, dos sillas y una
persa. El veintioch o de enero yo personalidad. Recuerdo: "El amor e s como un
.
recitaba mIS· orac10nes.
. "Vete pozo cegado, wartiriza el espliego que no deja
cu ·d ª mi cuarto y fluir sus aguas". La calma es ideal. El silencio
1 a de la limpieza" ' me diJo .. Madame All,
estaba el sapo de oro . . i corta. Una paloma mensajera cruza por la
Mad . ' con hilos como el pelo de
ame y OJos dormidos. habitación, creo. Nos estamos mirando los tres
Don
e Pepe regresaba el lun es. calladamente.
re uando
d, llegué a la escalera de enfrente El lunes llegó don Pepe.
cor e. La imagin . , ' A las diez de la mañana me llamó Madame.
habitaciones. Habí:c1on recorrió el resto de las
un olor a perfume re . , Yo paseaba el pastor alemán. Pero es distinta
abierto. Una . cien ahora. Ríe. Se recuesta en la cama. Se levanta.
brisa dominical se paseaba
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r Cam ma· cerca de ,
sobre el lomo dmI. Esto Y quiet
pregunto. El! el sapo. " 6· E o. Paso la
µt\ tJNICA CARA
Habla
N
ª habla e
en español. L
0
stan, s
n francés. N sotos?"
inane
pE,LESPEJO
___,._..,_________ _
os mira a mu-o o ent· '
, mos. Llor Y me veo Iencto
agr"imas. Me t adesesperad en el espeJ· ·
l oca . Q , amente º·
." . : "P or favor" . m (, ue puedo hacer' . Vea sus
Siempre pe , ' urmura. El . Recuerde
. nse en t ,,, sapo
Iso lo s cabellos I ' me d Ice.
" En nos ,,,ira_ lY,.
al
enseña un 1 ' le toco la ci t tonces Yo le
unar di t· n ura.
derecha . s mto al q ue llev a en
' Ylaella rn e
p·iema
,..._.
62 MARCHA SILENCIOSA
"-¿A dónde los llevan?- gritó Ti Noel
a un mariner.'.> mulato que estaba desdoblando
una red para cerrar una escotilla.
....
. e gamos a las 'once. y a todo
contigo debajo de las sábanas y sentir pesadillas
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a b surdas D
· esd
sentí caer e el fondo d , state un rato", pensaste . "No
co:rn 0 e lll. "Recue
recoge :rn. . una vasr i conc·1 eterllº· _ ,, te dije. Temía que cayeras en u na
Is Piez Ja de enc·
voz de as como eJ cer¾¡¡ ia t, ten go suenodilla
' y recordaras todo el pasado de
sencajad agua'' d"• ca. V
an . a en n d , lJero en, nueva pesa
he (de esa noche nuestra puntualizada
gustia su bl. u os Y ll. Era
inm une. Era t agarrada ti, una noc
. t y tres mil veces sobre la nada de una
antada voz rec., u voz sin a Una
trein a
universo de . . ien llegada, orie cuerpo, tu felicidad inaprensible como tu cuerpo). No me
caricias F ntacta h .
a la real "d . ue en ton ac1a un arriesgaba a pensar, ni siquiera a imaginar, un
I ad de u ~ ces cuanct
olvidar· n sueno que n o asistí segundo de aquella rara aventura. Pero tú
· un ere , unca h
noches d . pusculo negro se . -• Podido insistías una y otra vez sobre lo mismo.
e tnstezas Tú vac10 en d Entonces te dije, "Felicidad", y te echaste sobre
de se . . estabas all'1 os
rpiente elect · ' (y un cue
mi cuerpo mientras sonreías con ojos de lechuza
anill rizada me . rpo
os de una pal miraba desde l
mera) El 1 os acorralada. "Creo que he empezado a odiarte",
mar azotaba la aren . ca or era intenso Y el
a con pe · . miraste. La soledad del cuarto se multiplicaba en
Tenn · ncia asesina
maste el cigarrillo el espejo. La luna (dos cuernos de metal y uno
nuevamente Y te acomodaste dormido) estaba afuera como las estrellas en un
en la cama "N
aquella noche . unca te perdono cielo de marfil trasnochado. Desde mi ángulo
en el hotel f .
gusta perdon l ' UI muy feliz y no me veía los tres lados del salón y al fondo tu
ar as felicidad e " d ...
recuerdo" t , s ' IJ1ste, "No lo presencia de mujer recostada. "Por qué me
' e menti nuev
continuar e . . amente. Pero era difícil odias", te adiviné. Sorprendida miraste hacia los
. sgnm1endo falsed d
filo del espeJ· ª es. A través del lados, p-ero ya mi boca estaba sobre tu boca.
o contemplé tu
recordé súb"t cuerpo moldeado y El tiempo se me escapaba a golpes de
1 amente el d,
nombre en l Ia que trazaste tu martillo. Nunca antes había sentido esa
os ladrillos d
carbón es el . e una fortaleza. "El sensación (la noche es una sirena de canciones
origen de la vida" (" 1
de las sorpres ,, , Y a destrucción infinitas). Mi mundo (extraña geografía de
as , pense) d ...
cuerpo oscur d IJ1ste antes de soltar el mariposas incoloras) vagaba sobre otro mundo
0 · e un cigarillo que parecía ser
de arcoiris quebrados. "Tu beso es un sueño de
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f a l sedad
es''
incoloras" '. gimieron ('''"
' quise dec · .r de te flotación de humores siderales.
aquel cuerp , ir). La v lllath, una constan .
o agil Y oz nac - -POsas en f cayendo poco a poco . Al filo de
explotó una . maravilloso E ia de allí Ñ El calor ue
cigarra s · n ese ' \le . ensado sentí la reproducción d e
se ampliaba so b u chorro de v [Link] tielllPº unp
un . la quebradura de cristales sobre los
la si re mi cue oces. El 10s espe1os y
rnpleza del rpo, Ento Calor d 1 piso. "El silencio de la noche es
· mar y • nces disenos e
1una Pálid , vi la trans escuché - p ero
a, alla dond . Parencia d un perro encarceld a o " , pense.
que está el . e siempre he e Una colll 0
72 73
J
Vestid O de
li turgia . b eza al lad o de la tuya y t,e
gobemadores. en un b puse n ll ca
Al fin la anquete )
amanecid a de Catedral clar Para en P
.
ájaro ·
Luego
argum en =•
tas+~. " Parecem os un
h
. esperan zas. "Do eaba una reJSte- , ,, (No pude recordar la noc e e n
m e Indicaron ·n· n Alonso 1\1 . bicefala •
· , 10s mío Al ansa" á.gtlila d ·ntentaste amarme c om o a
de inq · • ' onso M , sentiste Le a e 1
U1S1dor. Corrí d ansa Vestid
1a puerta de S esesperad o que te,. D i me que abriste los brazos
amente. Bajé pa1aro. ,
an Juan Y me tiré Por un t las piemas como dos arcangeles
borrar todas . al agua (p . genuamen e,
InIS Purezas Y santif• ara m un mn·-o" me dijist e. "Soy un
pecados con l icanne en . . . ) "Eres '
mezquino).
ª
P 0 dredum bre
de un mar ''aro" te conresté.
paJ ' ,
Era I El tercer latido llego cuando las aguas
e mundo del pasado
P ermanecía intacta junto , mal~~ empezaron a baJ·ar la pendiente de la Milla.
d te a aquella mujer (Quisiera recordar la noche en las tenderías,
e n ida como un espeio. E
;i l camino se abrió en recordar una verdad que a veces pienso ha sido el
tres ángulos· h b
, . om re, mujer, estrella (y un centro de un sueño). Apretada, como un puño,
angulo detenido hasta el inf" ·t .
. m1 o refleJando te vi llegar a mis pies. "Eres la encarnación de mi
siempre el mismo espejo). "Encuéntrame"
ruta, lates desde la responsabilidad de mi
dijeron. Toqué la soledad. Entonces me encontr~ sangre", sentí. Al fin estabas allí, inconfundible,
frente a un mundo que no quiero recordar. obligada a permanecer inerte sobre las aguas Y
("Al fin has resuelto concluir los caminos" frente a mis ojos. No sé de dónde surgían mis
me dijiste). Estábamos bajo las sábanas sin' manos para tocarte. Las llevé a tu pelo, después
darnos cuenta, fundidos uno en el otro, con la a tu carne. La furia de las aguas te balanceaba de
respiración entrecortada y un miedo escindido un lado a otro. "Fricka", te dije, y me miraste
por las intermitencias sanguíneas. ("Ahora como quien arranca alfileres de su cuerpo. Pero
pienso que si nos separamos nos podemos seguiste cauce abajo . Me quedé sólo una vez más.
morir"
. , com en t ast e. "Na di·e muere de placer", te Entonces intenté recordar la penúltima vez que
dije. Pero no era cierto, también sentí un miedo te había visto. "Es la_última", me dijeron.
tierno, un miedo místico capaz de convertirme Por eso hoy, cuando te encontré en las
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t ende ri, as y l ,
quién era ogre traerte h
JlBDBLA:Milagro
fie 1a estatuilla
s, de d, asta
aq uella otra ~nde habías ll aquí, n
o la unic egado o sab ·
acarad¡ ,os¡
e [Link].
'ª
~tas t·ll,
profanada
) /~ -. · ·,
76 LA CAJA
¡Ay, ay, ay!
Uno nunca puede escapar
de tantos vecinos.
¡Ay, ay, ay!
de tantos vecinos y su diversidad.
A. Angel G. R ivera
y Alfredo Platet
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. . del pueblo. De momen to
su casa entornó la puert ,._1 delicioso
1 a Y no la vol . , Jllás btu"W-"- y del sur, cómodamente
en os momentos de su VIo a abrir n· en las playas
metamorfos· i creYó estar las aguas verdes
es sencilla: Mariadna h b, is. La historia la arena, frente a
- a ia muerto hac, . echada en negro la poseyera por
anos; una tarde de 11 . ia veint.e d que un fauno
oviznas livian esperan o d" de pesadillas y lamentos
ngresaba de la h . as, cuando rimera en me io ,
ac1enda Esperan
ferrocarril la somre vez P lacer. Imposible porque Rosaura solo
~.t" n d",
10 cruzando los za, . un
de P , · su vida-
Pozo Prieto y dejó sus huellas de b dneles de uel mediodía -wnco en
pensaba en aq d
1 h" OOads~ . ti", por primera vez el deseo e
os ierros Y la tierra am an·ua d el sur. re en el que sm o
. "b -'\1 siguió- detrás de unos
Pero
. la calle se res1stia
• , a creer las distintas seguir calle arr1 a J
sonidos circulares que parecían llegar de
versiones que juntas a las del conejo blanco
diminutas campanas con badajos castrados que
transfiguraban el alma de Mariadna en un
lo mismo eran huecos, templados o profundos.
espíritu vagabundo.
Pero no fue posible: todas pasaron el lindero de
A las seis colgaron la estatuilla del árbol de
las tierras del sur, excepto ella que no pudo
acacia.
encontrar el único día de su vida. Ahora
esperaba, esperaba frente a la estatuilla la mágica
III
reacción que habría de desencajarla y entregarle
el cuerpo del negro, sin gobierno, pero con la
La brisa hamaqueaba la negra estatuilla que
esperanza de su único encuentro. Inútil
pendía del árbol. En medio de la algazara, los
esperanza pensaría después, porque unas cuantas
gritos Y un eufórico sentimiento de venganza casas más arriba, en un encerramiento total,
Rosaura imaginó el mediodía en sombras en el Mari adna Angélica U cela descansaba
que Fuencarral con el lazo al cuello esperaba con eternamente vestida de blanco lino en una cama
una serenidad pasmosa su ejecución. Imaginó, de gruesos pilares de cobre y, junto a ella
además, la soledad polvorienta de la calle, la
'
también muerto para siempre el recuerdo de
peregrinación voluntaria de las mujeres y el ciclo
Fuen carral.
primaveral que indicaba el regreso del hombre
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d'an la calle.
ue inVª I
IV bum q
0 en las
bolas de ando siempre
deosl;l.S quieta, pens ll empapado
laS ada, muY etrás de e a, . la
A las ocho de la noche l lbª call as del sur. D ban a realizar
. a Calle asisti.
multiplicación de las estatuillas o a la verdes plaY as que se nega d a ratos su
.
dembaron la puerta de M . d
, Porque cu
ancto por
1as agu _
iba Tono,
°
ocultan .,
Milla se le saho
t . t aria na ene t
onr~o nganza, diente de la
rem a y tres pequeñas esculturas tall n ve . En la pen
, actas en senc1a. .
carbon que harían más penoso el sentun·. pre ·to desesperado.
lento de aquel gn
venganza. La única alternativa era quemarlas• -Mariadna.
por eso alguien las llevó a la cocina Y en un~
pequeña hornilla encendió la llama que habría
de recordar ya para siempre toda la calle.
Mientras los vecinos buscaban en finos arcones y
dorados vargueños, viraban patas arriba
gigantescos escaños y desenterraban de las
blancas colchonetas íntimos secretos de
Mariadna, la casa empezó a arder desde un punto
céntrico de la cocina.
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