0% encontró este documento útil (0 votos)
815 vistas25 páginas

Carmelo Rod. Torres 2 1

Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
815 vistas25 páginas

Carmelo Rod. Torres 2 1

Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

FUENCARRAL

.,..
• ' •i ' \
"Et porque la cosa prieta non es
tan apuesta como la de otro color".

Don Juan Manuel. El Conde Lucanor.


p

A Juan Torres Alonso

Ellos dijeron "átenle la soga al cuello", y


desde la sombra de mi cuerpo sentí la
transformación del universo en un medio día de
muerte.
Eran las once de la mañana y el sol abría la
tierra. Junto a un pequeño montículo se veían
l~s bultos de los escolares. Racheaba, a veces,
una brisa caliente que hacía la piel más pegajosa.
Un árbol de acacia lidiaba infructuosamente en
medio de una música intermitente. Los niños se
movieron en remolino hasta el centro y
formaron un círculo apretado. Los gritos
interrumpieron mis palabras (nunca existieron
45
esas
Palabras )
que h u b · Y ª Pen as
Iesen se 0 -
en escuch Ia llli
llludecido d acto si lll" Voz (u
esde 1 I bo na v
Y o soy u os Ocho ca no h o~ colgado de un árbol. Cuando quise gritar quedé
n n egro anos) [Link]
E1 sol se lllo . , grande . - " despierto. Desde entonces no puedo olvidar los
c ie l o y la t· vio un Poco h . recuerdos. Era un diecinueve de octubre.
ierra em ac1a el
apretaro pezó a h centrO Cuando el huracán de la sequía empezó a
n unos c Umear L de¡
De ontra t · os n·~ azotar a este pueblo me aparecí como una
nuevo la b . o ros busc inos se
fragua _ nsa sopló com ando l'efug¡o bendición. (Destripaba rosas para chuparle los
o Salida . interiores, apretaba los lirios para humedecer mi
Yo h de una
abfa Pasado garganta; luego permanecía largo rato mirando
de San ta C Parte de . . las aguas del Caribe hasta que ·me quedaba
ruz P nu vida en 1 .
Al ' ero recordab a Isla
gunos decía ·
n que hab'
ª Poco d
e eso.
dormido, decián ellos).
l os ne fil. Ia llegado - Yo soy un negro fuerte. Los primeros pozos
im Ya hab' aqu1 cuando
construido un ian desembarcad de este pueblo, los hinqué yo. Un llamado
. aeropuert o y involuntario me llevaba hasta las grutas
ancianita buscab o en Liberia. Un
a en mis . a artesianas; de allí brotaba el chorro de agua
ancestral Patente OJos dormidos un
seo con M k liviana que habría de mitigar la sed. (La muerte
o e as i o n e s 1 ac andaI. En varias
a sorprendí . , es como un pozo vacío, es algo más: un dolor de
profundamente m1randome
, Y en medio d ansiedades, una misa inconclusa). Pero cuando
b abeo un "S e genuflexiones
. ans-Souci" E los pozos se empezaron a secar sin esperanza, me
1magmar · escen · .sto me 11evaba a
as en las que t vieron como a un extraño.
dolorosas U en raba en pesadillas
. . na noche, com . Dos meses atrás sentí el llamado de
inevitable. Sent' o a las diez, llegó lo Mackandal: "Fuencarral, me dijo, huye hacia las
1 una voz gru
lejos. Salí E esa que me llamó de
· ntraba por tú playas del sur". Y me eché a caminar. La gente
Desaparecía Y me neles Y laberintos. creyó que no regresaría. Se entusiasmaron con la
., llamaba nuevam +-
a b no aquella . enLt:. Al fin se idea de mi ausencia. En verdad el pueblo estaba
roca gns que dio
oscura. "M' " paso a una cueva quieto, tan quieto como un mar sin tormenta.
1rare ' me ct·· IJeron • y 0 estaba all I' ,
Por eso bailaron aquella noche y en la eufona
46
47
pasaron a pu nt d
. ª e cuchill ? ) y se irían secando como una oruga.
qumce añ os. Yo . t o a seis jóv
v1 oda la al . enes d el .Ale alde. ,
sobre el espejo de 1 re Idad de sus v· . e Al fin tuve un encuentro con mi madre el
as aguas de M . Ic10s
. te de diciembre: "Demuéstrale que las
mar es como una con . ed1a L
.
ciencia , una. "1:11 .c. vem · " ("Y 1
como un esp .. , Pense (''A azucenas espigan cuando uno quiere . . . e
eJ1smo en el Sabara" . rnargo
fruto es más humano cuando se corta un
dos días después ' [Link]é Pen
. cuando decidí re sar veinticinco", concluyó). Quise hablar con ella,
tiburones despell . d gresar con d
- eJa os debajo del b os pero no pude, un pelícano cruzó por encima de
manana del dieciseis de d. . razo). Era la
1c1embre la Alcaldía y sentí la voz del cura cuando dijo:
Cuando ap arec1, serian , las h· "Dominus Vobiscum". (Cuando abrí los ojos
la Alcaldía (·T oc oenelrelojde
• 6 u marcast advertí en mi boca un sabor a caña recién
Mackandal? A e el tiempo
· ··· veces los . molida. El cielo estaba puro, digno de un
arena para torcerle el dest· reloJes vacían su
mo a las · sacrificio de flores).
h Atd o os se les ocu . , ~as~ . Lo cierto es que yo continuaba allí, con mis
pregunta ( . qué h , mo la misma
6 arian conmig 0 ? ) pies gordos como dos montañas de mármol.
ocho - . · · Antes de mis
anos alguien señal' • . A las doce el cielo se oscureció. Una brisa
cuerpo de o m1 destmo sobre el
una barra de jabón ("Fl oreceras , corno suave transformó la calma. En la jalda de los
una
azucena sobre un campo de Jagüeyes cantó un gallo. Los niños se apretaron
calcinadas) . arenas en un círculo compacto. Hubo silencio.
, mientras mi madre lavaba dos
pañuelos de mi abuelo en las aguas del río La segunda decisión fue la de Cornelio:
Urbano. "Vamos a crucificarlo", gritó. ("Los nazarenos
("Esta trayectoria -pienso ascienden entre espinas y a su tránsito florecen
realidad de u ahora- ¿es la
na azucena, o l las azucenas", sentí desde un espacio que no era
perpendicular del t· a gravitación el mío). Era el momento de los destinos
1empo? ")
qu La primera decisión 1a t orno, Donoso · "H amarrados; y sentí -sólo un poco- la regresión
e sacarle los o. o " .. . ay al pasado: "La tierra que te quitan no es de
. s , d1Jo. Pero era in, til .
presencia seguiría t , u ' m1 ellos, hijo mío, ámalos como a un fragmento de
orturandolos ( ¿pensaría eso
48 49
tu vida" h .
' ub1era dicho .
hacia el encuent nu llladre en l
ro con .mis - e c .
pensaba: tres año an os inf . éllli.111 0 . más he oído mencionar, con
. s . . . tierras [Link]. '{ a hombres que lª
seis años ti de Mon~- Yo Y h como presidiarios, todos
· · · erra s que eran l lk! S números en el pee o,
~ anta. . luminosos en los que pude leer
anos ... y ellos· " . . as ll'lisnias- , leyendo hbros vo , . .
. cruc1ficadle'' ' Ocho s. y en una estrella páhda, Junto al
A los och - · sus nom b re . ' ,
o anos Perdí el ha . h ' . ndo en aceite como un menufar
muerte se acercó . bla, cuando l Poroen te' irv1e · .,
.
a Luis
. un .minuto Y a con 1e tr as negras ---como la tra1c10n-
veintisiete años sin Pennanec··
[Link] . 1 10 Muñoz Marín:
nombre. e sentido de llli
Yo soy un alma noble. Nunca tuve problemas
"E . ,
s mu til, el recuerdo d en el pueblo. Pero un día Rosita Urquijo se
e un cru ·r
-comentó Mackandal d c1 icado ., y me diJ'o que la poseyera. Era difícil
. • esde las Arenas de ~are~ ,
Mosquito- les traerá la desgraciad . . para m1,, ella tenía catorce años. Me eche a
e un diluvio'' caminar, pero ella seguía llamándome como
Cuando el cielo se puso plomiz l ·- .
0 , oonmoo~
re ti raron Ya se pod, desde un sueño. A las once de la noche se
. ian contar con los dedos los escucharon sus gemidos entre la desesperación y
pocos vecinos que quedaban en el l
ugar. la alegría. Todos corrieron (como el mar sobre la
Yo tengo treinta y cinco años.
arena, el río dentro de su cauce, la lluvia bajo la
La tercera decisión fue de M all
" ag anes: nube) y encontraron a Rosita envuelta en una
Tenemos que ahorcarlo" s ~a1- y
, en o. era lo vieja manta de seda japonesa, riendo y llorando.
cierto, por eso en un momento de cielo apagado Así estuvo hasta confesar que Fuencarral era el
yo estaba allí, junto al árbol de acacia, con una hombre más delicioso (y brutal) que había en el
soga al cuello esperando que me ejecutaran. pueblo. ("Las azucenas florecen en los eriales,
A las doce y treinta el calor era poderoso. El pero sus flores son las raíces de sus espinas", me
cielo estaba completamente negro. Seis gallos dijo Mackandal una tarde de lluvia).
cantaron desde los Jagueyes y yo pude contar Empecé a encerrarme en una costra de
-se que no miento- quince estrellas en el cielo. silencio. En eso llegó Pura y empezó a hablar:
Puedo asegurar que vi a Mackandal frente a mí "Loor a Fuencarral, porque en él está el futuro
'
50 51
de nuestro pueblo" De ,
· spues ct ··
" V oy a tener un hijo de F IJ o mentiras:
desesperación llegó a su Punto U,enca.rra1•• · La
los hij os de Dolores empezaron mas altod cuanct 0
_ , . a ro earrne. M:e
miraban m timamente y reían Y ll b
mismo que Rosita Urquijo. ora an lo

A la una pasó el Yure arrastrando cadena, y


trastos viejos. Y o me fui quedando solo, llluy
solo. Los vecinos se fueron metiendo en sus
casas. Un gallo lanzó un canto apagado. Me quité
la soga del cuello y caminé calle arriba. Desde
una ventana alguien me tiró un pañuelo. No hice
caso. A la una y media de la tarde un grupo de
mujeres preparó sus maletas y siguieron calle
arriba, por el mismo sitio donde aún estaban
frescas las huellas mías.

EL SAPO DE ORO
52
"Muchos blancos pudieran ser esclavos"

Quevedo. Los sueños


A Sotera Rivera Avilés

Yo soy natural de este pueblo. A veces es


imposible hablar, pero a usted se lo cuento
porque se parece a mi padre. Cuando se
acercaban los días tristes él me decía: "La
muerte ha hecho un nido sobre los cañaverales'~.
Cuando cumplí los trece, empezó mi alegría.
Yo era un mu chacho retraído, sentía la
ascención de las mariposas como en un sueño.
Entonces llegó Madame a este pueblo. Era una
mujer blanca, con una tristeza humilde sembrada
en su corazón. Tenía los ojos azules y un lunar
en la parte arriba de su pierna derecha.
57
,,
Yo vivía por all ' d de una fuent e .
despertan
I, . a en el fon o
asu st an do la somb . . . do Paloh-\!>~ una espin ·s de la tarde.
ra mv1s1ble d , ·••-..:i coillº , d lluvia a las se1
d1a e 1 ·'
Aquellos cañaveral . e algun Pá. Y Eso fue un . 1 techo y no vo vio a
Esperan es quietos de la . Jaro. \ , o la nnrada en e
za se fueron u , .l.l.ac1enct :oespues pus
. . n d1a Para . a
Julio yo pescaba camaron siempre. En hablar. a esta casa me cosieron dos
es gordos e cuando llegué
de don Jesús. En eso pasó d n el charco . as· me compraron una
tres eamlS , ,
"Vete on Pepe Y ni d pantalones Y .. . "De aqu1
a casa y cuídame el sapo d e ifo: .dad de zapatos y me d1Jeron. y
e oro'' y
. a en un1 1 bemador"
eso se aproximaba el buen t·1empo. , ás honores que e go .
saldras con m ba en
Don Pepe es estupendo En . t' gulloso aunque de noche pensa .
. su casa hay un me sen 1 or '
pastor alemán, dos palomas Y un sapo d . de la fuente en los camarones gordos y
e oro. De la espina '
esas cosas me encargo yo; él atiende a los señores la sombra invisible de un pájaro.
que toman Whisky · y 0 paseo los animales y El viernes 26 de septiembre llegó don Pepe
,

despues me recojo en la casita del patio a recitar de San Tomas. Trajo una escopeta, [Link] cajas de
Whisky, un cofre, tres tazas de cerámica y una
mis oraciones, fundido sobre ellas como en una
pieza de marfil. negra de veinte años. ¡A;y; Dios, tan negra como
yo"! Tenía dos capullitos sobre el pecho, una
Una noche sentí cuando don Pepe le dijo a la
azucena en los labios · y una rosa en todo el
señora·· "Manana
- me voy a San Tomas con unos
cuerpo.
amigos". Pero la sorpresa del sueño fue más
A los dos días hicimos amistad, a la semana
grata que la realidad. Por eso hay cosas que no
me lavó los pantalones de líneas y limpió mi
podría contarle. Me quedé dormido.
cuarto; luego me miraba tiernamente: el quince
La casa es toda blanca, con una ermita en el
patio Y quince habitaciones. En el techo tiene un de octubre -si preciso bien la fecha- avanzados
gallito de metal que busca el viento. A ese no lo los trece meses, tenía un niño entre los brazos.
alimento yo. Lo miro desde aquí Y me parece un Los . señores no volvieron a tomar Whisky a la
potro en celo. casa; ella regresó a San Tomas; y yo continué
Mi padre me dijo un día: "La soledad es cuidando el pastor alemán, las palomas y el sapo
58 59
de oro, p ensando s· los alreded ores. " Nu n c a
te , iempre Por , uila!Xlente p or
m a los ojos azul es. que aquel negn traOq eranza, hijo, p iensa en la
ees la esp ,
A esta casa la ll l o estroP ·ensa en un sueñ o ", me b abia
aman La Q . . ·dad como se pi
su s h a b.1taciones t· umtª· En febcl . dre una mañana de p rimavera .
. lene un es . una de
tiem po camin peJo, seis rel . diebo , rn1
Ali'pa taba el sapo de oro en la alfom bra
a como los salt OJes (el
uno lo m ira · con cuidado) amonte s cuando 1,1egue. 1 es , . .
dame venía <letras de mis pisadas.
Al fond d y una caja de , persa. Ma -ano misteriosamente por los hilos .
o, os cupidos de pl t musica.
C a a y un c d Paso 1a ...
uando llegaba d" . an elabro oJ·os cerrados se abren (no se abr en,
, 1c1embre a M ·
crec1an unas v adame 1 de oro. Sus
enas azules en su . e me rniran) Madame está junto a mí. El se estira
que la dejaban tend"d pierna derecha (no se estira, se encoge). Paseo la vista alrededor
I a en cama por .
Entonces yo oí .1 vanos días. mío- Entonces descubro mi cuerpo como un
. a as voces desde . .
patio. Ella lo 11 b m1 casita del cacto africano. "Siéntate, es inofensivo" escucho
ama a, pero él
la semana se no se acercaba. A
preparaba para un .. en la armonía del silencio. Es una voz distinta,
quedaba sola. VIaJe. Ella se nacida de un alma cansada y un corazón
La habitación , entregado al sufrimiento. Me miro frente al
do ·t . numero doce es cuarto de
rmi ono. Tiene una espejo y la veo junto a mí, desencajada de su
alfombra cama, dos sillas y una
persa. El veintioch o de enero yo personalidad. Recuerdo: "El amor e s como un
.
recitaba mIS· orac10nes.
. "Vete pozo cegado, wartiriza el espliego que no deja
cu ·d ª mi cuarto y fluir sus aguas". La calma es ideal. El silencio
1 a de la limpieza" ' me diJo .. Madame All,
estaba el sapo de oro . . i corta. Una paloma mensajera cruza por la
Mad . ' con hilos como el pelo de
ame y OJos dormidos. habitación, creo. Nos estamos mirando los tres
Don
e Pepe regresaba el lun es. calladamente.
re uando
d, llegué a la escalera de enfrente El lunes llegó don Pepe.
cor e. La imagin . , ' A las diez de la mañana me llamó Madame.
habitaciones. Habí:c1on recorrió el resto de las
un olor a perfume re . , Yo paseaba el pastor alemán. Pero es distinta
abierto. Una . cien ahora. Ríe. Se recuesta en la cama. Se levanta.
brisa dominical se paseaba
60 61
r Cam ma· cerca de ,
sobre el lomo dmI. Esto Y quiet
pregunto. El! el sapo. " 6· E o. Paso la
µt\ tJNICA CARA
Habla
N
ª habla e
en español. L
0
stan, s
n francés. N sotos?"
inane
pE,LESPEJO
___,._..,_________ _
os mira a mu-o o ent· '
, mos. Llor Y me veo Iencto
agr"imas. Me t adesesperad en el espeJ· ·
l oca . Q , amente º·
." . : "P or favor" . m (, ue puedo hacer' . Vea sus
Siempre pe , ' urmura. El . Recuerde
. nse en t ,,, sapo
Iso lo s cabellos I ' me d Ice.
" En nos ,,,ira_ lY,.

al
enseña un 1 ' le toco la ci t tonces Yo le
unar di t· n ura.
derecha . s mto al q ue llev a en
' Ylaella rn e
p·iema

,..._.
62 MARCHA SILENCIOSA
"-¿A dónde los llevan?- gritó Ti Noel
a un mariner.'.> mulato que estaba desdoblando
una red para cerrar una escotilla.

- ¡A comer negros! - carcajeó el otro, por


encima de los ladridos''.

Alejo Carpentier. El reino de este mundo.


A Enrique A. Laguerre

Siempre que despertabas creías haber estado


soñando con Falena. Un olor agradable
interrumpía la atmósfera del cuarto y te llevaba
nuevamente a una pesadilla apacible. "Son las
once", dijiste, pero en realidad no eran las once.
Habíamos estado durmiendo desde las cuatro de
la tarde y el calor nos había reseivado cosas
absurdas. Recuerdo que miraste el reloj y
murmuraste, "Dormiremos hasta las once".
Desde entonces no tuvimos más contacto con el
tiempo.
"S;n las doce". te dije "¿no te parece
prudente que tomemos por azar lo que
67
ló g¡camente
· Sólo se oían los murmullos de
nos
descansaba Pertenece? ,, en calillª· ,
nuestra · En estaba tenderías, mientras recog1an sus
derecha, sob ropa Y un el VeI gros en 1as
ne a1--as Un calor impresionante se
Poco :rn.. ªdat
10s
Sent , I re un diván v .
1 as pal abras adh , . arios Perióct¡ as a la últi:rnas v lJ . ., ,
or la atmósfera. Te deJe sola y sal1 a
sensación salo b endas a :rn. cos Viefos arrastrab a Poco de fresco. El aire llegaba caliente
. re se a I boca .
miraste con o. . Posentó en :rn. Y [Link] 00 ger un
P
sud Jos intratables T IS labios M
P r :rn i cabeza trepó un raro malestar
O
orosa y nacía d . u piel negr . e y "E t . fº "
e ella a estab producido por el vaho. s o es un m 1emo ,
carne rec., una dócil a
1en perfu fraga pensé. Di una vuelta ligera hacia la derecha y me
futur " mada. "No ncia a
o ' pensaste· y estropeemos enfrenté a las tenderías. En una de las chozas
palpitaciones d ' yo te escuché d d el
, e tu san es e las aún quedaba luz. Observé un rato ( era un
m1as. ". Q , d. gre, homogén minuto largo, creo). Una música redonda rompió
(, ue ices? " eas a las
conteste' ' "N.o he. di .' murmuraste. "Nada", te
el silencio. La pastosidad de los acordes se hizo
ima . cho nada te
ginando que s ,. ' la pasas marcada. Quedé petrificado. No podía concebir
oy un PaJaro
tod a la noche", Y no duermes en aquel minuto. Era una música triste; de lamento
Encendiste . Y se adhería al alma como la humedad del sudor.
b un cigarrillo 1
ocanada en espiral h y anzaste una Sentí miedo y deseos de regresar porque te
mucho y no e asta el techo. "Te debo había dejado sola. Hubo un silencio largo que
ncuentro ,
dijiste· " como corresponderte" sirvió para coger fuerzas y pensar en ti. Giré la
' recuerdas aquella '
"No" 1 , . noche en el hotel? ,, espalda y sentí nuevamente la música.
, exc ame mint·iendote
, p .
recordaba T , . ero en realidad la Arrepentido, quise regresar, pero una voz dulce
. enias razón .
de alegría enter ( ' era cierto. Fue un día me dijo, "¿Hacia dónde corren las aguas esta
a y corazones d h
magia). No es echos por la noche?" Cuando miré estaba solo. Busqué en
era un hotel .
construíd ' smo una casa los alrededores. La última choza deshizo su luz y
a con ramas t
pueblo. El mar d b y roncos, a la salida del me sentí abandonado. "¿Por qué me buscas?",
a a de frente d ,
pensamiento LI Y ec1a no a todo repitieron. Quise correr, buscarte, echarme

....
. e gamos a las 'once. y a todo
contigo debajo de las sábanas y sentir pesadillas
68 69
a b surdas D
· esd
sentí caer e el fondo d , state un rato", pensaste . "No
co:rn 0 e lll. "Recue
recoge :rn. . una vasr i conc·1 eterllº· _ ,, te dije. Temía que cayeras en u na
Is Piez Ja de enc·
voz de as como eJ cer¾¡¡ ia t, ten go suenodilla
' y recordaras todo el pasado de
sencajad agua'' d"• ca. V
an . a en n d , lJero en, nueva pesa
he (de esa noche nuestra puntualizada
gustia su bl. u os Y ll. Era
inm une. Era t agarrada ti, una noc
. t y tres mil veces sobre la nada de una
antada voz rec., u voz sin a Una
trein a
universo de . . ien llegada, orie cuerpo, tu felicidad inaprensible como tu cuerpo). No me
caricias F ntacta h .
a la real "d . ue en ton ac1a un arriesgaba a pensar, ni siquiera a imaginar, un
I ad de u ~ ces cuanct
olvidar· n sueno que n o asistí segundo de aquella rara aventura. Pero tú
· un ere , unca h
noches d . pusculo negro se . -• Podido insistías una y otra vez sobre lo mismo.
e tnstezas Tú vac10 en d Entonces te dije, "Felicidad", y te echaste sobre
de se . . estabas all'1 os
rpiente elect · ' (y un cue
mi cuerpo mientras sonreías con ojos de lechuza
anill rizada me . rpo
os de una pal miraba desde l
mera) El 1 os acorralada. "Creo que he empezado a odiarte",
mar azotaba la aren . ca or era intenso Y el
a con pe · . miraste. La soledad del cuarto se multiplicaba en
Tenn · ncia asesina
maste el cigarrillo el espejo. La luna (dos cuernos de metal y uno
nuevamente Y te acomodaste dormido) estaba afuera como las estrellas en un
en la cama "N
aquella noche . unca te perdono cielo de marfil trasnochado. Desde mi ángulo
en el hotel f .
gusta perdon l ' UI muy feliz y no me veía los tres lados del salón y al fondo tu
ar as felicidad e " d ...
recuerdo" t , s ' IJ1ste, "No lo presencia de mujer recostada. "Por qué me
' e menti nuev
continuar e . . amente. Pero era difícil odias", te adiviné. Sorprendida miraste hacia los
. sgnm1endo falsed d
filo del espeJ· ª es. A través del lados, p-ero ya mi boca estaba sobre tu boca.
o contemplé tu
recordé súb"t cuerpo moldeado y El tiempo se me escapaba a golpes de
1 amente el d,
nombre en l Ia que trazaste tu martillo. Nunca antes había sentido esa
os ladrillos d
carbón es el . e una fortaleza. "El sensación (la noche es una sirena de canciones
origen de la vida" (" 1
de las sorpres ,, , Y a destrucción infinitas). Mi mundo (extraña geografía de
as , pense) d ...
cuerpo oscur d IJ1ste antes de soltar el mariposas incoloras) vagaba sobre otro mundo
0 · e un cigarillo que parecía ser
de arcoiris quebrados. "Tu beso es un sueño de

70 71
f a l sedad
es''
incoloras" '. gimieron ('''"
' quise dec · .r de te flotación de humores siderales.
aquel cuerp , ir). La v lllath, una constan .
o agil Y oz nac - -POsas en f cayendo poco a poco . Al filo de
explotó una . maravilloso E ia de allí Ñ El calor ue
cigarra s · n ese ' \le . ensado sentí la reproducción d e
se ampliaba so b u chorro de v [Link] tielllPº unp
un . la quebradura de cristales sobre los
la si re mi cue oces. El 10s espe1os y
rnpleza del rpo, Ento Calor d 1 piso. "El silencio de la noche es
· mar y • nces disenos e
1una Pálid , vi la trans escuché - p ero
a, alla dond . Parencia d un perro encarceld a o " , pense.
que está el . e siempre he e Una colll 0

cielo Est, b rnos Pe adivinaste mis palabras y respondiste a mi sangre


reproducía la p . a runos solos Pe nsado caliente: En una isla de palmeras y mares
tenderías D resencia de todas las' ne ro su Voz
asesinos". No pude contenerme y te apreté la
. e momento im . - gras de las
un harén y me bañ b agme que estaba cintura con todas las fuerzas de un amor que ya
1 a a con le h en
p antas aromáti c e perfumad no tiene fuerzas. Te apreté (la tragedia del ~or
cas martirizadas aY
marfil. "Funde tu cal . en rnorteros de es saberse cristal y encontrarse un día fundido
. amina con · en la delgada lámina de un espejo) hasta
1a distanc·ia como si e mi sangre" ,
' o1 a
transformarte. Tú gritabas y reías. Yo te besaba,
profunda oscuridad d sasl palabras nacieran de la
e as chozas te asía con violencia.
En la esquma · baja del es . ·
tu piel peJo se redondeaba El segundo latido lo sentí cuando perdí el
negra Y suave Tu sentido del espacio. No recordaba donde te
lento · pelo mecía un brillo
y apagado. Bajé la vista hasta donde había dejado. Intenté pensar en el tiempo
empezaban a ciare transcurrido, pero era inútil. Me encontré sólo
ar tus carnes más ali' d l
espeJ·o , ' a e
' pero mas cerca a los t enoresm· . de madera frente a un montículo de carne y granito. (Había
que enmarcaban tu cuerpo ("Angustia" P , llegado allí con la esperanza de un encuentro
atrapad . ' ense
o en medio de un pájaro de alas breves Y -imaginé absurdamente-. Miré a la derecha. La
una mariposa) . La h ora, no recuerdo la hora. En Capilla del Cristo dormía un sueño centenario.
un conteo circular 11egue, diez
. veces a un dígito Tanteé la esquina, advertí la estrechez de la
de -
" . cunas sobre otras dos de alas verticales. calle, olfateé el silencio salitroso. V arios pasos
Cincuenta" ' imagme.
· · · Te sentía a mi lado, pero me llevaron al convento. Pero no me imaginaba

72 73
J
Vestid O de
li turgia . b eza al lad o de la tuya y t,e
gobemadores. en un b puse n ll ca
Al fin la anquete )
amanecid a de Catedral clar Para en P
.
ájaro ·
Luego
argum en =•
tas+~. " Parecem os un
h
. esperan zas. "Do eaba una reJSte- , ,, (No pude recordar la noc e e n
m e Indicaron ·n· n Alonso 1\1 . bicefala •
· , 10s mío Al ansa" á.gtlila d ·ntentaste amarme c om o a
de inq · • ' onso M , sentiste Le a e 1
U1S1dor. Corrí d ansa Vestid
1a puerta de S esesperad o que te,. D i me que abriste los brazos
amente. Bajé pa1aro. ,
an Juan Y me tiré Por un t las piemas como dos arcangeles
borrar todas . al agua (p . genuamen e,
InIS Purezas Y santif• ara m un mn·-o" me dijist e. "Soy un
pecados con l icanne en . . . ) "Eres '
mezquino).
ª
P 0 dredum bre
de un mar ''aro" te conresté.
paJ ' ,
Era I El tercer latido llego cuando las aguas
e mundo del pasado
P ermanecía intacta junto , mal~~ empezaron a baJ·ar la pendiente de la Milla.
d te a aquella mujer (Quisiera recordar la noche en las tenderías,
e n ida como un espeio. E
;i l camino se abrió en recordar una verdad que a veces pienso ha sido el
tres ángulos· h b
, . om re, mujer, estrella (y un centro de un sueño). Apretada, como un puño,
angulo detenido hasta el inf" ·t .
. m1 o refleJando te vi llegar a mis pies. "Eres la encarnación de mi
siempre el mismo espejo). "Encuéntrame"
ruta, lates desde la responsabilidad de mi
dijeron. Toqué la soledad. Entonces me encontr~ sangre", sentí. Al fin estabas allí, inconfundible,
frente a un mundo que no quiero recordar. obligada a permanecer inerte sobre las aguas Y
("Al fin has resuelto concluir los caminos" frente a mis ojos. No sé de dónde surgían mis
me dijiste). Estábamos bajo las sábanas sin' manos para tocarte. Las llevé a tu pelo, después
darnos cuenta, fundidos uno en el otro, con la a tu carne. La furia de las aguas te balanceaba de
respiración entrecortada y un miedo escindido un lado a otro. "Fricka", te dije, y me miraste
por las intermitencias sanguíneas. ("Ahora como quien arranca alfileres de su cuerpo. Pero
pienso que si nos separamos nos podemos seguiste cauce abajo . Me quedé sólo una vez más.
morir"
. , com en t ast e. "Na di·e muere de placer", te Entonces intenté recordar la penúltima vez que
dije. Pero no era cierto, también sentí un miedo te había visto. "Es la_última", me dijeron.
tierno, un miedo místico capaz de convertirme Por eso hoy, cuando te encontré en las

74 75
t ende ri, as y l ,
quién era ogre traerte h
JlBDBLA:Milagro
fie 1a estatuilla
s, de d, asta
aq uella otra ~nde habías ll aquí, n
o la unic egado o sab ·
acarad¡ ,os¡
e [Link].

~tas t·ll,
profanada
) /~ -. · ·,

76 LA CAJA
¡Ay, ay, ay!
Uno nunca puede escapar
de tantos vecinos.
¡Ay, ay, ay!
de tantos vecinos y su diversidad.

Poesía anónima africana.


p

A. Angel G. R ivera
y Alfredo Platet

En este pueblo se escucha la historia de


distintas maneras, pero todos coinciden en el
punto esencial de la misma; que es, si viene al
caso, la muerte de Mariadna Angélica Ucela. La
tarde que ella murió -cuenta la mejor de las
versiones- no se alteró _una hoja; la naturaleza
continuó su ritmo lento y apagado. Pero algo
debió oirse, algún resonar de corazón bendito Y
. -creo yo- alteraría la circulación de
compasivo , la pendiente de
la calle polvorienta que nacia en -
, f te al cafetín de Tono. Era
la Milla y mona ren rtidas
afie sencilla, con casistas regadas Y cu
una e inos se• acomodaban
De tarde los vec
por e l so•l
81
. ban calle abaj o
de bajo del árbol d . continua
e acacia, [Link] Mariadna.
cafetín. Eran las mis ente frente al ;0s de d la escuela.
mas convers . ¡os ºJ quina e
doblar la es ., arco de madera y
sequía, Señor; Perro inter ac1ones: Esta basta ·adna deJO su
1gente ese M Esa tarde ].\,1afl paños blancos sobre
Anoche creció el coneio bl urati; . bre, compuso , all
J aneo; Han ll silla de au:rn abar descendio la c e
barcos . . . egado los
st1 lorosa a az ..
su cabeza y o , Los vecinos se h1c1eron
Mariadna Angélica Ucel el cafetin.
. , . a era el ser lll, basta dar con b' lo que pensaban en aquel
emgmatico del pueblo. Vivía al f. al as d Ella sa ia .
In de la call a un la o. d, con sus pasos a medida
donde la Milla iniciaba su de t· . e, . 1 go que :rne ia
. . s mo de tierra silenc10 ar trador la muerte baja
proh1b1da. Desde aquel punto hacia allá ue se acercaba al :rnos .
empezaba la ciudad de esa gente que llaman
q tra en posiciones encontradas
cuando la luna en
nefilim; encendida de noche Y llena de ruidos con el destino. ellos
metálicos durante el qía. Nunca se supo en Pero no era cierto porque
. t tes que junto a
realidad de qué vivía aquel ser tan raro que recordaron, unos m1nu os an '
mantenía las puertas de .su casa abiertas de par aquel árbol de acacia un tal Fuencarral, en un
en par Y gastaba las horas del día y algunas de la momento sin fecha, cambió el curso de la
noche bordando paños de lino en un arco de naturaleza. Los vecinos miraban , unos por
madera. De su juventud se hablaba muy poco; encima de otros. Toño, sentado sobre una caja,
visitadora en la casa de Madame, regadora de revisaba la lista de deudores. Un olor a primavera
agua en la antigua hacienda cañera y católica sin recién instaurada se adelantaba desde la puerta.
pecados hasta aquel inolvidable día en que Entonces advirtió la presencia de aquella mujer Y
conoció a Fuencarral. Después no salía de su silenciosamente recordó el mediodía de calor en
casa Y cuando los escolares la veían sentada en la el que un grupo de vecinos la vio partir hacia las
vieja silla de mimbre y le gritaban algunas playas del sur, detrás de un hombre que había
palabras pesadas ella levan taba la vista y dejaba llenado de tristeza a la calle. Mariadna sabía que
caer sobre ellos el azul triste y melancólico de Toño estaba pensando y como entendió que él
sus ojos. Entonces ellos, tristes también como no podía compaginar la realeza mítica de sus
82 83
ojos con la d
esgracia d 1 misteriosa Toño
e statuilla negra de su e Pasado, sacó or una fuerz a ,
seno y le d"• una Empujado p . 1 lanzó a la 9alle. Solo
-Mire T ~ IJo: tatu1lla Y ª
ono, se la rega1 , la negra es , . sólo entonces
º· torn° . , la polem1ca,
ternnno t de
ntonces all <lamente el ac o
e ' ·
· on eJe . 'rcer c ª
II decid1er cada uno de e ll os.
que habitaba en
venganza mos la estatuilla.
A la media hora Toño - 0 ahorcare 'li
- on '
T . . M . dna Ange ca
sencillo. aria
aquella gas 1 empezó a salir de Era un caso lid d
eosa enta que había .
'ltima aman te de Fuencarral, do ª e
Paredes tupidas y la pu rt deJado las Ucela, u ue los vecinos le
e a cancelada Ad • . , ....,e1ancolía cuando supo q
de momento el silencio azul de l . . v1rt10
. OS OJOS de
1"
. su única prome sa de amor, se
Manadna, el blanco - desgraciaron .
panuelo y una melancolía se dedicó a vestir y a
. staló en su casa Y
p~ofunda que nevegaba en sus manos, extendidas lil . blancos paños de lino la negra
desvestir con
aun, con la estatuilla inerte.
estatuilla que ella había llamado Fuencarral. , .
-Pero Mariadna, le dijo Toño. Era un caso complicado: María Ana Ustanz
Los vecinos, quietos debajo de la acacia, lo -nombre de pila de Mariadna- descendiente de
habían visto todo Y, de momento como movidos una rica familia de la capital, había tenido una
por una tibia racha de aire, entraron al cafetín. mala pasada en su juventud. Abandonada al azar,
De Mariadna sólo se oía el leve chas chas de sus ·
sin gobierno de su destino, · · ' a la isla de
viaJo
chinelas; a lo largo de la calle se .vislumbraba su Santa Cruz. En una travesía hacia otra isla
cuerpo esfumado que alargaba su figura aérea. cercana el barco nau frag ó · Fuencarral,
' ,
A las seis, la calle entera lo sabía: Mariadná encargado de una embarcación carbonera rescato
Angélica Ucela había violentado el silencio. Los . y la traJo
a la muJer • a es tas playas · Pero todo
niños escondieron sus ojitos tristes y los mayores había permanecido en el olvido, sólo Braulia
desataron una polémica de sustos, predicciones y recordaba la gran aventura dentro de sus
falsas aventuras que iban desde la muerte hasta monólogos inciertos.
las más recónditas escenas de amor. Cuenta Camelio que cuando Mariadna llegó a

84 85
. . del pueblo. De momen to
su casa entornó la puert ,._1 delicioso
1 a Y no la vol . , Jllás btu"W-"- y del sur, cómodamente
en os momentos de su VIo a abrir n· en las playas
metamorfos· i creYó estar las aguas verdes
es sencilla: Mariadna h b, is. La historia la arena, frente a
- a ia muerto hac, . echada en negro la poseyera por
anos; una tarde de 11 . ia veint.e d que un fauno
oviznas livian esperan o d" de pesadillas y lamentos
ngresaba de la h . as, cuando rimera en me io ,
ac1enda Esperan
ferrocarril la somre vez P lacer. Imposible porque Rosaura solo
~.t" n d",
10 cruzando los za, . un
de P , · su vida-
Pozo Prieto y dejó sus huellas de b dneles de uel mediodía -wnco en
pensaba en aq d
1 h" OOads~ . ti", por primera vez el deseo e
os ierros Y la tierra am an·ua d el sur. re en el que sm o
. "b -'\1 siguió- detrás de unos
Pero
. la calle se res1stia
• , a creer las distintas seguir calle arr1 a J
sonidos circulares que parecían llegar de
versiones que juntas a las del conejo blanco
diminutas campanas con badajos castrados que
transfiguraban el alma de Mariadna en un
lo mismo eran huecos, templados o profundos.
espíritu vagabundo.
Pero no fue posible: todas pasaron el lindero de
A las seis colgaron la estatuilla del árbol de
las tierras del sur, excepto ella que no pudo
acacia.
encontrar el único día de su vida. Ahora
esperaba, esperaba frente a la estatuilla la mágica
III
reacción que habría de desencajarla y entregarle
el cuerpo del negro, sin gobierno, pero con la
La brisa hamaqueaba la negra estatuilla que
esperanza de su único encuentro. Inútil
pendía del árbol. En medio de la algazara, los
esperanza pensaría después, porque unas cuantas
gritos Y un eufórico sentimiento de venganza casas más arriba, en un encerramiento total,
Rosaura imaginó el mediodía en sombras en el Mari adna Angélica U cela descansaba
que Fuencarral con el lazo al cuello esperaba con eternamente vestida de blanco lino en una cama
una serenidad pasmosa su ejecución. Imaginó, de gruesos pilares de cobre y, junto a ella
además, la soledad polvorienta de la calle, la
'
también muerto para siempre el recuerdo de
peregrinación voluntaria de las mujeres y el ciclo
Fuen carral.
primaveral que indicaba el regreso del hombre
87
86
d'an la calle.
ue inVª I
IV bum q
0 en las
bolas de ando siempre
deosl;l.S quieta, pens ll empapado
laS ada, muY etrás de e a, . la
A las ocho de la noche l lbª call as del sur. D ban a realizar
. a Calle asisti.
multiplicación de las estatuillas o a la verdes plaY as que se nega d a ratos su
.
dembaron la puerta de M . d
, Porque cu
ancto por
1as agu _
iba Tono,
°
ocultan .,
Milla se le saho
t . t aria na ene t
onr~o nganza, diente de la
rem a y tres pequeñas esculturas tall n ve . En la pen
, actas en senc1a. .
carbon que harían más penoso el sentun·. pre ·to desesperado.
lento de aquel gn
venganza. La única alternativa era quemarlas• -Mariadna.
por eso alguien las llevó a la cocina Y en un~
pequeña hornilla encendió la llama que habría
de recordar ya para siempre toda la calle.
Mientras los vecinos buscaban en finos arcones y
dorados vargueños, viraban patas arriba
gigantescos escaños y desenterraban de las
blancas colchonetas íntimos secretos de
Mariadna, la casa empezó a arder desde un punto
céntrico de la cocina.

A las diez de la noche Rosaura desencajó la


estatuilla y se la llevó al seno. Subía por la calle
cuándo empezó a sentir el calor de las llamas y el
duro ajetreo de los vecinos. Todo estaba
intransitable, pero pudo advertir al grupo de
nefilim que confundido con el pueblo deshacían

88

También podría gustarte