DERECHO Y ARGUMENTACION
CRITERIOS DE DECISION JUDICIAL
MODULO DOS
LA NORMA JURIDICA
1. Concepto.
Podemos caracterizar a una norma como una prescripción de conducta general e
imperativa. Una prescripción es una directiva o regla. Identificamos así tanto normas
jurídicas, como las normas morales. Por ejemplo el homicidio es una conducta reprochada
tanto por el derecho como por la moral. Cada uno de estos sistemas lo hace sobre la
base de su propia estructura normativa. Así la moral enunciará una norma imperativa
del estilo: "debe ser no matar", o "no hay que matar", o similares.
La norma moral enuncia positivamente la conducta moralmente valiosa.
La norma jurídica, en cambio, enuncia generalmente la conducta a la cual se imputará la
consecuencia jurídica, es decir enuncia el acto ilícito o conducta reprochada jurídicamente.
En el caso planteado del homicidio, el texto normativo aplicable expresa:
"Se aplicará reclusión o prisión de ocho a veinticinco años a quien matare a otro" (art.79 del
Código Penal).
Préstese atención que el legislador no menciona la conducta positiva respecto del
homicidio, ni establece que "no hay que matar". Simplemente enuncia un supuesto de
hecho, en el caso matar a otro, y le imputa una consecuencia jurídica, la aplicación de
reclusión o prisión de ocho a veinticinco años.
La norma jurídica, o precepto jurídico, o regla jurídica constituye por lo tanto una
prescripción de conducta, o supuesto de hecho al que se le imputa una consecuencia jurídica,
premio o sanción.
2. Norma jurídica y texto normativo
No debemos confundir el texto normativo, con la norma propiamente dicha.
El texto normativo, es una expresión lingüística, un conjunto coherente de palabras,
mientras que la norma jurídica es un precepto, es el sentido que el jurista desprende del
texto normativo.
De allí que la interpretación consiste en coordinar el significado de las expresiones
lingüísticas utilizadas por la ley.
El ordenamiento jurídico está compuesto en su mayor parte por textos normativos. Esto
no significa que todo derecho nazca por escrito, ya que no nacen por escrito los
principios jurídicos ni la costumbre, que son derecho.
El afirmar que el ordenamiento jurídico está compuesto en su mayor parte por textos no
implica más que recurrir a la experiencia cotidiana en los sistemas jurídicos modernos.
El texto es la forma de producción normativa de los poderes del estado. La voluntad del
legislador, las disposiciones del poder ejecutivo, las sentencias del poder judicial son
textos.
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La formulación de las reglas como expresión lingüística, conlleva necesariamente las
dudas e imprecisiones propias de la textura abierta del lenguaje que se nutre de términos
genéricos que determinan duda e inseguridad acerca de los casos a los que se refiere.
El lenguaje jurídico por su natural generalidad, se vale de expresiones genéricas, razón
por la cual los términos jurídicos son potencialmente vagos. Figuras tales como culpa,
negligencia, abuso, inexperiencia, o habitualidad constituyen conceptos afectados de
vaguedad, ya que siempre es posible imaginar un objeto del que no disponemos de
criterios para saber si pertenece a la referencia de la expresión.
El lenguaje jurídico también está afectado de la ambigüedad-característica de los términos
o palabras que permite que una misma expresión tenga más de un significado- y que
dependa del lector o del contexto en que se use el privilegiar una de ellas
3. La norma individual.
Las normas jurídicas por ser generales y abstractas, son usadas por los jueces para
resolver las causas que le son sometidas a su decisión.
Esta decisión se llama sentencia, y constituye ella misma una norma jurídica, pero de
carácter individual y no general, ya que constituye una norma particular y concreta que
vincula exclusivamente a las partes del proceso.
La norma individual, vale entonces solo en el proceso en que se la dicta.
4. La estructura lógica de la norma jurídica.
Las normas jurídicas tienen una estructura condicional. Si se da el presupuesto o
condición de aplicación, debe ser la consecuencia prevista o fijada por el legislador.
Si se da A, entonces, debe ser B.
De donde: A: es el supuesto de hecho. B: es la consecuencia jurídica.
El supuesto de hecho es la condición de aplicación de la norma.
La consecuencia jurídica es la sanción o premio previsto por el legislador.
La unión, nexo o estructura relacional entre el supuesto de hecho y la consecuencia jurídica, es
designada como relación de imputación, o relación de implicación.
De hecho la norma jurídica muestra tres componentes:
(1) Supuesto de hecho;
(2) Consecuencia jurídica;
(3) Nexo o unión entre ambas, denominado implicación o imputación.
La norma jurídica, por lo tanto, se caracteriza por ser un juicio hipotético que enlaza un
supuesto de hecho a una consecuencia jurídica.
El supuesto de hecho consiste en una previsión o anticipación hipotética de una posible o
futura realidad o conducta. (De allí su carácter de juicio hipotético).
La consecuencia jurídica es aquello que el ordenamiento jurídico imputa o liga a esa
realidad.
Volvamos al artículo 79 del código penal: “Se aplicará reclusión o prisión de 8 a 25 años
al que matare a otro…”
El supuesto de hecho lo constituye la acción de “matar a otro”.
La consecuencia jurídica es la”pena de reclusión o prisión de 8 a 25 años”.
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Cuadro 2. Estructura lógica de la norma jurídica:
Supuesto de hecho Nexo Consecuencia jurídica
El que matare a otro Debe ser/pena Reclusión o prisión de 8 a
25 años
5. Interpretación
5.1 Noción
La palabra interpretación no expresa un solo concepto. Se interpreta un texto, una obra
teatral, un concierto, un gesto, una actitud.
La interpretación que nos interesa está centrada en la interpretación de textos, hechos y
conductas ocurridas o con incidencia en el campo de lo jurídico. Principalmente
centrada en la interpretación de textos: leyes, decretos, resoluciones, reglamentos, sentencias,
contratos, convenios, etc.
Interpretar es conocer por comprensión el sentido de un signo o un texto normativo. Los
términos interpretar y comprender, son, en este sentido, equivalentes.
interpretación jurídica consiste en atribuir significado a un determinado texto
normativo.
El legislador suministra un texto normativo. Precisamente mediante la interpretación
podemos determinar su sentido y enunciar la norma. Debemos ser cuidadosos en no
confundir norma con texto normativo.
5.2 Vaguedad y ambigüedad
El texto, como expresión lingüística puede estar afectado de ambigüedad o vaguedad.
La vaguedad constituye una característica propia de la textura abierta del lenguaje que se
nutre de términos genéricos que determinan duda e inseguridad acerca de los casos a los
que se refiere.
El lenguaje jurídico, por su natural generalidad, se nutre de una enorme cantidad de
términos genéricos, razón por la cual los términos jurídicos son potencialmente vagos.
Conceptos tales como culpa, negligencia, nocturnidad, abuso, inexperiencia, o habitualidad
constituyen conceptos afectados de vaguedad, ya que siempre es posible imaginar un
objeto del que no disponemos de criterios para saber si pertenece a la referencia de la
expresión.
La ambigüedad constituye una característica de los términos o palabras que permite que
una misma expresión tenga más de un significado, y que dependa del lector o del
contexto en que se use el privilegiar una de ellas. Ejemplos de ambigüedad son las
expresiones gato (como animal y artefacto para cambiar neumáticos), vela (acción de
velar, objeto para iluminar, accesorio de velero), luna, grado, etc.
5.3 Funciones de la interpretación jurídica
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La tarea de interpretación comprende una serie de actividades diferenciadas:
1. En primer lugar la determinación del sentido que posee cada uno de los elementos
consignados en el supuesto de hecho de la norma jurídica.
Por ejemplo cuando se habla de documento, arma de fuego, escalamiento, etc.
2. En segundo lugar, cuando en el supuesto de hecho aparezcan conceptos indeterminados
la interpretación conlleva una carga de valor.
Por ejemplo cuando el artículo 652 del CCyCN establece el derecho y el deber de
comunicación entre padres e hijos. El texto legal establece que cuando el cuidado es
atribuido a uno de los cónyuges, el otro tiene derecho y el deber de “fluida comunicación
con el hijo”. Todos tenemos una idea generalizada de lo que significa “comunicación” y
podemos identificar y distinguir distintos canales plausibles, pero la determinación de
cuando es fluida exige una valoración y una decisión que vendrá dada por las
circunstancias del caso.
3. En tercer lugar la interpretación impone la búsqueda del esclarecimiento de la
consecuencia jurídica que la norma liga al supuesto de hecho.
Por ejemplo, cuando el artículo 10 del CCyCN establece que “la ley no ampara el
ejercicio abusivo de los derechos, se considera tal el que contraría los fines del
ordenamiento jurídico o el que excede los límites impuestos por la buena fe, la moral y
las buenas costumbres”, reclama del intérprete establecer el sentido de las expresiones
“ejercicio abusivo”, “exceso”, “buena fe”, “moral”, “buenas costumbres”, y sus
vínculos con el “ordenamiento” y demás supuestos planteados en el texto, como
“supuesto de hecho”..
Asimismo, cuando la norma establece una consecuencia jurídica que no está
plenamente determinada, es necesaria la adopción de una decisión por parte del juez o
intérprete.
Por ejemplo, cuando el artículo 767 del CCyCN establece que a falta de determinación
de interés legal, el juez determinará la tasa de interés que se deberá abonar.
6. Teorías de la interpretación
Existen dos concepciones diferentes acerca del objeto de la interpretación jurídica:
6.1 Teoría cognitiva
Considera que la interpretación del derecho tiene como resultado enunciados
normativos que son siempre susceptibles de verdad o falsedad.
Para esta concepción la tarea de interpretación es siempre una actividad cognoscitiva,
tendiente a conocer lo que el legislador manda. Para la teoría cognitiva, la interpretación
debe brindar la respuesta correcta contenida en el texto normativo.
La teoría cognitiva considera que la interpretación es fundamentalmente un acto de
intelección. Este acto puede ser exacto o equivocado, y por lo tanto, la sentencia del juez
puede estar o no correctamente fundada en ley.
Esta teoría guarda relación con la teoría de la sentencia como subsunción, de lo que se
concluye que si la sentencia es un proceso deductivo, su conclusión, sólo puede ser,
necesariamente, verdadera o falsa.
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6.2 Teoría prescriptiva
Esta concepción sostiene que la interpretación del derecho tiene como resultado
enunciados normativos que no son susceptibles de verdad ni falsedad.
La interpretación jamás es una actividad cognoscitiva, sino prescriptiva o estipulativa. No
existe nada a conocer. No existe respuesta correcta a determinar. Mediante la
interpretación se asigna, se estipula un significado al texto normativo.
La interpretación, para la teoría prescriptiva, no es un acto de intelección, sino un acto de
decisión. Esto ocurre, al decir de Sebastián Soler en el hecho de que la validez de la
sentencia y su ejecutividad no depende de la exactitud de aquella intelección. La
sentencia equivocada también vale y es ejecutada por los órganos del Estado.
7. Interpretación y justa solución
La interpretación adquiere distinta dimensión cuando se ve el derecho como un
conjunto de normas o como un sistema de justa solución de los conflictos sociales.
En la concepción normativista la interpretación se reduce a la investigación del sentido
de la norma aplicable.
En cambio, cuando se concibe el derecho como un sistema de justa composición de
conflictos, la interpretación no se agota en la norma, sino que constituye una operación
compleja tendiente a lograr la justicia del caso concreto.
La aplicación del derecho, en su paso de lo general a lo particular, exige la interpretación de
ese derecho. La función interpretativa no se limita a aclarar términos o expresiones
confusas: en contra de lo que afirmaba el adagio romano in claris non fit interpretatio,
ésta se hace necesaria siempre, aún en aquellos supuestos en que el mandato contenido
en la norma aparece con toda claridad o evidencia. Porque interpretar, en sentido
jurídico no es solamente aclarar cuando haga falta sino captar en todo caso el contenido
del precepto para aplicarlo a la realidad, y esta labor de captación es ya interpretativa.
8. Métodos de interpretación
Pero, ¿cuál es el método apropiado? Se habla de interpretación gramatical, lógico-
sistemática, y finalista.
No existe “el método” de interpretación, sino diferentes caminos de interpretación que
permiten justificar la interpretación adoptada. Los denominados métodos de
interpretación no son más que herramientas que utiliza el jurista en su proceso
argumentativo.
1. Criterios de interpretación
El CCyCN en sus artículo segundo establece que la ley debe ser interpretada teniendo
en cuenta sus palabras, sus finalidades, las leyes análogas, las disposiciones que surgen
de los tratados sobre derechos humanos, los principios y los valores jurídicos, de modo
coherente con todo el ordenamiento.
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Adopta como criterio interpretativo la utilización del método gramatical, el finalista o
teleológico, la analogía, los principios y valores jurídicos, la remisión a las
disposiciones de los tratados internacionales de los derechos humanos, y como criterio
rector el principio de coherencia.
El CCyCN identifica como criterios de interpretación las palabras de la ley, o método
gramatical, el recurso a las leyes análogas o método analógico, la remisión a las
disposiciones que surgen de los tratados sobre derechos humanos o interpretación
lógico sistemática. Pondera así la interpretación gramatical, lógico-sistemática, y finalista
El CCyCN establece reglas y criterios de interpretación. El esquema interpretativo es el
siguiente:
2. Principio de intención común.
El artículo 1061 CCyCN establece en materia de contratos que deben interpretarse
conforme a la intención común de las partes y al principio de buena fe.
Interpretar el contrato de base a la intención común de las partes implica identificar la
finalidad que las partes persiguieron con su celebración, más allá de las palabras
expresadas en el acuerdo. Con este criterio se busca desentrañar el verdadero alcance
de las declaraciones contractuales.
3. Principio de buena fe
La buena fe constituye uno de los principios cardinales de del derecho y de la vida en
sociedad. Es un principio abstracto cuyo contenido se materializa en cada caso
particular, es un principio ético fundamental que refiere a los principios de lealtad y
rectitud que deben presidir tanto la celebración como la interpretación y ejecución del
contrato.
La preservación de la buena fe permite proteger la confianza y la lealtad de las partes,
requiriéndoles una conducta responsable y coherente, siendo inadmisible la
contradicción de una conducta jurídicamente relevante previa y propia del mismo
sujeto (Artículo 1079 CCyCN). Esta norma recepta uno de los principios inveterados
consagrado por la Corte Suprema de Justicia de la Nación en el sentido de que nadie
puede colocarse en contradicción con sus propios actos, ejerciendo una conducta
incompatible con una anterior deliberada, jurídicamente relevante y plenamente eficaz.
4. El método gramatical
Los artículos 1062 y 1063 otorgan criterios respecto de la interpretación gramáticas y la
interpretación restrictiva de los términos y palabras empleadas. En primer lugar las
palabras empleadas en el contrato debe entenderse en el sentido que les da el uso
general salvo en los casos en que tengan un significado específico que surja de la ley, del
acuerdo de partes, o de los usos y prácticas del lugar de celebración. Cuando por
disposición legal o convencional s establece expresamente una interpretación restrictiva,
en este caso, debe estarse a la literalidad de los términos utilizados.
El artículo 1068 CCyCN dispone que cuando a pesar de las reglas contenidas en los
artículos precedentes persistan dudas, si el contrato es a título gratuito debe
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interpretarse en el sentido menos gravoso para el obligado, y si es a título oneroso, en el
sentido que produzca un ajuste equitativo de los intereses de las partes.
Este artículo abandona el viejo criterio del favor debitoris, en función del cual se
interpretaba el contrato en el sentido más favorable al deudor de la obligación. La
experiencia comercial ha demostrado que no necesariamente la parte más débil es la
parte deudora. Las grandes empresas, las compañías de seguros y empresas de
medicina prepaga, asumen regularmente el carácter de demandados en contratos de
adhesión o contratos con cláusulas predispuestas, haciendo valer su posición
dominante. El criterio del legislador es el de propender, en caso de duda, al ajuste
equitativo de los intereses en juego.
Ante el texto, el primer método plausible es el gramatical. Consiste en atenerse al texto
de la ley, a su sentido lingüístico.
Esta tarea aparenta ser sencilla en la medida en que cada uno de nosotros al interpretar
confiere sentido a las palabras y signos. Esa atribución de sentido implica identificar dos
representaciones: la del hecho o texto externos con la idea o proposición de nuestra mente
Supongamos el texto “Atención al público en Balcarce 60 Ciudad de Buenos Aires de 8 a 20
hs.” La actividad interpretativa implica otorgar sentido al texto, e identificar el mismo-
en el caso- con las ideas de tiempo y espacio existentes en nuestra mente. El otorgar
sentido al texto implica que no concurriremos a otro lugar para ser atendidos, ni lo
haremos fuera del horario indicado. La interpretación del texto se halla facilitada por el
hecho de que la dirección es fehacientemente identificable en un punto geográfico de la
ciudad, y en el hecho de que la hora oficial no genera dudas en el intérprete.
Pero ocurre que los textos normativos regularmente refieren a un sentido socialmente
válido, que puede no coincidir con el sentido de mi experiencia individual.
Por ejemplo, el artículo 65 del CCyCN establece que a las personas menores de edad
sin filiación deberá asignársele un apellido “común”.
A poco que pretendamos otorgar sentido al texto mencionado, concluiremos que
independientemente del criterio que tengamos acerca de lo que es un apellido común
no es posible interpretar el texto, toda vez que es evidente que remite a patrones de
valoración sociales que pueden no coincidir con mi experiencia personal. Por lo tanto, el
método gramatical, útil en algunos casos, genera la mayoría de las veces
interpretaciones subjetivas o anárquicas alejadas del sentido social o uso genérico de las
palabras.
El método gramatical o de interpretación literal fue el utilizado por los glosadores con
relación a los textos romanos. No consideraba la estructura del ordenamiento jurídico, y
la interpretación se agotaba en la etimología de las palabras contenidas en los textos.
La interpretación gramatical, también denominada filológica, se contenta con el sentido
del tenor literal del texto, signándole a las palabras el significado que le otorga su
estructura etimológica, o modernamente el significado que le otorga el uso en el
lenguaje.
La regla es, por lo tanto, que en el proceso de interpretación siempre debe recurrirse al
análisis gramatical o semántico del contrato. Los términos así empleados deben tomarse
en el sentido ordinario, en su significado corriente. Cuando las partes discrepan acerca del
sentido de las palabras empleadas el intérprete debe atenerse al sentido que les da el
uso general. Al uso corriente de los negocios y de las transacciones usuales. Como
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excepción, en los casos en que tengan un significado específico que surja de la ley, del
acuerdo de partes, o de los usos y prácticas del lugar de celebración, deberá estarse a ese
significado. La interpretación de los contratos de acuerdo al uso corriente del lenguaje
constituye además la aplicación de los principios de lealtad y buena fe. Quien
pretenda darla a las expresiones otro sentido o alcance, deberá asumir la carga de la
prueba de su pretensión.
5. Interpretación contextual
En los artículos 1064 y 1065 el legislador establece como criterio hermenéutico el deber
de recurrir a la interpretación contextual. Las palabras se interpretan así unas con otras, no
en forma aislada sino sistemáticas, en su contexto general. A los fines de la
interpretación contextual debe tenerse en consideración: (a) las circunstancias en que se
llevó a cabo la contratación, (b) las negociaciones preliminares, (c) la conducta de las partes,
antes – en la etapa de inicio de las negociaciones- durante- en la etapa de concertación y
ejecución- y con posterioridad – en la etapa de conclusión de los efectos del contrato, (d)
la naturaleza y finalidad del contrato.
La conducta de las partes constituye un elemento interpretativo de relevancia. Es una
forma de interpretación auténtica, ya que las actitudes de las partes develan la intención
y expresión de voluntad contractual que confieren el real sentido del acurdo celebrado,
más allá de la literalidad de las palabras empleadas.
6. Principio de conservación del contrato.
El legislador el artículo 1066 CCyCN establece que si surgen dudas acerca de la eficacia
del contrato, debe estarse a la interpretación que preserve y conserve los efectos del
contrato. Y se resultaren varias interpretaciones posibles debe estarse al que posibilite el
alcance más adecuado del objeto del contrato. Las expresiones dudosa deben ser
interpretadas en contra de quien las formuló, porque el uso de cláusulas oscuras o
dudosas no se compadece con los principios de lealtad y buena fe.
7. Interpretación analógica
El recurso del argumento por analogía permite resolver un caso no previsto por el
ordenamiento jurídico, aplicando la solución prevista por el legislador para otro caso.
La analogía opera mediante la comparación de dos supuestos de hecho, el supuesto de
hecho no regulado y el supuesto de hecho regulado. Toda vez que ambos supuesto son
semejantes pero distintos deberán evaluarse los elementos relevantes de uno y otro caso a
fin de considerarlos semejantes y aplicarles a ambos la misma solución normativa.
El argumento por analogía es aquel que sobre la base del conocimiento de que dos o
más objetos son semejantes respecto de una serie de propiedades, y que uno de ellos
posee, además alguna otra propiedad, se afirma en la conclusión que el o los objetos
restantes también poseen esa otra propiedad. No es una conclusión lógica sino una
comparación.
La validez del procedimiento analógico depende ante todo de dos factores: Deben
presentarse, en lo posible, muchos casos de para ampliar la base de comparación. La
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validez de una analogía depende esencialmente de la elección del punto de comparación y
de la determinación de las características comparadas.
Esta elección no se basa tanto en el conocimiento racional, es una decisión, y por lo
tanto, el ejercicio del poder jurisdiccional, lo que en la mayoría de los casos ocurre sin
reflexión.
La analogía se funda en la decisión, más o menos fundada del decisor de que las notas
comunes verificadas entre ambos objetos son esenciales o relevantes.
Si bien esta afirmación de correspondencia puede gozar de un cierto o un alto grado de
verosimilitud, carece de seguridad, por lo que el argumento analógico nunca deja de ser
probable, pero jamás seguro.
8. Interpretación histórica y finalista
La interpretación histórica implica recurrir a trabajos preparatorios, discursos
parlamentarios, informaciones públicas, cuyo examen puede arrojar luz sobre el
auténtico sentido de una norma. Es criticable porque estos materiales solo pueden
confirmar los resultados de la interpretación obtenida por otros medios.
También tiene carácter meramente auxiliar la interpretación finalista o teleológica, que
consiste en contemplar el precepto desde el punto de vista de los fines que con el
mismo se propone el ordenamiento jurídico.
Finalmente cabe hablar de una interpretación objetiva y otra subjetiva. La primera
pretende investigar la voluntad de la ley, y la segunda indagar acerca de la voluntad del
legislador.
9. Método del realismo norteamericano
Desde una vertiente pragmática el realismo norteamericano propone interpretar el
derecho abandonando las abstracciones de la lógica y ver el derecho como un conjunto
de reglas puestas a disposición del juez para la resolución del caso.
Para John Gray una ley por sí sola no es derecho mientras no haya sido aplicada por los
tribunales.
Oliver Wendell Holmes expresó que "La vida del derecho no ha sido lógica, sino experiencia".
Si se desea conocer el derecho debe mirárselo como lo mira el hombre malo quien se
preocupa sólo de las consecuencias adversas que tal conocimiento le brinda. El derecho
no es más que la predicción acerca de la conducta probable de los tribunales.
10. El método de interpretación de Kelsen.
Para Kelsen los métodos antes mencionados se formularon con la pretensión de ser el
método de interpretación para la obtención de la respuesta correcta a través de un
procedimiento intelectual.
A diferencia de ellos, Kelsen afirma que la interpretación no es un acto intelectual sino
un acto de voluntad, la interpretación constituye una decisión política del juez.
Para Kelsen siempre que se pasa de una norma de grada superior a una norma de grada
inferior, siempre que se realiza un acto de creación y aplicación, se interpreta.
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Las normas siempre tienen un cierto grado de indeterminación. Esta indeterminación
puede ser intencionada cuando por ejemplo una ley de seguridad nacional deja a la
autoridad de aplicación las medidas a aplicar en un caso concreto.
Pero la indeterminación puede ser también no intencionada, motivada por la necesaria
vaguedad del lenguaje.
Por ejemplo cuando el legislador usa expresiones tales como "inexperiencia", "buena fe",
"temeridad", etc.
Por lo tanto para Kelsen las normas dejan al juez siempre un marco de posibilidades
debiendo el juzgador elegir una de ellas al interpretar.
De allí la afirmación de que todo acto de creación y aplicación constituye un acto de
interpretación, y que toda interpretación es un acto de voluntad, una decisión política del
juez que elige una entre varias posibilidades que le otorga la norma.
11. La lógica de lo razonable
En realidad, no existen razones para preferir un método a otro. Hay que manejar el
logos de lo humano, la lógica de lo razonable. El juez, ante una norma debe preguntarse
por las razones que llevaron al legislador a dictarla, de modo que llegue a la conclusión
más justa para resolver el problema planteado.
Los jueces no siempre pueden deducir automáticamente una decisión a partir de una
norma general. Deben interpretar las normas jurídicas y elegir entre interpretaciones
rivales. Para tomar una decisión aceptable en su interpretación, debe justificar su decisión
acerca de la interpretación de la norma.
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