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Freud y la Histeria: Psicoanálisis y Sueños

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Temas para el Final de Freud I

La histeria, aquella patología que en la época era un diagnóstico común, sin embargo,
poco explicado a partir de la medicina, cuyos síntomas no tenían una base fisiológica
Parente y su tratamiento en realidad era extraño.
Freud comenzó sus estudios con muchas personas y uno de los más destacados fue
Charcot, el padre de la neurología moderna con quien trabajó y publicó temas
relacionados con la afasia, la parálisis cerebral e incluso acuñó el término que hasta
hoy conocemos en neuropsicología como agnosia. Pero uno de sus mayores intereses
fue el estudio de la histeria, siendo este uno de los pioneros en el estudio de este
problema, al igual que Breuer.
Freud definió al psicoanálisis como un método que busca hacer accesible los
significados inconscientes que tiene las manifestaciones entendidas como palabras,
actos, sueños o fantasías, esto mediante la interpretación de las asociaciones libres
que tienen las personas. Muchas veces estas manifestaciones se presentan como
trastornos neuróticos y es ahí donde el método psicoanalítico entra a ser terapéutico.
La hipótesis catártica era una técnica muy utilizada para intervenir sobre la histeria o
algunas afectaciones neuróticas, sin embargo, no todos los pacientes entraban en un
estado hipnótico que les permitiera llegar al inicio de los síntomas. Así, adoptó el
método que denominó Asociación Libre, donde el paciente se sentaba en un
famoso diván y en vez de ser directivo y sugestionar al paciente como se hacía con la
hipnosis, dejaba que sus pensamientos fluyeran, no importaba lo irrelevante, tonto o
penoso que fuera lo que estaban expresando.
Este método le permitía generar libres asociaciones a los pacientes y brindar
información más relevante respecto a la histeria que pudiera estar presentando. Freud
se dio cuenta de que las ideas patógenas recogidas usando la libre asociación tenían
una relación directa con sus Síntomas, los cuales estos síntomas neuróticos tienen
su sentido o satisfacción, y su nexo con la vida de las personas que los exhiben, pero
no de igual manera que la llamada Neurosis Obsesiva, este se porta más como
un asunto privado del enfermo, renuncia casi por completo a manifestarse en el cuerpo
y crea todos sus síntomas en el ámbito del alma. Por ejemplo,
Una paciente que atendió tenía temblores en las manos, donde asoció tres recuerdos
diferentes cargados de emociones con su síntoma: uno de ser golpeada en la mano
como castigo de la niñez, otro de estar muy asustada mientras tocaba el piano y otro
cuando le pedían masajear los hombros de su padre. La característica común que
tenían estos recuerdos era que todos involucraban sus manos; donde los síntomas no
eran causados por un solo factor, sino por dos o más que actuaban juntos, en este
caso, las manos en circunstancias de miedo diferentes.
Esta libre asociación le permitió a Freud identificar que las ideas patógenas no eran
simplemente olvidadas, sino que eran Reprimidas. Muchos de sus pacientes
tenían diferentes reacciones en el momento de la A.L.: cuando iban a llegar a un punto
crucial en su discurso, optaban por no seguir, o decían que se les había puesto la
mente en blanco. Sin embargo, esta resistencia era inconsciente y parecía que existía
un conflicto entre una parte de su aparato psíquico que trataba de sabotear el proceso,
el cual conllevaba 3 fases:
- Represión primordial, primaria, originaria (al representante de
la pulsión se le niega el acceso a la consciencia, estableciendo una fijación en
lo inconsciente)
- La Represión propiamente dicha (son asociaciones a lo reprimido,
pero están investidos con el preconsciente)
- El Retorno de lo reprimido (lo reprimido retorna, no se queda pasivo,
está vivo movilizándose, donde se evidencian mediante las formaciones del
inconsciente)

tal como pasaba con los Recuerdos Encubridores o el Olvido de


Nombres Propios, Freud con esto se refería a los recuerdos conscientes que
recubren a otros recuerdos que no pretenden aparecer en la consciencia. Estos
recuerdos encubridores no se conservan por su contenido, sino que lo hacen por la
asociación que guardan con el recuerdo reprimido. A todo esto, lo denominó
Conflicto Intrapsíquico, que también le permitió construir la teoría sobre el
Aparato Psíquico.
La psiquis se compone por tópicas que tienen características y funciones diferentes.
La estudiada se compone de 3 sistemas: Consciente, Preconsciente e
Inconsciente: el primero de ellos está conformado por el principio de la realidad o el
mundo exterior que percibimos y nos rodea, así como de los estímulos anímicos que
experimentamos interiormente. Por su parte, los contenidos inconscientes sólo pueden
ser inferidos y el sujeto no está advertido de ellos, ignoran las categorías de espacio-
tiempo y se rigen por el Principio del Placer, como pueden ser las Pulsiones,
aquella considerada como una forma de satisfacción sustitutiva, donde se hallan entre
lo anímico y lo somático, provienen de fuentes de estímulos internos del organismo y
no podemos huir de ellos ya que provienen de nuestro interior, y recuerdos reprimidos.
Los principios Inconscientes son de dos clases: los que están sujetos a la represión y
los que son inconscientes en un momento determinado, pero que, al no ser reprimidos,
tienen la posibilidad de transformarse en conscientes. Estos últimos son los
Preconscientes, aquellos recuerdos, ya sea un rostro o una dirección. En sí son
contenidos latentes que ya sea por una actividad voluntaria del individuo, puede
hacerlos conscientes y expresarlos de manera mental, oral o verbalmente, o mejor
dicho Restos Mnémicos que podemos evocar.

En este caso el yo del individuo está en un constante conflicto, donde Freud dice que
existen niveles de conflictos los cuales algunos pueden ser dañinos para la salud
mental de la persona y otros que no que se manifiestan en los sueños, o en lo que
denominó Mecanismos de Defensa, este permite al ser humano que no
colapse después de vivir una experiencia traumática o que sea capaz de vivir ciertos
sucesos que de otra manera serían muy difíciles de vivir.
En cuanto a los sueños son satisfacciones de deseos reprimidos, incumplidos durante
el día, donde Freud distinguió de los sueños dos partes: el Contenido
Manifiesto y el Contenido Latente. El primero está caracterizado por una
cronología de imágenes difíciles de identificar y que no tiene sentido en términos de la
experiencia normal del soñador, mientras que el segundo es el significado real de
dichos sueños que se pueden interpretar mediante la A.L., por ejemplo, el caso de la
inyección de Irma, en este sueño la paciente había enfermado y uno de sus colegas le
había inyectado propilo. Además, en este sueño Freud vió las letras y números que
componen la fórmula de la trimetilamina que es otra sustancia química. Este contenido
manifiesto tenía poco sentido para él, por lo que se puede considerar como el
Contenido Manifiesto. Sin embargo, mediante la A.L pudo obtener el Contenido
Latente del sueño. En la vida real, Irma había sido operada de su nariz por su colega;
en la A.L recordó que habían tenido una charla donde hablaban de la química del
amor mencionando la sustancia química, y esto llevó a que Freud tenga una
conclusión, de que la enfermedad de Irma era de Naturaleza Sexual. A través de
los múltiples casos, analizó el papel de los sueños en la enfermedad mental de sus
pacientes y pudo dar cuenta de que ocurre un trabajo del sueño mediante 4 procesos:
el contenido latente incluye pensamientos que desencadenan más ansiedad
conflictiva, por lo que, mediante un proceso de

- DESPLAZAMIENTO el contenido se manifiesta de una manera más


segura y con imágenes menos angustiantes en la persona, es decir, se desvía
o desplaza hacía ideas relacionadas, pero emocionalmente más neutrales del
contenido manifiesto, tiene un propósito defensivo, permitiendo al soñador
experimentar imágenes menos perturbadoras que los pensamientos que las
inspiraron originalmente.
En un segundo proceso del trabajo onírico, varios pensamientos latentes pueden ser
simbolizados por una sola imagen o elemento del contenido manifiesto, este lleva el
nombre de

- CONDENSACIÓN, basado en la noción de que dos o más pensamientos


latentes a veces se condensan en una sola imagen de un sueño manifiesto.
Un tercer proceso es la

- TRANSPOSICIÓN DE PENSAMIENTOS EN IMÁGENES


VISUALES, donde el contenido manifiesto se presenta mediante
sensaciones o alucinaciones experimentadas concretamente. Es decir que los
sueños no aparecen como pensamientos sino como imágenes, sonidos,
sentimientos, etc.
Y el último proceso es de la

- ELABORACIÓN SECUNDARIA, que es un esfuerzo en donde el


paciente intenta darle una coherencia o poder hacer del sueño más
comprensivo a eso que le aparece como desfigurado. Cuando el paciente hace
este esfuerzo le genera mayor malentendimiento de la explicación del sueño, lo
confunde más. Y es allí que aparece la desfiguración del sueño.

Estos sueños, o al menos en algunos casos, parecían incluir deseos significativos,


aunque a menudo cargados de conflictos, incluso cuando el contenido manifiesto no
correspondía. A menudo, cuando los deseos expresados por el paciente surgían
después de una considerable ansiedad y vergüenza, formuló su hipótesis de
Cumplimiento de Deseos: la idea de que el contenido latente de cada sueño
incluye un deseo de algún tipo, que es el motivador más importante del sueño en sí.
De vez en cuando los deseos eran desagradables de reconocer, como las ideas
patógenas de los pacientes con histeria, por lo que se encontró con una posición
lógica. Los sueños manifiestos y los síntomas de la histeria tenían similitudes
sorprendentes en el sentido de que ambos simbolizaban ideas inconscientes y
angustiosas a través de los procesos de desplazamiento, condensación, transposición
de pensamientos en imágenes visuales y elaboración secundaria.
Se diferenciaban en sus causas: los sueños aparentemente estimulados por deseos
latentes, mientras los síntomas histéricos por recuerdos sexuales. Esto lo llevó a
reflexionar sobre la naturaleza humana de la motivación y es donde surge otra de sus
teorías, la del Desarrollo Psicosexual.

Los pacientes albergaban en secreto e inconscientemente ideas o fantasías sexuales


que la sociedad respetable no toleraría. Además, estas ideas parecían tener un origen
en la infancia. Esto se daba a partir de una energía que nace de los instintos y que lo
denominó Libido, que proviene de Deseo.

Así, desde muy pequeños, los niños tienen cierta capacidad de obtener placer a partir
de la estimulación de distintas partes de su cuerpo que responden a su energía
libidinal, y que, dependiendo de la edad los niños van a tener una zona específica
donde se desarrolla la libido por etapas.
Las etapas son 4, que van desde el nacimiento hasta la adolescencia: la etapa Oral,
Anal y Fálica, en las que las respectivas zonas erógenas del nombre priman en cada
caso como fuente de placer libidinal.

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