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Epigrafe Tema 4 Geo

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La vegetación de la región eurosiberiana de clima atlántico

La región eurosiberiana se extiende por el área septentrional peninsular de clima atlántico u


oceánico, desde Galicia hasta los Pirineos.

El clima húmedo, con precipitaciones anuales superiores a los 750-800 mm y sin aridez estival,
junto a unas temperaturas templadas y moderadas, permiten el desarrollo de dos formaciones
vegetales características: el bosque templado oceánico o bosque caducifolio y la formación de
matorral, o arbustiva, comúnmente denominada landa". A ellas se suma una tercera, el bosque
marcescente", en el área de transición hacia el ámbito mediterráneo.

 Bosque caducifolio: formaciones primarias (naturales)

El bosque caducifolio es la vegetación climácica de esta región peninsular. En la actualidad


ocupa un espacio reducido y, además, ha sido muy modificado por la intervención humana
desde épocas muy antiguas.

En condiciones óptimas se define por ser un bosque denso y umbrófilo, con árboles de tronco
recto y gran altura que compiten entre ellos por ocupar los estratos superiores y alcanzar la
luz. (Doc. 15)

Por esta misma razón (escasa luz en los estratos inferiores), el sotobosque, formado por
arbustos y matorrales, es pobre. En él crecen los nuevos brotes de árboles y algunos arbustos,
como el aligustre. En el estrato herbáceo crecen helechos y hierbas tempranas.

Las hojas de los árboles son planas, blandas y caedizas. Durante el otoño se caen y el árbol se
prepara para el letargo invernal. De nuevo, en primavera, se reinicia el crecimiento y surgen
los brotes de las nuevas hojas.

En el bosque caducifolio domina una única especie arbórea, es decir, es un bosque


monoespecífico, así, las masas forestales más características son los robledales y los trayedos,
aunque pueden estar acompañados por otras especies (siempre en escasa proporción), como
fresnos, arces, tilos, tejos y acebos.

1. El roble exige humedad y temperaturas templadas, por lo que encuentra su óptimo


ecológico en las condiciones climáticas de esta región, donde ocupa las zonas más
bajas porque tolera mal el frío. La especie más emble. mática es el roble común o roble
carballo (Quercus robur), un árbol silicí cola que necesita humedad y temperaturas
suaves, por lo que no suele aparecer en altitudes superiores a los 500-600 m. Puede
alcanzar más de 40 m de altura y es de gran longevidad. Se conserva en espacios
reducidos, pero no forma grandes bosques. Se extiende desde Galicia y el Principado
de Asturias por toda la cornisa cantábrica y el norte de León. (Doc. 16)

Por encima de los 500 o 600 m de altitud, el roble común es sustituido por el roble albar
(Quercus petraea), más resistente al frío y a la sequía y menos exigente en humedad. Se
asienta sobre suelos calizos. Los robledales mejor conservados se localizan en el País Vasco y la
Comunidad Foral de Navarra.
2. El haya (Fagus sylvatica) es un árbol muy exigente en humedad que no tolera la aridez,
pero su resistencia al frío hace que se extienda como un árbol de montaña. Representa
la especie forestal del área atlántica entre los 800 y 1.500 m. Crece sobre cualquier
tipo de suelo, aunque prefiere los calizos, sobre todo cuando se encuentra en
condiciones poco favorables. Forma bosques más densos que el roble, aunque, al igual
que este último, ha sido talado y explotado abusivamente. Su presencia es escasa en
Gali- cia y el oeste asturiano, se desarrolla a lo largo de la Cordillera Cantábri- ca, los
Montes Vascos y los Pirineos. (Docs 17 y 18)

También aparece como árbol de montaña en latitudes más bajas, en el ramal norte del Sistema
Ibérico y en las sierras más orientales del Sistema Central, donde se encuentran los hayedos de
Montejo, en la Comunidad de Madrid, y Tejera Negra, en Guadalajara.

 Formaciones secundarias (introducidas)

Entre las formaciones introducidas por el ser humano destacan:

- El castaño (Castanea sativa), una especie de hoja caduca importada del oriente
europeo. Se desarrolla sobre suelos silíceos en ambientes húmedos y templados, por
lo que su óptimo ecológico está en el área atlántica, aunque también aparece en las
sierras de Guadalupe (Extremadura) y Béjar (Salamanca). Su extensión actual es muy
inferior a la de hace un siglo debido a la acción antrópica y a la enfermedad de la
«tinta». Es un árbol muy apreciado por su madera y por su fruto, la castaña. (Doc. 19)
- El pino, una especie de repoblación de gran difusión por todo el territorio. Las pínáceas
se adaptan a las distintas condiciones climáticas y tipos de suelo de España. En el área
atlántica las especies más representativas son el pino resinero (Pinus pinaster) y el
pino albar (Pinus sylvestris). Son de crecimiento rápido, rentables por su resina y su
madera, pero presen- tan el gran inconveniente, ante un incendio, de ser muy
inflamables.
- El eucalipto (Eucalyptus), introducido en la Península en el siglo XIX. Se extiende desde
Galicia por toda la Cordillera Cantábrica en la zona atlán- tica. Se usa en la repoblación
por su rápido crecimiento y por su rentabilidad económica como materia prima para la
producción de pasta de papel. Pero el eucalipto empobrece y acidifica los suelos.

 El matorral atlántico: la landa

Es una formación leñosa y densa que aparece en las zonas de suelos más pobres y sustituye al
bosque caducifolio cuando este se degrada debido a la sobreexplotación o a los incendios. Las
especies más comunes son el tojo (Doc 20) y el brezo acompañadas de retama (genista) y
piorno, junto a una gran diversidad de plantas herbáceas.

Cuando la landa es destruida, domina una formación herbácea, los prados, que cuentan con
una amplia extensión en la región atlántica.
 El bosque marcescente

Formado por quejigos (Quercus faginea) ▷ (Doc. 21) y rebollos (Quercus pyrenaica), es una
formación de tipo atlántico pero adapta- da a la aridez (especies xerófilas*) y resisten- te al
frío. Esto le permite ocupar el área más meridional de la zona atlántica de transición al clima
mediterráneo y algunos sectores de montaña media de los Pirineos, los sistemas Ibérico y
Central, los Montes de Toledo y Sierra Morena, e incluso algunas sierras gaditanas.

El término marcescente hace referencia al carácter semicaedizo de su hoja, que se seca al


llegar el otoño, pero no se cae hasta fina- les del invierno o comienzos de la primavera, cuando
brotan las nuevas hojas.

42. La vegetación de la región mediterránea

Se extiende por el espacio peninsular de clima mediterráneo (excepto las áreas de montaña),
el archipiélago balear, Ceuta y Melilla.

Esta región biogeográfica se caracteriza por la aridez estival, un rasgo que condiciona de
manera decisiva el desarrollo de la vegetación. La escasez o falta de agua durante la estación
de verano define qué especies son capaces de adaptarse y sobrevivir.

Las formaciones que ocupan esta región son el bosque esclerófilo mediterráneo y la formación
arbustiva mediterránea, en la que, a su vez, diferenciamos el maquis o maquia", la garriga y la
estepa En Ceuta y Melilla las especies naturales prácticamente han desaparecido, siendo
sustituidas por pinares de repoblación, como el de la colina de San Antonio (Ceuta) y el de
Rostrogordo (Melilla).

 Bosque esclerófilo mediterráneo: formaciones primarias

El bosque natural esclerófilo y perennifolio es la vegetación climácica de esta región,


caracterizada por agrupar especies que han desarrollado varia- dos sistemas para adaptarse a
la aridez. Por ejemplo, sus hojas son perennes, pequeñas y endurecidas, coriáceas, es decir,
cubiertas por una membrana que reduce al máximo la evaporación, los troncos son de corteza
gruesa, y las raíces, profundas, para encontrar agua. Los árboles no suelen superar los 20 m de
altura y su copa globular ayuda a preservar la humedad del suelo.

- La especie más significativa es la encina (Quercus ilex) en sus dos subespecies:


Quercus ilex subespecie «ilex», propia de la zona costera catalana, Baleares y algunos
puntos de la cornisa cantábrica, y Quercus ilex subespecie «ballota» o «rotundifolia»,
que se extiende por casi todo el resto peninsular. (Docs 22 y 23)

El encinar es la formación vegetal más extendida de la Península. Su gran capacidad de


adaptación permite que colonice altitudes desde el nivel del mar hasta los 2.000 m de
altitud, zonas de precipitaciones mínimas (en torno a los 350 mm anuales) y cualquier tipo
de suelo.
El sotobosque que acompaña al encinar es complejo, de gran variedad y riqueza, formado por
coscoja, jara, lentisco, madroño y algunas plantas trepadoras, como la madreselva.

Hoy parece que no persisten encinares en estadio climácico, ya que las roturaciones, el
aprovechamiento tradicional de su madera y el sistema de dehesas han dado lugar a
formaciones degradadas con un estrato arbóreo pobre, con encinas de porte reducido.

La dehesa es un bosque ahuecado o aclarado que combina el uso forestal con un


aprovechamiento agrícola y pastoril. A pesar de ello, el sistema de dehesa permite conservar
estos bosques y mantener un cierto equilibrio con el medio ambiente, en el que conviven una
variada flora y una gran diversidad de especies animales. En la actualidad, se mantiene en las
pe- nillanuras salmantinas, extremeñas y algunas zonas de Sierra Morena. La dehesa más típica
es la formada por la encina, pero también se desarrolla sobre alcornoques y quejigos. (Doc 241

- El alcornoque (Quercus suber) es una especie silicicola más exigente en humedad que
la encina (superior a los 500-600 mm anuales) y que no so- porta bien los fríos
inviernos. Por eso, su principal área de desarrollo corresponde al suroeste peninsular
(Extremadura, oeste andaluz y Ciudad Real) y Girona. Entre los usos que se dan a esta
especie destaca el aprovechamiento de su corteza para corcho.

- El algarrobo (Ceratonia siliqua) y el acebuche (Olea europea) u olivo silvestre


complementan el bosque mediterráneo. El algarrobo está muy presente en las
provincias de Valencia, Castellón, Tarragona e Illes Balears, posan y el acebuche, en el
valle del Guadalquivir y las sierras de Cádiz y Huelva especialmente.

 Bosque esclerófilo mediterráneo: formaciones secundarias

Entre las especies introducidas por el ser humano cabe mencionar distintas especies de pinos.
Los pinares son muy abundantes en nuestro pais. Estas coníferas del género Pinus han sido
introducidas desde épocas antiguas, adaptándose según subespecies a unas u otras regiones.
Actualmente, los pinares ocupen muchos espacios que sin la intervención humana estarian
cubiertos por bosques esclerófilos frondosos".

Los pinos tipicamente mediterráneos son el pino piñonero (Pinus pinea) y el pino carras- co
(Pinus halepensis). Ambos son heliófilos y termófilos, es decir, necesitan luz y calor. El pi-
ñonero es silicicola y se extiende por los arena- les costeros desde Cataluña a Portugal y en los
suelos silíceos del interior. El pino carrasco, calcícola, coloniza las tierras del este peninsu- lar.
Doc. 259 El pino resinero (Pinus pinaster) es una especie de transición que ha visto favo- recido
su crecimiento como especie de repo- blación debido al aprovechamiento de su resi- na y
madera. Se extiende desde Galicia hasta Murcia. El pino silvestre (Pinus sylvestris) es natural
del norte y el centro de Europa, alcanzando su limite suroccidental en la Península. Donde
ocupa zonas elevadas (1.000-2.000 m de altitud o más) ya que soporta bien las bajas
temperaturas y las nieves.

 Formaciones de matorral mediterráneo

Las formaciones de arbustos y hierbas no corresponden a una vegetación climácica, sino,


generalmente, a un estadio regresivo del bosque mediterráneo provocado por la actuación
humana.

El matorral ocupa una amplia extensión en el ámbito mediterráneo español, y entre las
formaciones destacan la maquia o maquis y la garriga. (Docs. 26 y 28)

- La maquia es una formación de matorral esclerófila, densa y cerrada, compuesta por


especies que pueden superar los 2 m de altura y en la que incluso aparece al- gún
árbol disperso. Está compuesta, fundamentalmente, por madroños, brezos, jaras,
lentiscos y retamas.

- La garriga es una formación menos densa, de porte más bajo y con menor variedad de
especies que la ma- quia. Los arbustos dominantes son la coscoja, la jara y otras
plantas aromáticas, como el romero, el tomillo y la lavanda.

La degradación del maquis y la garriga dan lugar a la estepa, una formación de hierbas
xerófilas, básicamente. (Doc. 27) Caracteriza, en particular, a las regiones peninsulares de
clima semiárido del sureste y algunas zonas secas y degradadas del interior, como la comarca
de Los Monegros, en el valle del Ebro, y La Mancha.

Aunque en la estepa dominan las especies herbáceas, como el esparto (muy utilizado como
fibra textil), también encontramos arbustos de muy bajo porte, como el palmito o palmera
enana, el espárrago silvestre o esparraguera, espinos y plantas olorosas como el tomillo.

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