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La obra del profeta Ezequiel requiere buenos lectores para que su voz, su palabra, su

texto no queden nulificados por la desacreditación de su persona por parte de quienes


hoy quieren ver en él a un enfermo mental que no logra controlar sus impulsos ni sus
emociones. El autor precisa de personas que se acerquen al texto sin ideas
preconcebidas y que no quieran ver en la descripción del carro de Yahvé objetos
voladores o seres de otros planetas, dejando de lado el gran esfuerzo de Ezequiel por
señalar la grandeza de quien es transportado en el carro y que merece toda la atención
en el mensaje que comunica a su profeta. El texto necesita lectores perseverantes, que
no se queden en la frase más citada o en el pasaje más conocido, sino que recorran
cada uno de los oráculos, admiren su contenido, adviertan su contexto, su posición en
cada una de las colecciones, y que puedan disfrutar de la obra completa.

Para leer a Ezequiel es necesario dejar muy lejos las ideologías de izquierdas o
derechas que polarizan y catalogan a los seres humanos para que se ciñan a una sola
manera de ser o de pensar. La transparencia de la persona que escribió esta obra deja
ver al sacerdote respetuoso y coherente con su estado de vida, sabedor de los
preceptos y cumplidor de ellos; y también, al mismo tiempo, al profeta libre e
imaginativo que explora nuevas formas para comunicar su mensaje, sin miedo a gemir,
aplaudir o gritar frente a sus oyentes y que puede llevar al límite la historia del pueblo
con parámetros desconcertantes. El proclamador de este mensaje profético es un
hombre con disciplina, capaz de mantener por un espacio de tiempo su cuerpo rígido y
en silencio (como quien vive un secuestro en su propia casa, o está recluido contagiado
en el tiempo de la pandemia sin contacto con el exterior) mientras asimila el mensaje
que va a comunicar.

Gracias a los datos que nos ofrece su libro, podemos situar exactamente el ministerio
de Ezequiel entre los años 593 y 571. Este período es uno de los más trágicos de toda
la historia de Israel: las instituciones desaparecen y se hace indispensable una
reflexión radical para que el pueblo logre sobrevivir. En esta época se lleva a cabo un
giro decisivo en la historia de Israel: las cosas ya no serán las mismas después de la
caida de Jerusalén.

¿COMO FECHAR EL LIBRO DE EZEQUIEL?


Hay dos elementos que nos permiten hacerlo con precisión: los datos que nos ofrece el
propio libro y un texto babilonio.
1. Datos del libro de Ezequiel
Muchos de los textos de su obra están fechados y en casi todos los casos podemos
confiar en esas fechas. Aparte de algunos datos que provienen del libro de los Reyes y
de algunos otros que hay que eliminar como errores de los escribas, encontramos en
su libro doce fechas seguras: 1,1 (explicado por la glosa de 1,2); 8, 1;
20,1;26,1;29,1;29,17;30,20;31,1;32,1;32,17;33, 21; 40, 1. Estan fechadas con particular
interés sus tres grandes visiones, las de los capítulos 1-3, 16; 8-11 Y 40-48.
Es interesante observar que siete de estas fechas pertenecen al período
inmediatamente anterior o posterior a la caída de Jerusalén. La mitad de las fechas
indica- das conciernen a los oráculos contra las naciones (29-32).
El profeta sitúa su envío a misionar «el año treinta, quinto de la deportación del rey
Jeconías, el día cinco del mes cuarto» (1, 1-2). Esta fecha corresponde en nuestro
calendario al 31 de julio del 593.
El último texto fechado del libro se encuentra en 29, 17. Se trata de un oráculo sobre el
fracaso de Nabucodonosor en el asedio de Tiro y de la promesa que se le hace a este
rey de que conquistará Egipto «como salario para su ejército». Estamos en el «año
veintisiete, el uno del primer mes» de la cautividad del rey Jeconías, es decir, el 26 de
abril del 571.

2. La crónica babilonia
Para esta época tenemos la suerte de tener a nuestra disposición desde hace algunos
años un texto procedente de la corte de Babilonia llamado «La crónica babilonia» '.
Encontramos en ella datos muy concretos sobre nuestro período, por ejemplo sobre las
diversas campañas militares de Nabucodonosor.
Gracias a esta crónica y teniendo además en cuenta los datos y los sucesos
mencionados con mayor o menor amplitud por el segundo libro de los Reyes, por el
libro de Jeremías y el de Ezequiel, podemos reconstruir la historia de esta época.

Ezequiel vive intensamente estos sucesos. No es so- lamente un observador; toma


partido personalmente en los hechos. En efecto, su ministerio se sitúa antes y después
de la caída de Jerusalén en el año 587. Y estos dos aspectos antes y después de la
desgracia- parecen dar también colorido a su persona y a su obra: es sacerdote y
profeta, anuncia una palabra de felicidad y otra de des- gracia.

CONTEXTO HISTÉRICO
La posición geográfica de los reinos de Judá en el sur y de Israel en el norte de
Palestina fue, de manera natural, el puente entre África y Asia, y por tanto entre las
potencias de Egipto en el sur y los imperios asirios y mesopotámicos en el norte. El
punto estratégico que la región representa la convirtió en un objeto codiciado; su
control ha generado una serie de conflictos entre las potencias ya mencionadas.

LOS IMPERIOS
Recoger los datos del tiempo y las circunstancias que rodearon a Judá en esta etapa
de la historia en que Ezequiel realizó su ministerio ayudan a la comprensión del texto
que pretendemos estudiar. Para tal propósito hay que salir de las fronteras territoriales
y conocer a los pueblos vecinos, con sus intenciones y decisiones.

a) El imperio asirio (745-627)


Al norte de Mesopotamia se encuentra la ciudad de Asur. Los asirios, en lengua acadia,
dieron el nombre a esta población. El año 745 con Teglatfalasar III nace el nuevo
Imperio asirio con una clara tendencia a hacer crecer su territorio, propósito para el cual
pusieron la mirada en los pueblos vecinos. Los asirios ampliaron su capacidad mi litar,
y una vez dominadas las poblaciones que estaban a su alrededor aplicaron un método
de dominación mediante la demostración del poder y la fuerza. El pago del tributo y el
vasallaje establecido durante la dominación crecían ante cualquier intento de rebelión.
Asiria fue conocida por las injusticias cometidas contra los pueblos y sus habitan-tes,
que en el caso extremo le llevó a desaparecer ciudades completas. El punto máximo de
su orgullo fue imponer su propia divinización.

Asiria participa en la historia de los reinos de Israel aplicando sus reglas al someterlos.
Al reino del Norte o de Israel lo sometió en el 743 con un tributo en tiempos del rey
Menajén, como se describe en 2 Re 15,19-20. Años más tarde, en tiempos del rey de
Israel Pécaj, Teglatfalasar se apoderó de los territorios a su conveniencia y realizó la
primera deportación de los habitantes de esa región a Asiria (2 Re 15,29). La siguiente
incursión de Asiria se dio en la toma de Samaria, con la justificación de que habían
dejado de pagar el tributo, consiguiendo con ello la ruina y desaparición del reino de
Israel entre los años 722 y 720 (2 Re 17,4-6). El reino del Sur o de Judá pidió la ayuda
de Asiria para liberarse del acoso del reino de Israel y Damasco en el año 734; la
intervención oportuna de Teglatfalasar en favor de Judá se convirtió después en un
sometimiento mayor para este (2 Re 16,5-18). Años más tarde, en el 701, Ezequías,
rey de Judá, realizó un intento de rebelión contra Asiria que trajo como resultado el
asedio a Jerusalén. Solo el debilitamiento de Asiria en el 627 pudo dar un respiro a
Juda.

b) El Imperio neobabilónico-caldeo (626-539)


El Imperio asirio tuvo un debilitamiento militar cuando Nabopo-lasar (626-605), con la
ayuda de los medos, invadió y destruyó la ciudad de Nínive, capital del Imperio asirio
en el año 612, y dos años después, en el año 610, la ciudad de Jarán, el último reducto
asirio. Con Nabopolasar, inicia el Imperio neobabilónico-caldeo, y a su muerte en el 605
sube al trono su hijo Nabucodonosor (605-562), el nombre más conocido en la época
del exilio. La victoria en Carquemis (lugar estratégico de comunicación en la orilla
occidental del Éufrates) contra los egipcios le permitió al naciente Imperio babilónico
tener el control absoluto en el Antiguo Oriente, agregando Siria y Fenicia a su Imperio.
Judá conocerá la fuerza de Nabucodonosor y su ejército en el 603, cuando quede
sometida; más tarde, con la rebelión del rey Joaquín en el año 600, las hostilidades se
hacen presentes en Jerusalén en el 597 mediante el primer asedio a la ciudad y la
primera de las tres deportaciones a Babilonia, que incluirá al recién nombrado rey
Jeconías acompañado por un grupo de judaítas, entre ellos el joven sacerdote
Ezequiel.
El nuevo Imperio impone a un nuevo rey vasallo: Sedecías, para el pueblo de Judá,
quien en el 588 intenta sacudir el yugo de Nabucodo-nosor; con esto provoca el asedio
de Jerusalén y la segunda deportación; además, con la caída de la ciudad se pondrá fin
a la monarquía heredada por David en el reino de Judá. En el año 582 el Imperio
realiza una tercera deportación de los habitantes de Judá como respuesta a una
rebelión en la que había contado con la ayuda de Ammón y Moab.

No todas las acciones bélicas de Nabucodonosor obtuvieron la victoria, pues se


propuso conquistar la ciudad costera de Tiro, asediándola por diez años sin conseguir
su caída. Los sucesores de Nabucodonosor, después de cuarenta y tres años de
gobierno, no permanecerán tantos años en el poder. En el 562 asciende al trono su hijo
Evil-Me-rodac (562-560), quien trata con benevolencia al rey Jeconías al concederle la
libertad, porque, además de estar exiliado, lo tenía preso. Los siguientes sucesores del
trono, Neriglissar (560-556) y Laba-si-Marduc (556), mantuvieron el Imperio recibido sin
mayor nota que pudiera destacar, hasta que en el 555 sube al poder Nabónides (555-
539) y el Imperio comienza a perder fuerza. Esto se atribuye a la religiosidad particular
del rey, quien prefería el culto a la diosa luna Sin en la ciudad de Jarán, en lugar del
dios Marduc en Babilonia, creando así un gran descontento entre la mayoría de los
habitantes su Imperio. La decisión de mover su palacio de Babilonia al oasis de Taima
es otro de los motivos que ocasionaron el debilitamiento y la caída del Imperio caldeo,
hasta que en el 539 Ciro entra victorioso en Babilonia.

c) El Imperio Persa (550-333)


Ciro es el fundador del Imperio persa. Tras vencer a Astiages, el último rey medo, en el
año 550, comenzó a extender su dominio hasta crear el mayor Imperio conocido hasta
ese momento, cuya duración se extendió por doscientos años; fue célebre hasta el
surgimiento de Alejandro Magno, que se encargó de finiquitarlo con la conquista en el
año 332. Ciro termina con el Imperio caldeo y su rey Nabóni-des en el 539, y un año
después beneficia a los judaítas al decretar su repatriación y devolución de los objetos
que fueron sacados del templo de Jerusalén por Nabucodonosor; del inventario de
estos objetos da cuenta el libro de Esdras (Esd 1,9-11).

2. El reino de Judá
Los datos obtenidos en el segundo libro de los Reyes sobre el final del reino de Judá
aportan apenas en un juicio sumario de la vida del monarca de turno con un enfoque
religioso en donde resalta su actitud ante Dios y, de paso, de manera aún más general,
la situación del pueblo en ese momento. La escasa información de esta época a partir
del año 609 pone el acento en una catástrofe anunciada por la voz de los profetas y su
cumplimiento cabal a partir de los desaciertos de los reyes de Judá en la relación con
Yahvé y en el manejo equivocado de las relaciones y alianzas en el ámbito
internacional. Un reino cada vez más debilitado y a la vez asediado por las apetencias
de los imperios poderosos que le rodean. Un breve resumen de las principales
acciones de los monarcas del reino de Judá y los acontecimientos que llevaron al
pueblo a vivir el exilio ayudará a entender mejor el mensaje del profeta Ezequiel.

a) a) Joacaz (609), 2 Re 23,31-36


Con 23 años sube al trono Joacaz, y su efímero reinado duró solo tres meses. Rompe
la continuidad con Josías, su padre, y la reforma religiosa por él iniciada. Por su
juventud e inexperiencia realiza acciones que no son del agrado de Yahvé. Cuando el
faraón Necao volvía de una campaña en el Norte, fortalecido por la caída del Imperio
asirio, habiendo obtenido de este la posesión de las regiones de Siria y Palestina, hizo
prisionero a Joacaz en Riblá para impedirle reinar en Jerusalén, imponiendo al pueblo
un tributo de cien talentos de plata y diez talentos de oro. Con el poder ejercido en
Judá, Necao designó rey a Eliaquín, a quien el faraón le cambió el nombre a Joaquín,
probablemente como signo de vasallaje. El final de Joacaz se sitúa en Egipto, lejos de
su pueblo.
b) Joaquín (609-597), 2 Re 23,36–24,7

Hijo del piadoso rey Josías, Joaquín comenzó su reinado siendo vasallo de Egipto, y
cuatro años más tarde, en el año 605, vivirá la transición, pues también lo será de
Nabucodonosor con el Imperio caldeo. Después de la rebelión de Judá en el 601, el
rey, desgastado por la situación, murió tres años más tarde. Como nota informativa en
2 Re 24,7 agrega que una nueva fuerza surgió desde el torrente de Egipto hasta el río
Éufrates, pues Babilonia se había apoderado de todos los territorios, incluido Egipto.

c) Jeconías (597), 2 Re 24,8-17

Jeconías heredó un reino en medio de complicaciones muy severas y solo tres meses
ejerció el poder en Jerusalén, en medio del cerco que le impuso Nabucodonosor hasta
sucumbir junto con su pueblo. Jeconías fue exiliado a Babilonia con su familia y
conciudadanos en lo que se conoce como primera deportación. No tiene la aprobación
en su relación con Yahvé, según el redactor del segundo libro de los Reyes, aunque sí
cuenta con el afecto del profeta Ezequiel. En el año 37 de la deportación de Jeconías,
el año 562, cambió su suerte en el exilio, pues durante este tiempo estuvo preso y
gracias al rey de Babilonia Evil-Merodac, además de la libertad, gozó del afecto del rey;
se dice que compartió la mesa con él, además del apoyo de una pensión vitalicia
(2 Re 25,27-30).

d) Matanías / Sedecías (597-586), 2 Re 24,18Re 24,18–25, 21

Matanías era tío de Jeconías y el rey de Babilonia le cambió el nombre a Sedecías


(Matanías significa «Don de Yahvé» y Sedecías «Yahvé es mi justicia»). Como rey
vasallo, Sedecías gobernó la región por once años. El momento histórico era bastante
crítico y el corazón del rey no estaba cerca de Yahvé; las decisiones del monarca
precipitaron el desastre. La rebelión de Sedecías se da por consejo de sus asesores. Al
dejar de pagar el tributo a Nabucodonosor atrajo la fuerza militar de este a Jerusalén,
cuyas hostilidades se iniciaron con el asedio a la ciudad en los comienzos del año 587
hasta la caída el 19 de julio del año 586. Durante este tiempo realizaron el saqueo del
Templo

y el incendio de la capital el 17 de agosto del mismo año; la segunda deportación


corona las acciones hostiles emprendidas por el rey de Babilonia contra el territorio de
Judá, poniendo así punto final a la monarquía en el reino de Judá. Sedecías fue
castigado por Nabucodonosor y la última escena que contempla es la muerte de sus
propios hijos; después de esto le sacaron los ojos y ciego fue enviado al destierro,
acompañado por quienes en su momento creyeron que el castigo a sus acciones nunca
llegaría. En Judá quedaron unos cuantos pobres para atender las tareas en el campo y
en los viñedos.
e) Godolías (586), 2 Re 25,22-26

Nabucodonosor impuso a Godolías como gobernador de la población que había


quedado en el territorio de Judá (2 Re 25,22-24). Godolías ingenuamente se propuso
sumar adeptos para el rey de Babilonia entre los judaítas, fracasó en su intento y, al
tratar de convencer a los últimos rebeldes, estos le dieron muerte y huyeron buscando
la protección de Egipto.

La historia de los imperios como la del reino de Judá tiene una secuencia común:

1. El nacimiento: un grupo étnico logra la consolidación social, económica y religiosa,


con una forma de gobierno y una organización social que le distingue del resto de los
pueblos.
2. El desarrollo: las fortalezas del grupo étnico y las circunstancias del tiempo permiten
la expansión; generalmente buscan ensanchar las fronteras, someter pueblos y obtener
tributos.

3. La plenitud está ligada a la temporalidad del éxito, que depende de las


circunstancias y del talento de los hombres del poder.

4. El debilitamiento hasta llegar a la extinción tiene que ver con la organización


interna, las luchas por el poder y el surgimiento de otros pueblos que van
aprovechando sus fortalezas, y sobre todo las debilidades ajenas.

El poder de los imperios más allá de sus fronteras se mantiene temporalmente y de


manera cíclica; no puede haber varios al mismo tiempo en la cúspide.

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