Ciclo Hidrológico y Humedad Atmosférica
Ciclo Hidrológico y Humedad Atmosférica
El agua constituye un elemento básico del clima por su papel fundamental en el ciclo energético
y como principal responsable de los cambios de tiempo en los distintos climas regionales. Se
halla repartida entre cinco grandes compartimentos de manera natural en los tres estados de
agregación de la materia: sólido, líquido y gaseoso. El papel del agua es decisivo para el
mantenimiento del balance térmico y balance hidrológico de la Tierra.
1. EL CICLO HIDROLÓGICO
El ciclo hidrológico expresa la circulación global del agua entre la superficie terrestre, los
océanos y la atmósfera. Los diferentes componentes del ciclo son: evaporación, transpiración,
condensación, precipitación, acumulación, infiltración y escorrentía. De las masas de agua
oceánicas y continentales se desprende constantemente vapor debido al calentamiento solar, y
se incorpora a la atmósfera donde es desplazado por los cinturones de viento del planeta. Al
enfriarse, el vapor de agua se condensa en minúsculas gotitas formando la niebla y las nubes,
de las que se desprende lluvia, nieve o granizo. Durante su caída, parte de la precipitación puede
ser de nuevo evaporada y mantenerse en el aire; mientras que el resto regresa a los océanos y
continentes. El agua que cae sobre las tierras emergidas se almacena temporalmente en el suelo
siguiendo varios caminos:
En todo este proceso, el equilibrio entre la humedad que sale de la superficie terrestre como
vapor y la que regresa como líquido se mantiene. Las transferencias entre la Tierra y la
atmósfera se establecen según un doble circuito: uno sobre los océanos, donde el agua
evaporada sobrepasa el volumen de agua precipitada; y otro sobre los continentes, donde las
precipitaciones superan a la evaporación.
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El equilibrio entre ambos se establece por advección horizontal de vapor desde los océanos a
los continentes; y el retorno del agua hacia los océanos por escorrentía superficial o
subterránea.
2.1. EVAPORACIÓN
Es el cambio de estado del agua de líquido a vapor. Tiene lugar siempre que se aporte la energía
necesaria para vencer la atracción intermolecular de las partículas de agua. En estado sólido, las
moléculas de agua se hallan mutuamente atraídas por la fuerza de cohesión interna y se
mantienen distancias constantes, aun cuando existe siempre cierta vibración. Al añadir calor, el
movimiento aumenta y las moléculas se desplazan una sobre otras o colisionan entre sí, y no
hay ya posiciones fijas, pues se ha alcanzado el estado líquido. Si la energía calorífica se
incrementa, la agitación de las moléculas es mayor y algunas de ellas adquieren velocidades
superiores a las que en promedio tienen las restantes.
No es más que el cambio de estado del agua de líquido a gaseoso por la absorción de una
determinada cantidad de calor. Por cada gramo tenemos que suministrar en torno a 600 calorías
para pasar de fase líquida a vapor. Debe haber una fuente de calor que evapore el agua, que
puede ser la superficie terrestre, las plantas… en definitiva cualquier fuente que proporcione
calor al agua y la transforme en vapor. Una vez que la superficie le ha dado calor al agua, esta se
refrigera porque ha traspasado el calor a la molécula de agua.
En un recipiente cerrado con una lámina de agua, a una determinada temperatura, y por encima
aire seco, las diferentes moléculas adquieren energía cinética suficiente para escapar de la
superficie del líquido y pasar al aire. De este modo, la atmósfera se va enriqueciendo de vapor
con nuevas aportaciones, aunque al mismo tiempo, la propia agitación térmica de las moléculas
de vapor hará que algunas regresen al seno del agua, es decir, se condensen. La evaporación
continúa hasta que se alcanza el equilibrio entre el número de moléculas que dejan el líquido y
el de las que vuelven a él transformándose en gotas de agua. Se dice entonces que el aire está
saturado, y en tal caso, en el interior de la caja no tendrá lugar ningún tipo de cambio neto, a
menos que cambiemos la temperatura del agua o levantemos la tapa de la caja. Si la
temperatura aumenta, la energía adicional permitirá el incremento de la evaporación; y lo
contrario ocurrirá si aquella disminuye. En cambio, si destapamos la caja, las partículas que se
evaporan pueden salir de la misma y la saturación no se alcanzará nunca, por lo que la
evaporación seguirá hasta que se agote el agua.
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En un sistema abierto, si trasladamos el experimento a la atmósfera, vemos que esta se
comporta como una enorme caja en la que prácticamente no existe techo, de manera que las
pequeñas masas de agua pueden evaporarse en su totalidad. Sin embargo, su volumen no es lo
suficientemente grande como para contener toda el agua de los océanos y, por tanto, tiene lugar
la saturación, que puede deberse al enfriamiento del aire o al aumento excesivo del contenido
de vapor.
La medida de la tendencia a evaporarse que tiene el agua nos la proporciona la llamada tensión
de vapor del agua líquida, es decir, la presión sobre el aire de las moléculas que se escapan del
líquido. En sentido inverso, actúa el vapor de agua sobre la superficie líquida, en lo que
conocemos como presión parcial del vapor de agua, que nos da una medida de la cantidad de
moléculas de vapor que pasan de nuevo al agua. Cuando ambas medidas se igualan, significa
que el aire ha alcanzado la saturación.
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Hay otras cuestiones más concretas, como los estados del agua que van cambiando según la
absorbencia o liberación de calor. Como ya sabemos, el agua puede estar en estado líquido,
sólido o gaseoso, y que dependiendo del calor que se suministre podemos pasar líquido a
gaseoso y de sólido a líquido. Los procesos tienen una denominación y se diferencian en función
de si las moléculas de agua absorben o liberan calor (latente) a la atmósfera:
2.2. TRANSPIRACIÓN
2.3. EVAPOTRANSPIRACIÓN
• ETP (potencial) es la cantidad máxima que se puede perder en el proceso en función del
clima y la cobertura vegetal
• ETR (real) es la que verdaderamente se pierde (menos, normalmente), y depende de la
disponibilidad.
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2.4. DISTRIBUCIÓN GLOBAL DE LA EVAPORACIÓN
Hay diferencias también entre las áreas oceánicas y continentales como causa de la desigual
disponibilidad de agua. Las aguas del Índico presentan las cantidades más elevadas, seguidas
de las aguas del Pacífico y el Atlántico. En los continentes, la evaporación es menor, por lo que
encontramos elevadas cifras de evapotranspiración potencial, sobre todo en los desiertos
cálidos subtropicales.
3. HUMEDAD DE LA ATMÓSFERA
La humedad absoluta se define como la masa total de agua por unidad de volumen de aire, y se
expresa en gramos por metro cúbico. En promedio, en la atmosfera son bastante frecuentes
concentraciones de vapor de 10-12 gramos por metro cúbico, pero los valores son muy variables
en el espacio y el tiempo, desde cifras cercanas a 0 hasta 40 gramos por metro cúbico.
Para cada valor térmico existe una cantidad máxima de vapor de agua, de manera que cuando
este umbral se alcanza se dice que está saturado. Cuanto más caliente está el aire, tanto más
vapor de agua admite antes de alcanzar la saturación, y ello de anea exponencial.
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La humedad específica es la masa de vapor contenido en 1 kilogramo de aire húmedo. Se mide
en g/kg.
La humedad relativa es la proporción entre la humedad absoluta del aire (los gramos de vapor
de agua que realmente contiene la masa de aire) y la humedad total que podría tener (humedad
saturante). Es la relación entre la humedad que realmente hay y la que podría haber. Si está al
100% de humedad relativa no puede que contener más humedad porque ha llegado a su punto
máximo. El mínimo sería 0 porque no tiene humedad absoluta.
Si el aire está más saturado tendrá más capacidad de condensar, pero si está más seco tendrá
más capacidad de evaporar.
Por ejemplo, si llega un aire a Sevilla, en función de las características térmicas y de humedad
absoluta de ese aire, tenderá a condensar y a generar precipitación, o a secar el agua presente
en el entorno, ya sea en las plantas, alguna corriente de agua o la propia superficie.
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Por eso en verano si nos llega una masa de aire muy seca y cálida lo evapora todo, no se seca la
ropa, los ríos reducen o secan su cauce. En cambio, si nos llega una masa de aire húmeda y fría,
las condiciones son totalmente distintas.
En definitiva, el aire en función de su temperatura puede contener más o menos vapor, por lo
que evaporará de la superficie más o menos. Si el aire está más frío, se acabará condensando
parte de su agua y estará más saturado, por lo que tendrá más tendencia a precipitar. La
atmósfera va a tender a perder esa agua. Si está más caliente, podrá albergar más agua.
CONCEPTOS
4. CONDENSACIÓN
Es el proceso opuesto a la evaporación y la causa directa del rocío, la escarcha, la niebla, las
nubes y todas las formas de precipitación. Está muy influida por la bajada de temperatura en
la masa de aire, que puede ser:
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• Por enfriamiento adiabático: el aire sube y se enfría sin que haya ninguna transferencia
de calor.
La mezcla de dos masas de aire húmedas a distintas temperaturas puede dar origen a una capa
de aire que esté saturada a la nueva temperatura, produciendo nubes o niebla en ella. El proceso
supone la unión de dos masas de aire con temperaturas muy contrastadas y alto contenido de
humedad, y ello es difícil en la naturaleza, por lo que no es un mecanismo eficaz y, además, el
enfriamiento suele limitarse a la zona de contacto de las dos masas de aire.
El enfriamiento por contacto se produce cuando el aire húmedo descansa sobre una superficie
fría; entonces, la pérdida de calor del suelo por radiación enfría el aire adyacente, y si se alcanza
la saturación el vapor se condensa en forma de rocío, escarcha o niebla.
El gradiente térmico vertical el cambio térmico de la atmósfera con la altura. Casi siempre, o en
términos teóricos, aludimos a una atmósfera en reposo con poca turbulencia. La superficie
terrestre es la que nos calienta con la reirradiación de los rayos que ha absorbido del sol y que
lleva a cabo para compensar el déficit térmico con el que se ha quedado la atmósfera. Es esta
reirradiación la que tiene poder térmico, no la irradiación primera por parte del sol.
Se trata, por tanto, del cambio térmico con la altura en un área de la atmósfera en reposo,
habitualmente descendiente, debido a:
Teniendo en cuenta todo ello, sabemos que hay un gradiente térmico vertical que es la
velocidad o promedio a la que la atmósfera en reposo se enfría conforme va subiendo en
altura, aunque hay variaciones dependiendo de lo anterior. En promedio, el descenso térmico
es de 0,65ºC por cada 100 metros, aunque hay variaciones dependiendo de lo anterior que dan
lugar a las curvas de estado.
Las variaciones comentadas, que son lo más normal que ocurra en la atmósfera, se describirían
en unas llamadas curvas de estado, que ponen en relación la temperatura con la altitud.
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En esta imagen vemos una curva de estado “típica”, pero
que (casi) nunca se suele cumplir por las diferentes
condiciones y variaciones que se dan tanto en la
atmósfera como en la superficie. Es el planteamiento
teórico del gradiente térmico vertical, según el cual la
temperatura de la atmósfera en reposo disminuye 0,65ºC
cada 100m.
En la figura de la izquierda vemos un brusco descenso en los primeros 100 metros debido al
enorme calentamiento del suelo, pero conforme se va subiendo el gradiente se estabiliza y la
pérdida de temperatura es una más constante y lenta.
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En el caso b tenemos la inversión en altura. En un principio la temperatura disminuye
normalmente, pero llegados a un punto se produce una inversión térmica por factores y razones
concretas y conforme la altura aumenta, la temperatura también lo hace. En un determinado
momento vuelve a perder temperatura de forma normal.
En el caso c también tenemos una inversión en altura, lo que pasa es que es un nivel de inversión
más estrecho (franja de altitud más estrecha) y más alto.
De esta manera se intenta explicar que las curvas de estado son muy diferentes en función de
lo que pase en superficie y en altura. Recordad que las curvas de estado aplican a grandes
porciones de la atmósfera y no a un nivel local, por lo que es un estudio general.
No se debe confundir el gradiente vertical de la atmósfera y las curvas de estado con los
gradientes adiabáticos y los cambios de temperatura que se dan burbujas y masas de aire.
Todo gas posee cierta energía interna que depende de la presión y que rige su estado térmico,
de modo que si se expande disminuye su temperatura y si se comprime aumenta ésta. Estos
cambios térmicos debidos a la variación de la presión que actúa sobre un gas, y realizados sin
intercambio o mezcla de calor con el gas circundante, se denominan adiabáticos.
Los gradientes adiabáticos son los cambios de temperatura que experimentan las burbujas o
masas de aire en movimiento, especialmente cuando suben. Sabemos que ocurre porque si esa
burbuja sube y está sometida a menos presión, expandida y expuesta a menos choque
molecular, se enfriará. Ya sabíamos que si satura y condensa el ritmo de enfriamiento sería
menor; de ahí que haya un gradiente adiabático seco y otro saturado. Si el aire está en descenso
se comprime y se produce un aumento del choque de las partículas, lo que libera calor y hace
que la temperatura de la masa aumente. Al subir ocurre lo contrario: la masa se expande y las
moléculas no chocan apenas, lo que hace disminuir la temperatura.
Esto se explica mediante dos leyes mecánicas, la de Boyle y la de Charles. La de Boyle dice que,
a temperatura constante, el volumen de una masa de gas varía en proporción inversa a su
presión. La ley de Charles dice que, a presión constante, el volumen de una masa de gas es
directamente proporcional a la temperatura absoluta. Estas leyes enuncian que siempre hay una
relación constante entre la presión, el volumen (y con ello la densidad) y la temperatura de una
masa gaseosa:
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Constante R = P • V
La relación entre estas tres variables implica que cualquier cambio en una de ellas origina
cambios de compensación en las otras. De este modo, toda porción de aire sometida a un
movimiento ascendente, al sufrir una presión cada vez menor con la altura, aumenta su
volumen y en consecuencia desciende su temperatura. Y, al revés, el aire descendente o
subsidente se comprime por incremento de la presión del aire circundante y su temperatura
aumenta. Por ejemplo: al hinchar un neumático, la compresión rápida de gas produce
calentamiento; mientras que, por el contrario, al abrir la válvula el gas escapa, se expande y se
enfría.
La proporción con que varía la temperatura de una masa de aire que se eleva del suelo o que
desciende hacia él es conocida como gradiente adiabático de temperatura. Existen dos tipos:
• Gradiente adiabático del aire seco. Cuando el aire es seco, en el sentido de que no está
saturado, la masa de aire se enfría o calienta a razón de 1ºC por cada 100 metros de
elevación o descenso.
• Gradiente adiabático del aire saturado. Si el aire está saturado los cambios de
temperatura ocurren a un ritmo menor, porque en este caso al ascenderé el aire y
enfriarse se produce condensación del vapor de agua, y cuando esto ocurre se libera
calor latente que contrarresta en parte el descenso térmico. El gradiente aquí se cifra
alrededor de 0,5ºC por cada 100 metros.
El equilibrio de cualquier sistema puede ser de tres tipos: estable, inestable e indiferente.
Hablamos de estabilidad cuando el aire se opone al movimiento y vuelve a su posición inicial
una vez ha cesado la fuerza causante del desplazamiento. Por el contrario, si se aleja de su punto
de partida, entonces existe inestabilidad, y se dice que la atmósfera es indiferente o neutra
cuando el aire desplazado sigue estando en equilibrio en la nueva posición alcanzada.
En todos los casos, el inicio del movimiento de una partícula o masa de aire exige un impulso
exterior que la fuerce a apartarse de su posición. El empuje se realiza a través de cuatro
mecanismos: orográfico, frontal, convergencia horizontal y convección.
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• La convección tiene origen en el calentamiento del aire en contacto con un suelo muy
cálido. Al aumentar su temperatura el aire se expande, es más ligereo que su entorno y
asciende.
AIRE ESTABLE
Se dice que hay estabilidad atmosférica cuando los movimientos ascensionales del aire tienden
a ser abortados o impedidos, de forma tal que el aire permanece estancado en vertical o
registrando movimientos descendentes, pero nunca movimientos de ascenso. Esta situación
se produce siempre que el gradiente térmico vertical de la atmósfera es muy poco acusado y,
desde luego, inferior al gradiente adiabático del aire seco (1ºC/100 m) y al gradiente adiabático
del aire saturado o gradiente pseudoadiabático (0,5ºC/100m).
En una situación como ésta, cualquier burbuja de aire que iniciara un ascenso en vertical por
cualquier circunstancia (empuje de un frente, necesidad de atravesar una barrera topográfica,
convección térmica…), al enfriarse adiabáticamente, enseguida alcanzaría una temperatura
inferior a la temperatura del aire que se encontrara en su entorno y, en consecuencia, tendría
que volver a descender, porque el aire frío es más denso que el cálido y tiende a situarse debajo.
Básicamente, la estabilidad atmosférica significa o implica que la burbuja de aire no podrá seguir
subiendo si el impulso por el que empezó a subir (orografía, frente, convección o choque de
masas similares) termina y no le afecta más, debido a que, en comparación con la atmósfera que
le rodea, es una masa más densa y fría, por lo que su ascenso se verá impedido.
AIRE INESTABLE
Se define como aquella situación en la que cualquier movimiento de ascenso del aire generado
desde las capas bajas tenderá a continuar y perpetuarse hasta las capas altas de la atmósfera.
Esta situación se produce siempre que el gradiente térmico vertical de la atmósfera es muy
acusado y, desde luego, superior al gradiente adiabático del aire seco y al gradiente adiabático
del aire saturado. En una situación como ésta, cualquier burbuja de aire que iniciara un ascenso
en vertical, al enfriarse adiabáticamente, enseguida alcanzaría una temperatura superior a la
temperatura del aire que se encontrara en su entorno y, en consecuencia, seguiría ascendiendo,
porque el aire cálido es más ligero que el frío y tiende a situarse por encima de aquél.
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• Estratificación del aire junto al suelo. Cerca de la superficie la temperatura del aire está
muy influida por las variaciones diarias del balance de radiación y, en consecuencia, el
gradiente térmico vertical experimenta importantes cambios temporales. Al amanecer
la situación cambia, pues el suelo se caliente por la radiación solar y el calor es
transmitido por conducción térmica a las capas de aire inmediatas y la inversión empieza
a desaparecer. A principios de la tarde el gradiente térmico llega a ser superadiabático,
haciendo esto que el aire sea inestable y se eleve a gran altura.
Con la inversión térmica, la capa del aire presenta un gradiente térmico vertical inverso al
habitual. Aumenta de temperatura con la altura.
• Por enfriamiento del suelo: pérdida por radiación. Son el tipo de inversión más
común. Por lo general ocupa unas decenas de metros. En la noche, la temperatura de la
superficie baja por enfriamiento radiactivo, enfriando los niveles inferiores.
• Por subsidencia de una colada de aire cálido. Es cuando una masa de aire está bajando,
la cual va ganando temperatura. Esta masa de aire forma una “tapadera” que impide
que otras burbujas de aire de la superficie puedan subir, porque la primera está más
caliente.
• Por llegada de una corriente fresca que enfría el aire más bajo. Es lo contrario: llega
una corriente de aire frío que enfría el aire de la superficie, pero el que hay por encima
de esta masa está más caliente, por lo que la primera no podrá subir. Es raro que ocurra,
pero también ocurre, sobre todo en fondos de valles. Estas inversiones suelen ser más
espesas.
Las inversiones térmicas pueden ir ligadas a ciertas horas. Las inversiones térmicas de superficie
suelen disiparse al calentarse el suelo al mediodía.
Ya sabemos lo que es la condensación y sabemos lo que pasa cuando el agua se satura, pero
aparte de ello necesitamos la presencia de un agente externo que conocemos como núcleo de
condensación. Este es una superficie sobre la que se produce el proceso de la condensación. Si
esta superficie no existe el agua se sobresatura; es decir, tiene más humedad de la que puede
contener, pero no llega a producirse la condensación.
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Es necesaria una superficie sobre la que se produzca la condensación de una gota líquida. Ello
puede ser la hoja de una planta, el cristal de un coche… pero en el aire solo serían partículas en
suspensión, a las que se conoce como núcleos de condensación. Son normalmente muy
pequeñas y con composición diferente, como partículas de polvo y de cenizas procedentes de la
erosión o de erupciones volcánicas, sales marinas por explosiones marinas, otras sales, ácido
sulfúrico…
Cuando la gota se forma en torno a una partícula, aunque también se puede formar en torno a
una placa de hielo, y disuelve a esta misma, es cada vez más fácil condensar, por lo que se reduce
la presión de saturación. Esto es llamado como el efecto de la disolución. La cantidad de
saturación o la cantidad de vapor de agua que tiene que haber en el aire para que se produzca
esa condensación es menor. Si la partícula ya está disuelta es cuando se empieza a formar una
gota. Cuando el radio de la gota es muy pequeño, la cantidad de agua que tiene que haber es
muy mucho más alta, pero cuando la gota se va formando es mucho más sencillo que sobre su
superficie se siga condensando más agua.
Esto es a lo que se le llama efecto de curvatura de la gota, de modo que las pequeñas gotas
tienden a re-evaporarse, es decir, a volver a estado de vapor de agua; mientras que las gotas de
agua más grandes no se re-evaporan. Hay ambientes que pueden estar sobresaturados para
gotas pequeñas, es decir, no se forman gotas porque todas las gotas que hay son gotas pequeñas
y se re-evaporan, y también puede darse el caso de que esté infrasaturado, lo que quiere decir
que es más fácil que se condense ese aire tan húmedo sobre gotas más grandes.
Necesitamos que, para que haya condensación, se dé la presencia de estos aerosoles sobre los
que el vapor se condense, y que estas mismas se disuelvan, porque así es más fácil condensar
aparte de que se sigan condensando más gotas sobre su superficie.
Los núcleos de condensación son pequeños, normalmente miden alrededor de una micra o
menos, y sobre ellos se va añadiendo el agua, la cual disolverá a la partícula. Así, la gota ganará
mayor envergadura y se va haciendo incluso visible. Cuando estas gotas son visibles se
convierten en lo que conocemos como las nubes o las nieblas. Las nubes y las nieblas no son
cúmulos de vapor de agua, sino que las vemos cuando ya hay condensación.
LAS NIEBLAS
Es una masa de pequeñas gotas condensadas en contacto con la superficie marina o
continental. Su tipología responde a su formación:
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Su origen puede ser doble: por deslizamiento de aire cálido y húmedo por encima de
una superficie fría o por llegada de una masa fría sobre una superficie cálida. Las
primeras son nieblas espesas y las segundas, también llamadas nieblas de evaporación,
son de poco espesor y aspecto vaporoso o humeante.
• Nieblas industriales. Son una variedad de nieblas de radiación muy características de
fondos de valle y hondonadas topográficas en la vecindad de ciudades y núcleos
industriales.
LAS NUBES
Las nubes son acumulaciones de gotas de agua y finos cristales de hielo que se forman por los
cambios de temperatura y humedad que se dan en el seno de una masa de aire. Los tipos más
característicos de nubes son:
A. ESTRATOS
Capa nubosa generalmente gris, con base bastante uniforme, que puede dar lugar a llovizna,
prismas de hielo o cinarra. Cuando el Sol es visible a través de la capa, su contorno es claramente
discernible. Este género no da lugar a fenómenos de halo, salvo eventualmente a muy bajas
temperaturas.
B. CIRROS
Nubes separadas, generalmente densas y con contornos bien delimitados, que se desarrollan
verticalmente en forma de redondeces, de cúpulas o de torres, cuya región superior protuberosa
parece frecuentemente una coliflor. Las partes de estas nubes iluminadas por el Sol, muy
frecuentemente, de un blanco brillante; su base relativamente oscura, es sensiblemente
horizontal. Estas nubes están a veces desgarradas.
D. CUMULONIMBOS (Precipitación)
Nube densa y potente, con una dimensión vertical considerable, en forma de montaña o de
enormes torres. Una parte al menos de su región superior es generalmente lisa, fibrosa o
estriada, y casi siempre aplastada; esta parte se extiende frecuentemente en forma de yunque
o de amplio penacho. Por debajo de la base de esta nube, a menudo muy sombría, existen
frecuentemente nubes bajas desgarradas, soldadas o no con ella, y precipitaciones.
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