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Jacob 2

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JACOB

Jacob es uno de los patriarcas del antiguo judaísmo y el padre de lo que serían las doce tribus de
Israel. Su historia se relata en Génesis 25-50. Su nombre hebreo deriva de Ya-aqob (“suplantar” o
“burlar”) y surge de los detalles de su vida. En griego, es “Iakobos”. Se latinizó a “Jacob”. En el relato
bíblico, se nos dice que su nombre proviene de aqev (“talón”). Posteriormente su nombre fue
cambiado a “Israel”.
El nacimiento de Jacob y Esaú
Después del nacimiento de Isaac, Abraham envió un sirviente a Harán (el moderno Irak) a buscar
una novia entre sus parientes que vivían allí. El sirviente regresó con Rebeca. Cuando estaba
embarazada, Rebeca sufrió dolores en el vientre. Dios le dijo:
Dos naciones hay en tu seno, y dos pueblos se dividirán desde tus entrañas; un pueblo será más
fuerte que el otro, y el mayor servirá al menor. (Génesis 25:23)
Esaú nació primero y estaba cubierto de vello rojo. Jacob estaba tomado de su tobillo, en un intento
por nacer primero. En el contexto, muchas culturas antiguas practicaban la primogenitura, lo que
significaba que el derecho de sucesión pertenecía al que nacía primero. Además, sus padres tenían
actitudes diferentes para con los dos:
Los niños crecieron, y Esaú se convirtió en un hábil cazador, un hombre del campo, mientras que
Jacob prefería quedarse en casa, entre las tiendas. Isaac, quien gustaba la carne de caza, amaba a
Esaú, pero Rebeca amaba a Jacob.
La pérdida del derecho de nacimiento
LA HISTORIA DE ESAÚ Y JACOB ES UNA DE LAS FORMAS EN QUE SE PUEDEN ENTENDER
LAS DIFERENCIAS Y RIVALIDADES ENTRE EL REINO DE EDOM Y LAS OTRAS TRIBUS
JUDÍAS.
Un día Esaú regresó de una expedición de caza que resultó infructuosa. Le rogó a Jacob que le diera
un guiso que este había cocinado. Jacob se lo ofreció a cambio del derecho de nacimiento, y Esaú
aceptó. Ya viejo y ciego, Isaac le pidió a Esaú que cazara un venado, para una última comida
después de la cual bendeciría a Esaú. Mientras el cazador estaba fuera, Rebeca conspiró con Jacob
haciendo que este se disfrazara (vistiendo algunas ropas de Esaú y poniéndose unas pieles de cabra
en los brazos). Debía hacerse pasar por Jacob para recibir así la bendición en el lecho de muerte de
Isaac. Las bendiciones en el lecho de muerte se consideraban talladas en piedra. Isaac quiso tocar
sus brazos porque estaba confundido: “La voz es la de Jacob, pero sus manos son las manos de
Esaú” (Génesis 27:22). Al oler la ropa de Esaú, Isaac le dio la bendición a Jacob.
Cuando regresó a casa, Esaú se indignó por el engaño. Isaac no podía cambiar lo sucedido, pero le
dijo a Esaú: “Vivirás por la espada y servirás a tu hermano” (Génesis 27:39). Rebeca le dijo a Jacob
que huyera a Harán, a la casa de su hermano Labán.

Los eruditos (al menos) consideran esta narración detallada como una de las formas de entender las
tradiciones posteriores sobre las diferencias y rivalidades entre el reino de Edom y las otras tribus
judías. Edom estaba ubicado al sur del Mar Muerto e incorporaba muchas tribus indígenas. Después
de la ocupación griega, se le llamó Idumea. Después de la revuelta de los Macabeos (167 a.C.), el
líder asmoneo Juan Hircano (164-104 a.C.) convirtió a la región por la fuerza.
La escalera de Jacob
En su camino a Harán, Jacob tuvo en sueños la visión de una escalera que llegaba hasta el cielo,
con ángeles bajando y subiendo. Las tradiciones posteriores la explican como una representación de
los exiliados, aquellos que vivían fuera de la tierra de Israel. Se entendía que la parte superior era
Edom. Jacob temía la dominación de Edom, pero Dios le dijo que en los últimos días Edom también
sucumbiría ante Jacob. El sitio donde tuvo la visión se llamó Bethel, “la casa de Dios”.
Jacob, Raquel y Lea
Cuando Jacob llegó a Harán, fue al pozo y allí vio a Raquel y se enamoró inmediatamente. Al pedir
su mano a Labán, este accedió con la condición de que Jacob trabajara para él durante siete años.
Jacob aceptó, pero en la noche de bodas, cuando levantó el velo de la novia, vio que era la hermana
mayor, Lea. La hija mayor debía casarse primero. Labán le ofreció entonces a Raquel, pero Jacob
debía trabajar por otros siete años.
LOS HIJOS DE JACOB SE CONVIRTIERON EN LAS DOCE TRIBUS DE ISRAEL.
Ahora nos encontramos con una réplica de la tipología de las mujeres estériles y la intervención
divina que tenemos en la historia de Abraham y Sara. A ellos se les prometió descendencia, pero
eran ancianos y no tenían hijos (Jacob tenía 84 años cuando comenzó a engendrar hijos).
La Biblia tiene muchas historias de mujeres estériles, pero todas, eventualmente, se convirtieron en
madres debido a la intervención divina. Vemos también una versión antigua de la madre subrogada;
Sara ofrece a su esclava, Agar, para que tome su lugar. Legalmente, el hijo de Agar era hijo de
Abraham y de Sara.
Debido a que Lea no era amada, Dios “le permitió concebir, pero Raquel siguió estéril” (Génesis
29:31). Raquel era estéril, por lo que ofreció a Jacob su sirvienta, Bilha. Raquel tuvo entonces dos
hijos propios.
Los hijos de Jacob se convirtieron en las doce tribus de Israel. Ellas son:

Lea Raquel Bilha Zilpa

Rubén José Dan Gad

Simón Benjamín Neftalí Aser

Leví

Judá

Isacar

Zebulón

La única hija de la que se conoce el nombre es Dina (hija de Lea). Los detalles específicos
probablemente se agregaron más tarde, para explicar cómo y por qué cada hijo recibió sus
territorios, cuando las tribus conquistaron y se establecieron en Canaán. La ubicación en las tierras,
de buenas a menos fértiles, la determinaba la madre del hijo; Raquel o Lea, Bilha o Zilpa. Porque
que eran hijos de Raquel, Jacob favoreció a José y a Benjamín. Esto luego ocasionó tensiones
familiares que llevaron a los hermanos a vender a José a una caravana de esclavos que se dirigía a
Egipto.
De Jacob a Israel
Jacob estaba decidido a irse a casa. Una noche, cerca del vado de Jaboc, apareció un ser (un
hombre en algunos textos, Dios o un ángel en otros). Jacob luchó con este ser hasta el amanecer.
Jacob no pudo ser vencido, pero el ser " tocó la coyuntura del muslo de Jacob en el tendón de la
cadera" (Génesis 32:32), lo que provocó que Jacob cojeara. Esto se convirtió en la mitzvá de
purgado o la eliminación de las venas grasas y tendones del cuerpo de un animal en la preparación
de la carne.
Jacob exigió una bendición. A partir de este momento, Jacob sería llamado Israel, porque ha
"luchado con Dios y con los hombres y... ha vencido" (Génesis 32:28). Jacob es, pues, el antepasado
epónimo de los israelitas. Jacob llamó al lugar Peniel ("cara a cara"), porque "vi a Dios cara a cara, y
sin embargo se me perdonó la vida" (Génesis 32:30). Jacob se encontró con Esaú en la frontera y
los dos hermanos se reconciliaron.

En Egipto
El Génesis cuenta luego la historia de los hermanos vendiendo a José como esclavo a los egipcios,
pero este, al interpretar correctamente un sueño del faraón, fue elevado al puesto de visir. Jacob
envió a sus hijos a Egipto a comprar grano porque había escasez en Canaán. Al principio los
hermanos no reconocieron a José, pero eventualmente reveló su identidad y les dijo que trajeran a
Jacob y al clan a Egipto. Esta es la historia que sirve de base para explicar la emigración de las
tribus a Egipto donde serían esclavizados más tarde, según el libro del Éxodo.
Lo último que sabemos de Jacob está en el capítulo final del Génesis (49:1-33), donde es mostrado
cuando bendice a sus hijos en su lecho de muerte. Comenzando por el mayor, Jacob les pasa lista,
prediciendo su eventual destino en la tierra de Canaán y más allá. El mayor, Rubén, fue
menoscabado porque había tenido relaciones sexuales con Bilha, “Porque subiste a la cama de tu
padre, …y lo profanaste” (Génesis 49:4). Judá, aunque era el cuarto en la línea, fue elevado:
“Judá, tus hermanos te alabarán… y los hijos de tu padre se postrarán ante ti… el cetro no saldrá de
Judá ni la vara de autoridad de entre sus pies”. (Génesis 49:8-10)
El ascenso de Judá fue importante porque su descendiente, el rey David, fue el rey más importante
del antiguo Israel.

La tumba en Macpela
Abraham le compró un terreno a Efrón el hitita, cerca de una caverna en Macpela (el moderno
Hebrón) para usarla como tumba familiar. Jacob le pidió a José que se asegurara de que sus huesos
fueran enviados allí. Conocida como la Tumba de los Patriarcas, el edificio fue restaurado
por Herodes el Grande y sigue siendo un centro de peregrinaje. Junto con Abraham y Sara están
sepultados Jacob y Lea, y (según la tradición) José. Raquel había muerto durante el parto de su hijo
Benjamín a un costado del camino cerca de Belén. Su tumba es también un sitio de peregrinaje para
las mujeres estériles.
El cristianismo venera a Jacob como un santo, al igual que al resto de los patriarcas. El Islam lo
eleva a la categoría de profeta de Dios, preocupado de la pureza y la devoción. En la versión que da
el Corán, se nos dice que Jacob hizo que sus hijos prometieran, bajo juramento, que serían
musulmanes en sumisión a Dios.
Historicidad
Utilizando indicios existentes en la narrativa del Génesis, los estudiosos datan las historias en c.
1800 a.C. puesto que muestran el estilo de vida nómade en la región. Sin embargo, al reconocer que
esas historias fueron editadas constantemente a través del tiempo, persiste un escepticismo. A
medida que Israel experimentaba guerras y desastres, las historias eran actualizadas para que
reflejaran los eventos contemporáneos. Todavía falta determinar la historicidad de este período en el
registro arqueológico. Esto no invalida las historias, pero reconoce que el contexto es importante
para la evaluación de las narrativas.

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