CANTORAL
HORA SANTA
DE GOZO SE LLENO
De gozo se llenó mi corazón
cuando escuche una voz
iremos a la casa del señor.
Tus caminos surcaron nuestros pies
llegándonos a ti, Jerusalén.
Fortísima ciudad, Jerusalén
llegan a ti las tribus de Yavé.
Haya doquiera en ti seguridad
y los que te aman gocen de la paz.
Dentro de tus murallas calma habrá,
y en tus palacios gran tranquilidad.
Para hermanos y amigos pediré
que disfruten de paz, Jerusalén.
JUNTOS CANTANDO LA ALEGRIA.
Juntos cantando la alegría
De vernos unidos en la fe
Y el amor.
Juntos sintiendo
En nuestras vidas
La alegre presencia del señor.
Somos la iglesia peregrina que Él fundó,
Somos un pueblo que camina sin cesar.
Entre cansancios y esperanzas hacia Dios
Nuestro amigo Jesús nos llevará.
Hay una fe que nos alumbra con su luz,
Una esperanza que empapo
Nuestro esperar,
Aunque la noche nos envuelva
En su inquietud,
Nuestro amigo Jesús nos guiará.
Es el señor, nos acompaña al caminar,
Con su ternura a nuestro lado siempre va,
Si los peligros nos acechan por doquier,
Nuestro amigo Jesús nos salvará.
QUE ALEGRIA CUANDO ME DIJERON
Que alegría cuando me dijeron;
Vamos a la casa del señor,
Ya están pisando nuestros pies
Tus umbrales Jerusalén.
Jerusalén está fundada
Como ciudad bien compacta;
Allá suben las tribus
Las tribus del señor.
Según la costumbre de Israel
A celebrar el nombre del señor;
En ella están los tribunales de justicia
En el palacio de David.
Desead la paz a Jerusalén,
Vivan seguros los que te aman;
Haya paz dentro de tus muros,
En tus palacios seguridad.
Por mis hermanos y compañeros
Voy a decir: “La paz contigo”,
Por la casa del señor nuestro Dios
Te deseo todo bien.
Vienen con alegría
Vienen con alegría señor,
Cantando vienen
Con alegría señor,
Los que caminan
Por la vida señor,
Sembrando tu paz y amor.
Vienen trayendo la esperanza
A un mundo cargado de ansiedad,
A un mundo que busca y que no alcanza
Caminos de amor y de amistad.
Vienen trayendo entre tus manos
Esfuerzos de hermanos por la paz,
Deseos de un mundo más humano
Que hable del bien y la verdad.
Cuando el odio y la violencia
Aniden en nuestro corazón
El mundo sabrá que por herencia
Le aguarda tristeza y dolor.
El señor es mi luz
El señor es mi luz y mi salvación
El señor es la defensa de mi vida,
Si el señor es mi luz,
¿A quién temeré?
¿Quién me hará temblar?
Una cosa pido al señor,
Habitar por siempre en su casa
Gozar de la dulzura del señor
Contemplando su templo santo.
No me escondas tu rostro, señor.
Buscare todo el día tu rostro,
Si mi padre y mi madre me abandonan
El señor me recogerá.
Oh señor, enséñame el camino,
Guíame por la senda verdadera,
Gozare de la dicha del señor
En la tierra de la vida.
Tu palabra me da vida.
Tu palabra me da vida,
Confió en ti, señor.
Tu palabra es eterna,
En ella esperare.
Dichoso el que con vida intachable
Camina en la ley del señor.
Dichoso el que, guardando sus preceptos,
Lo busca de todo corazón.
Postrada en el polvo esta mi alma,
Devuélveme la vida tu palabra.
Mi alma está llena de tristeza,
Consuélame, señor, con tus promesas.
Escogí el camino verdadero,
Y he tenido presentes tus decretos.
Correré por el camino del señor,
Cuando me hayas ensanchado el corazón.
Este es mi consuelo en la tristeza,
Sentir que tu palabra me da vida;
Por las noches me acuerdo de tu nombre,
Recorriendo tu camino dame vida.
Repleta esta la tierra de tu gracia
Enséñame, señor, tus decretos
Mi herencia son tus mandatos,
Alegría de nuestro corazón.
Te ofrecemos, señor, nuestra
juventud.
Te ofrecemos, señor,
Nuestra juventud.
Este día que amanece (anochecer)
Entre cantos y alegrías,
Este día en que sentimos
Tu presencia en nuestras vidas.
Ilusiones y esperanzas, la alegría de vivir
Todos juntos como hermanos
Caminando hacia ti.
El esfuerzo de los hombres,
El dominio de la tierra,
La llegada de tu reino,
Inquietud que se hace eterna.
Ofrecemos todos juntos
Nuestras vidas al señor;
Los trabajos y dolores,
La alegría y el amor.
Vino y pan hoy te ofrecemos;
Pronto se convertirán
En tu cuerpo y en tu sangre;
Fuente de alegría y paz.
Altísimo señor
Altísimo señor,
Que supiste juntar
A un tiempo en el altar
Ser, cordero y pastor
Quisiera con fervor
Amar y recibir
A quien por mi quiso, morir.
Cordero divinal, por nuestro sumo bien
Inmolado en Salén, en tu puro raudal;
De gracia celestial lava mi corazón,
Que fiel te rinde adoración.
Suavísimo maná, que sabe a dulce miel
Ven, y del mundo vil nada me gustará,
Ven y se trocará del destierro cruel
Con tu dulzura la amarga miel.
Oh convite real, te sirve el redentor
Al ciervo de señor, comida son igual,
Pan de vida inmortal,
Ven a entrañarte en mí,
Y quede yo trocado en ti.
Bendito, bendito, bendito sea
Dios.
Bendito, bendito
Bendito sea Dios,
Los ángeles cantan
Y alaban a Dios.
Yo creo, Jesús mío, que estas en el altar,
Oculto en la hostia te vengo a adorar.
Espero Jesús, mío, en tu suma bondad,
Poder recibirte con fe y caridad.
Por el amor al hombre
Moriste en una cruz,
Y al cáliz bajaste por nuestra salud.
Jesús, Rey del cielo está en el altar,
Su cuerpo, su sangre
Nos da sin cesar.
Entre sus ovejas está el buen pastor,
En vela continua lo tiene el amor.
En el corazón de mi madre.
En el corazón
De mi madre la iglesia,
Yo seré el amor.
He hallado en la iglesia
El lugar que me diste
Sé que en mi vocación
Todo lo es el amor
Anunciar tu evangelio
Predicando tu nombre,
Defender a tu iglesia,
Con la fe y el amor.
Avanzar por el mundo
Anunciando tu reino,
Construyendo en la tierra
Tu reinado de amor.
Ser amor en la iglesia
Para tus misioneros,
Dar valor a tus miembros
Por la fe y la oración.
Ser testigo de Cristo
Ser heraldo en el mundo
Y en fecunda unión
A los hombres salvar.
Sois la semilla
Sois la semilla que ha de crecer,
Sois la estrella que ha de brillar,
Sois levadura, sois grano de la sal,
Antorcha que debe alumbrar.
Sois la mañana que vuelve a nacer,
Sois espiga que empieza a granar,
Sois aguijón y caricia a la vez,
Testigos que voy a enviar.
Ir amigos, por el mundo
Anunciando el amor
Mensajero de la vida,
De la paz y el perdón.
Ser, amigos, los testigos
De mi resurrección.
Ir llevando mi presencia
Con vosotros estoy.
Sois una llama que ha de encender,
Resplandores de fe y caridad.
Sois los pastores que han de guiar
Al mundo por sendas de paz.
Sois los amigos que quise escoger,
Sois palabra que intento gritar,
Sois reino nuevo que empieza
A engendrar justicia, amor y verdad.
Sois fuego y savia que vine a traer,
Sois la ola que agita el mar.
La levadura pequeña de ayer,
Fermenta la masa del pan.
Una ciudad no se puede esconder,
Ni los montes se han de ocultar,
En vuestras obras que buscan el bien,
Los hombres al Padre verán.
Yo soy testigo.
Yo soy testigo del poder de Dios,
Por el milagro que Él ha hecho en mí,
Yo estaba ciego, mas ahora veo la luz,
La luz divina que me dio Jesús.
No, no, no, nunca, nunca,
Nunca, me ha dejado;
Nunca, nunca me ha desamparado;
En la noche obscura,
O en el día de prueba,
Jesucristo nunca me desamparará.