MÓDULO
2
CONTEXTUALIZAR
LAS VIOLENCIAS
POR RAZONES
DE GÉNERO
Diplomatura en Abordaje Estatal Integral
de las Violencias por Razones de Género
CONTEXTUALIZAR
LAS VIOLENCIAS
POR RAZONES
DE GÉNERO
Diplomatura en
Abordaje Estatal Integral
de las Violencias
por Razones de Género
GOBIERNO DE LA PROVINCIA UNIVERSIDAD NACIONAL
DE BUENOS AIRES ARTURO JAURETCHE
Axel Kicillof Dr. Arnaldo Medina
Gobernador Rector
Verónica Magario Ing. Miguel Binstock
Vicegobernadora Vicerrector
Estela Díaz Daniela Losiggio
Ministra de Mujeres y Diversidad Directora de Género, Diversidad y DDHH
Laurana Malacalza
Subsecretaria de Políticas contra
las Violencias por Razones de Género
ESCUELA DE GÉNERO, GOBIERNO
Y COMUNIDAD
Iris Pezzarini
Directora Ejecutiva
Paula Costanzo
Directora de Formación
Natalia Laclau
Directora de Políticas Culturales
para la Igualdad
Carolina Atencio
Directora de Investigaciones
CONSEJO ASESOR ACADÉMICO
ESCUELA DE GENERO, GOBIERNO
Y COMUNIDAD
Dora Barrancos
Presidenta Honoraria del
Consejo Asesor Académico
Integrantes
Consejo Latinoamericano de Ciencias
Sociales (CLACSO)
Comisión Económica para América
Latina y el Caribe (CEPAL)
EQUIPO DIPLOMATURA
Coordinación general
Cora Santandrea
Coordinación pedagógica
Ana Laura Steiman
Responsable de tutorías
María Laura Bagnato
Contenidos
María Eugenia Cuadra
Agradecemos los aportes de Dora Barrancos, Ana
María Fernández, Daniela Lossigio y Rosario Castelli
EQUIPO DE DIRECCIÓN
DE POLÍTICAS CULTURALES
PARA LA IGUALDAD
Corrección de textos
Josefina Itoiz
Mecu Rubini
Verónica Yattah
Diseño gráfico
Julián Balangero
Nicolás Vasallo
Ilustraciones
Nicolás Castelo
ÍNDICE
7 PRÓLOGO
9 PREFACIO
11 PUNTO DE PARTIDA
13 Clase 1. Las violencias por razones
de género como violencia transhistórica
13 El carácter histórico-político de las violencias
por razones de género
14 La transhistoricidad de las violencias por razones de género
18 La caza y quema de brujas en el advenimiento del capitalismo
21 El Estado moderno en nuestra América: el entronque patriarcal
23 Clase 2. Las desigualaciones de género y su relación
con las violencias por razones de género
23 Las violencias por razones de género son violencias políticas
30 La mistificación del patriarcado
31 La alianza Estado nación-patriarcado-capital
36 La división sexual del trabajo y su relación
con las desigualaciones de género
42 Clase 3. Diversidad sexual y violencias contra
el colectivo LGTBI+
42 Puntos de partida para comprender las violencias
hacia LGTBI+: sexo, género, cisexismo y heteronorma
49 Diversidades sexo-genéricas: conceptos claves
52 Violencias y violencias por razones de género
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MINISTERIO DE MUJERES Y DIVERSIDAD
53 ¿Cómo se construyen las violencias contra LGTBI+?
57 El concepto de interseccionalidad para la comprensión
y abordaje de las violencias por razones de género
59 BIBLIOGRAFÍA Y MATERIALES SUGERIDOS
ESCUELA DE GÉNERO, GOBIERNO Y COMUNIDAD
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MINISTERIO DE MUJERES Y DIVERSIDAD
PRÓLOGO
Estela Díaz, ministra de las Mujeres y Diversidad
de la Provincia de Buenos Aires
La creación de la Escuela de Género, Gobierno y Comunidad (EGGyC)
de la provincia de Buenos Aires materializa un sueño que nació al inicio
de la gestión de nuestro ministerio en diciembre de 2019 y es el coro-
lario de un proceso que fuimos gestando en los últimos años a través
de múltiples instancias formativas y culturales a lo largo y ancho del
territorio provincial.
Nos encontramos transitando un contexto en el que los derechos
conquistados por las mujeres y LGTBI+ de nuestro país se encuen-
tran gravemente amenazados ante la proliferación de discursos de
odio, marca registrada del actual gobierno nacional que, crueldad
mediante, intenta socavar nuestra dignidad y hacernos retroceder
siglos de conquistas.
La eliminación del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad
de la Nación y la discontinuidad de políticas de asistencia fundamen-
tales para personas en situación de violencia de género, junto a la
implementación de un modelo de ajuste que acrecienta las desigual-
dades, profundiza de manera exponencial la feminización e infantiliza-
ción de la pobreza y la indigencia, y atenta de manera directa contra
las condiciones de vida de las mujeres en todo el país en general y
en la provincia en particular. Enfrentamos un presente en el que las
mujeres y LGTBI+ nos hemos convertido en blanco de ataque de una
política deshumanizante e institucionalizada que intenta constituirse
como discurso hegemónico.
Como gobierno provincial tenemos el mandato histórico, el voto
popular, la convicción y la responsabilidad de defender estas agendas
como nunca antes, redoblando los esfuerzos para consolidarlas en la
gestión de la PBA, en los municipios bonaerenses, junto a las orga-
nizaciones sociales, sindicales, académicas, culturales y comunitarias.
Vamos a seguir recuperando las voces de las protagonistas de las lu-
chas históricas y recientes, y a brindar herramientas para seguir posi-
cionando a la igualdad de género como un factor central de desarrollo
personal y social.
ESCUELA DE GÉNERO, GOBIERNO Y COMUNIDAD
7
MINISTERIO DE MUJERES Y DIVERSIDAD
La construcción de la Escuela se nutre de la tradición estatal bo-
naerense, que ha creado instancias de formación para efectores públi-
cos en áreas claves como salud, seguridad, gobierno, entre otras. Esto
obedece al caudal enorme de experiencias y saberes que provienen
de la gestión pública, como fuente fundamental para la formación de
trabajadoras y trabajadores de distintas áreas y jurisdicciones. Es por
esto que en la provincia de Buenos Aires nace la EGGyC y se propone
acercar iniciativas de formación para todo el territorio provincial. Por-
que seguimos creyendo que la única manera de generar mayores con-
diciones de bienestar, tanto materiales como simbólicas, para todas
las y los bonaerenses es fortaleciendo el Estado y las políticas públicas,
para seguir transformando las inequidades en oportunidades, las vio-
lencias en proyectos de vida libres y la exclusión en justicia social.
Los recorridos formativos y culturales de la EGGyC incluyen a efec-
tores públicos de los tres poderes del Estado —Ejecutivo, Legislativo
y Judicial— en jurisdicción provincial y de los 135 municipios. También
ampliamos las propuestas formativas para todas aquellas personas
que día a día sostienen los lazos sociales en los territorios más gol-
peados por la actual crisis económica y social, que tiene a las mujeres
y LGTBI+ como principales afectadas: espacios deportivos, sindicatos,
organizaciones políticas, de base y otros ámbitos que componen el te-
jido de la provincia de Buenos Aires.
Reivindicar y rejerarquizar la formación en género y diversidad es
una apuesta a la transformación cultural que debemos llevar adelan-
te con urgencia para vivir en sociedades más igualitarias. El Estado,
en todos sus niveles, debe fortalecer sus capacidades para ampliar su
compromiso con la transformación y la construcción de oportunidades
reales para las mayorías.
Abrir las puertas de la EGGyC significa poner a funcionar una he-
rramienta pedagógica, política y cultural que comparte identidad con
las luchas históricas que nos trajeron hasta aquí y que nos ubican en
el reconocimiento de los Derechos Humanos como rectores de nues-
tra vida en democracia. Sabemos que solo con más y mejor Estado
al servicio de estos objetivos seguiremos ampliando los sueños que
compartimos las y los bonaerenses, y así construir un futuro que nos
incluya a todas y a todos, con más igualdad y más justicia social.
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MINISTERIO DE MUJERES Y DIVERSIDAD
PREFACIO
Iris Pezzarini, directora ejecutiva de la Escuela
de Género, Gobierno y Comunidad
Tal como refiere nuestra Ministra Estela Diaz, en el actual contexto de
retracción de derechos, desfinanciación a nivel nacional de las políticas
de género y diversidad y recrudecimiento de los discursos de odio, el
Gobierno de la Provincia de Buenos Aires impulsa y diseña políticas
cuyo propósito es fortalecer las estrategias de igualdad de oportu-
nidades, para cerrar las brechas entre los géneros y erradicar las vio-
lencias. En este marco, la creación de la Escuela de Género, Gobierno
y Comunidad (EGGyC) de la provincia de Buenos Aires, se instituye en
la certeza de potenciar la convivencia respetuosa e igualitaria entre
todas las personas que viven en el territorio bonaerense.
En este sentido, cada una de las acciones de formación constituye
una herramienta pedagógica, política y cultural para transversalizar la
perspectiva de género y diversidad en el Estado, en las organizaciones
sociales y comunitarias y en otros ámbitos que componen el tejido so-
cial de la provincia. Nuestro desafío es contribuir en una transforma-
ción cultural que promueva relaciones igualitarias y subvertir patrones
de desigualdad que aún persisten en nuestra sociedad. Para esto des-
plegamos una multiplicidad de dispositivos y políticas públicas desde
un enfoque pedagógico que se nutre de los saberes de la educación
popular y de los feminismos bonaerenses, nacionales y regionales.
Las estrategias y dispositivos pedagógicos de la EGGyC están des-
tinados a agentes estatales en todos sus niveles, integrantes de or-
ganizaciones sociales y comunitarias, sindicatos, clubes, medios de
comunicación y empresas, partidos políticos, población bonaerense en
general y mujeres y LGTBI+ en particular. Poner en valor las experien-
cias colectivas de formación en género y diversidad es una apuesta
política potente para correr el límite de lo posible en la búsqueda de la
ciudadanía democrática y plena para mujeres y LGTBI+.
Todavía existen paradigmas sociales y culturales que ubican a mu-
jeres y LGTBI+ en posición de desigualdad de poder —distribución asi-
métrica de los trabajos de cuidado, menor acceso a derechos formales,
alta exposición a todo tipo de violencias y discriminación en todos
ESCUELA DE GÉNERO, GOBIERNO Y COMUNIDAD
9
MINISTERIO DE MUJERES Y DIVERSIDAD
los ámbitos de la vida social—. Reflexionar, desnaturalizar y generar
acciones que promuevan la equidad solo es posible a través de pro-
cesos de transformación cultural que se den en articulación entre los
múltiples sectores del tejido social bonaerense.
La EGGyC toma como marco central, a través de distintos disposi-
tivos pedagógicos, los contenidos de la Ley Nº 27.499 “Ley Micaela”.
Entre otras líneas, nos proponemos profundizar y consolidar una red
intraestatal e intersectorial de prevención y abordaje de las violen-
cias por razones de género en la provincia de Buenos Aires. Con tal
fin damos inicio a dos procesos formativos de pregrado articulados
entre sí, en convenio con la Universidad Nacional Arturo Jauretche.
Se trata de dos diplomaturas: “Abordaje Integral Estatal de las Vio-
lencias por Razones de Género”, dirigida a agentes estatales de la
provincia de Buenos Aires, integrantes de áreas de salud, seguridad,
justicia, poder judicial y áreas municipales, y “Prevención Comunita-
ria de las Violencias por Razones de Género”, dirigida a integrantes
de organizaciones sociales que a diario acompañan la problemática
en sus comunidades.
Ambas diplomaturas están orientadas a presentar herramientas
concretas para el abordaje y la prevención de las violencias de género
desde un enfoque de Derechos Humanos, priorizando la integralidad y
la interseccionalidad. El objetivo es propiciar el diálogo entre las y los
actores que, acorde al grado de competencia, intervienen y abordan
la problemática a diario. En otras palabras, la EGGyC aportará cono-
cimientos prácticos y teóricos para fortalecer y jerarquizar de forma
institucional el abordaje de las violencias entre las y los actores del
territorio provincial.
En cada una de sus líneas de formación y en esta Diplomatura en
particular, la EGGyC es una oportunidad histórica para construir y for-
talecer saberes que abran posibles horizontes emancipatorios. Nues-
tro faro es lograr una malla sinérgica estatal para el abordaje de la
desigualdad y violencias por razones de género, que contribuya a la
tan anhelada transformación social.
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MINISTERIO DE MUJERES Y DIVERSIDAD
PUNTO DE PARTIDA
Laurana Malacalza, Subsecretaria de Políticas contra
las Violencias por Razones de Género
Frente a la fragmentación y desarticulación de las intervenciones es-
tatales, el desafío entonces se define en torno a la integralidad de
las políticas públicas. Tanto desde los movimientos feministas en
Argentina como desde los organismos internacionales de derechos de
las mujeres y LGTBI+ se reclama por la definición de un modelo inte-
gral de abordaje de las violencias por razones de género.
Sin dudas, el desafío es definir qué significa la integralidad
en las políticas públicas. A mi entender, supone dos dimensiones: la
primera, garantizar el acceso a las mujeres y diversidad a los derechos
económicos, políticos, sociales y culturales para garantizar su autono-
mía física y económica. Por ello, es necesario garantizar el acceso a la
formación en empleo, el acceso a vivienda, a programas sociales, a la
ayuda ante casos de emergencia, entre otros. En segundo lugar, es im-
prescindible impulsar articulaciones entre los distintos niveles del Es-
tado, pues la transversalidad de la perspectiva de género en todos los
ámbitos para el diseño y ejecución de estas políticas es prioritario para
alcanzar estas definiciones. Para ello, resulta necesario desarrollar
diagnósticos situados, regionales y locales, que permitan identi-
ficar los dispositivos estatales existentes, las redes territoriales
y comunitarias, las organizaciones de la sociedad civil, los recursos
técnicos y profesionales. Y, principalmente, fortalecer desde lo estatal
para hacer frente a las violencias que atraviesan esos territorios.
El desafío es construir una agenda capaz de interpelar las des-
igualdades sociales, económicas, de género y darse estrategias
creativas y colectivas de organización territorial frente a las múlti-
ples violencias que nos atraviesan.
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11
MINISTERIO DE MUJERES Y DIVERSIDAD
INTRODUCCIÓN
MÓDULO 2 El ejercicio que queremos proponerles en este recorrido consiste
Contextualizar las
en contextualizar las violencias por razones de género. En una pri-
violencias por razones
de género mera aproximación, podemos afirmar que entendemos a las vio-
lencias por razones de género como un campo problemático con
múltiples dimensiones, por ello consideramos necesario armar una
caja de herramientas para el trabajo diario, que además incentive
la formulación de nuevos interrogantes y reflexiones en torno a
las prácticas cotidianas, nuestros saberes y las posibilidades de ac-
ción. Al respecto, Ana María Fernández señala:
Pensar y producir acción estatal implica, en primer término,
revisar lo ya sabido, indagar nuestras prácticas y visibilizar
lógicas patriarcales aún naturalizadas. Allí es necesaria una
fuerte revisión de cuestiones que a priori serían teóricas, pero
se expresan en cada acción, por pequeña que esta sea. Este
primer movimiento de desnaturalizar lo invisibilizado permite
establecer distintos modos de abrir preguntas, problematizar
nuestros bagajes conceptuales y sus prácticas como también
revisar las profesiones y disciplinas de las que venimos (2022,
fasc. III, parte 1, pág. 6).
A lo largo de esta clase, intentaremos trazar coordenadas que nos per-
mitan rastrear algunas particularidades de las violencias por razones
de género, ubicar aquellos puntos nodales para su sostenimiento y re-
producción: situarnos en contextos que nos permitan dimensionar sus
alcances con el objetivo de avanzar en un camino colectivo de trans-
formación de aquellas circunstancias que operan en la producción de
violencias.
ESCUELA DE GÉNERO, GOBIERNO Y COMUNIDAD
12
MINISTERIO DE MUJERES Y DIVERSIDAD
CLASE 1 RESUMEN CLASE
Las violencias El carácter histórico-político de las violencias por razones de género.
por razones La transhistoricidad de las violencias por razones de género.
La invención del patriarcado. La caza y quema de brujas en el advenimiento
de género
del capitalismo. El Estado moderno en nuestra América: el entronque
como violencia patriarcal.
transhistórica
El carácter histórico-político de las violencias
por razones de género
Es en los años 70 cuando en Latinoamérica comienza a visibilizarse el
campo de problemas que hoy nos convoca (Sagot, 2008). Por aquel
entonces, se hacía referencia a la “violencia contra la mujer” o a la “vio-
lencia doméstica”, y a quienes padecían estas violencias se las nombra-
ba como “mujeres maltratadas”. La violencia patriarcal se comprendía
en términos binarios, no se hacía aún referencia a las violencias contra
LGTBI+. Con el paso del tiempo, se han ido creando nuevas conceptua-
lizaciones para dar cuenta con mayor especificidad de la realidad in-
justa que se busca transformar. En la actualidad, hacemos referencia a
las violencias por razones de género en tanto esta expresión “(...) pone
de manifiesto las causas y los efectos relacionados con el género de la
violencia. La expresión refuerza aún más la noción de la violencia como
problema social más que individual, que exige respuestas integrales,
más allá de aquellas relativas a sucesos concretos, autores y víctimas
y supervivientes” (CEDAW, Rec. 35, párr. 9).
Afirmar que las violencias se producen por razones de género e impli-
can un problema social nos permite:
• rastrear su historicidad, es decir, qué sucesos históricos permiten
pensar su surgimiento y sostenimiento;
• reflexionar sobre cómo se articula este problema con desigualacio-
nes sociales que promueven el ejercicio de violencias;
• ubicar que las violencias por razones de género no sólo afectan a
quienes las padecen en lo cotidiano sino que también impactan en
las comunidades en las cuales se producen: no son un problema
exclusivo de las mujeres y LGTBI+ sino que involucran y atañen a
la sociedad toda y a la comunidad en particular donde suceden.
ESCUELA DE GÉNERO, GOBIERNO Y COMUNIDAD
13
MINISTERIO DE MUJERES Y DIVERSIDAD
La transhistoricidad de las violencias
por razones de género
Una vez ubicado el carácter social del campo de problemas, se abre
la pregunta por las estructuras de poder que lo sustentan. La histo-
riadora Dora Barrancos (2022) señala que las violencias por razones
de género implican una violencia transhistórica, es decir, que tiene un
origen en la historia de la humanidad, que es una invención humana
que surge de la mano del patriarcado y que hay que remontarse en el
tiempo para buscar su inicio. De esta manera, podemos señalar una
primera característica del patriarcado: su persistencia en el transcurso
de la historia. El ejercicio de rastreo histórico es fundamental porque
nos permite ver sus transformaciones a lo largo del tiempo, ubicar qué
efectos tiene esta larga historia en nuestros días y qué luchas han per-
mitido a las mujeres y LGTBI+ ampliar los márgenes de su ciudadanía.
La historiadora norteamericana Gerda Lerner define al patriarcado como: “(...) la mani-
festación y la institucionalización del dominio masculino sobre las mujeres y los niños
de la familia y la ampliación de ese dominio masculino sobre las mujeres a la sociedad
en general. Ello implica que los varones tienen el poder en todas las instituciones im-
portantes de la sociedad y que se priva a las mujeres de acceder a él. No implica que
las mujeres no tengan ningún tipo de poder o que se las haya privado por completo de
derechos, influencia y recursos. Una de las tareas que supone un mayor desafío en la
Historia de las mujeres es rastrear con precisión las diferentes formas y los modos en
que aparece históricamente el patriarcado, los giros y los cambios en su estructura y en
sus funciones, y las adaptaciones que realiza ante las presiones y demandas femeninas”
(1985, pág. 340).
Es decir, la noción de patriarcado enfatiza el carácter asimétrico de
las jerarquías sociales entre los géneros. Al hacer referencia a jerar-
quías sociales pone en primer plano la desigualación política entre los
géneros y nos permite pensar en complejos procesos sociales que,
a lo largo de la historia, se han puesto en juego para la producción y
sostenimiento de dichas desigualaciones, que son la base de las vio-
lencias por razones de género.
ESCUELA DE GÉNERO, GOBIERNO Y COMUNIDAD
14
MINISTERIO DE MUJERES Y DIVERSIDAD
La invención del patriarcado
En general, cuando en la escuela estudiamos la evolución humana,
los contenidos se centran en el desarrollo de la evolución biológica de
nuestra especie. En este sentido, la constitución de la especie Homo
Sapiens Sapiens de la cual somos herederas y herederos, en la con-
figuración del proceso de humanización, se sitúa hace 30.000 años
aproximadamente.
Los nuevos espacios
de la vida en el
período Neolítico
Han sido historiadoras, antropólogas y ar-
Dora Barrancos (2022) sostiene que la queólogas las que han echado luz sobre as-
violencia por razones de género tiene pectos vinculados a las relaciones de poder
un carácter transhistórico asociado en la historia de la evolución humana y quie-
al surgimiento del patriarcado como nes evidenciaron que no existían diferencias
forma de organización social. Es decir, jerarquizadas entre los géneros antes de
el patriarcado es una invención que se 7.000 años atrás en la historia de la huma-
produjo en un momento determinado nidad. Gerda Lerner (1985), una autora cla-
de nuestra evolución histórica. ve en este campo en tanto ha dado cuenta
de los orígenes del patriarcado en occidente,
afirma que el período de conformación del
patriarcado fue extenso, no ocurrió de un día para el otro. La jerarqui-
zación social de los varones en detrimento de las poblaciones femeni-
nas implicó un proceso que llevó cerca de 2500 años y habría tenido
ESCUELA DE GÉNERO, GOBIERNO Y COMUNIDAD
15
MINISTERIO DE MUJERES Y DIVERSIDAD
su origen en el período Neolítico Superior, momento en que la organi-
zación societal se vio modificada por el sedentarismo, el desarrollo de
la agricultura y la aparición de nuevas herramientas.
La división sexual
del trabajo ya existía
en Europa hace En este artículo se presenta una investigación
7.000 años arqueológica que refuerza la hipótesis de que
las raíces de las desigualdades de género podrían
encontrarse, en parte, en las implicaciones sociales
que tuvieron los cambios demográficos y tecnológi-
cos del período Neolítico.
En su libro La creación del patriarcado, Gerda Lerner discute con
Federico Engels, quien en 1884, en su libro El origen de la familia, la
propiedad privada y el Estado, había planteado que el origen del pa-
triarcado se vinculaba al inicio de un fenómeno que antes no se conocía
en la historia de la humanidad: el surgimiento y apropiación de la pro-
piedad privada. Este autor propuso que la subordinación social de las
mujeres estaba directamente ligada a la potestad que los varones se
atribuyeron sobre los bienes y de ciertos recursos, volviéndose parte
de su patrimonio. Engels postuló que en las sociedades tribales, el inicio
de la domesticación de animales propició el surgimiento del comercio y
la apropiación de los rebaños por parte de los jefes de familia. Sin em-
bargo, no logró explicar cómo se produjo esta transición. De esta mane-
ra, los excedentes generados por la ganadería quedaron en manos de
los hombres, quienes los transformaron en propiedad privada. A partir
del surgimiento de la propiedad individual, los varones buscaron perpe-
tuar el control sobre estos bienes, asegurando la herencia mediante la
institucionalización de la familia monógama, con la consecuente regu-
lación y restricción de la sexualidad femenina. Desde esta perspectiva,
la propiedad privada habría dado lugar al surgimiento del patriarcado.
Las feministas de los años 60 comenzaron a generar conocimiento
respecto a la subordinación de las mujeres. En ese escenario es que
surge el texto de la historiadora Gerda Lerner antes mencionado. Ler-
ner discute con la propuesta de Engels: retoma su planteo y propone
que el primer objeto de patrimonio que se atribuyeron los varones fue
la sexualidad de las mujeres. La dominación masculina no se ejerció
primeramente sobre la propiedad y los recursos naturales sino sobre
el cuerpo de las mujeres.
ESCUELA DE GÉNERO, GOBIERNO Y COMUNIDAD
16
MINISTERIO DE MUJERES Y DIVERSIDAD
Imagen creada
en la primera
mitad del siglo XVI.
Representa a La
Malinche y las mujeres
hijas de los nobles de
Tlaxcala, en México,
que fueron entregadas
a los españoles.
La sexualidad de las mujeres, es decir, sus capacidades y ser-
vicios sexuales y reproductivos, se convirtió en una mercancía
antes incluso de la creación de la civilización occidental. El de-
sarrollo de la agricultura durante el periodo neolítico impulsó
el “intercambio de mujeres” entre tribus, no sólo como una
manera de evitar las guerras incesantes mediante la conso-
lidación de alianzas matrimoniales, sino también porque las
sociedades con más mujeres podían producir más niños. A di-
ferencia de las necesidades económicas en las sociedades ca-
zadoras y recolectoras, los agricultores podían emplear mano
de obra infantil para incrementar la producción y acumular
excedentes. El colectivo masculino tenía unos derechos so-
bre las mujeres que el colectivo femenino no tenía sobre los
hombres. Las mismas mujeres se convirtieron en un recurso
que los hombres adquirían igual que se adueñaban de las tie-
rras (...) más tarde se las conquistaría o compraría como escla-
vas, con lo que las prestaciones sexuales entrarían a formar
parte de su trabajo y sus hijos serían propiedad de sus amos
(Lerner, 1985, pág. 310).
Ahora bien, hasta este punto estuvimos haciendo referencia al surgi-
miento del patriarcado, pero ¿existió alguna vez un matriarcado? Dora
Barrancos (2022) afirma que no existe registro de sociedades matriar-
cales. Se conoce la existencia de sociedades matrilineales, es decir, so-
ciedades en las que las mujeres organizaban el lazo comunitario de-
bido al incuestionable acto de parir y a la maternidad, pero esto no
ESCUELA DE GÉNERO, GOBIERNO Y COMUNIDAD
17
MINISTERIO DE MUJERES Y DIVERSIDAD
significa que hayan gozado de un poder que
La división sexual del trabajo es una haya subsumido a otros en un determinado
invención del patriarcado, que regula momento histórico. De lo que sí hay registro
las relaciones entre los géneros con la es de que en otros momentos históricos no
consecuente subordinación de las mu- existía la diferenciación jerárquica entre los
jeres en sus respectivas comunidades. sexos y no había distinción en las funciones
sociales, no había actividades exclusivas divi-
didas por género.
La filósofa española Celia Amorós (2005) caracteriza al patriarcado
como un sistema metaestable. Esto implica, como venimos desarro-
llando, que el patriarcado no se trata de una esencia sino que sus for-
mas se adecúan a distintos momentos de organización económica y
social a lo largo de la historia. Se preserva de esta manera el sistema de
ejercicio del poder y de distribución del reconocimiento entre los pares.
La caza y quema de brujas en el advenimiento
del capitalismo
Para seguir profundizando en las transformaciones del patriarcado a
lo largo de la historia, se destaca la investigación de Silvia Federici,
Calibán y la bruja: mujeres, cuerpo y acumulación originaria (2011),
donde analiza los procesos de acumulación originaria de las potencias
de las mujeres en los procesos de transición del feudalismo al capi-
talismo en la Europa medieval. Para que esto fuera posible se llevó
adelante un desplazamiento de las mujeres de la esfera pública, la cual
habitaban, hacia la esfera privada. De esta manera se profundizó el
proceso de domesticidad y el valor del cuerpo de las mujeres pasó a
estar en su capacidad reproductiva.
La restricción de las mujeres al ámbito privado doméstico conllevó la disolución de
las redes y alianzas políticas que habían construido entre sí. Por lo tanto, para que
el patriarcado lograra consolidar su modelo económico y político moderno, fue ne-
cesario desarticular el poder social que ostentaban las mujeres. Con este fin, se les
expropió y prohibió el ejercicio de sus conocimientos en materia de salud integral
y cuidado de la tierra. Asimismo, se vieron impedidas de participar activamente
en la política, de habitar el espacio público y de organizar la vida comunitaria. En
suma, las mujeres fueron sistemáticamente excluidas, marginadas y proscriptas
de la vida pública.
ESCUELA DE GÉNERO, GOBIERNO Y COMUNIDAD
18
MINISTERIO DE MUJERES Y DIVERSIDAD
En ese momento histórico se produjo una alianza entre el poder feudal
y la autoridad eclesiástica de la Iglesia, dando origen al Estado moder-
no y, simultáneamente, a la ciencia hegemónica moderna. Esto implicó
la implantación de un nuevo orden socio-afectivo y sexual basado en
la familia nuclear heteronormativa. Para lograr instaurar este nuevo
orden, se implementaron diversos dispositivos de disciplinamiento
social e institucional. Tuvo lugar entonces uno de los genocidios más
atroces de la historia: la caza de brujas y la persecución a quienes eran
señalados como herejes, incluyendo al campesinado acusado de in-
subordinación religiosa.
Obra:
De Lamiis
et Pythonicis
Mulieribus
(De brujas
y mujeres adivinas)
Autor:
Ulrich Milotor, 1489
En este contexto de obediencia forzada y tortura, las mujeres repre-
sentaban un peligro al poseer conocimientos curativos y habilidades
políticas, al organizar la vida comunitaria, al trabajar las tierras que
poseían y al resistirse a la imposición de la domesticidad y la fami-
lia nuclear regulada por el Estado y la Iglesia. Fueron señaladas como
brujas, adoradoras del demonio, enemigas de la fe, con poderes de
seducción capaces de enloquecer a los hombres, lo que devino en su
ESCUELA DE GÉNERO, GOBIERNO Y COMUNIDAD
19
MINISTERIO DE MUJERES Y DIVERSIDAD
persecución, torturas y asesinatos masivos. Esta estrategia de discipli-
namiento tuvo además como consecuencia la de inculcar en los varo-
nes el miedo y el desprecio hacia las mujeres, desvalorizar y desconfiar
del placer sexual femenino y de LGTBI+.
La caza de brujas, así como la trata de esclavos y la conquista
de América, fue un elemento imprescindible para instaurar el
sistema capitalista moderno, ya que cambió de una manera
decisiva las relaciones sociales y los fundamentos de la repro-
ducción social, empezando por las relaciones entre mujeres y
hombres y mujeres y Estado. En primer lugar, la caza de brujas
debilitó la resistencia de la población a las transformaciones
que acompañaron el surgimiento del capitalismo en Europa:
la destrucción de la tenencia comunal de la tierra; el empo-
brecimiento masivo y la inanición y la creación en la población
de un proletariado sin tierra (...) También se amplió el control
del Estado sobre el cuerpo de las mujeres, al criminalizar el
control que estas ejercían sobre su capacidad reproductiva y
su sexualidad (las parteras y las ancianas fueron las primeras
sospechosas). El resultado de la caza de brujas en Europa fue
un nuevo modelo de feminidad y una nueva concepción de la
posición social de las mujeres, que devaluó su trabajo como
actividad económica independiente (proceso que ya había co-
menzado gradualmente) y las colocó en una posición subor-
dinada a los hombres (Federici, 2013).
Es decir, esta nueva división sexual del trabajo excluyó a las mujeres
del trabajo asalariado y las subordinó a los hombres. Además sometió
la función reproductiva de las mujeres a la reproducción de la fuerza
de trabajo. Finalmente, la persecución de las brujas, tanto en Europa
como en nuestra América, fue tan importante para el desarrollo del
capitalismo como la colonización y como las expropiaciones de tierras
al campesinado.
ESCUELA DE GÉNERO, GOBIERNO Y COMUNIDAD
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MINISTERIO DE MUJERES Y DIVERSIDAD
El Estado moderno en nuestra América:
el entronque patriarcal
El Estado moderno capitalista que se desarrolla en Europa en el me-
dioevo luego será traído a América a través de la invasión colonial,
instaurando un modelo político basado en el ejercicio del poder, la
dominación y la opresión. En ese marco, las mujeres y LGTBI+ serán
particularmente perseguidas y disciplinadas y objeto de este modelo
político. La interseccionalidad de opresiones en América Latina hunde
sus raíces sobre un doble proceso de colonización: el político imperial
y el ideológico patriarcal (Gargallo, 2014). Hay autoras, como María
Lugones, que señalan que el patriarcado fue una introducción de la
colonización en nuestros territorios, en tanto que otras investigadoras
plantean que no solo existe un patriarcado occidental en el Abya Yala,
el territorio de nuestra América, sino otro ancestral milenario origina-
rio construido en valores cosmogónicos, basándose en fundamentalis-
mos étnicos y esencialistas, lo cual fue condición previa necesaria para
el “entronque patriarcal”.
El entronque patriarcal “(...) plantea dos troncos, el patriarcado ancestral y el pa-
triarcado colonial europeo que se entroncan, se articulan, se coordinan y comple-
mentan, pero no son ni iguales ni lo mismo. Este es el hecho histórico trascenden-
tal de dominación que perdura hasta nuestros días y que, a pesar de los intentos
por derrotarlo, continúa creciendo, inventando más instrumentos de opresión y
actualizando otros, como el esclavismo, por ejemplo, en la llamada trata y tráfico
de personas” (Paredes Carvajal, 2018, pág. 56)
Entrevista realizada
a Julieta Paredes y
Adriana Guzmán
sobre el feminismo
comunitario como
herramienta
de lucha.
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MINISTERIO DE MUJERES Y DIVERSIDAD
En esta línea, Rita Segato señala que:
el patriarcado tiene una historia más larga que la raza, pero
me doy cuenta de que hay una transformación, una mutación
de la manera de generizar, de atribución de supremacía de un
género sobre otro, de patriarcalizar, como consecuencia de la
racialización. Es fácil entender la violencia del hombre blanco
sobre la mujer indígena o negra, pero es difícil comprender
la violencia del hombre no blanco sobre la mujer no blanca.
Eso ocurre como consecuencia de la conquista y colonización.
El hombre no blanco se vuelve violento, dominante de una
forma en que nunca fue antes, aunque existiera un desnivel
de prestigio (...) El género también se vuelve determinado por
una naturaleza otra, cosa que antes no existía (Segato, 2022).
Es por ello que señala el pasaje de un patriarcado de baja intensidad
a un patriarcado de alto impacto que involucra un reordenamiento
de los espacios sociales e importantes transformaciones en los mo-
dos de estructuración de las relaciones en las comunidades originarias
(Segato, 2016).
Previo a la intrusión colonial, los espacios público y privado se es-
tructuraban en torno a un ordenamiento dual en el cual ambos con-
servaban su plenitud aunque pudiera existir una relación jerárquica: el
espacio público no subsumía al privado. Este ordenamiento social dual
pasa a ser capturado por una estructuración social binaria a partir de
la intrusión colonial. En el marco de este pasaje es que la otredad pier-
de su carácter pleno y pasa a ser definida en función del “Uno” que se
instauró como referente de la humanidad. Este punto lo ampliaremos
en la próxima clase.
En síntesis, la articulación entre patriarcado, poder colonial y ca-
pitalismo en América tuvo por objetivo específico la apropiación del
poder social, político, comunitario y de las potencias productivas de
las mujeres y LGTBI+. Para lograrlo, utilizaron como herramienta el
disciplinamiento a través de la discriminación, la desigualdad, la tor-
tura y la muerte.
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CLASE 2 RESUMEN CLASE
Las desigualacio- Las violencias por razones de género son violencias políticas. La
nes de género mistificación del patriarcado. La alianza Estado nación-patriarcado-capital.
La división sexual del trabajo y su relación con las desigualaciones de
y su relación con
género.
las violencias
por razones de
género
En la clase anterior nos hemos centrado en la dimensión histórica de
las violencias por razones de género para dar cuenta de su carácter
transhistórico. En esta clase pondremos el foco en su dimensión po-
lítica. Cabe destacar que estas dimensiones no pueden pensarse por
separado, una sin la otra. Pero a los fines de facilitar distintos acer-
camientos al campo de problemas les proponemos este recorrido.
Reconocer las violencias por razones de género como un problema so-
cial nos permite ubicar su dimensión política. Esto implica reconocer
que bajo el ejercicio de las violencias existen relaciones desiguales de
poder, que son parte de las dinámicas sociales y que de alguna manera
facilitan y/o avalan ese ejercicio. Por ello, nos enfocaremos en cómo se
producen las desigualaciones que son la base sobre la cual se sostie-
nen dichas violencias.
Las violencias por razones de género
son violencias políticas
Para comenzar a acercarnos a la dimensión política de las violencias
por razones de género, vamos a trazar una primera definición:
Las violencias por razones de género son aquellas múltiples formas de violencia
ejercidas contra mujeres y LGTBI+ motivadas por su identidad de género, expre-
sión de género y orientación sexual, en el marco del patriarcado. Por lo tanto, se
trata de una problemática social de relevancia en tanto involucra la vulneración de
Derechos Humanos de un amplio grupo poblacional.
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Las violencias por razones de género se manifiestan de diferentes for-
mas, de allí que se reconozcan diferentes tipos: física, psicológica, se-
xual, política, económica y patrimonial, simbólica. Estas manifestacio-
nes pueden ser llevadas adelante en diversos contextos: en el ámbito
doméstico, en las instituciones —de salud, de seguridad, educativas,
por mencionar algunas—, en el ámbito laboral, en los medios de co-
municación, en el espacio digital, en el espacio público, entre otros,
de acuerdo a lo reconocido en la Ley N° 26.485 de Protección integral
para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en
los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales.
Ley N° 26.485 Recurso: Ley N° 26.485 de Protección integral
Violencia contra para prevenir, sancionar y erradicar la violencia
las mujeres contra las mujeres en los ámbitos en que
desarrollen sus relaciones interpersonales.
Ahora bien, ¿cómo se producen y sostienen estas violencias? ¿Por
qué decimos que son violencias políticas? Para este desarrollo toma-
remos los aportes de la Dra. en Psicología y psicoanalista Ana María
Fernández (Fernández, 2022, Fasc. I), quien centra su análisis sobre las
violencias en el carácter político que las define. Esta autora diferencia
“lo político” de “la política”, refiriéndose con este último término a las
prácticas de los partidos políticos e instituciones gubernamentales.
El carácter político de las violencias por motivos de género se asien-
ta en el entramado con un contexto de inferiorización social de los
colectivos que padecen estas violencias:
“Para que la violencia del golpe, la violación, el acoso, el ataque incestuoso existan,
es necesario que una sociedad haya, previamente, inferiorizado, discriminado, fra-
gilizado al grupo social —las mujeres, los niños/as, los ancianos/as, etc.— que es ob-
jeto de violencia. Solo se victimiza a aquel colectivo percibido como inferior; de este
modo se legitiman todos los actos de discriminación” (Fernández, 2009, pág. 33).
Es decir, son las múltiples desigualaciones sociales las que habilitan el
ejercicio de las violencias por razones de género.
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La producción de legitimación y consenso en torno
a la desigualación de las diferencias
Tras la invasión colonial, como ya mencionamos, se estableció un or-
den social binario que erigió a un grupo social como lo “Uno” y el resto
quedó relegado al lugar de lo “Otro”. Es decir, en este momento de re-
estructuración política, económica y social que implicó la invasión de
América, se produjo el establecimiento de un sujeto universal, medida
de todas las cosas, capaz de generar enunciados de valor general que
se abogaron la representación de toda la comunidad. Ese sujeto uni-
versal es el hombre: propietario, letrado, blanco. ¿Qué sucedió en este
movimiento? Lo que no se correspondía con los estándares del sujeto
universal quedó relegado al lugar de lo “Otro” como inferior, deficiente,
enfermo, peligroso. Desde una perspectiva política, esto es posible a
través de la producción social de consenso que legitima la desigualdad
y las prácticas discriminatorias (Fernández, 1993, 2021).
Imagen
de Kevin Lucbert,
de la serie “Mirrors”
En el mismo movimiento con que se erige socialmente al otro como
“diferente” se produce una desjerarquización e inferiorización. Ahora
bien, estos mecanismos que perpetúan y accionan exclusión funcio-
nan de forma sostenida y continua, de modo tal que la discriminacion
de los grupos e individuos parezca natural e incuestionable, y se ci-
mente el “siempre fue así”.
La naturalización de la injusticia requiere de la construcción de con-
senso social. De esta manera, no es necesario acudir a la fuerza re-
presiva para mantener en una posición subordinada a determinados
sectores. Ahora bien, ¿qué condiciones se necesitan para la produc-
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ción y sostenimiento de consenso? Por un lado, la discriminación debe
permanecer oculta. Por el otro, quienes resultan discriminados deben
articularse con el resto de la sociedad de tal modo que no peligre el
orden de discriminación vigente: “Los procesos de violencia simbólica
o apropiación de sentido se construyen en las mismas instituciones
por las que circulan los discriminados, en posiciones desventajosas”
(Fernández, 1993, pág. 115).
Como vemos, desde esta perspectiva no se da por sentada la desigualación entre
los géneros, no se la considera un “mal necesario”, sino que se la pone en cues-
tión y se señalan los hilos que producen su aparente naturalidad. Por ello verán
que no hablamos de desigualdad sino de desigualaciones, para evidenciar el
carácter producido de las mismas a través de acciones político-sociales-económi-
cas-institucionales-subjetivantes. (Fernández, 2022, fasc. I).
De esta manera, los procesos de inferiorización, de discriminación,
de fragilización de determinadas poblaciones operan como natura-
lizaciones, como si las cosas siempre hubieran sido de la misma ma-
nera, como si fueran hechos ahistóricos. En este sentido, Fernández
(2009) señala que las naturalizaciones son y operan como invisibles
sociales. Al hablar de invisible pareciera que hiciera referencia a algo
oculto; no obstante, lo paradójico de lo que denomina como violencia
invisible es que está a la vista de toda la sociedad. De allí que afir-
Para acercarnos a este
me que violencia visible e invisible conforman un par indisociable, no
planteo de Ana María
Fernández, les dejamos
existe una sin la otra.
un video basado en
el poema “Pink or
Blue” (Rosa o Azul)
del libro Nadie me dijo
de la poeta británica
Hollie McNish: Pink or
Blue poem by Hollie
McNish subtitulado
en español
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El concepto de violencia simbólica El video permite ver cómo opera la violencia
fue acuñado por el sociólogo francés simbólica —en el sostenimiento de condicio-
Pierre Bourdieu, quien la define nes de vida opresivas— que se pone en juego
como aquella que se da en relaciones desde antes de nuestro nacimiento.
sociales donde “los dominados Es una forma de violencia donde no se uti-
aplican a las relaciones de liza la fuerza física sino que se produce la im-
dominación unas categorías posición de determinado poder y autoridad
construidas desde el punto de vista de manera sutil e imperceptible. Se produce
de los dominadores, haciéndolas en las interacciones sociales cuando los gru-
parecer de ese modo como pos oprimidos interiorizan y aceptan como
naturales” (2000, pág. 28). naturales las categorías y visiones impues-
tas por los grupos dominantes. En otras pa-
labras, quienes se encuentran en posiciones
de subordinación comprenden las relaciones de poder en los mismos
términos que los grupos dominantes, percibiendo dicha dominación
como algo natural y legítimo.
Proyecto “Mujer Colonizada” realizado por el Grupo Feminista de
Activismo Visual Mujeres Públicas
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La violencia simbólica moldea nuestra forma de percibir y entender el
mundo que nos rodea porque se transmite a través del lenguaje, la reli-
gión, la educación, el arte, los medios de comunicación. De esta manera,
se transmiten e interiorizan —haciendo que sean aceptados como algo
natural— determinados significados, valores y formas de ver el mundo
que favorecen y perpetúan las relaciones de desigualación entre los gé-
neros en el marco del binarismo de género del patriarcado colonial. En
otras palabras, la violencia simbólica instaura verdades totales, absolu-
tas, que se presentan como universales, sin darle lugar a la multiplicidad
de sentires, de prácticas y de posicionamientos subjetivos de los actores
sociales. Así, el poema “Pink or Blue” permite visualizar los mecanismos
sociales con los que se disciplinan los cuerpos, los sentires, los placeres
y los deseos que no se ajustan a los mandatos de género y a la cishete-
ronorma. El ejercicio de múltiples violencias surge como una manera de
castigar aquello que excede el estrecho corset sexo-genérico.
Ana María Fernández (2021, 2022, fasc. I) refuerza la necesidad de pensar estos
procesos en términos políticos abriendo la pregunta de para qué, cómo y por qué
se producen las violencias por razones de género. Cómo y por qué se sostiene su
reproducción y, algo sumamente importante, cómo y por qué quienes atraviesan
estas violencias encuentran dificultades de distinta índole para encontrar una
salida a las mismas. En este punto, es dable recordar que en el análisis de un sis-
tema de dominación es ineludible no solamente la indagación de las relaciones
de fuerza sino también las relaciones de sentido ya que desde ellas se legitima
la autoridad de quien domina: “(...) un grupo dominador no puede imponerse en
el plano económico y político si al mismo tiempo no logra una hegemonía en el
plano cultural, simbólico y subjetivo” (2021, pág. 387).
La desguetificación de las violencias por razones de género
Otra cuestión de suma relevancia para el campo de problemas que
buscamos abordar es que las violencias por razones de género no de-
ben ser aisladas de otras formas de violencia social. Si estamos evi-
denciando que los efectos de exclusión, discriminación y violencia se
dan en todos los ámbitos de la vida en comunidad, se vuelve imperioso
también dar cuenta de cómo el patriarcado articula con otros sistemas
de poder. Al respecto, la politóloga e integrante del Colectivo Ni Una
Menos, Verónica Gago afirma:
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(...) conectar los hogares estallados con las tierras arrasadas
por el agronegocio, con las diferencias salariales y el trabajo
doméstico invisibilizado; vincular la violencia del ajuste y la
crisis con los modos en que se la enfrenta desde un prota-
gonismo feminizado de las economías populares y relacionar
todo esto con la explotación financiera por el endeudamiento
público y privado; anudar las formas de disciplinamiento de
las desobediencias a manos de la represión lisa y llana del Es-
tado y la persecusión de los movimientos migrantes, también
a la manera en que se encarcela a las mujeres más pobres cri-
minalizando economías de subsistencia y a las que practican
el aborto con la impronta racista de cada una de estas vio-
lencias. Nada de esta red de violencias es obvia: rastrear los
modos de su producción es producir sentido, porque visibiliza
la maquinaria de explotación y extracción de valor que im-
plica umbrales de violencia cada vez mayores y que tiene un
impacto diferencial (y por eso estratégico) sobre los cuerpos
feminizados (2019, pág. 62).
En esta línea, Rita Segato propone “desguetificar” las violencias de género,
como una forma de poner en relación múltiples violencias histórico-políticas
que profundizan la crueldad contra los cuerpos feminizados:
Solo cuando el tema es considerado de esta forma entende-
mos por qué es tan difícil retirar a la mujer de la posición de
vulnerabilidad creciente en que se encuentra en el mundo de
hoy, a pesar del aumento de leyes y medidas institucionales
para su protección y promoción. Pues la trama que amarra su
posición subordinada excede en mucho cualquier análisis que
guetifique y especialice la estructura patriarcal (2016, p. 174).
Foto:
Fernando Almeira
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De esta manera, plantear las violencias por razones de género como
un tema que solo incumbe a mujeres y LGTBI+ lleva un encasillamiento
poco fecundo a la hora de revisar nuestras intervenciones y de conmo-
ver las estructuras sociales promotoras de desigualaciones que propi-
cian la emergencia de violencias.
La mistificación del patriarcado
Como mencionamos anteriormente, las violencias por razones de
género son violencias políticas. En efecto, dimos cuenta de cómo ope-
ran la legitimación y el consenso social para su producción y repro-
ducción. Ahora nos centraremos en algunas formas específicas por las
cuales se sostienen las relaciones de subordinación entre los géneros,
articulando el recorrido realizado hasta el momento.
En la primera clase vimos cómo la intrusión colonial en América
generó profundas transformaciones en la forma de organización so-
cial, promoviendo el pasaje de un patriarcado de bajo impacto a un
patriarcado de alto impacto, tal como lo señala Rita Segato (2016).
En este pasaje se produjo una nueva división sexual del trabajo que
excluyó a las mujeres del trabajo asalariado y las subordinó a los va-
rones. Recordemos que las sociedades comunales originarias tenían
una estructura dual, donde existía un espacio público y otro domés-
tico y una jerarquía entre ellos pero no de poder sino de prestigio.
Cada una de estas esferas era plena en sí misma, ambas poseían va-
lor y politicidad. Esto se ve modificado con el patriarcado colonial
moderno, ya que con el ordenamiento binario las jerarquías son de
poder, por ende, el espacio público subsumió al privado. En la cap-
tura binaria de la modernidad colonial será el espacio público el que
detente el carácter político con todo lo que ello implica a nivel de
toma de decisiones, de legislar, de definir en temas que interesan al
conjunto. A su vez, el mundo privado se instauró como un espacio
sentimentalizado, íntimo, donde no habría más que vínculos de afec-
to. El espacio privado quedó despolitizado, por lo que la intervención
colonial reorganizó y profundizó las jerarquías preexistentes. Desde
esta lógica binaria, la diferencia —respecto de lo que se erigió como
lo “Uno”, como lo universal— se convierte en desigualación.
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La alianza Estado nación-patriarcado-capital
La conformación de los Estados nacionales tuvo su origen durante la
transición del feudalismo al capitalismo, entre los siglos XV y XVIII.
En esa transición intervinieron una multiplicidad de factores que se
retroalimentaron en un proceso que llevó varios siglos. Desde el sur-
gimiento de los Estados nación, la alianza producida entre el Estado,
el patriarcado y el capital dio lugar al desarrollo de las democracias
representativas, las sociedades industriales, el surgimiento de grandes
ciudades, de la familia nuclear, la reorganización de lo privado y lo pú-
blico. Fernández (2022, fasc. I) señala un aspecto central: es una alian-
za de poderes que entramó el ejercicio de su poder con la producción
de sentido común y formas de subjetivación. Se produjo el entramado
de las formas públicas de gobernabilidad con las formas privadas de
las organizaciones familiares.
Schmukler (1982) plantea que en la transición al capitalismo, se produjo la mistifica-
ción de la dominación patriarcal. Esto significó un proceso por el cual la modalidad de
dominación redujo su carácter explícito. De esta manera, la sujeción de las mujeres al
dominio patriarcal tomó formas más veladas al asentarse sobre la hegemonía que co-
menzó a detentar la familia nuclear burguesa. Esta modalidad de organización fami-
liar, que posteriormente se instauró como modelo en América, se erigió en una con-
formación biparental, heterosexual, adultocéntrica y asimétrica en la distribución de
los roles y se establecerá como “la forma natural” de la familia (Liguori y Diaz, 2021).
Fuente:
[Link]/
articulos/infancia-
como-propiedad-mis-
hijos-no-te-metas
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31
MINISTERIO DE MUJERES Y DIVERSIDAD
La familia nuclear —alejada de las fuentes de producción— se insti-
tuyó como una esfera afectiva, en oposición a las esferas políticas y
económicas. De esta manera se invisibilizó el carácter económico y po-
lítico que detenta la nueva conformación familiar. Este proceso se vio
reforzado con la aparición del amor romántico como ideal de unión de
las parejas, con un nuevo concepto de maternidad y el surgimiento de
la infancia, en lo que algunos autores han denominado la “revolución
sentimental” del S. XVIII (Shorter, 1977). El matrimonio pasó a consti-
tuirse como una alianza entre un hombre y una mujer, ya no entre gru-
pos familiares, por lo que la idealización y atracción entre los miembros
de la pareja convivió con relaciones de subordinación y dominación
que quedaron invisibilizadas.
El patriarcado colonial moderno y la producción de subjetividad
Debora Tajer (2021) señala que muchas situaciones de subordinación
se producen en un contexto donde se ponen en juego mecanismos de
sujeción que apelan a lo que se instaura como “normal”, esperable o
deseable para los sujetos en un determinado momento histórico, por
lo tanto, vemos cómo las relaciones de poder se entraman en la pro-
ducción de subjetividades de acuerdo al momento histórico.
Las conceptualizaciones de Ana María Fernández (1993) respecto a
los imaginarios sociales sobre los géneros en la modernidad nos brin-
dan una explicación acerca de cómo fue posible esta mistificación del
patriarcado. Señala la existencia de tres mitos que hablan del recono-
cimiento social que comenzó a otorgarse a la mujer en tanto madre,
afectivamente dependiente y necesitada de protección masculina y
sexualmente pasiva. Respecto a lo que esta autora denominó como
mitos de la feminidad moderna, es importante señalar dos cuestiones:
→ los mitos no están por fuera de los suje- → estos mitos se constituyeron sobre
tos produciendo un efecto de influencia la base del binarismo de género colonial
—como si las personas fueran una moderno y por eso portan una matriz
tabula rasa— sino que debemos pen- cisheterosexista. En otras palabras,
sarlos como constitutivos de los sujetos: al consagrar como ideal determinadas
“son recreados socialmente en cada formas de vivir, las prácticas, deseos,
individuo singular” (Fernandez, sentimientos y discursos que no
1993, pág. 164). se enmarquen en ese estrecho molde
resultarán silenciados, segregados,
patologizados, criminalizados.
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MINISTERIO DE MUJERES Y DIVERSIDAD
—
El mito mujer = madre instaura la maternidad como aquello que cons-
tituye a las feminidades en tanto tales, desde una perspectiva hetero-
normativa. Es decir, transforma la capacidad reproductiva en un desti-
no. Desde este enfoque, es a través de la maternidad biológica que las
mujeres cis alcanzarían su realización y adultez. De allí que se plantee
la existencia de un “instinto materno” que hace de las mujeres las cui-
dadoras por excelencia de las infancias. En este punto, resulta valiosa
la perspectiva histórica para recordarnos que concebir la maternidad
como una “esencia de lo femenino” tiene un surgimiento reciente en la
historia de la humanidad, en tanto que en el inicio del patriarcado las
mujeres eran valoradas como “objeto de intercambio”, para luego ser
consideradas como “instrumento de reproducción” (Fernández, 2006).
Fuente:
Mafalda, Quino.
Ana María Fernández se pregunta: “¿Qué es lo amenazado al pensar la
maternidad desde otra perspectiva?¿Qué opacidad es necesario sos-
tener con la noción de instinto materno?¿Por qué la función materna
ha sido considerada como infalible, incondicional e indisoluble? Ningu-
na otra función o vínculo humano podría encerrarse bajo semejante
caracterización” (1993, pág. 171).
—
El mito del amor romántico se encuentra en la narrativa de dos per-
sonas que se eligen mutuamente en un amor complementario, el cual
se expresa en el contrato conyugal: “Existe, pues, una relación nece-
saria y no contingente (...) constitutiva y no excepcional, entre vio-
lencia y conyugalidad. No es ya la violencia explícita del golpe físico
que somete por terror, sino la violencia simbólica que inscribe a las
mujeres en enlaces contractuales y subjetivos donde se violenta tanto
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MINISTERIO DE MUJERES Y DIVERSIDAD
la economía como el sentido en su trabajo productivo, se violenta su
posibilidad de nominarse y se las exilia de su cuerpo erótico” (Fernán-
dez, 1993, pág. 190). En otras palabras, el contrato matrimonial de la
modernidad implicó la unión desigual de dos personas que no son pa-
res políticos.
Brigitte Vasallo (2020) señala:
toda esta exaltación del amor como dificultad, como sacrificio,
como sentido último de todo ha calado… y de qué manera.
Combinado con la construcción social de las mujeres como
cuidadoras, que también es construcción de subjetividad, ha
dado lugar a un cóctel muy peligroso de confusión entre el
amor y la violencia, y entre el amor y la aceptación íntima de
la violencia porque el amor lo puede todo (...) El amor román-
tico mata así, exactamente. Mata porque nos confronta, mata
porque nos aísla, mata porque hace pasar el amor, es decir, la
pareja, por delante de todo. Y cuando llega la violencia, ya me
dirás cómo se desmonta esto, y cómo se asimila que aquello
que tenía que ser lo mejor que te ha pasado, aquello que te da
valor y autoestima, resulta que es una porquería.
El planteo de Vasallo pone en primer plano que el mito del amor ro-
mántico, además, promueve la jerarquización de los vínculos. De esta
manera, el vínculo de pareja detenta un lugar privilegiado en detri-
mento de otros —amistad, vecindad, por ejemplo— que son impor-
tantes para la construcción de modos de vida más cooperativos y que
funcionan como un modo de protección contra las violencias.
En este video Brigitte Vasallo
desarrolla algunas ideas acerca
del mito del amor romántico
y su vínculo con las violencias.
Desmontamos
También expone algunas
el amor Disney con
reflexiones sobre posibles modos
Brigitte Vasallo
de encontrar salida a las violencias
por razones de género.
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MINISTERIO DE MUJERES Y DIVERSIDAD
—
Respecto al mito de la pasividad erótica femenina, será clave la
instauración del pudor y la vergüenza. De esta manera, se propicia-
rá ignorancia respecto a los cuerpos de las mujeres, su erotismo, sus
deseos y sus prácticas. En la modernidad, se produce el anclaje de
la sexualidad en la familia conyugal reproductora, transformando en
marginal toda sexualidad que quede fuera de dichos límites. Es inte-
resante poner en relación cómo se produce la pasividad erótica en las
mujeres a través del surgimiento de la adolescencia como grupo etario
definido. Fueron las niñas de sectores burgueses las primeras mujeres
en segmentarse socialmente como adolescentes. Su diferenciación no
se realizó en el dispositivo escolar —como
en el caso de los varones— sino en función
Estos mitos sobre la feminidades de una formación especializada a partir de
—en un esquema binario la prolongación de la edad de casamiento
y heteronormativo— no pueden de las niñas. Así, la educación de las jóvenes
pensarse sin su contrapartida: se volvió un foco estratégico donde conflu-
masculinidades que se yeron médicos y pedagogos con la alianza,
constituyeron en torno al mandato desde dentro del hogar, de la madre. La edu-
de ser proveedores de bienes cación moral de esta época tenía por obje-
simbólicos, económicos y eróticos tivo que las jóvenes llegaran vírgenes hasta
(Fernández, 1993). el matrimonio y prepararlas para ser esposas
sumisas. Se exaltaba en su educación el pu-
dor y la virtud, y la inocencia se erigió como
el principal rasgo de carácter de la adolescente. Para médicos, mo-
ralistas y educadores, así como para las madres, la inocencia estará
garantizada por la ignorancia, cimentando así la pasivización de su
erotismo (Fernández, 2009).
El cortometraje “El mundo
de la mujer” realizado por
la cineasta María Luisa Bemberg
sobre la Exposición Femimundo
que se realizó en el año 1972,
en el predio de la Rural, en la
El Mundo de la
ciudad de Buenos Aires. Es
Mujer on Vimeo
una crítica a la industria y a
la propaganda que reenvía a
las mujeres al ámbito privado,
doméstico y sentimentalizado.
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35
MINISTERIO DE MUJERES Y DIVERSIDAD
En síntesis, pensar la maternidad y la crianza como tareas netamente
amorosas en conjunción con la supuesta pasividad sexual femenina
—invisibilizando la explotación de las mujeres junto a la acumulación
del capital que estas ideologizaciones producen— promueven procesos
de subjetivación de mujeres en clave subalterna, lo cual obstaculiza la
producción de autonomías personales y colectivas (Fernández, 2021).
La división sexual del trabajo y su relación
con las desigualaciones de género
Ya hemos recorrido las transformaciones en los planos político, eco-
nómico, social y cultural que dieron lugar a transformaciones en el pa-
triarcado con la transición al capitalismo. Ahora nos centraremos en
las modificaciones que ello generó en las posibilidades de desarrollo
laboral y económico de los géneros. La división sexual del trabajo nos
permite visualizar los procesos de sexualización en la división social y
técnica del trabajo, evidenciando una inserción diferenciada de femi-
nidades, masculinidades y LGTBI+ en las esferas productivas y repro-
ductivas de la vida social.
División sexual del trabajo: distribución diferencial que se hace entre las
actividades que deben realizar las mujeres y las que deben realizar los varones.
De esta manera, se adjudican diferentes espacios en función del sexo-género:
a las mujeres les corresponde especialmente desarrollar su actividad en el ámbito
doméstico —privado—, no remunerado y “reproductivo”, y a los varones en el
ámbito público, remunerado y considerado “productivo” (Ministerio de Mujeres,
Políticas de Género y Diversidad Sexual, 2021).
ESI, aprender
para decidir:
División sexual
del trabajo.
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MINISTERIO DE MUJERES Y DIVERSIDAD
Páginas del libro
“Upa!” de lectura
inicial del escritor
Constancio Vigil
El ámbito reproductivo o espacio doméstico nuclea la realización de tareas
vinculadas con la organización y el sostenimiento de los hogares y actividades de
cuidado de las infancias, personas adultas mayores y/o personas con enfermeda-
des. El ámbito productivo o público, por su parte, abarca aquellas tareas que
tienen relación con la vida económica, política y social. En este ámbito se desa-
rrollan las actividades de carácter mercantil, es decir, las que tienen un valor de
cambio y por lo tanto se percibe una remuneración económica por ellas. Además
suelen ser actividades que poseen mayor visibilidad en lo social.
(...) Por su parte, Pautassi (2018) afirma que los cuidados
constituyen un tema de Derechos Humanos. En una sociedad
sin cuidados sería imposible la vida, mucho menos existiría la
vida económica: los recién nacidos no sobrevivirían sus prime-
ras horas fuera del vientre materno, niñas y niños carecerían
de toda socialización para volverse parte de la comunidad,
cualquier enfermedad y buena parte de las discapacidades se
volverían mortales, la dependencia durante el envejecimiento
de quienes milagrosamente pudieran llegar a ellas acabaría
con esa persona. En definitiva, en una sociedad sin cuidados
no hay seres humanos, ni sociedad ni economía (Martínez
Franzoni, 2020, pág.127).
Ahora bien, ¿cuándo se comienza a visibilizar esta jerarquización de las
tareas en pos de su transformación? Losiggio, Solana, Pérez y Otero
(2018) afirman que la crítica feminista al confinamiento de las mujeres en
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MINISTERIO DE MUJERES Y DIVERSIDAD
el ámbito doméstico es prácticamente coextensiva al propio feminismo y
mencionan algunos ejemplos. En 1792 Mary Wollstonecraft cuestionaba
que la mujer fuera equiparada a un mero objeto de servicio a disposición
del hombre, viviendo para agradar a sus “amos” encarnados en la figura
del padre y del marido. Más cerca en el tiempo, en 1963 Betty Friedan
escribió La mística de la feminidad, un libro en el cual abordó la situación
de las amas de casa estadounidenses. La autora se refirió allí al “malestar
sin nombre” para dar cuenta de la insatisfacción que la vida doméstica
generaba en estas mujeres. Es importante mencionar que Friedan no
criticaba la vida doméstica sino que echaba luz sobre el deseo de sus en-
trevistadas de “algo más” por fuera de la vida familiar. Posteriormente,
las feministas negras señalaron la contratación de mujeres negras y/o de
capas populares como un fenómeno que se daba en paralelo a la crecien-
te autonomía que iban ganando las mujeres blancas más acomodadas,
las cuales podían prescindir del trabajo formal. El análisis de Friedan no
comprende a quienes llevaban dobles jornadas laborales, una hacia el
espacio doméstico y otro hacia el público laboral.
Mientras tanto:
Subrayados
feministas. En este video, la filósofa e investigadora
Moira Pérez. Moira Pérez lee “Si me permiten hablar…”
Testimonio de Domitila, una mujer de
las minas de Bolivia, libro escrito a partir
de las intervenciones de Domitila Barrios
durante la Tribuna del Año Internacional
de la Mujer en 1975.
Mural en la vía pública
con la frase que
acuñó Silvia Federici
para dar cuenta
de la invisibilización
del valor que posee el
trabajo doméstico y de
cuidado.
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MINISTERIO DE MUJERES Y DIVERSIDAD
Elizabeth Jelin, en referencia a la situación en nuestro territorio, señala
que: “En las clases trabajadoras urbanas y rurales, las mujeres –espe-
cialmente las jóvenes y solteras– siempre estuvieron comprometidas
en actividades productivas: servicio doméstico, trabajadoras textiles
y de indumentaria, ayudantes familiares en labores agrícolas” (2012,
pág. 50). En articulación con lo que venimos desarrollando a lo largo
del módulo, es relevante mencionar que en nuestro país el ideal de
la familia nuclear patriarcal históricamente tuvo gran pregnancia, sin
embargo la realidad argentina nunca se ajustó completamente a este
modelo y las diferencias de clase han sido significativas.
Los números detrás del cuidado
En el informe “Los cuidados, un sector económico estratégico”, se
señala que la distribución del Trabajo Doméstico y de Cuidados No
Remunerado (TDCNR) es sumamente desigual. En efecto, 9 de cada
10 mujeres realizan estas tareas, que significan en promedio 6,4 horas
diarias. Las mujeres dedican a estas tareas tres veces más tiempo que
los varones.
Esta distribución asimétrica contribuye a explicar que su par-
ticipación en el mercado laboral sea más baja que la de los
varones. También incide en que tengan trabajos más preca-
rios, que implican a su vez una mayor desprotección social;
por ejemplo no tener acceso a una obra social y, en un futuro,
tener una mayor dificultad para acceder a una jubilación por
no tener aportes. Las mujeres presentan mayores niveles de
desocupación, ganan menos y, por consiguiente, son más po-
bres. En este sentido, es imprescindible entender que las con-
diciones del trabajo remunerado están estrechamente ligadas
a cómo se resuelven las tareas no remuneradas (D’Alessan-
dro, O’Donnell, Prieto, Tundis y Zanino, 2020, pág. 3).
Capítulo 1:
Brechas de Género. En este video —que forma parte de un
Mercedes ciclo llevado adelante por la FONCAP para
D’Alessandro la sensibilización en perspectiva de género
(2021)— Mercedes D´Alessandro explica la
importancia de la economía con perspectiva
de género, invita a reflexionar sobre
brechas de género y el impacto que tuvo la
pandemia en la situación de las mujeres.
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Asimismo, hay que poner de relieve que la situación de LGTBI+ en re-
lación con el mundo del trabajo es particularmente crítica. Si bien la
evidencia que hay es escasa —debido a que las estadísticas oficiales
relevan la información de las personas partiendo de su sexo y, en ge-
neral, habilitan dos únicas opciones —varón / mujer— la información
disponible permite identificar las altas tasas de informalidad que afec-
tan a LGTBI+ y dar cuenta de las situaciones de discriminación, expul-
sión y violencias por razones de género que modelan sus trayectorias
de vida (Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación
y ONU Mujeres, 2021). Respecto de la situación de las travestis, la psi-
cóloga social y activista Marlene Wayar refiere:
Las travestis suelen ser proveedoras, cumplen con ese rol tan
estrictamente patriarcal y masculino. Sobre todo en este con-
texto latinoamericano donde la inmensa mayoría de la pobla-
ción está empobrecida, las travestis se han instituido como
proveedoras de sus familias a partir de lo recaudado lejos de
su casa y en el ejercicio prostitutivo (2018, pág. 27).
Desde el enfoque de la economía con perspectiva de género se afirma
que las tareas domésticas y de cuidado aportan al PBI de los países.
A nivel internacional, la Organización Internacional del Trabajo (OIT)
calcula que el aporte del trabajo doméstico y de cuidados no remune-
rado (TDCNR) alcanza el 9% del PIB, teniendo en consideración que
existe una gran heterogeneidad entre los países. En Argentina se ha
evidenciado que las tareas domésticas y de cuidado son la principal
actividad económica que se desarrolla en nuestro país: “(...) el TDCNR
representa un 15,9% del PIB y es el sector de mayor aporte en toda
la economía, seguido por la industria (13,2%) y el comercio (13,0%)”
(D’Alessandro, O’Donnell, Prieto, Tundis y Zanino, 2020, pág. 10).
La Doctora en economía María Jesús Izquierdo plantea que las de-
mocracias modernas se asientan en la construcción imaginaria de los
individuos como sujetos autónomos, autosuficientes, libres de atadu-
ras. Se considera a la sociedad como un agregado de individuos libres e
iguales. Sin embargo, desde que nacemos vivimos la experiencia de la
dependencia: siempre necesitamos a los demás en diferentes grados
y en distintos momentos vitales. ¿Cómo se sostiene esta ilusión? Iz-
quierdo afirma: “Esa tensión entre la independencia y la dependencia se
soporta concibiendo una ciudadanía hecha a base de exclusiones, todas
ellas relacionadas con distintas dimensiones del cuidado” (2003, pág. 5).
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MINISTERIO DE MUJERES Y DIVERSIDAD
De esta manera, la economía con perspectiva de género permi-
te vislumbrar que los hogares no se mantienen solo con ingresos y
que es de suma relevancia desarrollar políticas de cuidado. Asimis-
mo, en el recorrido que venimos planteando, también vemos que se
vuelve fundamental promover la autonomía económica de mujeres
y LGTBI+ en tanto posibilita la salida de situaciones de violencia por
razones de género.
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CLASE 3 RESUMEN CLASE
Diversidad sexual Puntos de partida para comprender las violencias hacia LGTBI+: sexo,
y violencias contra género, cisexismo y heteronorma. Diversidades sexo-genéricas: conceptos
claves. Violencias y violencias por razones de género. ¿Cómo se construyen
el colectivo LGTBI+
las violencias contra LGTBI+? El concepto de interseccionalidad para la
comprensión y abordaje de las violencias por razones de género.
La propuesta de este módulo es contextualizar las violencias por
razones de género. Es en este marco que nos interesa conocer los
aportes de los feminismos y transfeminismos respecto de cómo
se legitiman las violencias dirigidas hacia LGTBI+. En las clases
anteriores vimos cómo se fue construyendo la lógica binaria que
transformó los espacios sociales y las relaciones entre los géneros
e impuso un estrecho molde en las posibilidades de existencia de
las personas. En este encuentro ampliaremos esa mirada, más allá
de los binarismos varón-mujer.
Puntos de partida para comprender las violencias hacia
LGTBI+: sexo, género, cisexismo y heteronorma
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos señaló que la he-
teronormatividad, el cisexismo y la comprensión binaria de sexo y
género resultan ineludibles al momento de explicar la violencia hacia
LGTBI+ (Comisión Interamericana de Derechos Humanos, 2015). Por
ello, comenzaremos definiendo estos términos. Para hacerlo nos basa-
remos en los aportes del material “Introducción a la diversidad sexual:
conceptos, herramientas y marco normativo” realizado por la Dirección
Provincial de Políticas de Diversidad Sexual del Ministerio de Mujeres y
Diversidad de la Provincia de Buenos Aires.
A lo largo de la historia, las sociedades establecieron clasificaciones
y jerarquías entre personas o grupos a través de diversos mecanis-
mos. Una de estas distinciones se ha basado en el sexo. Como vimos,
a partir de la modernidad colonial, la humanidad comenzó a dividirse
en varones y mujeres en función de diferencias corporales. Las ciencias
médicas han sido las encargadas de estandarizar las diferencias bioló-
gicas, asignando el sexo principalmente según los genitales externos
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(pene y vulva), además de considerar otras características sexuales
como los cromosomas (XX, XY) y las gónadas (ovarios y testículos). Sin
embargo, este proceso de clasificación binaria de los cuerpos según la
genitalidad externa, invisibiliza las “características genitales” que no
responden a “corporalidades femeninas o masculinas culturalmente
vigentes” como estándar y que constituyen la intersexualidad. Cabe
aclarar que la intersexualidad no es un “tercer género” o un “tercer
sexo”, sino que es un término que refiere a la diversidad corporal.
Cuando decimos intersexualidad nos referimos a todas
aquellas situaciones en las que el cuerpo sexuado de un in-
dividuo varía respecto al estándar de corporalidad femenina
o masculina culturalmente vigente. ¿De qué tipo de varia-
ciones hablamos? Aquellas que involucran los cromosomas,
configuraciones y localizaciones particulares de las gónadas
(la coexistencia de tejido testicular y ovárico, testículos no
descendidos) como de los genitales (por ejemplo, cuando el
tamaño del pene es “demasiado” pequeño y cuando el clítoris
es “demasiado” grande de acuerdo a ese mismo standard del
que antes hablaba, cuando el final de la uretra está desplaza-
do de la punta del pene a uno de sus costados o a la base del
mismo, o cuando la vagina está ausente. Por lo tanto, cuando
hablamos de intersexualidad no nos referimos a un cuerpo en
particular, sino a un conjunto muy amplio de corporalidades
posibles, cuya variación respecto de la masculinidad y la femi-
neidad corporalmente “típicas” viene dada por un modo cul-
tural, biomédicamente específico, de mirar y medir los cuer-
pos humanos (Cabral y Benzur, 2005, pág. 284).
Mauro Cabral
Grinspan y la
En esta entrevista radial, Mauro
diversidad corporal.
Cabral explica distintos aspectos
[Link]
de la intersexualidad
El binarismo sexo-genérico —de carácter cultural e histórico— estan-
darizó la diversidad humana:
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MINISTERIO DE MUJERES Y DIVERSIDAD
Desde sus comienzos, las prácticas médicas, psiquiátricas,
psicológicas y sexológicas sostuvieron la existencia de solo
dos conjuntos de genitales, gónadas y cromosomas, a los que
han asociado respectivamente dos identidades humanas po-
sibles, sobre la base de una supuesta complementariedad que
tiene su centro en el interés por la reproducción (Ministerio de
Salud de la Nación, 2020, pág. 27).
De esta forma, la diferencia sexual anatómica evidencia una dimensión
política y social que es necesario visibilizar para apartarnos de miradas
esencialistas que restringen y segregan.
Al asignársenos un sexo al nacer, comienza la construcción de nuestro
género, que suele denominarse como el aspecto “social” de lo que
significaría ser varón y ser mujer desde una perspectiva binaria, cise-
xista y heteronormada. El género, en tanto construcción sociocultu-
ral, atraviesa múltiples aspectos de nuestras vidas, desde cómo nos
vestimos, qué juegos incentivamos para las infancias, qué actividades
se nos habilita a realizar, cómo nos relacionamos con parejas, amista-
des o familias. Todas estas normas, valores, mandatos y estereotipos
son aprehendidos por las personas a través de lo que denominamos
socialización de género, es decir, las formas en que nos crían y edu-
can en lo que es “masculino” o “femenino” según la cultura y el mo-
mento histórico. La socialización de género es un proceso que se da a
lo largo de toda la vida y en todos los ámbitos en los que transcurre
la misma. Judith Butler (2016) propone la noción de performatividad
del género para postular que el género se constituye a través de la
repetición incesante de prácticas sociales significantes en relación a la
autoridad de las normas de género. Asimismo, destaca que la misma
repetición y actualización de las normas habilita su desplazamiento y
la posibilidad de subvertir el género.
Judith Butler:
¿Qué significa
que el género es
performativo?
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En síntesis, el género es una categoría que involucra, afecta y regula
la vida de las personas. No se trata de algo natural ni biológicamente
determinado, no viene dado por haber nacido con pene o con vulva: es
una construcción social y como tal es dinámica.
Respecto al binarismo de género, Blas Radi (2021) señala que posee
tres aspectos centrales:
1. Presenta dos alternativas que se excluyen mutuamente en tanto
ninguna persona es a la vez varón y mujer. Son conjuntamente
exhaustivas, es decir, todo ser humano es mujer o varón y allí se
acaba el universo de lo posible desde esta matriz de pensamiento,
lo cual impide pensar la fluidez y multiplicidad del género.
2. El binarismo de género es jerárquico, en tanto privilegia a los va-
rones cisgénero por sobre las mujeres cisgénero.
3. El binarismo de género posee un carácter normativo: el ser huma-
no se organiza en torno a la diferencia sexual entendida como la
diferencia anatómica entre dos supuestas posibilidades existentes:
macho y hembra, generizados como varones y mujeres respecti-
vamente. De esta manera, se legitima un ejercicio de poder que se
basa en un orden supuestamente natural, lo cual niega el carácter
social de la norma.
El binarismo de género crea la ilusión de una linealidad, de un anu-
damiento entre genitalidad, identidad de género y deseo. Es decir, se
ha instaurado la falsa idea de que la identidad de género y el deseo
sexual serían una consecuencia de haber nacido con una determinada
genitalidad. De esta manera, una persona que nace con vulva estaría
destinada a identificarse con el género femenino y a sentirse atraída
por varones. En esta lógica, una persona con pene debería encarnar
una identidad de género masculina y sentirse atraído exclusivamente
por mujeres. Aparecen así dos nociones centrales que nos ayudarán a
comprender cómo se estructuran y jerarquizan las relaciones de poder
entre los géneros: el cisexismo y la heteronormatividad.
El prefijo “cis” se utiliza para designar a las personas que no son
“trans”, es decir, a aquellas personas que se autoperciben con la iden-
tidad de género que “se corresponde con el sexo” asignado al nacer. En
otras palabras, el cisexismo demarca lo esperable para las personas en
relación a su identidad de género.
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El término cisexismo refiere al sistema de pensamiento y prácticas que regula las
relaciones entre las personas en razón de su identidad de género. Es decir, se trata
de una forma de comprender el mundo que genera un cúmulo de expectativas,
deberes, obligaciones y limitaciones sociales desde el momento del nacimiento
sólo por el hecho de poseer determinada genitalidad. Blas Radi define al cisexismo
como “el sistema de exclusiones y privilegios simbólicos y materiales vertebrado
por el prejuicio de que las personas cis son mejores, más importantes, más
auténticas que las personas trans” (2015, s/n).
Fuente:
Agencia Presentes
Si bien el binarismo de género se ha ido globalizando para delimitar los
modos de entender la humanidad, no obstante en diferentes épocas y
culturas han existido personas o grupos de personas que no respon-
den a los roles esperados o asignados.
Muchas sociedades les atribuyen características positivas a estas
personas, como por ejemplo, las comunidades hijras de la India, muxes
zapotecas en México, two-spirits de E.E.U.U., kathoeys de Tailandia,
fa’afafines de Polinesia y takatapuis maoríes (Ministerio de Salud de la
Nación, 2020). Es importante recordar los efectos del colonialismo en
la institucionalización del binarismo.
Otro concepto importante para comprender el falso anudamiento
entre genitalidad, identidad de género y deseo es el de heteronor-
matividad.
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La heteronormatividad implica asumir que todas las personas son heterosexuales,
por lo que se excluye y condena otras formas de vivenciar el deseo sexual.
Así, por ejemplo, las personas bisexuales, lesbianas u homosexuales son
rechazadas o convertidas en marginales respecto de la heterosexualidad, que
detenta el valor de la norma.
Aluminé Moreno señala que:
la mirada heterosexista invisibiliza o devalúa las subjetivida-
des y experiencias que se apartan de la norma heterosexual.
El heterosexismo produce el privilegio de identidades, prácti-
cas y relaciones sustentadas en uniones amorosas y/o sexua-
les entre varones y mujeres y el menosprecio de las que invo-
lucran deseo y afecto entre personas del mismo género. Esta
relación de privilegio/desventaja es sistemática y se sostiene
a través de valores, normas, instituciones y hábitos a menudo
no reflexivos. Se traduce en vulneraciones de los derechos de
gays, lesbianas, bisexuales, trans, travestis e intersex y afecta
sus condiciones de vida (2022, pág. 103).
La heteronorma, al igual que el patriarcado, es un sistema complejo
que funciona más allá de las elecciones de los individuos. Señalar su
existencia no implica negar el deseo o las elecciones de las personas
heterosexuales sino que evidencia la heterosexualidad como régimen
político en tanto las posibilidades de desarrollar nuestra sexualidad se
dan en un marco donde la heterosexualidad se promueve y se impo-
ne como la norma a seguir. En esta línea, la heterosexualidad viene
acompañada de una serie de privilegios simbólicos y materiales que se
establecen sobre la patologización, criminalización y exclusión de las
diversidades sexuales (Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad
de la Nación, 2021).
Absolvieron a Les compartimos esta nota
Mariana Gómez, de Adriana Carrasco (2021)
detenida por besar a sobre la absolución de Mariana
su esposa en el subte Gómez, condenada a un año
de prisión por haber padecido
un acto de discriminación por
su orientación sexual.
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MINISTERIO DE MUJERES Y DIVERSIDAD
Fuente: Proyecto
“Heteronorma”
realizado por
el Grupo Feminista
de Activismo Visual
Mujeres Públicas
La heteronorma cumple la misma función que el cisexismo en tan-
to regula nuestras vidas. Son dos nociones estrechamente ligadas
y en relación dialéctica: ambas producen y reproducen parámetros
y referencias que determinan la existencia singular y colectiva. La
heteronorma, más allá de regular el deseo sexual, regula y ordena
una “forma de vivir en sociedad” un “modelo de familia” una manera
“única de encajar” en la sociedad, con conductas que se nos obliga a
repetir y sostener tanto en lo público y en lo privado como “norma-
les”, sin cuestionarlas. Impone no solo determinado deseo sexual sino
también deseos de cómo vivir, y nos convence de que es una “libre
elección particular”.
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MINISTERIO DE MUJERES Y DIVERSIDAD
¿Cuál es la El Colectivo Ovejas Negras
diferencia? realizó este material donde
Colectivo visibiliza cómo opera el
Ovejas Negras cisexismo y el heterosexismo
en las consultas en salud y
puede ayudarnos a pensar
nuestras prácticas en otros
ámbitos.
Diversidades sexo-genéricas: conceptos claves
A lo largo del recorrido propuesto, utilizamos una sigla para referirnos
a las diversidades sexo-genéricas: LGTBI+. La sigla toma las iniciales de
Lesbianas, Gays, Travesti, Trans, Bisexuales e Intersex. Su composición
es dinámica, política, histórica, situada y varía a lo largo del tiempo, de
allí que se le agregue el signo “+”, de manera de incluir otras identida-
des y orientaciones sexuales: travestis, transgéneros, transexuales, no
binaries, pansexuales, asexuales, queer, no binaries, entre otres.
La agencia Presentes es una agencia de periodismo de géneros, diversidad y
derechos humanos desde América Latina, por lo cual les invitamos a recorrer su
página web. Además generan distintos recursos, entre los cuales le compartimos
este video sobre la acción política de visibilizar las diversidades sexo-genéricas.
¿Qué significa la
sigla LGBTIQ+ y
cómo se escribe?
Agencia Presentes
Entonces, la sigla LGTBI+ visibiliza distintas orientaciones sexuales e
identidades de género que han sido marginadas por no ajustarse a la
cisheteronorma.
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MINISTERIO DE MUJERES Y DIVERSIDAD
La orientación sexual es definida como “la capacidad de cada persona de sentir
una profunda atracción emocional, afectiva y sexual por personas de un sexo
diferente o de un mismo sexo o de más de un sexo, así como a la capacidad
de tener relaciones íntimas y sexuales con estas personas” (Principios de
Yogyakarta, 2007, pág. 6).
Si bien históricamente, como ya mencionamos, la heterosexualidad
—es decir, que las personas se sientan atraídas sexual y afectivamen-
te hacia personas de género distinto al propio— se estableció como la
norma, existen diversas orientaciones sexuales:
• Lesbianas y Gays: personas que se sienten atraídas por personas
del mismo género.
• Bisexuales y Pansexuales: personas que se sienten atraídas
emocional, romántica y sexualmente por otras del mismo género,
de otro, o de ambos géneros. Pansexuales son aquellas personas
que se sienten atraídas por otras personas, independientemente
de su identidad de género.
• Asexuales: personas que no experimentan atracción sexual hacia
otras personas. Esto no implica que no ejerzan su sexualidad
o que no posean intereses afectivos, románticos, sensoriales.
(UNAM, 2022).
La identidad de género es definida como la vivencia interna e individual
del género, la cual puede corresponder o no con el sexo asignado al nacer
(Ley 26.743, art. 2) y con aquello que consigne el DNI. Nadie más que la persona
tiene la autoridad para definir su identidad de género.
Existen múltiples identidades de género y todas y cada una de las
personas tenemos identidad de género:
• Personas cis: personas cuya identidad de género autopercibida
coincide con el sexo que les asignaron al nacer. “cis” es un prefijo
latino que quiere decir “de este lado” mientras que “trans”, que
significa “del otro lado”.
• Personas trans: personas cuya identidad de género autoperci-
bida no coincide con el sexo asignado al nacer. Es una expresión
abarcativa que se refiere a travestis, transexuales y transgéneros.
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MINISTERIO DE MUJERES Y DIVERSIDAD
Dentro de las identidades trans se encuentran:
• Transgénero: conjunto de quienes desarrollan, sienten y expre-
san una identidad de género diferente del sexo que se les asignó
al nacer. En algunos casos, sus identidades no se corresponden
con los géneros masculino y femenino expresados o percibidos en
los términos convencionales.
• Transexuales: aquellas personas a las que, al nacer, les fue asig-
nado un sexo que no coincide con el género autopercibido y ex-
presado, con el cual se identifican. Además, se utiliza para remitir
a la construcción corporal de la identidad y la expresión de género
(sea femenina o masculina) a través de tratamientos hormonales
y/o quirúrgicos.
• Travesti: identidad de género por fuera de los parámetros bina-
rios varón/mujer.
Si bien esta palabra ha sido usada de manera despectiva, en nuestro
país las travestis la han resignificado y reivindicado como una identidad
política, en tanto nace al calor de la resistencia histórica y de la lucha por
la visibilización. Al respecto, la activista travesti Lohana Berkins señala:
“La identidad no es meramente una cuestión teórica, es una
manera de vernos y ser vistas de una manera puede permitir
o impedir el reconocimiento, el goce, el acceso a derechos. En
este sentido, la identidad no es un detalle menor, todas las
violencias que sobre nosotras se ejerce son por ser, precisa-
mente travestis. Definirnos como travestis, no como gay, no
como transexual, es un acto político, propio de nuestro movi-
miento y, me atrevería a decir, propio de la Argentina. No es,
como suelen decir las europeas, el paso hacia la transexuali-
dad; es un modo de vida, de dar nombre a lo que quiere ser
“encajado” en un orden que impugnamos.” (2013, pág. 92).
• No binarie: personas que no necesariamente se identifican con
los géneros masculino o femenino: pueden ser ambos o ninguno.
Se les suele asociar con pronombre neutro (elle), pero el uso de
éstos es una decisión personal. No hay una sola forma de ser no
binarie (Agencia Presentes, 2020).
• Género fluido: persona que no se identifica con una sola identi-
dad de género, sino que circula entre varias o se identifica con más
de una a la vez .
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MINISTERIO DE MUJERES Y DIVERSIDAD
Es importante diferenciar entre la identidad de género y la orienta-
ción sexual. Cómo una persona se autopercibe no determina ni defi-
ne respecto de quién/es le atraen. La diversidad incluye la posibilidad
de cambio y las personas pueden ir experimentando variaciones tan-
to en lo referido a su autopercepción como a su orientación sexual a
lo largo de la vida.
Otra noción importante para comprender las diversidades sexo-genéricas es
la de expresión de género, que refiere a la representación externa de nuestro
género. Es decir, de qué manera utilizamos ciertos elementos para expresar hacia
el afuera quiénes somos, como por ejemplo, la vestimenta y los accesorios que
usamos, cómo nos peinamos, el nombre, los pronombres (él/ella/elle), el modo de
hablar, por mencionar algunos.
Se suele creer que existen dos expresiones de género: femenina y
masculina, de acuerdo al binarismo de género, pero en realidad las po-
sibilidades son múltiples, ya que depende de cada persona.
En las sociedades modernas, podemos identificar expresio-
nes de género tensionadas entre dos polos, lo masculino y
lo femenino, vinculadas con roles sociales diferenciados y je-
rarquizados: varones activos y dominantes, mujeres pasivas y
dóciles. Esta clasificación ha sido problematizada como bina-
rismo sexo-genérico. De todos modos, aunque persista la idea
de que la humanidad está dividida entre varones y mujeres,
en ninguna cultura las personas cumplen con todos los ras-
gos asignados a un género u otro, sino que van asimilando
algunos y dejando de lado, o tensionando, otros (Ministerio
de Salud de la Nación, 2020, pág. 28).
Violencias y violencias por razones de género
Desde un sentido amplio, las violencias son el conjunto de prácticas
basadas en desigualdades de poder, que apuntan a generar, mantener
o reinstaurar el dominio de una persona o grupo sobre otras/os.
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MINISTERIO DE MUJERES Y DIVERSIDAD
Las violencias por razones de género son aquellas ejercidas en el
marco de una sociedad patriarcal, por parte del género dominante
(masculino-heterosexual-cisgénero) sobre todo el resto de identida-
des, expresiones de género y orientaciones sexuales. Por tanto, quie-
nes padecen este tipo de violencias son las mujeres y personas del
colectivo LGTBI+.
Dentro de las violencias por razones de género resulta pertinente
distinguir entre la violencia contra las mujeres y las violencias ejer-
cidas contra otras identidades, expresiones de género, orientaciones
y corporalidades que no responden al cisexismo y la heteronorma,
(conocidas en algunos casos como crímenes de odio), las que buscan
sancionar, discriminar o eliminar cualquier variación que se exceda de
“la norma”. Cualquier expresión sexual y/o de género que escape de
esas determinaciones no será reconocida por ese sistema o, en caso
de que la reconozca, lo hará a través de la clasificación, del diagnós-
tico, de la patologización, del crimen, del estigma, de la exclusión y
hasta de la muerte.
¿Cómo se construyen las violencias contra LGTBI+?
A lo largo de la historia diversos discursos han contribuido a estable-
cer jerarquías. Los principales han sido el discurso religioso y el cien-
tífico-biomédico, considerados como aquellos capaces de generar sa-
beres legítimos sobre las vidas de las personas y sobre las prácticas
sexuales y reproductivas.
Desde finales del siglo XIX y principios del XX, el pensamiento cien-
tífico positivista desempeñó un papel clave al definir la normalidad se-
xual y establecer márgenes precisos entre lo saludable y lo patológico,
inscribiendo la sexualidad en el ámbito de lo natural, como algo dado
y ahistórico. De esta manera, la psiquiatría se instituyó como instancia
de vigilancia y control de los límites de la sexualidad “normal”, faculta-
da para definir las “desviaciones”. Se estableció así una supuesta con-
cordancia entre sexo, género, deseo y prácticas eróticas. Mediante un
proceso de naturalización, las relaciones heterosexuales conyugales
se normalizaron, mientras que prácticas y relaciones no conyugales y
no heterosexuales fueron clasificadas como desviaciones, marginales,
perversas o patológicas. Esa clasificación excluyente, legitimada so-
cialmente, sostiene la discriminación por orientación sexual e identi-
dad de género.
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“Nada que curar” Les compartimos el episodio “Nada que curar”
Podcast de Radio del podcast de Radio Ambulante, que cuenta
Ambulante historias de Latinoamérica. En este episodio
se narra la experiencia de dos jóvenes que
pasaron por centros de “deshomosexualización”
en su país, Ecuador.
Discriminación por orientación sexual e identidad de género
Discriminar implica impedir, obstruir, restringir o menoscabar el ejer-
cicio pleno de derechos por motivos vinculados a raza, religión, nacio-
nalidad, ideología, opinión política o gremial, sexo, posición económica,
condición social o caracteres físicos (Ley Antidiscriminatoria N° 23592).
La discriminación por orientación sexual e identidad de gé-
nero refiere a aquellas prácticas en las que se hostiga a personas que
no cumplen con el cisexismo y la heteronorma. Entre ellas podemos
incluir los procesos de patologización, criminalización, desvalorización,
inferiorización o invisibilización.
Se trata de una serie de prácticas, caracterizadas por una ac-
titud hostil hacia la diversidad sexual, que concibe y marca
las sexualidades no dominantes como contrarias, inferiores,
no deseables o anormales, produciendo así un estigma sobre
las personas LGTBI+ al representarlas como pecadoras, enfer-
mas, peligrosas, delincuentes, criminales o desequilibradas.
(INADI, 2016).
En la construcción y difusión de estos estereotipos se llega incluso al
despojo de su condición de seres humanos. La discriminación se ex-
presa en diferentes formas activas de violencia y en el rechazo silen-
cioso e institucionalizado hacia LGTBI+ o percibidas como tales.
Estas prácticas discriminatorias, intensas y cotidianas, por su
constante reproducción llegan a ser internalizadas y naturalizadas
como parte de la dinámica de las relaciones sociales. En sus distintas
manifestaciones, la discriminación por orientación sexual e identidad
de género anula o perjudica el reconocimiento, el goce o el ejercicio
en pie de igualdad de derechos humanos y libertades fundamentales
en los ámbitos económico, social y cultural, o en cualquier otro ámbito
de la vida.
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El cisexismo y la heteronormatividad tienen una gran cantidad de
espacios legítimos en los que expresarse, mientras que las sexualida-
des que no se corresponden con estos paradigmas son usualmente
condenadas al espacio privado y a la esfera íntima, lo cual instituye la
invisibilización y la desigualdad. Esta representa una de las expresio-
nes más cotidianas y sutiles de la discriminación, que en su forma más
extrema se presenta en la forma de los llamados “crímenes de odio”. Se
habla de “crímenes de odio” para hacer referencia a aquellos ataques
discriminatorios, especialmente violentos, por parte de una persona o
grupo hacia otra/s, basados en prejuicios contra grupos de personas
estigmatizadas y marginadas.
La discriminación contra LGTBI+ a menudo se ve exacerbada por
otros factores de identidad, como el sexo, el origen étnico, la edad y
la religión, así como por factores socioeconómicos como la pobreza y
el conflicto armado. Esas múltiples formas de discriminación pueden
tener efectos a nivel individual y también en el plano social, ya que
las diversidades que ven vedado su acceso a derechos básicos como
el trabajo, la salud, la educación y la vivienda viven en situaciones de
pobreza, privadas de toda oportunidad económica. Según estudios
realizados en varios países, las tasas de pobreza, la falta de un hogar
y la inseguridad alimentaria son más elevadas entre LGTBI+ que en el
resto de la comunidad.
La discriminación por orientación sexual e identidad de género es definida
como “(...) una serie de prácticas, caracterizadas por una actitud hostil hacia la
diversidad sexual, que concibe y marca las sexualidades no dominantes como
contrarias, inferiores, no deseables o anormales, produciendo así un estigma so-
bre las personas LGTBI+ al representarlas como pecadoras, enfermas, peligrosas,
delincuentes, criminales o desequilibradas. En la construcción y difusión de estos
estereotipos se llega incluso a despojarlas de su condición de seres humanos”
(INADI, s/f, pág. 18).
Es decir, la discriminación por orientación sexual e identidad de género
se expresa de diferentes formas que van desde la violencia física y ver-
bal hasta el rechazo silencioso e institucionalizado hacia LGTBI+. Estas
situaciones se constituyen en actos discriminatorios cuando se limi-
ta, obstruye o niega el acceso a derechos. Podemos hablar incluso de
muertes (por asesinato o suicidios): todas estas muertes son evitables.
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“Monstruo mío” “Monstruo mío”, poema
Susy Shock de Susy Shock de su libro
Poemario Trans pirado,
ediciones Nuevos Tiempos
(2011).
Violencias ejercidas contra la comunidad travesti-trans
Las personas transgéneros, travestis y transexuales atraviesan instan-
cias particularmente graves de discriminación que merecen ser men-
cionadas específicamente. Actualmente, en Argentina, la expectativa
de vida de una persona travesti-trans es de entre 35 y 40 años. Esto
se debe a las condiciones generales de gran vulnerabilidad en las que
transitan sus vidas, ya que la patologización e invisibilización que su-
fren las y los llevan a ser víctimas de exclusión en todas las esferas
sociales. El primer lugar de expulsión suele ser la propia familia y sus
entornos cercanos y luego las instituciones educativas. En relación con
la salud, la patologización de sus identidades y corporalidades lleva a
que muchas veces sean discriminadas, a tal punto que desisten de asis-
tir a los servicios de salud. Esto lleva a que se introduzcan en circuitos
clandestinos de cirugías, con los consiguientes riesgos que estas inter-
venciones traen aparejados. Esto, sumado a los prejuicios y las diferen-
tes clases de discriminaciones instaladas en la sociedad, obstaculiza su
acceso al empleo formal, situación que genera que tengan que procu-
rarse los medios de vida en condiciones de marginalidad que muchas
veces terminan en situaciones de prostitución desde temprana edad o
en la venta de estupefacientes al menudeo, lo que hace que también
queden expuestas y expuestos a situaciones de violencia por parte de
las fuerzas de seguridad. La expresión más extrema de los crímenes
contra personas travestis-trans son los travesticidios o transfemicidios.
Los travesticidios y transfemicidios expresan la exclusión con cru-
deza en los cuerpos e identidades. La mutilación genital, la desfigura-
ción del rostro y la llamativa cantidad de heridas mortales son carac-
terísticas frecuentes que se encuentran en esos casos. Por ello, desde
el activismo y la academia se fueron impulsando diversos términos
para dar cuenta de los crímenes cometidos contra personas trans, ta-
les como “crimen de odio”, “travesticidio”, “transfemicidio”, “crimen
por prejuicio” entre otros. Las distintas expresiones reflejan a su vez
posiciones, objetivos e intereses variados.
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Vale la pena detenerse en una objeción particular sobre la idea de
“fobia” u “odio” en relación al asesinato de las personas trans. Diversas
voces activistas han señalado que hablar en esos términos reduce la
problemática a un tema individual como si la fobia fuera un problema
de personas particulares. Acertadamente, se indica que esa forma de
nominar deja de lado la cuestión más social y sistemática del problema.
Los travesticidios o transfemicidios son la expresión más extrema de un
sistema de precariedad y exclusión hacia las identidades y los cuerpos de las
personas trans. Estos crímenes constituyen el extremo de un continuum de
violencias que comienza con la expulsión del hogar, la exclusión del sistema
educativo, del sistema sanitario y del mercado laboral, la iniciación temprana
en el trabajo sexual, el riesgo permanente de contagio de enfermedades de
transmisión sexual, la criminalización, la estigmatización social, la patologización,
la persecución y la violencia policial.
El concepto de interseccionalidad para la comprensión
y abordaje de las violencias por razones de género
Los feminismos han cuestionado el androcentrismo en la producción
de conocimiento, es decir, la producción de conocimiento desde la
“identidad masculina” como universal, mientras representa la “identi-
dad femenina” como periférica y particular. No obstante, no todos los
feminismos repararon en cómo este sujeto moderno ha excluido e in-
feriorizado también a otras subjetividades en función de su etnia, cla-
se social, orientación sexual, edad, etc. Esto trajo como consecuencia el
establecimiento de un sujeto hegemónico del feminismo que caracte-
rizó la subordinación de las mujeres como una opresión común, reivin-
dicando las demandas de un determinado sector: mujeres cisgénero
blancas, occidentales, urbanas, de clase media/alta y heterosexuales.
Así, se vieron marginadas las demandas y necesidades de otras po-
blaciones también subordinadas por el patriarcado: mujeres y LGTBI+
pobres, migrantes, de pueblos originarios, afrodescendientes, con dis-
capacidades. De allí la necesidad de sostener una mirada que permita
evidenciar cómo interseccionan distintas categorías de desigualación
social en las situaciones de violencia por razones de género.
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La interseccionalidad puede ser definida como un “recurso heurístico que
permite percibir, comprender y abordar el interjuego entre las distintas
categorías de diferenciación social que atraviesan a sujetos, prácticas sociales e
instituciones, y el modo en que dicho interjuego afecta a las experiencias sociales
de los sujetos, su agencia política, y las relaciones de poder y oportunidades en
las que se encuentran” (Pérez, 2021, pág. 338).
Moira Perez (2021), Doctora en filosofía e investigadora del CONICET, seña-
la que el recurso de la interseccionalidad presenta algunas características:
• Se trata de un enfoque no aditivo: no busca fraccionar categorías
que en el campo social se presentan juntas (etnia, género, edad)
para luego analizar una de ellas e ir sumando las restantes. El
objetivo es considerar distintos ejes de desigualación social como
co-constituidos e igualmente relevantes.
• Es no binarista en tanto busca salirse de los pares antitéticos
—oprimido/opresor, marginado/privilegiado— y mostrar cómo
todas las personas habitan simultáneamente distintas ubicaciones
en las relaciones sociales.
• Las perspectivas interseccionales permiten abordar la opresión
y el privilegio. Permiten entender cómo dentro de una categoría
desfavorecida existen diferencias internas que favorecen a ciertos
sujetos y los ubican en un lugar de poder relativo.
En suma, consideramos que el desafío por delante es visibilizar que las
situaciones de violencia por razones de género no ocurren en el vacío
sino en un mapa atravesado por múltiples desigualaciones sociales. De
allí la necesidad de revisar nuestras herramientas teórico-conceptua-
les y abordajes en clave territorial, para poder garantizar intervencio-
nes que respondan a las demandas.
El recorrido planteado en este módulo buscó acercarnos a esta
propuesta y nos plantea como horizonte de transformación
—retomando la propuesta de Ana Fernández (2022, fasc. I)— la
necesidad de restituir no solamente los derechos clásicos de ciu-
dadanía sino también los derechos simbólicos, subjetivos, afec-
tivos y eróticos que en procesos históricos de violentamiento
han sido “expropiados” o apropiados a través de múltiples prác-
ticas de desposesión y producción de desigualaciones.
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