Asociación Española de Psicología Sanitaria - AEPSIS
TEMA 1: Definición y diagnóstico
¿Qué vas a aprender en este tema?
1. ¿Qué entendemos por TEA?
2. ¿Por qué se le denomina “espectro del autismo”?
3. Diagnóstico
4. Autismo vs Asperger
5. Nuevos cambios en el DSM-V
6. Especificaciones
7. Características en la infancia y en la edad adulta
8. ¿Cuál es la probabilidad de presentar TEA?
9. Prevalencia
10. Comorbilidad
11. Neurodiversidad
En los últimos años la palabra “autismo” es mucho más conocida. El 2 de abril se celebra el
Día Mundial del Autismo mientras que el 18 de febrero se conoce como el Día Internacional
del Síndrome de Asperger. La mayoría de nosotros conoce un caso cercano ya sea en la
familia, en el entorno social, en el trabajo o incluso “de oídas”. Pero ¿realmente se conoce
qué es el TEA? ¿Es lo mismo TEA que Autismo? ¿Y es lo mismo TEA que Asperger? ¿Qué
diferencias existen? ¿Cuáles son sus características? ¿Qué criterios se cumplen para el
diagnóstico? ¿Ha evolucionado la concepción TEA? Estas incógnitas y muchas más se
desvelarán en este primer módulo formativo.
1. ¿Qué entendemos por TEA?
Para empezar, el trastorno del espectro autista (TEA por sus siglas) es un trastorno del
neurodesarrollo. Este trastorno acompaña a la persona a lo largo de toda su vida, aunque
sus manifestaciones y necesidades cambian en función de diversas variables como la etapa
del desarrollo en la que se encuentre o si ha recibido una atención temprana y un
seguimiento óptimo.
Accede ahora al foro de ejercicios y contesta allí al tema “Imagen social del autismo”
Imagen social del autismo ¿Cuando una persona ajena al ámbito del TEA piensa en una persona
con autismo, ¿qué imagen crees que se le forma en la cabeza? ¿Consideras que esta imagen es
fiel a la realidad?
2. ¿Por qué se le denomina “espectro”?
Se denomina “espectro del trastorno autista” al conjunto de trastornos que, aunque pueden
ser distintos, comparten síntomas (o más bien características) comunes, antecedentes
familiares comunes, sustrato biológico común y/o una respuesta terapéutica similar. Este
concepto da cuenta de un conjunto de alteraciones cualitativas que se pueden manifestar
con mayor o menor gravedad en un continuo autista o espectro autista.
3. Diagnóstico
El autismo tiene una evolución crónica, de diferentes gravedades, implica dificultades de
interacción social, de habilidades de comunicación, cognitivas, patrones restrictivos y
repetitivos de comportamiento, intereses y actividades.
El DSM (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) es el Manual Diagnóstico y
Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría (American
Psychiatric Association, APA) y contiene descripciones, síntomas y otros criterios para
diagnosticar trastornos mentales.
En el DSM-5 se engloban bajo el término de trastornos del espectro autista (TEA) aquellos
trastornos del neurodesarrollo cuyos síntomas incluyen alteraciones en el desarrollo de la
comunicación y de la interacción social, junto con la presencia de patrones de
comportamiento, intereses y actividades restringidos, además de otras manifestaciones que
varían de un individuo a otro.
El diagnóstico del TEA permite su identificación y reconocimiento como etiqueta diagnóstica,
siendo más difícil de identificar cuando se compara dentro de los subgrupos que integran los
trastornos generalizados del desarrollo. El nuevo DSM-V hace un acercamiento hacia una
perspectiva dimensional del espectro (transdiagnóstico) en un intento de conceptualizar el
trastorno en un continuo (grados) más que en un encaje puramente categorial (todo/nada).
Aunque se centran en la infancia también se incluyen adolescentes, adultos y ancianos en el
espectro.
Actualmente, según el DSM-V deben cumplirse los siguientes puntos para su diagnóstico:
A. Deficiencias persistentes en la comunicación social y en la interacción social en diversos
contextos, manifestado por lo siguiente, actualmente o por los antecedentes (los ejemplos
son ilustrativos pero no exhaustivos):
1. Las deficiencias en la reciprocidad socioemocional, varían, por ejemplo, desde un
acercamiento social anormal y fracaso de la conversación normal en ambos sentidos
pasando por la disminución en intereses, emociones o afectos compartidos hasta el fracaso
en iniciar o responder a interacciones sociales.
2. Las deficiencias en las conductas comunicativas no verbales utilizadas en la
interacción social, varían, por ejemplo, desde una comunicación verbal y no verbal poco
integrada (proto-imperativos/proto-demostrativos), pasando por anomalías del contacto
visual y del lenguaje corporal o deficiencias de la comprensión y el uso de gestos, hasta una
falta total de expresión facial y de comunicación no verbal.
3. Las deficiencias en el desarrollo, mantenimiento y comprensión de las relaciones,
varían, por ejemplo, desde dificultades para ajustar el comportamiento en diversos
contextos sociales pasando por dificultades para compartir juegos imaginativos o para hacer
amigos, hasta la ausencia de interés por otras personas.
4. Preocupación del niño autista por preservar la invariabilidad del medio mostrando
una gran hipersensibilidad al cambio, respondiendo con fuertes berrinches e incluso,
autolesionándose. Especificar la gravedad actual (basada en deterioros de la comunicación
social y en patrones de comportamientos restringidos y repetitivos).
B. Patrones restrictivos y repetitivos de comportamiento, intereses o actividades, que se
manifiestan en dos o más de los siguientes puntos, actualmente o por los antecedentes (los
ejemplos son ilustrativos pero no exhaustivos):
1. Movimientos, utilización de objetos o habla estereotipados o repetitivos (p.
ej., estereotipias motoras simples, alineación de los juguetes o cambio de
lugar de los objetos, ecolalia, frases idiosincrásicas).
2. Insistencia en la monotonía, excesiva inflexibilidad de rutinas o patrones
ritualizados de comportamiento verbal o no verbal (p. ej., gran angustia
frente a cambios pequeños, dificultades con las transiciones, patrones de
pensamiento rígidos, rituales de saludo, necesidad de tomar el mismo
camino o de comer los mismos alimentos cada día).
3. Intereses muy restringidos y fijos que son anormales en cuanto a su
intensidad o foco de interés (p. ej., fuerte apego o preocupación por objetos
inusuales, intereses excesivamente circunscritos o perseverantes).
4. Hiper- o hipo-reactividad a los estímulos sensoriales o interés inhabitual por
aspectos sensoriales del entorno (p. ej., indiferencia aparente al
dolor/temperatura, respuesta adversa a sonidos o texturas específicos,
olfateo o palpación excesiva de objetos, fascinación visual por las luces o el
movimiento). Especificar la gravedad actual: La gravedad se basa en
deterioros de la comunicación social y en patrones de comportamiento
restringidos y repetitivos.
C. Los síntomas han de estar presentes en las primeras fases del período de desarrollo
(pero pueden no manifestarse totalmente hasta que la demanda social supera las
capacidades limitadas, o pueden estar enmascarados por estrategias aprendidas en fases
posteriores de la vida).
D. Los síntomas causan un deterioro clínicamente significativo en lo social, laboral u otras
áreas importantes del funcionamiento habitual.
E. Estas alteraciones no se explican mejor por la discapacidad intelectual (trastorno del
desarrollo intelectual) o por el retraso global del desarrollo. La discapacidad intelectual y el
trastorno del espectro del autismo con frecuencia coinciden; para hacer diagnósticos de
comorbilidades de un trastorno del espectro del autismo y discapacidad intelectual, la
comunicación social ha de estar por debajo de lo previsto para el nivel general de desarrollo.
La nueva Clasificación Internacional de Enfermedades, la CIE-11, unifica criterios con
respecto a la clasificación americana de trastornos mentales, el DSM-V.
Respecto a las características nucleares del TEA, la CIE-11 también excluye los problemas del
lenguaje, manteniendo las dos mismas categorías que el DSM-5; dificultades para la
interacción y la comunicación social e intereses restringidos y comportamientos repetitivos.
Ambas clasificaciones también señalan la importancia de examinar sensibilidades sensoriales
inusuales. En cuanto a las diferencias, la clasificación de la OMS (CIE-11) aporta pautas
detalladas para distinguir entre autismo con y sin discapacidad intelectual, mientras que el
DSM-V señala que ambas pueden darse simultáneamente. Finalmente, la CIE-11 incluye la
pérdida de competencias previamente adquiridas como una característica a tener en cuenta
a la hora de efectuar un diagnóstico.
4. Autismo vs Asperger
El Síndrome de Asperger es un tema específico dentro del TEA y por ese motivo vamos a
dedicarle un apartado completo dentro de este curso que estás siguiendo de la Asociación
Española de Psicología Sanitaria AEPSIS. Lo encontrarás de forma más desarrollada en la
parte final del curso.
El Síndrome de Asperger, al que pone nombre en 1944 el pediatra vienés Hans Asperger,
engloba a las personas que presentan dificultades en la comunicación social y en la
flexibilidad de pensamiento y comportamiento. Las personas con asperger presentan gran
dificultad para entender la parte “no literal” del lenguaje, tanto en su expresión oral (no
comprendiendo la ironía o el sarcasmo, y dobles sentidos como las metáforas o incluso los
refranes) como en su forma no verbal (por ejemplo: gestos, movimientos faciales, pero que
sin embargo, tienen un lenguaje fluido y una capacidad intelectual media o incluso superior.
El DSM-5 considera el Trastorno de Asperger como un subtipo de TEA de “alto
funcionamiento”, es decir, con síntomas atenuados del TEA y sin alteraciones en el lenguaje
ni en la capacidad intelectual. Se manifiesta en falta de empatía, estilos de comunicación
alterados, intereses intelectuales limitados pero no presentan problemas de comunicación
tan graves. Las personas con Asperger seguirán existiendo aunque ya no tengan categoría
diagnóstica en el DSM-V.
5. Nuevos cambios en el DSM-V
Existen ciertas diferencias entre la clasificación y el diagnóstico anterior (DSM-IV-TR) al actual
(DSM-V). La necesidad de una nueva clasificación se debe a varios motivos:
1. Las cinco categorías establecidas en el DSM-IV son arbitrarias dado que no
diferencian entre comorbilidades, por lo que la misma persona puede cambiar
de diagnóstico a lo largo de su vida. El DSM-5 es más flexible y reconoce que la
persona con TEA puede presentar también otras patologías añadidas como
depresión, ansiedad, déficit cognitivo, convulsiones, etc.
2. El Trastorno Generalizado del Desarrollo no especificado ha ido modificándose y
se ha convertido en un cajón de sastre por lo que se hacía necesario delimitar el
TEA de otros trastornos.
3. Se requiere de una clasificación diagnóstica más universal y más concreta.
Con el DSM-5 las diferencias entre pacientes se evalúan de una manera más cuantitativa que
cualitativa, haciendo más hincapié en el nivel de gravedad. También se hablará de las
limitaciones sociales y de la comunicación como un único conjunto de dificultades y no como
dos ámbitos separados del desarrollo. ¿Por qué?, las limitaciones en el lenguaje no son
específicas del TEA, por lo que se debe evaluar todo en su conjunto.
Las personas evaluadas con diagnóstico de Trastorno Autista, Trastorno de Asperger o
Trastorno Generalizado del Desarrollo No Especificado según el DSM-IV pasarán a recibir el
diagnóstico de Trastorno del Espectro Autista en el nuevo DSM-V. Así, aquellos que tengan
unos claros déficits en la comunicación social (pragmática), pero cuyos síntomas no alcanzan
los criterios para un Trastorno del Espectro Autista, deberían ser evaluados para considerar
la presencia de un Trastorno de la Comunicación Social.
En un breve resumen, el TEA deja de englobarse bajo los denominados Trastornos
Generalizados del Desarrollo, el Trastorno de Rett queda fuera, la edad de detección se
adelanta hasta la primera infancia. El DSM-5 también reduce el número de dominios
sintomáticos, de los tres que recogía el DSM IV, a dos grupos:
1. Comportamientos, intereses y actividades repetitivos y restringidos
2. Alteraciones sociales combinadas con alteraciones en la comunicación.
6. Especificaciones
Para llevar a cabo el diagnóstico no se debe olvidar especificar los siguientes puntos:
Tal y como se puede observar el DSM-5 otorga una especial importancia en el diagnóstico a
los especificadores. Se deberá detallar por ejemplo la existencia de discapacidad intelectual
(incluyendo la estimación de capacidad verbal y no verbal), Alteración en el lenguaje (no
verbal, palabras sueltas, frases, lenguaje fluido y aparte lenguaje expresivo y comprensivo),
enfermedades (médicas, genéticas o factores ambientales asociados), asociación con otros
trastornos (del neurodesarrollo, mentales o del comportamiento), catatonia y gravedad
(clasificando en tres niveles las dificultades en los dos grupos de dominios sintomáticos).
Revisa el cuadro de la página siguiente.
7. Características:
Como hemos visto anteriormente, el TEA presenta una serie de criterios para su diagnóstico,
aunque cada persona puede cumplir diferentes.
Es muy importante destacar que no existen dos personas TEA iguales. Hablamos de un
trastorno que se manifiesta de diferentes maneras.
A continuación, se mencionan las principales (aunque no únicas) características que pueden
presentar las personas TEA:
a) Características en la infancia:
1. Comportamiento. No todos los niños con TEA muestran el mismo tipo de
interacción social aunque sí existen algunas conductas específicas tales como la
ausencia de contacto con los demás (no gritan para llamar la atención, no buscan
contacto afectivo, no manifiestan conductas anticipatorias de ser cogidos en
brazos, etc.). Muestran una gran hipersensibilidad a los cambios, respondiendo con
conductas de evitación, rabietas e incluso autolesiones.
2. Comunicación. Alteración de la comunicación intencional, activa o espontánea
(ausencia de sonrisa social, de miradas a las personas, gestos) y ecolalia. Entre un
28% y un 61% de los niños autistas no adquieren lenguaje expresivo.
3. Cognición. "Ceguera mental" o incapacidad para atribuir estados mentales a
los demás, lo que se conoce como teoría de la mente.
b) Características en la edad adulta
El TEA es un trastorno relativamente reciente. Cada vez más se habilitan recursos, ayudas y
se conciencia sobre ello. Si bien es cierto que se suele centrar en casi su totalidad en la
infancia y adolescencia olvidando a una gran parte de ese colectivo: los adultos. Como se ha
mencionado antes, se trata de una condición de vida, no “desaparece”. Aunque sí que es
cierto que con ayuda de los grandes profesionales (psicólogos, psiquiatras, médicos,
trabajadores sociales, profesores…) y la involucración de la familia y el entorno cercano
pueden “mitigarse” los síntomas estos siguen apareciendo. Sin embargo, resulta de suma
importancia investigar el TEA en personas adultas para crear programas, estrategias y ayudas
en torno a este colectivo, porque un día, esos niños serán adultos y no les servirán las mismas
pautas.
Sin olvidar que muchas personas adultas aún no han sido diagnosticadas de TEA o lo han sido
recientemente ya siendo adultos y no saben desenvolverse en el mundo.
8. ¿Cuál es la probabilidad de presentar autismo?
Según la definición de la Asociación Internacional Autismo-Europa (2000), en el mundo cinco
de cada 10.000 personas presentan un cuadro de “autismo clásico”, y las cifras suben hasta
una de cada 700-1.000 personas si se tiene en cuenta el “espectro autista”.
En los últimos años se ha constatado un aumento considerable de los casos detectados y
diagnosticados que se debe, entre otros, a una mayor precisión de los procedimientos e
instrumentos de diagnóstico, a la mejora en el conocimiento y la formación de los
profesionales, o ciertamente, a un aumento real de la incidencia de este tipo de trastornos.
9. Prevalencia del TEA
La etnia, el sexo y la cultura posibilitan la elaboración de un perfil personalizado de la forma
en que se presenta los trastornos en cada afectado.
Antes era mucho más común en niños en una proporción 4:1 en el caso del TEA y 8:1 en el
caso del Asperger. De hecho, se teorizaba dados los diagnósticos que el autismo de alto
funcionamiento se daba en más casos en hombres, mientras que el autismo más social y
desinhibido con menor número de conductas repetitivas se asociaba al sexo femenino. Si
bien es cierto que el TEA se diagnostica con mayor dificultad en niñas, por lo que el número
de casos diagnosticados y reales no coinciden. Una de las teorías que lo explica es que en el
caso de las niñas y mujeres no presentan un comportamiento tan estereotipado y controlan
mejor su comportamiento en público. De esta manera, el TEA se “enmascara”, por lo que
dicha proporción puede no ser del todo real, pero sí que refleja el número de casos
diagnosticados actualmente.
10. Comorbilidad del TEA
El 40% de las personas TEA tiene otro diagnóstico asociado siendo los más frecuentes el
trastorno de ansiedad, el TDA (con hiperactividad) y el trastorno negativista desafiante.
También presenta mucha comorbilidad con trastornos infantiles del desarrollo, tanto
cognitivo, del lenguaje, social, motor y emocional. Los niños con autismo presentan mayor
riesgo de padecer determinadas enfermedades, como el síndrome del cromosoma X frágil,
el cual, provoca retraso mental.
Otras enfermedades son la esclerosis tuberosa, convulsiones epilépticas, el síndrome de
Tourette y las dificultades de aprendizaje.
Un dato que sorprende es que el 20-30% de los niños con autismo desarrollan epilepsia
cuando llegan a ser adultos, aunque se encuentra en vías de investigación y se desconoce su
explicación.
Por otra parte, algunas personas con esquizofrenia parecen mostrar ciertos
comportamientos de tipo autista, sobre todo a partir de la adolescencia, sin embargo, no
parece ser un trastorno que coexista con el autismo, ya que algunos síntomas, como las
alucinaciones y los delirios, no están presentes en las personas con TEA. Por esta razón, tal y
como mostramos en el siguiente capítulo, la esquizofrenia y el TEA han estado
históricamente ligados.
Cabe destacar otra comorbilidad común, los trastornos en el lenguaje expresivo y el
trastorno por déficit de atención sin (TDA) o con hiperactividad (TDAH).
Además, se observa cierta comorbilidad significativa en la adolescencia con trastornos de
ansiedad y depresivos.
Finalmente, durante la adolescencia y adultez (cuando el ámbito social cobra mucha más
relevancia) se ha observado una atención excesiva a determinados aspectos de su cuerpo,
asociada a dismorfofobia o problemas alimentario, como explicación de las dificultades
sociales. También puede aparecer consumo de alcohol u otros tóxicos como manera de
reducir la ansiedad e incrementar la desinhibición social.
11. Neurodiversidad
El movimiento “neurodiversidad” defiende la concepción del autismo como una variación
del genoma humano que da lugar a un perfil neuropsicológico diferente y no por ello
deficitario.
La neurodiversidad aboga por entender el autismo como una variante de la normalidad, una
expresión de la diversidad humana en vez de una patología. Esta idea es muy apoyada y a la
vez muy criticada.
Actualmente han surgido movimientos, como el “TEActivismo” que pretende luchar por los
derechos de las personas en una sociedad prácticamente neurotípica que a menudo los
considera invisibles. También como una forma de buscar apoyo y ayuda entre las personas
TEA, que son los que mejor los pueden llegar a entender.
También existe un amplio debate en cómo hacer referencia a las personas que presentan
TEA. Hay personas que prefieren que se las referencie como “persona con autismo” mientras
que otros prefieren denominarse “persona autista o TEA”. Ciertas personas hablan
abiertamente de su condición mientras que otras prefieren no hacerlo. Por ello, es preferible
preguntarle a la persona en primer lugar antes de asumir qué es mejor para él o ella y tener
en cuenta en todo momento que se trata de una persona con su propia condición.