Desarrollo socioemocional
temprano y regulación emocional
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Resumen
El desarrollo socioemocional y la regulación emocional constituyen
logros centrales durante la primera infancia ocurriendo en un
contexto relacional y contribuyendo al logro de vínculos saludables, a
la integración social, el logro escolar y la salud mental posterior. En
el presente artículo se revisa la evidencia disponible para describir y
analizar la forma en que ocurre el desarrollo socioemocional infantil
y el logro de la regulación emocional, así como los elementos que
contribuyen o interfieren en la adquisición de estas habilidades en el
contexto de los cuidados familiares. Se revisa la vinculación
temprana y el apego como las bases para el logro de estas
habilidades diferenciando contextos diádicos y tríadicos, así como
interacciones protectoras y de riesgo para el desarrollo
socioemocional infantil. Se presentan también los principales hitos
en el desarrollo socioemocional y la regulación temprana y se discute
la relevancia clínica de estas dimensiones.
Palabras clave
Desarrollo socioemocional infantil
Autorregulación
Crianza de los hijos
Interacciones tempranas
Introducción
La habilidad infantil para regular apropiadamente las emociones e
interactuar positivamente con otros forma parte del desarrollo
socioemocional y es clave para la construcción de vínculos
saludables y el bienestar general.1. Los/as niños/as que logran
manejar de manera adecuada sus conductas socioemocionales son
habitualmente considerados competentes y mejor preparados para
lidiar con la realidad, y quienes presentan dificultades para hacerlo
son muchas veces percibidos como problemáticos. Sumado a esto,
las dificultades en la regulación emocional infantil constituyen un
factor de riesgo transdiagnóstico para distintos trastornos en salud
mental, requiriendo su comprensión y abordaje una atención
especial.2.
Uno de los grandes retos de la crianza es la organización y gestión
de las experiencias afectivas de los/as hijos/as 3, por lo que las
dificultades en la autorregulación de los adultos interfieren en la co-
regulación e impactan negativamente en el desarrollo
socioemocional infantil. Entendiendo además que los procesos de
socialización de las emociones ocurren en contextos interpersonales,
las dificultades socioemocionales pueden transmitirse de generación
en generación.4,5.
Los estudios sugieren que los problemas socioemocionales que se
enraízan y se vuelven una forma de comportamiento habitual son
muchas veces resistentes al cambio y tienden a intensificarse en el
tiempo.6. Lo anterior interpela a los profesionales focalizados en la
primera infancia a prevenir ya detectar tempranamente las
dificultades socioemocionales para ofrecer tratamiento, tal como
señalan las recomendaciones internacionales.7.
Considerando estos antecedentes, se definió como objetivo de este
artículo describir y analizar la forma en que ocurre el desarrollo
socioemocional infantil y el logro de la regulación emocional en el
contexto interpersonal, diferenciando sus distintos componentes e
identificando factores asociados, así como su relevancia. clínica. Se
revisa la evidencia disponible a partir de estudios nacionales e
internacionales, dando especial énfasis a la regulación emocional,
entendida como un factor clave en la salud mental. 8. Se
conceptualiza el desarrollo socioemocional infantil desde una mirada
evolutiva, estrechamente ligado a la parentalidad ya la vinculación
temprana, entendiendo que ocurre en un contexto relacional en que
tanto los factores individuales como los contextuales interactúan,
modelan la forma en que ocurre y definen su trayectoria.
Desarrollo socioemocional y regulación emocional a lo
largo de la primera infancia.
Existe un amplio consenso sobre la importancia de las competencias
socioemocionales infantiles.9,10, sin embargo definir en qué consiste
no es una tarea fácil. Resulta complejo ya que varía de una edad a
otra, es decir, lo que sería aceptable en una etapa podría no serlo en
otra. Además, se ven fuertemente afectados por factores culturales y
ambientales, pudiendo ser algunos comportamientos adecuados en
un contexto, pero no en otros y se dan en un continuo que requiere
definir en qué punto deben ser considerados “suficientes” o
adecuados y en qué punto no . Muchas veces las distintas creencias y
significados que los adultos atribuyen al comportamiento infantil
explican la minimización de las dificultades y la consulta tardía o la
excesiva problematización y patologización de comportamientos
infantiles normativos, lo que profundiza la complejidad de su
detección y abordaje.
Es sabido que, para adaptarnos, crecer y desarrollarnos
satisfactoriamente, la capacidad de experimentar las distintas
emociones es clave, ya que nos permite reconocer los cambios en
nosotros mismos y en nuestro entorno, reaccionar frente a eventos
que podrían interferir con nuestro bienestar y enfrentar y resolver
situaciones problemáticas11. En este sentido, el poder modificar la
aparición, intensidad, duración y forma de respuesta emocional es
reconocido como una habilidad clave para la adaptación y las
relaciones interpersonales, y está definido como regulación
emocional.12. La capacidad de regulación emocional implica la
habilidad para controlar comportamientos impulsivos y actuar sobre
la base de objetivos y metas cuando se experimentan emociones.
Supone además el uso de estrategias de forma flexible y adecuada a
cada situación, así como la modulación de respuestas emocionales
con el fin de lograr metas individuales y las demandas del
entorno.3,5,13,14,15,16,17,18,19.
Algunos autores han planteado la importancia de diferenciar entre
competencias sociales y competencias emocionales.20, entendiendo
las primeras como la capacidad de desplegar conductas que
permitan lograr interacciones positivas con hermanos, pares, padres
y otros adultos.21y las segundas como la habilidad de regular
efectivamente las emociones en función de una meta 22. Ambas se
traslapan, resultando más fácil identificar competencias sociales
adecuadas que emocionales, ya que la desregulación podría activarse
a partir de interacciones disfuncionales que las activan y no deberse
un déficit en el desarrollo del niño/a. Para lograr adaptarnos, crecer
y desarrollarnos satisfactoriamente, la capacidad de experimentar
las distintas emociones es clave, ya que nos permite reconocer los
cambios en nuestro entorno, reaccionar frente a eventos que podrían
interferir con nuestro bienestar y enfrentar y resolver situaciones
problemáticas.23.
La evidencia que la gran mayoría de los episodios de regulación
emocional ocurren en contextos sociales, durante interacciones con
otros. Esto implica que realizamos esfuerzos por regularnos a
nosotros mismos y también a los demás, definiéndose este fenómeno
como heteroregulación. Los/as niños/as que han tenido la
experiencia de participar en interacciones en que sus cuidadores
respondieron de manera sensata y contribuyeron a su regulación en
momentos de estrés, aprenderán el valor de compartir las
experiencias emocionales y experimentarán a los demás como fuente
de consuelo.24. En específico, la respuesta sensata parental se refiere
a la habilidad de los cuidadores para percibir, interpretar y
responder de manera ajustada y contingente a las señales y
necesidades infantiles.25y ha sido considerado clave en el desarrollo
socioemocional.
Las habilidades asociadas a la regulación emocional se desarrollan
durante todo el ciclo vital, tal como se muestra en laTabla 1, sin
embargo, en el recién nacido, la capacidad regulatoria se asocia a
mecanismos fisiológicos automáticos que requieren la presencia y
disponibilidad de los cuidadores primarios, quienes cumplen una
importante función. Los bebés sintonizan con las reacciones faciales,
físicas y vocales de los cuidadores, desregulándose cuando estos dan
respuestas inapropiadas o no responden a sus iniciativas
comunicacionales.26. Inicialmente la regulación es principalmente
externa (heteroregulación) y gradualmente los bebés van
desarrollando mecanismos autorregulatorios, apareciendo a los 3
meses conductas para consolarse independientes del
comportamiento de los cuidadores (desviar la mirada, succionar,
llorar, evitar entre otros). Alrededor de los 7 meses los bebés han
desarrollado de manera importante la memoria, lo que les permite
anticipar situaciones y prepararse para lo que vendrá a partir de
claves externas, que ayudan a la regulación (rutinas de sueño,
alimentación, baño construidos por los cuidadores). ). Junto a este
avance, logran también seguir la mirada de los padres y mostrar
atención conjunta.27, lo que favorece la distracción de la fuente de
angustia al centrado en algo diferente. Al año de vida logran
mayores recursos comunicativos a partir del lenguaje gestual y
verbal, lo que permite la expresión de sus necesidades de manera
más clara y la reducción del estrés a partir de una comunicación
enriquecida con los cuidadores. Se suma a lo anterior el importante
progreso en el desarrollo motor en esta etapa que permite el
desplazamiento y búsqueda directa de lo que requieren, potenciando
junto al lenguaje la expresión y satisfacción de sus necesidades. 28.
Entre los 15 y los 18 meses, se evidencia un patrón de apego con
cada niño primario, y si estos corresponden a patrones seguros, la
disponibilidad y la sensibilidad del cuidador contribuirán a la
regulación del/a frente al estrés. A los 18 meses son capaces de
reconocerse en un espejo y pueden participar en juegos de roles
sencillos.29.
A partir de los dos años mejora la capacidad de atención, lo que
facilita el cambio de foco atencional hacia estímulos placenteros,
postergar la gratificación y seguir instrucciones, habilidades clave
para las relaciones interpersonales y la inserción en el sistema
escolar inicial.11. Entre los 2 y los 3 años el juego se potencia y
aparece la capacidad de simulación, que permite expresar la
experiencia subjetiva transformada, ayudando a integrar ya dar
sentido a sus experiencias ya las de los demás facilitando la
regulación emocional y potenciando las funciones cognitivas
superiores. que subyacen la empatía y las capacidades
autorreflexivas30. Entre los 3 y los 4 años disminuye el egocentrismo
y pueden identificarse como se sentirán los demás en determinado
contexto, asumiendo que no todos se sienten como ellos. 31. Entre los
4 y 5 años desarrollan la “teoría de la mente” que les permite
imaginar y representar la perspectiva mental de otra persona,
identificar las consecuencias de su comportamiento y compensar
aspectos asociados a su temperamento. A partir de los 7 años la
mayoría de los/as niños/as han desarrollado la complejidad cognitiva
necesaria para poder pensar en sí mismos y en los otros en términos
de estados mentales, capacidad definida como “mentalización”. 32.
Complementariamente, la capacidad de mentalización de los
cuidadores primarios o función reflexiva parental contribuye a la
mentalización infantil y ha demostrado ser una competencia
fundamental para el desarrollo socioemocional de los/as hijo/as y
para el logro de relaciones positivas.33.
Las habilidades representacionales se incrementan durante la etapa
preescolar, favoreciendo la capacidad de planificar, anticipar
consecuencias frente a determinadas conductas y reformular la
perspectiva sobre un evento para disminuir el estrés.
Posteriormente, el desarrollo e integración de habilidades como la
atención, el control inhibitorio y las habilidades representacionales
contribuyen a un mayor logro de habilidades autorregulatorias, que
favorecen luego la capacidad de respuesta a las exigencias
cognitivas y sociales del contexto escolar. A lo largo de la niñez las
habilidades descritas se integran y perfeccionan en asociación con la
maduración de estructuras cerebrales y con el contexto
interpersonal.23.
Vinculación temprana y apego: la base del desarrollo socioemocional
Los primeros años de vida constituyen un período crítico, sensible a
nivel neuropsicológico y fértil para la implementación de
intervenciones tempranas.34,35. Por esta razón, las relaciones
significativas en esta etapa sientan las bases del desarrollo posterior
y la salud mental.36,37,38.
La evidencia en torno a la influencia del ambiente y la relevancia de
los entornos de relaciones y cultura ha ido indicando que las áreas
del cerebro humano que están involucradas en la regulación
emocional, en los procesos de socialización, en la regulación de la
agresividad, e incluso la memoria, comienzan su desarrollo en el
período gestacional y terminan de desarrollarse fuera del útero y en
interacción con otros, reforzando la importancia de las interacciones
tempranas y los factores culturales.39,40. Desde esta perspectiva y
su evidencia, es necesario comprender el desarrollo temprano como
un continuo evolutivo que comienza en el embarazo. Hallazgos
relativamente recientes indican que las transformaciones y la
sensibilidad aumentada que muestran las mujeres durante el
embarazo tienen un objetivo dirigido a la supervivencia ya asegurar
la relación con el bebé después del nacimiento, abriendo
oportunidades de cambio y transformación futura.41. Estos hallazgos,
por su parte, tienen sus raíces en la década de los 90 en la que se
confirma la teoría de Barker y luego la evidencia posterior acerca de
la programación fetal.42,43. La muestra evidencia cómo el entorno
que rodea a la mujer embarazada impacta fuertemente en el
ambiente intrauterino y éste, a su vez, afecta en cómo se desarrolla
el bebé en el presente y en el largo plazo, mostrando cómo madre y
bebé “se programan” mutuamente incluso ya en la gestación. En este
sentido, la psicopatología parental durante el período perinatal se ha
asociado fuertemente con correlatos biológicos, conductuales y
neuropsicológicos del funcionamiento psicológico en sus hijos/as. 44.
Estas alteraciones se han descrito como un riesgo para el desarrollo
posterior del niño/ay en su adulto tomando formas de psicopatología
e incluso transmisión intergeneracional de la psicopatología. 42. Por
ejemplo, se ha descrito que mujeres con depresión en el embarazo,
pueden alterar la conectividad en la amígdala del bebé, sentando las
bases para el desarrollo de depresiones mayores en la adolescencia y
adultez de esos bebés.45.
La inmadurez del ser humano al nacer implica un período
prolongado de cuidados y una fuerte dependencia del cuidador, con
quien el bebé establece un proceso interactivo complejo que
considera su propia contribución, la del cuidador y la del ambiente. 46.
Durante los primeros 24 meses el desarrollo socioemocional infantil
muestra cambios sustanciales, poniendo en marcha competencias
sociales y afectivas dirigidas a la vinculación con los cuidadores
principales para garantizar la supervivencia.36,37. Algunas
investigaciones han evidenciado cómo en esta etapa cambia también
el cerebro de los cuidadores, activándose áreas cerebrales
específicas frente a los estímulos infantiles que configuran una “red
cerebral de cuidados parentales”47. A partir de estos cambios el
cerebro del cuidador y del bebé se sintonizan y construyen una
matriz de sincronía bioconductual que permite el desarrollo de las
habilidades infantiles para las relaciones futuras, la intimidad, la
adaptación social y para el manejo del estrés relacional.48,49.
Uno de los primeros autores en describir la regulación emocional
como un proceso interactivo fue Sroufe50, mostrando la transición
desde la regulación externa y co-regulación de estados fisiológicos,
hacia la autorregulación progresiva, a partir de las interacciones
entre el/la niño/ay sus cuidadores principales. La literatura y las
investigaciones se han centrado principalmente en las interacciones
diádicas en el estudio de la vinculación temprana y los procesos
regulatorios, mostrando como en el intercambio entre el adulto y el
infante la diada desarrolla un estilo interaccional basado en la
coordinación secuencial de comportamientos.51.
En la interacción diádica, el infante muestra señales al cuidador de
tipo específico o intencionado (por ejemplo, levantar los brazos para
ser tomado) o inespecífico (llorar frente al malestar), buscando
activar una respuesta que contribuya a su regulación y al alivio del
estrés. . Idealmente, los intercambios al interior de la diada ocurren
de manera organizada, logrando sintonía, sincronía, reciprocidad,
mutualidad e intersubjetividad, lo que permitirá anticipar la
progresión de la interacción momento a momento.
Aun considerando la bidireccionalidad y la influencia mutua en las
interacciones entre un bebé y sus cuidadores principales, son los
adultos los que cuentan con mayores recursos para ajustarse a las
necesidades y respuestas del bebé. Un bebé nace preparado para
conectarse socialmente, captando rápidamente quiénes son las
personas que podrían cuidarlo.52. Los adultos cuidadores contribuyen
con rutinas y cuidados sensibles favoreciendo externamente la
regulación del estrés, lo que sentará las bases para el desarrollo de
habilidades auto-regulatorias.53. En la medida en que el cuidador
logra auto-regularse y co-regular al niño/a, estas experiencias
modelarán el manejo de sus propias emociones en el futuro. Tanto el
cuidador como el niño/a contribuye a la interacción desde sus
propias características y experiencias, influyendo en el niño/a su
temperamento, sus experiencias previas, su neurodesarrollo, su nivel
de madurez, sus habilidades cognitivas y su estado de salud general.
En el adulto, por su parte, influirán su propia historia vincular, sus
recursos autorregulatorios, su patrón de apego, su capacidad de
mentalización sobre sí mismo y sobre el niño/a, los eventos adversos
y/o traumáticos vividos en su infancia, su salud mental, sus redes de
apoyo y el contexto actual.
Es así que podemos entender entonces que el comportamiento
humano surge de la regulación interna (autoregulación) y la
regulación externa (co-regulación) las que se influyen mutuamente a
lo largo del desarrollo.54. LaFigura 1representa de manera gráfica
estas ideas.
Interacciones triádicas y desarrollo socioemocional
Dado que el desarrollo socioemocional ocurre habitualmente en
contextos multipersonales, la co-regulación de los niños/as no ocurre
solamente a partir de la respuesta sensible y la disponibilidad de un
cuidador, sino que depende también de la forma en que ese cuidador
se coordina y se apoya con un segundo cuidador con quien comparte
la crianza y los cuidados del niño/a.
En el escenario triádico tanto el niño/a como los cuidadores pueden
experimentar distintos roles que no se despliegan en el intercambio
diádico, en que ambos participantes son activos. Las interacciones
triádicas permiten roles pasivos y activos en los participantes los que
pueden alternar durante el intercambio. Desde un rol activo pueden
realizar comunicaciones verbales o físicas explícitas y desde un rol
pasivo pueden participar observando la interacción entre dos de
miembros de la triada. Los roles pasivos pueden activar sentimientos
en torno a la exclusión, tanto en el niño/a como en los adultos, y
permitir observar otras formas de intercambio modeladas por los
demás participantes. Los roles activos permiten experimentar
intercambios diádicos y triádicos, identificar diferencias y desarrollar
momentos de intersubjetividad triádica, en que se comparte
atención, afecto y un objetivo común. Estas experiencias permiten el
desarrollo de habilidades interpersonales de mayor complejidad y
favorecen el conocimiento de distintas perspectivas en el
intercambio. La pareja de cuidadores enfrenta además el desafío de
autoregularse, co-regularse, organizarse y apoyarse en el proceso,
debiendo resolver conflictos tanto entre ellos como con el niño/a, de
manera coordinada.
Uno de los mayores desafíos de la parentalidad es el andamiaje del
desarrollo infantil a partir de las interacciones cotidianas, ya que
constituirán la matriz para las relaciones sociales futuras.3,55. La
evidencia sugiere que los rasgos psicopatológicos y las dificultades
en la regulación emocional de los cuidadores se asocian a una menor
calidad de las interacciones familiares, así como también con la
aparición de problemas en el desarrollo socioemocional de los
niños/as.4,56. Sin embargo, el impacto de los rasgos de personalidad
de los padres en la regulación emocional ha sido estudiado en días
separados, considerando la pareja parental, la díada madre-infante y
en menor medida la díada padre-infante. Aún más, los procesos a
nivel familiar (p. ej.: tríada cuidador 1/infante/cuidador 2) han sido
escasamente tomados en cuenta, particularmente en relación a la
forma en que las características y dificultades de regulación
emocional del adulto pueden afectar las Relaciones triádicas y
favorecer la aparición de dificultades en el desarrollo
socioemocional. Estudios recientes muestran que la calidad de las
interacciones triádicas tiene un efecto en el desarrollo
socioemocional infantil, actuando como mediadoras en la relación
entre la capacidad de mentalización materna y el desarrollo
socioemocional infantil en niños/as entre 1 y 3 años de edad.
Calidad de las interacciones tempranas y su impacto en el desarrollo
socioemocional y la regulación temprana
Los encuentros y desencuentros que se observan cotidianamente
entre cuidadores y niños/as pequeños (p. ej.: niño/a pequeño/a señala
con el dedo una repisa con varios juguetes a su cuidador/a–el/la
cuidador/a entrega lo que cree que el niño/a pide–el niño/a
pequeño/a comienza a llorar y sigue señalando al mismo lugar), así
como la reparación de dichos encuentros, son un aspecto relevante y
universal en el desarrollo infantil, ya que la calidad de la respuesta
que el cuidador entregue al niño/a está directamente relacionada con
las capacidades auto-regulatorias infantiles y su desarrollo
socioemocional y psicomotor58,59,60,61. Se ha descrito que la
frecuencia de desencuentros en la relación llega a un 70% en
vínculos saludables, es decir, que sólo un tercio de las veces el
cuidador está en sintonía con el estado interno del niño/ay que lo
más relevante no es el hecho de que ocurran los desencuentros, sino
que estos sean reparados (p. ej.: el/la cuidador/a indica verbalmente
al niño/a que le ha entregado algo que al parecer él/ella no quería y
vuelve a sacar otro juguete y entregárselo)62.
A través del ejercicio de la parentalidad y los cuidados infantiles que
esto conlleva se expresan creencias y valores familiares que definen
prácticas particulares que moldean el desarrollo infantil y que son
transmitidas de generación en generación (p. ej.: hábitos
relacionados con el sueño, alimentación e higiene)40,63,64. Así, el
desarrollo de las habilidades regulatorias ocurre en un contexto
cultural particular, el que establece tareas y metas de socialización
específicas, definiendo formas de cuidados y tipos de interacciones
deseables entre cuidadores primarios y niños/as. De hecho, en
relación con la regulación afectiva, se ha visto que es diferente al
interior de cada cultura en cuanto a sus procesos, consecuencias y
actitudes hacia la regulación de las emociones e incluso se han
encontrado diferencias culturales en las estrategias para el manejo
de sintomas de salud mental65,66,67,68.
El reconocimiento y reparación que hace el cuidador de los
desencuentros resulta crucial para el desarrollo socioemocional y las
habilidades auto-regulatorias del infante. Las experiencias de
interacción entre el bebé y sus cuidadores principales dejarán
huellas neuronales en ambos, las que brindarán las bases para el
aprendizaje, el comportamiento y la salud mental. Por el contrario, la
ausencia persistente de interacciones en las que una madre no
responde a las señales del bebé actuará como un “doble golpe” para
el desarrollo de ese niño, ya que el cerebro no solo no recibe la
estimulación positiva que necesita, sino que la respuesta del cuerpo
al estrés se activa, inundando el cerebro en desarrollo con hormonas
potencialmente dañinas55,69.
En este sentido, los/as niños/as que se desarrollan en contextos con
elevada negligencia y maltrato, muestran diferencias estructurales,
funcionales y de conectividad cerebral, las que exigen un esfuerzo
emocional y neurobiológico en las interacciones. Esta exigencia se
expresa en conductas desadaptativas que buscan asegurar la
sobrevivencia en entornos disfuncionales que ofrecen experiencias
relacionales adversas, las que dañan las relaciones interpersonales
futuras.60. Por el contrario, los niños que logran establecer vínculos
de apego seguro con sus cuidadores desarrollan confianza en que
serán acogidos en momentos de estrés y desregulación, lo que
favorece la capacidad de reaccionar de manera adaptativa a las
demandas del ambiente, favoreciendo la exploración, la práctica. de
las propias habilidades regulatorias en otros contextos y el logro de
mayor autonomía28.
Discusión y conclusiones
Sin pretender ser exhaustivo, este artículo tiene como objetivo
presentar una visión integradora y preventiva desde el ámbito de la
atención en salud mental, aportando a la comprensión de la
complejidad y riqueza de las relaciones que existen entre los
cuidadores e infantes. La evidencia y contenidos que se presentan
buscan favorecer e integrar el conocimiento existente sobre los
procesos involucrados en la regulación emocional y la influencia de
ésta en la salud mental infantil.
El hito observable más evidente del desarrollo socioemocional es la
regulación de los afectos tanto en su manifestación como su
modulación. El desarrollo de estrategias de regulación emocional es
uno de los principales objetivos para una adecuada adaptación al
contexto social donde se vive, lo que se traduce en relaciones
interpersonales más satisfactorias y una mejor salud mental.2,3,13.
En este proceso las interacciones sociales tienen la capacidad de
“programarnos”, dejando huellas persistentes para el desarrollo,
principalmente el socioemocional y cognitivo.1,8,42.
Las habilidades regulatorias, muy reducidas al momento de nacer, se
desarrollan en un contexto interpersonal en el que los cuidadores
principales tienen un rol central, sobre todo en los primeros 5 años
de vida.46. En este escenario se moldeará el desarrollo de habilidades
regulatorias más o menos adaptativas, dependiendo de las
características del contexto. En este sentido, para que las estrategias
utilizadas por los cuidadores para co-regular a sus niños/as sean
efectivas, éstas necesitarán a su vez un adecuado desarrollo de
estrategias regulatorias propias, considere el momento evolutivo del
niño/ay adaptarse a sus necesidades y características.
La evidencia es confirmatoria en demostrar que: 1) la sincronía
social en edades tempranas predice la regulación emocional y
conductual, la auto-regulación, la seguridad en el apego, las
habilidades para manejar el estrés y la empatía a lo largo de la
infancia y la adolescencia, cumpliendo las características de los
cuidadores un rol fundamental e inevitable en este desarrollo y; 2)
cuando se afectan los procesos que consideran la calidad y
continuidad de los cuidados parentales hacia sus bebés, aumentan
los riesgos de psicopatología que incluyen disfunciones en el
funcionamiento social, como ansiedad, depresión y otros trastornos.
Este conocimiento empírico alcanzado ha permitido diseñar y
desarrollar (y, en ocasiones, evaluar) estrategias útiles para
acompañar e intervenir con cuidadores de niños/as pequeños en
temas relacionados con parentalidad temprana, promoviendo
habilidades para la crianza centradas en la interacción. En la medida
en que se generen contextos de cuidado que promuevan la
regulación emocional se contribuirá al desarrollo de generaciones
más sanas en términos de salud mental, maximizando otros recursos
influenciados negativamente por las dificultades regulatorias, como
son las habilidades sociales y el logro escolar.
En este sentido, la evidencia sobre el desarrollo socioemocional y la
regulación emocional pretende influir en disciplinas asociadas a la
prevención, detección y al abordaje de dificultades clínicamente
significativas en esta área. Así, diferentes disciplinas (p. ej.:
psicología, educación temprana, pediatría, entre otras) han ido
insistiendo en la importancia de la detección precoz de dificultades
infantiles en este ámbito, incluyendo a los cuidadores principales,
entendiendo que el desarrollo socioemocional. y la regulación
emocional se logran y dependen del entorno de relaciones que rodea
al niño/a. La participación de los niños/as en contextos familiares y
educativos que brindan seguridad y oportunidades para practicar las
habilidades socioemocionales y regulatorias contribuirán al
desarrollo y, por el contrario, la falta de estas oportunidades se
traducirá en un menoscabo para el/la niño. /a.
La necesidad de monitoreo y apoyo a la parentalidad temprana
requiere un especial énfasis en contextos de vulnerabilidad
psicosocial, problemas de salud mental o antecedentes de adversidad
y trauma parental. El rol central de los cuidadores principales de
niños/as pequeños se ve fuertemente mermado en presencia de
experiencias adversas (y traumáticas) en la propia infancia,
ejerciendo una influencia que, de no visibilizarse y tratarse, pasará
de generación en generación deteriorando el desarrollo social. -
emocional presente y futuro de todo un grupo familiar con un
impacto social relevante60.
El conocimiento y evaluación de los hitos y logros del desarrollo
esperados por edad, así como aquellos factores protectores y de
riesgo que los influyen, constituye un conocimiento y una tarea
esencial de los profesionales que trabajan con niños/as pequeños.
Esta tarea requiere una actualización permanente y
acompañamiento, sobre todo en el personal de salud que mantiene
contacto regular con niños/as pequeños y sus cuidadores principales
(p. ej.: control de niño sano), dada la oportunidad de detección y
apoyo temprano en las dificultades socioemocionales posibles de
detectar.
Por último, el monitoreo del desarrollo socioemocional y la pesquisa
temprana de dificultades es parte de un diagnóstico que necesita
avanzar hacia una comprensión integrativa y preventiva del
desarrollo socioemocional, considerándolo como “el piso” para otras
áreas del desarrollo general.