Discurso del Cerdo Mayor. Rebelión en la Granja.
George Orwell
Este texto está al inicio de la novela. Los animales, imaginariamente, hablan y razonan. En este
caso se reúnen alrededor de un cerdo, ya grande, a punto de morir. Todo el texto es una sátira
(una burla) del comunismo y su fracaso en la Rusia comunista.
“Ya estaban presentes todos los animales -excepto Moses (que representa a la Iglesia), el
cuervo amaestrado, que dormía sobre una percha detrás de la puerta trasera-. Cuando el
cerdo Mayor vio que estaban todos acomodados y esperaban con atención, aclaró su voz y
comenzó:
—Camaradas: os habéis enterado ya del extraño sueño que tuve anoche. Pero de eso hablaré
luego. Primero tengo que decir otra cosa. Yo no creo, camaradas, que esté muchos meses más
con vosotros y antes de morir estimo mi deber transmitiros la sabiduría que he adquirido. He
vivido muchos años, dispuse de bastante tiempo para meditar mientras he estado a solas en
mi pocilga y creo poder afirmar que entiendo el sentido de la vida en este mundo, tan bien
como cualquier otro animal viviente. Es respecto a esto de lo que deseo hablaros.
»Veamos, camaradas: ¿Cuál es la realidad de esta vida nuestra? Encarémonos con ella:
nuestras vidas son tristes, fatigosas y cortas. Nacemos, nos suministran la comida necesaria
para mantenernos y a aquellos de nosotros capaces de trabajar nos obligan a hacerlo hasta el
último átomo de nuestras fuerzas; y en el preciso instante en que ya no servimos, nos matan
con una crueldad espantosa. Ningún animal conoce el significado de la felicidad o la holganza
después de haber cumplido un año de edad. No hay animal libre en el mundo. La vida de un
animal es sólo miseria y esclavitud; ésta es la pura verdad.
»Pero, ¿forma esto parte realmente, del orden de la naturaleza? ¿Es acaso porque esta tierra
nuestra es tan pobre que no puede proporcionar una vida decorosa a todos sus habitantes?
No, camaradas; mil veces no. Este suelo es fértil, su clima es bueno, es capaz de dar comida en
abundancia a una cantidad mucho mayor de animales que la que actualmente lo habita.
Solamente nuestra granja puede mantener una docena de caballos, veinte vacas, centenares
de ovejas; y todos ellos viviendo con una comodidad y una dignidad que en estos momentos
está casi fuera del alcance de nuestra imaginación. ¿Por qué, entonces, continuamos en esta
mísera condición? Porque los seres humanos (los capitalistas) nos arrebatan casi todo el fruto
de nuestro trabajo. Ahí está, camaradas, la respuesta a todos nuestros problemas. Todo está
explicado en una sola palabra: el Hombre. El hombre es el único enemigo real que tenemos.
Haced desaparecer al hombre de la escena y la causa motivadora de nuestra hambre y exceso
de trabajó será abolida para siempre.
»El hombre es el único ser que consume sin producir. No da leche, no pone huevos, es
demasiado débil para tirar del arado y su velocidad ni siquiera le permite atrapar conejos. Sin
embargo, es dueño y señor de todos los animales. Los hace trabajar, les da el mínimo
necesario para mantenerlos y lo demás se lo guarda para él. Nuestro trabajo labora la tierra,
nuestro estiércol la abona y, sin embargo, no existe uno de nosotros que posea algo más que
su pellejo.
Vosotras, vacas, que estáis aquí, ¿cuántos miles de litros de leche habéis dado este último
año? ¿Y qué se ha hecho con esa leche que debía servir para criar terneros robustos? Hasta la
última gota ha ido a parar al paladar de nuestros enemigos. Y vosotras, gallinas, ¿cuántos
huevos habéis puesto este año y cuántos pollitos han salido de esos huevos? Todo lo demás ha
ido a parar al mercado para producir dinero para Jones y su gente. Y tú, Clover, ¿dónde están
estos cuatro potrillos que has tenido, que debían ser sostén y alegría de tu vejez? Todos fueron
vendidos al año; no los volverás a ver jamás. Como recompensa por tus cuatro criaturas y todo
tu trabajo en el campo, ¿qué has tenido, exceptuando tus escuálidas raciones y un pesebre?
»Ni siquiera nos permiten alcanzar el término natural de nuestras míseras vidas. Por mí no me
quejo, porque he sido uno de los afortunados. Tengo doce años y he tenido más de
cuatrocientas criaturas. Tal es el destino natural de un cerdo. Pero al final ningún animal se
libra del cruel cuchillo. Vosotros, jóvenes cerdos que estáis sentados frente a mí, cada uno de
vosotros va a gemir por su vida dentro de un año. A ese horror llegaremos todos: vacas,
cerdos, gallinas, ovejas; todos. Ni siquiera los caballos y los perros tienen mejor destino. Tú,
Boxer, el mismo día que tus grandes músculos pierdan su fuerza, Jones te venderá al
descuartizador, quien te cortará el pescuezo y te cocerá para los perros de caza. En cuanto a
los perros, cuando están viejos y sin dientes, Jones les ata un ladrillo al pescuezo y los ahoga en
el estanque más cercano.
»¿No resulta entonces de una claridad meridiana, camaradas, que todos los males de nuestras
vidas provienen de la tiranía de los seres humanos? Eliminad tan sólo al Hombre y el
producto de nuestro trabajo nos pertenecerá. Casi de la noche a la mañana, nos volveríamos
ricos y libres. Entonces, ¿qué es lo que debemos hacer? ¡Trabajar noche y día, con cuerpo y
alma, para derrocar a la raza humana! Ése es mi mensaje, camaradas: ¡Rebelión! Yo no sé
cuándo vendrá esa rebelión; quizá dentro de una semana o dentro de cien años; pero sí sé, tan
seguro como veo esta paja bajo mis patas, que tarde o temprano se hará justicia. ¡Fijad la vista
en eso, camaradas, durante los pocos años que os quedan de vida! Y, sobre todo, transmitid
mi mensaje a los que vengan después, para que las futuras generaciones puedan proseguir la
lucha hasta alcanzar la victoria.
»Y recordad, camaradas: vuestra voluntad jamás deberá vacilar. Ningún argumento os debe
desviar. Nunca hagáis caso cuando os digan que el Hombre y los animales tienen intereses
comunes, que la prosperidad de uno es también la de los otros. Son mentiras. El Hombre no
sirve los intereses de ningún ser exceptuando los suyos propios. Y entre nosotros los animales,
que haya perfecta unidad, perfecta camaradería en la lucha. Todos los hombres son enemigos.
Todos los animales son camaradas.
En ese momento se produjo una tremenda conmoción. Mientras Mayor estaba hablando,
cuatro grandes ratas habían salido de sus escondrijos y se habían sentado sobre sus cuartos
traseros, escuchándolo. Los perros las divisaron repentinamente y sólo merced a una
acelerada carrera hasta sus reductos lograron las ratas salvar sus vidas. Mayor levantó su pata
para imponer silencio. (…)
Mayor prosiguió:
—Me resta poco que deciros. Simplemente insisto: recordad siempre vuestro deber de
enemistad hacia el Hombre y su manera de ser. Todo lo que camine sobre dos pies es un
enemigo. Lo que ande a cuatro patas, o tenga alas, es un amigo. Y recordad también que en la
lucha contra el Hombre, no debemos llegar a parecernos a él. Aun cuando lo hayáis vencido,
no adoptéis sus vicios. Ningún animal debe vivir en una casa, dormir en una cama, vestir ropas,
beber alcohol, fumar tabaco, manejar dinero ni ocuparse del comercio. Todas las costumbres
del Hombre son malas. Y, sobre todas las cosas, ningún animal debe tiranizar a sus semejantes.
Débiles o fuertes, listos o ingenuos, todos somos hermanos. Ningún animal debe matar a otro
animal. Todos los animales son iguales.
»Y ahora, camaradas, os contaré mi sueño de anoche. No estoy en condiciones de
describíroslo a vosotros. Era una visión de cómo será la tierra cuando el Hombre haya sido
proscrito. Pero me trajo a la memoria algo que hace tiempo había olvidado. Muchos años ha,
cuando yo era un lechoncito, mi madre y las otras cerdas acostumbraban a entonar una vieja
canción de la que sólo sabían la tonada y las tres primeras palabras. Aprendí esa canción en mi
infancia, pero hacía mucho tiempo que la había olvidado. Anoche, sin embargo, volvió a mí en
el sueño. Y más aún, las palabras de la canción también; palabras que, tengo la certeza, fueron
cantadas por animales de épocas lejanas y luego olvidadas durante muchas generaciones. Os
cantaré esa canción ahora, camaradas. Soy viejo y mi voz es ronca, pero cuando Os haya
enseñado la tonada podréis cantarla mejor que yo. Se llama «Bestias de Inglaterra».”