3.
1 LEY DE PENSIÓN UNIVERSAL
Las pensiones tienen por objeto contribuir a moderar la pérdida o disminución del ingreso
de un individuo al final de su vida productiva. En ese contexto, los programas universales
de pensiones de vejez ayudan a mitigar la pobreza y generan menor desigualdad de
ingresos.
En este orden de ideas, se ha documentado que en los países en desarrollo que no disponen
de sistemas de seguridad social universal, los grupos de población son vulnerables a los
efectos del mercado y a los infortunios personales, que dificultan la prestación del apoyo
familiar. Para el caso de las mujeres, se ha demostrado que la parcialidad institucional de
los sistemas de protección social, en particular los que se basan en una actividad laboral
ininterrumpida, intensifica la feminización de la pobreza en las personas de edad.
Las limitaciones de los programas de pensiones en esquemas contributivos de seguridad
social han generado el crecimiento, en años recientes, de diversos programas no
contributivos de protección social, tanto a nivel federal como local, financiados
principalmente con recursos aportados por el Estado y en ocasiones con pequeñas
aportaciones voluntarias de los beneficiarios.
Esto resulta relevante si se considera la información generada por el Consejo Nacional de
Evaluación de la Política de Desarrollo Social, relativa a la medición de la pobreza 2010-
2012, la cual señala que el 61.2 por ciento de los mexicanos (71.8 millones de personas)
carece de acceso a la seguridad social. Asimismo, el 66.3 por ciento de las personas
mayores de 65 años nunca ha cotizado al sistema de seguridad social y el 37.6 por ciento de
ellas no recibe ningún tipo de pensión o jubilación, lo que será más grave en el futuro toda
vez que en las nuevas generaciones hay un porcentaje amplio de la población que no cotiza
en la seguridad social para su vejez (48.1 por ciento de la población económicamente activa
mayor de 16 años).
Por su parte, el Programa de Pensión para Adultos Mayores (65 y Más) busca atender a los
adultos mayores que no cuentan con una pensión de retiro mediante la entrega de apoyos
económicos y de protección social y es, sin duda, el programa más importante en México
de pensión a la vejez por su cobertura y presupuesto. Sin embargo, al igual que otros
programas de apoyos sociales, no está asociado directamente a un derecho, por lo que se
genera vulnerabilidad entre la población beneficiada, además de ser un programa cuyo
financiamiento proviene enteramente de aportaciones presupuestarias del ejercicio
correspondiente, lo que no favorece su sostenibilidad en el largo plazo.
Por lo anterior, se ha insistido en diversos foros nacionales e internacionales sobre la
necesidad de elaborar y aplicar políticas encaminadas a asegurar que todas las personas
dispongan de una protección económica y social suficiente en la vejez, asegurando la
igualdad entre los géneros y la integridad, sostenibilidad, solvencia y transparencia de los
planes de pensiones. En este sentido, se requiere un sistema de seguridad social universal
con un financiamiento sólido, que busque la seguridad económica de las personas y sus
hogares ante eventos como son el desempleo, la enfermedad, la invalidez y la vejez.
En este orden de ideas, se propone que la Pensión Universal atienda a todos aquéllos que no
puedan obtener una pensión de carácter contributivo y que otorgue un piso mínimo de
bienestar y protección ante eventos coyunturales que pueden aumentar la pobreza
transitoria o profundizar los niveles de pobreza de los adultos mayores. Cabe destacar que,
en el caso de las pensiones contributivas en las leyes de seguridad social que se incluyen en
la presente iniciativa, también garantizará a las personas que tengan estas pensiones un
nivel mínimo de bienestar durante su vejez, logrando con ello la universalidad.
De acuerdo con los objetivos descritos y tomando en consideración la situación y la
experiencia internacional, las características que debe tener la nueva Ley de la Pensión
Universal propuesta son:
1. Universalidad. Una mayor focalización y pruebas de ingresos rígidas pueden
aumentar los costos administrativos, incentivar la corrupción y distorsionar los
incentivos de los individuos para cotizar a las instituciones de seguridad social. De
igual forma, se ha observado que los esquemas de protección social de carácter
universal presentan ventajas significativas sobre los programas focalizados, tanto
del lado de la eficacia para combatir la pobreza, como en los gastos administrativos
para el Estado.
2. Equilibrio Financiero. Debe ser un esquema con una estrategia clara de mediano y
largo plazo que permita distribuir eficientemente en el tiempo la carga sobre las
finanzas públicas.
3. Elementos para incentivar el ahorro de largo plazo. Los esquemas solidarios, con
participación del Gobierno Federal, son un mecanismo para fortalecer el ahorro de
largo plazo de los trabajadores, ya que garantizan un rendimiento inmediato
representado por la participación gubernamental y motivan la acumulación de
patrimonio.
4. Monto de la Pensión Universal. Se propone que el monto del beneficio mensual sea
de 1,092 pesos, actualizados anualmente conforme al Índice Nacional de Precios al
Consumidor. Esta cantidad se determina a partir de la Línea de Bienestar Mínimo
(LBM) del mes de julio de 2013 y proviene del valor promedio de las canastas
alimentarias urbana y rural por persona al mes, calculadas por el Consejo Nacional
de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, ponderadas por los porcentajes de
población urbana y rural, estimados por el Instituto Nacional de Estadística y
Geografía, con base en el Censo de Población y Vivienda 2010.
5. Flexibilidad. En atención a la naturaleza cambiante de las circunstancias
demográficas y económicas de nuestro país, se contempla que el requisito de edad
para acceder a la Pensión Universal, establecida de origen en 65 años, pueda
revisarse cada cinco años, a la luz de la variación en la esperanza de vida de los
mexicanos.