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Demencia Senil: Enfoque en Alzheimer

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MARCO TEORICO:

Las enfermedades que son mucho más frecuentes en el adulto mayor pueden
prevenirse o manejarse de modo que no determinen tan tempranamente
discapacidad.

Una de las enfermedades patológicas neurodegenerativas relacionadas con el


envejecimiento, que afecta a los adultos mayores es la denominada demencia
senil tipo Alzheimer (DSTA). La demencia senil tipo Alzheimer (DSTA) o
enfermedad de Alzheimer (EA) es un tipo de demencia.

El término demencia deriva del latín "demens, dementatus" que significa sin
mente.

La demencia es un trastorno o síndrome de etiología heterogénea común en la


edad madura, se estima que afecta a un 5% de los mayores de 65 años o al
menos un 20% de los mayores de 80 años.

El término demencia está referido a un síndrome caracterizado por una pérdida de


la capacidad intelectual en múltiples dominios. Éstos incluyen a la memoria y la
capacidad de aprendizaje, habilidades lingüísticas de comprensión y expresión, de
la lectura y la escritura, praxias (acciones motoras), la habilidad para interpretar el
entorno, y la apropiada percepción y manipulación de la información visuoespacial.
También es común que se presenten cambios de personalidad y trastornos
conductuales acompañados de juicios deliriosos y/o alucinaciones, semejantes a
cuadros psicóticos.

Los pacientes afectos pierden la capacidad para realizar con independencia las
actividades cotidianas, como bañarse, vestirse, comer y asearse. En estados más
avanzados, las funciones biológicas básicas se comprometen y se pierde
totalmente el lenguaje, asociándose diversas anormalidades neurológicas como
reflejos anormales y crisis convulsivas.

Se debe considerar a la demencia como un síndrome clínico cuya etiología debe


investigarse, buscando la agrupación de síntomas y su evolución, de signos, de
exámenes de laboratorio complementarios, neuropsicológicos, funcionales y neuro
radiológicos del encéfalo.

El proceso demenciante es un trastorno del todo distinto al envejecimiento normal,


y constituye un síndrome patológico enteramente diferente y de repercusiones
personales, familiares, sociales y económicas para todos.

La Enfermedad de Alzheimer (EA) es un síndrome irreversible caracterizado por la


pérdida de las capacidades intelectuales (el entendimiento, el habla, el cálculo, el
pensamiento, la orientación), compromiso de la memoria y de las funciones
cognitivas, del juicio y de la inteligencia, alteraciones afásicas (al entender o al
producir una respuesta), trastornos del comportamiento, y pérdida de la capacidad
para el autocuidado, y finalmente anormalidades neurológicas.

La enfermedad representa probablemente un trastorno heterogéneo que


comprende alguna de las siguientes causas: anomalías cromosómicas, cambios
inmunitarios, defectos de neurotransmisión, desmovilizad leucocitaria, virus lentos
o priones, metales pesados y antígenos HLA.

No todas las funciones se deterioran simultáneamente, sino que es un proceso


continuo en el que cada vez se percibe mayor número de funciones afectadas y
con progresivo mayor deterioro, siendo generalmente la memoria la primera
observación de alteración que percibe el enfermo o sus parientes más próximos.

En los pacientes con EA se presentan en el hipocampo cambios granulo


vacuolares peculiares que no se observan en el envejecimiento normal, y cuerpos
de Hirano.
En el estadio intermedio o periodo avanzado (segundo) al transcurrir un tiempo, se
agregan defectos del lenguaje (afasia) y de habilidades motoras complejas. El
paciente sigue perdiendo la capacidad de memoria, pero además tiene dificultades
para encontrar las palabras y términos para construir adecuadamente una frase o
expresar una idea, especialmente cuando se trata de un tema inusual o de
conceptos abstractos. La pérdida de funciones lingüísticas compromete también la
capacidad de reflexión y comprensión (agnosias) y por ende la facultad para
administrar los bienes.

La pérdida de funciones motoras complejas se expresa como dificultades cada vez


mayores para manejar un control remoto, programar un microondas y la
incapacidad de utilizar diversos instrumentos (praxias).

En esta etapa el paciente llega a tener problemas serios de memoria y de


orientación, por lo que no debe solo a la calle, a la vez que se pierde
paulatinamente el autocuidado (aseo personal, vestuario, pudor) y la familia tiene
cada día más claro que algo importante sucede y que enfrenta una grave
enfermedad cerebral, y su angustia deriva de la búsqueda de un tratamiento
eficaz, del tener que cuidar de un paciente que no tiene conciencia de sus
limitaciones, y del costo económico de una prolongada enfermedad.

En el estadio de evolución tardío o periodo final (tercero) los pacientes se


caracterizan por presentar un conjunto de síntomas agregados a la pérdida de la
memoria y de los rendimientos intelectuales, como la presencia de signos motores
de tipo extrapiramidal.
Los pacientes caminan cada día con mayor dificultad, a pasos cortos, con postura
ante flectada y con un equilibrio cada vez más precario, a la vez que los músculos
se tornan más rígidos en forma semejante a la enfermedad de Parkinson. El
deterioro motor es progresivo, de forma que al cabo de varios meses o un par de
años los pacientes terminan postrados en cama, sin lenguaje y sin control de
esfínteres.
En este período se pueden presentar además episodios de confusión mental,
delirio y de agitación de diverso grado, con o sin alucinaciones, desordenes de
ciclo vigilia sueño, o alteraciones del ánimo. Estos trastornos pueden ser
precipitados en ocasiones por cuadros intercurrentes, complicaciones agregadas a
la enfermedad de Alzheimer, como un estado infeccioso, una deshidratación, un
traumatismo de cráneo, una trombosis cerebral o inducida por algún fármaco.

En algunos pacientes se presentan ideas delirantes: los delirios de celos y de


prejuicio son los más frecuentes. Estas ideas son convicciones absolutas del
paciente, que no se convence con ningún argumento y amerita su tratamiento
farmacológico con sedantes.

El humor depresivo no es raro en pacientes con enfermedad de Alzheimer. Puede


ser la manifestación de una depresión reactiva, en los pacientes que tienen cierta
conciencia de sus dificultades o limitaciones, principalmente en las primeras
etapas, se angustian por ello. Es necesario disminuir las exigencias ambientales y
tranquilizarlos.

El diagnóstico de una enfermedad cerebral que produce demencia, como el


Alzheimer, involucra tres etapas sucesivas: documentar que existe una pérdida de
capacidades cognitivas, establecer cuál es su causa, y evaluar la situación
biográfica y psicosocial del paciente.

Es necesario comprobar que existe una disminución de la capacidad de juicio,


memoria y de otras funciones cerebrales.

El testimonio de los familiares es crucial y complementario al examen clínico y a


las psicometrías.

Hasta 1993, no existían medicamentos de acción específica sobre los déficits de


memoria y problemas cognitivos, que constituyen los síntomas más incapacitantes
de la enfermedad de Alzheimer. En los pacientes demenciados, luego de excluir
las causas y síndromes potencialmente tratables y reversibles, resta un gran
número de pacientes, la mayoría de los cueles padecen de enfermedad de
Alzheimer, a quienes los clínicos tenían hasta pocos años atrás, sólo la opción de
tratar y manejar los síntomas secundarios como la ansiedad, depresión, trastornos
del sueño, delirios y la agitación.

En general la apariencia externa de los pacientes se conserva hasta etapas


avanzadas y no debe llevar a equívoco el que la memoria esté conservada para
recordar hechos muy remotos.

La dependencia y el cuidado de terceros será inevitable, con el tiempo requerirá


ayuda para vestirse, comer, asearse y la invalidez será mayor al asociarse
síntomas motores en una etapa más avanzada, en la que hay un compromiso más
extenso de las células cerebrales.

BIBIOLGRAFIAS:

1.- Henderson AS. Demencia. Epidemiología de los trastornos mentales y de los


problemas psicosociales. Ed. Meditor. Madrid, 1996.

2.- Alberca R, Lopez Pousa S. Enfermedad de Alzheimer y otras demencias.


Madrid: Ed. Panamericana, 2002.

3.- Acosta, D. Brusco, L. Guglielmetti P. et Col . La enfermedad de Alzheimer,


diagnóstico y tratamiento: una perspectiva latinoamericana. 1ª ed. Mé[Link]:
Editorial Medica Panamericana; 2011.

4.- Jiménez Leighton, O. Enfermedad de Alzheimer y Diagnóstico de las


Demencias. Cap16 ; 1998.

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