El reconocimiento y la expresión del derecho a ser cuidados y respetados por los adultos de
la sociedad (Primer Ciclo).
Ejercer nuestros derechos
LEY DE PROTECCION INTEGRAL DE LOS DERECHOS DE LAS NIÑAS, NIÑOS Y ADOLESCENTES
Ley 26.061: Esta ley tiene por objeto la protección integral de los derechos de las niñas, niños y
adolescentes que se encuentren en el territorio de la República Argentina, para garantizar el
ejercicio y disfrute pleno, efectivo y permanente de aquellos reconocidos en el ordenamiento
jurídico nacional y en los tratados internacionales en los que la Nación sea parte.
Los derechos aquí reconocidos están asegurados por su máxima exigibilidad y sustentados en
el principio del interés superior del niño.
Este eje pone el foco en que las/os niñas/os y jóvenes son sujetos de derecho con plena
capacidad para participar, ser escuchadas/os y no discriminadas/os por ningún motivo, y
define a las/os adultas/os y al Estado como garantes de esos derechos. Durante mucho
tiempo, niños/as y jóvenes fueron pensados desde una mirada tutelar, es decir, como
personas que aún no habían completado el desarrollo de las capacidades intelectuales y
emocionales necesarias para discernir correctamente y que, por lo tanto, requerían de la
presencia tutelar de un/a adulto/a para que los/as guiara, los/as protegiera del entorno e
incluso de sí mismos. Así, eran concebidas/os como objetos de protección.
La familia, en primera instancia, y luego el Estado eran los encargados de cumplir ese rol. En el
último cuarto del siglo XX, esta concepción de la niñez y adolescencia tuvo fuertes críticas
sociales que dieron lugar a otro enfoque basado en la protección integral de derechos. Desde
esta perspectiva, niños/as y adolescentes, tienen derechos particulares por su condición de
seres en formación. Esto significa que el Estado, en todas las acciones y decisiones que las/os
competan, debe garantizar que se preserve y promueva su desarrollo de una manera integral y
respetar su condición de sujetos de derechos.
Se fortalece de esta manera la visión de niños, niñas y adolescentes como sujetos de derechos,
con capacidad de participar, ser escuchados y no discriminados por ningún motivo. Esto
significa que se reconocen las necesidades de los niños, niñas y adolescentes como derechos
exigibles, interpelando al mundo de los adultos a intervenir en cuanta oportunidad se
evidencie que los derechos están siendo vulnerados. Básicamente, significa que los niños,
niñas y adolescentes tienen derechos a la igualdad de oportunidades, a tener acceso a
servicios de calidad, a ser educados en la participación, a exigir el cumplimiento de sus
derechos. Las instituciones del Estado, la comunidad y, en general, las sociedades civiles deben
garantizar tales derechos.
Desde este enfoque, en tanto niños/as y adolescentes, tienen derecho, entre otras cosas, a la
vida, a la salud, a la educación, al acceso a la información, a la participación y a desempeñar un
papel socialmente activo. Se establece, además, que deben ser protegidas/os,
acompañadas/os, escuchadas/os y, sobre todo, que sus opiniones deben ser tenidas en
cuenta. Esta forma de entenderlos/as en tanto ciudadanos/as plenos/as desafía a la escuela
tradicional y la invita a repensarse. Se expresa en nuevas formas de estar en el aula, en el
impulso de modos de aprendizaje novedosos y en la búsqueda de transformaciones
institucionales que acompañen esta nueva perspectiva.
En este marco, la participación estudiantil en la vida escolar se vuelve un aspecto central, ya
que esta concepción implica reconocer a las/os niñas/os y jóvenes como personas activas en el
ejercicio de aquellos derechos que les corresponden y hace hincapié en su cuidado y
acompañamiento. Además, este enfoque impulsa a los/as niños/as y jóvenes a tomar
decisiones con autonomía, para que puedan asumir gradualmente responsabilidades y
producir transformaciones institucionales que democraticen la escuela e incidan en la forma
en que se toman las decisiones que atañen a todos/as.
Desde 2006, cuando se dictó la Ley N.° 26.150, se sostiene que las/os estudiantes tienen
derecho a recibir ESI en todos los establecimientos educativos públicos, tanto de gestión
estatal como privada. Así, se los/as considera como sujetos de derecho de la ESI, en
consonancia con la perspectiva mencionada, y compromete a la escuela a abordarla en su
complejidad, es decir, contemplando todos sus aspectos: biológicos, psicológicos, sociales,
afectivos y éticos. Este derecho, además, se asocia al reconocimiento de otros derechos que
tienen en tanto niñas/os y adolescentes:
Recibir conocimientos pertinentes, precisos, confiables y actualizados para poder
cuidar su propio cuerpo y asumir conductas responsables y solidarias en relación con
los/as otros/as.
Habitar instituciones educativas en las que se respeten por igual los derechos de
varones y mujeres, sin estereotipos de género que promuevan desigualdades.
Vivir sin violencia.
Vivir libremente su sexualidad, sin discriminación de género y/o por orientación
sexual.
Expresar sus emociones y sentimientos.
Decir no frente a situaciones de presión de pares o de adultos/as.
Contar con adultos/as responsables que puedan acompañarlos/as y orientarlos/as en
situaciones de maltrato o abuso.
A su vez, implica habilitar en la escuela espacios participativos y respetuosos de la integridad
de cada una/o y de la diversidad de creencias y situaciones, promoviendo distintas formas de
participación.
ESI
La Educación Sexual Integral es un derecho de niños, niñas y adolescentes de todas las
escuelas del país, en sus tres niveles: inicial, primaria y secundaria, sean privadas o estatales,
confesionales o laicas. Este derecho que obliga al Estado Nacional y a los estados provinciales a
garantizar su acceso, se encuentra establecido en la Ley Nacional 26.150 que, a partir de su
sanción en 2006, crea el Programa de Educación Sexual Integral para su implementación.
La ESI constituye un espacio sistemático de enseñanza y aprendizaje que comprende
contenidos de distintas áreas curriculares, adecuados a las edades de niñas/os y adolescentes,
y abordados de manera transversal y/o en espacios específicos. Incluye el desarrollo de
saberes y habilidades para el cuidado del propio cuerpo; la valoración de las emociones y de
los sentimientos en las relaciones interpersonales; el fomento de valores y actitudes
relacionados con el amor, la solidaridad, el respeto por la vida y la integridad de las personas; y
el ejercicio de los derechos concernientes a la sexualidad. También promueve el trabajo
articulado con las familias, los centros de salud y las organizaciones sociales.
La ESI atraviesa todas las áreas que integran el nivel, puede dar lugar al desarrollo de
contenidos propios y está presente en diversas prácticas de la institución, incluidas aquellas
que no tienen el propósito de enseñar contenidos específicos de las áreas, como recreos, actos
escolares, fiestas, celebraciones y la comunicación con las familias. La escuela es una
institución central para la promoción y el ejercicio de derechos, así como un espacio de
comunicación y divulgación de saberes que discuten el sentido común y, de ese modo,
visibilicen y problematicen los prejuicios y estereotipos.