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Trabajo Práctico

Geografía 4to

COMERCIO JUSTO: Café


El café es uno de los productos que se a adoptado desde un comienzo en el comercio justo. Este es
producido en países tropicales, por lo tanto en países periféricos, y los mayores consumidores del
producto son los países centrales.

Crisis del café.

Lee el articulo que esta debajo de las preguntas y responde:

2) ¿Para quién es la crisis? Explica la causa de la crisis.


3) ¿Por qué podemos decir que en el comercio del café es el reflejo del intercambio desigual?
4) Menciona otros problemas que enfrentan los productores
5) Investiga los principales países productores de café y marca en un mapa.

COMERCIO JUSTO
La crisis del café: hay más que
nunca, pero ni usted ni los
productores se benefician
El desplome del precio del grano por el exceso de oferta no se traduce en
una bajada de la factura que paga el consumidor y mete en serios
problemas a los pequeños agricultores de Latinoamérica
A los 73 años, a Antonio Martínez la vida le guardaba un quiebro
inesperado. Hace poco más de un año, este productor de café del centro-sur
de Honduras tuvo que desistir de invertir en su finca: dejó de abonar y de
fertilizar, y rebajó la contratación de trabajadores para la época de corte. Lo
más parecido, reconoce, a dejar los cafetos abandonados a su suerte: si
antes producían 600 quintales al año, ahora solo rinden 200. “Los precios
son tan bajos que no tenemos manera de sostenerlos: no hay dinero para
fertilizantes y no puedo asistirlos como merecen”, dice. Es un círculo
vicioso: el declive de precios lleva a menor inversión, la menor inversión
desemboca en menor producción y la menor producción, vendida a precios
cada vez más bajos, acaban en ingresos menguantes.

Para compensar la pérdida de ingresos, Martínez compró “dos


vaquitas”, pero su rentabilidad dista mucho de la que conseguía solo cuatro
años atrás, cuando vendía el café al doble de precio que hoy y el fertilizante
y el combustible aún no se habían disparado. Su yerno, Javier Aguilera,
dueño de una finca de dos hectáreas en Marcala, cerca de la frontera con El
Salvador, también está a punto de tirar la toalla por idénticos motivos.
“Seguimos”, dice por teléfono, “porque no tenemos otra alternativa y
cultivamos café desde que éramos niños, no porque sea rentable. No
sabemos hacer otra cosa, pero quien se gana el dinero es el intermediario y
el exportador”.
Martínez y Aguilera representan la cara más amarga de un sector, el
cafetalero, que pese al crecimiento sostenido de la demanda y la eclosión
de las cafeterías gourmet en las principales ciudades del orbe, atraviesa la
peor crisis de precios desde la debacle de hace casi dos décadas. El futuro
de millones de pequeños cafetaleros como ellos se juega estos días en tres
capitales financieras a miles de kilómetros de distancia de sus
explotaciones, en la Bolsa de Nueva York, donde pese a una ligerísima
recuperación en las últimas semanas el grano cotiza en mínimos de 13 años
arrastrado por la sobreoferta. La cosechas récord en Brasil, aupadas por
una creciente tecnificación y un tipo de cambio favorable, y la fulgurante
irrupción de Vietnam, que en 30 años ha pasado de ser un actor irrelevante
a suministrar casi la quinta parte de la oferta mundial gracias a la mano de
obra barata, emergen como los principales factores de este desnivel entre
oferta y demanda. Este año, subraya Erick Quirós, técnico del Instituto
Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), será el tercero en
el que la cosecha global supere al apetito de los consumidores.
El mapa de los países exportadores e importadores de café en el mundo es una metáfora de la
desigualdad global: de los 1,5 euros que cuesta una taza de café en Madrid sus productores reciben
menos de un céntimo de beneficio neto.
Las tazas de café se llenan gracias a 125 millones de personas de África, Asia y América Latina que
trabajan 7 días a la semana con la mitad de un salario mínimo, cuenta a a europapress es el activista
Fernado Morales, director de café for Change.
El comercio del grano rojo genera al rededor de 170 millones de euros al año, pero no se reparten
equitativamente en los distintos eslabones de la cadena de producción, el sueldo medio de sus
productores no llega a los 255 euros mensuales, una cifra inferior al 10% de los beneficios anuales,
de acuerdo a la Organización Internacional del Café (OIC)

En la adversidad la creatividad tiende a imponer su ley. Y ese desequilibrio


en el mercado, que no tiene visos de terminar pronto —“en muchos otros
países habrá una caída de la producción en las próximas cosechas, pero
será insuficiente si Brasil sigue creciendo”, apunta Carlos Mera, de
Rabobank— ha llevado a importantes voces del sector a proponer índices
alternativos de cotización a Nueva York. “Ha dejado de ser el referente de
los cafés suaves lavados y ahora refleja el precio del café brasileño”, critica
el responsable de la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia, Roberto
Vélez, que reclama un precio base de dos dólares por libra como única vía
para que los productores tengan un ingreso justo. En las últimas semanas
también sobrevuela la posibilidad de que algunos de los principales
exportadores mundiales creen un cartel, al estilo OPEP, para frenar el
descalabro. Sería un alivio, sobre todo, para países como Honduras o
Colombia —para los que supone la tercera parte de sus exportaciones—,
pero su puesta en marcha parece lejana. Y sin un aumento de la
productividad de estas pequeñas fincas, subrayan al unísono los
especialistas consultados, poco podrán hacer en un mercado cada vez más
globalizado.
El otro camino al éxito o, cuando menos, a la supervivencia, es el seguido
por Iván Vásquez, de 49 años, que en 2015 compró un cafetal arrasado por
una enfermedad que ha golpeado duramente al sector, la roya —que
reduce drásticamente los rendimientos—, en Marcala (Honduras) y que
logra vender su café de especialidad al triple de la cotización en el parqué.
Su secreto: apostar solo por variedades de alta calidad, un banco de
semillas parcialmente inmunizadas ante el hongo que causa la roya y la
relación directa, sin intermediarios, con sus clientes, pequeños tostadores
europeos. “Pase lo que pase en el mercado yo tengo un precio de venta
ajeno. Si te concentras en tener un producto diferenciado, te va bien”,
asegura.
El epicentro de la crisis está en el cinturón del café, una franja entre los
trópicos de Cáncer y de Capricornio donde se concentra el grueso de la
producción. Pero el impacto es asimétrico: Centroamérica, donde la mayoría
de cafetales son familiares, es la región más golpeada. Allí, la tormenta es
casi perfecta: a la crisis de precios se ha sumado una persistente sequía y la
enfermedad de la roya, una vieja conocida, pero que en el último lustro ha
golpeado con especial virulencia. Ambas se han convertido en uno de los
factores detrás de la emigración hacia EE UU.
El hijo de Antonio Martínez fue uno de los que lo dejó todo hace poco más
de un año, cuando la crisis ya arreciaba y las posibilidades de salir adelante
con el café eran mínimas, para marcharse con su familia al país
norteamericano. Una historia que se repite en otros países de la región
como Guatemala. “El pequeño productor que sigue lo hace porque no le
queda otra, no porque sea rentable”, resume Félix Pozo, técnico en
Nicaragua de Procagica, un programa regional para hacer frente a la roya.
“El productor es la parte más débil de la cadena de valor: la
producción de café tiene sus raíces en un sistema colonial que
aprovechó tierra y la mano de obra de bajo coste para generar
materia prima que después se procesa en el punto de consumo”,
completa Ric Rhinehart, que acaba de dejar la dirección de la Asociación de
Café de Especialidad de EE UU para comandar un grupo de trabajo que
buscará soluciones a la crisis de precios. “En su mayoría son pequeños
propietarios con fincas de unas pocas hectáreas, con poco o ningún acceso
a financiación y en países en los que la infraestructura está poco
desarrollada”.
Más allá de la debacle puntual de precios hay una dinámica de fondo mucho
más dañina para el eslabón más débil de la cadena productiva: los 25
millones de familias que venden el grano verde en todo el mundo, 13 de
ellos en los principales países cafetaleros latinoamericanos: México,
Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Panamá, República
Dominicana, Jamaica, Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia y, sobre todo, Brasil,
origen del 37% de la oferta global. Están en clara desproporción de fuerzas
frente a los agentes más poderosos de la cadena, “que con una posición
dominante imponen un precio artificialmente bajo”, apunta Fernando
Morales, de Café for Change, una plataforma desde la que denuncia la
situación. Morales ilustra su discurso con un dato: en junio el precio de
cotización llegó a ser de menos de la cuarta parte de lo fijado por el
Convenio Internacional del Café de 1983—con las cifras ya ajustadas por la
inflación—. “Para cumplir ese acuerdo, el precio debería superar hoy los 3,6
dólares por libra”, sentencia.
Radicalmente distinta es la situación del resto de actores del mercado, que
bien están sacando tajada del rejonazo sobre los precios o, al menos, están
manteniendo su posición de dominio. Las acciones de Starbucks, que
en la última década se han instalado en cada rincón de las grandes
ciudades a lo largo y ancho del mundo, han cuadruplicado su valor
en siete años, cuando la libra de café arábiga costaba el doble que
hoy, y Nestlé, matriz de Nespresso, Nescafé o Dolce Gusto, vale
hoy el doble que en 2013. Aunque el coste del café es solo una
pequeñísima parte de la matriz de costes de las cadenas de cafeterías —el
4%, según un estudio del mercado británico elaborado por Allegra
Strategies, del cual solo una mínima fracción llega al productor, una cifra
que debería hacer pensar a todos—, a diferencia de lo que cabría esperar, el
abaratamiento de la materia prima no se ha trasladado al consumidor final:
quien busca su dosis mañanera de cafeína en una cafetería de Madrid o de
la Ciudad de México paga exactamente lo mismo que cuando la libra de
café costaba en origen 1,8 dólares, 80 centavos más que hoy.
Inelasticidad
Lo mismo puede decir el comprador de café en supermercado: el desplome
de precios no ha llegado a su taza. “Un café en una capital cualquiera
cuesta lo mismo que hace dos años y, por supuesto, mucho más que hace
13. Y, aislando los costes laborales y otros factores inflacionistas, el mismo
ejercicio arroja idénticos resultados en la compra de un paquete de 500
gramos de café, por ejemplo”, apunta Andrés Musalem, de Euromonitor. “Es
un mercado muy inelástico: el café es algo que está sí o sí en la cesta de la
compra familiar de los países ricos, y los jóvenes toman cada vez más y de
mayor calidad, premium: se ha convertido en un producto cool”, explica
Alejandro Cadena, director general de Caravela, una multinacional que se
dedica a la exportación de variedades de alta calidad. Los tostadores —un
sector hiperconcentrado, en el que un puñado de empresas se reparten la
mitad del pastel— y las cafeterías, añade, subieron los precios entre 2009 y
2015, pero no los han vuelto a bajar. “Si la demanda sigue creciendo, ¿por
qué iban a hacerlo?”.

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