El Deber Del Atalaya
El Deber Del Atalaya
La intercesión
INTRODUCCIÓN:
Se le llama intercesión por cuanto se hacen declaraciones sobre situaciones o circunstancias aplicando el
poder de la palabra de Dios, la profecía más segura para arrancar, destruir, arruinar todo lo que los seres
espirituales malignos han implantado en la vida de las personas y en el mundo para detener la obra
redentora de Jesucristo y así mismo dar a conocer el plan de Dios, para alcanzar a la humanidad plantando
en ellos todos los buenos propósitos que el Señor ha dispuesto con la finalidad de restaurar y edificar sus
vidas; para tal fin, se hace indispensable conocer el sagrado libro: La Biblia, que es la espada del Espíritu de
Dios, una de las armas más poderosas en las manos del creyente. El profeta más grande, Gran Sumo
Sacerdote e intercesor eterno, nuestro Señor Jesucristo, nos dejó con su ejemplo dirigirnos al Padre a
través de la oración, Él también declaraba la palabra de Dios sobre las circunstancias obteniendo respuestas
asombrando a muchos con el respaldo de Dios Padre en la manifestación y cumplimiento de cada palabra
declarada por su boca.
La Iglesia ha sido comisionada por el propio Jesús para cumplir un rol especial y fundamental en el
desarrollo de los acontecimientos sobre la tierra. Para ello, ha sido investida de poder y autoridad
(Hechos 1:8), ha sido sentada en lugares celestiales con Cristo (Efesios 2:6), y los enemigos, el
diablo, Satanás y sus huestes infernales, han sido colocados debajo de sus pies (Efesios 1:22). Jesús
nos ha hecho reyes, para que reinemos sobre la tierra, y sacerdotes, para que cumplamos la
función de mediadores entre Dios y los hombres (Apocalipsis 1:6; 5:10). La Iglesia tiene la
autoridad para cambiar realidades y situaciones en su entorno, realidades y situaciones que tienen
su centro en el ámbito espiritual que le rodea, y sobre el cual debe trabajar si quiere ver cambios y
resultados en el plano natural; y una de las herramientas importantísimas que Dios ha puesto a su
disposición para llevar adelante este trabajo espiritual es la Intercesión. Dar testimonio de cuando
lanzaron piedras a la iglesia y empezamos a orar y se detuvo en el instante.
Palabras claves :
1. PUNTA DE LANZA: 2 samuel 22:35. Ser alguien nuevo, romper esquemas, Es aquel que
abre el camino, para que otros puedan caminar en el.
2. Lengua en espada afilada, flecha aguda: isaias 49:1-2
3. PONERSE A LA BRECHA. Ezequiel 22:30. Una brecha es un espacio entre dos cosas, evita
que dos objetos o dos cosas se conecten entre si. En Ezequiel dice necesitaba a alguien
para orar y no pude encontrar a alguien quien lo hiciera, asi que tuve que destruir la tierra.
4. ATAR, DESATAR. MATEO 18:18. DERRIBAR, ARREBATAR, ARRUINAR, ARRANCAR,
DESTRUIR, EDIFICAR Y PLANTAR. JEREMIAS 1:10
5. ANULANDO DECRETOS: COLOSENSES 2:14,15.
1 Pedro 3:12 “Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones; pero el
rostro del Señor está contra aquellos que hacen mal”.
¿Qué es la intercesión?
Según el diccionario, la palabra intercesión significa intervención o mediación a favor de alguien ;
intercesión significa rogar o mediar por otro para alcanzarle una gracia o librarle de un mal.
( cuando empiezas a orar por alguien que esta a punto de ser llevado al infierno y le arrebatas su
alma del seol).
Esta intercesión sube delante de Dios en una oración sincera y profunda que logra tocar su corazón
para lograr incluso hacer que él cambie de opinión acerca de determinadas situaciones o
sentencias ya pronunciadas. Por tal razón, un intercesor puede llegar a tener un gran poder y una
gran influencia en el mundo espiritual, si es que logra posicionarse tan cerca del corazón de Dios
como para intervenir aun en sus soberanas decisiones.
Interceder es intervenir a favor de alguien, rogar o mediar por otro; es hacer vallado de protección
alrededor de alguno, es tomar el lugar de otra persona para suplicar, defender su causa, librar su
batalla con la certeza de que Dios vendrá para socorrerle.
¿QUÉ ES UN INTERCESOR?
Un intercesor es un intermediario, alguien que media entre dos partes enemistadas. Puntualmente, es
quien se coloca entre Dios y la persona, situación o grupo de personas por las que quiere mediar para
lograr la intervención divina: un sacerdote. Un intercesor es una persona a la que Dios le revela sus secretos
para que los cubra en oración. Alguien con un corazón abierto hacia otros, que siempre está deseando el
bien para los hombres. Un intercesor es una persona llena de amor al prójimo, totalmente segura de que
Dios puede salvar o bendecir al necesitado por quien desea interceder. 4 aspectos de la madurez y el
llamado general de dios para todos: evangelizar, interceder, dar y servir.
Es la persona que siente el deseo de orar por otro, tomando su lugar. El que siente carga en su
corazón por alguna situación ajena. Siente primero la necesidad de dar, antes de convertirla en
oración. Es quien lleva una vida de profunda comunicación con Dios y de negación propia ;
dispuesto a sentir el sufrimiento por los que intercede, tomando el lugar de aquel por el que ora.
Es el que se interpone entre Dios y los que merecen su justa ira o castigo, parándose en la brecha
por ellos y clamando a Dios misericordia y perdón con gemidos y llantos. (Ez. 22:30). Está siempre
en guerra porque pelea contra satanás y por lo tanto, no puede darse el lujo de descansar; y esa
guerra no la puede pelear con armas carnales, necesita ser lleno del Espíritu Santo para que El
tome control de su vida y persona. (Ef. 6:12-18).
Es como el Abogado para el reo: su oracion es la defensa, el perdon, la gracia para el culpable, que
es el pecador. Jesús como intercesor, es nuestro Abogado ante el Padre. (I Juan 2:1).
Todo intercesor tiene que negarse sí mismo, negar su Yo y la voluntad propia, pero esto sólo puede
lograrse a través del Espíritu Santo, (para que El tome el control), de su fe en Cristo y de
permanecer con Jesús. El intercesor anula su nombre, personalidad, rango, posición, sentimientos y
se convierte en la persona, nacion o causa por quien va a suplicarle a Dios, poniendose en la
brecha.
El intercesor da su vida en amor y dolor por el otro; siente misercordia, sufre, llora, gime. (Mt. 9:13;
Ro. 8:26). Tres son los requisitos fundamentales que debe sentir el intercesor para que su oracion
sea efectiva:
1. identificación con la causa o persona;
2. dolor, sufrimiento y agonía;
3. autoridad. Cada uno de estos tres sentimientos tiene que estar basado en el amor de
Dios o amor ágape y fluir de manera plena con nuestra oracion. Ejm maria Esquivel.
La identificación total del intercesor con aquellos por los que va interceder es indispensable. Jesús
se identificó con Marta y María ante la muerte de Lazaro y hasta lloró por él. La verdadera
identificación
es la que nos dice Romanos [Link] “Gozaos con los que gozan; llorad con los que lloran.” El
intercesor puede llegar incluso a sentir los dolores físicos del enfermo por quien ora, pues está
tomando su lugar.
Un intercesor debe:
Ser responsable de alcanzar su objetivo.
Permanecer en actitud de oracion todo el tiempo.
Vencer toda influencia del mundo.
Mantener comunión profunda con Jesús.
Permanecer en la perfecta voluntad de Dios.
Morir al Yo, diariamente.
Santificarse paso a paso.
Amar a los que le ofenden o dañan.
Creer en la Palabra de Dios.
Ayunar.
Tener fe
Muchas personas pretenden hacer intercesión a favor de otros sin saber que en la intercesión se libran
grandes batallas espirituales para lo cual es necesario estar debidamente preparados.
en primer lugar es de vital importancia estar a cuentas con Dios para obtener su respaldo (vengan,
pongamos las cosas en claro, dice el Señor, ¿son sus pecados como escarlata, quedarán blancos
como la nieve?, ¿son rojos como la púrpura, quedarán como la lana?, ¿están ustedes dispuestos a
obedecerle? Comerán lo mejor de la tierra, se niegan y se revelan, serán devorados por la espada,
el Señor mismo lo ha digo, Isaías 1:18-20 NVI).
En segundo lugar debemos conocer las herramientas o armas espirituales necesarias para entrar
en combate, de lo contrario nos estaríamos exponiendo a ser humillados, burlados, maltratados o
agredidos físicamente por los seres espirituales de maldad (ver Efesios 6:10-20). 2 corintios 10:4y5
En Tercer lugar, debemos actuar siempre con la certeza de que Dios está con nosotros para librar
la mayor batalla (Éxodo 14:14) Una recomendación indispensable: es necesario conocer cómo usar
la palabra de Dios que es la espada de su espíritu.
¿CUÁL ES LA CONDICIÓN ESPIRITUAL EN LA QUE DEBE ENCONTRARSE UN INTERCESOR?}
Cuando vamos a presentarnos delante de Dios en oración por otras personas, primero deberemos
limpiar nuestros corazones, de modo que nuestra oración no esté contaminada, ni sea imparcial.
Dios quiere enseñarnos a orar según su voluntad y no según la nuestra. Si Dios lo cree necesario,
quizá hasta deba permitir situaciones en nuestra vida con el fin de despojarnos de nuestro propio
“yo” , ya que existen factores que pueden llegar a influir en nuestras oraciones, haciendo que estas
no sean efectivas. Vamos a ver la función sacerdotal en el antiguo Israel, las cuales comparto a
continuación: “A partir del momento en que los sacerdotes recibían la unción de aceite y eran
consagrados para esta tarea, recibían con ellos una gran responsabilidad: el sacerdote era el
representante del pueblo delante de Dios, pero también era el representante de Dios delante del
pueblo. Esto les convertía en personas totalmente diferentes a las demás. Eran separados,
apartados, del resto del pueblo. La función que estos hombres iban a cumplir no era una función
más, que podía ser tomada a la ligera, livianamente. Dios mismo marcaba una diferencia entre los
sacerdotes y el resto del pueblo: “Ungirás también a Aarón y a sus hijos, y los consagrarás para que
sean mis sacerdotes. Y hablarás a los hijos de Israel, diciendo: Este será mi aceite de la santa
unción por vuestras generaciones. Sobre carne de hombre no será derramado” (Éxodo 30: 30-
32). Esto es la diferencia que está marcando Dios entre los sacerdotes y el resto de las personas.
Los sacerdotes debían ser apartados, y las exigencias y demandas hacia ellos siempre iban a ser
mayores, ya que ellos serían sus representantes frente a los demás. Los sacerdotes no podían ser
gobernados por las emociones. En el capítulo 10 de Levítico encontramos un incidente que
afectaba de manera directa a Aarón. Dos de sus hijos, Nadab y Abiú , cometieron una falta grave
delante de Dios, y este trajo juicio de manera inmediata: fueron incinerados en su misma presencia
. Al ser encontrados los cadáveres, Moisés llamó a otros sacerdotes, también de la familia de
Aarón, para que los sacasen del tabernáculo, pero para Aarón y sus otros hijos las indicaciones
fueron las siguientes: “No descubráis vuestras cabezas, ni rasguéis vuestros vestidos en señal de
duelo, para que no muráis, … Ni saldréis de la puerta del tabernáculo de reunión porque
moriréis; por cuanto el aceite de la unción de Jehová está sobre vosotros” (Levítico 10: 6-7). El
sacerdote era el representante de Dios ante el pueblo, por tal razón, debía estar absolutamente de
acuerdo con toda decisión tomada por él, y no debía contradecirle ni cuestionarle. La muerte de
dos de sus hijos sin duda afectó profundamente a Aarón, pero él no podía demostrarlo ante el
pueblo: las emociones debían ser dejadas a un costado.
Además, los sacerdotes no podían permitirse ningún tipo de contaminación. El sacerdote no podía
llevar el mismo estilo de vida que las demás personas del pueblo. La unción que reposaba sobre él
demandaba una extrema vida en santidad: “el sumo sacerdote entre sus hermanos, sobre cuya
cabeza fue derramado el aceite de la unción, y que fue consagrado para llevar las vestiduras, no
descubrirá su cabeza, ni rasgará sus vestidos, ni entrará donde haya alguna persona muerta; ni por
su padre ni por su madre se contaminará. Ni saldrá del santuario, ni profanará el santuario de su
Dios; porque la consagración por el aceite de la unción de su Dios está sobre él” (Levítico 21: 10-
12). Para cumplir su función, los sacerdotes debían resignar muchas cosas, aun el derecho a velar a
los propios seres queridos ; Aarón no tuvo la oportunidad de llorar y velar a sus propios hijos. Su
función como sacerdote demandaba una consagración y una entrega absolutas al sacerdocio, y
una renuncia completa a todo tipo de contaminación”. Podemos ver entonces que, para ejercer
una función sacerdotal, como lo es la intercesión, deberemos analizar a diario nuestro corazón,
examinando que esté libre de todo lo que pueda significar no solo contaminación, sino también
desenfoque y confusión , ya que no es una función que pueda ser llevada a la ligera, sino que debe
realizarse con una total responsabilidad de nuestra parte.
UNA DE LAS COSAS MÁS IMPORTANTES DE LAS QUE DEBEMOS SER LIBRES:
El orgullo. es un sentimiento de valoración de uno mismo por encima de los demás , que nos
lleva a creernos superiores a otros, subestimando a aquel que se ha equivocado o no ha tomado
las mejores decisiones en su vida. El orgullo en el corazón del intercesor lo llevará a mirar por
encima del hombro al necesitado, desvirtuando uno de los motores de la intercesión: el amor al
prójimo . Una oración de intercesión realizada por un intercesor cargado de orgullo en su interior
solo será un recitado que apenas pasará a través del techo de la habitación en la que se realice,
mientras que un corazón humilde delante de Dios obtendrá una rápida respuesta de su parte. En
Lucas, capítulo 18, versículos 10 al 14, encontramos a dos hombres haciendo oración delante de
Dios; uno, cargado de orgullo; el otro, humillado en su presencia. La Biblia dice que el humilde
descendió a su casa justificado antes que el otro , de lo que podemos aprender que es posible ser
un intercesor con un corazón lleno de orgullo, eso no significa que Dios no escuche nuestra
oración. La diferencia estará en los tiempos y en los resultados que vengan como respuesta a las
oraciones que formulemos.
El egoísmo. es una sensación excesiva o exagerada de la propia importancia , que nos lleva a
pensar solo en nosotros mismos, no teniendo cuidado de quienes están a nuestro alrededor. El
egoísmo en el corazón del intercesor, lo llevará a formular oraciones solo en beneficio propio , no
pensando en realidad en las necesidades de aquel por quien está intercediendo, sino en sus
propios deseos egoístas y en su propia conveniencia en cuanto a la respuesta de Dios. Por ejemplo:
la esposa que intercede ante Dios para que su esposo sea beneficiado con determinado empleo o
puesto de trabajo, y lo hace porque la remuneración que él obtendrá gracias a ese empleo es justo
lo que ella desearía que él reciba, sin preguntarse por la voluntad de Dios en cuanto a la vida
laboral de su esposo y la manutención de toda la familia.
La envidia. un sentimiento en el cual existe dolor o desdicha por no poseer uno mismo lo que
tiene el otro, ya sea en bienes, cualidades u otra clase de cosas, que nos lleva a no desear que el
otro prospere, obtenga beneficios, alcance metas, logros o desafíos. La envidia en el corazón del
intercesor lo llevará a clasificar los pedidos que presentará delante de Dios, supeditando el
bienestar del otro a los propios logros alcanzados, procurando que el otro no sea más bendecido
que él . La Palabra de Dios nos dice que la envidia es carcoma de los huesos (Proverbios 14:30),
por lo que un intercesor lleno de ella no podrá ser de gran bendición para nadie, ya que sus
oraciones estarán infectadas con su propia enfermedad. Si vamos a convertirnos en intercesores
delante de Dios, deberemos observar que nuestro corazón esté libre de raíces de amargura.
La amargura es un sentimiento de tristeza, de angustia , de dolor , que termina convirtiéndose
en resentimiento ; tiene su origen en situaciones que dañaron u ofendieron a la persona, al punto
de no poder perdonar dicha ofensa, guardando en lo profundo del corazón el dolor producido por
el ofensor. Pero la amargura es un sentimiento que tiene raíces, y estas raíces se van arraigando
cada vez más, creciendo hasta ahogar el alma, ya que su crecimiento es interno.
La amargura en el corazón del intercesor lo llevará a formular oraciones empañadas por el dolor,
por la envidia, por el resentimiento y por la falta de perdón; oraciones contaminadas que no
recibirán una respuesta positiva de parte de Dios (Hebreos 12:15).
La falta de perdón es un pecado delante de Dios. Claramente la Biblia nos enseña que, para
acercarnos al altar de Dios, primeramente, deberemos ajustar nuestras cuentas con cualquier
persona con la que podamos estar sosteniendo algún tipo de diferencia ya que, si no podemos ser
capaces de perdonar a quien nos ofendió, tampoco nuestro Padre celestial podrá perdonar
nuestras ofensas hacia su Persona (Mateo 5: 23-24; 6: 14-15). Por esta razón, será fundamental
que el intercesor analice su corazón, para descubrir la mínima diferencia que pudiera hallar en
relación con miembros de su entorno, ya que esta falta de perdón no se reduce simplemente a la
condición que pueda estarse viviendo con respecto a la persona por la cual se ha de interceder,
sino a las relaciones en general. La falta de perdón entorpece la comunión con el Padre, será
imposible que la oración, por sincera que sea, pueda llegar a su corazón.
El rechazo es el resultado de la negación de amor hacia una persona. El rechazo nace de la falta
de ser amado correctamente, sobre todo en la infancia. La persona rechazada recibe
desaprobación y se le niega el amor. Como resultado, la persona no puede ser feliz, porque no
puede recibir amor, ni seguridad, ni aceptación, ni identidad, en fin: no se encuentra capacitada
para amar ni para recibir amor. La persona rechazada exagera sus intentos por ganar la aprobación
de los demás en todo lo que hace, buscando agradar a las personas, olvidándose de agradar
primeramente a Dios. El intercesor que no ha resuelto sus problemas en cuanto al rechazo buscará
todo el tiempo acomodar sus oraciones conforme a lo que las personas por las cuales ha de
interceder quieren o desean, olvidándose de poner la voluntad de Dios para sus vidas por delante.
La persona rechazada tiene el corazón herido, y debe procurar que esa herida sea sanada antes de
pretender ocupar un lugar especial cercano al corazón de Dios para interceder ante él por otras
personas. La Palabra de Dios es alentadora: “Él sana a los quebrantados de corazón, y venda sus
heridas” (Salmos 147:3). No hay por qué sostener en el tiempo las heridas producidas en nuestro
pasado, cuando Dios puede hoy sanarnos por completo y libertarnos de aquellas cosas que nos son
un impedimento para ser útiles en sus manos.
La intercesión será un hábito que demandará tiempo de nosotros. Por tal motivo, será importante
que podamos disfrutar de este tiempo, para contribuir a que no se torne en una rutina monótona y
cansadora. El momento de oración debe convertirse en un encuentro de intimidad con el Padre, en
el que podamos declararle nuestros motivos de oración y, a la vez, él pueda respondernos, ya sea
con sentires de oración por cuestiones o personas específicas, como así también con palabras
personales a través de las cuales él desee revelarse hacia nosotros. Será importante el
concentrarnos en hacer del tiempo de oración una relación personal con Dios. La oración es una
conversación: Dios habla con nosotros y nosotros con él. Quizá precisaremos de cierto esfuerzo y
experiencia para que eso suceda, ya que no estamos acostumbrados a escuchar a Dios, pero tan
solo bastará con que comencemos a hacerlo para comprobar cómo él viene a nuestro encuentro.
Si estamos recién comenzando a ejercitar la oración, y nuestro deseo es crecer al punto de
convertirnos en intercesores efectivos, podemos usar como referencia los puntos que
compartíamos hablando de los diferentes niveles de influencia en la intercesión, o podemos tener
en cuenta también el modelo de oración que Jesús nos dejó:
“Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.
Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de
cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a
nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y le
poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén” (Mateo 6: 9- 13).
Esta oración de Jesús es solo un modelo , una guía práctica para saber en qué orden ubicar cada
punto de nuestra oración, pero nos puede ser de gran ayuda al momento de procurar llevar
adelante un tipo de oración ordenada. Lo primero que encontramos en este modelo es
1. un reconocimiento hacia Dios: Padre nuestro que estás en los cielos. El escritor de la
carta a los Hebreos nos dice que sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario
que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan
(Hebreos 11:6). El primer punto de nuestra oración será reconocer a Dios como Padre,
reconocer su existencia y su poder y fidelidad para con sus hijos. Lo siguiente que Jesús
menciona en su modelo de oración es la adoración a su Nombre:
2. santificado sea tu nombre. La Biblia nos exhorta en muchas oportunidades a exaltar y
bendecir el Nombre de Dios (Salmos 113: 2-4). Su Nombre debe ser exaltado por sobre
todo nombre que se nombra, aun sobre todos los nombres que mencionemos luego
dentro de nuestra oración (enfermedades, problemas, dificultades, espíritus malos, etc.),
dejando en claro de antemano quién es el que está sobre todo . Luego encontramos en el
modelo de Jesús una invocación a su presencia:
3. Venga tu reino. El Señor también nos dice: “invócame en el día de la angustia; te libraré, y
tú me honrarás” (Salmos 50:15). La presencia de Dios debe llenar todo lo que somos y lo
que nos circunda. Debemos clamar que sea él quien descienda para librarnos de nuestros
enemigos. Él promete acudir al clamor. Será importante, al momento de orar, estar
dispuestos a renunciar a los deseos y voluntad personales: Hágase tu voluntad, como en el
cielo, así también en la tierra. El propio Jesús, en un momento de angustia extrema, pudo
orar: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino
como tú” (Mateo 26:39); así, nos enseña a anteponer la voluntad del Padre a la nuestra.
Vimos anteriormente la importancia de estar dispuestos a renunciar a nuestros propios
deseos o puntos de vista con tal de que la voluntad de Dios sea la que se establezca en
todas las cosas. Entonces, podremos formular a Dios pedidos concretos de oración:
4. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. El Señor nos ha enseñado: “Pedid, y se os dará…
Porque todo aquel que pide, recibe” (Mateo 7: 7-8). Pedir y ser concretos al pedir,
especificando lo que nuestros ojos anhelan ver, con nombres, con detalles, con elementos
puntuales, hará que nuestra oración pueda ser más efectiva. Será necesario también que
haya una rendición de cuentas a Dios:
5. perdónanos nuestras deudas. La Biblia nos enseña que no hay hombre que no peque (1º
Reyes 8:46). Cada vez que estemos delante de Dios debemos pedir perdón por pecados
que podamos haber cometido consciente o inconscientemente, ya que nadie está libre de
fallarle Dios a diario y, como sabemos, el pecado es una barrera que nos separa de él
(Isaías 59:2); confesar el pecado y rendirle cuentas a Dios hará que el camino hacia él esté
libre para volver a presentarnos delante de él sin problemas. Y un punto fundamental en
nuestra oración será que podamos perdonar: como también nosotros perdonamos a
nuestros deudores. No podemos presentarnos delante de Dios si no hemos resuelto
situaciones que tengamos pendientes con otras personas, porque no podremos obtener
nosotros su perdón: “si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os
perdonará vuestras ofensas”
6. ser librados de tentación y guardados del mal: no nos metas en tentación, mas líbranos
del mal. Tenemos una promesa de parte de Dios: “Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo
también lo libraré; le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre. Me invocará, y
yo le responderé; con él estaré yo en la angustia; lo libraré y le glorificaré. Lo saciaré de
larga vida, y le mostraré mi salvación” (Salmos 91: 14-16). El Padre ha prometido librarnos
de todo mal cada vez que clamemos a él. Por sobre todas las cosas, no debe faltar nuestra
alabanza en gratitud a Dios: tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos.
Independientemente de que las cosas estén dadas como nuestro corazón lo anhela, o no,
la Biblia nos enseña a bendecir a Dios en todo tiempo (Salmos 34:1). Habremos de levantar
una alabanza de gratitud al Padre por haber sido oídos y por haber recibido su respuesta a
la oración, más allá de que esta sea o no la esperada. Como sello final de la oración,
siempre se utiliza la palabra a mén. El apóstol Pablo nos enseña que “ todas las promesas
de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios” (2º
Corintios 1:20). La palabra amén no es una simple expresión que se usa solo para poner
punto final a una oración; la palabra amén significa así sea , lo que quiere decir que
estamos declarando que todo lo que hemos pronunciado en oración y todo lo que el Padre
ha respondido a ello será una realidad, lo veremos con nuestros ojos y disfrutaremos de
ello.
La intercesión es todo esto mismo pero en batalla y no pidiendo para nosotros sino a favor de alguien más,
persona, familia, iglesia o nacion; sintiendo amor, dolor, compasión y misericordia por esa persona, nacion
o causa que nos apesadumbra. Si no sentimos esto, no estamos intercediendo. Al interceder debemos
tener la convicción de que Dios nos oye y nos responde.
El capítulo 22 del libro del profeta Ezequiel, describe con detalle la situación del pueblo de Dios en
determinado momento de su historia; un pueblo derramador de sangre, idólatra, pecador, cuyos príncipes
(autoridades) se esforzaban por hacer el mal. Un pueblo que despreciaba a los padres en lugar de honrarlos,
que trataba con violencia al extranjero que habitaba entre ellos. Un pueblo que desamparaba al huérfano y a
la viuda, no atendiendo a los mandamientos dados por Dios desde los tiempos de Moisés. Un pueblo que
menospreciaba los santuarios de Dios, que profanaba los días de reposo, días sagrados por los cuales Dios
había dado mandamientos específicos. Un pueblo calumniador y perverso, que se atrevía a descubrir la
desnudez del padre, a hacer inmundicia con la mujer ajena, a cometer pecado de incesto. Un pueblo que
contrataba asesinos a sueldo, que abusaba del interés y la usura, olvidándose de Dios, actuando con avaricia.
Un pueblo cuyos sacerdotes violaban la ley, contaminando los santuarios de Dios, no haciendo diferencia entre
lo santo y lo profano, y cuyos profetas profetizaban mentira, pervirtiendo la palabra de Dios. Dios mismo tuvo
que declarar que la casa de Israel se le había convertido en escoria , por lo que debía tomar la decisión de
destruir al pueblo, que insistía en vivir en el pecado y la maldad. Pero su entrañable amor y misericordia no le
permitían ejecutar un juicio tan terrible sobre un pueblo al que amaba, y al que estaba dispuesto a perdonar.
DIOS ESTA BUSCANDO VARONES Y MUJERES INTERCESORES:
“busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la
tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé”. Por tal razón, el juicio de Dios tuvo que venir sobre su
pueblo: “Por tanto, derramé sobre ellos mi ira; con el ardor de mi ira los consumí; hice volver el camino de
ellos sobre su propia cabeza” (Ezequiel 22:30,31)
Aquí vemos claramente la importancia y el valor que Dios le da a un hombre, a una mujer, que se pone en
la brecha entre él y la situación, persona o grupo de personas a los que él quiere salvar, e intercede para
que sea de esta manera. Dios no se tarda en responder cuando esto sucede.
El legado de Jesús
Además de entregar a la Iglesia la autoridad sobre todo principado y sobre toda potestad, Jesús la
comisionó para continuar con la obra que él había comenzado durante su ministerio terrenal: “Id por todo
el mundo y predicad el evangelio a toda criatura… Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre
echarán fuera demonios;… tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará
daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán” (Marcos 16: 15-18). La tarea de Jesús mientras
estuvo en la tierra, además de enseñar acerca del amor del Padre y de la necesidad de arrepentirnos para
vivir la vida que a él le agrada, fue la de deshacer las obras de Satanás (1º Juan 3:8). Por esa razón, al
encontrarse con los oprimidos por el diablo , Jesús priorizaba revertir esa situación (Hechos 10:38). El
objetivo que tenemos trazado como Iglesia es continuar con su legado , deshaciendo las obras de Satanás y
libertando a quienes continúan siendo oprimidos por él: “levántate, y ponte sobre tus pies; porque para
esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que
me apareceré a ti,… para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad
de Satanás a Dios; para reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los
santificados” (Hechos 26: 16-18).
diferentes niveles de intercesión en los que podrá moverse una persona que sienta
el llamado de parte de Dios para ejercer este rol en la tierra.
EL ENTORNO DIRECTO
Es el nivel en el que podemos presentarnos delante de Dios con la mayor inocencia y sencillez de nuestro
corazón, con una fe genuina y sincera que clama a Dios por aquellos que nos rodean, que aún no han sido
bendecidos con la experiencia de salvación que acabamos de tener, recibiendo a Jesús como Señor. Es el
nivel de oración en el que anhelamos que nuestros familiares, nuestros amigos, nuestros seres queridos,
alcancen el mismo grado de paz y bienestar que hemos recibido nosotros como consecuencia de haber
entregado nuestra vida a Cristo. En este nivel de intercesión, las oraciones serán sencillas, simples,
concretas y directas; oraremos a Dios por la salvación de las personas que nos rodean, la sanidad de alguna
persona enferma que conocemos, la restauración de algún matrimonio conocido que está atravesando
algún tipo de crisis o turbulencia, por el joven que está preso de las drogas, los vicios, el alcohol, etc. En
nuestra certeza de que Dios sana, salva, prospera y hace milagros incomparables, porque lo hemos
experimentado en nuestra propia vida, derramaremos nuestro corazón en la presencia de Dios pidiéndole
que haga lo mismo por nuestros familiares y amigos. Y Dios, en su inmensa misericordia, al ver la fe sincera
que impregna nuestras oraciones, responderá poderosamente moviendo su mano en favor de aquellas
personas que le presentamos en oración. Este es el primer nivel de intercesión, el primer nivel de
influencia: el que nos lleva a provocar un cambio en las personas que nos rodean. Pero, una vez que
comprobamos la fidelidad de Dios con nuestras oraciones sencillas, Dios nos llevará a ampliar nuestra zona
de influencia, corriendo nuestros límites y llevándonos a abarcar un territorio mayor.
LA IGLESIA DE CRISTO
La quinta zona de influencia para las oraciones de un intercesor es el Cuerpo de Cristo: la Iglesia . Y cuando
hablamos de la Iglesia como el Cuerpo de Cristo, debemos saber que no estamos hablando de un edificio o
denominación determinados, sino que nos estamos refiriendo a todos los hombres y mujeres alrededor del
globo terráqueo que han tomado su decisión de seguir y servir a Cristo hasta el día en que él vuelva a la
tierra por ellos. Existen incontables motivos de oración por los que podríamos presentarnos a Dios en
oración por la Iglesia de Cristo, pero para ser efectivos como intercesores, será bueno que basemos
nuestras oraciones en los pedidos básicos que hizo Jesús por su Iglesia la noche anterior a ser prendido por
los soldados, encaminándose a cumplir su objetivo al venir a este mundo: su muerte en la cruz para
salvarnos. Vimos en el capítulo anterior cómo Juan nos muestra a Jesús como intercesor ante Dios por
aquellos que habrían de creer en él (Juan 17); no está refiriéndose a otra cosa que a su Iglesia. En su
oración, encontramos cuatro puntos importantes por los cuales él oró. El primero de ellos: la unidad en el
Cuerpo . Jesús decía: “guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros… para que todos
sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo
crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros
somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú
me enviaste” (Juan 17:11, 21-23). Uno de los principales motivos de oración de Jesús fue la unidad de su
Iglesia; para convertirnos en intercesores efectivos, deberemos también tomar este factor como principal
motivo de oración, siempre analizando nuestro corazón de todo tipo de sentimiento herido que pueda
interferir en nuestras oraciones. No debemos olvidar que interceder no es presentar quejas ante Dios por
sucesos que podamos haber atravesado; interceder es simplemente bregar por que la voluntad de Dios sea
hecha en la tierra , independientemente de que esa voluntad nos beneficie , o no.
Jesús también oró para que fuésemos guardados , protegidos de todo mal (Juan 17:15). El mal existe y es
una realidad en todos los ámbitos y esferas en que podamos movernos. La oración de Jesús fue en favor de
sus hijos, para que fuesen guardados de toda especie de mal que pudiera llegar a afectarlos. Una oración
de intercesión efectiva a favor de la Iglesia de Cristo será para que todo hijo o hija de Dios sea guardado,
protegido, cubierto de todo tipo de mal que pueda encaminarse hasta su casa, más allá del edificio o
denominación en la que tal persona pueda llevar adelante su vida con Dios.
Jesús también oró para que fuésemos santificados por la Palabra (Juan 17:17). Otro motivo de oración
importante a favor de la Iglesia de Cristo será para que la Palabra de Dios pueda causar en ella el efecto que
Dios pretende que esta cause: su santificación. Ser santo significa ser apartado ; vivir apartado de los
hábitos y costumbres de las personas que no deciden caminar conforme a las enseñanzas de Jesús; vivir
apartado de los caminos que eligen aquellos que no han depositado su fe en Jesucristo para vivir conforme
a sus mandamientos.
La palabra del profeta Isaías decía: “todo el día y toda la noche no callarán jamás” (Isaías 62:6). Aquí
encontramos la indicación de la cantidad de tiempo que un intercesor debe invertir en su intercesión. Es
imposible considerar el hecho de que una persona pueda estar encerrada en una habitación todo el día y
toda la noche dedicándose exclusivamente a interceder, sin realizar otro tipo de actividad. ¿Qué es
entonces lo que esta palabra pretende enseñarnos? Veíamos en el punto anterior que el Señor habla de los
intercesores como guardianes . Si vamos a convertirnos en intercesores efectivos deberemos mentalizarnos
de que en todo momento estamos de guardia , no simplemente en el momento en que vamos a apartarnos
para buscar a Dios en un tiempo de oración dedicada y profunda en la intimidad con él. Cuando nos
disponemos a tomar nuestro lugar como guardianes de ese círculo de influencia al cual queremos alcanzar
con nuestra intercesión, deberemos estar preparados ya que, en cualquier momento del día, Dios puede
llamarnos a clamar específicamente por una urgencia , en un momento clave en el que nuestra intercesión
será determinante para provocar que algo suceda o no. Por ejemplo, hemos estado clamando
específicamente por un vecino que ha estado teniendo problemas con el alcohol. Una noche, esa persona
toma la decisión de acabar con su vida. Es el momento en que Dios llamará en el espíritu a aquel guarda
que ha estado alerta, vigilando en oración a esa persona. El Espíritu Santo vendrá y nos despertará para que
podamos comenzar a clamar por ella. Como resultado, nuestra intercesión impedirá que nuestro vecino
logre el objetivo que, en su desesperación, se había propuesto. Puede que no sepamos específicamente
qué es lo que está sucediendo, y que solo seamos movilizados a orar por la persona, confiando en que Dios
tiene control absoluto, más allá de nuestro conocimiento. Al reunirnos con el vecino al día siguiente, al
manifestarle personalmente que estuvimos dedicando un tiempo de oración por su persona, sin ningún
lugar a dudas él se abrirá a compartirnos los momentos difíciles que ha estado atravesando, oportunidad
ideal para compartirle el poderoso mensaje de salvación, guiándole al arrepentimiento y a comenzar una
nueva vida, completando el objetivo de nuestra intercesión: el encuentro de esa persona con su Salvador.
Estar en guardia significa estar todo el día y toda la noche , en nuestro espíritu, atentos , porque no
sabemos cuál puede ser el momento oportuno para que Dios traiga una gran salvación sobre nuestros
motivos de oración, pero él sí lo sabe. Convertirnos en intercesores efectivos no significa solo dedicar un
tiempo, unas horas, a la intercesión, en el cuarto de oración; convertirnos en intercesores demandará de
nosotros una conexión continua, de 24 horas, no importa lo que estemos haciendo; esto hará que Dios
pueda contar con nosotros como guardianes.