+ESPECIAL DE CORPUS CHRISTI 2020 – A+
Recursos para conocer un poco más de la Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo.
JUEVES DE CORPUS CHRISTI
Comulgar es incorporarme a ti para servirte en el empobrecido
Queridas familias
El siguiente material, lo pueden utilizar el domingo que hay más tiempo. Lo enviamos hoy por si
alguno quiere reflexionar un poco con los pequeños sobre el tema.
No dejemos pasar la importancia de esta fiesta, la celebración es distinta, por la situación en la que nos
encontramos, no saldremos a las calles en procesión, pero si podemos llevar a Jesús en nuestro corazón.
Si es posible, les invitamos a Participar de la Santa Misa el día de mañana. Y prepararnos para hacer una
Comunión Espiritual, siendo más consciente de que recibimos al mismo Jesús, invitándolo a nuestro
corazón, hagamos un acto de fe, para que Él, venga a quedarse con nosotros.
La Iglesia en Roma, pasará la solemnidad al día domingo, nosotros nos uniremos también con el Papa
en dicha solemnidad, pero podemos dedicar un momento el día jueves (en que la mayoría de las diócesis
de México, celebraran la Solemnidad el 11 de junio), a meditar un poco en esta entrega que Jesús hizo
precisamente un día jueves, el Jueves Santo en que se celebró la primera Eucaristía, donde nos entregaba
su Cuerpo y su Sangre para nuestra salvación.
Les dejamos unos enlaces donde se transmite la Santa Misa diaria:
Santuario de Fátima en Monterrey: 8:00 am [Link]
Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe: a las 9:00 am [Link]
Parroquia Cristo de la Montaña en Monterrey a las 9:00 am y 6:30pm
[Link]
Seguimos muy Unidos en Oración.
ÍNDICE
Mensaje de la festividad del Corpus Christi, día de la caridad-------------------------------- 3
Para los más pequeños. ¿qué es el Corpus Christi? -------------------------------------------- 6
¿Cómo comulgar espiritualmente? ---------------------------------------------------------------- 8
Para seguir reflexionando --------------------------------------------------------------------------- 9
Milagros eucarísticos--------------------------------------------------------------------------------- 10
Recomendaciones para recibir sacramentalmente a Jesús--------------------------------------12
Dibujos para colorear --------------------------------------------------------------------------------13
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MENSAJE CON MOTIVO DE LA FESTIVIDAD DEL CORPUS CHRISTI, DÍA DE
LA CARIDAD “SENTADO A LA MESA CON ELLOS” (LC 24, 18)
En la solemnidad del Corpus Christi, el Señor, compadecido de nuestra enfermedad pandémica,
de nuestra desesperanza y soledad, nos invita a encontrarnos con Él en el camino y a sentarnos
a comer a su mesa. Espera así que, unidos a Él, nos convirtamos en testigos de la fe, forjadores
de esperanza, promotores de fraternidad y constructores de solidaridad en medio de esta
situación tan dolorosa que estamos atravesando.
1.- En un singular ayuno eucarístico Hemos vivido semanas sin poder participar física y
plenamente de la Eucaristía. Poco a poco vamos volviendo a una cierta normalidad al poder
recuperar la participación del Pueblo de Dios en la mesa del Señor. Esta participación será
progresiva y estará condicionada por el cumplimiento de las condiciones de aforo y de las
normas. Muchos niños no han podido celebrar aún la Primera Comunión y no podrán
acompañar a Jesús sacramentado por las calles de nuestros pueblos y ciudades el día del Corpus
Christi. Quiera el Señor que esta situación de ayuno eucarístico haya acrecentado en nosotros el
deseo de la Eucaristía y la necesidad de profundizar en su ser y significado.
2. La tentación del abandono El Evangelio según san Lucas contiene un pasaje precioso que
recoge la experiencia de dos discípulos que habían abandonado la comunidad, se habían sentido
engañados y abandonados por Jesús, que no había cumplido sus expectativas. Desanimados y
entristecidos, caminaban esa tarde de domingo hacía la aldea de Emaús. Atrás quedaban sus
ilusiones y esperanzas, marchitadas por la incomprensible muerte de su Maestro. De pronto, el
sombrío discurrir de sus pensamientos se fue llenando de luz al compartir su historia con un
Peregrino que les alcanzó por sorpresa. Durante aquel encuentro, el Peregrino fue disipando sus
dudas y tocando su corazón. Les cautivó de tal manera que ya no les importaba su noche, sino
la de aquel buen hombre que quería continuar su camino; “quédate con nosotros”, le dijeron.
Sentado a la mesa con ellos, al repetir los gestos de la última cena, mientras pronunciaba la
bendición, partía el pan y se los iba dando, lo reconocieron. Al momento desapareció de su vista,
pero les quedó clara una cosa: Cristo resucitado les había alcanzado para compartir con ellos sus
oscuridades, abrir su corazón al sentido profundo de las Escrituras, compartir la mesa, alimentar
su vida espiritual, edificar la comunidad e implantar el Reino. Ahora tocaba volver a Galilea para,
juntos, comenzar la misión que el Maestro les había encomendado.
En nuestros días, son muchas las personas que, como los discípulos de Emaús, caminan por la
vida con desánimo, sin rumbo, desengañados por malas experiencias. En ocasiones, expulsados
de la convivencia social, estos hermanos viven y mueren solos ante la indiferencia de casi todos.
Algunos fueron empujados a su Emaús particular por fracasos personales, por creerse
autosuficientes o porque, sencillamente, no encontraron sitio en una sociedad tremendamente
competitiva. Esta situación de muchos hermanos y hermanas nuestros se ha visto agravada por
la reciente pandemia que venimos padeciendo desde hace meses.
Dios necesita de cada uno de nosotros para hacerse presente a tantos caminantes de Emaús que
avanzan sin rumbo y sin ánimo. Algunos, además, no cuentan con lo necesario para llevar una
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vida digna pues carecen de la acogida social, de un hogar adecuado y del alimento necesario para
el sustento diario. Esta pandemia no solo nos está dejando dolorosas muertes, sino que está
provocando además una grave crisis económica y social. Como consecuencia de la crisis, está
creciendo el número de personas que sufren física, social, psicológica y espiritualmente. Muchas
ya están experimentando la noche oscura de los discípulos de Emaús al pensar que todo está
perdido.
Sin embargo, en medio de tanto dolor y desánimo, al igual que los discípulos de Emaús,
bastantes hermanos están descubriendo la presencia misericordiosa de Dios en aquellos que el
Papa Francisco ha llamado “los santos de al lado”: el personal sanitario, las fuerzas de seguridad,
los capellanes de los hospitales, los vecinos… han sido como estrellas de esperanza en el oscuro
camino que nos ha tocado recorrer. Hoy, más que nunca, tenemos necesidad de muchas
personas que puedan ser “santos de al lado”, de los que Dios se pueda servir para hacerse
presente y ofrecer esperanza a quienes caminan perdidos y desesperanzados.
En medio de tanto dolor, no podemos olvidarnos de aquellos hermanos nuestros que han
fallecido por la infección del virus. Oramos por ellos para que participen por toda la eternidad
de la victoria del Resucitado. Encomendamos también a sus familiares y amigos para que,
además de experimentar la cercanía y el calor de los más cercanos, puedan también descubrir en
Jesucristo el fundamento de su esperanza y el faro que ilumine su peregrinación por este mundo
hasta el reencuentro futuro.
La Iglesia, la familia de los hijos de Dios, imitando a su Maestro, quiere seguir ofreciendo el
sustento material a quien lo necesita, el acompañamiento a quienes se sienten solos y el alimento
espiritual, que nace de la Palabra y de los Sacramentos, a todos los que tienen hambre de Dios
o necesitan encontrarse con Él para descubrir el verdadero sentido de su vida.
3. Eucaristía: fuente del amor, de la comunión y del servicio El día antes de culminar su entrega
a Dios y a los hermanos, muriendo en la cruz, Jesús, durante la última cena con sus discípulos,
quiso dejar un memorial de su obra de salvación instituyendo la Eucaristía. Durante la
celebración, pide a los discípulos que renueven aquel gesto y aquellas palabras en memoria de
su vida entregada por amor. Con las palabras “haced esto en memoria mía”, confía a la
comunidad cristiana el encargo de reunirse con asiduidad para celebrar este misterio de amor y
comunión.
La Eucaristía es, por tanto, para el cristiano, el memorial del amor de Dios hacia cada ser
humano, que se manifiesta en la entrega de su Hijo Jesucristo. Al participar con fe en la
celebración eucarística nos unimos profundamente a Cristo y recibimos de Él la fuerza y el amor
necesarios para vivir nuestra entrega generosa y servicial a los hermanos. En cada Eucaristía,
actualizamos sacramentalmente este misterio de amor, pero un día al año, el día del Corpus
Christi, lo hacemos con una especial solemnidad.
Por eso, en esta jornada, la Iglesia celebra también el día de la Caridad, puesto que anunciamos
y celebramos con profunda fe que de la Eucaristía mana la fuente de todo amor y santidad. La
Iglesia, inundada de alegría, adorna, canta, proclama y adora a Cristo muerto y resucitado en el
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sacramento de la fe y de la comunión. Él es el origen, camino y meta que puede dar sentido a
toda existencia humana y que muestra la vocación a la que es llamado todo cristiano. Jesús nos
da realmente su Cuerpo y su Sangre, verdadero maná, que alimenta nuestra vida y la llena de
sentido nuestra peregrinación por este mundo hacía la patria celestial.
Al recibir al Señor, recibimos el don de la comunión para vencer el virus de la división y el don
del amor para hacer frente a la pandemia de la indiferencia. Además de alabar y dar gracias a
Dios por haberse quedado con nosotros hasta el fin de los tiempos, hemos de acoger con gozo
su invitación a colaborar con Él en el anuncio del Reino, en la atención a los hermanos y en la
transformación del mundo.
En la Eucaristía experimentamos la alegría de vivir y recibimos el alimento necesario para reparar
nuestras fuerzas desgastadas en el servicio a los hermanos.
Oramos para que los muros sean superados, para que los egos, los intereses particulares y las
ideologías sean dejadas a un lado.
Oremos para que cuando los interlocutores se encuentren juntos en la misma sala, se miren a
los ojos y perciban nuestro clamor y ánimo: «adelante, ustedes pueden…». Esperamos que de
estos encuentros emerja también la complicidad y que el gesto de afecto facilite el acercamiento
de posturas.
Oramos para que el virus de la división, el diablo, que estará siempre al acecho, no consiga
romper el buen hacer de todos los interlocutores pues está en juego la construcción del bien
común en esta querida casa de todos, que es nuestra sociedad.
4. Comunidad misionera al servicio de los pobres En cada Eucaristía el Señor nos invita a
ser como el peregrino del Evangelio que sale al encuentro de tantos hermanos y hermanas que,
como los discípulos de Emaús, deambulan por la vida, marcados por la oscuridad del sinsentido,
de la falta de un hogar, de la soledad e incluso de las ganas de vivir. Al comulgar con el Cuerpo
de Cristo, somos enviados por Él con la energía y la luz necesarias para salir al mundo, para
partirnos por los heridos de la vida, para forjar las comunidades que puedan recibirlos con
hospitalidad evangélica.
Hoy, día del Corpus Christi y de la Caridad, la Iglesia que peregrina da gracias a Dios por los
miles de católicos que, unidos al Señor, iluminados por su Palabra, alimentados del Cuerpo de
Cristo, viven ofreciendo sus vidas y sus recursos a los más necesitados. Y, al mismo tiempo que
recibe el don del Corpus Christi, invoca la especial intercesión de María para que nos libre de la
pandemia provocada por el coronavirus y de tantas otras pandemias que a veces nos quedan
lejanas pero que provocan sufrimiento a muchos hermanos y hermanas de aquí y del mundo
entero. Que Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, nos ayude a poner siempre nuestro
corazón en los bienes del cielo y oriente nuestra mirada hacia sus hijos más necesitados.
Subcomisión Episcopal de Acción Caritativa y Social
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PARA LOS MÁS PEQUEÑOS
¿QUÉ ES EL CORPUS CHRISTI?
Una vez terminada la Pascua, hay tres fiestas que nos tratan de explicar con signos claros, cómo
es Dios, y cómo desea que seamos nosotros como cristianos: Santísima Trinidad, que
celebramos el domingo pasado, el Corpus Christy, y el Sagrado Corazón de Jesús.
Hoy celebramos la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo.
Y es para nosotros tan importante que haremos una
procesión, para celebrar esta fiesta... ¿Y qué celebramos?
Cuando un equipo gana una competición, le dan un premio,
un trofeo que exhibe con orgullo por su pueblo. Pues esto
es algo parecido a lo que nosotros celebramos, y que para
nosotros es tan importante.
Y, ¿Qué cosa es tan importante para nosotros? ¿Qué es lo más importante? ¿Lo que nos hace
más felices? .... EL AMOR.....
Estamos tan contentos porque alguien me quiere tanto, que ha sido capaz de dar su vida por
mí... tengo que estar feliz....
Sabias que los pelícanos aman tanto a sus crías que se va arrancando a trozos su propio cuerpo
para alimentarlas, con la gran satisfacción de que sus crías siempre llevarán en ellas una parte
de su madre, porque su trozo de carne se hará carne nueva en ellas.
El cuerpo y la sangre de Jesús, la Eucaristía, la fiesta que hoy celebramos... Sabes uno es, aquello
que come... si come crece, si no come, muere... si come grasa se convierte en grasa... si come
proteínas se convierte en fuerza... el cuerpo crece y es saludable si come alimentos saludables,
si come comida chatarra, su cuerpo no estará sano. Somos lo
que comemos.
Pues el mismo Cristo, que tanto nos ama, que dio su vida por
nosotros... quiso quedarse para siempre con nosotros, quiso
hacerse cuerpo en nosotros para vivir dentro de nosotros... y
por ello, Cristo en la última Cena da a comer su cuerpo y su
sangre... en forma del pan y del vino que consagramos en la
Misa...
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Cuando nosotros comemos este pan y este vino... el Cuerpo y
la Sangre de Cristo pasan a transformarse en cuerpo y sangre
nuestra... y nosotros nos transformamos en Jesús... ¿en qué se
debe notar? pues en que nosotros debemos de ir pensando
como Dios, y actuando como Dios... amando, perdonando,
ayudando, compartiendo... de forma que cuando la gente vea
todo el bien que hacemos diga "ese niño/a tiene a Dios dentro,
se le nota"... esto es comulgar... y si a todos los cristianos se nos
notara, porque comulgamos con Cristo, este mundo sería un
mundo maravilloso...
Todos podemos comulgar, en este tiempo de pandemia, nos unimos a los
más pequeños, los acompañamos de manera especial en la Comunión
espiritual, Pues ahora, incluso los que han hecho ya, su Primera comunión,
Comulgan Espiritualmente.
Y ¿qué es la Comunión Espiritual? Es recibir al mismo Jesús, en nuestro
corazón, es asimilar sus mismos sentimientos, como lo decíamos antes,
para transformarnos en Jesús.
Los mayores, tenemos que aprender a Comulgar Espiritualmente, con la misma devoción con
lo que lo hacen los pequeños, estando convencidos que aunque no podamos recibir
sacramentalmente el Cuerpo y la Sangre de Cristo, Él en su infinito poder, puede y quiere venir
a nuestro corazón y transformar nuestra vida.
Pidamos a Dios que esta situación en la que nos encontramos, privados de recibir
sacramentalmente a Jesús, aprendamos a valorar, la Comunión, la Eucaristía, el Gran Sacrificio
que Dios hizo por Amor a nosotros.
Que María, siendo el primer sagrario de Jesús, nos ayude a guardar a
Jesús en nuestro corazón, que, al hacer la Comunión Espiritual,
estemos convencidos de que Jesús mora real y verdaderamente en
nuestro interior, y hagamos lo posible por no sacarlo de nuestro
corazón, que se sienta tan bien en nuestra compañía que no quiera
irse.
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¿CÓMO COMULGAR ESPIRITUALMENTE?
El amor es una fuerza que une, que lleva al amado a estar y gozar con la persona amada. Así es,
como en cada comunión espiritual le decimos a Jesús que deseamos estar con Él, que lo
amamos, que le necesitamos y que confiamos en Él.
El silencio y el recogimiento interior son disposiciones
indispensables para este ejercicio, pues se trata de entrar en la casita
interior que llevamos dentro del corazón para abrazar a Jesús con
fuerza y permanecer con Él adorándole con fe y amor.
Un acto de fe nos pone en la presencia de Cristo con el deseo de
estar con Él porque le amamos y le necesitamos.
Le decimos expresamente que desearíamos recibirle en la comunión
sacramental, pero que, no pudiendo hacerlo, le pedimos que venga
espiritualmente a nuestro corazón.
Se puede usar el formulario tradicional de San Alfonso María de Ligorio o bien la oración del
Cardenal Rafael Merry del Val
Creo, Jesús mío, que estás A tus pies me postro, ¡oh Jesús
en el Santísimo Sacramento; mío!, y te ofrezco el
te amo sobre todas las cosas arrepentimiento de mi corazón
y deseo recibirte en mi alma. contrito, que se hunde en la nada,
Ya que ahora no puedo ante tu santa Presencia. Te adoro
hacerlo sacramentalmente, en el Sacramento de tu amor, la
ven al menos inefable Eucaristía, y deseo
espiritualmente a mi recibirte en la pobre morada que
corazón. te ofrece mi alma. Esperando la
dicha de la comunión
(Tras una pausa de silencio
sacramental, quiero poseerte en
amoroso se prosigue) y
espíritu. Ven a mí, puesto que yo
ahora, como si ya te hubiese
vengo a ti, ¡oh mi Jesús!, y que tu
recibido, te abrazo y me uno
amor inflame todo mi ser en la
todo a Ti. No permitas,
vida y en la muerte. Creo en ti,
Señor, que jamás me separe
espero en ti, te amo.
de ti.
Y para los pequeños que pueden repetir lo que se les dice:
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PARA SEGUIR REFLEXIONANDO
La Eucaristía es la fuente y cima de toda la vida cristiana (Catecismo de la Iglesia Nº 1324).
Precisamente, porque la Eucaristía es el mismo Jesús, nuestro Dios y Señor, hay, ante el sagrario
de nuestras iglesias, de día y de noche, millones de ángeles acompañando, adorando y amando
a su Dios sacramentado. Algunos santos se unían a los ángeles para adorar a Jesús.
San Josemaría Escrivá de Balaguer decía: Cuando celebro la misa, me sé rodeado de ángeles
que están adorando a la Trinidad.
San Bernardo dice: En ese momento, los ángeles rodean al sacerdote, haciéndole una guardia
de honor. Los ángeles llenan la iglesia, rodean el altar y contemplan extasiados la sublimidad y
grandeza del Señor.
En una ocasión, un niño preguntó a su catequista:
- ¿Cómo es posible que un Dios tan grande esté en una hostia tan chiquita?
- ¿Y cómo es posible que un paisaje tan grande, que tienes ante tu vista, pueda estar metido
dentro de tu ojo tan pequeñito?, ¿no podría hacer Dios algo parecido?
- ¿Y cómo puede estar presente al mismo tiempo en todas las hostias consagradas?
- Piensa en un espejo. Si se rompe en mil pedazos, cada pedacito refleja la imagen que antes
reproducía el espejo entero. ¿Acaso se ha partido la imagen?
No, pues así Dios está todo entero en todas las partes y en cada hostia.
- ¿Y cómo es posible que el pan y el vino se conviertan en el cuerpo y sangre de
Cristo?
- Cuando tú naciste eras pequeñito y tu cuerpo iba asimilando el alimento que comías y
cambiándolo en tu cuerpo y sangre, y así ibas creciendo. ¿Y Dios no podría cambiar también el
pan y el vino en el cuerpo y sangre de Jesús?
- ¿Pero yo no comprendo el por qué de todo esto?
- Porque tú no comprendes de lo que es capaz el amor de un Dios. Todo es por amor. la
Eucaristía es la prueba suprema del amor de Jesús. Después de esto, sólo queda el cielo mismo.
Por eso, los santos daban tanta importancia a la comunión.
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MILAGROS EUCARÍSTICOS
a) LANCIANO
En un pueblo de Italia, llamado Lanciano, Jesús quiso dejarnos una prueba de su presencia real
en la Eucaristía, alrededor del año 750. Quizás es el milagro eucarístico más importante.
En la iglesia de San Francisco, donde ocurrió el milagro, hay una inscripción en mármol que
cuenta el prodigio (cuyas reliquias todavía se conservan en esa iglesia). Dice así: Alrededor de los
años setecientos después de Jesucristo, en esta iglesia, un monje sacerdote dudó de que en la
hostia consagrada estuviera verdaderamente el Cuerpo de nuestro Señor y en el cáliz la Sangre.
Celebró la misa y, después de decir las palabras de la consagración, vio que la hostia se convertía
en Carne y el vino en Sangre. Todo esto lo mostró a los que estaban allí, y después a todo el
pueblo. La Carne se conserva todavía íntegra y la Sangre está ahora en cinco coágulos desiguales...
Todo esto se puede ver en esta capilla, hecha por Francisco Valsecca, a su costa, en el año del
Señor 1636.
Durante los últimos años, diversos científicos han analizado varias veces en el laboratorio estas
reliquias y han confirmado que se trata de carne humana y sangre humana.
Concretamente: el 18 de noviembre de 1970 los franciscanos, con autorización de la Santa Sede,
confiaron a dos investigadores italianos, los profesores Linoli y Bertelli, el análisis de las reliquias.
El 4 de marzo de 1971 entregaron sus conclusiones, que han sido publicadas en muchas revistas
científicas. Los principales resultados se resumen así:
- La carne y la sangre son verdaderamente humanas, de un hombre.
- La carne y la sangre son de una persona viva (es decir, no de un cadáver).
- La carne y la sangre son del mismo grupo sanguíneo: AB.
- El diagrama de esta sangre corresponde al de una sangre humana que hubiera sido extraída del
cuerpo el mismo día en que se hizo el análisis.
- La carne corresponde inequívocamente al músculo cardíaco (miocardio).
- Si se pesan los coágulos de sangre (son cinco), cada uno de ellos pesa exactamente lo mismo
que el conjunto de los cinco.
- La conservación de estas reliquias en perfecto estado, a pesar de haber sido expuestas durante
doce siglos a los agentes físicos, atmosféricos y biológicos, es un fenómeno extraordinario e
inexplicable.
En 1973, el Consejo Superior de la Organización Mundial de la Salud de la ONU nombró una
comisión para comprobar estas conclusiones. Los trabajos duraron quince meses, con un total
de quinientos exámenes, y confirmaron lo dicho por los profesores italianos.
En 1991, se volvieron a hacer los análisis, con los instrumentos técnicos más modernos, y se
llegó a las mismas conclusiones.
b) FERRARA
En Ferrara, en la iglesia de Santa María del Vado, se custodian las señales de un milagro ocurrido
en el día de Pascua, el 28 de marzo de 1171: el milagro de la sangre que brotó de la hostia
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consagrada. Durante la misa, al partir la hostia, surgió de ella un borbotón de sangre que llegó
a impregnar la pequeña bóveda que estaba sobre el altar.
Algunos testigos afirmaron haber visto que también la hostia tomó un aspecto sanguíneo. Otros
dijeron que habían visto la figura de un niño en el lugar de la hostia.
Sean o no ciertos estos dos testimonios, siguen presentes, inconfundibles, las manchas de sangre
en la bóveda que está encima del altar; todavía hoy se puede observar esto en la basílica de Santa
María del Vado, en Ferrara.
c) ALATRI
La reliquia de otro milagro eucarístico, llamado de la hostia encarnada, se conserva aún hoy en la
basílica de San Pablo apóstol, de la ciudad de Alatri, en la región del Lazio (Italia). Este
prodigioso acontecimiento viene relatado en un documento de grandísima autoridad: la bula
Fraternitatis tuae, del Papa Gregorio IX, fechada el 13 de marzo de 1228.
Gregorio, obispo, siervo de los siervos de Dios, al venerable hermano obispo de Alatri: salud y
bendición apostólica. Hemos recibido tu carta, hermano queridísimo, que nos informaba de
cómo una joven, sugestionada por el malvado consejo de una señora maléfica, después de haber
recibido de manos del sacerdote el Cuerpo Santísimo de Cristo, lo mantuvo en la boca hasta el
momento en que, aprovechando la ocasión oportuna, lo pudo esconder en un paño; tres días
después, encontró en ese paño aquel mismo Cuerpo que había recibido en forma de pan,
transformado en carne, como todavía hoy puede comprobar cualquiera con sus propios ojos.
d) BOLSENA
El milagro eucarístico de los corporales manchados de sangre ocurrió en la iglesia de Santa
Cristina de Bolsena, en 1263 (los corporales son un pequeño mantel cuadrado que se pone en
el altar, y sobre él se dejan la patena con la hostia y el cáliz).
La reliquia, es decir, los corporales manchados de sangre, se conserva en la catedral de Orvieto.
Traemos aquí el texto de una lápida que está en Bolsena; seguimos la traducción italiana que
hizo Giovanni Battista Scotti en el año 1863: En la época en que el Papa Urbano IV, de feliz
memoria, residía en Orvieto con sus hermanos cardenales y con su curia, había un sacerdote
alemán, muy prudente y con una insigne bondad de costumbres, y que se mostraba fiel a Dios
en todas las cosas. Pero, sin embargo, dudaba mucho de la fe en este sacramento (la Eucaristía):
¿cómo es posible que, al decir el sacerdote esas palabras - esto es mi Cuerpo -, el pan se convierta
en el verdadero y Santísimo Cuerpo de Cristo, y que al decir las otras palabras - esto es mi
Sangre -, el vino se convierta en su Sangre? Llegado a la fortaleza de Bolsena, decidió celebrar
la santa misa en esta iglesia de Santa Cristina Virgen. Mientras celebraba la misa, concretamente
cuando tenía la hostia en las manos encima del cáliz, ocurrió una cosa maravillosa, capaz de
admirar tanto a los tiempos antiguos como a los modernos.
De improviso, la hostia apareció visiblemente como verdadera carne, y mojada con sangre roja,
salvo en la parte que estaba justo entre los dedos del sacerdote. Además, un paño que estaba
ahí preparado para las purificaciones quedó empapado por aquella efusión de sangre. A la vista
del milagro, ese sacerdote que antes dudaba, una vez confirmado en la fe, se asombró y decidió
esconder todo envolviéndolo en los corporales.
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Las gotas de sangre que caían y teñían los corporales dejaban ahí impresas otras tantas figuras,
semejantes a un hombre. Viendo esto, el sacerdote se aterrorizó y dejó de celebrar la santa misa:
no se atrevía a continuar. Movido por un íntimo dolor y lleno de arrepentimiento, dejó, con la
debida devoción, aquel venerable sacramento en el sagrario de la iglesia y corrió con prisa al
encuentro del mismísimo Papa. De rodillas ante él, le contó todo lo que había ocurrido, así
como su dureza de corazón, y le pidió perdón y misericordia.
Oído todo esto, el Papa quedó lleno de grandísima admiración, lo absolvió y le impuso una
saludable penitencia. El Papa, de rodillas en el suelo, tomó en sus manos aquel venerable
sacramento, y lo llevó a la iglesia de Orvieto, con himnos y cantos, con alegría y regocijo, y lo
depositó con veneración en el sagrario de la misma iglesia. Era el año 1263. Ésta fue la primera
procesión del Corpus Christi, fiesta que el propio Urbano IV instituyó el año siguiente, 1264.
UNAS RECOMENDACIONES PARA CUANDO PODAMOS VIVIR DE MANERA
PRESENCIAL LA SANTA MISA Y RECIBIR SACRAMENTALMENTE A JESÚS
EUCARISTÍA.
El santo cura de Ars aconsejaba: Para acercarte a la comunión:
• Te levantarás con gran modestia.
• Te arrodillarás en presencia de Jesús sacramentado.
• Pondrás todo tu esfuerzo en avivar tu fe.
• Tu mente y tu corazón deben estar centrados en Jesús.
• Cuida de no volver la cabeza a uno y otro lado.
• Si debes esperar algunos instantes, excita en tu corazón un ferviente amor a Jesucristo.
• Suplícale que se digne venir a tu pobre corazón.
Y, después de haber tenido la inmensa dicha de comulgar:
• Te levantarás con modestia.
• Volverás a tu sitio y te pondrás de rodillas.
• Debes conversar unos momentos con Jesús, al que tienes la dicha de albergar en tu corazón
donde durante un cuarto de hora, está en cuerpo y alma como en su vida mortal.
Un hombre se fue de la iglesia apenas había comulgado. San Juan de Ávila que entonces era el
sacerdote que predicaba, lo notó, y mandó dos monaguillos con luz y campanilla que le
acompañasen. La gente se asombró y el hombre, avergonzado, se volvió a la iglesia. ¡Con cuántos
estaría bien igual escarmiento!
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DIBUJOS PARA COLOREAR
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