Resumen de "¿Qué es la filosofía?
" de José Pablo Feinmann
El libro "¿Qué es la filosofía?" del filósofo argentino José Pablo Feinmann es un
ensayo profundo y accesible sobre las preguntas fundamentales que han caracterizado a
la filosofía a lo largo de la historia. Feinmann, quien no solo es un filósofo sino también
un ensayista y escritor reconocido, ofrece un análisis que intenta responder no solo a la
pregunta del título, sino también a otras cuestiones clave relacionadas con el
conocimiento, la existencia, la moral y la política. A lo largo de la obra, Feinmann
demuestra una notable capacidad para hacer accesibles ideas complejas sin perder el
rigor académico que caracteriza a la filosofía.
La pregunta clave: ¿Qué es la filosofía?
El título del libro plantea la cuestión central: ¿Qué es la filosofía?. Esta pregunta no
tiene una respuesta sencilla ni unívoca, y Feinmann lo reconoce desde el principio.
Según él, la filosofía no es una disciplina que pueda ser definida de manera estática. A
lo largo de los siglos, la filosofía ha adoptado diferentes formas y ha respondido a
distintas preocupaciones, reflejando tanto los problemas del momento histórico como
las inquietudes individuales de los filósofos que la practicaban.
La filosofía, según Feinmann, se caracteriza por su capacidad crítica y su disposición a
interrogar lo que se da por hecho. En este sentido, puede definirse como una
actividad que nunca se conforma con las respuestas fáciles, sino que está en una
constante búsqueda de preguntas más profundas. Feinmann hace hincapié en que la
filosofía no tiene un propósito meramente práctico o utilitario; su valor radica en su
capacidad para interpelar la realidad misma, lo que la convierte en una herramienta
poderosa para repensar el mundo y a uno mismo.
El asombro y la duda: orígenes de la filosofía
Feinmann, al igual que muchos filósofos clásicos, señala que el asombro es el punto de
partida del pensamiento filosófico. Esta idea proviene de los antiguos filósofos griegos
como Aristóteles, quien afirmaba que los seres humanos empiezan a filosofar porque se
asombran ante el mundo. El asombro es una forma de perplejidad ante lo que parece
familiar y cotidiano, pero que, al ser interrogado, revela su complejidad y profundidad.
Feinmann retoma esta idea para enfatizar que la filosofía es una actividad humana
universal, que surge de nuestra capacidad para detenernos y reflexionar sobre lo que,
en apariencia, es evidente.
Pero junto con el asombro, Feinmann destaca la importancia de la duda. Para él, la
duda es un mecanismo esencial del filosofar. A través de la duda, los filósofos
cuestionan las certezas que se aceptan sin reflexión y ponen en entredicho las
estructuras de conocimiento que parecen sólidas. El ejemplo paradigmático de esto es
Descartes, quien inauguró la filosofía moderna con su método de la duda radical. Para
Descartes, la única certeza indudable era su propia existencia como sujeto pensante, lo
que dio lugar a su célebre máxima "Cogito, ergo sum" (Pienso, luego existo).
Feinmann resalta cómo esta actitud dubitativa ha sido una constante en la filosofía,
desde los primeros presocráticos hasta los filósofos contemporáneos.
La filosofía como actividad crítica
Una de las características más destacadas de la filosofía, según Feinmann, es su
carácter crítico. Para él, la filosofía no se limita a aceptar lo que se presenta como
cierto o verdadero; más bien, su esencia reside en cuestionar continuamente esas
verdades aparentes. En este sentido, la filosofía es una actividad que no se conforma con
el conocimiento heredado o las doctrinas establecidas, sino que busca desmantelar las
estructuras conceptuales que se dan por sentadas.
Feinmann ve en esta actitud crítica una relación estrecha entre la filosofía y la libertad.
Al desafiar las creencias aceptadas y al no someterse a las verdades incuestionables, la
filosofía libera al individuo de la opresión del dogma y le ofrece la posibilidad de
pensar por sí mismo. Así, para Feinmann, la filosofía no solo es crítica en el plano
intelectual, sino también en el plano existencial y político. El pensamiento crítico que
promueve la filosofía tiene el potencial de subvertir las estructuras de poder que
buscan mantener el status quo.
Recorrido histórico de la filosofía occidental
Uno de los elementos centrales del libro es el recorrido que Feinmann realiza por la
historia de la filosofía occidental, destacando los momentos más significativos y las
figuras más influyentes. El autor sigue una estructura cronológica que comienza con los
presocráticos, pasando por Platón y Aristóteles, hasta llegar a los filósofos
contemporáneos como Nietzsche y Sartre. Este enfoque permite al lector entender
cómo las preguntas filosóficas han evolucionado a lo largo del tiempo y cómo los
distintos contextos históricos han influido en las respuestas que los filósofos han
ofrecido.
Los presocráticos y el origen del pensamiento filosófico
Feinmann empieza su análisis histórico con los presocráticos, quienes fueron los
primeros en formular preguntas sobre el origen del universo, la naturaleza de la realidad
y la relación entre el ser humano y el cosmos. Estos primeros filósofos, como Tales de
Mileto, Heráclito y Parménides, intentaron explicar el mundo de manera racional,
dejando de lado las explicaciones míticas o religiosas que predominaban en su época.
Feinmann resalta el carácter cosmológico de la filosofía presocrática, donde la
pregunta fundamental era por el arché (el principio o elemento primordial de todas las
cosas). Tales, por ejemplo, propuso que el agua era el principio fundamental de todo lo
que existe, mientras que Heráclito argumentó que el cambio constante es la
característica esencial de la realidad. Parménides, por su parte, defendió la idea de que
el ser es único e inmutable, en contraste con el devenir constante que Heráclito veía en
el mundo. Feinmann subraya cómo estas primeras teorías filosóficas inauguraron la
tradición de buscar explicaciones racionales para los fenómenos del mundo, un rasgo
que caracteriza a la filosofía hasta nuestros días.
Sócrates y la moral del conocimiento
A continuación, Feinmann se detiene en la figura de Sócrates, a quien considera uno de
los personajes más influyentes de la historia del pensamiento. Sócrates, según
Feinmann, representa una ruptura con los filósofos anteriores al centrar su atención no
en el cosmos o la naturaleza, sino en el ser humano y sus preguntas sobre el bien, la
justicia y la virtud. La famosa frase "Conócete a ti mismo", atribuida a Sócrates,
encapsula su enfoque filosófico: el autoconocimiento es el primer paso hacia una vida
ética y virtuosa.
Feinmann destaca el método socrático como una forma de diálogo filosófico en la que,
mediante preguntas incisivas, Sócrates llevaba a sus interlocutores a examinar sus
creencias y descubrir las contradicciones internas de sus razonamientos. A través de este
método, Sócrates mostró que muchos de los supuestos sobre los que se basaba la vida
social y política de Atenas no eran tan sólidos como parecían. Este cuestionamiento lo
llevó a entrar en conflicto con las autoridades de la ciudad, lo que finalmente resultó en
su condena a muerte. Para Feinmann, la figura de Sócrates simboliza la tensión
constante entre la filosofía y el poder, una tensión que ha sido recurrente a lo largo de
la historia de la filosofía.
Platón y la teoría de las Ideas
En su análisis de Platón, Feinmann subraya la teoría de las Ideas como una de las
contribuciones más importantes del filósofo ateniense. Según Platón, el mundo sensible
que percibimos con los sentidos no es la verdadera realidad; esta se encuentra en un
mundo de Ideas o Formas, que son eternas e inmutables. Para Platón, el conocimiento
verdadero no puede basarse en lo que captamos a través de los sentidos, ya que el
mundo físico está en constante cambio y es imperfecto. Solo a través de la razón
podemos acceder a las Ideas, que representan la verdad y la perfección.
Feinmann señala que la distinción platónica entre el mundo sensible y el mundo
inteligible ha tenido un profundo impacto en toda la filosofía posterior, especialmente
en el pensamiento cristiano medieval, que adoptó esta dualidad para explicar la relación
entre el mundo terrenal y el mundo divino. Además, la alegoría de la caverna, una de
las metáforas más famosas de Platón, muestra cómo el filósofo tiene la responsabilidad
de guiar a los demás fuera de la ignorancia y hacia la luz del conocimiento verdadero.
Para Feinmann, esta alegoría también puede interpretarse como una reflexión sobre la
política, ya que Platón defendía que los gobernantes debían ser filósofos, es decir,
personas capaces de comprender las Ideas y, en particular, la Idea del Bien.
Aristóteles y la filosofía sistemática
Tras Platón, Feinmann examina a Aristóteles, quien fue discípulo de Platón pero
desarrolló un enfoque filosófico muy diferente. Mientras que Platón postulaba un
mundo de Ideas separado del mundo sensible, Aristóteles defendió una concepción más
empírica de la realidad. Para Aristóteles, el conocimiento comienza con la observación
del mundo natural, y la filosofía debe basarse en el estudio de lo que existe aquí y ahora.
Esto llevó a Aristóteles a desarrollar una filosofía sistemática que abarca prácticamente
todas las áreas del conocimiento, desde la metafísica y la ética hasta la política y la
lógica.
Feinmann destaca la influencia de Aristóteles en la tradición escolástica medieval y en
la filosofía científica moderna. La obra de Aristóteles fue redescubierta en el mundo
cristiano a través de los filósofos árabes, como Averroes y Avicena, y desempeñó un
papel crucial en la formación del pensamiento escolástico, especialmente en figuras
como Tomás de Aquino.
Filosofía moderna: la ruptura con la tradición
Feinmann dedica una parte sustancial del libro a la filosofía moderna, un período
caracterizado por una ruptura con las concepciones medievales del mundo y por el
surgimiento del sujeto moderno como centro del conocimiento. La filosofía moderna
se inicia con Descartes, quien, como se mencionó anteriormente, introduce el método
de la duda para llegar a la certeza del "Cogito, ergo sum". Este giro hacia el sujeto
como fundamento del conocimiento marca el comienzo de una nueva era en la historia
de la filosofía.
Además de Descartes, Feinmann analiza a otros grandes filósofos modernos como
Kant, quien intentó superar la dicotomía entre el racionalismo y el empirismo. Kant
argumentó que la experiencia humana está mediada por categorías a priori, como el
espacio y el tiempo, que estructuran nuestra percepción del mundo. Así, el
conocimiento es una síntesis entre lo que aportan los sentidos y las estructuras mentales
que organizan esa información.
El existencialismo: la angustia y el absurdo
Feinmann se detiene particularmente en la filosofía existencialista, una corriente que
surge en el siglo XX como respuesta a la crisis de las certezas tradicionales. Filósofos
como Jean-Paul Sartre y Martin Heidegger exploraron temas como la angustia, la
libertad y el absurdo de la existencia humana. Para Sartre, el ser humano está
condenado a ser libre, lo que significa que cada individuo es responsable de dar sentido
a su vida en un mundo que, en sí mismo, carece de sentido.
Feinmann enfatiza cómo el existencialismo representa una respuesta filosófica a un
mundo en el que las certezas religiosas, morales y científicas han sido puestas en duda.
La filosofía existencialista refleja el malestar de una época en la que los seres humanos
ya no pueden confiar en las grandes narrativas que antes les ofrecían seguridad y
orientación.
La filosofía y la política
Un aspecto crucial del pensamiento de Feinmann es su insistencia en que la filosofía no
puede separarse de la política. Para él, toda reflexión filosófica tiene implicaciones
políticas, ya que las ideas sobre la verdad, la justicia, la libertad y la existencia afectan
directamente la manera en que se organiza la sociedad. Feinmann critica a aquellos
filósofos que pretenden mantener un pensamiento "puro" o "desinteresado", ya que
considera que toda filosofía tiene un impacto social y político.
Feinmann también se interesa por el marxismo, que considera una de las filosofías más
influyentes del siglo XX en términos políticos. El materialismo histórico de Karl Marx
ofrece una crítica radical del capitalismo y propone una sociedad sin clases como la
culminación de la historia. Feinmann ve en Marx a un pensador que no solo filosofa
sobre el mundo, sino que también busca transformarlo, lo que para él representa una de
las tareas más importantes de la filosofía.
La filosofía en la sociedad contemporánea
En la parte final del libro, Feinmann reflexiona sobre el papel de la filosofía en la
sociedad contemporánea, marcada por el consumismo, la tecnología y los medios de
comunicación masiva. En un mundo donde parece que la superficialidad y el
espectáculo dominan la vida cotidiana, la filosofía puede parecer irrelevante o
anticuada. Sin embargo, Feinmann argumenta que precisamente en un contexto así, la
filosofía es más necesaria que nunca.
La filosofía ofrece una alternativa al conformismo y a la alienación, ayudando a las
personas a pensar críticamente sobre su lugar en el mundo y sobre las estructuras que
gobiernan sus vidas. Feinmann concluye que, aunque la filosofía ha perdido
protagonismo en el discurso público, sigue siendo una herramienta indispensable para
quienes buscan vivir de manera más plena y consciente.