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Edificando La Iglesia

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EDIFICANDO LA IGLESIA DE CRISTO

Introducción:
¿Cómo edificar la iglesia? Hoy en día se habla de iglecrecimiento: métodos para
hacer crecer la iglesia, de mega iglesias, de iglesias por Internet, de métodos de
trabajo para edificar la iglesia, ofrecidos en libros, seminarios, congresos y cursos.
Han aparecido tantas corrientes dentro del mundo cristiano sobre cómo edificar la
iglesia, que yo, a veces, me siento confundido. Se habla de iglesias apostólicas, de
iglesias con propósito, de grupos discipulares, de iglesias en las casas – grupos
familiares, etc. Esto de edificar la iglesia Cristo se ha vuelto un asunto muy
sofisticado.

Ahora, para entender cómo edificar la iglesia, es necesario entender primero qué es
la iglesia. La palabra "iglesia" viene de una expresión griega antigua, "eklesía," que
significa los llamados (los separados) para los propósitos de Dios. Por eso, sabemos que
la iglesia es un cuerpo de personas, las cuales fueron llamadas (separadas) del mundo para
entrar al reino del Hijo amado de Dios (Colosenses 1:13) y servir a los propósitos de
Dios.

La iglesia de Cristo NO es un club, al que venimos a pasar un rato de esparcimiento, NO es


una organización con fines sociales ni políticos (ni de izquierda ni de derecha - fenómeno
muy presente en Venezuela en los últimos años). NO es la estructura física, como un
templo. NO es una organización humana filantrópica. La iglesia de Cristo NO es una mera
institución humana. Es un organismo vivo. UNA UNIDAD ORGANICA DONDE TODOS
Y CADA UNO DE LOS MIEMROS DEL CUERPO CUMPLEN UNA FUNCIÓN.

Hay muchas expresiones en la Biblia, para designar y explicar qué es la iglesia: cuerpo de
cristo, casa (edificio) de Dios, familia de Dios, la esposa del cordero, etc. La que más se
ajusta a qué es la iglesia, es el cuerpo de Cristo: una unidad orgánica donde todas y cada
una de las partes del cuerpo tienen un papel que cumplir bajo la dirección de la cabeza; y
como cuerpo es un organismo vivo, construido con muchos órganos y miembros vivos,
creciendo continuamente ”en todo en Aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien
todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se
ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su
crecimiento para ir edificándose en amor” (Efesios 4:15,16).

Hay tres aspectos en lo relacionado a la obra de edificación de la iglesia a los que quiero
referirme:
1. Fundamento
2. Los materiales

1. El fundamento: El fundamento de cada creyente como el de la iglesia misma es


Cristo. “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está
puesto, el cual es Jesucristo” (1Cor. 3:11). Jesús se presenta como cabeza
del ángulo y como la piedra angular del edificio espiritual que es la
iglesia, del cual nosotros somos piedras vivas. 1era de Pd. 2:8 dice,
refiriéndose a Cristo:”la piedra que desecharon los edificadores, ha llegado a
ser la piedra angular”. La piedra más importante en una construcción es la piedra
angular. En tiempos antiguos, ésta se ponía primero para que sirviese de referencia para las
dimensiones del edificio y a través de la cual se unían las paredes.

El tener a Cristo como fundamento de nuestra construcción equivale a edificar sobre la


roca. En la Escritura se compara a la roca con Cristo. Mateo 7:24-27; Lucas
6:46-49.
El pasaje de Mateo 7:24-27 describe una situación que ocurría en Palestina en los
tiempos de Jesús. La escasez de vegetación en las colinas de Palestina hacía que las lluvias
de invierno provocaran violentas inundaciones que arrasaban toda edificación que se
hallara a su paso. La arena era rápidamente arrastrada por el agua, pero los edificios
fundamentados en la roca se mantenían firmes. LA ROCA NOS DA LA IDEA DE
FIRMEZA, ESTABILIDAD, RESISTENCIA, DURABILIDAD, FORTALEZA,
PERMANENCIA; ALGO INCONMOVIBLE.

EDIFICAR SOBRE LA ROCA EQUIVALE, PUES, A EDIFICAR NUESTRAS


VIDAS SOBRE LA PERSONA DE CRISTO Y SU OBRA.

Al edificar sobre la roca, todo el peso de la construcción, recae sobre ésta; y es la roca
como fundamento quien le da cohesión, solidez y orientación al resto de la casa. Al edificar
nuestra vida sobre la persona de Cristo y su obra, estamos descargando todo el peso, toda
nuestra carga, nuestra ansiedad, nuestras preocupaciones, nuestro futuro, nuestros planes,
nuestras necesidades, nosotros mismos, todo, en el Señor. De esta manera estamos
permitiendo que él mismo le dé cohesión, fortaleza y orientación a nuestra vida.

El hombre cuya casa se derrumbó tenía la culpa de lo que lo que le sucedió, no por no
trabajar, sino por no valerse de la roca, para darle solidez a su construcción. No hay, pues,
otro fundamento seguro sobre el cual construir la iglesia ni nuestra vida espiritual y nuestro
carácter que Cristo Jesús. Sobre él nosotros podemos SOBREEDIFICAR nuestras vidas,
“porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el
cual es Jesucristo” (1Corintios 3:10).
El fundamento de nuestra vida es Cristo, quien es la Roca. Nuestra vida necesita estar
basada sobre la perfecta obra consumada de Cristo y no sobre nuestros méritos, fortalezas,
capacidades, habilidades, educación, recursos e intenciones.

El Cristianismo comienza no con mucho hacer, sino con un gran COSUMADO ES. Hace
cerca de 2000 años, Cristo, con su obra expiatoria y redentora realizada en la cruz del
calvario y ratificada con su gloriosa resurrección, derrotó a Satanás, venció la muerte y le
quitó el poder al pecado; al mismo tiempo nos compró salvación y vida eterna; nos compró
además paz, gozo, poder y sanidad; nos dio una nueva naturaleza; nos impartió el E.S.; nos
hizo hijos de Dios. Pero lo que para Dios es historia, un hecho consumado, el creyente
debe apropiárselo en su vida práctica y cotidiana. Desde la perspectiva de Dios,
legalmente nos pertenece, para ello Dios ha hecho, en Cristo Jesús, abundante provisión,
pero el creyente debe hacerlo una realidad en su vida. El creyente debe experimentar en
forma vital y dinámica y apropiarse a través del ejercicio de la fe y de la vida de
obediencia, la obra regeneradora de la sangre de Cristo, la presencia santificadora del
Espíritu Santo en su vida y el poder que resucitó a Cristo de los muertos en una vida
transformada. Debe hacer la historia de la redención realizada por Cristo su
propia historia.
Cristo Jesús es el único fundamento seguro para edificar nuestras vidas.
Lamentablemente algunos creyentes han abandonado el fundamento de Cristo la
roca, para construir su vida sobre otros fundamentos, tales como: activismo
eclesiástico, estabilidad económica e incluso el dinero, desarrollo de buenas virtudes,
moralidad, buenas costumbres, ceremonias y prácticas religiosas, fuerza de voluntad,
ascetismo, conocimiento secular e inclusive bíblico, trabajo, disciplina, etc., pero estos
no son fundamentos en lo absoluto, no son sino, en palabras de Pablo, obras de la
carne. Todo aquello que resulte de obrar en la confianza y dependencia de nuestro
YO, tiene como fundamento la carne y no la persona de Cristo.

En la vida corporativa de la iglesia (como colectivo) también se observa esta situación. He


visto, con preocupación, en los últimos años este fenómeno. En la iglesia de hoy, caemos
presa del atractivo de lo novedoso. Al parecer las antiguas verdades del evangelio no tienen
suficiente espectacularidad. Nos inquieta descubrir la enseñanza, técnica o estrategia más
avanzada, grandiosa o novedosa.

El problema de las novedades de hoy fabricadas por hombres: técnicos, revisionistas o


ideólogos que sienten la necesidad de innovar, concebir novedades, a fin de ayudar al
avance del reino de Dios, es que sencillamente no producen los resultados espectaculares
que promocionan. No logran, hasta donde yo sé, producir conversión en masas, el bautismo
en agua de las personas, sanear o liberar ciudades de influencias demoníacas y como
consecuencia de ello bajar los índices de criminalidad o la formación de iglesias fuertes y
de oración. El problema no es que se utilicen algunas de estas cosas, como las técnicas de
docencia y la organización, sino que constituyan un fin en sí mismas; que se conviertan en
el fundamento de la vida de la iglesia. El fundamento de la iglesia es Cristo Jesús

No necesitamos técnicos y programadores de iglesia; necesitamos a Dios. No hay ninguna


necesidad de que nos volvamos “creativos”. El no está buscando personas “listas”, porque
él es listo; nadie es más sabio e inteligente que él. El no vino a buscar personas
calificadas, el califica a los escogidos.

He visto con preocupación como algunos sectores de la iglesia han desviado su


confianza para edificar la iglesia, en sectores políticos o grupos económicos, pero no
necesitamos esas cosas. De lo único que realmente no podemos prescindir para
edificar la iglesia es de Dios mismo, porque la iglesia no es la agencia de ningún grupo
humano, la iglesia es obra de Dios. Ejemplo de Billy Graham.
Y la obra de Dios sólo puede ser realizada por el poder de Dios . La clave no
es el dinero, ni el apoyo político, ni el apoyo económico, ni la organización, los recursos
tecnológicos, ni el uso de técnicas novedosas, ni la astucia ni la educación. “No con
ejércitos, ni con fuerza, ni con computadoras (son útiles), ni con ingenio,
sino con mi Espíritu ha dicho Jehová de los ejércitos” (Zacarías 4:6).
El tener a Cristo como fundamente no sólo está referido al acto de tomar la decisión de
recibir a Cristo como Señor y Salvador personal, sino al proceso de crecer y
madurar en la vida de Cristo, de profundizar en nuestra experiencia en
Cristo.

La experiencia con Dios se puede comparar con un profundo pozo. Introducirse en el poder
de la Palabra de Dios o de la oración o del Espíritu Santo o del amor divino equivale a
hundirse cada vez más profundamente en el pozo de Dios. Sin embargo, la tendencia de
muchos de nosotros es a sólo chapotear un tiempo en la verdad... y luego saltar AFUERA
del pozo al suelo circundante, sin llegar nunca a sondear de veras la profundidad de las
aguas de vida que están dentro de él.

Lucas 6:45 define la acción humana necesaria para edificar sobre la roca: cavar y
ahondar. Son dos verbos que nos dan la idea de profundidad. Cavar y ahondar en la
oración, en el estudio y meditación de la palabra de Dios, en el servicio a Dios.
 Escudriñar la palabra de Dios, lo cual significa escarbar, profundizar en el
estudio y meditación de la Palabra de Dios. La prioridad más importante y
significativa que podemos cultivar es hacer que las Escrituras formen parte de
nuestras vidas; y esto se logra acudiendo a ella con regularidad; empapándonos
diariamente de las Escrituras, no solo leyendo unos pocos versículos, sino
estudiándola con ahínco, sistemáticamente, hasta llegar a desarrollar una mentalidad
bíblica, vale decir, un estilo de vida regido por principios bíblicos. De lo trata es de
internalizar la Palabra de Dios, a tal punto que ella pase a ser el fundamento de
nuestra vida (Salmo 119: 15,16,48,97).
 Lo mismo podemos decir en relación con la oración. ¿Es nuestra oración un mero
ejercicio rutinario y mecánico o verdaderamente nuestra oración logra tocar a Dios?
¿Realmente nuestra oración expresa un profundo anhelo y necesidad de Dios
(Salmo 42:1-2)? ¿Hasta qué punto nuestra alma gime por dentro anhelando el
encuentro con Dios? Debemos cultivar conscientemente el hambre y sed de Dios y
aprender lo que es verdadera pasión, devoción, profundas ansias de comunión con
Dios. Verdaderamente no se puede enseñar la oración mediante principio,
seminarios y simposios. Debe nacer de un ambiente completo de sentida necesidad.
De verdaderas ansias y apetito de Dios ¿Qué sabemos de esperar pacientemente y
depender de Dios en oración? Hemos de madurar, crecer y edificarnos en el
ministerio de la oración y alcanzar a comprender y experimentar en nuestras vidas,
los grandes propósitos de Dios a través de la oración.
Tenemos necesidad de penetrar a profundidad la tierra espiritual, de que nuestras raíces
penetren profundamente el suelo en la búsqueda de la Palabra de Dios, la oración y el
servicio a Dios, el compañerismo cristiano y en general en todos los aspectos de la vida
espiritual, porque “solo la tierra arada a profundidad produce frutos abundantes”.

2. Los materiales: La iglesia como casa de Dios requiere de materiales vivos, requiere
de piedras vivas. ¿Y quiénes son esas piedras vivas? Nosotros los creyentes
cristianos 1Pd. [Link]” Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados
como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios
aceptables a Dios por medio de Jesucristo”. La iglesia está formada por creyentes
que han sido edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, lo cual quiere decir que
como creyentes somos edificados por Dios mismo. La iglesia se edifica por medio del
crecimiento de la vida espiritual de cada creyente. No se trata de colocar una piedra
sobre otra, sino del crecimiento de la vida divina en cada piedra. Efesios 2:20-22:
“edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la
principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio,
bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor, en
quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios
en el Espíritu”. Cada cristiano necesita crecer espiritualmente; así, juntos,
crecemos para ser un santuario dedicado al Señor.

Algunos se resisten a ser esculpidos como piedras vivas y ser edificados como casa
espiritual. La salvación es tanto un acto como un proceso . Y este
proceso implica forjar el carácter de Cristo en nosotros, lo cual es un proceso
doloroso, que implica quebrantamiento de la vida del yo, renuncia y la
disciplina de la prueba.

Sabe, cuando se fabricó el gran templo de Jerusalén por mano del rey Salomón, se
tomaron piedras de las canteras, las cuales se esculpieron y tallaron, para luego ser
puestas en su lugar en el templo. Esas piedras al ser tomadas de la cantera eran
toscas, ásperas y sin forma, pero luego los peritos y constructores, usando
instrumentos de hierro fuertes y abrasivos como hachas, martillos y cinceles, las
labraban según el diseño establecido, para edificar la casa de Dios.

Así Dios nos toma de la gran cantera que es el mundo, y cuando nos toma somos
piedras sin vida, sin valor, ásperas, sin forma; el señor entonces, nos mete en su taller,
y nos convierte en “piedras vivas”, y nos da la forma requerida para edificar con
nosotros su iglesia, vale decir, su casa espiritual. Pero las rocas de cantera son
insensibles y no pueden oponer resistencia, pero no así las “rocas vivas”, con las cuales
Dios está trabando. Esto indica que Dios no puede labrar sin dolor, y sin nuestra
cooperación.
Como iglesia que requiere ser edificada por Dios, hay dos tipos de materiales que
podemos usar para la edificación de la casa espiritual o templo vivo de Dios: la
iglesia. 1Cor. 3:11-12: Porque nadie puede poner otro fundamento que el
que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno
edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra
de cada uno será manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego
será revelada; y la obra de cada uno sea cuál sea; el fuego la probará”.

Dos tipos de materiales, que representan dos clases de trabajo, 2 formas


de edificar la iglesia:
1. Madera, heno y hojarasca: material poco sólido, muy perecedero y
transitorio; barato.
2. Oro, plata y pierdas preciosas: material sólido, duradero, permanente
y costoso.
Estos materiales tienen que ver con la calidad del servicio que usted le rinde a Dios.
La calidad del tiempo, de los recursos financieros, de la responsabilidad y el
compromiso al ministerio que Dios le ha confiado y al amor que usted le entrega a
Dios como constructor de la iglesia o casa espiritual.

¿Qué diferencia hay entre estos materiales, aparte de lo que es obvio: que
un grupo es a prueba de fuego mientras que el otro no?
Es muy significativo que hay una abundancia de madera, heno y hojarasca ... basta salir de
su casa, o a lo sumo recorrer unos pocos kilómetros. Cualquier bosque, cualquier campo
tiene abundancia de estos elementos. Pero si se desea obtener oro, plata y piedras
preciosas, se deberá cavar y ahondar en la tierra para encontrarlos. Deberá procurarlos
con gran esfuerzo. No se los encuentra por todas partes. Es necesario introducirse hasta lo
profundo de la tierra.
La construcción espiritual que usa madera, heno y hojarasca no precisa de grandes y
firmes cimientos, se logra con facilidad: poco trabajo, poca búsqueda, nada de gemidos y
partos en la presencia de Dios; no hay que desvelarse meditando en la Palabra de Dios, ni
madrugar para buscar a Dios en oración, ni abandonar su comodidad para salir a servirle.
Sólo hay que armarlo con rapidez y tendrá un aspecto adecuado, al menos durante un
tiempo. Pero si se desea construir algo que permanezca en la eternidad, al llegar el día en
que Dios juzgará a los hombres, el trabajo es mucho más costoso, y requiere verdadero
compromiso y devoción a Dios. Tendrá que fundamentar su construcción sobre
fundamentos rocosos y utilizar materiales de mejor calidad, para sobreedificar sobre éstos.

¿Con qué nos presentaremos ante el tribunal de Cristo, cuando se nos


llame a cuenta? Hemos de revisar sobre que cimientos estamos
sobreedificando y que tipo de materiales estamos utilizando en la
construcción de nuestra vida espiritual. 1 Corintios 3: 11-15
La iglesia no es edificada por el conocimiento doctrinal, ni por estructuras o procedimientos
humanos, ni por hacer distintas actividades eclesiásticas o religiosas o por tener buenas
enseñanzas, sino medio del crecimiento de la vida divina en nosotros. Muchos intentan
edificar la iglesia usando sus habilidades naturales humanas: elocuencia, la simpatía, la
capacidad de liderazgo, la tecnología, etc. Eso equivale a usar madera, heno y hojarasca.
Aparentemente, puede haber algún buen resultado, puede añadir personas a la “iglesia”, sin
embargo, cuando nuestra obra sea probada con fuego, nada quedará en esa edificación. O
podemos usar materiales como oro, plata o piedras preciosas, lo cual equivale a edificar
con Dios mismo, apoyados en la gracia de Dios, bajo la guía del Espíritu Santo, según los
principios de la palabra de Dios, y entregando lo mejor de nuestro tiempo, dinero y talentos
al Señor.

La edificación de la iglesia es el fruto espontáneo de mantenernos en comunión con el


Señor y experimentar día tras día su accionar en nosotros, tanto individualmente
como iglesia. La iglesia es el sueño de Dios. La iglesia es una gloriosa
edificación
Hay un pasaje en el esa gloriosa edificación esta descrita en todo su esplendor y poder.
Efesios 4:15 y 16:”sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en
todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo,
bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan
mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su
crecimiento para ir edificándose en amor”.
Esa es la edificación con oro, plata y piedras preciosas, esa es la edificación que
tiene a Cristo como fundamento. Es Cristo creciendo en cada creyente, es el fluir de la
vida de Dios en su cuerpo, vale decir la iglesia; es mantener una relación los unos para
con los otros bajo el principio del amor, hasta crecer como una gran familia.
 Interdependencia, apoyo mutuo
 Amor
 Unidad, un mismo sentir, una misma fe
Uno de los objetivos de ser edificados sobre el fundamento que es Cristo, es formar parte
del templo espiritual vivo, formado por piedras vivas, que comparten un mismo cimiento.
En otras palabras, dar lugar al cuerpo de Cristo: la iglesia del Señor, la expresión máxima
y “plenitud de Aquel que todo lo llena en todo” (Efesios 1: 23).El instrumento a través del
cual el Señor obra y cumple sus propósitos.
La iglesia es un conjunto de edificios integrados que forman una
estructura única, que comparten un mismo fundamento, Cristo La Roca,
cuyo propósito es ser morada de Dios. Un conjunto de edificios en
continua expansión, en armonioso y bien coordinado crecimiento, hasta
llegar a ser un templo santo en el Señor (Efesios 2:21). Templo que es
ministrado por un “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo
adquirido por Dios...” (1 Pedro 2:9), que es “edificado como casa
espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales
aceptables a Dios por medio de Jesucristo” (1 Pedro 2:5).

La iglesia como obra de Dios va creciendo… conforme se van añadiendo y colocando


las “piedras vivas” en los lugares asignados para ellas, y conforme cada miembro del
cuerpo de Cristo cumple con el ministerio y llamado de Dios en el trabajo de la obra.

 ¿Quién va a ir en busca de esas piedras vivas? ¿Dónde están los discípulos de


Cristo que van a cumplir la gran comisión de ir y predicar el evangelio? ¿Y
como creerán sino hay quien les predique? ¿Dónde están los evangelistas de
esta iglesia?

 Dónde están los discipuladores que cumplirán la gran comisión de ir y hacer


discípulos?
 ¿Dónde están los maestros que enseñan la palabra de Dios, que instruyen y
capacitan al pueblo de Dios?

Aquí faltan todavía algunos órganos y coyunturas para que el cuerpo de Cristo
representado en la iglesia Restauración a las Naciones crezca como casa espiritual de
Dios.
 ¿Dónde están los servidores que ministran para las necesidades de la iglesia?
 ¿Dónde están los que interceden y oran por las necesidades, enfermedades y
problemas de los miembros del cuerpo de Cristo y los sostienen en oración en la
lucha con el enemigo?
 ¿Dónde están los profetas que exhortan, amonestan y confortan con la palabra al
pueblo de Dios?
 ¿Dónde están los hombres y mujeres con corazón de pastor que cuidan, nutren y
vela por el rebaño?

Pablo Billeimer, es su libro Destinados para el Trono, lo define de la siguiente


manera: “Esta unión va mucho más allá de una simple armonía o relación
formal, funcional o idealista. Es una unidad orgánica, una relación
orgánica de personalidades. Por medio del nuevo nacimiento llegamos a
ser miembros auténticos de la familia de Dios, participantes de la
naturaleza divina ( 2 Pedro 1:4). Así por medio del nuevo nacimiento- y
hablo reverentemente- llegamos a ser parientes de la Trinidad, una
especie de extensión de la divinidad”.

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