La banalidad del bien
voces / ensayo
FREIRE_Banalidad_I.indb 3 07/09/2023 11:57:35
colección voces / ensayo 348
No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su incorporación a
un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o cualquier medio,
sea este electrónico, mecánico, por fotocopia, por grabación u otros métodos, sin
el permiso previo y por escrito de los titulares del copyright.
Nuestro fondo editorial en www.paginasdeespuma.com
Jorge Freire, La banalidad del bien
Primera edición: octubre de 2023
ISBN: 978-84-8393-341-1
Depósito legal: M-23673-2023
IBIC: HP
© Jorge Freire, 2023
© De esta portada, maqueta y edición: Editorial Páginas de Espuma, S. L., 2023
Editorial Páginas de Espuma
Madera 3, 1.º izquierda
28004 Madrid
Teléfono: 91 522 72 51
Correo electrónico: [email protected]
Impresión: Cofás
Impreso en España - Printed in Spain
FREIRE_Banalidad_I.indb 4 07/09/2023 11:57:35
Jorge Freire
La banalidad del bien
FREIRE_Banalidad_I.indb 5 07/09/2023 11:57:35
FREIRE_Banalidad_I.indb 6 07/09/2023 11:57:35
ÍNDICE
Exordio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11
Primera parte
I. La industria del bien . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 15
II. Sofisticación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 21
III. Cómo invertir en el mercado de valores . . . . . . . . . 22
Segunda parte
I. Contra la vida buena . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 29
II. Molicie. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 40
III. La edad de oro de la empatía . . . . . . . . . . . . . . . . . 46
Tercera parte
I. El mejor de los mundos posibles . . . . . . . . . . . . . . . . 53
II. Sus nervios bajo mi piel . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 59
III. Máquina, figura, crack . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 67
Cuarta parte
I. Honor . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 83
II. Honra . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 91
III. Mérito . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 95
Quinta parte
I. La revolución permanente . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 107
II. El vientre de la ballena . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 115
III. Sinóptico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 120
FREIRE_Banalidad_I.indb 7 07/09/2023 11:57:35
la banalidad del bien
Sexta parte
I. El secreto de Barba Azul . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 125
II. Peregrinaje . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 129
III. El mundo sin pecado . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 136
Coda . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 147
Agradecimientos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 151
Bibliografía . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 153
Índice onomástico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 157
FREIRE_Banalidad_I.indb 8 07/09/2023 11:57:35
Para Nadia Khalil, la virtud que hace regalos
FREIRE_Banalidad_I.indb 9 07/09/2023 11:57:35
FREIRE_Banalidad_I.indb 10 07/09/2023 11:57:35
EXORDIO
Banal es un galicismo de la Edad Media que refiere a la pose-
sión del señor feudal. Una tierra, un lavadero o un pajar podían
ser banales. La palabra comparte raíz con «bando», que no es lo
poseído sino lo proclamado por dicho señor. Por eso los bandos
recuerdan las obligaciones de los vecinos: Por orden del señor
alcalde, se ordena y hace saber…
Triste manera de relacionarse con el mundo es la fórmula del
ordeno y mando. Cuando no es dueño y señor de sí mismo, uno
se enseñorea y se pone señoritingo, que es cosa bien distinta.
El señor sabe estar (el señorío es, por definición, estar a lo que
hay que estar), mientras que el señorito prefiere que otro dé la
cara por él. Aunque varetazos y cornadas le surquen los muslos,
el señor vuelve a la cara del astado sin tentarse siquiera. Hace
suyos los medios porque vive para unos fines. El señorito, en
cambio, quiere que todo sean medios para servir a sus fines. El
suyo es un mundo banal, porque hay bienes, pero no hay bien.
Ser banal es hacer el julay. Este célebre término de la jerga
lumpen, que el español toma del caló, significaba originaria-
mente amo; fue solo con el paso del tiempo que pasó a significar
ingenuo, pringado, insustancial. Es el falso dueño de la hacienda
FREIRE_Banalidad_I.indb 11 07/09/2023 11:57:35
la banalidad del bien
al que se le disparatan los bienes por el roto de los bolsillos. Lo
que trivialmente se acumula, trivialmente se esfuma.
Celebérrimo es el concepto de «banalidad del mal», pos-
tulado por la filósofa Hannah Arendt en su libro Eichmann
en Jerusalén. Banal era, según Arendt, el teniente coronel de
las SS Adolf Eichmann, responsable de la deportación de un
sinnúmero de judíos a los campos de exterminio. Competente,
probo y obediente, Eichmann ejecutaba con diligencia las ta-
reas que se le encomendaban sin hacerse muchas preguntas. Se
conducía con frases hechas que llamaba «palabras aladas» («el
honor es mi lealtad» era uno de sus latiguillos) que le ayudaban
a aligerar la culpa. En una carta a Gershom Scholem, Arendt
sostenía que «el mal es siempre extremo, pero nunca radical.
No tiene profundidad, ni nada de demoníaco. Puede devastar el
mundo, justamente, porque es como un hongo, que prolifera en
la superficie. Profundo y radical es siempre y solamente el bien».
Aun siendo profundo y radical, todo bien es susceptible
de convertirse en mal al banalizarse. Si los llamamos bienes
es porque les corresponde el buen uso y la buena intención.
Al soldado se le presupone arrojo y al bien, lógicamente, se le
presuponen bondades. Un cuchillo sirve para cortar verduras en
juliana, pero también puede usarse para apuñalar al vecino. Mas
¿qué buen uso se puede dar a los valores en masa que produce
la banalidad del bien? Son versiones corruptas y degradadas,
trivializadas en suma, de atributos consustanciales a la persona.
El presente libro, dividido en seis partes, estudia el bien espe-
culativo, la abolición del conflicto y el higienismo moral, que
son producto de la trivialización de la virtud, la conciencia y la
vida pública, respectivamente. La banalidad del bien no implica
que el bien sea banal, sino todo lo contrario: que lo banal nunca
puede ser bueno.
Por un lado, analiza la sofisticación de la moral, que pone én-
fasis en la palabra y trivializa la acción. De ahí, la importancia de
12
FREIRE_Banalidad_I.indb 12 07/09/2023 11:57:35
jorge freire
los valores especulativos, sustitutos de las viejas virtudes: cuando
el bien no se sustancia en la vida buena no queda sino buenismo.
Por otro lado, se ocupa de la abolición definitiva del conflicto,
mitologema que determina la realidad psicológica del sujeto
contemporáneo, definida por su carácter incontinente y muelle,
y que provoca una reacción de energías timóticas en forma de
ríos subterráneos. Asimismo, estudia la banalización de la vida
pública, y para ello aborda la corrupción de la moral pública en
asepticismo, entendido como un ansia de pureza que esteriliza
la disidencia, y analiza la sobrepolitización como una variante
de la sofisticación: si el ciudadano hiperactivo, sometido a los
bandazos de la hiperpolitización y a consecutivos estados de
alerta, es la caricatura del ciudadano participativo, la campaña
permanente es la banalización de la democracia deliberativa.
La buena acción se trivializa en exhibicionismo, la compa-
sión en empatía, el coraje en molicie y la concordia en asepti-
cismo. Por mor de su banalización, los bienes se vuelven males.
A todo vicio se llega siempre por un mal hábito, y a la bana-
lidad, que es el precipitado de un proceso, se llega por la banali-
zación de todo lo que nos rodea. Cuando invade el aire, huele
a mojado antes de que caiga el chaparrón. Como sucede con el
agua caída del cielo, progresiva y continuada es la acumulación
de sus efectos. No hace falta ser meteorólogo para saber que
la lluvia, tanto en forma de tromba, de chubasco o de sirimiri,
cala del mismo modo.
Se da un fenómeno de sublimación inversa cuando la at-
mósfera que nos envuelve es banal. Remóntese el lector a sus
primeras clases de química escolar y recordará cómo un gas
puede cambiar a estado sólido. Igual que las bajas temperaturas
provocan que una nube se convierta en nieve, una baja tempe-
ratura moral no solo congela las entendederas y endurece los
corazones, sino que transmuta la etérea cualidad del Bien en un
sinfín de bienes cuantitativos; estos amenazan con caer como
13
FREIRE_Banalidad_I.indb 13 07/09/2023 11:57:35
la banalidad del bien
pedriscos sobre nuestras cabezas, descalabrando coronillas a
troche y moche. Si Bauman alertaba de la modernidad líquida,
nosotros, a fuer de mediterráneos, damos fe de la dichosa gota
fría que azota y graniza nuestra existencia.
Mas ¡que no cunda el pánico! Abra el lector su paraguas y
confíe en esta lectura para capear el temporal. Después de la
tempestad, siempre llega la calma. Y tarde o temprano, volverá
a salir el sol: ese que, según Platón, representaba la idea misma
del Bien.
14
FREIRE_Banalidad_I.indb 14 07/09/2023 11:57:35
PRIMERA PARTE
Es propio de un esclavo buscar ganancias
sin poner cuidado en las cosas buenas.
Aristóteles, Protréptico
De cómo se sustituyó la virtud por los valores, a resultas de la
obsesión contemporánea por reducir el ente a mero útil y el bien a una
miríada de bienes, entendidos como posesiones. Las buenas acciones
se trocaron, así, por exhibicionismo y golpes de efecto.
I. La industria del bien
«No es milagro, sino industria» dice Basilio en uno de los
episodios más célebres del Quijote: las bodas de Camacho. Para
conquistar el corazón de Quiteria y evitar que se case con un
próspero labrador, Basilio simula clavarse una espada, causando
un extraordinario revuelo. Una vez arruinado el connubio, Basi-
lio explica a la asombrada concurrencia, que lo daba por muerto,
que la puñalada ha sido un artero truco de birlibirloque, obrado
FREIRE_Banalidad_I.indb 15 07/09/2023 11:57:35
la banalidad del bien
con una caña tenida de rojo. No hay, en efecto, nada de milagro-
so en los números de prestidigitación, pero sí mucha industria.
En tiempos de Cervantes, la voz industria era sinónimo de
ingenio y sutileza. Hoy el diccionario se hace eco del verbo
industriar, que significa ingeniar, sabérselas componer, y del
adjetivo industrioso, referido a quien hace algo con maña y
meticulosidad, al tiempo que olvida esa acepción de industria.
Pero hoy tiene más sentido que nunca.
La escandalosa quiebra de ftx, una de las empresas de
criptomonedas más importantes del mundo, hace pensar en
una industria del bien. Los esfuerzos de su industrioso funda-
dor, Sam Bankman-Fried, por convertirse en un dechado para
las élites son, a todas luces, un ejemplo doble de industria: en
el viejo sentido de treta o ardid, previamente pergeñada con
meticulosidad, y en el sentido contemporáneo de planificación
y ejecución de operaciones.
Bankman reunía muchas de las virtudes de nuestro tiempo.
Joven, abstemio, vegano y, sobre todo, altruista. Su credo, un
«altruismo eficaz» vagamente inspirado en la teoría del filósofo
australiano Peter Singer, se resumía en «hacer el mayor bien
posible» por medio de donaciones millonarias. Se trataba de un
altruismo utilitarista, cómodo y trendy, que no exigía sacrificio
alguno y que, para colmo, otorgaba satisfacción a quien ayudaba.
Mas no era milagro, sino industria. Bankman anegaba de
dinero a instituciones y partidos políticos para disimular las de-
bilidades de su empresa. No se trataba de beneficiar al prójimo,
sino, más bien, de beneficiárselo. No hace falta agregar que del
bien industrial hay que huir como pollos sin cabeza. La lógica
utilitaria solo produce cadenas de montaje y mataderos avícolas.
Por eso quienes cayeron en la trampa de ftx no hallaron alpiste
y terminaron desplumados. Como titulase la portada que le
dedicó la revista New York, «la virtud era la estafa».
16
FREIRE_Banalidad_I.indb 16 07/09/2023 11:57:35