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1.

LEVITAS
(De [Pertenecientes a] Leví).

Descendientes de Leví, el tercer hijo de Jacob y Lea. (Gé 29:32-34.)

A veces el término aplica a toda la tribu, pero normalmente excluye a la familia


sacerdotal de Aarón (Jos 14:3, 4; 21:1-3); por este motivo es común la expresión
“los sacerdotes y los levitas”. (1Re 8:4; 1Cr 23:2; Esd 1:5; Jn 1:19.)

2.ORIGEN
Los varones de la tribu de Leví tenían que ocuparse del santuario, pero Aarón y sus
hijos fueron separados para la función sacerdotal, de carácter hereditario.

En la salida de Egipto, cuando los primogénitos de Egipto fueron muertos en la


décima plaga, los hebreos tuvieron que poner la sangre en el dintel de las puertas
y en los postes en cada casa, a fin de proteger a los primogénitos de los israelitas.
Con ello, vinieron a ser propiedad de Jehová y le fueron así consagrados
(Éxodo 13:11-16). sin embargo, en lugar de verse al servicio del santuario, los
primogénitos de todas las tribus se vieron sustituidos por los levitas.

La razón de este cambio es que ellos fueron los únicos de Israel que se dieron
decididamente al servicio de Jehová, mostrando su celo por Él, en la ocasión en
que el pueblo apóstata se había dado a la adoración del becerro de oro. Su
elección y nombramiento fueron hechos como recompensa por su
fidelidad al Señor en días de deterioro moral (Éxodo 32:25-29).

La selección de una tribu resultaría en la simplificación de servicio porque una


tribu tal con relaciones de sangre estrechas y con prestigio de antepasados sería
mucho más fácil de administrar que un destacamento incierto viniendo de varias
tribus diferentes.

La ley del diezmo elevó la elección de los levitas porque en un sentido esta tribu
era el diezmo de todas las tribus; y a esta tribu se le pagaba el diezmo (Hebreos
7:9) «Y por decirlo así, en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los
diezmos».

La separación de Israel de las otras naciones fue intensificada aun más por el
hecho de la selección de una tribu que era separada de las otras tribus y
santificada al Señor (Números 8:5-22).
Los levitas sumaban 22.000 (Números 3:39) «Todos los contados de los levitas,
que Moisés y Aarón conforme a la palabra de Jehová contaron por sus familias,
todos los varones de un mes arriba, fueron veintidós mil». Sumando las cifras dadas
en los versículos 22, 28, 34, se obtienen 22.300. Se ha suscitado la cuestión de si
se ha dado un error en la transcripción o si se trata de 300 primogénitos levitas que,
por las causas de incapacidad prescritas en la ley, no pudieron reemplazar a los de
las otras tribus. Los 22.000 levitas servían así como sustitutos; en cuanto a los 273
primogénitos que no quedaban cubiertos por el número de los levitas sustitutos,
fueron rescatados por un precio de cinco siclos de plata por cabeza.

3.Deberes.
En el capítulo 4 de Números se detalla la organización del servicio levita. Allí
se manifiesta que los levitas debían estar registrados entre las edades de
treinta y cincuenta años.

Este servicio empezó con la construcción del tabernáculo, ya que previamente


ninguna familia o tribu en particular estaba asignada a ofrecer sacrificios. (Éx
24:5.)

Los deberes sacerdotales estaban limitados a los varones de la familia de Aarón,


mientras que los levitas, es decir, el resto de la tribu, eran sus ayudantes. (Nú
3:3, 6-10.)

Los levitas se componían de tres familias procedentes de los hijos de Leví:


Guersón (Guersom), Qohat y Merarí. (Gé 46:11; 1Cr 6:1, 16.)

A cada una de ellas se le asignó en el desierto un lugar cerca del tabernáculo:


la familia qohatita de Aarón acampó al E., enfrente del tabernáculo;
el resto de los qohatitas lo hicieron en el lado S.;
los guersonitas, al O.,
los meraritas, al N. (Nú 3:23, 29, 35, 38.)
GUERSONITAS
Los guersonitas transportaban las telas de tienda, las cubiertas, las pantallas y
las cuerdas de tienda (seguramente las cuerdas del tabernáculo propiamente
dicho).
El servicio de los guersonitas en el desierto incluía cuidar de las telas de la tienda
del tabernáculo y de la tienda de reunión, de la pantalla de la entrada de la tienda
de reunión, de las colgaduras del patio y de la pantalla de la entrada del patio.
(Núm. 3:23-26; 4:21-28.)
NOTA: Los guersonitas estaban entre los levitas que participaron en el trabajo de
limpiar el templo en los días del rey Ezequías. (2 Cró. 29:12-17.)

COATITAS
El levantar, desmontar y llevar el tabernáculo era trabajo de los levitas. Cuando
llegaba el momento de trasladarse, Aarón y sus hijos bajaban la cortina que dividía
el Santo del Santísimo y cubrían el arca del testimonio, los altares, los otros
muebles sagrados y los utensilios. Los qohatitas llevaban estos artículos.

Por su parte, los meraritas se encargaban de los armazones, las columnas, los
pedestales con encajaduras y las estacas de la tienda con sus cuerdas (las
cuerdas del patio que rodeaba el tabernáculo). (Nú 1:50, 51; 3:25, 26, 30,
31, 36, 37; 4:4-33; 7:5-9.)

3.1 Apoyaban la adoración verdadera.


Los levitas suministraron algunos ejemplos notables de entusiasmo por la
adoración verdadera. Esto se hizo patente en el caso del becerro de oro y
cuando salieron del territorio de Jeroboán después de la división del reino.
(Éx 32:26; 2Cr 11:13, 14.) Asimismo, fueron celosos al apoyar a los reyes
Jehosafat, Ezequías y Josías, así como a los gobernadores Zorobabel y
Nehemías, y al sacerdote-escriba Esdras en sus esfuerzos por restablecer la
adoración verdadera en Israel. (2Cr 17:7-9; 29:12-17; 30:21, 22; 34:12, 13; Esd
10:15; Ne 9:4, 5, 38.)

Sin embargo, como tribu no apoyaron al Hijo de Dios en su obra de restauración,


aunque algunos de ellos se hicieron cristianos (Hch 4:36, 37), y muchos de los
sacerdotes levitas fueron obedientes a la fe. (Hch 6:7.) Con la destrucción de la
ciudad y el templo de Jerusalén en 70 E.C., los registros familiares de los levitas
se perdieron o fueron destruidos, lo que puso fin al sistema levítico. De todos
modos, una “tribu de Leví” constituye parte del Israel espiritual. (Rev 7:4, 7.)

3.2 Vestimentas y residencia de los levitas, y su división en


clases. No les había sido ordenado ningún tipo de vestimenta oficial, pero en las
grandes fiestas llevaban un ropaje de lino fino.
4. Cómo se transportaba.
El cuidado y transporte del precioso tabernáculo y la preparación de todo lo
necesario para el servicio sagrado no podían ser encomendados a un solo individuo,
ni tan sólo a una familia sola. Eran muchas personas las que debían participar en
esta honrosa tarea.

Los sacerdotes cubrían los muebles y utensilios del lugar santo cuando
trasladaban el tabernáculo;

luego los qohatitas transportaban sobre los hombros el arca del pacto, la mesa del
pan de la proposición, el candelabro y los altares cubiertos. (Nú 4:4-15; 7:9.)

Los guersonitas transportaban en dos carros todas las telas del tabernáculo
(excepto la cortina del Santísimo, que se colocaba sobre el Arca; Nú 4:5), las
cubiertas, las colgaduras del patio, las pantallas, las cuerdas y los utensilios de
servicio. (Nú 4:24-26; 7:7.)

Los meraritas, con cuatro carros, se encargaban de los artículos que eran muy
pesados: los armazones y las barras del tabernáculo, además de las columnas y
los pedestales con encajaduras, y las estacas y cuerdas correspondientes. (Nú
4:29-32; 7:8.)

El montaje, desmontaje y transporte de la tienda de reunión requería mucha fuerza


física. Cada uno de los 96 pedestales de plata con encajaduras pesaba un talento
(unos 34 Kg.); también había cuatro pedestales para las columnas que se situaban
entre el Santo y el Santísimo, que probablemente pesaban lo mismo, y cinco
pedestales de cobre para las columnas de la entrada del tabernáculo. (Éx
26:19, 21, 25, 32, 37; 38:27.) Los 48 armazones (de 4,5 m. de largo y 67 cm. de
ancho) eran de acacia, una madera compacta y pesada, y además estaban
recubiertos de oro. (Éx 26:15-25, 29.) Había barras revestidas de oro que se
colocaban a ambos lados del tabernáculo y en su parte trasera. (Éx 26:26-29.)
Todos estos objetos eran pesados. Además, hay que contar con el peso
considerable de las cubiertas hechas de lino y piel de foca, carnero y cabra, así
como de la pantalla que rodeaba el patio, con sus pilares, pedestales con
encajaduras, estacas de tienda y demás utensilios. Todo el trabajo relacionado
con el tabernáculo exigía fuerza física. (Éx 26:1-14; 27:9-19.) Se suministraron
seis carros para el transporte de estos objetos. Pero el mobiliario y los utensilios
sagrados de la tienda de reunión, así como el altar de los sacrificios revestido de
cobre y la pantalla del Santísimo, los llevaban a pie los qohatitas sobre los
hombros. (Nú 4:4-15; 7:7-9.)

En los días de Moisés un levita asumía plenamente sus responsabilidades a los


treinta años, unas responsabilidades que incluían llevar el tabernáculo y sus
utensilios cada vez que se trasladaba. (Nú 4:46-49.) Algunas tareas podían
realizarse desde los veinticinco años, pero al parecer no ocurría así con el trabajo
duro, como el transporte del tabernáculo. (Nú 8:24.) En el tiempo del rey David
se redujo la edad a veinte años. La razón que dio David fue que el tabernáculo
(que pronto iba a ser reemplazado por el templo) ya no tenía que moverse. Por
otra parte, las asignaciones de servicio obligatorio finalizaban a los cincuenta
años. (Nú 8:25, 26; 1Cr 23:24-26; véase EDAD.) Los levitas debían estar versados
en la Ley, porque a menudo se les pedía que la leyeran en público y la enseñaran
al pueblo. (1Cr 15:27; 2Cr 5:12; 17:7-9; Ne 8:7-9.)

5.Manutención.
Consagrados enteramente al servicio del santuario, tenían al mismo Dios
como su herencia.

Los levitas se mantenían principalmente de los diezmos de las otras tribus: se les
daba una décima parte de todo lo que producía la tierra y del ganado. Ellos, a su
vez, daban a los sacerdotes una décima parte de lo que recibían. (Nú 18:25-
29; 2Cr 31:4-8; Ne 10:38, 39.)
Además, aunque estaban exentos del servicio militar, compartían parte del botín
de guerra junto con los sacerdotes. (Nú 1:45-49; 31:25-31; véase DIEZMO.)

A los levitas no se les asignó un territorio en Canaán, pues Jehová era la parte
que les correspondía. (Nú 18:20.)

Sin embargo, otras tribus de Israel les dieron un total de 48 ciudades esparcidas
por toda la Tierra Prometida. (Nú 35:1-8.)

Los levitas no estaban obligados a dar todo su tiempo al santuario ni a morar


continuamente en sus proximidades. Cuando el país de Canaán fue dividido, los
levitas no recibieron una parte del territorio como las otras tribus.

La mayor parte del año moraban en sus ciudades respectivas, y subían en fechas
determinadas a Jerusalén para ejercer sus funciones. David repartió a los levitas
en cuatro clases: (A) Los que asistían a los sacerdotes en el servicio del santuario.
(B) Los jueces y los escribas. (C) Los guardas de las puertas. (D) Los músicos.
6.JUBILACIÓN
Cese del trabajo que se desempeña, o de ciertas funciones del mismo.

Cuando Jehová asignó a los levitas (los que no eran de la familia sacerdotal de
Aarón) a servir en la tienda de reunión bajo la dirección de los sacerdotes, dispuso
amorosamente los medios necesarios para su bienestar. Mandó a Moisés: “Esto
es lo que aplica a los levitas: De veinticinco años de edad para arriba él vendrá a
entrar en la compañía, en el servicio de la tienda de reunión. Pero después de la
edad de cincuenta años se retirará de la compañía de servicio y no prestará
más servicio. Y él tiene que ministrar a sus hermanos en la tienda de reunión al
encargarse de la obligación, pero no debe prestar servicio”. (Nú 8:23-26; 1Cr
23:3.)

Otro propósito de la jubilación era, al parecer, permitir que todos los levitas
tuvieran la oportunidad de tener asignaciones de servicio en el santuario,
pues solo se necesitaba una cantidad limitada de ellos, especialmente mientras se
utilizó la tienda de reunión o tabernáculo. Los sacerdotes, es decir, los levitas
de la familia de Aarón, no se jubilaban.

Por lo visto, los levitas servían en lo que se podría denominar “período de


aprendizaje” durante cinco años, entre los veinticinco y los treinta años de edad.
Puede que no se empleara a estos trabajadores más jóvenes para las labores más
duras, que se reservaban para los que tenían más de treinta años de edad,
hombres ya adultos. (Véase EDAD.)

Posteriormente, cuando el Arca se ubicó de modo permanente en el monte


Sión (y en especial a punto de comenzar la construcción del templo), el duro
trabajo de transportar el santuario terminó. Por esa razón David dispuso que
los levitas comenzaran a servir al cumplir los veinte años. Muy
probablemente, esta reducción de edad se debió a que, a raíz de la construcción
del templo, se ampliaron los servicios que se prestaban en él y hacían falta más
trabajadores para encargarse de ellos. (1Cr 23:24-27.)

Los levitas que se jubilaban a la edad de cincuenta años no se retiraban de


todo servicio. Todavía podían servir voluntariamente y “ministrar a sus
hermanos en la tienda de reunión al encargarse de la obligación”. (Nú 8:26.)

Probablemente servían de consejeros y ayudaban a atender parte del trabajo más


ligero que entraba dentro de la obligación de los levitas, pero se les libraba del
trabajo más pesado. Y seguían siendo maestros de la Ley para el pueblo. (Dt
33:8-10; 2Cr 35:3.) Los levitas jubilados que vivían en las ciudades de refugio eran
de ayuda a los que se refugiaban allí.
El ministerio cristiano. Los que llegan a ser “hermanos” espirituales de
Jesucristo y seguidores de sus pisadas constituyen un “sacerdocio real”. (Heb
2:10-12; 1Pe 2:9.) Para estos no hay jubilación. El apóstol Pablo se mantuvo
activo en su ministerio mientras estuvo recluido y participó asiduamente en su
actividad ministerial hasta que se le dio muerte. (Hch 28:30, 31; 2Ti 4:6, 7.)
Pedro se mantuvo activo hasta el final de su vida. (2Pe 1:13-15.) Juan escribió su
evangelio y sus tres cartas canónicas a una edad muy avanzada, alrededor del
año 98 E.C.

Los de la “gran muchedumbre” que vio Juan después de la visión de los 144.000
“sellados” estaban “rindiendo servicio sagrado [a Dios] día y noche”, o sea,
continuamente. Por lo tanto, no hay jubilación del servicio a Dios para ningún
cristiano. (Rev 7:4, 9, 15.)

Esta tribu también da nombre al libro bíblico de Levítico, que trata especialmente
de los levitas y sus tareas.
GUERSONITAS
Descendientes de Guersón o Guersom—el primero que se nombra de los tres
hijos de Leví—por medio de sus dos hijos: Libní y Simeí. (1 Cró. 6:1, 16, 17.)

Los guersonitas constituían una de las tres grandes divisiones de los levitas.

En el primer censo efectuado en el desierto hubo un total de 7.500 varones


inscritos de un mes de edad en adelante.

Los que tenían entre treinta y cincuenta años de edad y que servían en el
tabernáculo ascendieron a 2.630 varones. (Núm. 3:21, 22; 4:38-41.)

Durante su estancia en el desierto, se situaban en el lado occidental del


tabernáculo. Detrás de ellos, y a cierta distancia del tabernáculo, acampaba la
división compuesta de tres tribus que encabezaba Efraín. (Núm. 3:23; 2:18.)
Cuando los principales de Israel presentaron seis carros cubiertos y doce toros
para el servicio del tabernáculo, Moisés dio dos de estos carros y cuatro toros a
los hijos de Guersón. (Núm. 7:1-7.) Cuando se trasladaba el campamento, los
guersonitas marchaban con los meraritas entre las dos primeras divisiones de tres
tribus, la de Judá y la de Rubén. (Núm. 10:14-20.)

A los guersonitas se les asignaron trece ciudades con sus dehesas en los
territorios de Manasés, Isacar, Aser y Neftalí. Quedes (en Galilea) y Golán (en
Basán)—ambas les estaban asignadas—eran dos de las seis ciudades de refugio
de la nación. (Jos. 21:27-33.) Cuando David reorganizó a los levitas, a algunos de
los guersonitas se les dio la responsabilidad de los cantos especiales, el tesoro y
otros deberes. (1 Cró. 6:31, 32, 39-43; 23:4-11; 26:21, 22.)
MERARITAS
Una de las tres familias de los levitas. Descendieron de Merarí, el hijo de Leví, a
través de Mahlí y Musí. (Éxo. 6:16, 19; Núm. 3:20; 26:57, 58.) El primer censo de
los israelitas en el desierto alistó 6.200 varones meraritas de un mes de edad para
arriba, 3.200 de los cuales tenían entre treinta y cincuenta años de edad y
entraban en el grupo de servicio “para el servicio en la tienda de reunión”. (Núm.
3:33, 34; 4:42-45.) En aquel entonces su principal era Zuriel y estaban acampados
en el lado norte del tabernáculo. (Núm. 3:35.) Durante el tiempo en que vagaron
por el desierto, la división de tres tribus de Judá era la primera en partir de donde
habían acampado. Luego partían los guersonitas y los meraritas “como portadores
del tabernáculo”, seguidos por la división de tres tribus de Rubén y luego por los
levitas qohatitas. (Núm. 10:14-21.) Los meraritas estaban a cargo de los
armazones, las barras, las columnas y los pedestales con encajaduras del
tabernáculo, así como “todos sus utensilios y todo su servicio”, además de las
columnas, los pedestales con encajaduras, las estacas de tienda y las cuerdas de
tienda del patio. (Núm. 3:36, 37.) Para trasladar estos objetos pesados, se les
suministraron cuatro carros y ocho reses vacunas. En el desierto, tanto ellos como
los guersonitas estaban “bajo la mano” de Itamar, el hijo de Aarón. (Núm. 7:6-8.)

Cuando se dividió la Tierra Prometida bajo Josué, a los meraritas les fueron
asignadas doce ciudades, cuatro de cada uno de los territorios tribuales de Rubén,
Gad y Zabulón respectivamente. Una de estas, Ramot en Galaad (en el territorio
de Gad), era una “ciudad de refugio”. (Jos. 21:7, 34-40; 1 Cró. 6:63, 77-81.)
Deberes Sacerdotales de los Coatitas
Números 4:1-20

El hijo de Jacob llamado Leví tuvo tres hijos quienes se llamaron: Gerson, Coat y Merari
(Gn. 46:11; Nm. 3:17). En Números 4 se nos dice cuales deberes tenían las familias de
estos tres varones cuando el tabernáculo era movido de un lugar a otro durante la
travesía de Israel por el desierto. La familia de Coat, o sea los Coatitas, debían cubrir
ciertos objetos y utensilios sagrados con paños y cubiertas para después transportarlos a
un lugar que Dios determinara.

El santuario de Dios siendo preparado y después transportado representa la vida terrenal


del Señor. Analizamos su peregrinaje en esta tierra y nos maravillamos de lo mucho que
viajó, lo mucho que hizo y la humildad que siempre caracterizó su estilo de vida. Al
considerar este pasaje, queremos enfocarnos en este aspecto de la vida del Hijo de Dios.

Antes de que se nos explique lo que hacían los Coatitas, se menciona que se debía
realizar un censo de esta familia. Para esto, eran tomados en cuenta solamente los
varones entre la edad de 30-50 años. Por 20 años tenían el privilegio de servir haciendo
todo lo que estaremos considerando. Pensemos en nuestro Salvador y en su servicio
aquí. Únicamente duró unos tres años y medio. Sirviendo a Dios como nadie más lo ha
hecho y su peregrinación fue truncada a una edad en la que el hombre se considera estar
en pleno vigor al quizás tener unos 33 años cuando murió. Una vida corta pero
abundantemente productiva que nos sirve de gran ejemplo.

En primer lugar, trazaremos a Cristo en los objetos y utensilios que los hijos de Coat
transportaban; y en segundo lugar, haremos lo mismo con las cubiertas que ponían sobre
dichas cosas. Los distintos componentes del tabernáculo nos presentan una gran
variedad de aspectos gloriosos del Señor, pero insistimos que en este estudio, estaremos
enfatizando el aspecto de su vida aquí en la tierra.

Los Coatitas tenían la responsabilidad de movilizar los siguientes muebles: arca de


testimonio (v.5), mesa con los panes de la proposición (v.7), candelabro (v.9) y el altar de
oro (v.11).

El arca del pacto contenía tres objetos (tablas, maná y vara) que daban testimonio por
parte de Dios de cosas importantes para el pueblo Israelita. Aquí encontramos el perfecto
testimonio de Jesucristo durante su peregrinación terrenal. Los hombres le acusaron de
que su testimonio no era verdadero (Jn. 8:13), pero él inequívocamente podía decir: ”mi
testimonio es verdadero” (Jn. 8:14). Su testimonio no solamente tenía que ver con sus
palabras, pero también con sus obras. Lo que hacía concordaba perfectamente con lo que
enseñaba. Él dijo: ”las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de
mí” (Jn. 10:25).

La mesa con los panes de la proposición representa la satisfacción que Cristo podía
brindarle a las personas durante su estadía aquí. A sus discípulos cargados y atribulados,
les podía ofrecer descanso (Mt. 11:28). A aquellos que estaban hambrientos
espiritualmente por causa de la maldad, les podía asegurar: ”Yo soy el pan vivo que
descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre” (Jn. 6:51). A los
que tenían hambre física, sin importar que eran miles de personas, él podía
milagrosamente multiplicar panes y pescados para saciarles hasta quedar llenos.

El candelabro hace pensar en la luz que el Salvador trajo a este mundo


entenebrecido por causa del pecado. La profecía de Isaías se cumplió
con la venida de Cristo cuando dijo: ”El pueblo que andaba en tinieblas
vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz
resplandeció sobre ellos” (Isa. 9:2). Solo él podía prometer: ”Yo, la luz, he
venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en
tinieblas” (Jn. 12:46).

El altar de oro también era transportado por los Coatitas. Este altar era
donde se quemaba incienso, lo cual habla de las oraciones del pueblo
Hebreo, que como el humo del altar, subían a la presencia de Dios. Aquí
podemos contemplar la asombrosa vida de oración del Señor que puede
ser imitada, pero jamás igualada. Pasó noches orándole a su Padre
sobre un monte. De todas las cosas que pudo haber hecho la noche
antes de morir, deseó entrar al Getsemaní y orar hasta sudar grandes
gotas de sangre que caían sobre la tierra de ese huerto. Aún al estar
padeciendo sobre el madero, oró por los transgresores (Isa. 53:12)
cuando pedía que su Padre los perdonara.

Los Coatitas al transportar estos objetos sagrados, no podían tocarlos ni


verlos. Este pasaje indica que para cubrirlos, distintas cubiertas eran
puestas encima. Al ir navegando por el desierto, los Israelitas no veían
los muebles. Todo esto hace pensar en el hecho de que hay tantas cosas
sobre el Señor que no logramos ver o entender por causa de la
profundidad de la gloria de su Persona y de sus padecimientos. Ni aún la
interminable eternidad bastará para que aprendamos todo sobre el
eterno Hijo de nuestro Padre.
Las cubiertas para ocultar los muebles y utensilios eran los siguientes.
Uno de ellos era el velo que dividía el santuario en dos partes. Hebreos
10:20 aclara que este velo es símbolo de la carne de Cristo. Jamás
entenderemos el misterio de la piedad: que Dios fue manifestado en
carne (1 Tim. 3:16). También se utilizaba la cubierta de piel de marsopa.
Éste tenía un color no llamativo cómo los que sí tenía, por ejemplo, el
velo ya mencionado. La cubierta de piel de marsopa sobre los hermosos
muebles del tabernáculo hace pensar en la falta de atractivo que el
hombre percibió en el Señor. Los judíos no vieron en Cristo las
credenciales suficientes para reconocerlo como el verdadero Mesías.
Habían paños de tres colores distintos que también cubrían los objetos
sagrados. Uno era azul, que representa la procedencia de Cristo, siendo
el cielo. Otro era carmesí, que simboliza la sangre que derramaría sobre
el Calvario. Y el tercero era de púrpura, que nos señala al rechazado
Jesús de Nazaret quien será el ”Soberano, Rey de reyes, y Señor de
señores” (1 Tim. 6:15).

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