Nos disponemos a iniciar la procesión de la Fiesta Patronal con el corazón y la conciencia
abierta a lo que Dios, mientras caminamos en compañía de nuestra amada Santa Rosa
de Lima, nos revele. Hoy salimos por las calles. Hoy vamos a pasear por las calles la
sagrada imagen de nuestra Santa y queremos llenar también nuestro barrio de
espiritualidad. De lo más profundo del corazón humano surge la invocación que marca
nuestra celebración:
SANTA ROSA DE LIMA
Amor a Dios, la fuente de su vida plena
"Ah mi Dios si yo te amara, ah, si te amara, mi Dios, y amándote me quedara ardiendo en
llamas de amor. ¿Cómo te amaré Dios mío, cómo te amaré Señor, siendo yo tu criatura,
siendo Tú mi creador…?'"
“Señor mío y Dios mío! ¿Cómo es posible que haya quien que deje de amaros?...Pero
yo, mi buen Jesús, ¿cuándo comenzaré a amaros como merecéis?... ¡Ay de mí, y qué
lejos estoy de aquel amor perfecto, íntimo, robustísimo que os debo!
Amor a la Eucaristía
.
Rosa prefería morir antes que ver el santo Nombre de Dios ultrajado.
“Aquí pondré mi cuerpo para que lo hagan pedazos y se detengan en hacer las injurias
que temo ¡ay de mí! , han de hacer después a mi dulce Jesús”.
Sin embargo no dejó de rogar para que Dios librase de este peligro a su amada ciudad,
como ocurrió efectivamente. Por eso sus imágenes también la presentan con un ancla en
la mano.
A los sacerdotes les decía
"Recuerden siempre que mi Señor los ha llamado para ser pescadores de hombres.
Suelten y extiendan anchurosamente las redes del Evangelio…".
Llevada por su amor a Cristo sacerdote quiso ella misma adoptar un niño, recién nacido y
abandonado, decidida a sustentarlo con sus trabajos y limosnas y suplicarle por su amor
de madre que se consagrara a la predicación.
Lo bello habla de Dios
Rosa tejía y bordaba hermosamente. Tenía una muy bonita y bien timbrada voz y decía
“quitarme a mi el cantar es quitarme el comer”. Solía cantar muchas alabanzas a Dios. Su
hermano Hernando le preguntó:-“¿Quién te enseña tantos cantaritos, hermana? “A lo que
respondió: “Hermano, como hay tanto que decir de nuestro Buen Padre, se ofrecen con
facilidad sus alabanzas”.
Caridad concreta en el servicio
Rosa traía enfermos a su casa para curarlos, atenderlos o corría a socorrer sus
necesidades cuando alguien la llamaba. Ella llamaba a esta actitud “dejar a Dios por
Dios”, dejar la meditación y la oración que practicaba con tanta frecuencia, por las
obras de caridad. Fr Pedro de Loayza, un padre dominico muy cercano a Rosa,
afirmaba que su caridad era tan grande para con los pobres, que los servía con
mucho cuidado y que acostumbraba traer a su casa a algunos enfermos a los que
cargaba y tomaba en brazos, aunque resultara un daño a su persona
“El día en que su madre le reprendió por atender en la casa a pobres y enfermos,
santa Rosa de Lima le contestó: ‘Cuando servimos a los pobres y a los enfermos,
servimos a Jesús. No debemos cansarnos de ayudar a nuestro prójimo, porque en
ellos servimos a Jesús’”.
Apostolado, espíritu misionero !salvar almas!
Rosa anhelaba profundamente salir como misionera a anunciar a su Esposo en las
tierras de misión. Pero en su época esto aún no se daba. Rogaba por ello, hacía
constante penitencia y suplicaba al Señor por el éxito de los predicadores en el mundo
entero. “Oh, quien fuese varón - decía- para poder ir a las regiones más peligrosas a
anunciar el Evangelio”.
“El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo
encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra
el campo. El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba
a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía
y la compró”.
Rosa de Lima había encontrado ese gran tesoro que es el amor de Dios, y ya todo
palidecía, todo lo consideraba basura con tal de ganar Su amor . Por eso, aún durante
la larga y dolorosa enfermedad que precedió su muerte, su oración era: “Señor,
auméntame los sufrimientos, pero auméntame en la misma medida tu amor”.
Rosa nació en Lima en 1584, fue bautizada con el nombre de Isabel. Sus padres
fueron Gaspar Flores y María Oliva. Al nacer su abuela materna la comenzó a llamar
Rosa por la gran belleza de su rostro. Cuando tenía ya edad de contraer matrimonio
se opuso al compromiso que sus padres deseaban realizar para ella, manifestando
que había decidido consagrarse a Dios. Con este gesto, Rosa ponía de manifiesto sus
deseos de libertad y su capacidad para elegir de manera autónoma su futuro, en una
sociedad como la limeña del siglo XVII, en donde el matrimonio era concebido como
un camino obligatorio para las mujeres.
En el proceso de canonización de Rosa se afirma un rasgo esencial de su vida: el
compromiso con los pobres. Quienes la vieron vivir expresaban que era tan grande su
caridad que no solo la ejercía con la ‘gente blanca’ sino con los pobres indios y
negros, con tanta dedicación que su madre vio necesario enviarla fuera de su casa
para que viviese en la del contador Gonzalo de la Maza; porque en la propia no tenía
espacio suficiente para servir a los pobres, a los cuales procuraba cuidar con todo lo
que podía y permitía su gran pobreza.
Rosa vivió esta profunda compasión junto a una intensa vida de oración y meditación.
En el jardín de su casa se había construido una ermita en donde pasaba mucho
tiempo dedicada a la lectura. Rosa encontró en la vida de Catalina de Siena una
inspiración para su vida, como ella optó por una vida de consagración a Dios y a los
demás, viviendo como laica en su casa y poniéndose al servicio de los más
necesitados.
En el cuerpo sufriente de Cristo, Rosa se contempló a sí misma y quiso experimentar
en su propio cuerpo el dolor de Jesús. El cuerpo como medio para acceder a la
experiencia de lo divino era una comprensión común en la Lima colonial. El azotarse,
el uso de coronas en la cabeza con clavos, eran prácticas vivenciadas también como
medios para lograr la unión con el cuerpo crucificado de Jesús, asemejarse a El, a su
dolor.
Su vida entregada no conoció de cálculos, la debilidad de sus fuerzas hizo que a los
33 años dejara este mundo, Rosa, falleció el 24 de Agosto de 1617.
La vida de Rosa se nos manifiesta hoy como un camino de seguimiento de Jesús. Ella
buscó imitarlo en su vida de comunión con Dios desde el silencio y la oración, desde
su compromiso con los más pobres, en la vivencia profunda de la amistad, en la
búsqueda de un sentido para el sufrimiento humano, en los sueños de una utopía en
donde los excluidos sean dignificados. Rosa fue la primera santa canonizada por la
Iglesia en América y los congresales de Tucumán de 1816, la nombraron patrona de
la Independencia, porque vieron en ella una santa criolla no europea, y era necesario
buscar una intercesora americana para el nuevo destino de estos pueblos que
aspiraban a liberarse del imperio español.
Santa Rosa continúa soñando con una América en donde no haya marginados y en
donde todos podamos construir la nueva casa de la justicia y la equidad
“El día en que su madre le reprendió por atender en la casa a pobres y enfermos,
santa Rosa de Lima le contestó: ‘Cuando servimos a los pobres y a los enfermos,
servimos a Jesús. No debemos cansarnos de ayudar a nuestro prójimo, porque en
ellos servimos a Jesús’”. (CIC 2449).
Hoy celebramos la Fiesta de Santa Rosa de Lima, la primera santa americana
canonizada, patrona de las Américas y, al igual que Santa Catalina de Siena, a quien
siempre trató de imitar, terciaria dominica. La cita del Catecismo de la Iglesia Católica
que hemos transcrito resume la vida y misión de esta insigne santa de nuestra Orden.
Santa Rosa de Lima también es la patrona del Laicado Dominico de Puerto Rico.
Santa Rosa supo ver el rostro de Jesús en los enfermos, en los pobres, y en los más
necesitados, comprendiendo que sirviéndoles servía a Jesús, y que haciéndolo estaba
haciéndose acreedora de ese gran tesoro que es la vida eterna (Cfr. Mt 25,40.46).
Comprendió valía la pena dejarlo todo con tal de servir a Jesús.
Durante su corta vida (vivió apenas treinta y un años) supo enfrentar la burla y la
incomprensión, y combatir las tentaciones que la asechaban constantemente. Su
belleza física le ganaba el halago de todos. Con tal de no sentir vanidad y evitar ser
motivo de tentación para otros, llegó al extremo de desfigurarse el rostro y las manos.
Cuentan que en una ocasión su madre le colocó una hermosa guirnalda de flores en
la cabeza y ella, para hacer penitencia por aquella vanidad, se clavó en la cabeza las
horquillas que sostenían la corona con tanta fuerza que luego resultó difícil removerla.
La lectura evangélica que nos ofrece la liturgia propia de la Fiesta (Mt 13,44-46) nos
presenta las parábolas del tesoro y de la perla (dos de las llamadas “parábolas del
Reino” que Mateo nos narra en el capítulo 13 de su relato):
Cuando leemos las vidas de los grandes santos, nos examinamos y comprendemos lo
mucho que nos falta para alcanzar esa santidad a la que todos estamos llamados (1
Pe 1,15). Si ellos, humanos igual que nosotros, con nuestras mismas debilidades, lo
lograron, nosotros también podemos hacerlo.
Hoy, pidamos la intercesión de Santa Rosa de Lima para que el Señor nos conceda la
perseverancia para continuar en el camino hacia la santidad.
Patrona Latinoamericana. 1586-1617 El Papa Clemente X, en la Bula de canonización de Santa
Rosa, decía: “A la ciudad de los Reyes, como se suele llamar a Lima, no le podía faltar su estrella
propia que guiara hacia Cristo, Señor y Rey de Reyes”.
1. Incomodidades de las modas
Una inesperada ayuda del cielo librará a la pequeña Rosa de las vanas costumbres de su tiempo.
La moda, que tanto hace sentir su influjo entre los adolescentes, no siempre resulta un motivo de
incomodidad. Pero las cosas no suceden siempre de la misma manera. En una ocasión, se había
establecido la modalidad de usar unos guantes especiales. Ellos tenían como fin hacer más
hermosas y suaves las manos de las chicas. La costumbre se extendió rápidamente por la ciudad
hasta que incluso llegó a la casa de Rosa. Su madre, quien quedó fascinada por esta nueva
costumbre, no tardó mucho en comprar uno de esos costosos guantes, los cuales, según las muy
extrañas peculiaridades de la época, debían ponerse durante la noche para aumentar la blandura de
las manos. Al principio, la pequeña Rosa se negó a utilizar este artificio, sin embargo, su madre
obstinadamente insistió hasta que la niña no tuvo más remedio que obedecer a su pedido.
2. Su modo de combatir la vanidad
Al llegar la noche, Rosa se puso los guantes, pero en lugar de percibir su suavidad y blandura,
experimentó una fuerte quemazón que, hasta el momento, ninguna de las jovencitas de la ciudad
había llegado a sentir. Rosa, que sentía arder sus manos, se quitó los guantes con rapidez y grande
fue su asombro al ver que realmente despedían llamas y que sus dedos estaban cubiertos de
ampollas. Al día siguiente contó a su madre lo que le había sucedido y le mostró sus manos
llagadas. La buena mujer tembló de miedo y se propuso no mortificarla más con sus vanas
exigencias.
Todos quedaron asombrados ante el extraño acontecimiento y al no encontrarle una explicación
lógica, no dudaron en pensar que en realidad se trataba de una oportuna ayudita que había venido
del cielo para terminar con el problema de la pequeña Rosa.
En cierta ocasión, su madre le coronó con una guirnalda de flores para lucirla ante algunas visitas y
Rosa se clavó una de las horquillas de la guirnalda en la cabeza, con la intención de hacer
penitencia por aquella vanidad, de suerte que tuvo después bastante dificultad en quitársela. Como
las gentes alababan frecuentemente su belleza, Rosa solía restregarse la piel con pimienta para
desfigurarse y no ser ocasión de tentaciones para nadie.
3. Su lucha contra el amor propio
El peor y más difícil enemigo. “Todas las privaciones y mortificaciones son medios para librarnos de
los malos apegos”
Una dama le hizo un día ciertos cumplimientos acerca de la suavidad de la piel de sus manos y de la
finura de sus dedos; inmediatamente la santa se talló las manos con barro, a consecuencia de lo
cual no pudo vestirse por sí misma en un mes. Estas y otras austeridades aún más sorprendentes la
prepararon a la lucha contra los peligros exteriores y contra sus propios sentidos. Pero Rosa sabía
muy bien que todo ello sería inútil si no desterraba de su corazón todo amor propio, cuya fuente es
el orgullo, pues esa pasión es capaz de esconderse aun en la oración y el ayuno. Así pues, se
dedicó a atacar el amor propio mediante la humildad, la obediencia y la abnegación de la voluntad
propia.
Aunque era capaz de oponerse a sus padres por una causa justa, jamás los desobedeció ni se
apartó de la mas escrupulosa obediencia y paciencia en las dificultades y contradicciones.