Virus herpes.
Los virus son un grupo de microorganismos con gran diversidad y constituyen la forma
biológica más abundante del planeta. Varían en tamaño, estructura, material genético y
las formas de vida que pueden infectar.
Dentro de este grupo tan heterogéneo la familia de los herpesvirus o Herpesviridae
incluye microorganismos de características similares que comparten la organización del
genoma, la estrategia de replicación y sobre todo, su capacidad para establecer
infecciones de por vida en sus hospedadores.
Después del virus de la gripe y los virus del resfriado común son la principal causa de
infecciones virales en humanos.
Estructura.
El tamaño de los herpesvirus oscila entre 150-200 nm con más de 30 proteínas
estructurales, una nucleocápside icosaédrica y múltiples proyecciones en su cubierta.
La estructura de todos los virus de esta familia consta de:
Material genético (DNA de doble cadena),
Core (contiene el DNA viral y, en algunos casos, está asociado a proteínas),
Cápside (con 162 capsómeros),
Tegumento (estructura entre la cápside y la envuelta) y
Envuelta (compuesta por lípidos y numerosas espículas de unos 8 nm de tamaño
que son glicoproteínas virales).
Ciclo replicativo
Una gran parte de su ciclo replicativo (la parte más compleja) se desarrolla en el núcleo
de la célula y, tras la replicación, esta célula infectada se lisa y se liberan múltiples
partículas virales.
No obstante, el virus también puede permanecer en estado de latencia durante muchos
años. La latencia es una propiedad compartida por todos los herpesvirus y les permite
persistir indefinidamente en el huésped después de una infección primaria o secundaria.
La latencia se caracteriza por una expresión limitada de una pequeña cantidad de genes
virales y, a partir de ella, se producen reactivaciones intermitentes que están
generalmente asociadas a estados de inmunosupresión en los individuos infectados.
Hay que tener en cuenta que, en muchas ocasiones, los síntomas de la infección primaria
difieren de los de la reactivación (varicela-zoster).
Otra característica importante de esta familia de virus es su capacidad oncogénica. La
capacidad oncogénica directa tanto del virus Epstein Bar como del Herpes 8 está
ampliamente documentada. Al resto de los miembros de la familia se les reconoce una
capacidad oncogénica indirecta.
Material genético
El material genético de los herpesvirus es una cadena doble de DNA lineal que se
circulariza tras ser liberado de la cápsida en el núcleo de la célula infectada. El tamaño
del DNA oscila entre 120 y 230 kbp, dependiendo de las secuencias repetitivas internas
y terminales que tenga el virión. Así, el tamaño molecular varía desde los 125 kbp del
virus varicela-zóster hasta los 230 kbp del citomegalovirus.
Todos los herpesvirus tienen elementos de repetición internos y terminales si bien en
número variable según el virus. Herpes 1, herpes 2, Varicela-zoster y Citomegalovirus
tienen dos bloques de secuencias únicas, designadas UI (Unique long= Única larga) y US
(Unique short = Única corta) cada una de las cuales está unida por repetidores terminales.
Las repeticiones terminales pueden estar presentes en orientaciones invertidas y por tanto
producir alteraciones en la orientación de las regiones únicas dando lugar a isómeros
conformacionales.
Herpes 6, herpes 7, herpes 8 y Virus Epstein Barr poseen solo una región única y
repeticiones directas y, por tanto, solo tienen un isómero conformacional.
Infección.
La infección por cualquier herpesvirus presenta características similares:
a.- Infección primaria. Se producen normalmente a edades tempranas y, en
algunos casos, son muy características. Un porcentaje elevado de las personas que
contraen la infección son asintomáticas.
b.- Latencia. En un pequeño número de células conocidas. La latencia se mantiene
por la localización del virus en lugares inmunológicamente privilegiados (como la
neurona en el caso del virus herpes simple) y por la falta de expresión de proteínas que
pueden ser detectados por el sistema inmune (linfocitos B - virus Epstein Barr).
c.- Infecciones recurrentes. Pueden ser similares o diferentes de las primarias. La
reactivación del virus latente puede causar enfermedad sintomática recidivante o
eliminación viral asintomática intermitente. Suele producirse como consecuencia de una
alteración en el sistema inmune del hospedador.
La seroprevalencia entre la población adulta es muy elevada pudiendo en algunos casos
(virus Epstein Barr o Varicela-zoster) superar el 80%.
Subfamilias Herpesviridae
Herpesviridae es una familia de virus DNA que incluye a más de 100 especies de las
cuales 8 producen patología en los seres humanos. Se puede diferenciar tres subfamilias
en función de la organización de su genoma y de sus propiedades biológicas:
a.- Alfavirus o Alfaherpesviridae. Tienen un rango variable de posibles
huéspedes, ciclo reproductivo relativamente corto, crecimiento fácil en cultivo, eficiente
destrucción celular y alta capacidad para establecer latencia principalmente en ganglios
sensoriales. Pertenecen a este grupo los virus herpes simple (1 y 2) y el virus varicela-
zoster.
b.- Betavirus o Betaherpesviridae. El rango de huésped es muy estrecho. El ciclo
reproductivo es lento y crecen muy lentamente en cultivos. La célula infectada puede
aumentar mucho de tamaño. El virus puede permanecer en latencia en glándulas
secretoras, células linfoides, riñón y otros tejidos. Pertenecen a esta subfamilia el
citomegalovirus, el virus herpes 6 y el virus herpes 7.
c.- Gammavirus o Gammaherpesviridae. In vitro, todos los miembros de este
grupo replican en células linfoblásticas, aunque en algunos casos pueden lisar células
fibroblásticas o epiteliales. Existen virus específicos de linfocitos T y B. Pertenecen a esta
subfamilia el virus Epstein Barr y el virus herpes 8.
Alfaherpesviridae
Los Alfaherpesviridae tienen como principal diana las células muco-epiteliales, desde las
que se transmiten a otros individuos por contacto directo. Son virus neuroinvasivos.
Pueden inducir la formación de sincitios. Durante su replicación, los alfaherpesvirus,
insertan en la membrana de la célula infectada proteínas víricas de fusión que inducen la
fusión con otras membranas de células adyacentes. El resultado es que se combinan los
citoplasmas de las células implicadas pero no así los núcleos, se forman así células
multinucleadas que reciben el nombre de sincitios. Para el virus, esto supone que puede
infectar células sin salir al espacio extracelular, donde podría ser neutralizado por los
anticuerpos.
El virus herpes simple (VHS) fue el primero de los herpesvirus humanos en ser
descubierto y estudiado. Tiene la particularidad de infectar a un gran número de
huéspedes, permanecer latente durante toda la vida y reactivarse periódicamente
por causas diversas.
Hay dos tipos de virus del herpes simple: herpes simple tipo 1 (VHS-1) y herpes
simple tipo 2 (VHS-2). VHS-1 se transmite principalmente por contacto boca a
boca y causa herpes labial (que puede incluir síntomas como las llamadas
“calenturas” o “pupas labiales”), aunque también puede causar herpes genital.
VHS-2 se transmite por vía sexual y es la principal causa de herpes genital.
Su estructura es similar a la de otros virus de la familia (DNA bicatenario, capside,
tegumento y envuelta con espículas de naturaleza glicoprotéica). Su genoma es
complejo con 74 ORF de función conocida. La transcripción de los genes del
herpes simple corre a cargo de la RNA-polimerasa de la célula infectada.
La infección primaria ocurre a través de epitelios. Por su distribución universal, la
mayoría de los niños entre 1-2 años ya han sido infectados. Inicialmente esta
infección es asintomática, aunque podrían producirse lesiones vesiculares en o
alrededor de rostro o genitales. La manifestación clínica más frecuente de la
infección primaria por VHS-1 es la faringitis y la gingivoestomatitis.
Conjuntivitis, queratitis, infecciones vesiculares de piel y encefalitis son
manifestaciones clínicas menos frecuentes. VHS-2 es la causa más común de
úlcera genital en países desarrollados. Meningitis linfocitaria y herpes neonatal
son las complicaciones más importantes de la infección por VHS-2
A partir de la infección primaria, el virus llega a las terminales nerviosas
sensoriales periféricas para, mediante transporte retrógrado a través del axón,
llegar a los ganglios sensoriales e infectar el Sistema Nervioso Central donde
permanece de forma latente una vez desaparecida la expresión proteica viral. Sólo
se detecta un producto de transcripción denominado LAT (Latency Associated
Transcripts) que no codifica para ninguna proteína conocida pero participa en el
control de la latencia. Con la inducción de la latencia, el virus podría escapar más
fácilmente de la vigilancia inmune.
Periódicamente el virus puede reactivarse y migrar hacia la piel o mucosas
causando las lesiones típicas, generalmente en la zona de la primoinfección, pero
de manera menos florida. Los estímulos que favorecen estas recurrencias son
diversos, incluyéndose entre ellos la exposición a luz UV, fiebre, estrés,
menstruación o manipulación dental.
VHS-1 infecta principalmente a la orofarínge. Como ya se ha mencionado, la
mayor parte de las infecciones son asintomáticas aunque puede haber distintas
manifestaciones clínicas de distinta intensidad que pueden ir desde pequeñas
úlceras en la zona implicada hasta fiebre, anorexia y adenomegalia cervical.
El herpes genital es producido principalmente por el VHS-2. Al igual que con el
VHS-1 la infección puede ser asintomática. Si se producen manifestaciones
clínicas éstas, están localizadas en el área genital y/o anal. El periodo de
incubación es similar en los dos tipos de herpes simple.
Aunque la mayoría de las infecciones producidas por los virus herpes simples son
leves, hay ocasiones en las que pueden ocasionar cuadros graves. Las infecciones
graves más frecuentes son la encefalitis, la meningitis, el herpes neonatal y, en
pacientes inmunodeficientes, la infección generalizada.
Las infecciones leves a menudo no se tratan y no dejan secuelas. Sin embargo, las
formas más graves requieren tratamiento con Aciclovir o Valaciclovir. Existen
otros fármacos que pueden tener utilidad pero son los dos mencionados los que
ofrecen mejores resultados.
Realmente no existe ningún tratamiento que elimine por completo del organismo
la infección por VHS, ya que una vez que el virus entra en un organismo,
permanecerá siempre en éste de forma inactiva con recidivas ocasionales.
El tratamiento farmacológico de la infección primaria por VHS, incluso si se hace
temprano, no previene la posibilidad de recurrencia.
Aunque la mayoría de las infecciones producidas por los virus herpes simples son
leves, hay ocasiones en las que pueden ocasionar cuadros graves. Las infecciones
graves más frecuentes son la encefalitis, la meningitis, el herpes neonatal y, en
pacientes inmunodeficientes, la infección generalizada.
Las infecciones leves a menudo no se tratan y no dejan secuelas. Sin embargo, las
formas más graves requieren tratamiento con Aciclovir o Valaciclovir. Existen
otros fármacos que pueden tener utilidad pero son los dos mencionados los que
ofrecen mejores resultados.
Realmente no existe ningún tratamiento que elimine por completo del organismo
la infección por VHS, ya que una vez que el virus entra en un organismo,
permanecerá siempre en éste de forma inactiva con recidivas ocasionales.
El tratamiento farmacológico de la infección primaria por VHS, incluso si se hace
temprano, no previene la posibilidad de recurrencia.
Varicela-zóster. La varicela y el herpes zóster se deben a la infección por el virus
varicela-zóster. La varicela es la fase aguda invasora de la infección, mientras que
el herpes zóster representa una reactivación de la fase de latencia.
La varicela es una enfermedad común en la niñez. El 90% de los casos ocurre en
niños menores de 10 años. La transmisión de la enfermedad puede ser directa, al
tocar las ampollas de alguien infectado o a través de su saliva o flujos nasales. El
virus también se puede transmitir a través del aire al toser o estornudar.
El herpes zóster es una infección generada por la reactivación del virus varicela-
zóster de su estado de latencia en un ganglio de la raíz dorsal. Los síntomas suelen
comenzar con dolor a lo largo del dermatoma afectado, seguido 2 o 3 días después
por una erupción vesicular.
La neuralgia postherpética es la complicación más habitual del herpes zóster. Este
trastorno afecta las fibras nerviosas y la piel, lo que causa un dolor urente que dura
mucho tiempo tras la desaparición del sarpullido y las ampollas que acompañan a
la reactivación.
El virus varicela-zóster es un virus neurotrópico, con capacidad de invadir y
residir en el tejido neuronal. La infección primaria (varicela) es una enfermedad
contagiosa y benigna; el virus se replica en los ganglios linfáticos, bazo e hígado
y luego pasa a estado de latencia en los ganglios raquídeos y, posteriormente,
cuando se reactiva, se manifiesta como herpes zóster.
En la viremia secundaria, el virus pasa desde las terminaciones nerviosas
sensoriales a los ganglios raquídeos de las raíces dorsales/craneales y permanecen
en el núcleo de las células neuronales en estado de latencia, donde están protegidos
de las altas concentraciones de anticuerpos que persisten en la circulación. Cuando
hay alteraciones de la inmunidad celular se puede producir la reactivación del
virus. La recurrencia o reactivación conllevará dolor por necrosis neural y
fenómenos inflamatorios, neuritis con diseminación del virus y lesiones cutáneas.
Las lesiones cutáneas son muy características y de forma coloquial se denominan
“culebrillas” herpéticas. Las zonas más frecuentes de aparición son la región
torácica seguida por la lumbar y la trigémina.
Las complicaciones más frecuentes de la aparición del zóster son, junto con la
neuralgia post-herpética ya mencionada, el zóster oftálmico y el síndrome de
Ramsay Hunt que es una parálisis facial con afectación del conducto auditivo
externo y/o la membrana timpánica.
Betaherpesviridae.
Los betaherpesvirus son una subfamilia de virus de crecimiento lento y genoma grande,
que tienen la peculiaridad de vivir en latencia en las glándulas salivares, riñones,
macrófagos y linfocitos del hospedador. Tienen un rango de hospedadores estrecho y un
ciclo de replicación largo con propagación lenta y agrandamiento celular. Infectan
linfocitos T, particularmente las células T CD4 maduras.
Citomegalovirus es un virus muy bien adaptado, por lo que la prevalencia de la
infección que produce es muy elevada. En individuos inmunocompetentes la
infección suele cursar de manera asintomática o con sintomatología leve.
La estructura del virión es similar a la de otros virus herpes, de los que se
diferencia por su mayor tamaño. Tiene una cápside icosapentahédrica compuesta
por 162 capsómeros y, su DNA codifica para 178 proteínas. El genoma se divide
en 2 regiones únicas (UL y US) cada una de las cuales está flaqueada por una
secuencia repetida termina, TRL y TRS y por una secuencia repetida interna, IRL
e IRS, respectivamente.
El CMV entra en la célula por fusión de membranas directa o por endocitosis. El
virus se adhiere a la célula mediante interacciones entre glucoproteínas virales y
un receptor o receptores de la superficie específicos. Tras esta unión se produce
la fusión de la envoltura con la membrana celular para liberar nucleocápsides en
el citoplasma. Estas nucleocápsides se translocan al núcleo, donde se libera el
DNA viral.
El ciclo de replicación del CMV se divide en 3 etapas:
a.- Inmediata. En la transcripción génica inmediata, se producen las
proteínas reguladoras clave para que el CMV controle la célula. En primer lugar
se expresan los genes IE (immediate early) IE-1/IE-2.
b.- Temprana. Después de la síntesis de genes tempranos inmediatos, los
primeros productos génicos que se transcriben son proteínas de replicación del
DNA y proteínas estructurales
c.- Tardía. Los productos génicos tardíos son, principalmente, proteínas
estructurales necesarias para el ensamblaje y salida del virión. La síntesis de genes
tardíos dependerá de la replicación del DNA viral.
La infección por CMV genera una respuesta inmune innata y una respuesta
adaptativa.
Los receptores de reconocimiento de patógenos extracelulares e intracelulares,
como los receptores de tipo Toll (TLRs) reconocen componentes del virión, lo que
genera una respuesta innata frente al virus. Esto permite la producción de citocinas
inflamatorias como los interferones de tipo 1 (IFN), factor de necrosis tumoral
alfa (TNF-α) e interleucina 6 (IL-6). Estas citocinas inflamatorias pueden reclutar
y activar células fagocíticas, como células dendríticas, que pueden fagocitar
células infectadas. Las células natural killer (NK) también son reclutadas en los
sitios iniciales de infección, donde eliminan a las células infectadas mediante la
liberación de proteínas citotóxicas. Algunos estudios a partir de modelos animales
sugieren que los neutrófilos podrían contribuir al control temprano de la infección.
La respuesta adaptativa contribuye al control a largo plazo del virus. Las
infecciones resultan en una amplia respuesta de células T CD8 citotóxicas, las
cuales parecen ser cruciales para el control de las infecciones primarias y para
evitar la reactivación. Además, las células T CD4 productoras de IFN-γ se han
asociado con una disminución de los virus en la orina, por lo tanto limitan la
difusión a nuevos hospedadores. Las células B también juegan un importante
papel, ya que podrían prevenir la transmisión a los fetos en el útero, por ejemplo,
a través de los anticuerpos maternos.
El espectro de la enfermedad causada por CMV es diverso y mayoritariamente
depende del huésped.
El síndrome mononucleósico like es la presentación clínica más frecuente en la
infección sintomática por CMV en individuos inmunocompetentes.
La infección congénita por CMV puede ocurrir como resultado de una
primoinfección materna durante el embarazo o, también por una reactivación o
reinfección viral en mujeres previamente inmunes aunque, en principio, esta
segunda vía es menos frecuente. Las manifestaciones clínicas de la infección
congénita van desde crecimiento intrauterino retardado, hepatoesplenomegalia,
coriorretinitis, encefalitis y microcefalia.
En los pacientes inmunodeprimidos la gravedad del cuadro está directamente
relacionada con el grado de inmunosupresión (VIH, receptores de órganos,
pacientes oncológicos etc). El espectro de patologías varía e incluye retinitis,
encefalopatía, neumonitis, úlceras gastrointestinales e insuficiencia hepática.
A pesar de la mejora en los métodos diagnósticos y del desarrollo de estrategias
de prevención, el CMV sigue siendo el patógeno viral más frecuente después de
un transplante renal. La enfermedad por citomegalovirus en el trasplante renal
representa una amenaza para la supervivencia del injerto y del paciente.
La aparición de fármacos antivirales eficaces en el control del CMV y el empleo
de estrategias de prevención (profilaxis universal y terapia anticipada) han
conseguido disminuir el riesgo de infección y enfermedad por CMV en los
transplantados renales disminuyendo el riesgo de rechazo agudo y el de
mortalidad y pérdida del injerto a largo plazo.
De los tratamientos disponibles, el Ganciclovir es la droga de elección; es de
administración intravenosa y, su principal efecto secundario, es la neutropenia y,
en menor medida, la trombocitopenia. El Valganciclovir, es un fármaco oral, que
se metaboliza de manera rápida a ganciclovir. Por último, el foscarnet, también
intravenoso, puede prevenir la diseminación del CMV pero tiene importantes
efectos secundarios (principalmente la nefrotoxicidad). Este último medicamente
tiene especial interés en aquellos casos en los que se observa algún tipo de
resistencia a los antivirales de primera elección.
Los herpesvirus humanos 6 y 7 están íntimamente relacionados. Son
betaherpesvirus linfotrópicos T que, normalmente, infectan a los humanos al
inicio de la vida. Herpes 6 y Herpes 7, aunque estrechamente relacionados, son
antigénicamente distintos.
La infección primaria de HHV-6 y -7 puede ser asintomática o puede manifestarse
como enfermedades infantiles febriles (exantema súbito o roséola), o como
enfermedades que imitan el sarampión y la rubéola. La infección primaria ocurre
en los primeros años de vida. La seroprevalencia de ambos virus es >80% a partir
de los 6 años.
Ambos virus pueden existir en 3 estados diferentes: produciendo infección activa;
como infección latente o como DNA incorporado al genoma. El estado de latencia
se puede prolongar durante décadas sin que se observe ningún síntoma de
enfermedad.
El HHV6 probablemente se adquiere de la saliva de personas sanas y penetra en
el hospedador a través de las mucosas oral, nasal y de la conjuntiva. Se produce
infección aguda con alta viremia en las células mononucleares de la sangre
periférica. Tras la etapa aguda se establece un periodo de latencia en células
mononucleares, glándulas salivares, riñon, pulmón y SNC.
La primoinfección se produce en la infancia donde suele ser responsable del
exantema súbito. Se observa fiebre alta durante 3 a 5 días. Esta fiebre pude ir
acompañada de ligeros síntomas de infección respiratoria. Tras la fiebre aparece
un exantema intensamente rosado con predominio en cuello y tronco que
desaparece tras 24-48 horas.
En los adultos la infección es rara. Cursa con sintomatología similar a la
mononucleosis infecciosa. El mayor riesgo de HHV6 en adultos es la reactivación
del virus en los pacientes transplantados donde puede producir hepatitis,
neumonía, supresión de médula ósea, encefalitis y, favorecer la enfermedad
asociada a CMV.
Se ha especulado con el papel que el HHV6 puede jugar en la progresión de la
infección por el VIH dado que ambos virus tienen el mismo tropismo por el
receptor CD4+
HHV7. Aunque todavía hay muchas dudas sobre este virus, se piensa que las
glándulas salivares pueden ser el sitio de la replicación y transmisión del virus. El
virus también se ha identificado en mujeres embarazadas abriendo la posibilidad
de transmisión intraútero y perinatal. La infección persiste durante toda la vida.
La mayoría de las infecciones del HHV7 son asintomáticas. Algunos datos
sugieren la asociación de este virus con episodios de exantema súbito. También
se ha asociado con las convulsiones febriles.
En algunas patologías se han visto interacciones entre el HHV6 y el HHV7.
También se piensa que puede ser el agente causal de la ptiriasis rosea.
Gammaherpesviridae
Los Gammaherpesviridae o gammaherpesvirus son una subfamilia de virus DNA,
linfoproliferativos que viven en latencia en células linfocitarias.
Comparte características comunes con el resto de los virus herpes: la síntesis d DNA y
ensamblaje con la cápside se produce en el núcleo de la célula infectada, la producción
de nuevas progenies va acompañada de la muerte celular, son responsables de infecciones
latentes y de reactivaciones a menudo asintomáticas, son virus frágiles que se transmiten
por contacto directo y producen cuadros clínicos más graves cuando hay déficits de la
inmunidad de tipo celular.
o El virus Epstein Barr (EBV) es un virus muy común con elevada seroprevalencia
en la edad adulta. La mayoría de las personas han sido infectadas antes de cumplir
los 20 años.
La mononucleosis infecciosa o enfermedad del beso es la patología más común
producida por este virus. Tiene, como síntomas principales, fiebre, dolor de
garganta e inflamación de los ganglios linfáticos. En general es una patología que
resuelve sin tratamiento y, después de la recuperación, el virus queda en el
organismo de por vida. En ocasiones, la mononucleosis puede cursar con
sintomatología más llamativa observándose un aumento del tamaño del bazo
(puede llegar a romperse) y cuadros de hepatitis e ictericia.
A lo largo de los años se ha podido constatar que, además de la mononucleosis
infecciosa, EBV produce otras patologías de diversa gravedad. Se ha asociado con
síndromes proliferativos en inmunodeprimidos, linfoma de Burkitt y carcinoma
de nasofaringe. Diversos estudios también apuntan a una posible relación con el
linfoma de Hodgkin`s, la esclerosis múltiple o el síndrome de fatiga crónica.
El virus se transmite mediante saliva infectada y alcanza las células epiteliales de
la orofarínge donde replica con producción de viriones y lisis celular.
Las células B se infectan a su paso por la orofarínge. La interacción entre el
linfocito y el EBV se realiza gracias a la glicoproteína gp350 del virus y el receptor
celular CD21. La mayoría de los anticuerpos producidos durante la infección están
dirigidos contra esta proteína.
En la fase aguda, la replicación viral se produce solo en un reducido número de
células B. La replicación en estas células produce formación de nuevos viriones
y, en último caso, la lisis celular. Las células infectadas son controladas por las
NK y los linfocitos T que proliferan en gran cantidad provocando el aumento de
tamaño de los ganglios linfáticos, bazo e hígado. Durante la fase aguda, el virus
expresa los productos de un número elevado de genes (90) que le permitirán
formar nuevos viriones. Sin embargo, en una gran parte de las células B que entran
en contacto con el virus solo se expresan un número limitado de genes por lo que
la replicación viral no se lleva a cabo y el virus pasa a estado de latencia.
Después de la infección primaria el virus permanece transcripcionalmente activo,
aunque de una forma restringida, y los genes que se expresan entonces son
llamados “genes latentes”. Entre estos cabe destacar las proteínas latentes de
membrana o LMP. Son las proteínas transformantes principales que tienen el
EBV. LMP1 es un oncogen que estimula la formación de tumores in vitro y LMP2
juega un papel decisivo en la evasión del sistema inmune. Ambas proteínas
contribuyen a evitar la apoptosis de las células infectadas.
La diana principal del EBV son los linfocitos B, sin embargo el virus también es
capaz de infectar y transformar células epiteliales. EBV está implicado en el
desarrollo de distintos tipos de linfomas y en el carcinoma nasofaríngeo.
Los tumores asociados a EBV muestran tres patrones diferentes asociados a la
expresión diferencial de las proteínas de latencia. La latencia (L) III se asocia con
los trastornos linfoproliferativos postrasplante y en ella se expresan todas las
proteínas EBNA y las proteínas latentes de membrana LMP1 y LMP2. Los otros
dos tipos de latencia (LII y L0) implican grados crecientes de silenciamiento de
los genes virales.
Después de la infección primaria, el EBV persiste en estado de latencia en las
células B de memoria circulantes. La baja expresión proteínas virales hace que no
constituyan un riesgo patogénico para el huésped ni están sujetos a
inmunovigilancia y, por lo tanto, pueden persistir de manera benigna dentro del
huésped humano durante décadas.
El mecanismo por el cual EBV obtiene acceso a la célula B de memoria se puede
explicar por dos modelos diferentes: el centro germinal (GC) y la infección directa
El modelo de "centro germinal" postula que la infección inicial de las células B
en reposo con el EBV impulsa su proliferación y la expresión del patrón LIII. Las
células B infectadas ingresan el centro germinal y expresan el programa LII;
finalmente salen del centro germinal como células B de memoria EBV+ que
expresan el programa de Latencia 0, con silenciamiento genético viral completo
evitando así el reconocimiento por el sistema inmune. El Centro Germinal, es la
estructura en los folículos de los órganos linfoides secundarios donde las células
B activadas por antígeno experimentan una respuesta inmune dependiente de las
células T.
El "modelo de infección directa" sugiere que el EBV infecta directamente las
células B de memoria, las impulsa a proliferar, sin participar en la reacción de
centro germinal.
o Al igual que otros virus oncogénicos, el HHV8 está relacionado con varios
mecanismos para inmortalizar y transformar las células. En su genoma viral
contiene varios genes que son homólogos a los protooncogens capaces de inducir
tumores malignos. Sin embargo, muchos individuos infectados no desarrollan
enfermedades asociadas al virus. Son los pacientes VIH positivos no tratados, los
que tienen una alta probabilidad de desarrollar sarcoma de Kaposi (SK).
El SK se manifiesta por una forma multifocal. La localización en la piel implica
la aparición gradual de máculas de color rojo-purpúreo con parches o nódulos en
las extremidades. Las localizaciones en la parte superior del cuerpo, invasión de
las mucosas (orofarínge) y la afectación visceral (gastrointestinal y pulmón) se da
en las formas más graves.
La enfermedad multicéntrica de Castleman es menos frecuente. Es una
enfermedad linfoproliferativa atípica de la piel en pacientes con SIDA y SK
concomitante.
El linfoma de fusión primario es una forma de linfoma no-Hodgkin en pacientes
VIH que se caracteriza por una efusión maligna en una o varias cavidades del
organismo, generalmente en ausencia de una masa tumoral primaria.
Diagnóstico de la infección
Los métodos serológicos, basados en la detección de anticuerpos específicos juegan un
papel muy limitado en el diagnóstico individual de las infecciones herpéticas
sintomáticas, pudiendo utilizarse en aquellos casos en que no se alcanza el diagnóstico
por métodos directos y cobrando su verdadero sentido en el diagnóstico de la
primoinfección herpética. No obstante, siempre será un diagnóstico tardío, con escasa
relevancia clínica, ya que no modifica sustancialmente la actuación sobre el paciente.
Se basa en la detección y/o titulación de las IgG e IgM frente a un determinado virus. Su
principal utilidad, a parte del diagnóstico de la primoinfección, es la determinación del
estado inmune frente a los virus del grupo.
Las determinaciones serológicas del virus Epstein Barr tienen una mayor relevancia. El
diagnóstico serológico de la mononucleosis infecciosa puede realizarse mediante la
detección de anticuerpos heterófilos o empleando pruebas serológicas específicas que
detectan la presencia de anticuerpos producidos frente a distintos antígenos del VEB.
La única forma de establecer la etiología de las infecciones herpéticas es mediante el
diagnóstico virológico, especialmente en las formas clínicas poco habituales y, sobre
todo, en los primeros episodios.
Los métodos utilizados para reconocer las infecciones pueden clasificarse en directos e
indirectos según persigan demostrar la presencia del virus o de alguno de sus
constituyentes (antígeno o genoma viral) o bien la respuesta de anticuerpos específicos
por parte del huésped en el curso de la infección. En general, los métodos directos, suelen
ser los de elección ya que permiten un diagnóstico más rápido y, además, posibilitan la
monitorización del tratamiento. Estos métodos incluyen la detección de antígenos virales,
los cultivos celulares, la hibridación in situ y la detección del genoma viral.
La detección de antígenos virales suele realizarse mediante inmunofluorescencia directa.
Es una técnica sensible y específica que permite la identificación del virus incluso sobre
muestra directa. Sin embargo la realización de la técnica es laboriosa, depende mucho de
la calidad de los reactivos y requiere de una persona con experiencia para llegar a un
diagnóstico certero. La obtención y preparación de la muestra debe realizarse de manera
adecuada para que el resultado sea válido.
La hibridación in situ tiene especial relevancia en Anatomía Patológica. Se utiliza una
sonda de oligonucleótidos marcada que detecta por hibridación los ácidos nucleicos
virales.
El cultivo celular ha sido durante mucho tiempo la técnica de referencia pero, al igual que
sucede con la inmunofluorescencia, es una técnica lenta y cara que requiere de líneas
celulares para su realización. Sigue estando disponible en algunos laboratorios porque
permite la propagación del virus y el estudio de su viabilidad pero, en los últimos años,
ha sido desplazado por las técnicas moleculares como herramienta principal para el
diagnóstico de las infecciones herpéticas.
La única forma de establecer la etiología de las infecciones herpéticas es mediante el
diagnóstico virológico, especialmente en las formas clínicas poco habituales y, sobre
todo, en los primeros episodios.
Los métodos utilizados para reconocer las infecciones pueden clasificarse en directos e
indirectos según persigan demostrar la presencia del virus o de alguno de sus
constituyentes (antígeno o genoma viral) o bien la respuesta de anticuerpos específicos
por parte del huésped en el curso de la infección. En general, los métodos directos, suelen
ser los de elección ya que permiten un diagnóstico más rápido y, además, posibilitan la
monitorización del tratamiento. Estos métodos incluyen la detección de antígenos virales,
los cultivos celulares, la hibridación in situ y la detección del genoma viral.
La detección de antígenos virales suele realizarse mediante inmunofluorescencia directa.
Es una técnica sensible y específica que permite la identificación del virus incluso sobre
muestra directa. Sin embargo la realización de la técnica es laboriosa, depende mucho de
la calidad de los reactivos y requiere de una persona con experiencia para llegar a un
diagnóstico certero. La obtención y preparación de la muestra debe realizarse de manera
adecuada para que el resultado sea válido.
La hibridación in situ tiene especial relevancia en Anatomía Patológica. Se utiliza una
sonda de oligonucleótidos marcada que detecta por hibridación los ácidos nucleicos
virales.
El cultivo celular ha sido durante mucho tiempo la técnica de referencia pero, al igual que
sucede con la inmunofluorescencia, es una técnica lenta y cara que requiere de líneas
celulares para su realización. Sigue estando disponible en algunos laboratorios porque
permite la propagación del virus y el estudio de su viabilidad pero, en los últimos años,
ha sido desplazado por las técnicas moleculares como herramienta principal para el
diagnóstico de las infecciones herpéticas.
La comparación de las técnicas directas disponibles permite comprobar que las técnicas
moleculares son las que tienen una mayor sensibilidad independientemente del tipo de
muestra que se use.
Son especialmente útiles para el análisis de exudados conjuntivales, LCR y biopsias.