EL DIARIO PERSONAL EN FRANCIA AL PRINCIPIO DEL SIGLO XXI:
INFLEXIONES DE UN GÉNERO LITERARIO1
THE DIARY IN FRANCE AT THE BEGINNING OF THE 21TH CENTURY:
INFLECTIONS OF A LITERARY GENRE
Resumen
Aparecido en Francia a finales del siglo XVIII en el ámbito privado, el diario personal se impone
progresivamente en el curso de los siglos XIX y XX como un género literario para conocer diversas mutaciones
a finales del siglo XX. La banalización del género, al principio del siglo XXI, se acompaña de nuevas
inflexiones que se identificarán a partir de tres ejemplos.
Palabras clave
diario personal, literatura francesa, literatura contemporánea
Abstract
Appeared in France at the end of the eighteenth century as a private form, the diary progressively became a
literary genre during the nineteenth and twentieth century, and underwent various mutations at the end of the
twentieth century. The trivialization of the genre at the beginning of the 21st century is accompanied by new
inflections that will be identified on the basis of three examples.
Key words
diary, french literature, contemporary literature
1. UN GÉNERO NUEVO
A principios de este siglo XXI, el diario personal todavía es, en Francia, un género literario nuevo.
Aparecido en los últimos años del siglo XVIII como una forma de escritura ordinaria, nacida de los registros de
cuentas, de los diarios de viaje y de los diarios espirituales, el diario personal coloniza lentamente el campo
literario durante el siglo siguiente. Esta lentitud es acentuada por la significativa diferencia temporal que existe
1 El siguiente trabajo ha sido revisado, en su traducción al español, por Álvaro Luque Amo, contratado FPU de
la Universidad de Granada, en el marco colaborativo con Michel Braud (CRPHLL/ALTER) establecido gracias
a la concesión de una estancia breve de 2017 en la Université de Pau dentro del proyecto FPU14/02272
financiado por el Ministerio de Educación y Formación Profesional de España. Fruto de esta colaboración es la
publicación del artículo conjunto ‹‹Luque Amo, Álvaro, Braud, Michel (en prensa). “El establecimiento del
diario personal en el sistema literario: el diario literario en Francia y España”, Revista de Literatura››, germen
de algunas ideas expuestas en el presente artículo.
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entre las fechas de su redacción y su publicación – los primeros diarios son publicados únicamente tras la
muerte de su autor, es decir, en algunos casos cuarenta años después del comienzo de su redacción.
Hay que esperar hasta la segunda mitad del siglo XIX para ver los diarios editados. Algunos diarios se
publican de modo fragmentario a partir de 1850 (Maine de Biran, Eugénie de Guérin, Maurice de Guérin,
Benjamín Constant) y luego en volúmenes completos después de 1880. En este momento, el género se va
imponiendo en el paisaje editorial pero no sin polémicas y con diarios que, a menudo, no son de escritores
literarios. Cabe citar, a parte del de Stendhal, los de Henri-Frédéric Amiel (profesor suizo), de María
Bashkirtseff (pintora) o de Michelet (historiador).
A partir de esa época y hasta la Segunda Guerra Mundial, el diario personal empieza a ser utilizado
como género literario por ciertos autores: Léon Bloy, es el primero en publicar el suyo volumen a volumen, a
medida que los va escribiendo, en los últimos años del siglo XIX. André Gide, publica, en revistas, fragmentos
del suyo, a principios del siglo XX. El género parece encontrar progresivamente un posicionamiento, muy al
margen del campo literario, hasta el estallido de una nueva polémica, en 1939, con la publicación del Journal
de André Gide en la colección de la Pléiade, la cual reúne únicamente obras literarias reconocidas: en este
momento, la crítica comienza a plantearse si el diario se ha convertido realmente en un género literario.
Tras la Segunda Guerra Mundial, el número de diarios publicados aumenta de manera relevante: por
una parte porque numerosos textos del siglo XIX se publican de nuevo de forma más completa, a la vez que se
publican autores de la primera mitad del siglo XX, pero también porque escritores todavía vivos publican el
suyo, ya sean escritores reconocidos como François Mauriac, Henry de Montherlant, ya sea porque el diario es
la gran obra de una vida (Paul Léautaud). Comienzan también a emerger diarios con una forma elaborada como
una obra literaria. Citemos sólo dos ejemplos: Toxique (1964), de Françoise Sagan (y Bernard Buffet para las
ilustraciones), presenta la elaboración gráfica de su diario de desintoxicación; y Le Temps immobile (1974-88),
de Claude Mauriac, es la recomposición de un diario inicial según una lógica que ya no es la de una sucesión
temporal: el autor mezcla las entradas y las épocas para suscitar nuevas resonancias. Estas dos tentativas no
tendrán la misma posteridad. Mientras que el diario se completa a veces con dibujos realizados por el mismo
diarista o por un dibujante, la elaboración de Claude Mauriac no tuvo herederos, sin duda porque el dispositivo
podía ser, en el mejor de los casos, solo imitado, lo que carece de interés literario.
2. EL DIARIO A FINALES DEL SIGLO XX
A finales del siglo XX, la difusión del género es cada vez más amplia: se continúan publicando, de
modo fiel y exhaustivo, los diarios personales del siglo XIX y de principios del siglo XX (Amiel, Gide), y se
comienzan a publicar numerosos textos redactados durante la Segunda Guerra Mundial y hasta entonces
inéditos. El diario acentúa también su integración en el campo literario mezclándose con la autobiografía
retrospectiva, o enriqueciéndose con una dimensión lírica para componer diarios poéticos o libros de poemas
fechados2.
Diversas perspectivas de evolución se dibujan hasta constituir puntos de conexión para las prácticas
literarias contemporáneas. El diario todavía se mantiene a veces secreto y como lista exclusiva de los
2 Sobre este punto, ver las reseñas "France 1945-1975" y "France 1975-2015" del Dictionnaire de
l’autobiographie: Écritures de soi de langue française (Simonet-Tenant, 2017).
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acontecimientos, impresiones, sentimientos del día, revelados después de la muerte del autor 3, pero se desarolla
también como una forma literaria que permite a su autor sacar partido de su poder de evocación referencial
como un efecto de lectura. Para ello, los autores juegan con la presencia de lo realmente vivido, así como con la
representación de la duración que propone la forma diarística – con o sin efecto lírico.
En efecto, a la vuelta del milenio ciertos autores imponen la forma diarística como la de la experiencia
de lo cotidiano, de la experiencia existencial, de la experiencia amorosa y/o de la experiencia de escritura. De
modo muy diferente, los diarios de Renaud Camus (30 volúmenes desde 1987), de Annie Ernaux
(particularmente Se Perdre, 2001) o de Hervé Guibert (Le Mausolée des amants, 2001) se dedican a narrar una
historia personal a semejanza de una novela, a construir los hilos de una historia como si fuera una novela ("soy
un personaje de novela, desde el principio" Ernaux, 2001: 202), o, al menos, a buscar en las notas cotidianas "el
texto de una novela" (Guibert, 2001: 38)4.
Algunos autores comienzan también a publicar diarios como primera obra literaria, es decir a hacerse
reconocer como autor por su diario. Charles Juliet ve rechazada una novela, L'Humiliation, antes de haber
publicado su verdadero primer libro: su Journal 1957-1964 seguido rápidamente del volumen que abarca los
años 1965 a 1968. André Blanchard, por su parte, adquiere cierta notoriedad con sus Carnets, y publica nueve
volúmenes desde 1989 hasta su muerte. Esta publicación se produce tras el rechazo de la publicación de los
otros textos: él proyectaba una entrada en la literatura mediante géneros de mayor reconocimiento, y las libretas
de apuntes pueden ser percibidas como una estrategia alternativa después de varios fracasos. Estas
publicaciones se realizan en pequeñas editoriales: POL (editor literario, en la editorial Hachette y
posteriormente en su propia empresa editorial) en el caso de Juliet; Erti (editorial regionalista, en Vesoul, y
posteriormente Le Diletante, editorial literaria bastante desconocida), en el caso de Blanchard.
3. EL DIARIO AL PRINCIPIO DEL SIGLO XXI
En estas primeras décadas del siglo XXI, el diario personal continúa labrándose una posición en el
campo literario afirmando una continuidad de forma y desarrollando su capacidad para contar una historia. Tres
ejemplos permiten ilustrar esta continuidad y esta transformación5.
El primer texto es el más próximo a los diarios tradicionales por retomar las prácticas de escritura y las
temáticas principales. Jean-Claude Pirotte, poeta y prosista contemporáneo, autor de una cuarentena de libros,
aparece en las historias de la literatura como un escritor que trenza la melancolía más emocionante y la
trivialidad de la existencia6. Traverses (2017) es el diario de un año (junio de 2010 - junio de 2011) de un
escritor que envejece (71 años) y está enfermo, presiente su próxima muerte (morirá en 2014), relata lo
cotidiano (sus traslados, su dependencia al tabaco), sus recuerdos de infancia; presenta reflexiones amargas
sobre el mundo, sobre la política francesa y más concretamente sobre la figura de Nicolas Sarkozy, por aquel
entonces presidente de la República. Esta evocación se hace con un trasfondo de lecturas, particularmente de
3 No teníamos, por ejemplo, conocimiento del diario de Belinda Cannone antes de que a ella se lo robaran y
decidiese contar el trauma que le supuso el robo en un diario publicado, La Chair du temps (Cannone, 2012).
Sobre este texto, ver Braud (2017).
4 Sobre este texto, ver Braud (2002).
5 No mencionaré el diario en línea, en forma de blog generalmente, a dominante íntima, que me parece
constituir una forma específica, alejada en todo caso de lo que se puede publicar en formato de libro.
6 Ver Viart (2005: 381); Touret (2008: 484); Bercot & Guyaux (1998: 861-2).
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diarios (como el de Léon Werth escrito durante la Segunda Guerra mundial). Los ecos líricos son numerosos y
el diario se convierte puntualmente en un compendio de fragmentos poéticos.
Traverses es un verdadero diario: un diario de enfermedad, de cólera contra el mundo contemporáneo
y contra su violencia social; es un diario de atención poética a la cotidianidad, a la realidad y a su
fantasmagoría. En esto, se inscribe en la tradición de los grandes diarios íntimos. No es un diario poético
comparable a los que aparecieron a finales del siglo XX como Carnets de Philippe Jaccottet (1984-2001) o
Journal du Saint-Laurent de Robert Marteau (1986), ni a la colección de poemas fechados presentados
cronológicamente como el de Antoine Emaz (Os, 2004; Peau, 2008). La obra poética de J.-Cl. Pirotte se
desarrolla en paralelo a la escritura del diario: al mismo tiempo que escribe su diario, Pirotte compone un libro
de poemas, Cette âme perdue (2011), y evoca la corrección de las pruebas de dicho libro en su diario.
El segundo diario, el de Laurent Herrou, mezcla más las categorías. Este autor, nacido en 1967, ha
publicado 4 novelas, 1 colección de cuentos y 5 volúmenes de diario. Herrou podría ser asimilado a los
escritores que publican su diario después de haber sido reconocidos como novelistas, pero aparece más bien
como un autor cuya obra está ampliamente contaminada por el diario. Su primera obra, Laura (2000),
presentada por el autor como una novela, es muy parecida a una autobiografía y contiene más de cien páginas
(p. 153-262) del diario del autor. Laurent Herrou publica más tarde varios volúmenes de diario propiamente
dicho: dos volúmenes motivados por una situación específica (una estancia en Montreal en 2012, una
residencia en una escuela secundaria de enero a junio 2016) lo que limita su contenido en el tiempo, y a partir
de 2015 tres volúmenes, uno por año, que siguen una lógica temporal.
Esta obra queda relativamente al margen del campo literario: la editorial del primer libro de Laurent
Herrou (Balland) es conocida y reconocida, pero la colección en la que se publica Laura ("Le Rayon") es una
colección concreta de LGBT y no de literatura general; las editoriales de los libros siguientes (H&O, Jacques
Flament) presentan una visibilidad mucho menor.
No obstante, el universo presentado en este diario aspira a ser un universo literario: Laurent Herrou
menciona numerosos encuentros con escritores, proyectos y realizaciones con diversos artistas, y afirma estar
en su elemento en un medio artístico (Herrou, 2016: 34, 42). Se enorgullece de que su obra haya sido estudiada
por un crítico especialista de la auto-ficción 7. Este universo es también claramente reivindicado como
homosexual: la vida de pareja, los diálogos, los conflictos, la insistencia sobre la dimensión sexual, la atención
al riesgo de homofobia son temáticas recurrentes del diario que estructuran a la vez la personalidad del autor y
la vida cotidiana narrada. Se trata también de un universo material relativamente al margen: Laurent Herrou
vive en un "castillo" que pertenece a su abuela, en una aldea cerca de Bourges, en el centro de Francia, y evoca
con regularidad sus dificultades financieras. Como otros diaristas antes que él (Léon Bloy, Renaud Camus), es
pobre y está siempre sin blanca. Tampoco elude los momentos de angustia: "Cuando la soledad me grita en las
orejas que tengo miedo, aullo para sobrepasar su voz" (Herrou, 2016: 125) anota un día en el que su compañero
se encuentra ausente. La expresión es a veces bastante coloquial e incluso grosera y denota relaciones que
pueden ser tensas como por ejemplo en este intercambio: "Mi abuelo dijo, prediciendo, a mi madre: espero que
tengas una hija y que te jorobe tanto como tú me has jorobado a mí" (92). No obstante, el lector no conoce el
detalle de estas relaciones ni la infancia del diarista.
7 Ver Arnaud Genon (2018).
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El diario se sitúa en una encrucijada entre una confesión íntima siempre controlada, el deseo de ser
reconocido como escritor y el sentimiento de saber escribir la vida cotidiana – y aún más: ser el único que sabe
escribir sobre la vida cotidiana. Laurent Herrou reconoce tener bloqueos infantiles, sin explicitarlos, y evoca de
vez en cuando las conversaciones con su psicoanalista. No es posible "decir todo" (38) en un diario, pero es un
llamamiento al lector, a su mirada y a su atención. De hecho, el diarista interpela a su lector o sueña con ser
leído después de su muerte: "Yo quisiera haber muerto y que usted tenga todo a disposición y lea este diario"
(40).
La escritura del diario no nace ex nihilo. Los diarios se derivan de diferentes dispositivos de creación.
La Part généreuse (2014) es el diario íntimo de un viaje a Quebec, en agosto de 2012, construido en relación
con descripciones de fotografías; Autoportrait en Cher (et en mots) (2016) es el diario de una estancia del
autor, escrito en la segunda persona del singular, en una escuela secundaria, entre enero y junio de 2016. En
Journal 2015 (2016), es el dispositivo establecido por la editorial el que impulsa la escritura. En efecto, el
editor, Jacques Flament, propuso al diarista publicar en línea, en su portal de internet, las anotaciones de su
diario escrito a lo largo del año 2015 a medida que éste lo escribía, comprometiéndose a publicar este diario en
forma de volumen el año siguiente. No se trataba de redactar un blog más o menos íntimo, sino de emprender
una aventura de escritura personal en público, programada para presentar un libro al cabo de un año. Para el
diarista, la dificultad es múltiple: como ocurre en todo diario escrito para ser publicado, el diarista está
confrontado con la contradicción de escribir y de verse escribir, pero debe también tener en cuenta la doble
temporalidad derivada de una inmediata publicación en línea y otra en forma libresca el año siguiente. Y
además debe contar con dos lecturas que se sobreponen la una a la otra: la del internauta que abre la página de
la editorial y recorre un fragmento de la anotación del día, y la del lector de diario atento a la trama de la
existencia del diarista. El reto es doble: frenar al internauta desatento y ofrecer al lector del libro una vida que
se pueda seguir día a día, mes tras mes.
No obstante, lo más significativo de esta empresa es el deseo de contar su existencia, o mejor dicho, de
elaborar un libro que sea el relato de su existencia puesto que al elaborar este relato, el diarista edifica "otra
vida dentro de su propia vida, […] la vida de uno" (Herrou & Genon, 2017: 34). El relato de los días es a la vez
una construcción imaginaria (el relato proyectado de sí mismo), la imagen o una de las imágenes con la cual el
diarista se identifica, y el rastro de un cotidiano que, aunque no totalmente ordinario, es por lo menos bastante
banal. Por otra parte, la ausencia de elaboración estilística contribuye por otra parte a esta impresión de
redacción común de una experiencia sin otra trama que la de una existencia como cualquier otra.
Dos conjuntos de publicaciones me permiten ilustrar la tercera orientación del género diarístico al
principio del siglo XXI: el diario gráfico.
El diario gráfico hace su aparición en el paso del siglo XX al siglo XXI. El representante más visible
es Joann Sfar, quien publica 12 volúmenes de libretas de apuntes de 2002 a 2015, con títulos evocadores
ligados a su ocupación del momento, a una preocupación o a una pasión: Harmonica (2002), Ukulélé (2003),
Missionnaire (2007), Si Dieu existe (2015), Si j'étais une femme je m'épouserais (2016), por no citar más que
algunos. En estos volúmenes, Sfar ofrece una continuidad de bosquejos rápidos, no reelaborados, tratados
desde el punto de vista del diarista-dibujante o, más a menudo, del de un posible observador de dicho diarista.
Los dibujos raramente están fechados, pero se presentan cronológicamente; integran burbujas, comentarios o
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relatos que se extienden en una o dos páginas: la imagen y el texto se completan tanto desde el punto de vista
enunciativo como del narrativo.
Estas libretas de apuntes contienen anotaciones sobre la vida social, la vida profesional y la vida
íntima del autor; reflexiones sobre su infancia, sobre sus amistades, sobre sus amores y sobre su vida familiar.
Si j'étais une femme… está dedicado, por ejemplo, a la separación con su compañera y a la cura psicoanalítica
que él empieza por este motivo. Estos textos son publicados al principio por L’Association, una editorial
asociativa de jóvenes autores que producen cómics experimentales en blanco y negro, en libros muy cuidados y
bastante caros, con un papel grueso y, en concreto, en una colección autobiográfica titulada “Côtelette”.
Voyage aux îles de la Désolation de Emmanuel Lepage (2011) ofrece una manifestación muy diferente
de diario gráfico, aparecida unos años más tarde. Se trata en primer lugar de una historia original: un viaje a las
Tierras australes y Antárcticas francesas y más precisamente a las islas de Crozet, Kerguelen, Amsterdam y
Saint-Paul, en el sur del océano indio. El espacio natural es hostil y los espectáculos naturales resultan
excepcionales. El diario relata esta aventura traducida en dibujos, que comienza cuando el autor recibe la
proposición de formar parte de una expedición de aprovisionamiento de estas islas, continúa en el barco,
Marion Dufresne, que enlaza la isla de la Reunión con las otras islas, y luego en cada una de las islas visitadas,
y concluye con su vuelta a la isla de la Reunión.
El diario publicado presenta la realidad tomada del ahora: las ilustraciones son realizadas, o por lo
menos esbozadas, en el instante y reflejan la perspectiva del autor en ese preciso momento. Lo esencial de los
dibujos está constituido por esbozos en lápiz que revelan una elaboración rápida y que permiten captar las
posturas, el movimiento de las personas y del barco. Las ilustraciones más elaboradas son finalizadas y
coloreadas después –y son presentadas rodeadas de bosquejos y de representaciones del contexto de su
elaboración.
La intención estética es evidente y se percibe en el formato suficientemente grande del libro (33 x 24
cm), en acuarelas por páginas dobles, en una variación continua de las perspectivas, y sobre todo en el juego
entre el lápiz y el color, tanto en la portada como en el interior del libro, así como en la utilización recurrente de
los colores negro, azul y verde. La sucesión de esbozos y acuarelas contribuye a la dinámica del relato y a la
lírica de los instantes inmovilizados. Donde una fotografía del viaje, ubicada en la última página, atestigua de
modo brutal la experiencia vivida, el dibujo y la acuarela hacen sentir la realidad y traducen la evanescencia de
la atmósfera.
4. PERSPECTIVAS DE EVOLUCIÓN
En las dos primeras décadas del siglo XXI, el diario se constituye como género literario y experimenta
diversas evoluciones. Sigue siendo una forma de escritura de sí y de lo cotidiano, sin aparente finalidad, es
decir sin que el autor domine el fin de la historia y construya su historia con arreglo a una perspectiva conocida
desde el principio de la redacción. Pertenece al canon literario –entró sin duda por la puerta pequeña– y permite
la consideración del diarista como autor literario (Herrou & Genon, 2017: 19). Pero al mismo tiempo, por citar
una expresión de Laurent Herrou, "el diario, es un puñetazo en el vientre. Es una bofetada, es un espejo que nos
obliga a mirar" (Herrou & Genon, 2017: 23). El género expone la presencia de la realidad cotidiana sin borrar
las asperezas de la experiencia.
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Esta introducción del género en el espacio literario va acompañada de dos transformaciones
progresivas. Por una parte, la elaboración de un diario como una obra, es decir, la publicación inmediata en
volumen después de la redacción no induce a la eliminación de la vida cotidiana, material y amorosa, incluso
en sus detalles más comunes o triviales. Este tipo de anotaciones que está presente en los diarios póstumos
(como en el caso del diario de Jean-Claude Pirotte) se encontraba sólo de manera marginal en los diarios por
entregas de autores vivos hasta los años 1980. Antes de esta fecha, el diarista no temía exponer su vida íntima
tras su muerte, pero sí era más cuidadoso con lo que publicaba en vida. La segunda inflexión, con relación a los
diarios de finales del siglo XX producidos en circunstancias comparables, es la ausencia de elaboración
estilística. Mientras el diario de Renaud Camus, para citar un ejemplo muy visible en el campo literario de
finales del siglo XX, juega sobre la elección, la variedad y la tonalidad del léxico, el de Laurent Herrou posee
una gran neutralidad formal e incluso una banalidad real: el discurso ordinario se impone o tiende a imponerse
como obra.
Por último, el desarrollo del diario gráfico está a la medida del emprendido por el cómic en el campo
literario desde hace veinte o treinta años. Se ha convertido en una forma de narración de sí mismo o en la
narración documental de una aventura. Hace unos años, podíamos leer reportajes dibujados a partir de las
fotografías de un reportero8; ahora tenemos el propio dibujo del diarista-dibujante en situación. Voyage aux îles
de la Désolation de Emmanuel Lepage ocupa con éxito este espacio estético.
Los Carnets de Joann Sfar parecen, no obstante, más interesantes desde el punto de vista de la
confesión íntima. El autor inventa una forma, la libreta de apuntes dibujada en el curso de los días, bajo el
modelo del diario, cuya diferencia estética se sitúa a la vez en el trazado y en la presentación gráfica
distanciada, ligeramente humorística y autoirónica de la vida contada, en un contexto de interrogación
existencial. Con Si j’étais une femme…, Sfar propone un recorrido de su historia personal, de su vida amorosa,
de sus fantasmas… La intimidad se vuelve un objeto literario que integra la evocación de la infancia y de la
vida amorosa, la reflexión sobre la existencia y sobre la escritura, y permite jugar con la proyección del lector.
En conclusión, comprobamos que una evolución se intuye: el diario tiende a instalarse en la creación
literaria actual, incluso si es con modalidades de publicación más o menos marginales. Si, gracias a la
publicación de diarios de escritores conocidos, el género fue objeto de un reconocimiento bastante ostensible
durante los últimos años del siglo XX y a comienzos del siglo XXI (Charles Juliet, Renaud Camus, Annie
Ernaux, Hervé Guibert), la producción actual parece menos sobresaliente en el conjunto de la producción
literaria. En cambio, con las progresivas publicaciones en el paso del milenio, la creación literaria hace ahora
del ordinario íntimo un objeto de relato, ya sea en el diario propiamente dicho (Pirotte, Herrou) o en el diario
gráfico (Sfar). Esto no excluye otras perspectivas de desarrollo: la aparición del diario gráfico de reportaje
(Lepage) muestra que las modalidades de exploración de las formas son diversas. Pero la permanencia de lo
íntimo en el centro de la escritura de sí mismo, en el seno de escritores bastante jóvenes (40 años en el caso
Laurent Herrou, 46 años en el de Joann Sfar), muestra que una nueva generación se apoderó de este formato,
imprimiéndole su marca. La diferencia más significativa con relación a la generación anterior es su interés
particularmente marcado por el relato de la vida cotidiana y ordinaria. Ahí donde los diarios de Juliet borran la
evocación de la vida de cada día, donde los de Annie Ernaux o de Hervé Guibert hacen una aventura de la vida
8 Ver Guibert, Lefèvre & Lemercier (2003).
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amorosa, donde el de Renaud Camus hace brillar la cotidianidad bajo la inteligencia de la mirada, el diario de
Laurent Herrou recoge las huellas de los pequeños acontecimientos cotidianos mediante un lenguaje llano y
sencillo. Y, si la representación de la realidad es por necesidad más compleja en el diario gráfico, podemos
descubrir la misma atención en los detalles de la vida diaria en los Carnets de Joann Sfar y en cierto modo en el
Voyage aux îles de la Désolation de Emmanuel Lepage. Si el diario ha conllevado desde hace más de dos siglos
el discurso ordinario del diarista –pero este discurso era, hasta ahora, más sensible en los diarios póstumos que
en los publicados por el autor–, tenemos la sensación de que, en lo sucesivo, este discurso será el propio de la
obra literaria.
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